La Fiesta de Bienvenida.
Cuando ya me estaba retirando o creía que podría irme sin ser vista, la puerta se abrió de par en par, dejándome muy nerviosa y con miedo de voltearme.
—Pe-pe-perdón, creo que me equivoque de dirección. No quise importunarlos, yo-yo so-solo regresaré po-por donde vine —dije muy temerosa, sin siquiera voltearme, pero antes de lograr escapar con éxito, una voz me detuvo.
—Detente ahí mismo Sifelizserédecirosloquequerrás.
Habían pronunciado mi nombre completo y yo reconocí esa voz de inmediato, era de una bruja, no de cualquier bruja, de "mí bruja", de Lala Tomelilla. ¡Oh no! Si una bruja había pronunciado mi nombre completo, significaba una orden para mí y por desgracia, no la podía desobedecer. Así que, a sus palabras me quede estática en el aire esperando la siguiente orden.
—Sifelizserédecirosloquequerrás date la vuelta ahora mismo… hadita mía, abre los ojos… ambos ojos Felí, ahora levanta la vista y mírame.
Así lo hice, pero al haberlo hecho, pensando que me arrepentiría, una lágrima brotó de mi rostro, mas no era de pena, al haber visto el rostro de mi querida bruja, una profunda alegría inundó mi corazón y no pude contenerme, me lancé hacia ella y la abrace.
—Lala… yo… gusto… extrañarte…
—Calma Felí, calma. Respira profundo que no se te entiende —respondió ella con una sonrisa—. Y si, también te extrañe mi hadita querida y mucho.
—Cuantas noches rogué para que este día llegará.
No sabía porque, pero no conseguía dejar de llorar, mientras mi querida bruja, a la que tenía frente mió y había extrañado por años, no dejaba de sonreír. Me tomó unos cuantos minutos tranquilizarme y darme cuenta de que, mi bruja, se veía más hermosa que nunca.
—Lo sé, he envejecido, pero no debes poner esa cara. Todos lo hacemos, además, es de mala educación quedarte viendo las arrugas de una mujer mayor.
—¡N-No, no es eso! —intenté explicarle que si me quede observándola, era porque la había extrañado tanto, pero no me salían las palabras—. Y-yo, a ti, t-tú.
Tomelilla solo rió, me recordó a nuestras antiguas pláticas, era como si el tiempo se hubiera detenido en el momento en que me fui y ahora, se hubiera vuelto a mover. Nada había cambiado, bueno, salvo el hecho de que mi bruja estaba más hermosa.
—Es que, estas diferente, más hermosa.
—Gracias, pero tú en cambio mi querida Felí, no has cambiado en nada.
Puede que en eso tuviera razón, las hadas envejecemos muy diferente, aunque debo admitirlo, era una de las hadas más jóvenes enviadas a servir de niñera, pero eso ya no importa ahora ¡Estaba con mi bruja de nuevo!
—¡Tomelilla, te extrañe tanto! —grité mientras la abrazaba.
—Felí, también te extrañe mucho, pero mejor pasa, no creo que sea buena idea dejar esperando a todos.
—¿Todos?
—Digamos, que es una pequeña reunión.
Sin imaginar que me esperaría con aquellas palabras de mi brujita, entre a mi antigua casa. ¡Que recuerdos! Todo volvía a mí, al pasar por la puerta, mi corazón revivió todos aquellos hermosos momentos que tuve, eran tantos.
—Te pediría algo Felí, por favor, cierra los ojos.
—¿Cierre los ojos?
—Tú solo hazlo y no hagas trampas.
Estábamos frente al comedor, no imaginaba a que se refería mi querida Tomelilla, pero si ella lo pedía de esa forma tan amigable, no podía desobedecerla. Aunque no me lo hubiera ordenado, comprendí que su petición tan amable, se debía a que algo muy lindo me esperaba al entrar. Así que, como me lo pidió mi brujita, lo hice.
—Listo, ahora ábrelos Felí.
Y así lo hice, pero cuando los abrí, me lleve un susto de muerte y no precisamente porque hubiera regresado el Terrible Enemigo, sino por otra cosa.
—¡SORPRESAAA!
—¡TIEMBLACORAZÓN! ¿Me quieren matar de un susto? —fue lo único acertado que atine a decir, todos los presentes estallaron en risas.
—La misma Felí de siempre.
—Nunca cambiaras.
—Esa es nuestra hadita.
—Siempre sabes como echar a perder el momento.
—Te extrañamos tanto Felí.
—Esa es la valiente hada que ayudo a salvar Fairy Oak.
—Tres vivas para Felí.
—¡VIVA! ¡VIVA! ¡VIVA!
Eran todos mis amigos, conocidos y más que nada, mi familia de Fairy Oak, que me habían venido a recibir a casa, como si fuera una heroína nacional. Por fin comprendí por qué no había nadie en todo el pueblo, todos, todos los habitantes de Fairy Oak o su gran mayoría estaban metidos en la casa Periwinkle para darme la bienvenida.
No me pregunten como lograron meter a tanta gente ahí adentro, supongo que algo de magia debe haber habido, pero hubiera o no, esa noche no pregunte, simplemente me deje llevar por el momento, es que ¿quién no?
La celebración fue increíble, había comida hasta donde acaba la vista, cocinados por nada menos que la joven Flox Pollimón, los bocaditos que tanto extrañe, de la tienda de las exquisiteces, que para mi completo asombro, habían sido cocinados por mi querida Vi y estaban más que deliciosos.
La celebración duró hasta que casi salió el sol, junto a los primeros rayos de sol asomándose a lo lejos, fue cuando, cansados y muy felices, todos comenzaron a retirarse. Frente a la puerta, les agradecía personalmente y más que eso, me maravillaba de ver cuanto había cambiado la gente con la que tanto compartí.
Todos los niños habían crecido, muchos de ellos, se habían casado y ya tenían hijos, otros simplemente se encontraban esperando a que nacieran, como era el caso de mis gemelas. Si, por ese motivo mismo fui llamada, para atender y cuidar, de los futuros nuevos sucesores del poder de la Luz y la Oscuridad, los hijos o hijas de mis gemelas.
Yo esperaba simplemente a que todos se retiran, para poder hablar alegremente con mi querida familia, pero por más que me despidiera, la gente no terminaba de salir de la casa. Parecía que no acabaría nunca de despedirme, sin embargo, ya cuando el sol había por fin aparecido en el horizonte, lo hice. Cansada y con algo de sueño, pero por fin, había terminado de despedirme de todos los que conocí en Fairy Oak, salvo de una persona y debo admitirlo, me llamo mucho la atención el no verla en la fiesta. Pero no me atreví a preguntar por ella, la joven Shirley Poppy, quien tantas veces nos ayudo y si no hubiera sido por ella, aquella terrible desgracia que se ceñía sobre mis gemelas, hubiera sido en verdad, terrible.
