La Función en el Pueblo.

"¿Prepárate para lo que verás?" que me había querido decir Vainilla con eso. Acaso Shirley había cambiado tanto en estos pocos años. Para un hada, un ser mágico que tiene una vida tan larga, cinco años, incluso diez, no son muchos. Pero para los humanos si, en cinco años pueden cambiar bastante.

—¿Shirley esta bien?

—Mejor que bien.

—Ya verás.

Las gemelas cargaban una sonrisa pícara en la cara.

—Díganme, ¿qué pasa?

Pero ninguna habló.

—Vamos, chicas.

Todo el camino al pueblo fue igual, yo rogándole a las gemelas que me dijeran que iba a ver, pero ellas, solo sonreían.

Cuando llegamos al pueblo, me maraville.

—¿Por qué hay tanta gente?

Pregunté al ver una muchedumbre frente a una especie de tarima, habían varias cortinas puestas, por eso no podía ver quien era a persona a la que esperaban.

—Crees que aun encontremos un lugar, Babú.

—Si, le dije a Nepeta que vendríamos y que nos guardara sitio. Mírala allá esta.

No se como cruzamos con dos carriolas y dos bebés bastante agitadas en medio de esa multitud de gente, pero lo cierto es que lo hicimos.

Por fin llegamos donde estaba la Bruja de la Luz más querida por Babú, la joven Nepeta Rose, quien se encontraba en compañía de su esposo, el joven y buen mozo, Acantos Bugle.

Que puedo decir, además de hacían una linda pareja.

En verdad la hacían.

—¡Vainilla! ¡Pervinca! ¡Aquí!

Nepeta llamaba a Vainilla y a Pervinca moviendo los brazos, estaba muy animada al parecer. No se, pero me parecía que todo el mundo en Fairy Oak, lo estaba.

—Ya vamos Nepeta.

Por fin llegamos donde estaba la pareja de hechiceros, se veían muy enamorados. La magia parecía brotar cada vez que se abrazaban.

—Hola bebés ¿Cómo están?

Nepeta se inclinó a saludar a las niñas, ni siquiera tomó en cuenta a sus madres o a mí.

—Como te llamas pequeña Vainilla Junior.

—Se llama Rosa.

Nepeta se levantó sorprendida por el nombre de la hija de Babú.

—¿Cómo yo?

Babú asintió, acto seguido Nepeta agarró a la pequeña Rosy y le dio vueltas en el aire. La bebita de Babú parecía muy feliz.

Por fin recordé, que el apellido de la mejor amiga de Vainilla, era Rose, que traducido era Rosa. El mismo nombre que la hija de Babú. ¡Por eso estaba tan feliz!

Aunque nunca supe si Babú hizo esto al drede o simplemente fue suerte.

—Vainilla, yo debo ser la madrina de esta niña tan hermosa. ¡No aceptaré un no por respuesta!

—Nepeta, como crees que elegiría a otra persona.

"Madrina" pregunté confundida, no sabía que significaba esa frase. Luego descubrí, que era una de las nuevas costumbres traídas por los Sinmagia que habían llegado años atrás y que en poco tiempo los Mágicos la hicieron parte de sus tradiciones.

—Al parecer nos han hecho a un lado. ¿Cómo estas Acantos? ¿Qué tal las excavaciones? ¿Encontraste algún dragón ya?

Me enteré, de que el bueno de Acantos, se había hecho geólogo. O sea, examinaba todo tipo de piedras, tierra y no se que más, un oficio raro pensé.

"¿Por qué en ese Pueblo, no podían tener trabajos más normales? Un hacedor de lluvia, un critico de pociones, un evaluador de hechizos"

No, debían tener trabajos raros como herrero, carpintero, inventor… incluso geólogos. ¿Qué es eso? A veces creía que las costumbres de los Sinmagia iban a dejar fuera muchas costumbres reales de los Mágicos.

Pero me equivocaba.

—Querida Pervinca, no buscaba "dinosaurios" —Acantos hizo énfasis en lo de dinosaurios—, el trabajo de un geólogo no puede ser tan interesante para ti, pero para mí es mi pasión.

—Sino buscabas "dinosaurios" —Vi también hizo énfasis—. Entonces para que tantos agujeros.

—Pervinca, ya te explique antes. Los Paleontólogos buscan Dinosaurios… o "Dragones". Los Geólogos estudian la composición del suelo, sus materiales, los cambios que ha sufrido…

—Si, si. Ya me explicaste eso antes. ¡Mira es Flox! Discúlpame.

Vi escapó con éxito a la lección de Acantos.

—Acantos tres, Pervinca cero.

Comentó Babú riendo junto con Nepeta.

—A veces no se ni como son hermanas, tú y ella, Vainilla.

—Vamos Acantos, dale una oportunidad. Sabes que Vi te molesta porque te quiere, es su modo de decir que le agradas.

—Extraña forma de demostrar sentimientos de la joven Periwinkle.

Nepeta y Vainilla rieron de nuevo.

—¿Qué obra hará esta vez Shirley, Vainilla?

—No seas impaciente Nepeta, ya verás.

—¿Pero será buena?

—Cuando he defraudado a alguien con uno de mis trabajos.

—Veamos, en los casi quince años de conocerte que tengo…

—¡Nepeta!

—Era broma.

Ambas amigas comenzaron a reír de nuevo.

"Nuevamente me hicieron a un lado" pensé, al menos con el joven Acantos podría hablar. Pero me equivocaba.

—Acantos.

Pero el joven Acantos Bugle se encontraba más interesado en una piedrecilla que encontró en el suelo, que en hablar conmigo.

—Mira, es una roca basáltica, no con muy comunes por acá.

Genial, me habían cambiado por un pedazo de piedra negra.

—Iré a ver a Pervinca.

Volé tras mi querida Brujita de la Oscuridad, tal vez ella me extrañaría más.

—¡Vi!

Llamaba a Pervinca entre esa multitud de gente, debería ser sencillo encontrar a una Bruja de la Oscuridad llevando una carriola de bebé. Pero no fue así.

—¡Vi!

Casi todos en Fairy Oak, habían salido a ver el espectáculo de Shirley y muchos de ellos, habían salido con sus hijos.

—¿Vi?

Pregunte al equivocarme por cuanta vez de carriola, es que todas se veían iguales.

—¡Vi! ¡Babú!

Para colmo, ya había perdido a Vainilla.

—¿Nepeta? ¿Acantos? ¿Flox?

Buscaba cuando menos una cara conocida, pero había mucha gente que no había visto en mi vida. Estaba muy asustada, había perdido a mis niñas.

—¡Babú! ¡Vi!

"Si tan solo mis gritos se escucharan entre tanto ruidos" pensaba al ver toda esa cantidad de gente hablando y conversado, todo se entremezclaba en un solo bullicio.

Cansada de gritar, me fui a sentar a un lugar lejano, sobre una de esas piedras negras de las que había hablado antes Acantos.

—¿Estas bien pequeña hada?

Una dulce voz me llamó.

"Cuando menos alguien se interesaba en mi" pensé.

—¿Te sucedió algo?

Juraría que era la voz más dulce y gentil que había escuchado en mi vida. Levante mi rostro para ver a aquella persona, pero el sol me deslumbró y tuve que voltear la cara.

—No deberías hacer eso, hadita. Te podrías lastimar los ojos.

Aquella gentil señorita me tomo con delicadeza entre sus manos y me alzo hasta la altura de su rostro. Por desgracia aun estaba cegada por el sol y no la pude ver bien.

bu-bus-busco a…

Traté de hablarle, pero mi garganta ardía mucho por tanto gritar.

—¿Quieres agua miel? Es buena para calmar los nervios, tranquilizar un corazón agitado. Dicen que también es mágica para curar una garganta adolorida.

Amablemente me llevó hasta una mesita improvisada con un taburete, me depositó suavemente sobre esta.

—Aunque eso solo lo he dicho yo, pero en verdad es mágica.

La joven sacó de un curioso bolso, una botella de cristal, luego me sirvió en un dedal, lo que ella llamo agua miel.

—¡Delicioso!

Exclamé sin siquiera pensar. Ella rió alegre.

—Es bueno que estés bien hadita.

Era cierto, mi garganta ya no ardía, además, me sentía mejor ahora.

—Ahora si me permites…

La joven que me ayudo se levantó y se colocó algo sobre el rostro. Mi visión ya se estaba aclarando, así que, cuando menos quería conocer el rostro de quien me ayudo tan amablemente.

—Disculpe…

La llamé esperando volteará a verme y lo hizo.

—¿Dime Felí?

Per tenía puesto un antifaz decorada con piedrecitas de colores. Me sentí desilusionada nunca podría ver quien me ayudo.

—¿Si? ¿Querías algo?

Me preguntó muy amablemente, no podía pedirle que se quitara el antifaz para que me dejara ver su rostro. No sería cortés.

—N-No es nada.

Ella sonrió, tenía una sonrisa muy bella.

—Deséame suerte.

Aspiró profundamente tres veces, luego bebió un vaso de su agua miel y caminó en dirección de unas cortinas.

—Barolo, Mr. Berry. Estamos listos… Madame la Mariposa sale a actuar.