CAPÍTULO 24
Quinn se dirigía hacia el edificio de Rachel. Hoy era su tercer aniversario mensual. Quinn iba a preguntarle a Rachel que se mudara con ella. Aún tenía dudas sobre ello pero Santana le dijo que Rachel no le iba a decir que no y que hacían la pareja perfecta, aunque no iba a volver a repetirlo y amenazó a Quinn si se lo contaba a alguien.
Kurt la dejó entrar y subió las escaleras, intentando ganar tiempo y calmarse un poco. Llegó al apartamento de Rachel y llamó a la puerta. Rachel abrió la puerta. Llevaba un precioso vestido negro que le llegaba a mitad del muslo y zapatos de tacón negro.
-¡Guau! -Dijo Quinn mirando a Rachel.
Parecía una diosa. Rachel la sonrió tímidamente.
-Quiero decir, estás impresionante, como siempre – dijo Quinn tras aclararse la voz.
Rachel rió ligeramente y sonrió suavemente.
-Tú también estás impresionante – le dijo sonriendo cuando la rubia empezó a ruborizarse bajando la vista.
La rubia llevaba una simple camisa con cuello de pico blanca, con un abrigo negro y vaqueros negros.
-¿Nos vamos? - Preguntó Quinn ofreciéndole su mano a la morena que ésta aceptó.
-¡Adiós, Kurt! - Se despidió Rachel de Kurt antes de cerrar la puerta.
Caminaban por la calle cogidas de la mano.
-¿A dónde vamos? - Preguntó Rachel, dándose cuenta de que iban de camino al edificio de Quinn, lo cual era extraño porque normalmente iban en la otra dirección.
-Vamos de vuelta a mi casa- respondió Quinn con simpleza.
-¿Por qué has ido a recogerme? Podía haber venido yo a por ti.
-Sí, lo sé. Sólo quería ir a recogerte – dijo Quinn.
Llegaron al edificio de Quinn y subieron las escaleras hacia el apartamento de Quinn. Quinn abrió la puerta y Rachel se quedó sin aliento. El apartamento de Quinn estaba lleno de velas encendidas, el sofá estaba echado hacia un lado de la pared y, en mitad del salón, estaba colocada la mesa con dos patos en ella. Quinn miró a la morena para ver su reacción.
-¿Te gusta? - Preguntó Quinn nerviosa.
La morena se volvió para mirar a Quinn.
-¿Gustarme? ¡Me encanta! - Dijo Rachel y abrazó a Quinn con fuerza.
Quinn dejó escapar el aliento que había estado conteniendo. Hizo un gesto a Rachel para que se sentara a la mesa. Fue hacia la cocina y cogió la comida.
-Espero que no esté muy mal. Lo he hecho yo misma, con la ayuda de Santana, por supuesto. Pero aún así, creo que estará horrible – dijo Quinn mientras ponía la comida en el plato de Rachel y, luego, en el suyo.
-Seguro que está bueno, Quinn – dijo Rachel con una sonrisa e incluso si no lo estuviera se lo comería con una sonrisa porque Quinn había hecho todo ésto por ella.
Comieron en silencio. La comida no era de lo mejor pero tampoco de lo peor que Rachel había comido.
Después de comer fueron al sofá y Quinn puso una película. Rachel se quedó sin aire cuando se dio cuenta de la película que iban a ver.
-¿"Funny Girl"? - Preguntó Rachel con una gran sonrisa.
-Sí – respondió Quinn sólo con una sonrisa en la cara casi tan grande como la de Rachel.
Rachel soltó un gritito y le dio a Quinn un abrazo de oso. La sonrisa de Quinn se hizo más amplia. Se acomodaron en el sofá, Rachel acurrucada al lado de Quinn mientras Quinn le acariciaba el cabello.
Quinn no le estaba prestando mucha atención a la película, estaba ocupada viendo a Rachel cantando cada canción. Rachel giró la cabeza para mirar a Quinn y sonrió cuando vio a Quinn y sonrió cuando vio a la rubia mirándola.
-Deberías estar viendo la película, ¿sabes? - le dijo con sonrisa burlona.
-Prefiero verte a ti – dijo Quinn encogiéndose de hombros.
-¡Ohhhh! Eres tan encantadora – dijo Rachel juguetona con una sonrisa satisfecha.
-Sí, lo soy – dijo Quinn, sonriendo también con satisfacción-. He conseguido que te enamores de mí, ¿no?
-Sí, lo has hecho – dijo Rachel sonriendo.
Quinn se inclinó y besó a su novia suavemente.
-Tengo algo que preguntarte – dijo Quinn nerviosa y Rachel asintió.
La película quedó relegada al olvido. Quinn se tomó su tiempo pensando en cómo iba a hacerlo.
-Te amo -dijo Quinn, entonces ya no dijo nada más durante largo rato.
-Yo también te amo – dijo Rachel y la besó ligeramente en los labios.
Quinn sonrió y sus pensamientos volvieron a lo que estaba intentando decir.
-Estos días he estado pensando... - dijo Quinn - ¿te gustaría mudarte a vivir conmigo? - Preguntó Quinn de tirón.
Rachel elevó una ceja de forma interrogante, preguntándole en silencio que se lo repitiera por lo que Quinn volvió a tomar aire.
-He estado preguntándome si te gustaría mudarte conmigo – repitió Quinn nerviosa mirando a todas partes menos a la morena.
La mandíbula de Rachel se abrió porque no se lo esperaba. Claro, estaba segura de que un día la rubia le preguntaría o se lo diría, sólo que no se lo esperaba hoy. Pero estaba feliz por que le hubiera preguntado, estaba feliz porque estaba lista para hacerlo. Quería hacerlo.
Quinn no miraba a Rachel. No quería ver el rechazo que, probablemente, estaría en sus ojos. Aún creía que era demasiado pronto en su relación para ésto, pero al mismo tiempo pensaba que estaban en el momento en que difícilmente podían pasar una noche separadas y necesitaban verse casi cada día.
-Quinn, mírame – dijo Rachel suavemente y Quinn la miró y vio a Rachel sonriendo-. Me encantaría mudarme contigo – dijo y la rubia gritó y la abrazó.
-¿De verdad? - Le preguntó con una sonrisa enorme.
Rachel rió ligeramente ante el comportamiento de la rubia.
-De verdad – dijo sonriendo también.
La rubia gritó de nuevo lo que hizo reír a Rachel y la abrazó de nuevo.
Se pasaron el día siguiente discutiendo sobre la mudanza. Era ya bastante tarde en la tarde cuando sonó el timbre.
-Dime, zorra, ¿ha aceptado? Sé que lo ha hecho, no hace falta que me lo digas – dijo Santana mientras entraba en el apartamento con Brittany entrando detrás de ella.
Quinn giró los ojos.
-¿Qué hubieras dicho si no hubiera aceptado? - Preguntó Quinn mientras entraba al salón donde Santana y Brittany estaban sentadas en el sofá mientras Rachel estaba en el canapé. Quinn se sentó junto a ella cogiendo entre sus manos las de Rachel
-Nada porque sabía que iba a aceptar y si no estaría loca – dijo con sonrisa de satisfacción-. Bueno, aunque ya lo está. Se ha enamorado de ti, ¿no?
Quinn puso los ojos en blanco y Rachel rió suavemente.
-Sí, lo estoy – dijo Rachel sonriendo.
Besó a la rubia en la mejilla que le sonrió con timidez. Quinn la besó una vez y otra y otra...
-Vale. ¡Parad! - Dijo Santana con expresión de disgusto en el rostro y separando a las dos chicas que seguían besándose.
Quinn la miró orgullosa y Rachel parecía algo cortada.
-Ya pillo que estáis muy enamoradas y toda esa mierda pero, por favor, dejad de hacerlo delante mía – dijo Santana, haciendo sonreír a Quinn con satisfacción -. Y, Q, no te atrevas a empezar a besarla de nuevo sólo para hacerme cabrear – dijo antes de que Quinn pudiera hacer nada.
-Ahora me estás fastidiando la diversión – dijo Quinn haciendo un puchero -. La única parte buena de que estés aquí es poder cabrearte. Es la parte divertida – dijo Quinn sonriendo con satisfacción.
Santana resopló y puso los ojos en blanco. Rachel rió y Brittany puso los ojos en blanco, acostumbrada ya a que su novia y su mejor amiga se comportaran así.
Antes de que Santana pudiera decir algo más sonó el timbre. Abrió la puerta para encontrarse con Kurt, Karofsky, Sam y Mike frente a ella con grandes sonrisas en la cara.
-¿Ha aceptado? Dime que sí – dijo Sam casi dando saltos.
Quinn se lo quedó mirando con expresión neutral.
-Claro que ha aceptado, idiota – gritó Santana desde el salón.
Antes de que Quinn pudiera decir algo más se encontró rodeada por los brazos de Sam, Mike y Karofsky. Saltaron con Quinn en el medio con aspecto ligeramente asustado.
-Vale. Ya lo pillo. Estáis felices por mí pero, por favor, parad. Creo que no puedo respirar – dijo Quinn haciendo separarse a los chicos.
Los chicos la miraban con sonrisas enormes en sus caras y la rubia con el ceño fruncido. Entraron en el apartamento. Sam y Mike se sentaron en el suelo mientras Kurt y Karofsky se sentaron en el sofá. Quinn volvió a su sitio junto a Rachel de nuevo. Después de sentarse, Quinn miró a la cara de sus amigos y vio a los chicos aún con enormes sonrisas en sus caras.
-Chicos, por favor, ¿podéis dejar de sonreír? Estáis asustándome un poco. Creo que nunca os he visto sonreír tanto – dijo y las sonrisas de los chicos se atenuaron un poco pero, aún así, seguían asustándole.
Quinn lo dejó estar porque estaba claro que no iba a poder hacerles dejar de sonreír así.
-Bueno, ¿vamos a celebrarlo o ya lo habéis hecho? - Dijo Santana con una maliciosa sonrisa de satisfacción.
La cara de Rachel se encendió y se escondió en el cuello de Quinn. Quinn puso los ojos en blanco.
-No es asunto tuyo – dijo Quinn con los dientes apretados -. Pero podemos celebrarlo – dijo Quinn respondiendo a la anterior pregunta de Santana.
-Genial. ¿Karaoke esta noche? - Preguntó Mike a los demás para ver si les parecía bien.
Todos asintieron.
-Vale. Nos vemos esta noche. Tengo que irme a ver a Tina. Adiós – dijo levantándose y despidiéndose con la mano de todos.
-Yo también me voy. Me siento la séptima rueda aquí. Adiós – dijo Sam, levantándose y dirigiéndose a la puerta.
Los otros seis decidieron ver una película pasándose así la tarde.
Al final de la tarde, Kurt, Karofsky, Brittany y Santana decidieron irse a sus casas a prepararse para su reunión.
Pasaron una noche llena de risas y charlas. Mercedes y Tina acabaron yendo también y Puck trabajaba allí, así que prácticamente también estaba con ellos.
Nadie cantó esa noche, sólo hablaron y bebieron. Todos se sorprendieron cuando Rachel dijo que no quería cantar, principalmente Kurt y Mercedes, pero se encogió de hombros ante su sorpresa.
Decidieron mudarse el viernes siguiente, que era lo que estaban haciendo en ese momento.
-Me alegro mucho de que no tengas nada de muebles porque con tanta ropa podríamos haber muerto si los tuvieras – dijo Quinn mientras cargaba una caja llena de ropa en el coche que tenía Rachel y que Quinn no sabía que tenía porque, realmente, quién tiene un coche en Nueva York. Ni siquiera un universitario lo tendría.
-Lo sé, ¿verdad? - Dijo Kurt mientras cargaba otra caja llena de ropa -. Me alegro de que este edificio tenga ascensor. Quiero ver cómo vamos a subir todas estas cajas de ropa a tu apartamento – dijo frunciendo el ceño al pensarlo -. Y, ¿por qué la pequeña dama a la que pertenecen estas cajas no está haciendo nada? - Le preguntó a la rubia.
-Dijo algo sobre que me tiene a sus órdenes y de que haría cualquier cosa por ella. También de que tenía que convencerte de hacerlo conmigo – dijo encogiéndose de hombros.
Bajaron y metieron las cajas en el coche.
-Terminado – dijo Quinn con sonrisa de triunfo.
Kurt se rió al ver el lado divertido de la rubia.
-Vamos, Kurt. Monta – dijo y fue al lado del conductor mientras el chico de ojos azules iba de copiloto.
Condujeron hacia el edificio de Quinn y empezaron a subir las cajas al apartamento de la rubia.
Cuando acabaron, Quinn le dio las gracias a Kurt.
-De nada – dijo con una sonrisa -. Rachel, quiero verte tan a menudo como sea posible. Sólo porque te hayas mudado no significa que tenga que verte menos que antes.
-Por supuesto, Kurt. Nos vemos el domingo – dijo y el muchacho se marchó a su apartamento.
Rachel volvió al salón. Quinn estaba tirada en el suelo.
-¿Estás cansada, cielo? - Preguntó Rachel con sonrisa burlona.
Quinn la miró furiosa haciendo reír a la morena. Pasaron el resto del día haciendo el vago en el apartamento y disfrutando de su mutua compañía. Cuando se fueron a dormir, ambas tenían sonrisas tontas en sus rostros.
-Estás viviendo aquí – dijo Quinn con un suspiro de ensoñación.
-Sí, lo estoy – dijo Rachel con una sonrisa.
Quinn la acercó más hacia sí, envolviendo entre sus brazos la cintura de la morena.
-Eso significa que no vas a irte mañana por la mañana – dijo Quinn sonriendo.
Rachel sonrió ante la ternura de la rubia.
-Sí. Mañana puede que salga por la puerta pero sabes que volveré – dijo Rachel y Quinn la acercó aún más a su cuerpo.
La rubia empezó a besar y a mordisquearle el cuello. Rachel sonrió por lo bajo y Quinn sonrió en su cuello.
-Te amo – dijo Quinn y continuó haciendo lo que estaba haciendo.
-Yo también te amo – dijo Rachel sonriendo.
Había sido la noche que más habían disfrutado ambas si se les hubiera preguntado.
