Y va de cuento…

Una de las cosas que más me gustaba de todas, era la Hora del Cuento. Todas las haditas de Fairy Oak, le contaban a sus brujas acerca de las cosas que habían hecho sus niños durante el día.

Aunque mis niñas aun eran una bebitas, no quería perder esa oportunidad. De estar a solas con mi querida Tomelilla, desde que llegué, siempre había estado rodeado por mucha gente y no había podido hablar con ella con tranquilidad.

Pero ahora era la oportunidad… o tal vez no.

Me sentí como aquella ocasión, cuando recién llegué a Reino de Rocío. Me trataban como a una reina y querían saber todo de mí, aunque ya lo sabían. En esta ocasión, no fue para menos.

Siete pares de ojos me esperaban en el invernadero de Tomelilla, bueno, debería decir tal vez, siete pares y medio, ya que Cath y Rosita aun tenían los ojos cerrados, así que no contarían.

Estaban las Gemelas con sus nenas en brazos, bien abrigadas en unas suaves y mullidas colchas de lana. Acompañadas a su vez, por sus respectivos esposos, Jim Burium y Grisam Burdock. Por cierto, Grisam tenía una bandeja de bocadillos cocinados por mi querida Vi, aun me costaba ver a una Vi tan "femenina".

Lo cierto era, que Pervinca había decidido por su cuenta, abandonar su antigua imagen de chica poco femenina y crearse una nueva. Había decidido aprender a coser y junto con Flox, se metieron a estudiar con la tía de Shirley, también aprendieron a cocinar con la madre de Grisam.

Pobre señora Martha, ya me imagino la de accidentes que deben haber creado ese par, durante las primeras clases. No es que eran malas para cocinar, pero una vez Vi le preparó a Vainilla una infusión de mandrágoras para que se curara de la Varicela, pero olvido unos detalles importantísimos.

Cuando se arranca una Mandrágora de la tierra, hay que evitar sus gritos o podría ser más perjudicial que benéfico. Por suerte, yo si lo sabía y con ayuda de Mordillo, logré evitar que Vi cometiera un error fatal. Por desgracia, de lo otro sino sabía. Que lo que se usaba era la raíz de la planta y no su fruta, juro que parecía una manzana.

Pobre Vainilla cuando probó esa infusión, no dejo de alucinar por dos días completos. Ambas nos sentimos tan mal, en parte, porque yo también ayude a preparar la infusión que le dio Vi a Babú.

—Se hace tarde hadita, entra —habló Tomelilla interrumpiendo mis pensamientos.

—Y-ya voy —dije dubitativa.

Nuevamente ese montón de ojos se clavaban en mi, se fijaban en cada detalle de lo que hacia. Me recordó a mi estancia en Rocío de Plata.

Lala Tomelilla estaba sentada en su vieja mecedora, en su abrigo, había preparado un huequito para que me sentara yo. Volé instintivamente, olvidándome de que no estábamos solas. Pero mi fantasía se acabo.

—Te extrañamos Felí —habló emocionada Vainilla.

—Ya era hora de que regresaras —comentó Vi.

—No ha sido lo mismo sin ti, hada —sonrió Grisam.

—Es un gusto volver a verte. No se si me recuerdas —habló serenamente Jim.

—Claro. El chico que enamoro a mi Vainilla y la dejo esperando por el cinco años.

Jim sintió como si una tonelada de rocas lo iban a aplastar, Vi solo rió. Vainilla trató de consolar a su esposo, luego me reprocho. Que quería, ella era mi niña, su dolor también era mi dolor y hasta el día que me fui, la seguí viendo triste por amor.

—Perdón Babú —me disculpé—. Fueron los nervios.

—Más te vale —habló con un puchero.

—Esta hadita mía, ya extrañaba estos momentos —comentó feliz Lala al tenerme en su regazo.

—Y yo los extrañe a todos.

—Por cierto Felí, que nos contarás hoy —comentó la señora Dalia, quien estaba acurrucada en los brazos del señor Cícero.

—¿Contar?

—Claro hadita despistada, lo que hiciste luego de regresar a Rocío de Plata.

—¿Cuidaste de muchos niños más, Felí?

—No Babú, de hecho… luego de ustedes dos, no cuide a nadie más.

Hubo un silencio que me dio miedo, luego pequeños comentarios entre los oyentes.

—No creo que haya sido justo que no te dieran más niños para cuidar.

—Es cierto, tú fuiste la mejor hada que tuvimos.

—Vainilla, escribirás una Carta para ese Consejo de Hadas.

—¿Yo por qué?

—Porque de las dos, eres la escritora. Yo solo pinto.

—No será porque si la escribes tú, nadie la entenderá.

—Si, como sea. Lo harás.

—Si es por Felí, claro.

Las Gemelas ya se estaban empezando a alistar, ya hasta habían pensado en que cosas decirles al Consejo. Madredetodaslashadas, si las Gemelas hablaban, me iban a crear problemas a mí.

—¡ESPEREN! —grité asustando a todos.

—¿Qué sucede Felí?

—Las cartas llegaban, muchas. Pero era yo la que no quería ser niñera, no aun —exclamé algo triste.

—¿Por qué Felí?

—¿Nos extrañabas?

Yo solo asentí.

De inmediato estuve rodeada por un montón de abrazos, no solo mi antigua familia, sino la nueva también. El joven Grisam, esposo de Pervinca y padre de Cath, así como el joven Jim esposo de mi Babú y padre de Rosy, también me abrazaban.

Y les puedo asegurar, que si las bebitas no hubieran estado dormidas, también se hubieran unido en ese mar de brazos y caricias hacia mí. Se sentía tan lindo, en especial, porque luego de años intentando sin éxito, abrazarme sin aplastarme, por fin lo habían conseguido.

—Y bien hadita mía —comentó Tomelilla luego de que todos dejaron de abrazarme.

—¿Sí? —pregunté confundida.

—Esta noche es tuya, cuéntanos.

—Si, anda Felí, cuéntanos como te fue de regreso a Rocío de Plata.

—Dale hadita, no nos dejes con la intriga.

—Vamos Felí, ya mañana es Domingo, podrás descansar todo el día si quieres.

—Anda Felí.

Y así, cada uno de los presentes, me suplicó y me rogó, por saber, como había sido mi regreso a Rocío de Plata. Me sentí de vuelta en aquel día o más bien, aquella noche, cuando un centenar de haditas empezaron a interrogarme por mis aventuras en Fairy Oak.

Nunca me ha gustado recibir tanta atención, soy más bien del tipo de hada que huye de ella. Pero no podía negarme a la suplica de mi familia, aquella con la que durante años conviví e incluso, ayude a salvar.

—Bueno, pónganse cómodos. Esta historia será larga.

Jim se sentó en el suelo, frente a la mecedora de Tomelilla, le hizo un espació a Babú junto a ella. Vainilla amablemente se sentó junto a él. Me pareció increíble que la hija de mi brujita de luz siguiera dormida durante todo ese ajetreo.

Vi en cambio de un sentó, terminó de espaldas en el suelo, fue muy gracioso. Por suerte no tenía a Cath, viendo sus intenciones, Grisam se la había quitado y la estaba cargando él. Esta Pervinca, ni parece que hubiera estado hace poco luchando por traer una hija al mundo.

El señor Cícero y mamá Dalia seguían sentados frente a Tomelilla, eran quienes tenía el mejor lugar. Además de los que en el invernadero se mostraban más cariño. De vez en cuando Grisam le lanzaba una que otra muestra de cariño a Vi, pero esta solo le respondía dándole un codazo en las costillas. Babú por el contrarió, solo se sonrojaba con cada beso que le daba Jim, cada que hacia una pausa en la historia.

Parecía una noche interminable, llena de magia en el ambiente y lo mejor, todos en la casa Periwinkle me estaban poniendo atención. Me sentía como nunca, no solo por el hecho de haber regresado al que sentía como mi hogar, sino porque, estaba con mi familia.