Domingo en la Mañana.

El Domingo había llegado, el olor más delicioso del mundo inundaba la casa. Pensé que jamás podía volver a oler las panquecas del señor Cícero. Salí de mi cama, la cual, luego de tantos años sin usar, seguía tan suave y cómoda como la última vez que en la había dormido.

Baje apresurada, Babú como de costumbre aun dormía en la cama en compañía de su nenita. Pero de Vi, no había señales en su cama, así como de su nena. Curiosamente al fijarme con más detenimiento, no era la hija de Vainilla, sino la de Pervinca, la que dormía con ella, raro, pensé sin darle mayor importancia y baje presurosa.

Tenía una cita con una montaña de pan… ya era tarde.

Cuando llegué, Grisam se había comido la última de las panquecas, horriblementemalvado Brujo de la Oscuridad pensé. No solo había devorado la mayor parte de los bocaditos ayer en la noche, sino esto, hice un puchero y volé a la cocina.

—Hola Felí.

Pervinca se encontraba cocinando, en compañía de mamá Dalia, a saber donde estaba la bebé de Babú, ya que no la había visto en ninguna parte. Lo más seguro es que estaba con su padre, el joven inventor arreglatloodo Jim.

—Toma, te prepare estas especialmente para ti.

Increíble, ahora Vi era la cocinera de la familia y no lo hacia nada mal, sus tortitas no tenían nada que envidiarles a las de su padre. Aun mejor eran sus dulces, la señora Martha y madre de Grisam, me enteré que muchas veces le había pedido a Vi se mudara con ellos y los ayudará en la tienda, pero Vi se negaba siempre.

En el fondo Vi es una chica muy cariñosa y que puede hacer todo lo que se propone, ya lo sabia. Pero mi joven brujita siempre se dejaba tentar por su lado oscuro y hacia todo usando "atajos", por eso jamás le salía nada como ella esperaba.

Supongo que la edad la hizo madurar, eso era bueno. Aunque, ahora que lo pensaba, si Vi cambio para bien. ¿Vainilla cambio para mal? Pensé algo confundida, Babú, una bruja de la luz, que normalmente despierta con el sol y a veces antes para saludarlo. Dormía placidamente a pierna suelta en la cama.

—No puede ser. ¿Vi es Babú y Babú es Vi? —hablé sin pensarlo, hada boca floja.

—¿Perdón? —exclamó Babú quien acababa de entrar a la cocina, tenía toda la cara de recién levantada y como nunca, su cabello estaba todo enredado.

¡Sabiahadadetodas! —exclame temerosa.

Tenía mis sospechas, pero quizás me habían cambiado a mis niñas durante todos estos años sin verla.

—Vi, verdad —señale a Pervinca.

—Sí.

—Babú, cierto —apunté a Vainilla, esta respondió con un largo bostezó.

—¿Ya esta la comida? —preguntó Babú luego de tallarse los ojos.

—Por Dios. ¿Qué hicieron con mis niñas? —exclamé aun más asustada.

—Felí, ayer luchaba para traer a mi hija al mundo —bostezó de muevo—. Recién a las cuatro me pude acostar. Porque mi querida hermanita dormía como piedra y su hija no dejaba de llorar. Tuve que andar de su niñera toda la noche.

Eso explicaba porque Cath, la hija de Vi estaba en la cama de su tía.

Babú le lanzó una mirada enojada a Vi, esta solo levantó los brazos como quien dice "perdón". Luego tomó una de mis panquecas.

—¡Oye! Son mías.

—Lo siento, aun no desayuno. Además, necesito tener algo en la tripa para poder continuar con mi cuento.

Diciendo esto, Babú se llevó mi montaña de panquecas, pero eso ya no me importaba.

—¿Cuento?

—Así es, Vainilla esta escribiendo un cuento infantil —respondió mamá Dalia rellenando mi plato.

—Cuento —pero el desayuno ya no me importaba, necesitaba ver algo más.

Salí volando de la cocina lo más aprisa que pude. No recuerdo si agradecí o no la comida, pero luego pediría perdón. Debía ver a mi querida Babú trabando.

—Si vas a ver a Vainilla, esta en la oficina del señor Cícero.

Me guío Jim, quien jugaba animosamente con su hija. Grisam también estaba con la suya, al parecer Vainilla bajó con la bebé y se la dio a su padre. Supongo que fue antes de entrar a la cocina, pues cuando Babú entro, no llevaba a la niña.

—Gracias, necesito ver…

—¿Su cuento?

Interrumpió Grisam.

—Sí.

—Te encantará Felí, se trata de un Hada que…

—¡Calla! No me arruines la sorpresa.

Volé por toda la sala, estaba tan emocionada que no me fije que casi me estrello varias veces. Por fin llegué donde estaba Vainilla, estaba realmente emocionada, mi niña era una escritora y no cualquiera. Escribía cuentos infantiles, que emoción me daba.

Mi corazón latía.

—¿Babú?

Entre volando tan rápido, que varios papeles salieron volando.

—¿Creí que cerré la ventana? —exclamó Babú confundida.

Yo ni siquiera había hablado, me quede estupefacta sobre el libro de Vainilla, leyéndolo, mientras esta se apresuraba a cerrar la ventana, que si estaba cerrada.

—¿Qué raro? Entonces de donde vino ese viento.

Era la historia de una pequeña hada de la luz, que había llegado a un mundo lleno de magia, para cuidar de dos pequeñas aun más mágicas. Vivió con ellas durante quince años, las acompañaba en todas sus aventuras, las protegió de un perverso enemigo, incluso, las ánimo cuando el amor les llego.

—¡Felí!

Vainilla se asustó al verme leyendo, yo solo estaba llorando de la emoción, estaba leyendo la historia más maravillosa de toda. La historia de un hada increíble y muy buena, casi tanto como mi heroína "Sombralevedenieveviene", quien también arriesgó su vida para salvar a sus niñas.

—Va-Va-Vai-Vainilla —exclamé toda llorosa.

—¿Qué pasa mi hadita?

—Esta historia es linda —ella asintió.

—Me alegra que te guste. Y se pondrá mejor, ya verás.

—Babú, te puedo preguntar algo.

Vainilla se notó muy curiosa ante mi pregunta luego de hojear su trabajo, estaba algo intranquila, yo diría.

—Adelante. Pregunta lo que quieras.

—Esta hada tan valiente y querida por todos…

—Ajá.

—¿Podría conocerla?

No entendí porque, pero Vainilla estalló en risas.