Mientras bajaban el ascensor de la 12 de camino a la morgue, Kate pensaba en su cada vez más fervoroso deseo de que aquel caso acabase cuanto antes. No podía entender que demonios le pasaba a aquellos dos hombres. Había trabajado con los dos y cada uno en su peculiar estilo eran increíbles. Entonces porque diablos no intentaban aunar esfuerzos en este caso y no dedicarse a tirar uno y otro de un lado de la cuerda con fuerza como si estuviesen enfrentados.

Y en Castle hasta lo podía entender, porque de vez en cuando seguía teniendo esas fases de oscuridad que ni ella todavía podía controlar, pero en Tom aquello era impensable. Sabía perfectamente que la situación de Castle en la 12 era algo que se hablaba en todo el departamento de policía de la ciudad de Nueva York y que seguramente Tom no veía con buenos ojos que un civil, escritor famoso de renombre y bastante complicado emocionalmente sobre todo durante el último año, siguiese trabajando con la policía. Pero es que su trabajo era impecable y…

"¡Vaya por Dios! Se nos había olvidado."

"¿Qué?"

Ya habían llegado a la calle y estaban a punto de subir al coche. Entonces Castle le señalo un lugar en el parque que se situaba enfrente de la comisaría. Tres personas, encabezadas por una sonriente Alexis, los saludaban con gran algarabía y risas.

"¡Ay Dios mío! ¡El cumpleaños de Daniel!"

"¿Y ahora que hacemos?"

"¿Te has acordado de comprarle algo?"

"Si, si… esta en el coche. ¿Y tú?"

"Por supuesto, Castle. Lo que se nos había olvidado era lo de la comida."

Tom había seguido aquella peculiar conversación entre Kate y Castle con evidente curiosidad. Desde el lugar donde se encontraba podía ver a la muchacha pelirroja que tanto le recordaba a su madre. Eso sí. Los dos chicos y el bebe afro - americanos que estaban junto a ella no tenía ni la menor idea de quienes eran.

"Si queréis… esta claro que teníais una cita antes con ellos que con la morgue y un irreconocible Frank Búster. Marcharos sin problema. Yo iré a ver a Lanie y nos encontraremos digamos en unas tres horas."

"¿Estas seguro… Tom?"

"Por supuesto."

"Gracias."

Castle y Kate cruzaron la calle y se unieron al peculiar grupo. Entre risas y abrazos se fueron marchando por el parque. Tom siguió con curiosidad aquella escena durante unos segundos y después cogió su coche y fue a la morgue.

Una vez allí, Lanie le enseño lo que había descubierto en el cadáver de Búster.

"Aquí lo tiene. ¿Extraño? ¿Verdad?"

El mensaje estaba en un papel algo quemado, pero en el que se veía claramente un pentagrama con cuatro notas y una letra seguida de un número.

"Sol, La, La, Do y H7."

"¿Sabe cuantas canciones pueden empezar con esas cuatro notas?"

"Yo que sé. ¿Cientos? ¿Miles?"

"Seguramente millones."

"¿Y el número y la letra? ¿A que puede hacer referencia?"

"¿Un lugar? ¿Una clave?"

"Bueno. Será mejor que vuelva a la comisaría a esperar a los dos de la comida de cumpleaños."

"Castle acogió a esos chicos hace unos tres meses. Él y Kate los conocieron durante el transcurso de un caso que tuvieron. Y…bueno. La verdad es que parece que el arreglo no esta yendo mal del todo. Aunque Kate…"

"Tenga que estar al rescate en muchas ocasiones."

"Más o menos. No es que Castle esté pasando los mejores momentos de su vida precisamente. Pero poco a poco parece que la cosa va a mejor."

"Bueno. Muchas gracias, agente."

Cuando Tom volvió a la comisaría se dedico a dibujar un pentagrama donde señalo las cuatro notas que había encontrado en el mensaje. Debajo y en letras grandes escribió H 7. Justo en ese momento el ascensor se abrió y Kate y Castle aparecieron por fin. Los dos venían riendo cómplicemente e incluso a mitad de camino Kate le quitó a Castle de la punta de su nariz un poco de nata que tenía pegada en ella. Tom sonrió ante tal escena y volvió a mirar la pizarra suspirando tristemente.

"¿Y bien…?"

"Esto es lo que nos ha dejado nuestro asesino."

Castle se apoyo en la mesa de Kate y miro a la pizarra durante unos segundos. Después se puso a tararear las cuatro notas escritas en el pentagrama.

"Sol, La, La, Do. Sol, La, La, Do. Que tontería. Millones de canciones deben empezar así."

"Pues es lo único que tenemos. Lanie no ha encontrado ninguna huella ni nada que nos pueda llevar a una mejor pista."

"H – 7. Una letra y un número. Tampoco es que ayude mucho."

Durante un buen rato se quedaron los tres en silencio mirando la pizarra sin saber muy bien que rumbo tomar. Seguramente el asesino ya tendría preparado su próximo golpe y ellos no tenían nada de nada.

"Sigo pensando que quizás encontremos algo buscando en el pasado de Búster. Dijo que estuvo durante años en una residencia de menores del Bronx que todavía existe. Yo conozco a la persona que dirige la misma. ¿Y si fuésemos…?"

"Ya le dije, señor Castle, que investigue en el pasado de ese hombre y no encontré nada de nada."

"Ya. Pero quizás la señora Palmer…"

"¿Es la que consintió lo de su acogida?"

"¿Qué?"

"Lanie me hablo un poco de ello. Lo de esos… chicos."

"¿Y que?"

Ay Dios, pensó Kate, otra vez la vamos a tener.

"Nada. Yo no he dicho nada."

"Y no hace falta que lo diga o que lo insinúe. O es que piensa que no soy capaz de
cuidar de ellos."

Ya la tenemos.

"Yo no pienso nada. Además lo que usted, señor Castle, haga de su vida personal no es de mi incumbencia."

"Eso mismo digo yo."

Fin del asalto. Durante las siguientes dos horas estuvieron cada uno de ellos y de manera individual intentando buscar alguna pista más que los llevar a algún lado. Pero todo fue en balde.

"Bueno. Yo me voy a ir ya. Seguramente Daniel llevará jugando horas con lo que le he comprado para su cumpleaños y arrancárselo de sus manos esta noche será bastante complicado. Hasta mañana."

"Hasta…mañana."

Cuando Castle salio de la comisaría no cogió la dirección de su casa, si no que fue al centro de acogida del Bronx. Una sorprendida señora Palmer le abrió la puerta.

"¿Señor Castle? ¿Qué hace usted aquí? ¿Ha venido a devolverme a Daniel?"

"¿Qué? No, no… por supuesto que no."

"¿Entonces?"

"Si no le importa me gustaría buscar algo en los archivos del centro. Esta relacionado con un caso en el que estoy trabajando ahora."

"¿Todavía sigue en la policía? Ya le he dicho que… haga lo que quiera. Venga conmigo. Están en esta habitación. Es un poco caótico encontrar algo aquí, pero…"

Durante las siguientes dos horas Castle se dedico a buscar en los archivos del centro. Descubrió que durante los años que Búster paso allí compartió habitación con un chico que era más o menos de su edad y que se llamaba Frank Taylor. Lo extraño es que no conseguía dar en aquel caos de papeles con la ficha del tal Taylor. Cansado, volvió al despacho de la señora Palmer y se lo comentó.

"No me extraña. Seguramente no será la primera ni la segunda ficha personal que se pierde. Por aquí han pasado mucha gente y aunque intento llevar un orden es difícil hacerlo. Es normal."

"Bueno. Pues muchas gracias."

Cuando volvió a su coche y antes de dirigirse a su casa por fin, Castle decidió llamar a Kate.

"¿Qué quieres Castle? ¿Daniel no suelta la dichosa maquinita que le has comprado?"

"¿Qué? No, no. Si todavía no he llegado a casa."

"¿Y se puede saber donde te has metido en las últimas tres horas?"

"Es que…"

"¿Castle?"

"Bueno. He ido al centro de menores donde Búster se crío. La señora Palmer me ha dejado mirar en los archivos y quizás haya…"

"¡Castle! ¡Castle! Pero ¿Por qué eres tan cabezota? Ya te dijo Tom que…"

"¡Tom! ¡Tom! No me estas oyendo. Quizás haya encontrado algo que nos pueda servir… o no."

"¿O no? ¡Fantástico, Castle! Ni siquiera sabes si lo que has encontrado nos sirve o no."

"¿Pero que te pasa con este caso? ¿Por qué te pones de su lado?"

"¿De su lado? Yo no me pongo de ningún lado. Sois Tom y tú los que me estáis volviendo loca. Mira. Mañana nos vemos. Adiós."

Se ha enfadado. Mierda. Se ha enfadado. La culpa la tiene ese maldito policía.

Cuando llego a su casa entro con aire muy enojado y fue dejando sus cosas allí y allá sin ningún orden. Martha Rogers, que estaba tomando una copa, lo miraba con curiosidad.

"No ha sido un buen día."

"Los he tenido peores. ¿Y los chicos?"

"En la cama. He conseguido quitarle a Daniel el maldito juego que les ha comprado para su cumpleaños y se ha acabado durmiendo. ¿Qué te ocurre, querido?"

"Es ese maldito policía que estuve trabajando con Kate cuando yo estaba en los Hamptons. Esta colaborando con nosotros en este caso y me saca de quicio."

"¿A quien te refieres?"

"¡Ah! Es verdad. Cuando ocurrió todo aquello tú y yo no… no estábamos muy comunicativos. El maldito "Yo soy la Justicia VI". Tom O'Hara. Policía intachable, padre de familia, que tiene la maldita habilidad de sacarme de mis casillas. Bueno. Voy a ver si allí arriba están todos durmiendo."

Castle empezó a subir las escaleras del loft hacia las habitaciones de los chicos. Ni siquiera había mirado a su madre de nuevo cuando le comento lo de Tom O'Hara. Y menos mal que no lo había hecho, ya que la pobre Martha se había quedado blanca como la nieve y había estado a punto de derramar todo el vaso que estaba bebiendo. Y es que oír pronunciar de los labios de su hijo el nombre de su padre era algo que nunca pensó que escucharía. Pero lo había hecho.