CAPÍTULO 13

El lunes por la tarde, Quinn estaba sentada en el restaurante de la acera frente a la librería donde trabajaba esperando a que llegase su hermana.

Su charla de la noche anterior había ido relativamente bien. Había sido incómoda por parte de Quinn porque no había hablado con su hermana en tres años y se sentía algo insegura por ello. Hablaron durante unos minutos. Solo hablaron de dónde iban a reunirse a hablar.

Quinn estaba bebiendo una taza de café. La miraba pero no la veía, perdida en su cabeza. Sus manos no dejaban de tocar la taza. Estaba muy nerviosa. No sabía cómo empezar a hablar sobre cómo su hermana no la había llamado en los últimos tres años, sobre cómo pudo abandonarla así.

¿Debería estar enfadada con su hermana por lo que le había hecho? ¿Debería dejar que se explicara? ¿Debería ser comprensiva sobre el motivo que tuvo su hermana para hacerlo? ¿Debería perdonarla desde el principio? No, se respondió a su propia pregunta. No importa el motivo que tuviera, no la perdonaría desde el principio. ¿Debería dejar entrar a su hermana de nuevo en su vida?

Estas preguntas desbordaban su mente hasta que su hermana entró en el restaurante, buscándola y encontrándola. Se dirigió hacia la joven rubia que la miraba con ojos nerviosos e interrogantes.

Se sentó y la camarera se acercó. Pidió una taza de café.

-Hola- dijo incómodamente a su hermana al otro lado de la mesa.

-Hola- replicó Quinn también incómoda.

Empezó un silencio incómodo. Se quedaron ahí sentadas con Quinn mirando a la taza que ahora estaba vacía. Emily la miraba. Quinn levantó la vista.

-¿Por qué me has buscado después de todos estos años?- Preguntó queriendo obtener todas las respuestas lo antes posible

-Un día estaba sentada mirando por la ventana y vi a una pareja gay feliz, paseando y pensé por qué alguien tiene que ser odiado por ser él mismo, por qué le hago eso a la gente y cómo alguien puede vivir su vida siento otra cosa que él mismo. Me dí cuenta de que si yo fuera gay podría esconder esa parte de mí y supe que no podría- dijo-. Entonces, pensé sobre lo que papá te hizo y cómo alguien puede tratar a su propia hija de esa manera. Olvidarse de su existencia así de fácil. Tomé la decisión de encontrarte y arreglar las cosas.

-¿Saben que me has buscado?- Preguntó Quinn.

No tenía que decir de quién estaba hablando porque estaba claro para su hermana de quién hablaban.

-Sólo mamá. Ella también te quiere de vuelta, ¿sabes? Echó a papá de casa hace unos meses porque no podía dejar de decir cosas llenas de odio sobre ti y descubrió que estaba teniendo una aventura. Te echa de menos. Lo veo cada vez que mira una foto tuya o cuando sales en algún tema de conversación. Se arrepiente de no haberte apoyado ese día- dijo Emily mirando a Quinn con una sonrisa triste en la cara.

-Le ha llevado su tiempo- dijo Quinn por lo bajo-. Cómo puedo saber que ahora me aceptas de verdad- dijo Quinn con una vocecita que casi le partió el corazón de a su hermana.

-No tienes que creerlo ahora pero te lo demostraré. No volveré a abandonarte otra vez y, si le das una oportunidad, tampoco lo hará mamá- le dijo a la rubia.

-Un paso después de otro- dijo Quinn-. ¿Por qué no me llamaste antes?

-Me criaron como a ti, Quinn. Me educaron para odiar a los homosexuales o a lo "diferente"- dijo haciendo unas comillas en el aire-. Pero he llegado a aceptar que no todo el mundo es heterosexual y que no hay nada malo en ello. Me ha llevado más tiempo que a ti pero, aquí estoy, intentando arreglarlo. Te voy a demostrar que no voy a volver a abandonarte. Estaré aquí para ti siempre- dijo-. ¿Podemos quedar para cenar esta semana es tu casa? Voy a mudarme aquí el mes que viene así que, si quieres, podemos cenar cuando me mude en mi apartamento.

-Quizá podamos cenar esta semana- dijo Quinn con expresión neutra pero su hermana vio que, en sus ojos, había algo parecido a la esperanza.

-Bien. Así podré conocer a esa novia tuya apropiadamente- dijo con tono juguetón.

Quinn rio por lo bajo.

-Sí. Hablaré con ella mañana y se lo preguntaré- dijo.

Su hermana vio que, cuando hablaba de su novia, sus ojos tenían más vida. Nunca había visto brillar así los ojos de su hermana y le encantaba verlo.

Pasaron el resto de la tarde hablando. Las preguntas de Quinn fueron todas respondidas y estaba agradecida por ello. Quinn descubrió que su hermana estaba trabajando y que nunca se casó con el chico con el que "debía hacerlo" (palabras de su padre). No quería vivir la vida que su madre había vivido. Su padre se enfadó cuando se lo dijo. Fue a la universidad y estudió Medicina. Se iba a mudar a Nueva York para trabajar en el Hospital Presbiteriano.

La tarde se pasó en un suspiro para Quinn que, entonces, se dio cuenta de que tenía que irse.

-Adiós, hermana- le dijo su hermana cuando ésta le dijo que tenía que irse-. Y no te olvides de la cena del viernes.

-Adiós, Em- dijo Quinn saliendo por la puerta y despidiéndose con la mano de su hermana.

Se fue a su apartamento y se tumbó en el sofá. No sabía que estaba tan cansada pero la tarde había sido muy estresante. Había aprendido muchas cosas sobre su hermana y su familia y lo que había ocurrido en los últimos tres años. Casi se había dormido cuando el teléfono empezó a sonar. Miró a la pantalla. Era Rachel.

-Hola, Rachel.

-Hola, Quinn. ¿Cómo han ido las cosas con tu hermana?- Preguntó.

Por la mañana, Quinn le había dicho que se iba a reunir con su hermana.

-Ha estado bien- dijo con simpleza.

No sabía qué decirle. Estaba bien que su hermana la aceptara pero aún no sabía si podía confiar en ella.

-¿Sólo bien? ¿Ha pasado algo malo?- Preguntó la morena al otro lado de la línea con preocupación manifiesta en la voz.

Quinn sonrió un poco por la preocupación de la morena.

-No, es solo que… Es un poco raro porque es mi hermana pero no sabe lo que me ha sucedido en estos tres últimos años y yo desconozco lo que ha ocurrido en la suya. Tenemos que volver a conocernos pero no del todo porque es mi hermana y lo sabe casi todo de mí- dijo y, luego, tomó aire profundamente-. Dice que le parece bien que sea gay y que mi madre siente lo mismo. Que mi madre se arrepiente de dejar que mi padre me echara. Estoy confundida- dijo con otra profunda inspiración.

Tenía sentimientos encontrados sobre toda esta situación. Claro que quería a su hermana de vuelta pero no es como si pudiera confiar en ella de la noche a la mañana de nuevo. Era algo demasiado difícil.

-Sé que es difícil, cariño- dijo Rachel.

Quinn se dio cuenta de dos cosas: la primera, que lo había dicho en voz alta, y dos, que era la primera vez que Rachel la llamaba "cariño".

-Me has llamado "cariño"- dijo la rubia riendo por lo bajo.

Empezó a sentir cosquillitas por dentro incluso en su situación actual.

-Me gusta- le dijo sonriendo como si estuviera soñando.

-Bueno, no tenía planeado hacerlo pero me alegro de que te guste porque pienso usarlo mucho- dijo la morena sonriendo un poco por lo dicho por la rubia.

Sabía que tenía cara de boba. La sonrisa de su cara era la que siempre tenía cuando hablaba con Rachel y la morena lo encontraba tierno.

Quinn bostezó.

-Estoy cansada, perdona- dijo.

Lo sentía de verdad porque quería hablar con la morena durante más tiempo.

-No lo sientas. Buenas noches, Quinn- dijo sonriente.

-Buenas noches, Rach- replicó Quinn.

Colgó después de unos instantes. Fue a su habitación. No tenía energía para ponerse el pijama. Se tumbó en la cama, cerró los ojos y se durmió en seguida.

A la mañana siguiente se despertó con un gruñido. Fue a la cocina y se comió unos cereales. No tenía energía para prepararse otra cosa. Se dio una ducha y se puso unos vaqueros y una camiseta blanco con su abrigo azul claro. Cogió sus libros y tomó el metro para ir a clase.

Se encontró con Mike cuando salió del metro. Caminaron durante el corto trayecto que tenían que hacer hasta llegar al aula de Mike y, luego, caminó ella sola hasta la suya. La mañana pasó en un suspiro. Cuando fue hora de comer, llamó a Rachel y le preguntó a la morena si quería comer con ella. La morena aceptó y se encontraron en un pequeño restaurante que es encontraba entre ambas universidades.

-Hola, Rach- saludó Quinn a la morena cuando llegó.

Quinn ya se encontraba allí. Le dio un beso rápido en los labios y le abrió la puerta para que entrara. La morena le sonrió dándole las gracias. La rubia siempre le abría las puertas.

Se sentaron en una mesa en la parte más interior del restaurante, donde había menos gente. Ordenaron su comida y hablaron hasta que ésta llegó.

-Oh. Mi hermana quiere conocerte el viernes. Va a venir a cenar.

-Bueno, me encantaría. ¿A ti te parece bien?- Le preguntó la morena algo preocupada.

-Sí, creo que me dará una sensación de clausura si no funciona. Pero, si funciona, entonces tendré de vuelta a mi familia. Y la cena contigo demostrará si ya no siente rechazo por mí porque si soporta verme dándote un beso o, al menos, cogiéndote de la mano, creo que podré empezar a confiar de nuevo en ella- dijo la rubia.

La morena vio que había pensado en todo y no se había apresurado en su decisión.

-Y, ¿qué más ocurrió entre vosotras?- Preguntó Rachel.

Quinn empezó a contarle todo lo que le había dicho su hermana. Le contó sobre su madre pero ahora con más detalles. Le dijo que su madre había echado a su padre. Se lo contó todo y se sintió bien al hacerlo. Más ligera. Se sintió como si, por fin, pudiera empezar de nuevo en lo referente a sus problemas con su familia. Y, si no funcionaba, lo dejaría estar y empezaría de nuevo con su familia, sus amigos, y con suerte, su novia.

Acabaron de comer y empezaron a caminar hacia el edificio de Rachel. Iban cogidas de la mano sin hablar de nada. Disfrutaron de su cómodo silencio. A veces, Quinn miraba hacia el perfil de la morena.

-Es tan hermosa- pensó Quinn.

Era la mujer más hermosa que Quinn había visto. Tenía una belleza única que no era como las de las demás mujeres. Era impresionante, era tierna, sexy, y… Quinn no tenía palabras para describirla y esto era decir mucho porque Quinn era conocida por saber muchas palabras.

-Es perfecta- pensó Quinn.

En ese momento se dio cuenta. Se dio cuenta que se estaba enamorando de Rachel Berry y se estaba enamorando hasta las trancas.

Nunca se había enamorado de alguien tan rápido. Pero desde el principio, se dio cuenta que la morena siempre había tenido impacto en ella. Desde que hablaron en la fiesta, no había podido quitarse a la morena de la cabeza.

Quizás se había empezado a enamorar desde el momento que la vio o en el momento que la morena empezó a preguntarla sin dudarlo o cuando hablaron por segunda vez… Ahora no importaba, porque por fin se dio cuenta que se estaba enamorando de la morena. Le daba un poco de miedo pero un miedo sano. Se sentía… Viva. Por fin, se sentía realmente viva después de todos estos años. Por fin, era verdaderamente feliz.

-Por fin las cosas están volviendo a su lugar- pensó Quinn.

-Quinn, ¿me estás escuchando?- Preguntó Rachel sacando a Quinn de su mundo.

La rubia la miró y la morena tenía una sonrisa suave en el rostro, un poco juguetona. Quinn sonrió también.

-Por supuesto, cariño mío- dijo Quinn con acento británico, sonriendo aún más cuando Rachel rio por lo bajo por su payasada.

-No podría ser más adorable- pensó Rachel.

Llegaron al edificio de la morena, entraron y se dirigieron al apartamento de la morena. Quinn se dio cuenta de que Kurt no estaba y se sintió feliz por ello. Podrían pasar algo de tiempo a solas.

Empezaron a ver una película acurrucadas en el sofá con la cabeza de Rachel en el hombro de Quinn y el brazo de Quinn alrededor de la cintura de la morena acercándola a ella. La morena se había acostumbrado a que la rubia la apretara contra ella como si necesitara el contacto para saber que estaba ahí. A Rachel le encantaba sentirse querida y se había acostumbrado a la necesidad de la rubia.

Unos minutos después, se olvidaron de la película y se besaban dulcemente con los brazos de Quinn alrededor de la cintura de la morena y los de Rachel entrelazados en el cuello de la rubia. Quinn la apretó más contra ella y la puso en su regazo. Empujó a la morena para que se tumbara en el sofá sin dejar de besarla. Quinn se puso encima de ella. Las piernas de Rachel estaban cruzadas en la cintura de la rubia acercándola aún más a ella. Sus centros hicieron contacto a través de la tela haciéndolas gemir a ambas.

Su momento fue interrumpido por la puerta abriéndose y Kurt y Karofsky entrando en el apartamento. Se separaron tan deprisa como pudieron y se sentaron de golpe en el sofá. Kurt pasó junto a ellas. Tenían el pelo revuelto y también las ropas. Las miró con curiosidad. Ellas se sentían, simplemente, incómodas.

-Ni siquiera tratéis de negarlo, sabemos lo que habéis estado haciendo vosotras dos- dijo y volvió a dirigirse a su habitación.

Quinn se sonrojó profundamente y Rachel se rio ligeramente por la timidez de la rubia.

-No es como si nos hubieran pillado teniendo sexo nuestros padres- dijo Rachel mirando a la rubia que se sonrojó aún más de vergüenza.

La morena rio de nuevo suavemente y besó a la rubia en la mejilla.

-Está bien.

Entonces, Karofsky hizo su presencia conocida aclarándose la garganta.

-Hola, Dave- dijo la morena dándole una dulce sonrisa.

-Hola, Rachel. Hola, Q- dijo saludándolas con la mano y riéndose cuando la rubia le devolvió el saludo, incómoda-. Es aún mejor que aquella vez que te pillamos con tu exnovia, Vanessa, montándotelo- dijera y la rubia se ruborizó aún más si era posible.

La morena la sonrió con ternura.

-Creo que es mejor que la quitemos del protagonismo antes de que deje de respirar- dijo Karofsky sonriendo a lo que la rubia asintió con la cabeza entusiasmadamente-. Quinn me ha dicho que tenías una audición esta semana, ¿cuándo es?- Preguntó mirando a Rachel y sentándose en el otro extremo del sofá.

-El jueves. Espero conseguir el papel-dijo.

Kurt entró en el salón.

-Lo conseguirás- dijo moviendo la mano como si no fuera nada porque la morena era una de las mejores actrices y cantantes que conocía-. ¿Qué queréis cenar?- Preguntó.

Las chicas miraron el reloj para ver qué hora era. No se habían dado cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo.

Se decidieron por comida tailandesa. La encargaron y empezaron a hablar. Cuando llegó la comida fueron al salón, se sentaron en el suelo y pusieron una película. Cuando acabaron de cenar, tiraron los restos a la basura y siguieron viendo la película.

Kurt miró a la otra pareja. Quinn estaba susurrando algo al oído de la morena que la hizo reír por lo bajo. Rachel casi estaba en el regazo de Quinn. Tan pronto como lo pensó, la rubia cogió a Rachel y la colocó en su regazo poniendo su cabeza en el hombro de la morena. Los brazos de la rubia rodeaban la cintura de la morena y las manos de la morena estaban sobre las manos de la rubia en su estómago. Nunca había visto a su mejor amiga sonreír tanto en su vida. Creía que, por fin, había conocida a alguien que podía amarla tal y como era. Se sentía tan feliz por ella. No la había visto así de feliz ni cuando estuvo saliendo con su hermanastro en el instituto.

-Por fin es feliz- pensó.

Al final de la noche, Quinn y Karofsky se despidieron de ellos, Quinn con una promesa de ver a la morena al día siguiente. Empezaron a caminar por las calles de Nueva York.

-¿Quieres quedarte a dormir en casa? Está más cerca- le preguntó a su amigo.

Se estaba haciendo tarde y no iba a dejar que su amigo caminara sólo a esas horas.

-Claro- dijo.

Empezaron a caminar en silencio hasta que llegaron al apartamento de Quinn. Entraron y Quinn fue a por algunas mantas para él.

-Puedes dormir en la cama del antiguo dormitorio de Santana. Está limpia, lo juro. La vestí de limpio la última vez que Brittany y ella se quedaron aquí- dijo bromeando.

Él se rio. Fue al otro dormitorio dándole las gracias a Quinn por dejarle quedarse a dormir. Le hizo un gesto con la mano como si no fuera nada.

Quinn se fue a su habitación y se puso el pijama. Fue al cuarto de baño a lavarse los dientes y se metió en la cama.

-el final de otro día- pensó.

Cerró los ojos y se durmió al instante.