CAPÍTULO 14
Era viernes. Quinn estaba sentada en el sofá de su apartamento y Rachel estaba acurrucada a su lado con la cabeza sobre su pecho. Quinn miró a la morena y sonrió de manera cariñosa.
-Gracias por cocinar- le dijo la rubia, su mano yendo hacia su nuca, un hábito que tenía cuando estaba nerviosa.
Rachel levantó la cabeza, sonriéndole.
-No te preocupes, Quinn.
-Lamento que hayas tenido que cocinar carne- dijo Quinn, disculpándose.
Rachel había ido a su apartamento a cocinar la cena para ellas y su hermana que tendría lugar en una hora.
-Quinn, estoy acostumbrada. A mi padre le encanta la carne y tuve que cocinarla para él cuando era más joven- dijo Rachel con una sonrisa reconfortante.
La rubia era dulce. Ésta era la tercera vez que se había disculpado por hacerle cocinar carne.
-Aun así- se quejó con un puchero.
La morena sólo le sonrió con ternura y le dio un beso rápido en los labios.
-Quinn, para de disculparte- dijo la morena severamente pero con una sonrisa en la cara.
-Algún día aprenderé a cocinar- le prometió.
De verdad que necesitaba aprender a cocinar, al menos, algo simple. No se iba a gastar todo el dinero en comida para llevar o restaurantes.
-Yo te enseñaré o haré que Santana te enseñe porque, probablemente, quieras aprender a cocinar algo con carne y yo no conozco muchos platos con carne- le dijo a la rubia con el ceño fruncido.
-Te prefiero a ti. Santana intentó enseñarme a cocinar y no fue muy bien- dijo la rubia recordando ese día.
Frunció el ceño ante el recuerdo.
-¡Q!- Gritó Santana a través del desastre-. ¿Cuánta harina le has puesto a esto?- dijo la latina mirando el bol y sólo viendo blanco porque la rubia había añadido la harina y luego lo movió haciendo que la harina acabara en el suelo-. ¡Me voy al cuarto de baño un momento y montas este follón!- Gritó la latina de nuevo.
Se sentía exhausta. Esta era la tercera vez que intentaba enseñar a Quinn a hacer una tarta, algo que no era muy difícil.
-¡No es culpa mía que no sepa cómo hacer esta mierda!- Le grito de vuelta la rubia.
Estaba enfadada consigo misma. Parecía tan simple cuando lo hacían otras personas. Ahora se daba cuenta de que era difícil.
-Vale. Relájate- dijo Santana notando el enojo de la rubia-. Vamos a intentar algo más simple, ¿qué te parece?- Preguntó intentando calmar a la rubia.
-Sí, lo que tú digas- dijo y se levantó.
Se puso a hacer lo la latina le iba indicando.
-Sólo aprendí a hacer tortitas. Nos pasamos todo el día en la cocina para que pudiera aprender a hacer tortitas. Fue un desastre- dijo la rubia con el ceño fruncido.
La morena rompió a reír. La mirada de la rubia no tenía precio. Habría dado lo que fuera por ver lo que había pasado ese día.
-No te rías de mí- se quejó la rubia cruzando los brazos sobre el pecho.
La morena descruzó le descruzó los brazos y besó a la quejosa rubia.
-Eres muy tierna, ¿sabes?- Dijo sonriendo cuando la rubia se sonrojó y bajó la vista-. Y te enseñaré a cocinar porque soy una gran novia y, entonces, podrás cocinar algo para nosotras alguna vez-. La morena seguía sonriendo de manera satisfecha y la rubia levantó la vista sonriendo tímidamente-. Quinn, ¿qué estás pensando?- Preguntó Rachel con cautela.
Entonces, Quinn empezó a hacerle cosquillas a la morena que intentó zafarse de su agarre pero fue empujada de nuevo al sofá con Quinn encima suya que aún continuaba haciéndole cosquillas a la morena que estaba sin aliento y parecía algo agitada-. ¡Quinn, para!- Gritó para intentar detener a la rubia pero, esto sólo la hizo sonreír y seguir haciéndole cosquillas-. ¡Quinn, por favor! ¡No puedo respirar!- La morena lo intentó de nuevo y, ésta vez, Quinn paró.
-No queremos que mueras, ¿no?- Dijo la rubia con una sonrisa de satisfacción.
La morena le puso mala cara. Entonces, el ambiente que las envolvía cambió y sus miradas se fijaron la una en la otra. El color avellana se quedó fijo en el marrón. Sus labios estaban a punto de tocarse cuando el timbre sonó y se acordaron que tenían a una invitada a punto de llegar.
La rubia se levantó, levantando a su vez a la morena con la mano. Fueron a la puerta. Quinn miró por la mirilla para comprobar si era su hermana. Cuando vio que, efectivamente, era ella abrió la puerta.
La hermana de la rubia miró a sus manos unidas y sólo sintió felicidad pro su hermana. No sabía por qué llegó a estar en contra porque, a sus ojos, su hermana y su novia se veían adorables juntas y las había visto juntas más de una vez si contaba el día que se encontró con Quinn por primera vez.
-Hola, hermanita. Rachel. He traído vino- dijo levantado la botella de vino que llevaba en su mano izquierda.
-Hola, Em…
-Hola, Emily…
Dijeron a la vez Quinn y Rachel y se miraron la una a la otra. Siempre era raro cuando les ocurría. Emily las miró con una sonrisa divertida en los labios.
-Deja que la coja. Pasa- dijo a la rubia cogiendo la botella de vino de las manos de la otra rubia e invitándola a entrar-. Iré por unas copas- dijo a nadie en particular y se dirigió a la cocina.
Rachel se quitó de la puerta para dejar pasar a la hermana de su novia. La rubia más adulta le sonrió. La morena cerró la puerta y la llevó hacia el salón sentándose en el sofá e invitando a la otra mujer a hacer lo mismo. Entonces, Quinn volvió con tres copas y el vino que había traído su hermana. Vertió el vino en las copas y dio un beso a Rachel en la mejilla cuando le pasó su copa. La morena le sonrió tímidamente.
La morena se excusó para ir a ver cómo iba la comida. Casi estaba lista. Había hecho lasaña y lasaña vegana para ella.
En el salón, Emily se volvió hacia su hermana con la ceja enarcada cuando la morena iba a la cocina.
-¿Sabe cocinar?- Preguntó a la rubia más joven que asintió-. Guau. Gracias a Dios que tienes a alguien que cocine para ti. Tú ni siquiera sabes hacer bollos.
-No, pero ya sé cómo hacer tortitas. Voy paso a paso- dijo la rubia con una sonrisa satisfecha-. Lo próximo que voy a aprender es cómo cocinar algo útil y que no sea para desayunar- dijo con decisión para llegar a hacerlo posible.
Rachel volvió al salón.
-La cena está lista- dijo.
Las dos rubias se levantaron y fueron hacia la cocina donde tenían lista la mesa desde la tarde. Se sentaron. Quinn en el lado derecho de la mesa con la morena junto a ella y su hermana frente a ellas.
-Ésta es nuestra, Em. Rachel es vegana así que no come carne- dijo la rubia señalando la lasaña de la derecha.
Su hermana asintió con entendimiento. Se puso un poco en el plato mientras Rachel hacía lo mismo para la rubia junto a ella. Luego, hizo lo mismo para ella.
-¡Oh, Dios mío! Está deliciosa, Rachel- le dijo a la morena que sonrió con amplitud.
Estaba realmente deliciosa. Era mejor que la que preparaba su madre pero eso es algo que nunca le diría a ella.
-Sí, Rach. Está increíble. Gracias- dijo la rubia poniendo su mano en la de la morena dándole un pequeño apretón y sonriendo a la morena cuando ésta la miró.
El resto de la cena pasó con la hermana de Quinn haciendo preguntas simples a Rachel como dónde estudiaba y qué había elegido estudiar. Quinn permaneció en silencio. Sólo hablaba cuando la pregunta estaba dirigida a ella. Estaba feliz. A su hermana parecía gustarle Rachel y a Rachel parecía que también ella. La rubia joven las veía interactuar con la otra. Se estaban divirtiendo. Su hermana parecía genuinamente interesada en lo que la morena le decía.
Después de la cena, tomaron el postre. Sólo era un poco de helado. Era lo único que tenía Quinn que fuera dulce. Se le había olvidado comprar algo de postre.
Cuando acabaron de comer, siguieron hablando algo más. Entonces, Emily dijo que tenía que marcharse. Tenía que coger un avión por la mañana.-
-Vale. Llámame cuando estés en la ciudad, ¿vale?- Le dijo Quinn cuando llegaron a la puerta.
-Claro. Adiós, Rachel- dijo mirando a la morena por encima del hombro de Quinn-. Adiós, Quinn- dijo abrazando a la otra rubia.
-Adiós, Em- dijeron Quinn y Rachel al mismo tiempo otra vez-. Probablemente deberíamos dejar de hacerlo- le murmuró la morena a la rubia.
-No, no lo hagáis. Estáis adorables cuando lo hacéis- dijo la rubia de más edad mientras se alejaba, despidiéndose con la mano.
Quinn y Rachel volvieron al salón.
-¿Quieres ver una película?- Preguntó Quinn a la morena mientras se sentaban en el sofá.
-Claro.
-¿Cuál?- Le preguntó la rubia.
-La que prefieras- dijo la morena sonriéndole.
Siempre era ella la que elegía la película. Pensó que ya era hora de que eligiera la rubia. Quinn se levantó y fue donde tenía las películas. Miró por encima de su hombro con ojos de cachorro.
-¿Podemos ver Harry Potter?- Preguntó con voz infantil.
Rachel la sonrió y asintió. No podía negarle a la rubia cuando la miraba así. Con felicidad, Quinn corrió para poner el DVD en el reproductor. Después, se sentó junto a la morena en el sofá.
-La semana que viene es nuestro aniversario del primer mes- dijo Quinn.
Sólo llevaba un mes con la morena pero no parecía. Estaba segurísima de que pasaría el resto de su vida con la morena.
-Sí- replicó Rachel-. ¿Quieres que hagamos algo?
-Por supuesto que quiero que hagamos algo- dijo la rubia mientras abrazaba a la morena por detrás en el sofá, tumbándolas-. Voy a cortejarte. Tendremos una cena romántica y todo será perfecto- dijo convencida.
-Oh, ¿tú crees?- Preguntó Rachel mientras se giraba y miraba los ojos de la rubia-. Y, ¿cómo crees que vas a cortejarme?- Preguntó juguetona haciendo sonrojar a la rubia.
-Ya lo verás cuando llegue- dijo después de recomponerse-. Vamos a ver la película, ¿de acuerdo?
-Vale- replicó la morena mientras giraba la cabeza de nuevo a la tele.
El miércoles, un día antes de su aniversario, Rachel se levantó, hizo algo de café y se lo tomó como cualquier mañana normal en su vida. Entonces, sonó el timbre y frunció el ceño preguntándose quién podría estar en su puerta a esas horas de la mañana. Al abrirla se encontró a un mensajero con un ramo de flores en las manos.
-¿La señorita Rachel Berry?- Preguntó.
Ella asintió. Le dio un papel para que lo firmara y le dio las flores. Rachel murmuró un gracias. El mensajero siguió su camino.
Volvió de nuevo a la cocina. Olió las flores. El aroma era delicioso. Vio una tarjeta entre las flores y la cogió. En el dorso tenia escrito "Rachel" con un pequeño corazón al lado. La abrió.
"Que tengas un maravilloso día, preciosa.
Te veo mañana para tu sorpresa.
Con amor,
Q"
Rachel sonrió. La rubia es la persona más dulce que jamás hubiera conocida. Éste solo era su primer mes y hacía todo esto. Quería saber que haría la rubia si llegaban al año. Ninguno de sus exnovios se preocupó por cortejarla después de conseguirla. Ni siquiera le compraban flores en su aniversario. Aún no sabía por qué había salido con esos imbéciles pero pensó que fue parte de su proceso de maduración.
El resto del día pasó plácidamente. Después de las flores esa mañana, Kurt la había pillado mirando la tarjeta después de más de quince minutos mirándola. Miró al techo cuando vio lo que había escrito y comprendió por qué estaba así. Él también lo estaría.
La mañana siguiente empezó del mismo modo y el timbré volvió a sonar. Ésta vez era un oso de peluche lo que estaba en los brazos del mensajero. Éste parecía bastante aburrido por todo este sentimentalismo.
-Aún no es San Valentín- pensaba el mensajero.
La morena aceptó el oso de peluche con felicidad. En esta ocasión, la tarjeta decía:
"Hoy es el día.
Espero que estés lista.
Que tengas un buen día, preciosa.
Te veo en la noche.
Con amor,
Q"
Kurt entró otra vez en la cocina para encontrarse con la morena mirando la tarjeta con mirada amorosa.
-Se está enamorando en serio- pensó él.
Volvió a mirar al techo. Con suerte, esto acabaría hoy.
El día de Rachel fue aburrido otra vez. Fue a sus clases pero lo único que tenía en la cabeza era una rubia de ojos avellana y lo que ésta estaba planeando para la noche. Las clases de Rachel acabaron un poco tarde. Casi estaba oscureciendo cuando legó a su edificio y subió a su apartamento.
Cuando abrió la puerta, el apartamento estaba a oscuras con velas encendidas por todo el lugar. Bajó la vista y había un camino para que lo siguiera. Empezó a caminar mirando al suelo. Cuando llegó al final, levanto la vista para encontrarse con una rubia con una rosa roja en las manos.
-Hola- dijo Quinn entrando en el espacio personal de la morena y dándole un beso casto en los labios-. Esto es para ti- dijo Quinn y le entregó la flor a la morena.
Rachel la miró con una mirada maravillada en los ojos.
-¿Tú has hecho todo esto?- Preguntó señalando el apartamento.
La rubia asintió.
-Con ayuda de Kurt, por supuesto- dijo como si fuera obvio-. ¿Quieres comer?- Preguntó la morena y rio cuando el estómago de la morena hizo ruido.
La llevó hacia una manta que había puesto en medio del salón y ayudó a la morena a sentarse sentándose ella después.
Comieron en silencio. Rachel aún estaba sorprendida que la rubia hubiera hecho todo esto sólo por ella. Cuando acabaron, Rachel intentó levantarse para llevar los platos al fregadero pero la rubia la detuvo. Fue ella la que recogió y puso los platos en el fregadero.
Quinn volvió y se sentó junto a la morena de nuevo.
-¿Quieres ver una película?- Preguntó la morena que asintió.
La rubia encendió el reproductor y la televisión. Rachel se quedó sin aliento cuando vio lo que iban a ver.
-Quinn, ¿estás segura de que quieres ver "Funny Girl"?- Le preguntó la morena a la rubia que asintió.
-Por supuesto. Es tu musical favorito y, lo menos que puedo hacer, es verla contigo de vez en cuando. Pero nunca le he visto así que no tengo ni idea de qué va- dijo encogiéndose de hombros.
La morena sonrió ampliamente y le dio un beso rápido en los labios para agradecérselo.
Pasaron el resto de la noche viendo la tele, o besándose, o en silencio o hablando. Rachel nunca pensó que alguna vez apreciaría tanto estar con otra persona.
De vez en cuando, Quinn tenía que detenerse de decir esas tres palabras a la rubia. Todavía estaban en los inicios de su relación y no quería estropearlo. Estaba segura de que Rachel era especial.
Después de un rato, se quedaron dormidas en la manta en medio del salón. Fue el mejor sueño que jamás tuvieron.
