Guerra de Nombres.
Tal como paso antes tantos años atrás, nuevamente vi, a un padre y a su tía peleando por como bautizarían a dos niñas. Salvó que esta vez, eran por duplicado, dos padres peleando con dos tías o para ser más exactos, dos esposos peleando con sus esposas.
—¿Qué tiene de malo el nombre de Violeta?
—Así se llama la antepasada de los Pimpernel. Además, Scarlet le puso así a su hija.
—Sí, ese nombre esta prohibido —refutó Pervinca negando con ambos brazos.
—Entiendo lo de Violeta, pero… ¿Por qué no le puedo poner Aloe, es mi hija también?
—Como de que porque no. Grisam Burdock ¿Quieres dormir de nuevo en el sofá?
—Vamos Vanilla, era el nombre de mi madre.
—Así fuera el de tu abuela, no le pondrás así a mi hija. De solo pensarlo, me harás acuerdo de Scarlet.
—Pervinca Periwinkle, es mi hija, soy su padre. Yo le pondré el nombre que decida y punto.
—YO la tuve nueve meses, YO la traje al mundo, YO decidiré su nombre.
—Es el cuento de nunca acabar —suspiró el señor Cícero.
—¿Por qué no llegan a un acuerdo? —comentó Lala.
—Venga, son sus hijas —fue lo único que atine a decir.
Mientras las Gemelas y sus esposos peleaban, Lala Tomelilla y yo tratábamos de tranquilizarlos, el Señor Cícero simplemente se había hecho a la idea y se sentó a esperar. Mamá Dalia solo reía, al parecer, esto le había traído muchos recuerdos felices de antaño.
—Recuerdas tu pelea con Lila, querido Cícero. Así mismo, para decidir el nombre de Vainilla.
Todos en la habitación guardaron silencio al escuchar hablar a mamá Dalia.
—Como olvidarlo mujer, si hasta parece que fue ayer.
—Que tiempos aquellos. Al final, ninguno de los dos ganó y la que decidió fue Dalia.
—Si, gracias a Dios —comentó Vainilla desde la cama con su hija en brazos—. Sino hubiera terminado llamándome Asdrúbala.
Todos en la habitación comenzaron a reír a la mención de ese nombre y a la idea de que Vainilla hubiera sido conocida así, todos, salvo dos personas, la propia Vainilla y el padre de esta, quien era el que había decidido ponerle así.
—Era el nombre de mi madre —se excusó el señor Cícero desde su cómodo asiento. No tenía nada de malo.
—¡Papá!
—Babú hubiera sido Drula —rió Pervinca.
—Cállate Vi.
—O peor aun, hubieras sido Grisamunda, Gerbera o Saxífraga.
No hay más que decir, toda la habitación estalló en risas, incluso Lala y Cícero.
—¡OYE! —exclamó Vainilla—. Por qué solo tienes buena memoria para las cosas humillantes y molestas.
—No sé, es un don.
Vainilla me miró enojada, ya sabía lo que venía.
—Le estuviste contando de nuevo, Felí —me dijo enojada.
Yo quería que me tragara la tierra, acaso era un crimen que si su hermana se mostraba interesada en una historia de la vida de Babú, no podía contársela. Yo no iba a saber con que segundas intenciones Vi quería escucharla, no era mi culpa.
—Vamos Vainilla, tienes un nombre bello y es lo que importa —la detuvo Jim antes de que se le ocurriera lanzarme algo.
Mi héroe pensé aliviada, las brujitas de la luz, de verdad son temibles a veces.
—Sí, pero fue porque mi mamá escogió mi nombre.
—También escogió el mío.
Un silencio sepulcral se hizo sentir en la habitación, nadie hablo por varios segundos. Las gemelas rompieron el silencio de pronto al hablar al mismo tiempo.
—¡Qué mamá escoja sus nombre!
Todos voltearon a ver a Mamá Dalia, quien se negó rotundamente.
—Anda mamá —suplicó Babú.
—Tu siempre eres buena para esto —pidió Vi.
—Por favor señora Dalia —rogó Jim.
—Dénos una ayuda o no acabaremos esto nunca —habló en tono calmado Grisam.
—No señores y señoritas. Ya hice mi parte, ahora es su turno. No hay nada más bello que un padre y una madre, escojan juntos el nombre de sus hijos.
—Pero mamá…
—Mamá nada, Babú. Ya eres una adulta.
—Genial, ahora mi hija se terminara llamando Gervasia.
Babú arrugó la frente y le lanzó un cojín a Vi.
—¡Oye!
—Tú te lo buscaste. Además era Gerbera no Gerbasia.
—Jaja, graciosa —Vainilla le iba a lanzar otro cojín a su hermana, pero Jim la tranquilizo.
—Vamos Babú, debemos pensar esto con detenimiento.
—Lo mismo digo Pervinca.
—Ok, no molestaré a Vainilla… por hoy.
—Ahora a pensar, señores y señoras —exclamé casi sin pensarlo.
Pasaron varios minutos, las dos parejas aun no decían nada. Mamá Dalia bajó a preparar chocolate caliente, diciendo que estaríamos aquí toda la noche. Aunque lo dijo en broma, parecía que así sería, quien creyera que los humanos sufrieran tanto por ponerle un nombre a sus hijos.
Para nosotras las hadas es mucho más sencillo, nosotras mismo buscamos nuestros tan bellos nombres. Sifelizyoserédecírteloquerré, Velolaflorqueflorecerá, Paratitraigocuatropétalosenelcorazón, Enlospulgarespicorsiento, Meacordarédetiacuerdatedemí o mi amiga eterna, Docesutilessoplosdeviento. La buena de Devien. Una idea iluminó mi mente y creo que hable sin pensarlo.
—¿Y por qué no dejamos que decidan las niñas como se llamaran? —comenté, todos voltearon a verme.
—¿Cómo esta eso hadita? —preguntó Vi.
—¿Qué escojan su nombre? Me parece una idea muy interesante —Babú se notaba atraída por la idea.
—Pero como, no podemos esperar a que sean mayores y nos digan como quieren llamarse.
—Si eso pasa, como llamare a mi hija. ¿Pervinca dos? —Vi le encajo un tremendo codazo en las costillas a su esposo.
—Cállate Grisam, aun me debes una.
—S-sí mi a-amor —fue lo único que logró responder.
—Entonces Felí, ¿como será? —me preguntó mi bruja.
Les conté como lo hacíamos en el reino de Rocío de Plata, la ceremonia tan grandiosa en la que una nueva hada nacía, heredando los poderes de su predecesora y a pocos segundos de nacer, ella misma escogía su nombre.
—Es… interesante Felí —comentó mi bruja—. Pero las niñas aun no saben hablar, como le harán para indicarnos sus nombres.
—Y si hacemos varios papeles con diferentes nombres y que ellas escojan.
—Me parece una idea…
—¡Brillante!
—No iba a decir precisamente eso, pero si crees que es buena. Adelante, haré lo que Babú.
—De acuerdo, todos escriban tres nombres —comentó Lala Tomelilla—. Pero ya saben…
—¡Siempre que sea el nombre de una flor! —respondieron las cuatro felices parejas.
—Entonces ya todo dependerá de ellas.
Las dos parejas comenzaron a escribir, Vainilla para suerte, tenía un lapicero a la mano y Jim, uno de sus lápices de diseño. Vi agarro lo primero que encontró que pudiera servirle para escribir y Grisam, tomo un esfero que usaba para firmar papeles importantes. Yo iba a ser le encargada de tomar los papeles.
—Acabé —mencionó Babú, sus nombres eran lindos y su letra magnifica.
—Lo mismo digo —también terminó Jim, no me gustaban sus nombres, ojala elijan los de Babú.
—Listo, tengo mis tres —exclamó Grisam, cuando recogí sus nombres, los trozos de papel estaban doblados. El muy pillo no me dejo leerlos.
—¿Cómo se escribe Cattleya con una "T" o con dos? —preguntó Vi, todos voltearon a verla.
Debo mencionar, que la letra de Vi seguía igual de fea que antes, por no decir, que ahora le entendía menos que hace cinco años atrás. Ojala su hija no herede su caligrafía.
—¿Cattleya? ¿De dónde sacaste ese nombre, Vi? —preguntó la pobre de Babú confundida.
—Es el nombre de una orquídea —respondió ella muy tranquila.
—No de cualquier orquídea, Vi —interrumpió Tomelilla—. Las Cattleyas o Cathleyas, son una variedad de las orquídeas más hermosas que hay, muchos las llaman, las reinas de las orquídeas.
Pervinca esbozó una sonrisa de triunfo ante este comentario, Vainilla estaba algo celosa.
—Felí —me llamó Babú—. Dame mis nombres, pondré unos mejores.
—¿Celosa hermanita? —habló Pervinca con un tono que molestó más a Babú.
—Ya porque medio te aprendiste un nombre de una flor —habló molesta Babú.
—No lo hice por suerte Babú —habló Vi en un tono algo serio, raro en ella—. Estuve investigando por días, es mi hija. Quería un nombre que representara lo que es para mí.
Escucharla hablar de esa forma tan hermosa, nos cautivó el corazón. Vi jamás había mostrado tal entusiasmo por algo en su vida, salvo por el Libro Antiguo. Pero verla expresarse de esa forma, el cuidado tan meticuloso a los detalles, era hermoso.
Babú se disculpó con Vi, al igual que Grisam.
La pareja de Mágicos de la Oscuridad, escogió al final ese nombre para su primogénita. De entre las flores, la más hermosa, la Orquídea y de entre las más hermosas, su Reina. No creo que hubo mejor nombre para esa niña.
—Entonces se llamará Cattleyas —mencionó orgullosa la madre de la bebé, luego agregó—. ¿Pero se usa una o dos "T's"?
Al final su nombre fue Cathleyas, no se quedó con Cattleyas, ya que Pervinca nunca se pudo acordar si se escribía con una o dos "T's", que se le va a hacer, Pervinca solo se aprendió el nombre, no como escribirlo.
Aunque a mi en lo particular me gusto el nombre, me puse a pensar y casi sin pensarlo, las palabras vinieron a mi mente.
—Cath —mencioné, luego reí.
—¿Pasa algo hadita? —pregunto Vi.
—No, solo que, quien no sepa su historia. Pensará que la niña se llama Catherine —sonreí nuevamente, a Vi y a Grisam les encantó la idea.
—Cath, suena lindo.
—Al parecer Felí, se te han pegado las manías de cortar nombre de Tomelilla —mencionó el Señor Cícero.
—Era mi bruja —mencione orgullosa.
—Y lo sigo siendo —respondió ella aun más orgullosa, luego me habló en secretos—. Te espero a la hora acostumbrada en el invernadero.
No podía estar más felíz, aunque no sabía de que le iba a hablar en la Hora del Cuento. Ya inventaría algo, lo cierto es que, iba a poder hablar a solas con mi querida bruja, mi Lala Tomelilla, a la que había extrañado tanto.
Jim y Babú por su parte, habían estado secreteándose todo el rato.
—Que opinas Jim —por fin rompió el silencio Babú.
—Creo que es lo mejor, es práctico y bello.
—Entonces, será ese.
—Si, me gusta.
— ¿¡Y bien!? —todos en la habitación preguntamos, incluso Mamá Dalia que acababa de llegar con el chocolate.
—Ya que la hija de Vi será la Reina de las Orquídeas —Pervinca se sentía en las nubes ante esta declaración—. Mi hija, será la Reina de las flores.
—Copiona —le recriminó Vi.
Todos en la habitación estábamos intrigados, que nombre será ese, pero Mamá Dalia, habló siquiera sin pensarlo, casi por instinto.
—¿Le pondrás Rosa? —preguntó Mamá Dalia tranquilamente.
—¡MAMÁ!
