Después de este capítulo, ya sólo queda el epílogo. Intentaré que lo tengáis lo antes posible.
CAPÍTULO 26
Faltaban tres semanas para el primer aniversario de Quinn y Rachel. Quinn estaba comiendo con Santana.
-Entonces, ¿vas a pedírselo por fin? - Preguntó Santana de repente haciendo levantar la vista a Quinn de su comida.
-Creía que ese era el motivo de nuestro encuentro hoy. Vas a venir conmigo a comprarle un anillo a Rachel, ¿recuerdas?
-Sí, lo sé. Sólo quería asegurarme – dijo Santana con una mirada -. En el instituto nunca pensé que llegaría este momento por tal estado de negación en el que estabas – le dijo con sonrisa maliciosa y Quinn rodó los ojos pero sonrió de todas formas.
-Yo tampoco. Pero me alegro de que haya llegado este momento – dijo con una suave sonrisa.
-Realmente es "ella", ¿verdad? Lo supe desde el momento que llegó a tu vida – dijo Santana poniéndose seria.
-Sí, lo es – dijo Quinn con mirada ensoñadora.
A veces se veía a sí misma pensando en lo increíble que su vida iba a ser cuando, con suerte, Rachel se casara con ella y fuera su esposa. A veces también en hijos. Quería a una mini-Rachel algún día.
-Y tienes razón, me enamoré de ella en el mismo momento en que la vi por primera vez – dijo aún con mirada ensoñadora.
Santana parecía un poco disgustada.
-Vale. Acabemos con esta mierda sensiblera. Vamos a comprarle a tu mujer un anillo – dijo levantándose y haciendo reír a Quinn por la forma de ser de su amiga.
La rubia se levantó y llevó a Santana a la tienda en la que iba a comprarle el anillo. Entraron en la joyería y un hombre se les acercó.
-¿Cómo puedo ayudarlas?- Les preguntó.
Santana rodó los ojos y Quinn se la quedó mirando.
-Quisiera ver los anillos de compromiso, por favor – dijo Quinn antes de que su amiga pudiera hacer un comentario poco amable.
El hombre les llevó hacia la parte de la tienda donde estaban. Quinn miró los anillos sin ver nada que pensara que pudiera gustarle a Rachel.
-¿Tiene alguna preferencia, señora? - Le preguntó.
Se quedó pensando en ello. Sabía lo que quería pero aún no estaba segura.
-Quiero un anillo elegante. Con un diamante no demasiado grande pero tampoco muy pequeño... Quiero que sea simple, elegante pero que llame la atención, ¿sabe a lo que me refiero? - Dijo Quinn y el vendedor asintió, moviéndose un poco hacia la izquierda y cogiendo un anillo.
El diamante era blanco y el anillo era de plata. Era elegante pero pensó que era un poco demasiado simple. Quería que fuera algo más. Negó con la cabeza.
-No, demasiado simple – el vendedor asintió, entonces eligió otro.
Quinn se lo quedó mirando. Era muy similar al anterior.
-No – dijo y Santana rodó los ojos.
Estuvieron así durante otra hora más o menos.
-Vamos, Q, sólo es un jodido anillo. Creo que estará feliz conque se lo pidas más que si el anillo es grande o es bonito o es una mierda – dijo Santana cuando Quinn dijo que no a otro anillo.
-Todo tiene que ser perfecto, Santana. ¿Qué te gustaría darle a Britt cuando se lo pidas? - Preguntó Quinn levantando la ceja.
Santana bajó la vista avergonzada. Quinn tenía razón. Si fuera ella, querría que todo fuera perfecto.
-Vale, pero ya me he hartado. ¿Cuáles son los tres que más te gustan? - Le preguntó Santana y la rubia le señaló tres anillos del lado derecho.
Eran muy similares pero cada uno tenía un detalle único en él.
Quinn cogió dos de los anillos y los miró fijamente. Se mordió el labio inferior y, después de unos minutos (que a Santana le parecieron horas), se decidió por el que tenía en la mano izquierda. El anillo tenía un gran diamante en el medio y dos más pequeños a cada lado del más grande.
-Éste – dijo y le dio al vendedor el anillo elegido.
Rachel y Kurt estaban sentados en el apartamento de Kurt hablando sobre cosas en general, mientras la tele estaba puesta pero ninguno le prestaba atención.
-¿Cómo van las cosas entre Dave y tú? - Le preguntó Rachel.
Kurt sonrió.
-Como siempre. Las cosas van bien. Pero, algo es diferente, a veces se comporta un poco extraño, como si estuviera nervioso o algo – dijo con una mirada confusa.
Rachel sonrió. Karofsky tenía que pedírselo ya a Kurt o el chico explotaría por no saber lo que estaba pasando.
-¿Dónde está Quinn? - Le preguntó.
-Ha quedado con Santana y, luego, con Dave, creo. No, iba a salir con Santana primero y, luego, con el resto de sus amigos – dijo con una sonrisa.
Le encantaba el cariño de Quinn por sus amigos.
-No puedo creer que haga casi un año desde que empezasteis a salir – dijo Kurt de manera reflexiva-. Parece que fue ayer cuando os conocisteis por primera vez.
-Lo sé, ¿verdad? -Preguntó Rachel.
La verdad es que el año había pasado en un pispas. Pero habían pasado tantas cosas que habían cambiado sus vidas.
-El año pasado, por estas fechas, sólo había tenido una conversación con ella. Y, un poco después, tú estabas enrollándote con Dave – añadió y se rio en la cara de su amigo.
-Sí, creo que eso fue un poco incómodo para ti. Sólo me habías visto una vez con él y lo siguiente que ves es que estoy besándole – empezó, entonces también él, a recordar el último año.
-Déjame ver el anillo – dijo Sam tan pronto como entró en el apartamento.
Quinn lo miró con los ojos como platos, y abrió y cerró la boca unas cuántas veces. Sam la miraba con expectación y, al final, entendió lo que había dicho.
-Vale – dijo mirándole de forma extraña.
Cogió su bolso (más bien una mochila), y lo buscó. Después de unos segundos encontró la pequeña caja de terciopelo y la abrió. Sam y Mike se quedaron sin aliento y Quinn sonrió.
-Parece que os gusta – dijo con una sonrisa en la cara.
-Es tan hermoso – dijo Sam con admiración.
Santana salió de la cocina, a donde había ido nada más entrar en el apartamento.
-Sam, ¿estás seguro de que no eres gay? Porque creo que ni siquiera Kurt se ponga así por un anillo – dijo mirándolo-. No, olvídalo. Probablemente sí se ponga así – dijo haciendo un gesto con la mano para dejar el tema de lado.
-Lo siento, chicos. Llego tarde. Déjame ver el anillo – dijo Karofsky mientras Brittany y él entraban en el apartamento.
Habían estado de compras. Se acercaron a Quinn y vieron el anillo. Ambos se quedaron sin aliento.
-¡Oh, Dios mío! Es tan hermoso – dijo mientras intentaba cogerlo pero Quinn lo alejó de sus manos.
Karofsky hizo un puchero.
-Nadie va a tocarlo porque a veces podéis ser más torpes que yo – dijo y todos empezaron a protestar pero ella sólo hizo girar los ojos-. Sabéis que tengo razón. Así que dejad de protestar – dijo y dejaron de hacerlo porque sabían que tenía razón.
Lo dejaron correr y, entonces, empezaron a hablar de otras cosas.
-Q, ¿cómo va el rodaje del episodio piloto? - Preguntó Mike sonriendo pícaro.
Quinn sonrió radiante.
-Va genial. A veces es estresante pero es genial. Y tan divertido. Estoy tan contenta de que nadie en el reparto ni en el equipo sea un capullo – dijo aún radiante.
Sus amigos sonrieron a la vez que ella porque sabían lo feliz que la hacía su trabajo.
-No te preocupes, si lo fueran me pondría en plan "Lima Heights" y les patearía el culo – dijo Santana seriamente mientras le daba un sorbo a la bebida que se había hecho.
Todos se rieron por el comentario de su amiga. Aunque llevaba cuatro años más o menos que no vivía en Lima aún lo usaba como amenaza.
Siguieron hablando durante toda la tarde. Quinn miró el reloj y vio que tenía que irse.
-Adiós, chicos. Nos vemos mañana – dijo despidiéndose con la mano.
Bajó las escaleras y salió a las calles de la ciudad de Nueva York. Caminó por las calles casi dando saltitos como una niña. Cogió el metro y llegó al apartamento en el que vivía con Rachel. Todavía la hacía sonreír cada vez que pensaba en que la chica que amaba vivía con ella. Todavía las mariposas se hacían notar en su estómago.
Quinn llegó a su edificio y subió las escaleras. Abrió la puerta del apartamento. Al abrirla, el olor a comida inundó su olfato y la hizo sonreír. La morena siempre hacía la cena cuando no podían pasar el día juntas. Fue hacia la cocina para ver a la morena, de espaldas a ella, cocinando y cantando bajito para ella. Quinn sonrió suavemente.
Quinn fue hacia la morena y pasó sus brazos alrededor de su pequeña cintura haciendo gritar a Rachel por la sorpresa. Quinn rió por lo bajo.
-Quinn, nunca jamás me vuelvas a hacer eso – dijo Rachel volviéndose para ver a Quinn y la golpeó juguetonamente en el brazo.
Quinn sonrió y la besó en los labios. La morena la correspondió.
-Huele maravillosamente – dijo Quinn mientras se separaban.
Rachel sonrió.
-Casi está listo – dijo Rachel y Quinn la besó de nuevo.
Continuaron besándose durante unos minutos pero Rachel se separó.
-Quinn, la comida va a quemarse si no me dejas acabarla y no tenemos mucho más para comer.
-Tengo una idea – dijo mientras mordisqueaba la oreja de la morena.
Se separó con una sonrisa pícara.
-Tentador pero tengo ganas... de comer – añadió cuando la rubia estaba a punto de hacer un comentario.
Quinn hizo un puchero y Rachel sonrió y la besó para que cambiara la cara.
-Vamos. Ve a darte una ducha. La comida estará lista para cuando termines – dijo Rachel y apresuró a la rubia dándole una palmada en el culo.
Quinn hizo exactamente lo que le había dicho, pero antes de entrar en la ducha escondió el anillo de compromiso entre sus libros. Rachel nunca los tocaba porque sabía que si desordenaba alguno, Quinn se enfadaba. Luego, se dirigió a la ducha.
Cuando salió se puso unas ropas más cómodas y se dirigió hacia la cocina, donde la cena ya estaba lista. Le dio a Rachel un beso en la mejilla y fue a coger los platos para ponerlos en la mesa.
Se sentaron a la mesa y comieron en silencio, sin necesidad de hablar porque sí. Era un silencio confortable.
Después de cenar, se acurrucaron en el sofá viendo lo que había en la televisión.
-¿Qué tal tu día con Kurt? - Preguntó Quinn a la morena que tenía su cabeza posada sobre su pecho.
-Increíble. Quería saber por qué Karofsky estaba actuando raro en algunas ocasiones. Vimos un montón de musicales y, por supuesto, hablamos – dijo Rachel con simpleza-. ¿Qué tal tu día con Santana? ¿Emocionante? - Preguntó Rachel con una sonrisa pícara en los labios.
Quinn gruñó y la morena rió.
-Estuvo genial si no cuentas las veces que se puso en plan zorra.
-Aún así, la quieres – dijo Rachel dándole un empujoncito.
Quinn rió.
-Sí, la quiero. Pero, a veces, su forma de ser me saca de quicio – dijo la rubia encogiéndose de hombros.
Pasaron el resto de la noche en el sofá hablando. Al final, se fueron a la cama y se durmieron casi de inmediato. Ambas estaban realmente cansadas.
Faltaban 2 semanas para su primer aniversario y Quinn y Rachel estaban haciendo la cena. Bueno, Rachel hacía la cena, Quinn más bien miraba mientras Rachel hacía la cena para sus padres y la hermana de Quinn.
Estaban haciendo una cena con todos para que se conocieran después de todo este tiempo. Quinn iba a pedirle a los padres de Rachel su mano incluso aunque ya le habían dicho que les parecía bien si la rubia decidía casarse con su hija. Más que bien, lo habían dejado bien claro- Pero Quinn era un poco anticuada para las cosas románticas.
Sonó el timbre.
-Yo voy – dijo Quinn y se levantó.
Abrió la puerta y se encontró con los padres de Quinn que sonreían de la misma manera.
-Hola – les dijo sonriendo y abrazó a ambos hombres-. Entrad – les dijo y ellos lo hicieron.
Quinn los llevó hacia la cocina donde estaba Rachel. Ambos hombres abrazaron a una pequeña y emocionada morena. Ambos hombres se rieron.
-Yo también te echo de menos, pequeña – dijo Leroy acariciándole la espalda y riendo.
Hiram rió a la vez que él.
-Es que ha pasado tanto tiempo – dijo Rachel mientras dejaba de abrazarlo.
Entonces, empezaron a hablar. Los Berry querían saber cómo les iban las cosas y cómo les iba en el trabajo. Después de un rato, el timbre volvió a sonar.
Quinn se levantó de nuevo a abrir.
Al otro lado de la puerta estaban Judy y Emily. Judy dio a Quinn un gran abrazo. Cuando la soltó, la joven rubia abrazó a su hermana.
-Entrad – les dijo y las llevó a la cocina donde estaba los demás.
-¡Judy! - Exclamó Rachel y abrazó a la mujer.
Ambas se habían hecho íntimas en los últimos meses. Después, abrazó a la hermana de Quinn.
-Hola, Em – le dijo con una sonrisa.
Quinn se aclaró la garganta.
-Bueno. Mamá, Em, éstos son Hiram y Leroy, los padres de Rachel – dijo Quinn mientras señalaba hacia donde los hombres estaban sentados y todos se abrazaron entre todos.
-Vale. La cena está lista – dijo Rachel mientras acababan de presentarse los unos a los otros.
Entonces, se sirvieron la comida y sentaron a la mesa. Quinn y Rachel, la una junto a la otra. Al otro lado, Emily y Judy. Y, a la cabeza de la mesa, Hiram y Leroy que dijeron que no sabían cómo iban a comer lejos el uno del otro.
Mientras comían, los Berry y las Fabray se estuvieron conociendo. Se cayeron bastante bien. Los Berry parecían pasarlo bien y viceversa. Mientras ellos hablaban, Rachel y Quinn estaban en su propio mundo, allí sentadas susurrándose la una a la otra, más que nada Quinn en el oído de Rachel y haciendo sonreír por lo bajo a Rachel.
Los otros adultos dejaron de hablar y miraron a las jóvenes para ver si se darían cuenta, pero no lo hicieron. Leroy les tiró una uva asustando a ambas jóvenes.
-¿Por qué has hecho eso?- Le preguntó Rachel a su padre.
-Estáis siendo demasiado encantadoras para mi viejo corazón. Y tú tienes invitados, así que lo educado es hablar con ellos, no hablar la una con la otra toda la noche – le dijo con una sonrisa burlona y Rachel suspiró.
-De acuerdo. ¿De qué estabais hablando, papi? - Preguntó Rachel de forma exageradamente dulzona a Leroy.
-De lo tiernas que sois – dijo y ambas mujeres se sonrosaron haciendo reír al resto de adultos-. Bueno, es verdad. Ni siquiera os habéis dado cuenta de que estábamos hablando de vosotras porque estabais ensimismadas la una con la otra – dijo y la pareja se sonrojó de nuevo.
Quinn ya estaba muy roja en ese momento. Rachel la miró y sonrió.
-Vas a matarla si sigues así, papi – dijo Rachel bromeando y dándole un pequeño empujoncito.
Quinn hizo un puchero. Rachel sonrió y le dio un pequeño beso en los labios a la rubia que la hizo sonreír ampliamente.
-Ves, de eso estaba hablando – dijo Leroy y la pareja se volvió para mirarle con expresiones confundidas en sus rostros-. A veces, os olvidáis de que hay más gente con vosotras a vuestro alrededor y haga lo que haga la otra, sonreís – Quinn y Rachel sonrieron sabiendo que era verdad.
Sus amigos ya se lo habían dicho cientos de veces.
Pasaron el resto de la noche hablando y disfrutando de la compañía de sus padres y de su hermana. Al final de la noche, cuando Rachel estaba hablando con Judy y Emily, Quinn les dijo a Hiram y Leroy que quería hablar con ellos en privado.
-Vale, ya lo sabéis pero quiero pedirle matrimonio a Rachel en dos semanas – les dijo la rubia cuando llegaron al dormitorio y cerró la puerta-. Quisiera vuestra bendición.
Los Berry se miraron el uno al otro y sonrieron.
-Creía que ya lo sabía pero, por supuesto que tienes nuestra bendición.
-¿Has comprado ya el anillo? - Preguntó Leroy esperanzado y la rubia asintió cogiendo una pequeña caja de terciopelo de detrás de algunos libros.
La abrió y se lo enseñó a los dos hombres.
-¿Os gusta? - Les preguntó la rubia.
-Es tan hermoso. ¡Oh, Dios mío, Quinn! Es la cosa más maravillosa que jamás haya visto- dijo Leroy y Hiram puso los ojos en blanco ante el dramatismo de su esposo.
-Es realmente precioso, Quinn – dijo Hiram sonriendo y abrazando a la rubia dándole un beso en la cabeza.
-¿Creéis de verdad que a Rachel le gustará? - Preguntó Quinn nerviosa.
-Estoy seguro de que le encantará – dijo Leroy y abrazó también a la rubia-. Pero estoy seguro de que le gustaría incluso si fuera una baratija.
-Santana dijo lo mismo, pero nunca le regalaría una baratija. Ella se merece lo mejor – dijo Quinn muy seriamente.
Quinn los abrazó y sonrió.
-¿Sabéis que sois como unos padres para mí?
-Y tú eres como una hija para nosotros – dijo Hiram y la besó en al frente-. Pero, pronto, lo serás de verdad – añadió.
Ni siquiera dudó que su hija le fuera a decir que no porque estaba claro que cuando Quinn lo hiciera de verdad, la morena le diría que sí.
-Sí, no puedo esperar a que llegue el día- dijo Leroy emocionado.
Quinn sonrió levemente ante la ansiedad del hombre.
-Volvamos, de otro modo, Rachel pensará que estamos tramando algo – dijo Hiram seriamente y Quinn sonrió sabiendo que era cierto.
Volvieron a la cocina. El resto de la noche la pasaron hablando, entre risas y sonrisas, sobretodo por parte de Quinn.
