CAPÍTULO 16
-¿Cuál es tu canción favorita?- Preguntó Rachel mientras estaban tumbadas en el suelo del salín de Quinn, la cabeza de Quinn cerca de los pies de la morena y la cabeza de la morena cerca de los pies de Quinn.
Llevaban tumbadas así toda la noche. No sabían cómo habían acabado así, pero así era como estaban.
-No sé si parezco el tipo de persona a la que le gusta ese tipo de canción pero me encanta "Lover of the light" de Mumford & Sons. Es una de mis canciones favoritas- respondió Quinn a la pregunta de la morena.
Llevaban así media hora. Una hacía una pregunta y la otra la respondía.
-¿Cuál es tu recuerdo favorito con tus amigos?
-Una Navidad fuimos al parque e hicimos una guerra de bolas de nieve y, luego, un muñeco de nieve. Por la tarde, nos sentamos en la hierba y empezamos a cantar. Puck puso su gorro en el suelo mientras Kurt, Mercedes y yo cantábamos. Al final de la tarde, reunimos 50 dólares de la gente que pasaba. Creo que fue la mejor Navidad de mi vida- respondió con una sonrisa suave en la cara recordando ese día con claridad por ser un día tan especial-. ¿Cuándo te diste cuenta de que te gustaba? – Preguntó con curiosidad queriendo saber.
-No me acuerdo del día o el momento exacto pero creo que siempre he sentido algo por ti desde el primer momento en que nos conocimos. Santana incluso me tomaba el pelo y me preguntaba cuándo iba a pedirte una cita hasta el día que lo hice- respondió la rubia con honestidad.
La verdad era que no lo sabía. Pensaba que la morena le había gustado desde la primera conversación que tuvieron pero no estaba segura.
-¿Celebras la Navidad?- Le preguntó la rubia.
-Sí. Mi papá es católico. Mi papi es el judío. Celebramos tanto Hanukkah como Navidad- respondió-. ¿Cuál es tu recuerdo favorito con Santana?
Quinn se rio.
-Tengo demasiados buenos recuerdos con ella pero creo que el mejor fue cuando hicimos una pelea de bolas de nieve en su patio. Teníamos 16 años pero parecíamos dos niñas. Fue muy divertido. O cuando, por fin salió del armario en el instituto, fuimos al único restaurante que había, Breadsticks, y se comió su plato todo lo rápido que pudo mientras Brittany la miraba con adoración. Me sentía una carabina pero fue uno de los mejores días de su vida, y también de la mía.
Cuando terminó de hablar, su estómago rugió. La morena se partió de risa.
-¿Todavía tienes hambre?- Preguntó a Quinn con claro escepticismo en la voz.
Quinn gruñó. Se había comido dos platos completos de una de las recetas veganas de Rachel.
-No es mi culpa que tus cosas veganas no me llenen- dijo haciendo pucheros.
Rachel se sentó y se puso sobre la rubia. La morena sonreía a la quejosa rubia.
-Necesito carne para no sentir hambre- dijo, no, gimoteó.
-Bueno, tú eras la que no quería hacerme sentir excluida, ¿recuerdas?- Dijo la morena con una sonrisa de satisfacción en el rostro-. Podías haber comido lo tenías aquí.
-Perdona por intentar hacerte sentir mejor al no comer carne delante de ti- dijo Quinn girando los ojos.
-Sabes que estoy acostumbrada a ver a la gente comer carne delante de mí. Así que deja de gimotear. Fue decisión tuya. Ahora, vete a comer porque te vas a morir de hambre si no vas-dijo quitándose de encima de la rubia que asintió y se levantó.
Fue a la cocina, miró en la nevera y decidió hacerse un sándwich de Bacon, lechuga y tomate.
-¿Quieres algo?- Preguntó gritando a la morena del salón que contestó negativamente-. Vale.
Cerró la nevera y se hizo el sándwich. Volvió encontrándose a Rachel en el sofá, mirando la tele con el mando a distancia en la mano, tan atenta a lo que estaba viendo que no se dio cuenta de la rubia que se acercó para sentarse a su lado. Cuando Quinn se sentó, Rachel saltó del susto y se supo una mano en el pecho intentando calmarse.
-Quinn, me has asustado- dijo con la mano aún en su pecho.
Quinn sonrió pícara y empezó a comerse el sándwich.
-¿Qué estás viendo? – Preguntó a la morena después de dar unos mordiscos, mirando a la morena que, a su vez, la estaba mirando con una sonrisa tierna.
Rachel negó con la cabeza.
-Te ves muy tierna cuando comes, ¿sabes?- Dijo aun sonriendo.
Quinn se avergonzó y sus mejillas se tornaron de un color rosado.
-Estaba viendo algo de Broadway. Respondió a la pregunta de Quinn.
-Oh. Vale- dijo la rubia encogiéndose de hombros, sabiendo que la morena estaba ocultando algún detalle pero decidiendo no agobiarla-. ¿Tienes que volver a casa esta noche?- Le preguntó después de acabarse el sándwich y mirando hacia Rachel con ojos de cachorro y pestañeando. Rachel se rio y sonrió a la rubia.
-No, no tengo que volver- respondió dándole un beso rápido en los labios, haciendo su sonrisa más amplia de felicidad.
-No creo que sepa lo tierna que es- pensó Rachel mirando a la adorable rubia frente a ella que tenía unos ojos para morirse y que era preciosa.
Decidieron ver una película, acurrucadas en el sofá y durmiéndose al poco tiempo.
Se despertaron la mañana siguiente en la misma posición. Se habían dormido en el sofá pero era muy cómodo. Quinn se despertó por el timbre del teléfono. Cogió el teléfono de la mesa del café y miró la pantalla. Era Sam. Lo cogió.
-¿Sí?- Dijo en voz baja para no despertar a la morena.
-Hola, Quinn-dijo feliz.
Pudo notar por el teléfono que estaba sonriendo con amplitud.
-¿Sí?- Repitió algo irritada.
Estaba teniendo el mejor sueño de su vida y él la acababa de despertar.
-¿Tienes algo que hacer esta tarde?- Preguntó yendo directo al grano para no enfadar más a la rubia.
-No.
-¿Podemos quedar sobre las 5? – Le preguntó.
Quinn pudo notar que estaba un poco nervioso.
-Sí, claro. Acércate y hablamos. ¿Pasa algo malo?- Preguntó preocupada, dejando de lado la irritación por su interrumpido sueño.
-No. Te lo diré después. Nos vemos- dijo y antes de poder replicarle, le colgó.
Miró al teléfono frunciendo el ceño y preguntándose de qué iría el tema. Bajó la vista para ver a Rachel dormir. Siempre tenía esa expresión pacífica cuando dormía. Su pelo estaba un poco descuidado pero a ella no le importaba. Para ella parecía un ángel. Entonces, Rachel bostezó y abrió los ojos con sueño, pestañeando unas cuantas veces a causa de la luz.
-Buenos días, preciosa- la saludó Quinn con un beso rápido en los labios.
-Buenos días- la saludó de vuelta.
A la morena, normalmente, le gustaban las mañanas pero el día anterior había tenido su primer ensayo para la obra fuera de Broadway que protagonizaba. Así que estaba bastante cansada. Así que hoy no estaba muy feliz de despertarse esa mañana. Quinn sonrió suavemente a la morena sabiendo que estaba cansada.
-¿Quieres un café?- Preguntó la morena después de unos momentos.
La morena asintió. Quinn se levantó y fue a la cocina a servir dos tazas de café. Cuando acabó, hizo unas tortitas. Después de días intentándolo, por fin consiguió hacer unas tortitas veganas. Volvió al salón y se encontró con Rachel otra vez dormida. La tocó con cuidado y cuando volvió a abrir los ojos, le sonrió.
-¿Café?- Le preguntó a la morena que asintió.
Quinn cogió la taza y se la dio a Rachel. Tan pronto como se la bebió, se encontró más despierta. Era como magia. Quinn le ofreció unas tortitas, las cuales aceptó dándose cuenta de que estaba muy hambrienta. Comieron en silencio. Cuando acabaron, Quinn recogió los platos y las tazas y las metió en el fregadero decidiendo que los lavaría después.
-Tengo que irme- dijo Rachel después de que Quinn volviera de la cocina.
Ya se estaba poniendo el abrigo.
-Le prometí a Kurt que hablaría con él esta mañana-guion-tarde.
-Vale. Adiós, te amo- dijo besando los labios de la morena castamente.
Después de que Rachel se fuera, cogió su portátil y echó un vistazo a lo que había escrito el día anterior. Escribió el tercer guion, le echó un vistazo y decidió escribir un poco más. Perdiéndose de nuevo en sus palabras, acabó escribiendo lo que podrían considerarse como dos guiones por el tamaño de los anteriores.
La rubia pasó así el resto del día. Un poco después de las 5, sonó el timbre. Fue a abrir la puerta y se encontró con Sam al otro lado. Le dio la bienvenida dejándole entrar al apartamento.
-¿De qué querías hablar?- Preguntó mirándole con cautela.
Tenía una pequeña sonrisa en los labios pero se movía nerviosamente.
-Le he pedido salir a Mercedes y me ha dicho que sí. Ahora estoy flipando porque no tengo ni idea d qué hacer en la cita- le dijo, nervioso.
La verdad es que estaba nervioso. No ha tenido muchas novias a lo largo de los años. La única chica que le gustaba de verdad creía que era gay pero, entonces, apareció Mercedes y lo cambió todo.
-Oh. ¿Y quieres que te ayude? ¿Estás seguro? Porque estoy bastante segura de que sólo he planeado como que dos primeras citas en mi vida- dijo.
La verdad era que podía haber acudido a cualquiera excepto a ella. Incluso Karofsky tenía más experiencia en esa área.
-Sí, bueno… Tú eres mi mejor amiga. Pensé que podrías ayudarme- dijo poniendo las manos y la nuca y bajando la vista nervioso.
-Espera un segundo- dijo.
Cogió el teléfono y llamó a Santana y Brittany, a Karofsky y a Mike. Llegaron en poco tiempo. Si a ella no se le daban bien las primeras citas quizá a alguno de ellos sí.
Al final, estuvieron todos intentando enseñar a Sam dónde ir en tu primera cita, qué decir y qué hacer. Estaba bastante confundido en algunas partes porque había demasiada gente hablando por encima unos de otros o gritando.
-No, si haces eso nunca volverá a salir contigo una segunda vez.
- ¡¿Qué?! ¡¿Estás chiflado?!
-¡Voy a ponerme en plan Lima Heights en tu patético culo si no dejas de hablar!
La última fue, claramente, Santana.
-¡Vale!- Gritó Sam después de cuatro horas en el mismo plan-. Lo entiendo. Creo que ya sé lo que hacer. ¿Podemos pedir una pizza? Estoy hambriento y vosotros, chicos, me estáis confundiendo haciendo que me duela el cerebro- dijo.
Quinn cogió el teléfono y pidió tres pizzas.
Sam se frotó la cara con las manos. Le dolía de verdad el cerebro. Eran de la gente más ruidosa que conocía. Se comieron las pizzas cuando llegaron, comiendo tan rápido como pudieron, dándose cuenta de que todos estaban hambrientos.
Después de un poco de charla banal y peleas, porque con Santana López en la habitación no había conversación pacífica, todos se marcharon a casa. Quinn echó un suspiro de alivio cuando se fueron. Eran sus mejores amigos pero podían ser irritantes y ruidosos. No sabía cómo su cabeza podía palpitar tanto.
Se tumbó en la cama gruñendo cuando su cabeza tocó la almohada. Estaba cansada. Su móvil empezó a sonar.
-¿Hola?- Lo cogió, su voz algo amortiguada por la almohada.
-Hola, Quinn- respondió Rachel al otro lado de la línea haciendo sonreír a Quinn casi instantáneamente.
-Oh, hola. No sabía que eras tú. Han estado los chicos en casa y estoy algo cabreada. Lo siento.
-No te preocupes. Estás cansada, no importa. He olvidado mi llave y, no respondías a la puerta- bromeó la morena.
Quinn corrió a la puerta tan rápido como pudo.
-Hola, ¿qué haces aquí?- Preguntó abrazando a la morena y dejándola entrar.
Colgó el teléfono.
-Sólo quería contarte algo-dijo la morena caminando hacia el sofá y sentándose en él.
-¿Qué es?- Preguntó la rubia preocupada y con curiosidad.
-Eh. Ya sabes lo de la obra, ¿verdad? Ayer descubrí quién es mi interés amoroso- dijo poniéndose nerviosa-. Sé que no lo conoces, o quizás ni te enfades, pero quería decírtelo. Es Jesse St. James.
Quinn pensó en el nombre. Lo había oído en alguna parte. Cuando lo reconoció, su boca formó una "O" y sus ojos se tensaron.
-el chico que interpreta tu interés amoroso es el chico que te tiró huevos, pretendió amarte y luego te dejó destrozada cuando se cansó de ti. ¿¡Por qué?! Pero, ¿¡por qué?! ¿Cómo puede terminar en la misma obra que tú? ¡Hay otras obras por ahí!- Vociferó poniéndose más enfadada a cada minuto que pasaba.
¿Y si éste chico hacía daño otra vez a Rachel? ¿Y si se enamoraba otra vez de él? ¿Y si...? ¿Y si…?
-¡Quinn! No voy a hacerlo. Ya no soy tan estúpida y, además, estoy enamorada de ti. Te amo mucho, quizá desde el día que hablamos por primera vez- dijo y Quinn se dio cuenta de que había dicho las preguntas en voz alta-. Sólo vamos a ser compañeros de reparto, nada más. Porque no voy a volver a confiar en él otra vez. Sólo voy a ser su amiga porque tengo a una hermosa rubia a mi lado- dijo Rachel sonriendo cuando la rubia se ruborizó por sus últimas palabras.
-¿De verdad?- Dijo con una vocecilla.
-De verdad- dijo sonriendo suavemente a la rubia.
Quinn la miró a los ojos y no vio nada más que honestidad en ellos.
-¿Estamos bien? – Preguntó la morena.
-Por supuesto que estamos bien- dijo abrazando a la morena por la cintura y escondiendo la cara en su cuello-. Siento haber reaccionado desmesuradamente- murmuró en el cuello de la morena.
-Está bien. Te estabas preocupando por mí. Es agradable. Nadie se había preocupado lo suficiente por mí como para hacerlo aparte de mis amigos y mis papás- dijo sonriendo suavemente a la rubia.
Besó sus hermosos labios y cuando se separó de ellos, fue atraída al regazo de la rubia que encendió la tele. Empezaron a verla volviendo a dormirse de nuevo en el sofá.
