Una Sorpresa de Domingo.
No saben como me sentí luego de que Vainilla me explicó, que del hada que se hablaba en su cuento, no era otra que yo. Lo peor, fue que con las risas de Vainilla, los demás miembros de la casa habían entrado a ver que sucedía.
—¿Qué paso? —preguntó mamá Dalia confundida al ver que Vainilla no dejaba de reír.
—No es nada, mamá —habló entre risas la brujita de la luz—. Solo fue un mal entendido.
Grisam y Jim salieron de la habitación, por el susto, habían dejado a las bebes solas. Mamá Dalia salió tras de ellos para darles una reprimenda.
—¿Es tu cuento? —preguntó Pervinca, quien se quedó junto con nosotras.
—Sí, ya casi lo acabo.
Pervinca comenzó a hojearlo, tanto Vainilla como yo estábamos muy emocionadas de que Vi mostrara interés por algo que hiciera Babú. Luego de hojear unas cuantas páginas, Vi lo dejo donde estaba.
—Si, esta bonito.
Fue lo único que dijo, Babú le iba a reclamar por no tomarla en serio, cuando Vi la interrumpió.
—Deberías decirle a Shirley que haga los dibujos.
No era mala idea, Vainilla era buena escribiendo, pero dibujando… apenas y podíamos distinguir un caballo de un gato o un león de un perro. No crean que lo hago con mala intención, pero Babú, si que dibujaba horrible.
—Si, es buena idea —comentó Babú—. Podría aprovechar también para ver a Shirley.
Era cierto, en todo este tiempo que estaba en Fairy Oak, aun no había visto a la pecosita del Poder Absoluto. Me pregunto que habrá sido de ella, que hará ahora, como se verá.
Una nueva idea se llevó toda mi atención.
—¿Dónde están Tomelilla y el señor Cícero?
—Tía Tomelilla salió en la mañana al pueblo, no dijo para que iba.
—¿Y papá, Vi?
—No sé, cuando me levanté no estaba en casa y no se me ocurrió preguntar por él.
—Gran ayuda eres Vi.
—Oye, te preparé las panquecas que te comiste.
—Yo cuide a tu hija toda la noche.
—Supongo que estamos a mano.
—No lo creas, aun me debes mucho más.
—Bueno, bueno, te prepararé una tarta de nata.
—Bien, aceptado.
Ambas hermanas se estrecharon las manos en un pacto de caballeros o más bien, de hermanas gemelas. Fue divertido, era como si no hubieran crecido nunca. Vainilla y Pervinca se seguían tratando igual que siempre, bueno, quizás mejor y eso me encantaba.
—Por cierto Vainilla.
—Dime.
—A que no sabes la pinza de quien llegó hoy.
—No, dime.
—Es mejor que la veas, pero digamos que ya completamos la colección.
—¡En serio!
— Si.
—¿De verdad es quien nos faltaba?
—Aja.
Ambas gemelas se abrazaron emocionadas y comenzaron a saltar. No entendí a que venía tanta emoción y que eran esos códigos secretos.
Pero pronto los descubriría.
—¡Vamos Felí!
—Si, mueve las alas Hadita, esto tienes que verlo.
Pervica me atrapó entre sus manos, como quien intenta cazar una luciérnaga en el riachuelo. Solo que ella no fallo.
—¡Óyeme! Suéltame.
Gritaba y reclamaba, tratando de reclamar para que me soltará, pero tanto ella como Babú, no me escuchaban, estaban demasiado metidas en sus aventuras.
Por fin llegamos al patio, vi un ejército de pinzas de ropa alineadas como si fueran a desfilar. Todos los habitantes del pueblo estaban presentes, me sentía enorme volando junto a ellos. Algo llamó mi atención hasta el final de la larga hilera, era…
—¡La Banda del Capitán! ¿Adulta?
Efectivamente, eran todos los miembros de la Banda del Capitán, como son ahora, desde el gallardo Francis Corbirock hasta el querido Robin Winderflowers, estaban todos. Alineados uno detrás de otros con Griman claro, como su líder, Vainilla y Pervinca como sus segundos oficiales y mano derecha del Capitán, detrás de ellas… ¡Momentomomentito!
—¡Vi! ¡Babú! —volé hacia ambas pinzas, las chicas me miraban felices.
—¿Qué tal?
—No crees que luzco mejor que Vi.
—¡Oye!
—¿Están aquí? ¿Cuándo paso?
Eran mis gemelas, pero ya no de pequeñas, como las recordaba. Eran como están ahora, ya hechas unas hermosas señoritas.
—Nos las dieron hace tres semanas.
—Tres semanas. Que lindas quedaron.
"Momento" una nueva idea asalto mi mente. Si ellas estaban ya en las pinzas que con tanto anhelo mis queridas gemelas coleccionaban sin falta. ¿Entonces quien había llegado el día de hoy?
—Por qué no sigues, Felí.
Escuche a Pervinca y seguí volando siguiendo las pinzas de ropa, llegue a una sección me encanto. ¡Eran las Hadas! Casi lo gritó.
—So-so-son-son…
—Sí, todas las hadas de Fairy Oak, las que tu conociste…
—Y las nuevas también.
Era verdad, mis queridas amigas convertidas en pinzas de ropa, que lindo honor. Estaban Talosén, Lolaflor, Tedemí hasta Pic. Como las había extrañado tanto, a diferencia de mí, ellas no habían regresado a Rocío de Plata.
Bueno, Pic regreso en una ocasión, pero fur por motivos completamente diferentes a los míos. Luego de hacer lo que fuera, ya que jamás me dijo para que regreso a Rocío de Plata, regreso a Fairy Oak.
—E-esta de aquí…
Me detuve frente a una pinza de ropa muy particular. Casi lloro emocionada al verla, era Devién, la buena de Docesutilessoplosdeviento, nunca habría un hada que hiciera tanto por su niña como ella. Devién, fuiste mi mejor amiga.
—Devién.
—Sigue Felí, no te detengas, se pondrá mejor.
—Adelante, agarra valor.
Siguiendo las palabras de ánimo de mis niñas, proseguí. Detrás de Devién estaba Delvientoenamoradoseapífanoespabilado, la pequeña hada que llego a reemplazarla al cuidado de Flox, sus ojos siempre me recordaron la chispa que poseía Devién.
—Anda Felí.
Seguí volando, viendo pinza por pinza, muchas de las nuevas hadas que vi, las conocía de Rocio de Plata. Parece que mis historias gustaron tanto, que no se aguantaron las ganas de venir a Fairy Oak.
—Inoa —sonreí al ver una pinza que me era muy familiar—. Te saliste con la tuya verdad, lograste ser niñera.
—¡FELÍ! ¡No tenemos todo el día!
Me gritaron las gemelas a coro, al parecer estaban muy interesadas en que terminara de ver todas las pinzas, pero porque. Yo simplemente quería ir a mi ritmo, verlas y pensar en las cosas lindas que viví con muchas de ellas. O en el caso de aquellas que no conocía, grabarme bien sus rostros.
Cuando llegué a la última de las pinzas de ropa colgadas… no pude aguantarme más y estallé en lágrimas.
—¡SOY YO!
Pervinca y Vainilla estaban felices, malas niñas, me hicieron sufrir tanto para eso. Verme a mi misma en una pinza de ropa, era la cosa más linda que pude esperar.
Mi despedida de Fairy Oak fue memorable, pero este recuerdo, saber que a mi llegada, harían una pinza con mi imagen.
—Es tan linda.
—Claro que lo es, para que crees que Pic fue a Rocío de Plata.
—Hadita ingenua, necesitábamos una buena foto tuya y solo allá la habría.
Todo concordaba, entonces a eso es que fue Pic a Rocío de Plata, que hada tramposa. Con razón se fue sin despedirse y yo que quería preguntarle tantas cosas cuando la vi. Por eso es que siempre me evito, mientras estuvo en el reino.
—Pero cuando vea a Pic, ya verá.
Siguiente capítulo:
La Familia se Separa.
