Hacía ya mas de dos horas que Tom había vuelto a su casa aquella noche y se había encerrado en la biblioteca. Trasteando aquí y allá consiguió rescatar todo el trabajo que había realizado sobre el caso de Frank Búster hacía siete años. Aquellos fueron malos tiempos. No solo por la muerte de su compañero y por las heridas que sufrió, sino porque durante una temporada se obsesiono con el caso y estuvo a punto de perder por ello a su familia y a su trabajo.
"Cómo puede decirme…"
No lo pienses más. Déjalo estar. Lo que él te diga no tiene porque afectarte.
"Tom. Vamos a cenar ya."
"Hazlo tú. Yo picare algo dentro de un rato."
Helen suspiro con tristeza y se fue a la cocina. Aquel maldito caso había vuelto a aparecer. Empezaba a tener miedo por Tom. Todavía recuerda lo mal que lo paso la otra vez y si no consigue dar con el asesino de Búster puede que los malos momentos vuelvan a aparecer. Para colmo esta ese escritor metido a policía que lo tiene de los nervios. Me parece que comprarle más novelas de él para las efemérides ya no va a ser una buena idea.
Casi dos horas después, Tom seguía en la biblioteca enterrado prácticamente en papeles y más frustrado que cuando empezó. No tenían nada de nada. Y el siguiente golpe podía ser peor. Miro de nuevo los mensajes que habían encontrado en los dos lugares, que seguían siendo un misterio. Por mucho que tarareaba las notas no daba con la melodía.
"Empecemos desde el principio, Tom. Supongamos que cierto escritor tiene razón. Que hay en los actos cometidos hace siete años y los de ahora que puedan ser una conexión."
Frank Búster, unas oficinas abandonadas donde se guardaban archivos médicos, una estafeta de correos, un mediocre psicólogo juvenil que trabajaba para el departamento de sanidad de la ciudad. Espera. Durante un buen rato estuvo escudriñando en el pasado de aquel hombre. No podía creérselo. Y si…
"¡Mierda! Va a tener razón. Va a tener razón."
Sin ni siquiera avisar a Helen, Tom cogió el coche y se dirigió hacia el centro de menores. Una señora Palmer bastante asombrada por las horas que eran le abrió con cautela.
"Señora Palmer. Soy Tom O'Hara. Trabajo en el departamento de policía de Nueva York y me gustaría ver…"
"¿Usted también? Ya estuvo aquí ayer Richard Castle y me preguntó por los archivos. Y no encontró…"
"Ya lo sé. Pero yo no quiero mirar los archivos del centro. Yo quiero ver las historias médicas de los chavales. Supongo que también deben guardarse aquí."
"Claro que sí. Pero si los archivos están desordenados, las historias clínicas deben estar peor. Le llevará un buen rato."
"No me importa."
Durante las siguientes dos horas, Tom estuvo revisando todos los papeles e historiales médicos del centro. Hasta que por fin lo encontró.
"Peter Taylor. Por fin te tengo."
Según encontró en su ficha, Taylor era un chico bastante conflictivo. De una mente privilegiada, había tenido muchos problemas psicológicos e incluso atento contra la vida de sus padres. Y lo mejor de todo no era eso. Lo mejor de todo es que tenía una fotografía de él. Cierto que era de hacía quince años. Pero era una fotografía.
Cuando salió del centro y antes de coger el coche hasta la 12 llamo a Kate por teléfono.
"Beckett."
"Kate, soy Tom. Creo que he encontrado algo en el centro de acogida de menores. No eran los archivos lo que teníamos que mirar. Eran los historiales."
Vaya por Dios. Si no tenía suficiente con Castle, ahora esto…
"Tom ¿Sabes que hora es?"
"Perfectamente. Necesito un dibujante que nos ayude a hacer un retrato robot actual de nuestro Peter Taylor. Tengo una fotografía de él de hace quince años. Y quien sabe…"
"De acuerdo. Voy para allá."
Treinta minutos después, Kate llegó a la comisaría con aire fatigado. Tom estaba ya con el perito haciendo el retrato robot. Había estado tentada de llamar a Castle, pero a esas horas era absurdo. Y seguramente no encontrarían nada.
"¿Y el gigante…?"
"¿Quién?"
"Nada… cosas mías."
"He decidido no llamarle. A estas horas y…"
"A mi me parece perfecto."
"¿Tenemos algo?"
"Todavía no."
Cuando el especialista terminó su trabajo, tenían una buena pista por la que empezar. Y toda una noche para cotejar ese dibujo con un montón de fichas.
"¿Sabes que si no esta fichado es como si no tuviésemos nada, verdad?"
"Lo sé."
Y no estaba fichado. Así que se pasaron toda la noche sin encontrar nada. Cansados ya por la inútil tarea decidieron tomar un café. La comisaría empezaba a retomar el pulso y ellos estaban agotados. Cuando Castle llegó se sorprendió al verlos allí. Aquel día había salido muy temprano de su casa y no esperaba encontrarlos.
"¿Mala noche, detectives?"
"Es que…"
"¿Sí?"
"La verdad es que llevamos toda la noche aquí."
Castle empezó a mirar a uno y a otro con cara bastante disgustada.
"¿Y eso?"
"Se equivoco. No había que buscar en los archivos. Había que buscar en las historias médicas."
"¿Cómo dice?"
Kate le enseño a Castle el dibujo que habían realizado de nuestro hombre y Castle se quedo un buen rato en silencio. Su cara reflejaba todo el enfado que le suponía que aquellos dos no le hubiesen llamado aquella noche. Sobre todo Kate. En el viejo policía lo podía entender.
"Si…"
"¿Qué, Castle?"
"Si tú y "Yo Soy La Justicia" me hubierais llamado como era vuestro deber…"
"¿Mi deber? No, no. Señor escritor, esta usted muy confundido. Yo no tengo ninguna orden de llamarle ni nada por el estilo. Y… ¿Cómo me ha llamado?"
Ahora si que se lía. Yo los mato a los dos.
"Pero yo le he descubierto el caso… yo. No puede concebir que yo sea un genio en esto. Y por eso…"
"Usted se había equivocado. No eran los archivos, eran los historiales médicos ¿Un genio? No, no. Solo es un rico aburrido que…"
"¿Un rico aburrido? ¿Cómo se atreve a juzgarme? ¿Qué sabe usted de mí?"
"Lo suficiente. Y no me gusta…"
"¡Basta! ¡Basta, por Dios! Me estáis volviendo loca los dos. Castle, que ibas a decirnos antes de empezar vuestro combate."
Durante un buen rato se quedaron los tres en silencio. Tom y Castle estaban tan encendidos que Kate pensaba que nunca podría retomar la situación. Entonces Castle se sentó en su silla y con esa sonrisa suya indescifrable miro el dibujo de nuevo.
"Si… repito… me hubieseis llamado esta noche, os habríais ahorrado mucho trabajo. Este no es Peter Taylor. Al menos yo no lo conozco con ese nombre. Es Paul Harrison, uno de los mayores accionistas de las empresas farmacéuticas Webster. Y según me contó hace unos días Phil Tomasson, que es médico y uno de mis mejores amigos, esta intentando hacerse con el control de las acciones y de la empresa el solito. Y si alguien descubriese su oscuro pasado…"
Tom se acerco hasta Castle y se puso enfrente de él con los brazos en jarras.
"¿Y como sabe usted que es ese hombre es él?"
Con el mismo gesto, Castle se le enfrentó.
"Porque lo conocí hace dos meses. En una de esas fiestas que tenemos los ricos aburridos."
