Quería pediros perdón por la tardanza en actualizar pero he estado enferma y no he podído actualizar hasta ahora. Espero poder hacerlo con la misma regularidad con la que lo estuve haciendo antes. Muchas gracias por vuestra paciencia. Y ahora, el capítulo.

CAPÍTULO 20

Quinn y Rachel estaban disfrutando de una noche a solas en el apartamento de Rachel. Estaban acurrucadas en el sofá viendo "Buscando a Nemo" (sorprendentemente una de las películas favoritas de Rachel).

-Creía que solo te gustaban los musicales – había bromeado la rubia cuando Rachel le dijo lo que iban a ver.

La morena resopló y miró con furia a la rubia a lo que la rubia sólo rio con más fuerza.

A la mitad de la película, Quinn se durmió y, después de unos minutos, Rachel también. Se despertaron cuando Kurt les gritó en los oídos. Cuando abrieron los ojos, vieron a Kurt de pie frente a ellas sonriendo satisfecho.

-¿Por qué has hecho eso? – Preguntó Rachel medio dormida.

Él solo se encogió de hombros y se fue a la cocina.

-He hecho la cena – gritó desde la cocina.

Las chicas miraron el reloj. Eran las 7 de la tarde. Habían estado durmiendo durante 3 horas. 3 horas enteras.

Caminaron groguis hacia la cocina. Cuando llegaron los cuencos (iban a tomar sopa) ya estaban en la mesa. Se sentaron y empezaron a cenar. Kurt les habló de su día. Había ido a una audición para una obra fuera de Broadway. Les dijo que le había ido bien pero que no estaba muy seguro de haberlo conseguido.

-Seguro que has conseguido el papel – le respondió Rachel con seriedad.

Él intentó creerla pero no tenía mucha confianza en ello.

Después de cenar volvieron al salón y empezaron a ver "Anatomía de Grey", elección de Kurt. Las chicas le dejaron elegir. Rachel ya se había acostumbrado a verla. Estaba segura de que ya casi se había visto todos los capítulos por culpa de Kurt. Quinn, por el contrario, había visto un capítulo aquí y allá. Normalmente la veía si no tenía nada que hacer o si la estaban echando en ese momento en la tele.

Decidieron ver el capítulo final de la octava temporada.

-Kurt ¿por qué quieres verlo? Lloras cada vez que lo vemos – le dijo Rachel.

Éste sólo se encogió de hombros y puso el DVD. Sí, lloraba cada vez que lo veía pero era uno de los mejores episodios de la historia.

Sobre la mitad, Kurt ya estaba llorando y no como una persona normal. Estaba llorando a mares y sorbiendo por la nariz. Quinn estaba algo asustada de él. No entendía por qué estaba llorando. Creía que era porque esa chica, Lexie, había muerto y parecía que ese tipo, Mark, estaba totalmente enamorado de ella y no se lo había dicho.

-Su amor es precioso – pensó Quinn.

Ya había visto que su amor era algo único y le encantaba.

Al final del episodio, estaba algo cabreada porque había estado esperando todo el capítulo para que los rescataran y, al final, no lo son. Estaba triste porque los fans tendrían que esperar a la siguiente temporada para saber de verdad lo que iba a pasar a continuación.

Entonces, Kurt puso la siguiente temporada.

-¡Oh, Dios mío! Esto no puede ser más triste – pensó Quinn.

El tal Mark murió y, entonces, Arizona (nombre raro para una persona pensaba Quinn) había perdido una pierna y estaba deprimida. Y su mujer lloraba todo el tiempo. Hacia el tercer capítulo de la novena temporada, Quinn también estuvo llorando. No sabía exactamente qué demonios estaba pasando pero estaba triste de que estuviera pasando. Cuando la rubia sorbió por la nariz, Rachel la miró y sonrió con comprensión. Quinn le devolvió la sonrisa.

Entonces, Rachel se acercó a ella.

-¿Sabes? Deberías ver las otras temporadas. Les han pasado cosas peores. Como ha dicho Christina, camiones atropellando a sus amigos y bombas y tiroteos – dijo Rachel y volvió al sitio donde estaba.

Quinn la miró con incredulidad notoria en la cara. La morena sólo sonrió.

Quinn no podía creer lo que le había dicho Rachel. ¿Cómo han podido pasarles cosas peores?

Al final de la noche, Quinn tenía que marcharse. Rachel la acompañó a la puerta sonriéndole con cariño. Los ojos de la rubia estaban hinchados de llorar y estaba hecha un desastre.

-Estás adorable- le dijo la morena cuando llegaron a la puerta.

Quinn se ruborizó y desvió la mirada.

Rachel sonrió y se rio.

-Te veo mañana – dijo dándole un beso rápido en los labios a la rubia.

-Adiós, Rache – dijo y bajó las escaleras.

Caminó por las calles hasta llegar a su edificio. Subió las escaleras, alcanzando su piso y su apartamento y entró en él. Entonces, encendió su portátil y compró todas las temporadas de "Anatomía de Grey" por Internet. Decidió durante el camino de vuelta de casa de la morena a la suya que iba a verse la serie entera.

Entonces, miró si tenía algún correo nuevo. Lo abrió y vio que tenía un correo de su hermana. Frunció el ceño porque, normalmente, su hermana la llamaba. Lo abrió y lo leyó:

"Hola, Quinn,

He intentado llamarte pero no contestabas así que he decidido mandarte un correo. Voy a mudarme a Nueva York. Ya he encontrado apartamento. Me preguntaba si querías que nos viéramos alguna vez esta semana.

Oh, y mama también iría. Le gustaría volver a verte. Así que si quieres reunirte con nosotras, llámame. Eso era todo.

Con cariño,

Emily.

P. D. Si quieres quedar, trae también a Rachel. Me encantaría verla otra vez. Es la persona más maravillosa del mundo. Ella vale la pena (sólo lo digo)".

Quinn sonrió por la última parte del correo. Pero no estaba muy feliz por el resto. Claro que quería ver a su madre, pero no sabía si estaba lista. Que su hermana se mudara a la misma ciudad que ella era emocionante. Por fin podría tener una relación con ella sin miles de kilómetros entre ellas.

Se fue a su habitación a dormir. Estaba cansada. Ya pensaría en lo de su madre al día siguiente.

Quinn se despertó la mañana siguiente cansada. No había podido dormir muy bien. Su pensamiento volvía a su madre. La verdad es que no sabía qué hacer.

Volvió a su rutina. Hizo café y se lo tomó. Y, luego, se tomó dos tazas más. Entonces, se fue a la universidad. Pasó el resto del día sin pensar en su madre.

Sus clases fueron bien. Luego fue a una reunión con Joe y los otros. Aún seguían escribiendo los guiones. Habían pasado 3 días desde que habían hablado con ABC Family por última vez. No iban a perder la fe.

La reunión hizo desaparecer a su madre de los pensamientos de Quinn. Se dio cuenta que estar ocupada le distraía de lo que la preocupaba. Le fue muy bien. Estuvieron discutiendo ideas por si llegaban a tener una temporada completa. Qué podían hacer, si tendrían que ser más dramáticos o introducir algo más de humor (decidieron que iban a tirar por el lado más dramático) y empezaron a escribir ideas para el episodio que estaban escribiendo.

Después de la reunión, fue a una cita con Rachel en un restaurante cercano al apartamiento de la morena. Cuando llegó, Rachel ya estaba dentro. Fue hacia ella y la saludó con un beso rápido en los labios.

-Hola, Rach – dijo sonriendo a la morena.

-Hola, Quinn – la devolvió el saludo Rachel con una sonrisa.

Le encantaba la forma en que Quinn le decía "hola, Rach". Era tan adorable. Le encantaba la forma en que Quinn decía su nombre. Su voz siempre era tranquila cuando lo decía. Siempre con una sonrisa en la cara. Siempre tan tierna.

Pidieron la comida y charlaron un poco. Quinn le iba a contar sus noticias a la morena cuando empezaron a comer. Rachel le contó a Quinn como le había ido el día. Le dijo que los ensayos para la obra eran ahora mejores que antes. Jesse sólo hablaba con ella para sus escenas y no volvió a intentar flirtear con ella como hizo el primer día. La morena había querido darle un puñetazo en la cara pero se controló recordándose a sí misma que ella no usaba la violencia como forma de demostrar su odio por cierta gente.

La comida llegó después de un rato. Empezaron a comer en silencio hasta que Quinn se aclaró la garganta y Rachel levantó la vista del plato.

-Mi hermana me mandó ayer un correo diciéndome que se va a mudar aquí y que quiere que quedemos.

La morena sonrió al escucharla. Quinn estaba mucho mejor ahora que su hermana estaba de vuelta en su vida.

-Y me ha dicho que mi madre también viene para ayudarla con la mudanza y que quiere verme.

La sonrisa de Rachel se desdibujó un poco. No sabía cómo se sentía la rubia acerca de su madre.

La rubia había recibido una llamada de su hermana cuando iba hacia la reunión. Le había dicho que el principal motivo por el que su madre iba a Nueva York era para verla. Y si estaba de acuerdo en hacerlo. La rubia dijo que le contestaría al día siguiente o quizá por la noche.

-Entonces, ¿quieres ver a tu madre? – Le preguntó la morena con cautela a su novia que se encogió de hombros y desvió la mirada a la mesa-. Quinn, mírame – dijo con calma-. ¿Quieres ver a tu madre? Porque si no quieres verla, también está bien, ¿sabes? – Dijo levantándose y sentándose en la silla al lado de la rubia cogiéndole de las manos.

Quinn la miró con vulnerabilidad en los ojos. Rachel quería envolverla entre sus brazos y no soltarla nunca.

-No lo sé. Tengo miedo de que al vernos le diga cosas de las que me arrepienta pero también tengo miedo de que ésta pueda ser la última oportunidad de ver a mi madre en un sitio confortable – dijo con un hilo de voz y mirando a Rachel como si ella tuviera la respuesta-. Y mi hermana me dijo que te llevara conmigo. Creo que iré pero sólo si tú vienes conmigo – dijo aún con menos voz.

Finalmente, la morena la envolvió entre sus brazos para calmarla.

-Iré contigo, si quieres que vaya. Y, quizás, digas cosas de las que más tarde te arrepientas pero tal vez sea lo mejor, porque así te desahogarías y no te lo guardarías todo dentro hasta que explotes – dijo serenamente.

La rubia sabía que tenía que reunirse con su madre, por su bien y por el de ella. Quizá ahora sea el momento adecuado.

-Iré – dijo y Rachel se separó para mirarla a los ojos.

-¿Estás segura? – Le preguntó para asegurarse porque no quería que la rubia se pusiera en una situación que no estaba lista para enfrentar.

-Sí, estoy segura – dijo y la morena la miró para asegurarse.

Los ojos de la rubia mostraban seguridad. Le demostraban que estaba segura de ello, quizás un poco asustada pero estaba segura.

-Vale – dijo la morena.

La besó con suavidad y sonrió. Volvió a su silla al otro lado de la mesa.

La comida siguió sin más drama, con una conversación ligera que hacía feliz a la rubia. Su vida podía ser bastante dramática a veces. Después de comer fueron al apartamento de la morena. Quinn iba a quedarse a pasar la noche porque Kurt no estaba y a Quinn le encantaba el apartamento de su novia porque ella estaba reflejada en todas partes con sus posters de Broadway y con un poster enorme de Barbra Streisand. La primera vez que lo vio, gritó. Era realmente enorme y no se lo esperaba.

Se acurrucaron en el sofá y vieron una película cualquiera. Después de un tiempo, se olvidaron de la película y empezaron a enrollarse en el sofá hasta que sonó el timbre y se separaron.

-¿Quién es? – Preguntó Rachel tranquilamente.

Los únicos que podían estar al otro lado de la puerta eran Kurt o Karofsky, pero ambos tenían llave así que los descartó. Pensó que podían ser Brittany y Santana porque a la rubia le gustaba acercarse a venir a Rachel algunas veces. Pero también las descartó porque Quinn le había dicho que era su noche de cita. Descartó a todo el mundo que podía ser que estuviera en su puerta. Cuando abrió la puerta no se esperaba en absoluto a quienes estaban allí. Ni siquiera se le pasó por la cabeza que pudieran estar allí.

-¡Oh, dios mío! ¡Papá! ¡Papi! – Gritó con una gran sonrisa en la cara.

Cuando Quinn oyó gritar a la morena, se le abrieron los ojos como platos. Se miró dándose cuenta de que estaba hecha un desastre. Fue a acicalarse un poco y empezó a asustarse porque no sabía si Rachel les había hablado a sus padres de lo suyo. Estaba alucinando.

-Una manera encantadora de conocer a sus padres – pensó.

Entonces, volvió al salón y se sentó. Sus piernas se movían arriba y abajo de los nervios.

De vuelta en la puerta, Rachel estaba abrazando y sonriendo a sus padres. Había pasado un tiempo desde la última vez que se habían visto. Había visto a Quinn abrir los ojos como platos en el salón. Les había hablado a sus padres de Quinn y estaban felices por ella y la apoyaban. Siempre habían sabido que era bisexual así que no estaban muy sorprendidos cuando les dijo que tenía novia. Pensó en su novia, tenía que haberla oído.

-Probablemente estará alucinando – pensó.

Conociendo a la rubia, era normal. Entonces, pensó que estaría haciendo esas cosas con sus piernas como cuando estaba nerviosa o jugueteando con su camiseta, como hacía normalmente. Rachel sonrió más ampliamente al pensarlo, imaginándose a la rubia haciendo exactamente esas cosas y estando tan adorable como siempre.

Cuando se separaron, miró a sus padres sonriendo. Su papá, Hiram, era alto y con gafas. Tenía una gran sonrisa en la cara. Su papi, Leroy, era más bajo y de descendencia latina así que tenía la piel un poco más oscura. Él también tenía una gran sonrisa en la cara.

-Ha pasado tiempo, estrella dorada – dijo su papá.

Quinn lo oyó desde su sitio en el sofá y sonrió para sí misma por el apodo del padre de la morena. Rachel le había contado una metáfora sobre las estrellas hacía tiempo cuando encontró su viejo alijo de pegatinas de estrellas doradas. Sonrió ante ese recuerdo.

-Lo sé, papá – dijo entrando en el apartamento haciéndoles un gesto para que entraran.

Sus ojos se encontraron con los de Quinn cuando se giró en redondo y la rubia estaba mirando sobre su hombro para ver la puerta mordiéndose el labio inferior. Sonrió suavemente a Quinn para tranquilizarla y decirle de que todo iría bien.

Sus padres entraron al apartamento. Ya habían estado allí y vieron que no había cambiado nada desde la última vez.

-¿Dónde están vuestras maletas? – Les preguntó Rachel.

-Nos estamos quedando en un hotel esta vez, querido – dijo Leroy y sonrió suavemente cuando la morena negó con la cabeza.

-¿Por qué? – Les preguntó.

Les estaba haciendo estas preguntas para que aún no vieran a Quinn y darle tiempo a la rubia para tranquilizarse.

-No tienes suficiente espacio aquí y no queremos hacer que Kurt vuelva a dormir en el sofá – explicó Hiram.

Miró en dirección al salón y vio a la rubia sentada en el sofá. Entonces, se volvió hacia Rachel con una ceja elevada.

-¿Es esa Quinn? – Preguntó con la voz lo suficientemente alta hacia la morena para no asustar a la rubia que parecía bastante ensimismada y aún se mordía el labio.

Rachel negó con la cabeza. La rubia tenía la manía de morderse el labio. A veces se lo magullaba por ello.

-Sí, papá. Ésa es Quinn – les dijo en voz baja a ambos.

Entonces, se dirigió hacia la rubia sonriendo suavemente cuando la rubia la miró con los ojos asustados.

-Está bien – dijo.

Una vez estaba frente a la rubia, le ofreció su mano a la rubia que se la cogió con gusto.

-Papá, papi. Ésta es Quinn – dijo guiando a la rubia donde estaban sus padres, cerca de la cocina.

Hiram fue el primero en girarse hacia Quinn. Habían estado mirando un nuevo poster de la pared.

-Encantada de conocerle, señor – dijo Quinn, alargando la mano para estrechársela.

Él la sonrió con suavidad e ignoró la mano que le ofrecía. La envolvió en un abrazo, levantándola del suelo. Ella la abrazó con torpeza.

-Hola, Quinn. Soy Hiram – dijo cuando la dejó en el suelo y sonrió cuando la rubia le sonrió de manera nerviosa -. Puedes llamarme Hiram – dijo sonriendo suavemente a la obviamente nerviosa rubia.

-Hola, Quinn. Soy Leroy pero puedes llamarme Sr. Berry – dijo Leroy cuando se acercó a su marido.

Su expresión era severa y la rubia tragó saliva con temor.

-Encantada de conocerle, Sr. Berry – dijo nerviosamente.

Rachel puso sus manos en el brazo de la rubia atrayendo su atención.

-Está bromeando, Quinn – le dijo suavemente a Quinn que aún parecía nervioso-. Papi, déjalo. La vas a poner más nerviosa de lo que ya está – le dijo a su padre, que entonces sonrió ampliamente y también abrazó a Quinn.

Los ojos de Quinn se abrieron como platos. Cuando dejó de abrazar a la rubia, la miró. Aún se la veía ligeramente asustada.

-Está bien. No voy a hacerte daño. Quizá hasta te dé un beso porque mi hija nunca había sido tan feliz con nadie – le dijo sonriendo -. Y puedes llamarme Leroy.

-bien porque eso es lo que estoy tratando de hacer desde el principio – dijo la rubia después de aclararse la garganta de que le volviera la voz.

Aún estaba nerviosa pero al ver que eran buena gente y de que, al menos, les caía un poco bien la estaban tranquilizando.

Rachel la sonrió suavemente desde su posición, viendo la interacción entre sus padres y Quinn que la habían hecho más feliz de lo que ya estaba. Había visto que a Quinn le estaban empezando a gustar y que ya se encontraba más relajada con ellos.

-Vamos al salón a sentarnos – les dijo.

Rachel y Quinn se sentaron muy juntas en el sofá con las manos entrelazadas. Los padres de Rachel se sentaron en el canapé frente a ellas. Y, entonces, empezó el interrogatorio que Rachel notaba estaba a punto de empezar.

-Así que, Quinn, Rachel nos ha dicho que quieres ser guionista y que ya tienes escrito un guion – le dijo Hiram a la rubia que asintió.

-Sí – dijo jugando con los dedos de Rachel para mantenerse más tranquila.

-La verdad es que tiene a un grupo de guionistas que la están ayudando con todo eso. Y ABC Family puede elegir su guion para hacer una serie – dijo Rachel.

Estaba claro que estaba orgullosa de la rubia. Sus padres miraron a Quinn, que estaba sonrojada, con los ojos como platos. Aún no sabían esa última parte.

-Oh, sí, eso también. Tenemos los dedos cruzados para que ocurra. Si pasa, seré la persona más feliz – dijo aún ruborizada y mirando a todos lados menos a las personas que se encontraban en el salón.

Los padres de Rachel hicieron preguntas y Quinn las respondió con sinceridad sin esquivar ninguna pregunta o cambiar de tema hasta que le preguntaron sobre su familia.

-Yo… Eh… - La rubia no sabía qué decir.

-Quinn no habla mucho de su familia, papá y papi – les dijo y les echó una mirada de "en otro momento".

Quinn estaba agradecida de que la morena la hubiera ayudado con esa pregunta.

La noche pasó sin sobresaltos. Quinn supo de algunas cosas de la niñez de Rachel y la invitaron a ir a su casa un día para ver las fotos. Rachel gruñó al oírlo. Quinn sonrió imaginándose a una Rachel empezando a caminar. Le pareció de lo más tierno.

Al final de la noche, los padres de Rachel se despidieron diciendo que se pasarían a la mañana siguiente. Iban a pasar el fin de semana en la ciudad. Su casa estaba alejada de la ciudad y, a veces, la echaban de menos.

-¿Ves? No ha ido tan mal – dijo Rachel cuando se tumbaron en la cama de la morena y Quinn gruñó -. Hey. Lo has hecho bien. O más bien perfecto si puedo opinar. Te quieren. ¿Cómo pueden no hacerlo? Eres el ser humano más perfecto de la historia – dijo Rachel con una suave sonrisa en los labios.

La rubia se sonrojó ante las palabras de Rachel. Pasó sus brazos por la cintura de la morena y rozó con la nariz su cuello, sonriendo por el aroma de Rachel, un aroma a vainilla. Le encantaba.

-Sí y nunca he estado tan nerviosa frente a otra gente – gruñó de nuevo, pero ésta vez en el cuello de la morena.

-Sí pero estuviste bien. Cómo he dicho, te quieren y aún tenemos mañana para que te quieran aún más – dijo sonriendo.

-Vale. Quizás mañana no esté tan nerviosa – dijo y miró a Rachel a los ojos-. Oh, y quiero ver esas fotos de las que estaban hablando – dijo con una sonrisa burlona.

Ahora fue el turno de Rachel de gruñir. Quinn sonrió y la besó profundamente en los labios, sonriendo cuando la morena gimió al encontrarse sus lenguas.

Después de unos minutos, se fueron a dormir. Quinn pensando en los Berry y en el día siguiente. Y Rachel pensando en cómo de perfecta era Quinn y en lo contenta que estaba de que sus padres les gustara tanto como a ella.