"¿Tú fuiste a despertarlo anoche?"
"No fue fácil, tiene el sueño pesado"
Mulan & Mushu
Disclaimer: Los personajes y todo lo reconocible son propiedad de Disney.
TERCERA PARTE
A los ojos de Shang 2
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Cuando abrió los ojos al día siguiente todavía tenía la esperanza de que lo sucedido la anterior noche fuera solamente un sueño, pero, cuando salió y vio las expresiones de tristeza de todos los presentes supo que esa era su realidad. La miró, pero ella lo ignoró mientras empezaba a acomodar las cosas para que se pusieran en marcha otra vez.
Dio las órdenes necesarias con voz desganada, tenía ganas de sentarse debajo de un árbol hasta que su conciencia se perdiera, pero necesitaba terminar con la misión que, en lugar de fortalecer la relación con Mulan, la había destruido definitivamente.
Cuando encabezó la marcha inmediatamente sintió su ausencia, no iba a su lado, no iban charlando animadamente sobre algo en particular, ni siquiera los soldados estaban hablando, incluso Ling no trataba de aligerar el ambiente con sus chistes absurdos, sabía que era culpa suya, pero eso no mejoraba su estado de ánimo, lo hacía sentirse peor.
Iba con el rostro agachado, por suerte sabía controlar las lágrimas, sino seguramente estaría llorando de forma silenciosa por haber perdido a la mujer amada. Sacudió la cabeza, sabía que después sería más doloroso, pero no pudo evitar recordar los momentos con ella, de repente alzó el rostro y se encontró con su mirada indiferente, pero sabía que detrás de esa fachada escondía un dolor similar al suyo, ¿podría… acaso podría ver en realidad lo que sentía?
Bajó la mirada al no ver cambio alguno en su expresión, se había comportado de forma irracional como respuesta a que sus emociones lo habían rebasado, ella tomó un camino distinto al suyo, con el rostro alzado. Tragó con fuerza antes de mirar a los soldados para que lo siguieran, no dejaría que siguieran cerca de las princesas, era un amor que no estaba destinado a ser.
Alzó el rostro cuando escuchó el eco de unas voces, aunque demasiado bajas para considerar que fueran fruto de su torturada imaginación.
–Sentimos mucho lo que pasó… –él lo sentía más. Había perdido a una mujer maravillosa.
Apretó con fuerza las riendas de su caballo.
–Nos inspiraste a seguir al corazón y como pago arruinamos tu relación –eso era y al mismo tiempo no, verdad, tal vez nunca estuvieron destinados a estar juntos, eran muy distintos… ¿o tal vez Mulan todavía esperaba algo de él? Si era así podría considerar el disculparse, volver a conquistarla…
–Sólo me abrieron los ojos a la verdad –lo poco que quedaba de su corazón terminó por romperse, ¿eso era lo que pensaba en realidad? ¿No serviría de nada pedir perdón si no lo iba a conseguir?–. Estoy en deuda contigo… –y él también, ¿de qué serviría que siguieran con su matrimonio si iba a ser desdichado?
Volvió a salir a un camino más amplio y supo que la volvería a encontrar, se recompuso rápidamente, volviendo a poner la fachada del general que se suponía debía mostrar siempre. Se volvió para mirar a sus cabizbajos soldados, concentrándose en ellos y tratando de evitar mirar a las princesas… o a ella.
–Estén alerta, hay bandidos aquí –se volvió con orgullo, no debía de mostrar debilidad, no frente a los otros, debía comportarse como un buen guerrero, alguien que ignoraba sus sentimientos, que se centraba en el objetivo y cumplía… oh, sí, pero gracias a esa idea estúpida había perdido todo.
Alzó la mirada, sorprendido, cuando escuchó la voz alta de Ling.
–Desearía poder hablar con las princesas, Yao –evitó volverse, tenso.
–Sabes que no se… –pero se interrumpió bruscamente, Shang inmediatamente supo lo que iban a hacer, estaba tentado de volverse y reñirlos, pero no podría ser tan cruel.
–Sí, Ling, quisiera que pudieran oírnos, pero ya sabes, órdenes son órdenes.
–Sí… Pero, si yo pudiera hablar con ellas, ¿qué crees que yo diría? –su tono ingenuo casi lo hizo sonreír. Esos soldados eran demasiado listos para su propio bien.
–No sé, ¿qué les dirías si pudieran escucharte?
–Le diría a Ting Ting que es la más bella, divertida –escuchó una exclamación proveniente de ellas y evitó sonreír con dolor, ¿por qué él no se armaba de valor para decir algo así? –. Y más extraordinaria chica que he conocido.
–Yo a la princesa Su –intervino Chien-Po–. Que ella es el jengibre en el arroz de mi vida.
Una risa como respuesta.
–Yo le diría a Mei que es un bomboncito.
La respuesta de la más chica no se hizo esperar y supo porque él no podría hacer lo mismo: su amor no era correspondido, había hecho que se tornara en odio.
Los miró con tristeza y un poco de envidia, sacó el collar que el padre de Mulan le había dado, lo sostuvo con fuerza, no pensaba regresarlo aunque se lo pidieran, dejaría a un lado al general que se suponía debería ser y mentiría diciendo que lo había perdido, nunca lo iba a entregar, sería un recordatorio de todo lo que había vivido a su lado, además de que podría sentirla más cerca de él.
¿Por qué las diferencias, en lugar de unirlos, los habían separado de esa forma?
–¡Shang, Shang! –esperanzado, se volvió al escucharla decir su nombre, venía corriendo con una sonrisa hermosa en la cara.
Pero todo se rompió cuando una flecha se incrustó en la piedra a su lado.
–¡Es una emboscada!
–Todos juntos –ordenó, tratando de mantenerse tranquilo, ¿y si algo le pasaba a ella? – ¡Salven a las princesas! –Mulan podría cuidarse sola, pero las princesas eran delicadas, se bajó del caballo, dispuesto a hacerles frente cuando las sogas comenzaron a caer a su alrededor, juntos con los bandidos.
Se mantuvo sereno, si dejaba que las emociones lo dominaran terminaría perdiendo demasiado. Empezaron a correr cuando el que parecía el líder ladró unas órdenes. Evitó bufar, típico, buscaban oro.
Se detuvo de pronto, para hacerles frente y sonrió un poco cuando la sintió colocarse a su lado, en el lugar donde debía estar para siempre.
–Shang, yo te cubro.
Y comenzó el ritmo de la batalla, ellos tenían espadas, pero Mulan y él contaban con una poderosa habilidad y determinación, lo que provocó que los derrotaran en un santiamén.
–¡Auxilio! –escuchó a lo lejos. Mulan lo miró alarmada.
–¡Las princesas! –gritó antes de que echaran a correr.
Shang aferró con fuerza el brazo de Mulan, trató con todas sus fuerzas de no mirar abajo, pero era casi imposible, el corazón le latía con demasiada fuerza, sentía sus oídos palpitar. Miró el rostro angustiado de Mulan, la preciosa mujer a la que amaba, estaban a punto de caer, lo único que lo impedía era una cuerda que no aguantaría mucho.
Como si escuchara sus pensamientos cayeron unos metros, miró con preocupación la cuerda, pero se veía que correría con la misma suerte que la anterior, se rompería y ambos caerían, las probabilidades de que sobrevivieran eran muy escasas.
–Shang –su voz volvió a traerlo a la realidad–. Aguanta.
–Los dos caeremos –dijo, angustiado, no permitiría que ella muriera, sabía que si uno de los dos caía el otro sobreviviría. Y quien debía seguir era Mulan, podría superarlo con facilidad, el mundo no sería lo mismo sin ella, él no podría sobrevivir sin su presencia, pero ella sí, era demasiado fuerte y valiente, se lo había demostrado en varias ocasiones.
Como si adivinara sus intenciones Mulan aferró su antebrazo con más fuerza.
–No, Shang, no, Shang –las lágrimas comenzaron a derramarse por sus mejillas, dejando un camino para que las demás las siguieran. Dudó levemente, hasta que volvió a sentir lo mismo que la vez anterior, momentos antes de que la otra cuerda se rompiera.
La miró, probablemente por última vez, quería llevarse su recuerdo por siempre, a donde quiera que fuera.
–Mulan –susurró–. Lo lamento –quería que comprendiera que esa oración encerraba mil significados. El sentir no poder darle la vida que merecía, el haberle fallado, el no estar juntos nunca más, las peleas, las lágrimas… todo.
La soltó y sintió como su cuerpo caía.
–¡Shang! ¡SHANG!
Su último pensamiento fue para ella, antes de que todo se volviera negro.
Conforme se acercaba a ellos sentía como las fuerzas iban regresando, ya no sentía los pulmones llenos de agua o esa sensación de respirar fuego, recorrió el grupo de personas con cautela y su corazón cayó cuando descubrió que ella no estaba entre ellos. Las tres parejas miraban fijamente la ciudad y comprendió: había decidido tomar su lugar pensando que había muerto.
No podía culparla, incluso él había pensado que estaba muerto hasta que miró como su caballo se ponía al alcance para agarrarlo, le dio unas palmadas de agradecimiento, gracias a él no la perdería, ya no importaba si la misión se arruinaba o no. Se acercó más hacia donde estaban, alcanzando a escuchar su conversación.
–Mulan dijo que cumpliría la misión sin importar el costo –Yao frunció el ceño.
–¿Cómo lo hará sin nosotros? –la princesa Mei preguntó cuando todos dieron media vuelta para marcharse.
–Tomando su lugar –dijo con su voz habitual.
Ellos se volvieron, incrédulos, para mirarlo, pero después de la sorpresa inicial unas enormes sonrisas cubrieron su rostro mientras corrían hacia él.
Sonrió, al parecer les alegraba que no hubiera muerto. Yao lo demostró muy bien al besar afectuosamente a su caballo, que se apartó de él, asqueado.
Soltó una risa débil antes de volver a ponerse serio.
–Mulan tenía razón –evitó tocar el collar que el padre de ella le había obsequiado–. Nadie debe casarse sin amor –recorrió sus rostros rápidamente, esperando que comprendieran su disculpa por casi obligarlos a ver como el amor de su vida se casaba con otro. ¡Qué ciego había sido! –. Voy a Ki Gong
–Vamos contigo –la princesa Ting Ting lo miró seriamente.
–¡Claro que no! –si iban a la ciudad con él probablemente todo se complicaría, tenía la esperanza de que se fueran para hacer una vida juntos, plenamente felices– ¡Quédense aquí! –ordenó antes de poner en marcha a su caballo para ir a impedir la boda de su futura esposa.
–Al atar este nudo, unimos no sólo dos vidas, también dos reinos –ésa fue la señal que necesitó para entrar, había querido hacerlo desde que la vio bajar, lucía hermosa y triste, había visto una lágrima caer por su culpa. Todos se volvieron a verlo con expresiones asombradas, pero solamente le importaba una reacción. La de ella.
Su nombre comenzó a ser pronunciado, pero la sonrisa que le dedicó Mulan al verlo opacó lo que pasaba a su alrededor, se acercó más, quería abrazarla con fuerza, con amor, para indicarle que nunca más iba a dejarla ir. Se pertenecían.
Desmontó de su caballo, ansioso por sentirla, ella lo imitó, con pasos cortos debido a las prendas que usaba, cuando estuvieron frente a frente agarró sus manos con fuerza, mirándola con todo el amor que era capaz de transmitir.
–¡Estás vivo! –jadeó ella, radiante de felicidad.
Le sonrió, aunque por un momento le preocupó el contraste entre ellos dos, Mulan estaba ricamente vestida, mientras que él usaba los vestigios de su ropa, pero la ligera vergüenza que sintió desapareció con la mirada de amor que le dedicó.
–No querrías una boda sin mí.
Ella amplió su sonrisa como respuesta a la broma que había hecho.
–General, ¡esto es un ultraje! –el soberano de Qui Gong los separó con brusquedad, arruinando su reencuentro. De pronto tomó conciencia de lo que había acabado de hacer– ¡Usted se irá ahora! –lo empujó con brusquedad, haciéndolo reaccionar.
–¡No me iré de aquí!
Mulan se colocó a su lado, sorprendida.
–¿Qué haces?
–No lo sé, improvisando –confesó, sonriendo con timidez, ella le devolvió la sonrisa, por más absurdo que fuera.
–Usted no puede deshonrar esta ceremonia.
–Milord, amo a Mulan –se adelantó un paso, para que el soberano comprendiera que no dejaría que ella se casara con otro que no fuera él, no cuando la amaba de esa forma–. Y, aunque conozco sus reglas, si me acepta –la miró, como siempre, tenía esa sonrisa tan linda plasmada en su rostro–, quiero casarme con ella –unió sus manos con las suyas, disfrutando del contacto–, ahora –finalizó, con la esperanza de que demostrando sus sentimientos ante todo el pueblo aprobaran eso, pero sus ilusiones cayeron en picada cuando escuchó la furiosa voz del gobernante.
–¡Insolentes! –rugió, separándolos nuevamente, lo señaló– ¡Guardias!
Sintió como lo sujetaban con fiereza, arrastrándolo lejos de ella.
–¡Shang! –ella trató de sujetarlo, pero el soberano la agarró también, jalándola en dirección contraria.
Se debatió para ayudarla.
–¡Mulan!
Y de pronto una columna de fuego hizo que lo soltaran, aturdido miró hacia el Dragón Dorado de la Unidad, ¿había salido… de él? ¿Cómo…?
–Oigan, ¿por qué tanto drama? –habló con una voz vagamente familiar, la palabra "zapatos" le vino a la mente.
–¡El Dragón Dorado de la Unidad… en vida!
–¿Mushu? –le pareció que Mulan decía cuando se colocó a su lado, mientras las personas se calmaban para adorarlo dudó, ¿debía hacer lo mismo? Al soberano no parecía importarle, dado que estaba temblando como una hoja al viento.
–¡Ah, pero claro que tengo vida! –esto cada vez le parecía menos real y más como un sueño– Dime porque no hemos escuchado sus votos.
–Pe-pero… Gr-Gran Dragón, el general Li Shang no es un hijo de Qui Gong.
–¡Silencio! –otra vez salió fuego de él, apuntando directamente sobre el soberano, quien se escondió tras él, todavía temblando.
Esto le parecía una completa locura, definitivamente superaba con creces a todo lo extraño que le había ocurrido durante el viaje.
–¡Yo soy el Dragón Dorado de la Unidad y yo decido a quien unificar! ¡Mis ojos de dragón han visto el puro corazón de China! –su voz se suavizó considerablemente– Y no ha habido dos personas más destinadas a estar juntas que esta linda pareja, Mulan y Shang.
La abrazó, mirándola con todo el amor que le profesaba, miró nuevamente hacia arriba, sintiendo la risa divertida de Mulan ante la "boda" que les estaba haciendo el Dragón Dorado de la Unidad, de no ser porque la estaba sosteniendo en sus brazos y la sentía muy real, estaría completamente convencido de que se encontraba en un sueño, todo había sido solucionado gracias a quien quiera que estuviera dentro del Dragón.
Entre gritos de alegría unió sus labios con los de ella, como había querido hacer desde que desmontó su caballo.
–Shang, ¿qué estás haciendo?
–Espera un segundo.
No la miró, siguió con lo suyo, después de mucho meditar sobre todo lo que le había contado decidió que lo mejor era no separarlos, le debía mucho a ese dragón llamado Mushu, todo había salido a la perfección, por lo que sus travesuras durante el viaje ahora sólo le causaban risa y, el hecho de que solucionara el lío de la boda de Mulan con el blandengue ése, provocó que tuviera unas ganas inmensas de conocerlo.
¿Cómo sería? Gracias a él Mulan se había atrevido a dar el paso decisivo para entrar al ejército. Sería un completo desconsiderado si no evitaba que le quitaran el pedestal que con tanto trabajo había conseguido.
De pronto escuchó unos ruidos raros, miró hacia arriba, viendo una raya rojiza que gritaba de felicidad, el cual aterrizó frente a ellos con un gesto de victoria y alegría, que se desvaneció cuando notó su presencia.
–Ups –se cubrió su boca con lo que parecían ser sus manos, mirándolo con sorpresa.
–¿Así que éste es el famoso Mushu? –se inclinó un poco para verlo mejor, definitivamente era más pequeño de lo que se lo había imaginado, aunque tenía un aire travieso– Pensaba que eras más… grande.
–¿Que qué? –preguntó, mirando a su esposa. Sí, ahora que lo escuchaba hablar bien notaba el parecido de su voz con la del Dragón Dorado de la Unidad y la de "Mulan" sobre los zapatos– ¿Tú le contaste sobre mí? ¿Tu protector?
Ella río, sujetando su brazo con cariño, sonrío sin querer, recordando el momento en el que se había acercado a él con el rostro serio y el miedo que sintió cuando pronunció la frase de "tenemos que hablar".
–No puedo guardar secretos a mi esposo, Mushu –automáticamente su sonrisa se amplió considerablemente ante la palabra con "e" –. Le conté todo.
–¿De verdad? –se escondió tras la falda de su vestido, levemente atemorizado– ¿Lo sabe todo?
–Así es –se inclinó a su altura, para demostrarle que no estaba resentido–. Gran Dragón Dorado de la Unidad –guiñó un ojo.
Ella lo volvió a abrazar cuando se puso de pie.
–No lo entiendo, ¿qué pasa al combinar nuestros templos?
Iba a responder, pero se le adelantó Mushu, saltando de alegría sobre su cola, ahora que lo veía bien parecía una lagartija roja, aunque más grande.
–Me devuelven mi pedestal.
–Oh, pero… ¿eso se puede hacer? ¿Qué no hay reglas?
–Pero claro –tomó sus manos con delicadeza y diversión–, están junto a las reglas sobre vestirse de hombre y unirse al ejército.
–¿Qué les parece? –sintió como Mushu jugaba con su sombrero, evitó poner los ojos en blanco, suficientes burlas había recibido ya por la forma en la que se veía– Esto puede levantar el vuelo en cualquier momento.
Se separó de ellos, mirando hacia arriba, dando órdenes absurdamente divertidas a los que, supuso, eran los espíritus de la familia.
Abrazó a Mulan con más fuerza, sintiéndose completo ahora que conocía la existencia de Mushu quien les haría la vida más divertida.
¡Hola!
Bien, tal vez muchos quieran asesinarme y tienen toda la razón, les debo una enorme disculpa por la tardanza, pero fue por ser demasiado despistada, pues en esos días entré a la escuela y con eso de las copias, que checa bien el horario, que corre, brinca y eso... ¡la fecha se me pasó! Estaba muy avergonzada por ello, además de que el trimestre fue algo demandante con toda la tarea que me dejaban... Bueno, estaba dudando sobre si dejarlo hasta el próximo 20 de abril, pero luego decidí no hacerlo.
En serio, lo siento muchísimo.
Por otro lado, debo de decir que ya tengo el Epílogo listo :) sólo falta saber que día lo subo (acepto sugerencias), pero ya está
Y también, gracias por leer y eso, de verdad.
¿Les gustó el final?
Un enorme beso
Arya Bromsson
