Capítulo 4: Siguiendo sus pasos
Las pesadillas atormentaron a Mankar durante esa noche, más que de costumbre. Revivía su visión con todos los detalles, como si la hubiera estado experimentando de nuevo.
Despertó bastante temprano. Aquel día también fue por culpa de un ruido que escuchaba: pasos que subían y bajaban las escaleras apresuradamente, la tapa de una olla golpeándola al cerrarse, la voz de Merlín hablando por teléfono.
Mankar todavía reflexionaba mucho acerca de lo que ocurría. Lo inquietaba mucho, no sólo por la muerte de los directores, sino también porque le estaba afectando a él y a su padre.
Gaby tenía mucha razón en estar preocupada. Era probable que conociera todo lo que implicaba lo que ocurría. Eso, sumado al hecho de que Taz había asistido a la boda...
Decidió bajar a desayunar. Se levantó de su cama y salió de su cuarto. Acababa de escuchar pasos subiendo las escaleras, por lo que le sorprendió escuchar ruidos provenientes del primer piso. Iba camino a ellas, cuando una voz lo paralizó.
—Buenos días, ¿cómo amaneciste?
Mankar brincó y se dio la vuelta. La profesora Sorceress... es decir, su nueva madrastra, salía de la habitación de su padre. A pesar de que era temprano, ella ya se había vestido y arreglado. Mankar se sorprendió mucho de verla; había olvidado por completo que Sorceress vivía ahora en su casa.
—Bien profe... digo... —Mankar soltó una risita—. Bien, ¿y usted?
Sorceress sonrió también, mientras se acercaba al niño. Él no tenía confianza para tutearla, y mucho menos para llamarla por su nombre, o de alguna otra forma.
—Muy bien —dijo alegremente, caminando hacia Mankar—. Hoy te llegó una lechuza del colegio, con la lista de útiles.
—Ah, no la he visto —respondió, tratando de sonar natural.
Bajaron juntos las escaleras y Mankar se dirigió a la cocina para saludar a su padre. Abrió la puerta. Allí estaba Merlín, que preparaba con torpeza algo de comer, y había otra persona que hizo brincar a Mankar de nuevo por la sorpresa. Juanma Black estaba sentado a la mesa, mirando un periódico.
Su... nuevo hermanastro (¡qué raro sonaba!) volteó a mirarlo. Por un corto instante, fue la misma mirada que el día anterior, intimidante... pero luego se transformó en una expresión alegre y sonriente.
—¡Hola! —dijo muy animado, con una voz gruesa y con un acento extraño, moviendo una mano en señal de saludo—. Soy Juan Manuel, el hijo de Sorceress.
—Hola —respondió Mankar muy tímido, todavía sin recuperarse por completo de la impresión.
—Hola, hijo —saludó Merlín volteando la cabeza y sonriendo.
—Ahora somos hermanos —continuó Juanma con entusiasmo. Mankar asintió sonriendo. Sorceress rió.
—Ven, siéntate con Juanma y conózcanse un poco, mientras yo le ayudo a tu padre.
Ella se dirigió a donde estaba Merlín. Los platos sonaban con fuerza al colocarlos uno encima del otro; su padre estaba siendo muy poco cuidadoso. A veces gemía y murmuraba cosas. Lucía bastante nervioso y Sorceress intentaba tranquilizarlo. Sin duda alguna era por lo que había hablado con la ministra de magia el día anterior.
—Empiezas segundo curso en Harrylatino en septiembre, ¿verdad? —preguntó Juanma cortésmente.
—Sí —asintió Mankar intentando decirlo de forma natural—. El primer curso fue bastante duro, pero creo que ya logré adaptarme y el próximo no lo será tanto.
—¿Por qué? —preguntó Juanma, doblando el periódico—. ¿Son muy estrictos allá?
—No es eso —respondió Mankar—. Tuve... problemas.
—Ah, claro... —La mirada de Juanma se desvió un instante en dirección a su madre, y volvió a enfocarse en Mankar—. La verdad es que me sigue resultando muy difícil de creer que la profesora Devil esté involucrada en semejantes cosas. Bueno, es que yo la conozco, y confiaba mucho en ella. Ahora no sé qué pensar.
Sorceress y Merlín hablaban en voz alta, ella tratando de animarlo, y reían de vez en cuando.
—De todas formas, aún no se ha comprobado nada, ¿cierto? Tal vez exageren un poco.
Mankar prefirió evitar responder a eso, y más con su padre tan cerca.
—Pero también tuve problemas... con la varita. Es que se me dificultaba mucho hacer algunos hechizos.
—Sí, es normal que ocurra —dijo Juanma encogiendo un poco los hombros—. Pero este año tendrás profesores nuevos, ¿no?
—No sé...
Lo único que Mankar sabía sobre eso era que ese curso tendría una nueva profesora de Transformaciones, pues Sorceress planeaba viajar con Merlín pocos días después del inicio de curso y durante varios meses.
—Yo sí sé —sonrió Juanma. Mankar imitó el gesto pero no se atrevió a preguntar.
—Juanma cuéntale de dónde vienes, a qué te dedicas... —insinuó Sorceress, quien se había acercado a la mesa sirviéndoles el desayuno.
—Soy un inefable —le dijo Juanma a Mankar, y se quedó mirándolo esperando su reacción.
—¿De verdad? —preguntó el niño, impresionado.
—¿Sabes qué es?
—Trabajas para el Departamento de Misterios.
—Exactamente —dijo Juanma con entusiasmo—. Estuve en Europa durante cinco años y me ofrecieron un trabajo aquí que no podía rechazar. Cuando mi madre me contó que se casaría con Merlín, tomé el primer vuelo.
—¿A qué te dedicas en el Departamento?
—No te puedo decir —respondió después de reírse.
Mankar se había interesado bastante por la profesión de Juanma. Con seguridad él sabía bastante sobre las profecías. Él las estudiaba. Era parte de su trabajo.
—¿Vas a vivir acá? —preguntó Mankar.
—No, no, no —respondió Juanma negando enérgicamente con la cabeza—. Pasé la noche aquí porque acabo de llegar de mi viaje y no tengo dónde quedarme. Tu padre muy amablemente me ofreció quedarme aquí unos dos días, ya que viajaré para comenzar a trabajar.
—Puedes estar aquí cuanto gustes, Juanma —intervino Merlín, sentándose a la mesa y guiñándole un ojo—. Parece que la próxima semana ya no habrá nadie aquí —añadió con una risita.
A la semana siguiente, Merlín y Sorceress viajaban de vacaciones, y Mankar también viajaba el viernes al sur del continente, pues comenzaban las clases en Harrylatino.
—A propósito, te llegó una carta del colegio —dijo Merlín a Mankar. Extendió una mano y buscó entre el periódico y otros papeles que había sobre la mesa, y le dio a Mankar un sobre de pergamino que tenía un sello de color verde esmeralda.
Mankar lo tomó y lo abrió.
COLEGIO DE HECHICERÍA HARRYLATINO
Estimado señor Weasley,
Le recordamos que el expreso del Colegio de Hechicería Harrylatino sale el próximo 1 de septiembre. Enviamos también una lista con los útiles y libros que necesitará en su segundo curso.
Cordialmente,
Vito
Director encargado
—Las clases transcurrirán normalmente —observó Mankar—. No habrá ningún cambio por lo que pasó con Cronista y Andrés.
Las últimas tres palabras las pronunció lentamente, dándose cuenta de su error. Lo mejor era evitar el tema, porque su padre ya lucía bastante aterrado por la situación.
—¿Cuándo iremos a comprar los libros? —preguntó cambiando de tema con la esperanza de que su padre le siguiera la conversación y despejara su mente.
—Hoy mismo —respondió Merlín, un poco más pálido.
Mankar tenía muchas ganas de hablar sobre ello. Necesitaba que su padre le contara todo lo que no le había dicho en los últimos meses. Merlín estaba involucrado en problemas muy graves, todo para proteger a su hijo, y no le había contado nada para no preocuparlo.
Pero Mankar sentía que ya no era un niño a quien debían ocultarle las cosas. Era por esa misma razón que habían ocurrido tantos problemas desde hacía un año...
Tenían que hablar del tema, pero era difícil abordarlo, en especial ahora que Sorceress no se despegaba de Merlín, y Mankar no se sentiría cómodo hablando de ello en presencia de su madrastra.
La mañana transcurrió rápidamente. Después de desayunar, Merlín le pidió a Mankar que se vistiera pronto, porque pretendían salir en menos de una hora para ir al Wizentro, el centro comercial de los magos, donde comprarían los útiles escolares que Mankar necesitaría en Harrylatino.
Juanma y Sorceress los acompañaron. Al salir de la casa, Merlín pidió el autobús noctámbulo, que apareció de la nada de inmediato, de tres pisos y del mismo color morado que Mankar recordaba.
Mankar quería sentarse junto a su padre, para poder hablar un poco, pero él se sentó con Sorceress tan pronto como le pagó al cobrador, así que no tuvo opción más que sentarse con Juanma.
Su hermanastro no le desagradaba; al contrario, le caía bastante bien. Todavía recordaba con claridad la sensación que tuvo la primera vez que lo vio a los ojos, pero ya sentía que había sido solamente su imaginación.
El autobús se puso en marcha con brusquedad y aceleró muy rápidamente.
—¿Qué se necesita para ser inefable? —preguntó Mankar a Juanma.
—Principalmente —le respondió—, el deseo de conocer los misterios del mundo mágico. ¿Te interesa? —Juanma sonrió y miró a Mankar.
—Tal vez —dijo Mankar dudoso.
—No cualquiera puede ser inefable —continuó Juanma—. En el Departamento de Misterios se estudian cosas que se mantienen en secreto para el mundo mágico. Imagínate si se revelaran y alguien los usara para el mal...
—Como las profecías.
—Sí —dijo Juanma—. Y no muchos consiguen llegar a ser inefables. Es muy difícil que se confíe este trabajo a alguien.
—¿Y el trabajo que te ofrecieron hace poco... está relacionado con esto?
—Ehhh... —Juanma aumentó el volumen de su voz, hablando con tono misterioso, y sonrió—. Podría decirse, sí.
Era evidente que no le contaría nada al respecto, así que Mankar prefirió no preguntar.
«Los misterios del mundo de la magia... —se dijo Mankar, cayendo en la cuenta de algo—. Los estudian y los mantienen en secreto para que no caigan en malas manos... ¿Los inefables sabrán algo de las Gemas de los Elementos?»
Se moría de la curiosidad. Quería preguntarle a Juanma... Sabía que era alguien de confianza (por algo era inefable, además de ser el hijo de Sorceress), pero sentía que no era el momento para revelarle nada. A menos que su madre le hubiera contado algo...
Tenía que esperar. Juanma tampoco confiaba en él lo suficiente. Quizás si Mankar le hablaba sobre las Gemas, él le dijera que no sabía nada... Y, por otro lado, Juanma dudaba que fuera verdad lo que había hecho Devil... ¿Y si eran amigos...?
Durante el recorrido hasta el Wizentro, Juanma y Mankar siguieron hablando sobre otros temas. Juanma estaba muy interesado acerca de cómo era Harrylatino. Mankar le explicó cada detalle y le contó varias anécdotas graciosas que había tenido con Haher y Gonza.
—¿Es verdad que cada estudiante tiene un puntaje personal y que gana puntos de acuerdo a sus calificaciones?
—Sí. —Mankar asintió con la cabeza—. No es como el Hogwarts de Harry Potter, pero se parecen un poco. El que más puntos obtiene al final del año, gana el Premio Anual. Y la casa que más puntos tenga, la Copa de las Casas. Pero hay más formas de ganar puntos en HL...
—¿Cómo?
—Por ejemplo, con los clubes —explicó Mankar—. Son habitaciones que podemos usar para lo que queramos. Y también podemos afiliarnos a los clubes de los demás, pero sólo a diez de ellos. Ganamos cuarenta puntos por hacerlo, y quince si alguien se afilia al nuestro. O, bueno, así era el curso pasado —añadió.
Juanma asintió con la cabeza, no muy atraído por la idea.
—También está la Copa de los Tres Magos.
—¿Qué es?
—Es una copa idéntica a la de la película de Harry Potter (no sé si la has visto...), que puede aparecer en cualquier parte del castillo, y el primero en encontrarla gana cincuenta puntos.
—Vaya... —respondió Juanma con entusiasmo—. Debe ser emocionante correr por todo el castillo buscándola.
Mankar asintió sonriendo.
—Yo nunca lo logré... —se lamentó Mankar. La razón de esto era porque para agarrarla necesitaba un hechizo, y nunca pudo realizarlo—. Era bastante difícil.
—¿Y ganan puntos jugando quidditch?
—No, en realidad no. Sólo se jugaba por diversión, pero el juego atraía bastante público.
Juanma se disponía a hacer otra pregunta, pero Merlín los interrumpió.
—Chicos, ya vamos a llegar.
Mankar lamentó oír eso. Estaba disfrutando de su conversación con Juanma. Le agradaba muchísimo, y empezaba a confiar en él. Si seguían así, también su hermanastro podría contarle algo concreto sobre los inefables, aunque sinceramente Mankar no tenía prisa.
El autobús se detuvo de nuevo con brusquedad. Los cuatro bajaron de él y se encontraron en una calle atestada por personas que caminaban de un lado para otro. Sorceress y Merlín empezaron a andar, hablando, y Mankar y Juanma los siguieron.
Llegaron a un local muy pequeño y de fachada sucia, del ancho de una puerta. Un par de personas entraban en él, y ellos las siguieron. Mankar cruzó la entrada detrás de Sorceress y a Juanma, seguido por su padre, quien cerró la puerta. El interior era un estrecho túnel que quedó en completa oscuridad, pero de inmediato otra puerta, al final, fue abierta por uno de los magos que habían entrado antes, y la luz del otro lado llegó tan fuerte que cegó a Mankar.
Salieron del túnel y se encontraron con el inmenso interior del Wizentro. En el centro de la enorme plaza principal había una fuente mágica, alrededor de la cual jugaban varios niños. Los locales, con sus letreros y vitrinas animados, se veían muchísimo mejor que la última vez que Mankar había estado allí, cuando ya había cerrado el centro comercial.
Empezaron a caminar rodeando la plaza. Mankar veía de lejos la entrada del oscuro y deshabitado pasillo en el que se vendían objetos muggles. Merlín y Sorceress también lo hacían, e incluso Juanma veía ese pasillo, pensativo.
Subieron hasta el cuarto piso para comprar los ingredientes de pociones que decía en la lista de materiales. Luego, se dirigieron hasta el noveno y último piso, donde se encontraba la librería en la que a Merlín le gustaba comprar, Omnipedia. El techo de cada piso era altísimo, pero conforme iban subiendo, Mankar se dio cuenta de que no eran infinitos, como daba la impresión en la plaza principal. Nunca antes Mankar había subido allí, pues en su primera visita al Wizentro, había ido a comprar artículos muggles mientras el resto de su familia compraba los libros de magia.
El noveno piso era el más claro e iluminado de todos. El techo bien podría haber sido de cristal o no existir, pues la luz del sol entraba fuerte e intensa, aunque sin calentar demasiado. Los locales estaban ubicados de diferente forma, pues permitían que los pasillos fueran mucho más amplios. Mankar asomó la cabeza por encima de la baranda y vio diminuta la fuente mágica que había en la plaza principal. Se asombró de la altura a la que habían llegado.
Pero algo más había en el noveno piso. Había un pasillo bastante amplio pero aislado del resto; era oscuro, parecía que allí no llegaba la luz del sol, y no había personas transitándolo. Su familia no miró el pasillo oscuro, sino que se dirigían indiferentes a la librería. Se vio forzado a preguntarle a Merlín.
—¿Allá qué hay? —Mankar señaló el pasillo.
—Ahí hijo... venden artículos tenebrosos —respondió—. Bueno, lo que dicen que hacen es recibir objetos que tienen maldiciones para romperlas, pero la verdad es que en ese pasillo se dedican a las artes oscuras. Es mejor no acercarse.
Omnipedia, la enorme librería, estaba llena de gente. Había bastantes familias comprando libros de estudio para sus niños, que quizás comenzaban su primer curso en Harrylatino. Unos se empujaban a otros, todos corriendo esperando que no se agotaran los libros que deseaban comprar.
Sorceress atravesó la multitud como pudo para llegar a la estantería donde estaban los libros de Herbología, mientras que Merlín preguntó a un encargado acerca de los libros de Pociones y Encantamientos. Juanma fue directo a buscar el libro de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Mankar intentó seguir a su padre, pero la multitud los separó y lo perdió de vista. El ruido y la temperatura lo empezaron a irritar, y optó por salir del local y esperar a que su familia saliera de allí; no necesitaban de su ayuda para encontrar los libros.
Empezó a caminar de un lado para el otro. A su mente llegaban los mismos pensamientos que no lo dejaban tranquilo casi en ningún momento... Se concentró muchísimo para poder despejar su mente y se propuso pensar en otra cosa.
Harrylatino.
Estaba demasiado ansioso por entrar de nuevo a estudiar... Ese curso sin duda sería completamente diferente al anterior. Tendría las mismas oportunidades que todos sus compañeros, pues era capaz de hacer magia.
Tenía preparadas varias cosas para su club. Un cambio de nombre estaría muy bien. Pitapatafrito, el elfo que le ayudaba, seguro que se entusiasmaría con las ideas que tenía.
Su club, «Piedra, Cámara, Prisionero y Cáliz», estaba decorado con base en las películas de Harry Potter, aquéllas que Mankar había crecido viendo. Le gustaba mucho poder combinar dos partes importantes de su vida para entretenimiento de sus afiliados: las películas que habían hecho los muggles sobre la vida de un mago.
Un mago que era real, aunque los muggles no lo supieran; que Mankar admiraba muchísimo y con el cual se sentía plenamente identificado. Para empezar, Harry Potter pasó los primeros once años de su vida sin saber que era un mago, al igual que Mankar llegó a los once años creyendo que era un squib.
Harry Potter había sido una estrella del quidditch desde su primer año, y Mankar también era un muy buen jugador. Potter había enfrentado acromántulas, dementores y basiliscos, y Mankar ya había visto estas criaturas de frente. A Potter, la Copa de los Tres Magos no le dio gloria, sino que lo llevó a un lugar peligroso, y a Mankar también.
Además, Mankar había matado a un mago tenebroso, y casi toda la infancia de Harry Potter consistió en luchar contra su enemigo.
Mankar siguió caminando por el noveno piso. De vez en cuando giraba la cabeza hacia la puerta de Omnipedia, pero no veía salir a su padre, ni a Juanma ni a Sorceress. Caminaba a paso muy lento, sintiendo el calor del sol. Debía hacerse la idea de que su familia tardaría un rato más en la librería, encontrando los libros, consultando los precios, haciendo fila para pagarlos...
El pasillo de las artes oscuras volvió a atraer la atención de Mankar. Sentía que necesitaba explorar también ese lugar. El hecho de que fuera prohibido lo hacía sentir más ganas de visitarlo.
Harry Potter había visitado, no un pasillo de un centro comercial, pero sí un callejón dedicado a las artes oscuras, y a la misma edad que Mankar tenía en ese momento. Claro, había sido por error pero, por algún extraño motivo, Mankar sentía que debía hacer lo mismo que Potter había hecho a su edad. Ambos habían enfrentado numerosos peligros y Mankar no debía tener más miedo por entrar allí.
Sentía que debía seguir sus pasos y, quizás, lo que encontraría en ese lugar le serviría para algún día resolver un misterio.
Una palabra fue definitiva para decidir entrar: adivinación.
Era eso lo que atraía a Mankar a recorrer ese pasillo. Quería buscar algún lugar con el que pudiera identificarse, quizás encontrar algo de lo que pudiera aprender acerca de su don para ver el futuro.
Sin duda podía aprender de un libro, o de un inefable que trabajara en la Sala de Profecías, pero mucho más productivo (y emocionante) era aprender de un vidente, y debía haber uno en ese pasillo.
Echó un último vistazo a la entrada de Omnipedia y con paso firme avanzó hacia el pasillo prohibido.
Se sentía algo así como atravesar un portal. Del otro lado de éste ya se podía ver personas recorriéndolo. Eran sombrías, sólo miraban al frente y al suelo; nunca se detenían a observar las oscuras vitrinas. La mayoría de las tiendas no tenían letrero y se extendían hasta el fondo del larguísimo pasillo, que parecía inclinado hacia abajo, e incluso daba la impresión de que había más pasillos conectados a éste. Era bastante amplio, y el techo bien podía ser más alto que en cualquier otro lugar del Wizentro. No parecía un pasillo; más bien era como un callejón, afuera del centro comercial.
Mankar empezó a recorrerlo. Las personas caminaban a paso rápido por el suelo de piedra y no les importaba empujar a quienes se atravesaran, similar a lo que ocurría en Omnipedia pero ahora producto de la prisa, el miedo o la indiferencia.
Sintió que estaba prohibido detenerse a curiosear, o mirar hacia los lados, y mucho más hacia atrás. Casi creía que había alguien con sus ojos clavados en él, pendiente de todos sus movimientos y de quien debía cuidarse.
Los pocos letreros y anuncios que había en el ancho pasillo emitían una tenue luz escalofriante, verde, azul, roja, o de cualquier otro color, y pintaban a las sombras que pasaban por delante de forma siniestra.
Siguió caminando. Un niño lloraba mientras una mujer tiraba de su brazo, casi arrastrándolo a través del lugar. Las personas hablaban en susurros.
Mankar miraba de reojo... Algunos lugares parecían ser tiendas de pociones, otros tenían exhibidos artefactos con formas de partes del cuerpo de animales, otros tenían las vitrinas completamente cubiertas por tablas o papel de color oscuro.
Cuando ya se había adentrado bastante en el pasillo (creía que había bajado al menos un piso del centro comercial, por todo lo que había recorrido del camino inclinado), encontró una tienda que era relativamente menos sombría que las demás. En vez de puerta, había un fino velo de color rojo, y Mankar supo que era el lugar que estaba buscando cuando vio exhibidas en la vitrina bolas de cristal de todos los tamaños. También había barajas de cartas, libros y pequeñas cajas. La vitrina estaba iluminada con una luz roja y el letrero que tenía el local estaba escrito en símbolos cuyo significado Mankar no conocía.
Se había detenido frente al local. No le convenía quedarse allí de pie mucho tiempo si no quería llamar la atención. Tenía que entrar en ese preciso instante o irse.
Una voz de mujer habló muy cerca de él, y Mankar se sobresaltó. Tenía la impresión de que le hablaban a él. La única forma en que pudo reaccionar fue dando tres pasos adelante y atravesando el velo rojo que había a la entrada del local.
Adentro se sentía un poco de calor. Una especie de humo casi transparente parecía llenar el ambiente del lugar, junto con un extraño olor. El interior del local era bastante oscuro, aunque por todas partes había diminutas fuentes de luz. Había toda clase de objetos en los altos estantes que cubrían las paredes.
—Pasa, pasa niño, estás en tu casa —dijo una voz de mujer, hablando muy extraño, aunque de forma calmada.
Mankar esperaba ver a una mujer de anteojos enormes, con muchos aretes, collares, anillos y pulseras, vestida con un chal de lentejuelas... es decir, la imagen que tenía de una vidente gracias a las películas y libros de Harry Potter. Pero esa clase de personas no encontrabas en el pasillo dedicado a las artes oscuras.
Sentada a una mesa redonda con mantel blanco, estaba una mujer de cabello rojo y muy corto. Tenía una perforación en la ceja, con una piedra de cristal también roja, a juego con sus diminutos aretes. Sus ojos eran negros, del negro más puro que Mankar había visto, se notaba incluso desde la distancia a la que Mankar se encontraba. No era joven, pero tampoco vieja; revelaba quizás la misma edad de Sorceress. Iba vestida con una especie de chaleco de cuero, del cual pendían adornos de muchas formas. Tenía, sí, pulseras, pero sólo un par en cada brazo, un collar de piedras negras y sólo un anillo con una piedra enorme a juego con su collar, en la mano derecha.
Mankar avanzó cautelosamente a través del local. Ya no podía salir de nuevo. La voz de la mujer se escuchaba amable pero, obviamente, no se sentía seguro allí.
—Vienes a que te lea el futuro, ¿verdad? —dijo, sin prestar atención al niño, y tomó una baraja de cartas que tenía en la mesa.
—Eh... sólo estaba mirando...
—No puedes entrar en este pasillo si no sabes lo que quieres —interrumpió con una voz que casi parecía reír—. Ven, siéntate.
—No tengo dinero.
—No te lo he pedido.
Mankar se sentó en una silla al otro lado de la mesa, de frente a la mujer. La idea de conocer su futuro lo atraía bastante. ¿No era eso a lo que había ido?
—Veamos, niño —dijo la mujer dejando a un lado las cartas, y apoyando las manos sobre la mesa. Empezó a mirar una bola de cristal que tenía en frente, concentrándose. Acercó poco a poco las manos, quizás intentando darle forma a lo que veía. Mankar no veía más que una niebla blanca que se arremolinaba.
Ella comenzó a murmurar cosas, a suspirar y jadear... Mankar se asustaba con esas reacciones. Sabía que era muy improbable que la mujer pudiera ver el futuro de verdad pero, suponiendo que así fuera, ¿era tan complicado lo que iba a ocurrir?
—Los últimos meses han sido muy duros, ¿no? —Mankar tardó en responder, pero cuando pretendió hacerlo, la mujer continuó—. Bueno, los próximos no serán más fáciles.
»Veo figuras humanas que te acompañan, pero de un momento a otro cambian... Puede que alguno de tus seres queridos te dé la espalda, se transforme en alguien más...
»Tendrás mucho éxito, sí. Sobresaldrás mucho en tu trabajo, pero debes valorar lo que obtengas porque en cualquier momento podrías perderlo, si no lo cuidas...
»Y en cuanto al amor... Tu vida cambiará para siempre dentro de poco. Tu futuro en el amor está cerca, mucho más cerca de lo que crees...
Mankar guardó silencio. Le parecía que no estaba obteniendo más información de la que le proporcionaría un horóscopo de un periódico muggle.
—No tienes que creer que literalmente así se va a cumplir —continuó hablando la mujer, quien ahora miraba a Mankar y volvía a revolver la baraja de cartas—. Depende de la forma como interpretes mis palabras. Podría augurarle lo mismo a dos personas, pero no se cumplirá de igual forma. Toma las cartas y barájalas —añadió extendiéndoselas.
Mankar las tomó y empezó a barajarlas, luego las dejó sobre la mesa. La mujer iba a hablar nuevamente, pero un ruido la interrumpió. En ese momento, alguien entró a la tienda, jadeando.
Era un niño, de la misma edad de Mankar, quizás, de cabello negro y muy oscuro aunque a la vez, al brillar contra la luz, parecía que era de una tonalidad morada.
—Ven, chico, siéntate junto a él y enseguida te atiendo —le dijo la mujer, señalando una silla que había al lado de Mankar.
El chico que acababa de entrar miró hacia atrás y se dirigió al asiento con paso rápido. Mankar lo miró y, al ver su expresión atemorizada, deseó que ambos hubieran terminado allí por la misma razón, de forma que pudieran salir del pasillo juntos, con un poco más de confianza.
La mujer tenía la vista únicamente en la baraja de cartas que Mankar acababa de colocar en frente de él.
—Toma la primera carta; será definitiva para determinar el rumbo que tomará lo que dice la bola de cristal.
Mankar se disponía a hacerlo, pero el otro chico extendió la mano rápidamente, creyendo que la mujer le hablaba a él, y tomó la primera carta. La miró y se puso más pálido, si era posible.
—Niño, no te decía a ti. ¿Qué carta ha salido?
El chico empezó a balbucear. Colocó la carta sobre la mesa y, cuando la mujer la miró, de inmediato ahogó un grito y abrió mucho los ojos. Mankar no sabía cómo reaccionar, pero sintió cómo su corazón empezaba a palpitar con mucha más velocidad, así como él también palidecía.
La carta era una figura muy sencilla. Pintada de negro estaba la silueta de una criatura de cuatro patas. Mankar incluso sabía lo que significaba. Era un perro. O más bien, el Grim.
—¿Voy a morir? —preguntó espantado el chico de cabello negro.
—Las cartas las barajaste tú —dijo la mujer, mirando a Mankar—, pero quien tomó la carta, fuiste tú —añadió, mirando al otro chico.
—¿Qué significa eso? —preguntó Mankar nervioso.
—Es muy difícil de interpretar. Habría sido tu futuro si hubieras tomado la carta primero, pero el destino hizo que tú —miró al otro chico— lo hicieras. Esto puede significar que un final trágico se aproxima para ti, y que tú —le habló ahora a Mankar—, estarás involucrado.
—Nunca nos habíamos visto en la vida —objetó Mankar, escéptico.
—Cualquier camino puede llevar al mismo futuro —dijo la mujer, encogiéndose de hombros—. No hay nada más que pueda decirles por ahora.
El otro chico se levantó de su silla aterrorizado y salió corriendo, mientras Mankar gritaba «¡Espera!», y lo imitaba. Salió del local y siguió al chico. Empezaron a correr pasillo abajo, en dirección contraria a la entrada, y a girar por cualquier esquina.
Siguió corriendo, sin importar las quejas de la gente que transitaba. El otro chico se cansó rápidamente, quizás ya había estado corriendo antes de entrar al local, y Mankar logró alcanzarlo. Estaba muy alterado y respondió con agresividad cuando Mankar le habló.
—¡No tienes que creer lo que ella te dice!
—¡Aléjate de mí! —el chico siguió caminando con paso firme y dándole la espalda a Mankar.
—La adivinación no es una ciencia exacta, tú formas tu propio destino... —recitó Mankar incómodo y sintiéndose tonto. La verdad no sabía qué decir y aquello resultaba demasiado trillado—. Bueno, mira, sólo hay que alejarnos de los peligros. Estando aquí también me siento en peligro de muerte...
»¡Tú tomaste mi carta! —continuó—. ¡A mí me iba a augurar mi muerte! ¡Era mi carta! No tienes por qué preocuparte porque no es tu destino, sino mío. Podría ser yo quien muriera por culpa tuya...
—¿Qué ocurre? —interrumpió el grito de una mujer que se acercaba a paso rápido.
Las últimas palabras que Mankar dijo las pronunció con voz apagada, y el otro chico se había detenido escuchándolo. La mujer que había gritado parecía estar muy enojada.
—¿Están peleando? —el otro chico negó enérgicamente con la cabeza—. ¿Qué haces acá? ¿Por qué te alejaste tanto?
La mujer tomó del brazo al niño y tiró de él, dándose la vuelta, caminando con paso firme. Mankar dedujo que era su madre.
—No me vuelvas a hacer eso —dijo enfadada—. Vámonos de acá.
—Estoy buscando la salida —exclamó Mankar, dando unos pasos al frente para que lo escuchara la mujer.
—¿Estás perdido, niño? Ven con nosotros.
No se sentía muy cómodo, pero Mankar no tenía otra opción. Habían corrido tanto que había perdido el camino de regreso hacia el noveno piso. Los tres caminaron por muchos pasillos que estaban conectados al principal, donde también parecía que los locales se dedicaban a la magia oscura, y por fin encontraron un pasillo que los llevó de regreso al claro e iluminado Wizentro.
—Ten más cuidado, niño, no vuelvas por allá si no sabes a dónde vas —dijo la mujer, y se alejó reprendiendo al niño, mientras Mankar tomaba el camino contrario.
Supuso que su familia ya debía estar fuera de Omnipedia, y estarían muy preocupados por él, buscándolo por todas partes.
Se dio cuenta de que se encontraba en un lugar conocido, pero no era el noveno piso, sino el quinto. Le asombró mucho todo el camino que había recorrido. Estaba cerca del lugar donde, un año atrás, superó el más difícil obstáculo: encontrar una varita adecuada. Podía ver de lejos el local donde vendían varitas, perteneciente a Héctor, el mejor amigo de su padre.
Decidió entrar al local y buscarlo. Quizás Héctor podía ayudar a buscar a su familia, o incluso Merlín podría haber ido allí a buscar a su hijo. La tienda de varitas le traía muy malos recuerdos, pero Mankar era conciente de que era un lugar seguro y que había personas conocidas que podían ayudarlo.
Caminó hacia allí, a través de las sillas y mesas de una amplia plaza, y, cuando pretendía entrar, una voz lo detuvo.
—¡Hijo! ¡Hijo! Sabía que estabas aquí. —Merlín llegaba corriendo con la voz quebrada y una sonrisa inmensa—. ¿Qué pasó?
—Me-me... me perdí. Sólo quería dar un paseo y... explorar —mintió avergonzado—. Perdóname.
Merlín abrazó a Mankar con mucha fuerza.
—No; no importa —respondió su padre, intentando controlar su voz—. Ven, sentémonos, que Juanma y Sorceress también andan como locos buscándote. Nos íbamos a encontrar en este lugar. Casi llamamos a los aurores...
Mankar seguía temblando. Siguió a su padre a sentarse en una banca y ambos estuvieron callados durante un instante. Todavía resonaban en sus oídos las palabras de la vidente...
Estaba muerto del miedo. Y lo peor de todo es que era conciente de que no tenía sentido. ¿El Grim? Era también otra coincidencia con Harry Potter. No pensaba creer en nada de eso. La mujer no le cobró dinero, quizás sólo quería asustarlo a él y al otro niño... Y seguía muerto del miedo.
Trató de tranquilizarse, pensando en otras cosas... Se concentró con fuerza y lo único que vino a su mente fue lo que había ocurrido con los directores. No era precisamente un pensamiento feliz con el que quería distraerse pero al menos...
Miró a su padre. ¡Era el momento perfecto para hablar con él! No perdió el tiempo.
—Tengo una duda desde hace días... —No sabía cuál era la mejor forma de abordar el tema.
Merlín miró a Mankar prestándole atención.
—¿Por qué no han metido a Devil a la cárcel?
Su padre negó con la cabeza, suspiró y parpadeó lentamente.
—No han podido probar que sea culpable de nada —explicó lentamente—. Toda la evidencia desapareció: el pasadizo de la tienda, lo que había en el despacho del otro profesor... También se ha investigado la seguridad en Harrylatino y no hay absolutamente nada anormal.
»De un momento a otro Riddle se desaparece, y nosotros vamos a denunciarlo por todo lo que hizo... y no hay pruebas de absolutamente nada. Los sospechosos de esto somos ahora nosotros mismos. Incluso están relacionando todo esto con la desaparición de los directores...
—¿Por qué te responsabilizaste tú?
Merlín no respondió de inmediato; ya asumía que Mankar sabía lo que había hablado con la ministra.
—Mientras Devil finja que no sabe nada sobre el tema, nosotros tampoco tenemos por qué revelar todos los detalles. No quiero involucrarte más en esto.
»No te imaginas lo codiciados que son los objetos como la Gema que tú tenías. Podría terminarse enterando alguien que no debe... y no quiero ponerte en peligro. Por eso es muy importante guardar el secreto.
—Tuve una visión —dijo Mankar, de repente—. Los vi... a Cronista y Andrés. Estaban en un bosque y... unas criaturas los atacaban... Los mataban.
Merlín guardó silencio un instante. Mankar notó que su padre estaba más tenso aún.
—¿Sabes dónde estaban?
El chico negó con la cabeza.
—Si algo le ocurriera a otro profesor de HL... me culparían a mí —dijo Merlín.
Mankar miró al suelo, atemorizado con la idea de que su padre fuera llevado a prisión.
—Esa visión explica por qué luces tan pálido, digo, más que de costumbre —comentó su padre.
—¿Por qué lo dices?
—En estos meses has estado más desanimado... —explicó Merlín—. También te ves pálido, te he sentido muy raro... Incluso tu mirada parece que ha cambiado... Yo sé que es normal, has tenido que vivir muchas cosas muy rápido. Pero no te había dicho nada porque no quería molestarte.
—No eres el primero que me lo dice. Mi abue Gaby ya me había insinuado algo...
Merlín abrazó a su hijo y le dio una palmada en el hombro.
—No tiene nada de malo, es normal. Pero, si quieres hablar, sabes que siempre hay tiempo para hacerlo. Estoy muy orgulloso de ti, por todas las cosas que puedes hacer. Incluso juegas quidditch mejor que yo.
Se escuchó un silbido y voltearon a mirar al lugar de donde provenía. Sorceress y Juanma los saludaban desde el otro lado de la plaza.
—Es hora de irnos —dijo Merlín.
Mankar siguió a su padre. De algo estaba muy seguro: si Merlín se metía en problemas por su culpa, tenía que revelar toda la verdad ante el Ministerio de Magia, así fuera un secreto familiar, así pusiera en peligro su seguridad.
Aceptaría la responsabilidad por todo lo que ocurría. Recordó al chico con quien estuvo en la tienda de la vidente, y el hecho de que ella predijera que Mankar iba a estar involucrado con su muerte. ¿También aceptaría la culpa de algo así?
