CAPÍTULO 23

Quinn estaba sentada en el sofá mirando a la nada y sin parar de mover las manos, perdida en sus pensamientos. Rachel entró en el apartamento, encontrándose con una Quinn en la misma posición durante los últimos 10 minutos. La morena se rió sacando a Quinn de su estado de aturdimiento.

-Cielo, ¿estás nerviosa? - Le dijo entre risas.

Quinn bufó.

-¿Sabes? Deberías estar diciéndome que todo va a ir bien y que va a quererme de nuevo, y que no tengo nada de qué preocuparme porque ella es la que ha querido verme de nuevo – dijo Quinn con sarcasmo.

Rachel dejó de reírse y miró a Quinn con una sonrisa cariñosa y de adoración en sus expresivos ojos.

-Sólo estoy intentando quitártelo de la cabeza. Y sí, tu madre te querrá de nuevo – dijo de forma muy seria esta última parte sentándose junto a Quinn en el sofá.

Cogió las manos de Quinn entre las suyas y sonrió suavemente cuando sus ojos avellanas se fijaron en los suyos achocolatados.

-No te preocupes. Con tu hermana ha ido todo bien, ¿verdad? - Le preguntó suavemente y la rubia asintió-. Pues si tu hermana te está diciendo que quiere reunirse contigo después de todos estos años, estoy segura de que no viene a hacerte a daño ni creo que Emily tampoco se lo permitiese. Creo que se asegurará de que tu madre quiere conocer a ésta "nueva" tú – dijo aún sonriendo a la rubia que aún asintió sonriéndole levemente -. Vamos, sonríe un poco más. Me encanta tu sonrisa – dijo la morena bromeando y Quinn sonrió suavemente, aunque ésta vez fue una de felicidad.

La rubia siempre se sorprendía de cómo Rachel siempre sabía qué decir y cuándo decirle las cosas para hacerle más feliz o menos nerviosa. Quinn le dio un a Rachel un beso rápido en los labios.

-Gracias – dijo con una sonrisa en los labios.

-No hay problema – dijo la morena sonriendo y besando a la rubia-. Ahora, vayámonos o si no llegaremos tarde. Y ya sabes lo que opino sobre llegar tarde – dijo levantándolas a ambas con la rubia riendo ligeramente.

Salieron por la puerta y bajaron las escaleras de la mano. Se dirigieron hacia el metro más cercano desde donde habían quedado un poco más lejos del piso de Quinn.

En el metro permanecieron en silencio, cogidas de la mano. La cabeza de Rachel estaba en el hombro de Quinn y Quinn posó la suya sobre la de la morena. Cuando llegaron a la estación, caminaron durante cinco minutos hasta que llegaron al restaurante que Emily había elegido. Tan pronto como llegaron a la puerta del restaurante, Quinn se frenó en seco. Rachel se giró hacia ella.

-¿Estás bien? - Le preguntó preocupada.

-Sí, sólo necesito un momento para tomar aire – dijo cogiendo aire profundamente.

Rachel esperó a que se tomara su tiempo y se calmara.

-Vamos – dijo y dejó que pasara primero Rachel al restaurante.

Cuando entraron, vieron enseguida a las Fabray. Quinn cogió aire profundamente de nuevo y se dirigieron hacia ellas.

Cuando llegaron, Quinn le dio a su hermana una pequeña sonrisa. Emily se levantó a abrazarla y, luego, fue a abrazar a Rachel. Después, se creó un silencio incómodo entre ellas. La madre de Quinn miró esperanzada a Quinn. Quinn miraba a cualquier parte menos a su madre. Y Rachel y Emily sólo estaban esperando a que pasara algo.

Pasó un largo tiempo y Quinn miró a su madre a los ojos. La madre de Quinn se levantó de repente y abrazó a su hija más joven. Quinn se quedó allí parada, sin abrazarla y sin moverse.

A Quinn le gustó el sentimiento de tener los brazos de su madre rodeándola de nuevo, pero era un sentimiento extraño porque no había visto a esta mujer en tres o cuatro años. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que la había visto o tocado. Demasiado tiempo.

Después de unos momentos incómodos, Judy dejó de abrazar a Quinn y se la quedó mirando. Rachel y Emily miraban expectantes a Quinn para ver su reacción pero la expresión de la rubia era neutra. El silencio se volvió aún más incómodo.

-¿Nos sentamos y pedimos? - Dijo Emily, después de de aclararse la garganta, intentando romper el silencio.

Se sentaron. Rachel y Quinn en un lado y Emily y Judy en el otro. Quinn frente a su madre.

-Oh... Ella es Rachel – dijo Quinn después de que se sentaran. Rachel le sonrío levemente a la rubia de más edad.

-Encantada de conocerla, Sra. Fabray – dijo Rachel educadamente.

-Yo también lo estoy de conocerte a ti, Rachel. Puedes llamarme, Judy – dijo Judy sonriendo a la pequeña morena.

Se hizo otro silencio incómodo, como Rachel sabía que iba a suceder. Miraron los menús. Entonces, Quinn le quitó el menú a Rachel de las manos. Ésta se la quedó mirando confundida.

-Voy a pedir por ti porque conozco un plato que te va a encantar – le susurró Quinn al oído.

Quinn le sonrió ampliamente y Rachel se la devolvió, dejando que ésta pidiera por ella cuando llegó el camarero.

Cuando el camarero se marchó, otro silencio se hizo en la mesa.

-Rachel, ¿qué tal la obra? - Dijo Emily intentando romper el silencio.

-Va bien. Estrenamos en dos semanas y lo estamos deseando – dijo y empezó a hablar sobre los ensayos y sus compañeros.

Quinn la miraba con adoración. Sonrió al darse cuenta que, tanto su hermana como su madre escuchaban cada palabra que la morena decía.

-Ya estoy hablando demasiado. Lo siento – dijo Rachel, después de darse cuenta de que había estado hablando demasiado.

Quinn le sonrió suavemente.

-Nunca hablas demasiado – le dijo suavemente y la morena la sonrió tímidamente.

-Eres la única persona que me dice eso, ¿sabes? - Le dijo la morena juguetona.

-Sí, lo sé. Pero eso no cambia el hecho de que no hablas demasiado – dijo Quinn sonriendo cuando la morena suspiró derrotada.

Sabía que no podía ganar con Quinn cuando la rubia estaba tan segura sobre algo. Llegó la comida y comenzaron a comer en silencio.

-Hey, ¿qué tal si vamos a dar un paseo? - Dijo Emily, un poco demasiado alegre después de comer y haber pagado la cuenta.

Todas la miraron con extrañeza pero asintieron.

Cuando salieron, Emily y Rachel se adelantaron dejando a Judy y Quinn detrás, dejándolas suficiente espacio para que conversaran en privado.

Quinn y su madre caminaron en silencio durante unos minutos. Ninguna sabía qué decir.

-Lo siento, Quinn – dijo Judy rompiendo el silencio.

-¿Y por qué exactamente? - Dijo Quinn intentando no sonar enfadada.

-Por dejar que tu padre te echara de casa, por no contactar contigo después de que pasara, por no tener el coraje de estar a tu lado después de todo lo ocurrido... Y, sobretodo, por no haber sido una buena madre para ti – dijo con voz derrotada.

Quinn suspiró.

-No fuiste una mala madre, simplemente no estuviste ahí para mí en el momento que más falta me hiciste. Me hizo mucho daño en su momento y aún me lo hace – dijo Quinn con voz vulnerable.

No odiaba a su madre pero, después de lo que le había dejado hacer a su padre, se sentía decepcionada y, principalmente, se sentía traicionada porque creía que su madre debería haber estado a su lado sin importar lo que dijera su padre. Supuso que se equivocó.

-Aún así, lo siento. Sé que te hice mucho daño al dejar que ocurriera pero quiero volver a conocerte, conocer a ésta nueva tú. Me gusta ésta tú. Estás mucho más relajada que antes y sonríes más. Siempre me encantó tu sonrisa pero antes no sonreías algo. Si sonríes así ahora es porque estás orgullosa de quién eres. Y si quizás el motivo sea esa preciosa morena que está contigo, lo acepto. Te acepto – dijo Judy mirando a Quinn para que pudiera ver la sinceridad en sus ojos.

-Si sonrío así es por ella – dijo Quinn mirando hacia Rachel que caminaba junto a su hermana riéndose por algo que había dicho.

Estaba preciosa. Quinn sonrió.

-Ésa es la sonrisa de la que hablo. Se te pone una mirada soñadora y, cuando la tienes delante, no ves nada más que a ella. Me hace feliz verte tan enamorada – dijo Judy mirando a Quinn, cuya sonrisa se hizo más grande.

-Sí, lo sé. He visto hoy en tus ojos en el restaurante cuanto la amas. Cada vez que decía algo, no te perdías una palabra de lo que decía. Por las miradas que le echabas, puedo notar que es especial para ti y que, ahora que la has encontrado, no piensas dejarla ir – dijo Judy suavemente mirando la chispa en los ojos de su hija mientras ésta miraba a su novia.

-No, no voy a dejarla escapar – dijo con firmeza pero con suavidad y miró a su madre -. Si hoy estoy aquí, es porque ella me convenció, no intencionalmente pero lo hizo. Creo que si hubiera estado con otra persona, no habría tenido la fuerza de estar aquí ahora – dijo mirando al frente.

-Es bueno saber que tienes a alguien tan especial como ella en tu vida. Me hace pensar que, tal vez lo mejor que te pudo pasar fue que tu padre te echara. Quizá si no hubiera sido por ello, no estaríamos hoy aquí – dijo Judy con suavidad.

-Sí, tal vez. Pero, aún así, duele. Ahora sé que él nunca me quiso de verdad y tú sí. Te ha llevado algo de tiempo llegar a dónde estás ahora pero aún eres mi madre y aún me quieres. Y estoy feliz por ello – dijo a punto de llorar-. No estoy diciendo que te perdone. Estoy diciendo que te estoy dando una oportunidad para poder volver a conocernos y, quizá algún día, estemos como estábamos antes o incluso mejor.

-No esperaba que me perdonaras tan pronto, Quinn. Sé que tengo mucho que arreglar y puede que no sea tan fácil, pero te prometo que voy a hacerlo lo mejor posible para que estés orgullosa de mí como yo lo estoy de ti ahora, habiéndote convertido en esta maravillosa mujer – dijo Judy con orgullo.

Quinn no pudo responder a esto. Quizá su madre había cambiado realmente pero no iba a dejar que la hiciera daño de nuevo así que iba a hacerlo despacio.

-¿Qué más está ocurriendo en tu vida aparte de Rachel?

-La verdad es que me he hecho guionista. Quizá el año que viene tenga mi propia serie de televisión en ABCFamily – dijo sonriendo-. Estamos en proceso de pre-producción. Probablemente en dos meses empecemos con las audiciones para los papeles.

Judy nunca pensó que estaría tan orgullosa de su hija. Se había hecho alguien por sí misma en una gran ciudad como Nueva York. Definitivamente, estaba orgullosa. Le preguntó a su hija de qué iba la serie y ella le explicó la trama de los primeros episodios, si no había cambios inesperados.

Judy la escuchaba atentamente. Cuando Quinn acabó de contarle la historia casi lloró. La historia era muy similar a la de su propia hija en el instituto pero con algunos cambios aquí y allá. Estaba orgullosa de que su hija estuviera haciendo ésto para sí demostrar a los adolescentes que ahora estaban pasando por lo mismo que no estaban solos en el mundo. Habían personas como ellas y con historias similares a las suyas.

Hablaron un poco sobre lo ocurrido en sus vidas durante estos años que no se habían visto. Se estaba haciendo tarde.

-Quinn, cariño, tenemos que irnos – le dijo Rachel a Quinn.

La rubia más joven miró el reloj y, realmente, tenían que irse.

-Lo siento. Adiós, Emily – dijo abrazando a su hermana.

Rachel también la abrazó.

-Adiós, madre – dijo y abrazó de manera rápida a su madre.

Rachel también lo hizo.

Se dirigieron hacia el metro y cogieron el tren que las llevaría a su calle.

-¿Estás bien? - Le preguntó Rachel a la rubia en el camino de vuelta a casa de Quinn.

-Sí. Sorprendentemente, no ha sido tan malo. Me alegro de haber quedado – dijo la rubia sonriendo.

Llegaron al apartamento de Quinn. Quinn se cambió de ropa por otras más cómodas y Rachel se dio una ducha diciendo que se sentía sucia. Quinn se rió cuando lo dijo.

-Ni se te ocurra decirlo, Quinn – le advirtió a la rubia, lo que la hizo reír más.

Quinn fue hacia el salón y puso la tele. Tras unos minutos, Rachel salió del cuarto de baño y se rió al ver lo que la rubia estaba viendo.

-Nunca te había imaginado como una fan de "Top Chef" puesto que no tienes ni idea de cocinar – le dijo con guasa y se sentó en el sofá acurrucándose junto a la rubia.

-¡Eh! Es divertido. Quizá no tenga idea de cocinar pero el programa está muy bien. Y hacen esos platos preciosos, especialmente los "Top Chef – Sólo postres" - dijo con fingida ofensa.

Rachel se rió.


Habían pasado dos semanas desde la cena que Quinn había tenido con su madre y su hermana.

Todo iba bien. Había hablado con su madre, por lo menos, tres veces más. Estaban conociéndose de nuevo. Era agradable volver a tener una madre después de tantos años.

Faltaban dos días para que Rachel y ella celebraran su tercer mes de aniversario. Estaba sentada en el sofá con Santana pidiéndole consejo.

-¿Crees que debería hacerlo? - Le preguntó nerviosa-. ¿No es demasiado pronto? - Empezó a morderse el labio al pensarlo.

-No, Q. No creo que sea demasiado pronto. Os amáis muchísimo como si pudierais ver el amor que os tenéis desde la luna – la latina dijo girando los ojos y Quinn se rió sabiendo que lo que le decía era verdad.

-Pero, ¿estás segura? - Preguntó nerviosa.

-Quinn, estoy segura. Te ama y tú la amas tanto que da náuseas – dijo Santana impacientándose un poco con la rubia-. No es como si le pidieras que se casara contigo, Q. Sólo le vas a pedir que se venga a vivir contigo. No es para tanto.

-Sí que lo es. ¿Y si no funcionamos? ¿Y si al vivir juntas arruinamos la relación?

-No, lo hará. Te lo prometo. Pero, ¿no vivís ya prácticamente juntas? Creo que desde que empezásteis a salir no ha dormido en su apartamento ni una semana seguida – dijo Santana.

-No. Hubo vez en que dormí allí una semana entera – dijo la rubia como si hubiera ganado un premio-. No, espera un momento – dijo pensando-. Creo que ya veo por dónde vas – dijo después de darse cuenta de que la morena le había demostrado su teoría.

-¿Ves ahora lo que te quiero decir? - dijo la latina exasperada.

-Sí, ya lo veo – dijo la rubia sonriendo ampliamente-. Voy a pedirle a Rachel Berry que se venga a vivir conmigo.