La Familia se Separa.

Ni bien me acaba de recuperar de aquella enorme sorpresa y las gemelas nuevamente me traían de allá para acá, corriendo. Esta vez, no iríamos solas al pueblo. Cath y Rosy nos acompañarían en sus carriolas.

Me pareció algo muy riesgoso llevar a pasear por todo el pueblo, a dos bebitas que recién acababan de venir al mundo. Pero si hablamos de riesgos, Vi y Babú ya los habían corrido todos, a veces hasta dos veces.

Jamás lo he mencionado y creo que será uno de los secretos que me llevaré a la tumba. Pero una de las primeras aventuras de Vi y Babú, fue a los pocos días de haber nacido. Yo diría que fue una de las aventuras más grandes que tuvieron.

Quizás luego les cuente, pero digamos, que todo empezó por cierta arañita que hasta hoy, duerme fielmente junto a mi brujita de la oscuridad.

—¿Esta todo en la carriola, Jim?

—Su sonajero, su chupón, juguetes por si se aburre, una mantita rosa, pañales, crema contra escaldaduras y un cambió extra de ropa.

Mientras Jim iba nombrando cada uno de los objetos de su lista, Vainilla se percataba de que en verdad estuvieran en el bolso que estaba en la carriola de Rosy.

—¡Falta su pijama de conejitos!

Vainilla gritó como si la bebé hubiera perdido un dedo, en verdad que esta medra va a ser muy sobre protectora con su hija. Lo curioso, es que solo le tomo tres minutos elegir el nombre que su hija llevaría, por toda la vida.

—La olvide arriba, ahora vuelvo.

Jim subió apresurado a la habitación de las gemelas, corría como si su vida dependiera de ella. Si Vainilla era una madre sobre protectora, Jim no se quedaba atrás de ella. Pervinca por el contrarió… mi pequeña brujita de la Oscuridad, hacia las cosas a su ritmo.

—Por favor, acaba de nacer. No necesitará todo eso.

—Cállate Vi, yo cuido a mi hija como quiera. Si deseas llevar a la tuya desnuda, es tu asunto.

—Sabes Pervinca, creo que deberías llevarte algo más, aparte de su carriola y el pañal que trae encima.

—Esta bien papá gallina. Prepara una maleta como la de Babú, pero que no…

—Toma, ya la tenía hecha.

Vainilla rió al ver a Grisam, mucho más preocupado por la salud de su hija, que la misma Pervinca Vi solo arrugo la cara y salió dándole un beso de despedida a Grisam. Yo salí tras de ella.

—¿No vendrá con nosotros?

—No, Grisam aun tiene mucho que hacer. ¡Vainilla, sal o nos iremos sin ti!

—¡Espérame!

Babú salió un poco después, parecía que llevaba equipaje para una semana, pero tan solo eran cosas para un solo viaje.

—Dios, acaso crees que nos mudaremos a Frentebosques.

"¿Mudarse?"

Hasta ahora no había cruzado eso por mi mente. Pero, la familia había crecido, mis niñas ya eran unas adultas, tenían su propia familia. Cuanto más permanecerían juntas en la casa.

—Sabes, no es mala idea. Cuando vea a Shirley le preguntaré si aun quiere tenerme de huésped en su casa.

—Suerte en eso hermanita, esa casa es todo un revoltijo de cosas raras.

—Pues es mejor que vivir en una panadería.

—Al menos comeré delicioso todos los días.

—Engordaras.

Mi mente estaba siendo atacada por todo tipo de pensamientos y miedos. Mis gemelas se separarían. Pero si lo iban a hacer ¿por qué pidieron una sola hada niñera?

—Cállate Babú, a tu ni te cerraban las blusas.

—Eso era porque estaba embarazada.

—Aja, te creo.

—Y si yo era la gorda, porque no te quedaron los jersey la otra noche.

—Porque esa ropa era de Flox.

—No habló de esa, sino de mi Jersey.

—¿El café o el lavanda?

—El café. El lavanda es el de Flox.

—¿Y te quedo a ti?

—El lavanda no, Flox es mucho más delgada que yo

—No hablaba de la ropa de Flox, sino de tu propio Jersey.

—Sabes que ese Jersey no me lo pongo desde que tenía dieciséis, como crees que me iba a quedar.

—¿Y por qué no lo tiras? Solo ocupa espacio.

—¡Tirarlo! Yo jamás tiraría algo. ¡Son mis tesoros!

—Si, pero esa habitación también es mía. Apenas y cabemos las dos ahí.

—No tienes muchas cosas de todas maneras, Vi.

—Lo dice la reina de las gomas de borrar. Ya cuantas tienes, ¿quinientas?

—Seiscientas cuarenta y tres, también tengo trescientos lápices y como…

—Si, si. Cosas inservibles que solo ocupan espacio.

—¿Llamas inservibles a mis tesoros?

—Tesoros. Sabes, deberías mudarte con Shirley, de seguro tu colección y la de ella se llevarían muy bien.

—Si, pues… tu deberías mudarte a cada de los Burdock. Así serían una feliz familia de Brujos de la Oscuridad.

Era cierto, si iban a vivir por separado, tal vez Vi se mudaría a casa de los Burdock, se lo habían pedido tantas veces antes. Quizás mi Vainilla se iría del pueblo con Jim, el no era originario de Fairy Oak, no tenía por que quedarse.

—¡Portodaslashadasdelcielo! —exclamé de pronto.

—¿Sucede algo Felí? —preguntaron ambas a la vez, incluso las bebés me miraban intrigadas.

—Se van a separara, van a mudarse y dejar la casa, cierto.

Las gemelas se echaron a reír.

—Felí, aunque Babú y yo peleamos…

—Es normal entre hermanas, créenos.

—Jamás me podría separar de Babú.

—Ni yo de ti, Vi.

Vainilla y Pervinca se abrazaron. Yo suspiré, aun no me acostumbro a las nuevas "peleas" de mis niñas.

—Eso era lo que te preocupaba Felí.

—Vamos Felí, como crees que nos separaríamos y pediríamos una sola niñera.

—No sé, somos pobres —dije sin pensarlo, nuevamente las risas.

—Hada mía, cuanto te extrañamos.

—Felí, no me mude a casa de los padres de Grisam, fue por algo.

—¿Por qué?

—Porque la levantaban en la madrugada a preparar el Pan.

—¡Vainilla!

—No era mentira, o si.

—Bueno fue un motivo. Pero extrañaría demasiado esto —Pervinca se volteó y señaló su casa.

—Lo mismo digo.

—Pero la casa no crecerá más, donde entraran todos.

—Felí, la casa ahora posee tres bujas de la luz. El espacio no será problema, créeme.

—Te creeré.

—¿Tres? —Vi la miró confundida.

—Acaso te olvidaste ya de tu hija.

—Aun no sabemos si sea una Bruja de la Luz o de la Oscuridad. Los poderes surgen cuando…

—Si, lo que digas. Pero algo me dice dentro de mí.

Vainilla se acercó a la carriola de Vi y tomo a Cath, esta estaba muy feliz de ser cargada y de sentir el sol en su cuerpo. Por otro lado, Rosy se había ido a refugiar debajo de su manta.

—Que esta niña es una verdadera Brujita de la Luz. No es así pequeña Cath.

Juraría que la bebé entendía lo que Vainilla le decía e incluso, pareció dedicarle una sonrisa. Quizás los Mágicos de las Luz tenían su propio idioma especial para comunicarse entre ellos.

—Si, lo que digas, ahora dame a mi hija.

Pervinca cargó a Cath, a esta no parecía importarle quien la tuviera en brazos, mientras la cargaran. Vi quiso acostarla en la carriola, pero su hija no estaba de acuerdo, comenzó a llorar tanto, que Mamá Dalia salio a ver que ocurría.

—Cálmate Cath, por favor.

—¿Qué sucede? ¿Por qué llora las bebés?

—Solo es una mamá. Cath no quiere que Vi deje de cargarla.

—Pervinca, carga a tu hija por amor del cielo.

—Si la cargo, que hago con su coche.

—Pues llévalo con la otra mano, Vi.

—Jaja, que graciosa eres Babú.

—Y si le abres el toldo —mencioné tratando de tranquilizarla.

—Puede funcionar.

Vi en esta ocasión, acostó a Cath en su carriola, pero esta vez, la dejo descubierta. La niña parecía feliz de disfrutar que el sol tocara su cuerpo. Y como en cualquier Domingo, el sol, nos iluminaba con fuerza.

—Esta niña de verdad es toda una Brujita de la Luz.

Comentó Mamá Dalia.

—Ves, ves. Te lo dije.

—Si, lo que sea. Adiós mamá.

Nos encaminamos al pueblo, Vi andaba con una cara enojada, mientras Babú, no podía aguantar la felicidad. Parecía como si su alegría se cargara con la luz del sol.

—Puedo saber Babú. ¿Por qué estas tan feliz?

—Es que ahora vamos con Shirley. ¡Hace tanto que no la veo!

—Ni yo. Pero no me ves brincando de piedra en piedra por eso o si.

—Yo llevó más de cinco años sin verla —comenté—. ¿Puedo brincar al verla?

—Ahora tu también hacer bromas, Felí.

—Vamos Vi, acaso las bromas no te gustan a menos que tu las hagas.

—Babú, mejor no te respondo. Preocúpate por Felí, hace mucho que no ve a Shirley, deberías prepararla. ¿No crees?

—Es cierto. Felí prepárate para lo que veras.