Cuando Castle llegó hasta la puerta de la casa de acogida donde Frank Búster y Peter Taylor habían compartido parte de su vida no podía creer lo que veían sus ojos. Aquel maldito hombre estaba allí. En la puerta. Como él. Durante unos segundos que parecieron eternos, Castle y O'Hara se miraron en silencio sin saber muy bien que decir o que hacer.
"Es una canción de una serie de los sesenta."
"¿Qué? No, no, no. Estaba jugando a los barcos con la maldita ciudad de Nueva York."
"¿A los barcos?"
Castle se saco del bolsillo interior de su abrigo el mapa de la casa de Kate que había cogido prestado y lo desplegó sobre el suelo.
"¿Lo ve? Todo coincide. H – 7, la zona donde encontramos el cadáver de Búster. D – 4, las oficinas abandonadas y J – 2."
"La casa de acogida donde se criaron juntos durante cinco años. Si. Pero también es una tonta canción de los sesenta. Hombres de siete cabezas, demonios de cuatro pies y cuatro manos, juegos de dos hermanos donde todo empezó."
"No recuerdo ninguna serie con esa canción. ¿Qué demonios de serie era esa?"
"No puedes. Fue hacia mediados de los sesenta y tu naciste en…"
Durante unos instantes volvieron a quedar en silencio. Entonces Castle subió las escaleras de la entrada y empezó a llamar con fuerza a la puerta.
"Señora Palmer, ábrame. Soy Richard Castle. Ábrame."
Unos instantes después una señora Palmer algo soñolienta y con un extraño tocado en la cabeza abrió la puerta con aire confundido.
"Agente O'Hara, señor Castle. ¿Se puede saber que hacen aquí a las diez de la noche? ¿No habían terminado con el caso? ¿No vendrá a devolverme a Daniel?"
"¿Qué? No, no. Por supuesto que no. Es que…"
"Señora Palmer. ¿Cuántos chicos ahí en la residencia?"
"Unos sesenta niños. Desde los dos a los catorce años. Ya deben estar durmiendo la mayoría. También hay seis empleados que se encargan de mantener el orden y de ocuparse sobre todo de los más pequeños. No es que sea mucho personal, pero los fondos públicos no dan para más. ¿Pero que ocurre?"
"Queremos que de la orden de desalojar el edificio. Como si fuese un simulacro de incendios. ¿Lo ha entendido bien?"
"¡Dios mío! ¿Creen que Peter dejó una bomba escondida aquí y puede estallar?"
"No lo sabemos. Seguramente no. Pero tenemos que estar seguro de ello."
Mientras la señora Palmer daba la voz de alarma en el edificio, Castle y O'Hara se quedaron un momento en el vestíbulo.
"¿Cree que debemos llamar a los refuerzos?"
"Si. Llama a Kate y cuéntale lo que hemos descubierto. Si esto es una maldita tontería de los dos al menos pagaremos los platos rotos juntos."
"Eso es verdad."
"Debemos dividirnos y buscar bien. Si ve algo extraño que le pueda parecer una bomba o algo por el estilo, se está quieto y me llama. ¿Lo ha entendido, señor Castle?"
"Si, señor."
"Empiece por la última planta y yo empezaré por el sótano hasta que nos encontremos. Intente disimular delante de los niños. Y ya lo sabe. Si nuestra locura es cierta, habrá preparado tres explosiones, la siguiente más destructiva y peligrosa que las anteriores."
"Si, señor."
Castle empezó a subir las escaleras de dos en dos hasta la tercera planta mientras que Tom empezó a bajar hacia el sótano. Por el camino, Castle sacó el móvil y llamo a Kate.
"¿Se puede saber donde diablos te has metido en todo el día? ¿Y por que me has robado el mapa de Nueva York que tenía en el salón?"
"Kate, escúchame. Estamos en la casa de acogida donde vivieron Peter y Frank. Creemos que Taylor lo dejo todo preparado para provocar las explosiones aunque ya estuviese muerto. La señora Palmer esta desalojando a los niños y nosotros estamos buscando las bombas por el edificio."
"¿Pero que dices Richard? ¿Te has vuelto loco? ¿Estamos?"
"Si. O'Hara esta conmigo, Kate. Los dos llegamos a la misma conclusión aunque por caminos diferentes. Eso debe ser una señal ¿no?"
"Si…supongo que sí. Por Dios, Castle, ten…"
En ese momento, una pequeña explosión se oyó en el edificio y Kate gritó asustada.
"¡Castle! ¡Castle!"
"Estoy bien. No te preocupes. Viene de algún lugar de abajo del edificio. Voy a tener que colgarte. No tardes. Te estaré esperando."
"Ten cuidado, por Dios. Ten mucho cuidado."
Castle colgó el teléfono y empezó a bajar de nuevo las escaleras. Cada vez pensaba con mayor convencimiento que la idea de buscar la bomba era inútil y que lo mejor era ayudar a desalojar el edificio. Había muchos niños pequeños y la primera bomba había producido un pequeño caos en el edificio. A mitad de camino se encontró con Tom.
"Creo que…"
"Buscar la bomba es una quimera. Y no sabemos donde pueden estar las otras dos y si una vez descubiertas seremos capaces de desactivarlas. Lo mejor es ayudar a estas personas y conseguir estar lo más lejos posible cuando la tercera bomba estalle. Si quería dar un buen espectáculo puede que la explosión afecte incluso a los edificios colindantes ¿Está conmigo, señor Castle?"
"Si señor."
Richard y Tom volvieron a separarse y empezaron a ayudar a la señora Palmer y a los empleados del centro de menores. La primera explosión había provocado una cantidad de humo que estaba creciendo cada vez más y la visión empezaba a ser dificultosa. En la idas y venidas con los niños, Tom se cruzó dos veces con Castle. En una de ellas tuvo que parar su carrera hacia arriba y observarle.
No sabía como se las había apañado, pero Castle llevaba prácticamente a cinco niños en una de sus viajes hacia la calle. Llevaba a un niño que debía rondar unos seis o siete años sobre sus anchos hombros. De la mano llevaba a otros dos un poco más pequeños. Junto a estos y siempre cogidos de la mano iban dos chicas de doce o trece años. En la cara de los chiquillos se podía reflejar todo el miedo que aquella situación les provocaba, pero Castle iba tarareando una especie de canción que ellos seguían y que parecía conseguir calmar la horrible situación que estaban viviendo. A sus ojos y en aquel momento Richard Castle se convirtió en un gigante. Un gigante con un corazón inmenso que la cruda realidad había destrozado casi por completo y que ahora poco a poco estaba volviendo a reconstruir.
Entonces la segunda explosión rompió el momento y Tom se vio lanzado hacia la pared debido a la potencia de la bomba. Se dio un fuerte golpe en la cabeza y por unos segundos estuvo en el suelo y mareado. Mientras, Castle que había conseguido llegar hasta abajo con los niños, miraba en todas direcciones buscando a O'Hara. No lo veía por ningún lado. A quien si vio fue a la señora Palmer.
"Señora Palmer. ¿Ya están todos fuera?"
"Creo que si."
"¿Y mi… compañero?"
"No lo se. No le he visto bajar."
Castle volvió al vestíbulo y miro hacia arriba. La segunda explosión había provocado llamas en algunas partes del edificio y muchos cascotes habían caído al suelo.
"Señora Palmer. Váyase ya. Yo tengo que… ¡O'Hara! ¡O'Hara!"
Y empezó a subir de nuevo las ya maltrechas escaleras.
"¡Por Dios! ¡Castle! Es una locura… muchacho. ¡Castle!"
Sin hacer caso a las recomendaciones de la señora Palmer, Richard volvió a subir hacia el edificio que cada vez era más presa de las llamas y del humo.
"¡O'Hara! ¡O'Hara!"
"¡Estoy aquí! En el pasillo de la segunda planta."
Castle llegó hasta donde Tom se encontraba y lo ayudo a ponerse de pie.
"Tiene una fea herida en la cabeza. ¿Puede andar?"
"Puedo andar. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué has…? ¿Han salido todos los niños?"
"Han salido todos los niños."
Castle y Tom empezaron a bajar por las escaleras cada vez más inseguras y llegaron al vestíbulo de la planta baja. El fuego que la segunda bomba había producido les cortaba el paso hacia la calle y empezaron a buscar con dificultad un lugar donde salir.
"No podemos salir por ahí. Tenemos que buscar un lugar aquí antes de que estalle la tercera bomba."
"¿Un lugar aquí? ¿Se ha vuelto usted loco?"
Entonces Tom lo descubrió y le señalo a Castle un lugar indefinido mientras empezaba a correr hacia el mismo.
"¡Allí! En el hueco de la escalera. El cuarto de los trastos de la limpieza. Nos servirá como escudo si llegamos a ella. ¡Vamos, Castle! ¡Vamos!"
Castle asintió y siguió a Tom en su carrera. Tenía que reconocer que era un hombre con recursos y bastante inteligente. Si. Quizás su idea pudiese funcionar. Ya solo nos quedan unos metros. Entonces la tercera explosión pareció detener todo por unos segundos. En un último esfuerzo y siendo consciente de que no llegaría hasta la pequeña habitación, Castle empujó a Tom con todas las energías que tenía hacia la misma. Después la oscuridad lo envolvió todo y Castle ya no fue consciente de oír ni de sentir nada.
