Capítulo 2: Preparativos
Dedicado a la veela que quisiera impresionar con una túnica de gala :mmm:
Lo siguiente que Mankar recordaba era haber despertado en su habitación, a la mañana siguiente. Todavía jadeaba y sudaba, como si acabara de llegar corriendo del bosque. No había tenido ningún sueño la noche anterior, pero tenía en su mente imágenes de su visión tan vívidas que tenía la impresión de que acababa de experimentarla.
Se levantó y contempló su habitación, ahora coloreada por un tono anaranjado por la luz que se colaba difícilmente por entre la cortina, sin mirar nada en realidad.
Ruidos apresurados se escuchaban desde el primer piso de su casa, y también la voz de Merlín, el padre de Mankar, en tono bastante alto, que hacían parecer que estaba enojado... o asustado. Seguramente estaba hablando por teléfono, porque Mankar no podía percibir ninguna voz que le respondiera.
Era un poco temprano para despertarse, teniendo en cuenta que estaba en vacaciones, pero el chico no podía seguir durmiendo. A pesar de que sentía su cuerpo débil y cansado, como cada vez que tenía una visión, no podía dormir más.
Sentía una inmensa inquietud que lo obligaba a no quedarse quieto más tiempo. Empezaba a dificultársele recordar todos los detalles de la visión que había tenido la noche anterior. No era que quisiera recordarlos, porque ya estaba suficientemente aterrorizado, pero necesitaba hacerlo; necesitaba estar completamente seguro de si había sido en verdad una visión, o un sueño, o una combinación de ambas cosas.
Todo era posible. El límite de su capacidad mágica todavía era un misterio para Mankar. Pensaba que sus tiempos como vidente habían terminado en el momento que el Rubí de Gryffindor había desaparecido...
Sin embargo, había descartado aquello. Después de todo, su tío Haher conservaba las habilidades que le habían dado su Gema, podía seguir cambiando su apariencia a voluntado, y para Mankar seguía siendo igual de fácil realizar hechizos con fuego... Aunque hacía meses que no lo intentaba, porque tenía prohibido realizar magia por fuera de su colegio.
Mankar se levantó de su cama de un salto y se paró frente a la estantería donde tenía una gran cantidad de libros. Se quedó contemplando los títulos, sin saber qué debía buscar primero.
Sus ojos se pasaron por los libros de Harry Potter, que ahora eran siete, los cuales contaban las aventuras de un joven mago que se había vuelto famoso por vencer al más tenebroso de los hechiceros. Un chico con el cual Mankar se sentía identificado, que era tan real como él, por más de que los muggles creyeran lo contrario...
Intentaba pensar cuál de todos los libros le sería útil. Había dos cosas de su visión que obviamente no iba a olvidar: vampiros y hombres lobo.
No tenía idea de dónde leer acerca de vampiros... Sólo sabía de ellos lo mismo que todo el mundo: piel blanca, colmillos puntiagudos, se alimentaban de sangre...
Por lo que Mankar vio la noche anterior, podría pensar que ese bosque era territorio tanto de vampiros como de licántropos... Pero sabía que ambas criaturas podían ser civilizadas. Sabía de vampiros muy famosos, que eran escritores y cantantes, e incluso había escuchado que podían ser ministros de magia. Y los hombres lobo eran seres humanos normales, excepto las noches de luna llena.
Además... los licántropos que Mankar vio podían hablar. Por lo que sabía, eso no era normal. Así que tomó un libro sobre criaturas mágicas, Animales Fantásticos y dónde encontrarlos, se sentó en el suelo, buscó la página y leyó lo que decía sobre hombres lobo.
HOMBRE LOBO
Clasificación del Ministerio de Magia: XXXXX
Aquello significaba que eran criaturas peligrosísimas, imposibles de controlar y con reputación de asesinar magos. Había dos anotaciones allí: la primera había sido escrita, supuestamente, por Harry Potter y su mejor amigo. Decía «No todos son malos». La segunda hablaba sobre la clasificación que le daba el ministerio a los hombres lobo. Decía que ésta sólo se aplicaba cuando el hombre lobo sufría la metamorfosis, en luna llena.
Los hombres lobo viven por todo el mundo, aunque se cree que surgieron en el norte de Europa. Las personas se transforman en hombres lobo sólo cuando les muerde uno de ellos. No se conoce ninguna cura, aunque algunos desarrollos recientes en la preparación de pociones han conseguido aliviar los peores síntomas.
Una vez al mes, cuando hay luna llena, el mago o muggle afectado se transforma en una bestia asesina, no importa lo normal y cuerdo que sea en otras circunstancias. Es prácticamente la única criatura fantástica que se dedica de manera activa a cazar seres humanos, pues los prefiere a cualquier otra presa.
Mankar se habría preguntado si «viven por todo el mundo» incluía hábitats como los bosques, al menos en noche de luna llena, pero su atención se centró sobre la última oración. «La única criatura que se dedica a cazar seres humanos».
Se quedó mirando esas palabras en el libro, mientras sus recuerdos viajaban otra vez al bosque, y veía los hombres que fueron atacados por los vampiros y los licántropos. Todos los detalles volvieron a su mente, e incluso recordaba los gritos desesperados...
Mankar escuchó unos pasos apresurados que subieron las escaleras, cruzaron rápidamente el pasillo y, segundos más tarde, volvieron a bajar al primer piso.
Aquel par de hombres... fueron asesinados por los vampiros y los licántropos. El chico recordó las palabras que escuchó.
—Tienen algo que nos pertenece.
—¡Nosotros sólo queríamos devolverles...!
Ni a los hombres lobo ni a los vampiros les importó si el hombre decía o no la verdad. Sólo les importaba que éste tenía algo de ellos, fuera lo que fuera. No comprobaron nada, sólo actuaron por instinto.
—Sí, tiene que despertarse pronto —dijo la voz de Merlín desde el primer piso. Estaba hablando de Mankar, muy seguramente.
Se quedó sentado en el suelo, todavía sumergido en sus pensamientos...
Imaginó la expresión de sus mejores amigos al enterarse de lo que Mankar había visto en su visión. Muy probablemente el cabello de Haher se volvería completamente blanco de miedo y Gonza disimularía muy bien su inquietud intentando tranquilizar a Mankar, o contándole una leyenda sobre vampiros y licántropos.
Mankar quería convencerse de que todo había sido un sueño, y pensaba que podía serlo, ya que las criaturas que vio no eran precisamente lo que los libros y los conocimientos de Mankar le decían.
Tomó el tercer libro de Harry Potter y buscó la página en que uno de los personajes se transformaba en hombre lobo.
... La cabeza de Lupin se alargó, igual que su cuerpo. Los hombros le sobresalían. El pelo le brotaba del rostro y las manos, que se retorcían hasta convertirse en garras ...
No encontró nada más que le describiera un licántropo. Sabía que no debía ni siquiera molestarse en buscar sobre un vampiro, porque no lo encontraría, por más de que eran nombrados en la serie.
También debía considerar, como no dejaba de repetirle a sus alumnos la profesora de Estudios Muggles, Fairy Black, que probablemente lo que los libros de Harry Potter narraban no era completamente cierto, pues los muggles también tenían acceso a ellos y no era conveniente que ellos conocieran secretos del mundo mágico.
El fragmentó que leyó no le creaba una imagen muy detallada de un hombre lobo. Sin embargo, el licántropo que Mankar vio en su visión coincidía con esta descripción.
—Renzo... —susurró en voz muy baja.
El nombre de uno de los licántropos salió de su boca sin que se diera cuenta. Era un nombre bastante extraño. Tuvo la certeza de que jamás lo olvidaría.
No podía evitar seguir recordando todo lo que había visto. Su respiración se aceleró de nuevo cuando recordó cómo se lanzaba la manada de licántropos encima de su presa...
Volvió a mirar la página del libro de criaturas, y una frase captó su atención, la cual Mankar miró con desprecio. «No todos son malos». Seguro.
Se estaba preocupando sin sentido. Había tenido una visión de algo que no sabía dónde o cuándo ocurriría, o si ya había ocurrido. Era la primera vez que tenía una visión de algo tan... ajeno a él.
Se preguntó si la noche anterior había dicho algo con relación a su visión. Sintió escalofríos. Cada vez que tenía una visión, recitaba lo que veía con una voz profunda y espeluznante.
Supuso que las palabras que habría pronunciado mientras estuvo en trance probablemente no le hubieran aclarado nada, pues sabía que el contenido de las profecías que él hacía nunca decían algo concreto. Bueno, en realidad sólo conocía el contenido de una de ellas, la primera que había hecho.
Entonces, Mankar se preguntó si la visión que había experimentado era del futuro o del pasado. Quizás, si era algo que aún no había ocurrido, podía hacer algo para evitarlo. Ésa era entonces la razón por la que él había tenido esa visión. Pero ¿cómo podía saberlo? No tenía idea quiénes eran los hombres, o dónde se encontraba ese bosque... nada de lo que pudiera investigar.
Excepto una cosa.
No todas las noches hay luna llena, pensó.
Mankar se dirigió a su escritorio, donde tenía guardados sus útiles escolares, para buscar su libro de Pociones, que incluía un calendario lunar del año 2007, el cual usaban en clase para saber cuál era el mejor momento para cortar algunas de las plantas que utilizaban como ingredientes.
Mientras lo tomaba y lo abría buscando la página, volvió a escuchar pasos subiendo las escaleras. Cruzaron el pasillo, oyéndose cada vez más fuertes, hasta que se detuvieron frente a la puerta de la habitación de Mankar. Se abrió lentamente sin golpe previo.
—¡Abue! —exclamó el chico, mirando a la mujer pelirroja que se asomó con una sonrisa, vestida de un color rojo, muy elegante.
Cuando Mankar vio el vestido de Gaby, sus ojos se abrieron como platos, y su corazón dio un brinco, impactado por haber olvidado aquello que se llevaría a cabo ese día. La boda de su padre.
—Qué bueno que estás despierto, corazón —dijo Gaby, abriendo la puerta por completo y entrando en la habitación. Hablaba bastante rápido y lucía un poco agitada—. Vamos, tienes que vestirte pronto.
La abuela de Mankar entró y le dio un beso en la cabeza. Volvió a salir dejando la puerta abierta.
Mankar miró con fastidio hacia la silla de su escritorio, jugueteando con el libro en sus manos. Estaba ahí doblada la túnica de gala que su padre le había comprado. Era de un color rojo escarlata.
Había olvidado por completo que ese día era la boda de su padre, con la profesora Sorceress Black. Eso explicaba todo el revuelo que provenía del primer piso.
Se sentía muy feliz por ellos dos, pero también hubiera preferido ahorrarse todo eso de la ceremonia...
La profesora Sorceress dictaba la clase de Transformaciones. Era una mujer muy alegre, dulce y paciente. Mankar no se acostumbraba a la idea de que era cuestión de horas para que ella hiciera parte de su familia, para que ella se convirtiera en su madrastra.
«Madrastra»... Se oía un poco feo. Mankar se preguntaba cómo sería la relación entre él y ella a partir de ese día. Se habían visto muchísimas veces durante aquellas vacaciones, pero todo sería muy diferente cuando empezaran las clases en el Colegio de Hechicería Harrylatino.
Aunque en un principio no tendrían que verse mucho, pues Sorceress planeaba tomar unas vacaciones para estar un tiempo con Merlín. Quedaba menos de una semana para el inicio de clases.
Volvió a mirar sus libros de estudio. Casi había olvidado lo que quería buscar en su libro de Pociones. Lo volvió a abrir buscando rápidamente la página del calendario lunar, pero ahora su corazón latía tan bruscamente que no podía concentrarse.
—¡Rápido, o se te hará muy tarde! ¡Nosotros no tardamos en salir! —exclamó la voz ansiosa de Gaby, desde abajo.
Mankar dedujo que su padre estaba a punto de irse. Tenía que llegar más temprano al Ministerio de Magia, donde se llevaría a cabo la boda, para terminar de prepararse. Gaby y Mankar tenían que llegar también un poco antes, porque iban a ayudar a organizar el lugar.
Antes de que se le cruzara por la cabeza la idea de bajar a saludar a su padre y desearle suerte, escuchó una especie de estallido, que indicaba que Merlín se había desaparecido.
—Corazón, apresúrate; tu padre ya se fue —gritó Gaby desde las escaleras.
Mankar hizo ademán de salir corriendo a preguntarle a su abuela algo acerca de vampiros y licántropos, cosa que hasta ese momento no se le había ocurrido hacer, pero miró el reloj y se dio cuenta de que en verdad se le hacía tarde. Dejó el libro en el escritorio y pensó que lo mejor sería buscarlo más detenidamente en otra ocasión.
Desayunó, se bañó y se vistió rápidamente. Gaby terminaba de preparar unos adornos que desaparecían cuando movía su varita, los cuales con seguridad eran transportados al lugar de la ceremonia. Por la expresión de su abuela, Mankar pensó que no era el momento apropiado para preguntarle sobre hombres-bestia.
—¿Estás listo, mi niño? —preguntó en cuanto Mankar bajó las escaleras, con su túnica de gala puesta—. ¡Ah! ¡Te ves fantástico!
El chico se miró una vez más al espejo, sonriente. No lucía para nada mal. Quizás su aspecto habría impresionado hasta a una veela.
—Quiero ver la cara de tu padre cuando te vea. Esa túnica te queda perfecta —sonrió Gaby. El chico le agradeció—. Muy bien, toma de mi brazo fuerte. Vámonos, que ya deben de estar por llegar los invitados.
Mankar vaciló. También había olvidado que su abuela lo llevaría al ministerio apareciéndose. Detestaba aparecerse y tenía muy presente lo peligrosa que era la aparición conjunta.
Agarró fuertemente el brazo de su abuela y ella le hizo una expresión tranquilizadora. Toda una auror como Gaby Weasley sabía perfectamente lo que hacía. No había nada que temer. Mankar cerró los ojos.
De repente, se sintió aplastado por una fuerza invisible que provenía desde todo sentido. No podía respirar y sentía que estaba perdiendo los sentidos... Era una sensación insoportable. Como siempre, se preguntaba si estaban viajando a una velocidad o si cada viaje apareciéndose duraba exactamente lo mismo... Se sintió cada vez más desesperado, hasta que por fin terminó, lo cual significaba que habían llegado a su destino.
Mankar se tambaleó durante un instante, todavía con los ojos cerrados. Inhaló con fuerza, como si acabara de emerger del agua y hubiera contenido la respiración durante un buen rato.
Entonces, cuando se sintió recuperado, Mankar abrió los ojos para encontrarse con el deslumbrante atrio del Ministerio de Magia. Empezaron a andar con paso rápido.
El suelo estaba cubierto de brillantes baldosas color crema, las cuales reflejaban todo casi como un espejo. A lo largo de las paredes del amplio atrio, se repartían docenas de chimeneas, de las cuales ocasionalmente salían magos y brujas. El alto techo sostenido por gruesas columnas era blanco y de piedra, y en algunos lugares de éste se movían con gracia figuras que representaban personajes mágicos históricos.
Varios grupos de magos caminaban de un lado para otro. Mankar vio que él y Gaby se habían aparecido sobre una especie de círculo de color azul eléctrico, en el cual seguían apareciendo magos y brujas, produciendo un sonido parecido al de un estallido, amplificado ligeramente por el eco.
Más allá, en el camino hacia donde se dirigían, había una gran fuente dorada, la cual se encontraba al aire libre. Era una estatua que cambiaba de forma continuamente, conforme pasaban los minutos. Primero era una sirena, luego un elfo doméstico, luego un centauro... Siempre un ser que podía razonar. A Mankar le pasó por la cabeza la idea de que la estatua se convirtiera de repente en una de las criaturas que vio en su visión.
—Abue... —comenzó, intentando encontrar la mejor forma de preguntárselo.
—Ya, ya, corazón, es por aquí —respondió Gaby, continuando con su paso apresurado y sin mirar a su nieto—. Haher te debe estar esperando...
La fuente era el centro de una especie de plaza, de la cual se desprendían amplios caminos en todas las direcciones, rodeados por altas paredes de piedra que sostenían de nuevo un techo blanco, y que terminaban en edificios bajos de majestuosas puertas dobles abiertas. Mankar siguió a Gaby, que se dirigía a uno de los caminos, rodeando la fuente.
—Mira, mira —dijo Gaby, señalando hacia el final del pasillo por el que caminaban ahora, aún con voz ansiosa—. Hacia allá queda el Departamento de Seguridad Mágica, que es donde yo trabajo.
Mankar asintió, echando un breve vistazo a las enormes puertas que dejaban ver una enorme sala blanca, con escaleras de piedra y gente caminando de un lado para otro. Una pregunta le atravesó la cabeza repentinamente.
—¿Y el Departamento de Misterios? ¿Por dónde queda?
Miró a todos los caminos y supo la respuesta antes de que Gaby se la diera. Era el camino que menos magos cruzaban, que llevaba a un edificio oscuro y lúgubre. Las grandes puertas de éste eran de un azul oscuro y eran las únicas que no se mantenían abiertas.
—Por allá, pero está prohibido entrar —respondió Gaby, indiferente.
Sintió una inmensa curiosidad por ese lugar. Quería visitarlo; quería entrar a la Sala de las Profecías, que seguramente encontraría adentro, y buscar alguna que él mismo hubiera hecho. Quizás habría encontrado la profecía que hizo la noche anterior y podría escucharla... e incluso podría haber algo allí que le explicara más sobre su don.
Gaby murmuraba cosas que Mankar no lograba entender. Su cara se veía arrugada, mucho más que de costumbre. Debía estar demasiado estresada y Mankar comenzaba a preocuparse por ella.
—¿Te encuentras bien? —preguntó tímido.
—Sí, mi niño —dijo, sin desviar la mirada del camino—. Sigo un poco impactada por las noticias de hoy... Sólo es eso.
Gaby se detuvo a mitad del pasillo, frente a una gran puerta de madera oscura, y, antes de que Mankar pudiera preguntar qué noticia la tenía tan preocupada, anunció:
—Llegamos.
Abrió la puerta y se encontraron con una inmensa sala en la que había numerosas sillas ubicadas en filas a ambos lados de una alfombra púrpura que cruzaba el lugar. El techo era de color azul, en el cual había símbolos de cuerpos celestes. La pared del fondo era un cristal inclinado de color azul oscuro, por el cual bajaba agua sin cesar, aunque no se podía ver a través de él. Un grupo de personas se encargaba de organizar mesas junto a los muros, y colocaban adornos en todas partes.
Un chico de túnica verde esmeralda, de la misma estatura de Mankar aunque un poco más robusto, acomodaba sin magia algunas de las sillas, pues tampoco podía usar la varita mientras se encontrara fuera de Harrylatino.
—¡Haher! —lo llamó Mankar. Su tío y mejor amigo lo volteó a mirar, sin detener su trabajo.
—¿Qué tal? —respondió Haher sonriente, dejando una silla en el suelo. Miró con sus ojos, en ese momento azules, a Mankar, y algunos mechones de su cabello verde, a juego con su túnica de gala, se volvieron de un color rojo oscuro por un instante. A Mankar le hacía gracia ver cómo su tío metamorfomago cambiaba el color de su cabello cada vez que sentía alguna emoción.
—¿Cómo estás, príncipe? —saludó Gaby a Haher—. Qué bueno que ya estás terminando. Entonces iré por tus hermanas; ya deben estar listas. Dense prisa, que los invitados deben estar por llegar —miró la hora en su reloj y luego besó a los dos niños—. Regreso enseguida.
Gaby tuvo una expresión de impaciencia y se retiró rápidamente del lugar.
—Odio que se comporte como si todo fuera de vida o muerte —se quejó Haher.
—Creo que la afectó una noticia... —explicó Mankar, recordándolo de repente. Empezó a ayudar a Haher con las sillas.
—Ah... sí... Es horrible —dijo Haher, deteniéndose de pronto y cambiando el tono de su voz.
—¿Qué ocurre? —preguntó Mankar, comenzando a alarmarse.
—¿No lo sabes? —dijo Haher, mirando a su amigo a los ojos con expresión preocupada.
Mankar negó con la cabeza, aunque la respuesta era obvia. Haher continuó:
—Los directores de HL llevan más de un mes desaparecidos. Han dado por muertos a Cronista y Andrés.
