Sólo quiero recordar a alguien que nos ha dejado demasiado pronto, que nos ha dado alegría con su existencia y que sin él el universo "Glee" que tanto nos gusta no hubiera sido el mismo. Respeto para su familia, para Lea y para el resto del reparto de "Glee" que tienen derecho a llevar su dolor de la manera que ellos crean conveniente.

CAPÍTULO 17

Quinn estaba sentada en el sofá viendo lo que fuera que estuvieran echando en la tele cuando sonó el teléfono. Miró la pantalla y frunció el ceño. "Número desconocido".

-¿Hola?

-Hola, ¿puedo hablar con la señorita Quinn Fabray?- Le contestó una voz masculina.

-Soy yo.

-Oh. Hola, Srta. Fabray. Soy un guionista que está buscando jóvenes guionistas que quieran empezar en el negocio. Su profesor, el Sr. Greene que es amigo mío, me pasó su guion y tengo que decir que es impresionante. Me gustaría reunirme con usted algún día de esta semana- le dijo la voz del teléfono.

Quinn no podía creer lo que estaba oyendo. ¿Estaba sucediendo? Es decir, sucediendo de verdad. Estaba un poco enfadada por lo que había hecho su profesor pero se le pasó rápido por la intensidad de su felicidad.

-Sí, claro- dijo después de procesar durante un momento todo lo que le había dicho.

-¿Qué tal el miércoles?- Le preguntó.

-Claro. Me va perfecto- dijo.

Le dijo el lugar donde quedar y la hora y le preguntó si a ella le iba bien, que le iba bien. Al final de la conversación, le dio su número. Ella colgó el teléfono y se pasó unos minutos mirando al teléfono sin poder creérselo todavía.

-Tiene que ser una broma- pensó.

Después de asimilar la llamada, se levantó, se puso unos vaqueros y un top y salió corriendo por la puerta. Siguió corriendo por la calle, torció a la izquierda, aun corriendo, y corrió cinco manzanas tan rápido como pudo. Cuando llegó al edificio al que quería llegar, un hombre la dejó entrar. Subió corriendo las escaleras sin molestarse en subir por el ascensor. Llegó al apartamento al que quería ir, llamó a la puerta de manera insistente. Una pequeña morena abrió la puerta encontrándose con su novia sonriendo feliz y sin aliento.

-¿Qué ha pasado?- Preguntó algo preocupada a la rubia frente a ella que intentaba recuperar el aliento.

-¡Me ha llamado un tipo sobre mi guion!- Dijo la rubia de tirón y abrazó a la morena en un abrazo rompe-huesos, gritando.

Rachel no acababa de comprender lo que la rubia le había dicho pero cuando gritó pensó que era algo bueno porque, en todo el tiempo que la conocía, nunca había gritado así.

Cuando la rubia dejó de estrujarla, procesó lo que la rubia había dicho. Pasó sus brazos por el cuello de la rubia y la abrazó con fuerza. Cuando se separaron, se besaron apasionadamente hasta que alguien se aclaró la garganta. Quinn miró por encima del hombro de la morena y vio, para su sorpresa, a Brittany y Santana allí de pie con Kurt y Karofsky detrás de ellas. Brittany tenía una sonrisa afectuosa y Santana tenía una expresión de disgusto e incredulidad en la cara.

Después de unos momentos, Santana gritó.

-¿Qué es lo que has dicho, zorra?

-Un tipo acaba de llamarme preguntándome sobre el guion que escribí- dijo sin perder la sonrisa de la cara.

Estaba tan feliz. Nunca se había sentido así antes. Entonces, antes de poder darse cuenta de nada, estaba siendo abrazada por Santana, con Rachel en medio. Luego, llegó Brittany con Kurt y Karofsky.

-¡Sííííí!- Gritó Brittany en el abrazo en grupo.

Luego, empezó a saltar haciendo saltar a los demás.

Cuando se separaron, Rachel miró a Quinn a los ojos que brillaban tanto como el sol y estaban llenos de lágrimas. Solo mirándola sabía que era la persona más feliz de esa habitación o incluso del planeta. Quinn miraba a su vez a los ojos chocolateados que había empezado a amar durante el último mes y tres semanas. Esos ojos estaban llenos de orgullo y lágrimas como seguro tenían también los de ella. Los ojos marrón-chocolate le sonreían de vuelta con la misma alegría que ella sentía. Permanecieron mirándose a los ojos hasta que Kurt dijo que tenían que celebrarlo. Fue a la cocina y volvió con una de las pocas botellas de champán que tenían.

Hicieron un brindis en honor de Quinn y otro para Rachel después de que Quinn insistiera en que hacerlo porque ella también estaba en el camino de cumplir sus sueños. Después de eso, Quinn y Rachel fueron a la habitación de la última para estar a solas.

-Tus sueños se están haciendo realidad dijo la morena cuando se tumbó en la cama con Quinn encima de ella.

Quinn miró de sus ojos a sus labios, también sonriendo.

-Sí. Lo están- dijo suavemente-. Cada uno de ellos-añadió con la voz suave mirando con intensidad a sus preciosos ojos chocolate.

Esa fue la manifestación más sincera que nunca había hecho. De eso estaba segura. Estaba segura de que toda su vida había estado buscando a alguien como la morena que estaba bajo suya. Estaba segura de que había encontrado al amor de su vida. Pero, también estaba segura de que era demasiado pronto para decírselo. Estaba segura de que todas las cosas estúpidas que le habían pasado habían servido para algo porque si no hubieran pasado no estaría aquí o no sería de la manera que era ahora.

Rachel miró de nuevo a los ojos avellana. Su mirada había cambiado ligeramente después de su última manifestación. Se habían llenado de pasión, se habían vuelto más serios. Sabía lo que la rubia había querido decir con sus palabras. También sabía que la rubia tenía miedo de decírselo por miedo a que fuera demasiado pronto. Levantó la vista y vio el amor en los ojos de la rubia. Vio lo mucho que era amada y cuanto se había perdido por haber estado con alguno de sus ex-novios que no le habían dado la atención que la rubia le daba.

Se quedaron mirando el alma de la otra, buscando algo que no sabían. Buscaban un algo más y encontraron exactamente lo que querían: amor, pasión, adoración y más. Después de algún tiempo, Quinn se inclinó y besó a la morena suave y lentamente en el contacto. Se besaron despacio, casi de manera dolorosa por su lentitud si se les hubiera preguntado a ellas. Quinn separó sus labios y pasó su lengua por el labio inferior de la morena pidiéndole permiso de manera silenciosa, que le fue dado con facilidad.

El beso estaba lleno de pasión. Entonces, Quinn paró de besar los labios de Rachel y bajó para besar su cuello, saboreando su piel. Era deliciosa en opinión de Quinn. Le pellizcó, besó y mordisqueó. Pasó su lengua por el lóbulo de la morena, pensando que necesitaban tener sexo en ese mismo momento porque la tensión sexual en el aire se estaba tornando casi inaguantable en algunos momentos.

-Para- dijo Rachel después de un momento.

Quinn paró y la miró con ojos inquisidores.

-Si sigues, no seremos capaces de parar y no quiero que nuestra primera vez sea con nuestros amigos en la otra habitación.

Quinn asintió. La morena tenía razón sobre su primera vez. Tenía que ser perfecta porque la morena era especial para ella, muy especial. Quinn se tumbó junto a la morena y la abrazó de forma lateral.

-Tienes razón. Si hubiera seguido no hubiera sido capaz de parar- dijo riendo y haciendo que la morena soltase una pequeña risita.

Quinn soltó un suspiro de alegría. Entonces, la morena se quedó callada intentando normalizar su respiración. Quinn solo la miraba son sorpresa. Aun no sabía cómo la morena era suya, sólo sabía que lo era. Empezó a recordar sus días de instituto cuando pensaba que acabaría casada, viviendo en la misma "ciudad de perdedores" y quedándose de ama de casa sin hacer nada de provecho con su vida. Estaba contenta de no haber acabado así.

Permanecieron allí tumbadas disfrutando de su paz, de su tiempo juntas y, más por parte de Quinn, de sus arrumacos. Le encantaban.

-¿Te quedas a pasar la noche?- Le preguntó Rachel en voz baja.

Era la primera vez que le preguntaba a Quinn si quería pasar la noche en casa de Rachel porque pasaban la mayoría del tiempo en lo de Quinn.

-Claro- dijo Quinn sonriendo-. Mucho mejor que dormir sola en esa fría cama- dijo juguetona, pero tenía parte de razón al decir que era fría cuando Rachel no estaba allí con ella.

Rachel se rio un poco por la broma de la rubia. Adoraba ese lado juguetón de Quinn. Era lo mejor de ella después de su dulzura y su romanticismo.

-Si te hace sentir mejor, esta cama también es fría cuando no duermes conmigo- le dijo sonriendo cuando la rubia rio un poco.

Volvieron al salón cuando Santana les gritó que "sacaran sus culos de allí antes de que fuera ella a hacerlo". Después de un rato, Brittany y Santana, se fueron a su casa. Antes de irse, Brittany le dio un abrazo a Quinn y Santana la imitó.

-Creo que nunca me has dado tantos abrazos en un mismo día- le dijo, juguetona, a la latina que le dio un golpe en el brazo pero con una pequeña sonrisa en los labios mostrando su felicidad por la rubia.

-No te preocupes, S. No se lo diré a nadie- le dijo susurrando.

Santana le dio otro golpe.

-¡Ay! Por la mañana estará rojo- dijo Quinn burlándose.

-Lo sé. Te lo mereces, así aprenderás a no burlarte de mí- dijo Santana señalando a la rubia con el dedo, que sonrió más ampliamente-. Adiós, perdedora- dijo despeinando a la rubia que la miraba con fingido enfado y sonriendo al peinarse.

Rachel sonrió con adoración a la absolutamente adorable rubia junto a ella. Se volvía más adorable cada vez que se encontraban. Después de que las dos se marcharan, los otros cuatro decidieron ver una película. Se decidieron por "Las desventajas de ser un marginado", una de las favoritas de Quinn y parece que también de Rachel.

Hacia la mitad de la película, Rachel se acurrucó aún más en Quinn.

-¿Por qué estamos viendo esto? Es tan triste- dijo haciendo pucheros.

Había visto la película un billón de veces pero eso no quería decir que no llorara cada una ellas. Quinn le sonrió con adoración.

-Tú fuiste la que la elegiste. Así que la culpa es tuya- dijo sonriendo cuando la morena resopló.

Entonces, empezaron a prestar atención de nuevo a la película.

Para cuando terminó la película, Kurt y Karofsky estaban dormidos en el sofá. Así que, Rachel y Quinn caminaron de puntillas hacia el dormitorio de la morena para no despertarlos. Cuando llegaron, Rachel miró entre su ropa. Era algo más baja que Quinn así que tuvo algo de problemas para encontrar algo que le fuera bien.

Cuando encontró algo, se lo dio a Quinn que se fue al cuarto de baño a cambiarse. Volvió y Quinn ya estaba con el pijama puesto luciendo adorable. El pijama tenía estrellas doradas. Una vez le contó a Quinn de su fascinación con las estrellas doradas pero Quinn no había llegado a ver sus queridas ropas con estrellitas doradas en ellas. Kurt le había prohibido utilizarlas. Quinn miró a la morena sonriéndole tiernamente y Rachel le devolvió la sonrisa con timidez.

-Nunca antes te había visto tan adorable- dijo Quinn sonriendo y abrazando a la morena por la cintura y besándola con suavidad-. Creo que deberías ponértelo cada vez que te quedes en mi casa a pasar la noche- dijo sonriendo a la morena que estaba ruborizada.

-¿Puedo suponer que te gusta? Es lo único que tengo para ponerme- dijo aún sonrojada bajo la mirada llena de amor de Quinn.

-Claro que me gusta. Todo lo que haces me gusta- dijo la rubia, después de darse cuenta al momento de lo sumiso que sonaba pero no le importaba. Tanto la amaba.

Se tumbaron bajo las sábanas cara a cara.

-¿Qué tal los ensayos?- Le preguntó Quinn con una sonrisa y un expresión un poco de disgusto al acordarse de Jesse.

-Creo que lo que quieres preguntar en realidad es, ¿cómo van las cosas con Jesse? ¿Me equivoco?- Dijo juguetona y sonriente-. No hablo con él fuera del escenario. Sólo cuando estamos en él. Creo que igual- Rachel sonrió cuando la rubia suspiró aliviada-. Eres tan tierna cuando estás celosa- dijo la morena sonriendo cuando la rubia se puso una mano en el pecho fingiéndose herida.

-No estoy celosa- dijo haciendo un puchero y sonriendo cuando la morena le echó una sonrisa astuta-. Vale, pero no estoy celosa sino sólo enfadada porque decidió hacer una audición para ésta obra en concreto cuando había muchas otras para las que podía haberlo hecho.

-Vale. Haré como que te creo pero tienes que saber que, aunque estés celosa, nada va a pasar entre Jesse y yo nunca. Me hizo demasiado daño para ello- dijo con la mirada triste que siempre tenía cuando recordaba esa época de su vida.

Quinn la abrazó.

-Está bien. Ahora me tienes a mí- le dijo al rubia al oído.

La morena asintió, sabiendo que era verdad.

-¿Para siempre?- Preguntó al morena después de unos instantes con una pequeña voz.

-Para siempre- replicó la rubia rezando porque fuera cierto porque, si alguna vez la perdiera, se sentiría miserable.

Se durmieron con los brazos de Quinn alrededor de la morena y la cara de Rachel enterrada en el pecho de Quinn.


El miércoles, Quinn entró donde había quedado con el tipo. Cuando miró a su alrededor, vio que era un restaurante fino. Fue hacia la persona encargada de las reservas.

-¿Tienes reserva?- Le preguntó el encargado con mirada incrédula.

Ella no parecía una persona que pudiera permitirse ni una botella de agua en un sitio como ese.

-sí. A nombre de Joseph Kay.

-Ya ha llegado. Déjeme acompañarla a la mesa- le dijo el hombre y la dirigió por el restaurante.

Cuando llegaron a su mesa en la parte más interior del restaurante, había allí un hombre con traje. Tenía el pelo corto y negro. Parecía tener unos 35 años. Quinn se miró a sí misma y se encontró poco arreglada.

-No te preocupes. No esperaba que viniera con un vestido- le dijo el hombre sonriendo.

El camarero le sacó la silla para que se sentara.

-Tú debes de ser Quinn. Encantado de conocerte- le dijo sonriente.

-Igualmente- le dijo, sonriendo nerviosa.

-Pidamos primero, ¿de acuerdo?- Puedes pedir lo que te apetezca- dijo.

Cogió el menú, le echó un vistazo y se decidió por un filete y un vaso de vino.

-Hablemos de lo que has escrito. Me ha gustado mucho.

-Gracias, señor.

-Oh, por favor. Llámame Joseph o Joe o Joey. Creo que si vamos a trabajar juntos, tendremos una buena oportunidad de encontrar alguna cadena que esté interesada-dijo.

-Gracias. Me vendrían bien algunos consejos y, sí, tal vez podamos trabajar juntos- le contestó la rubia.

Llegó la comida y se pasaron el rato hablando sobre sus ideas. Al final de la comida, le dio su tarjeta para que le llamara si le interesaba la oferta.

En el camino a su apartamento, sólo podía pensar en ello. Cuando entró en su apartamento, buscó en "Google" el nombre del tipo. Era bastante famoso. Había escrito dos series para televisión que habían tenido bastante audiencia. Estaba feliz. Quizá pudiera hacerse un gran nombre por sí misma después de todo.

Quinn se durmió con esa idea en la cabeza.