CAPÍTULO 6: HERMANOS Y REEMPLAZOS

—Alumnos de primer año —decía una voz de hombre amplificada—, síganme por aquí, por favor. Los de segundo curso pueden seguir caminando calmadamente en la dirección de las flechas que hay en los postes. Todos preferiblemente en grupos de cuatro personas.

Era una oscura y fría noche en la estación de trenes. Se sintió brusco el cambio de temperatura que había entre el Expreso de Harrylatino y afuera de él. Una ligera llovizna caía sobre los niños que salían por montones de las siluetas de otros trenes, iluminados por la débil luz del lugar. Sólo los alumnos de primer curso tenían puesta la túnica del colegio.

Vito, el guardabosques, seguía indicándoles a todos el camino que seguir. Mankar suponía que, igual que un año atrás, iba a ser necesario realizar un encantamiento para calmar a la multitud de estudiantes.

Siguió las instrucciones con tranquilidad. Escuchaba muchas voces riendo y hablando con gran emoción y nerviosismo. Detrás de Mankar, seguían Rob y Ron comentando lo ocurrido en el tren. A Boggart no lo escuchaba, así que supuso que se había quedado atrás, pero era imposible regresar a buscarlo. Había muchísima más gente que la última vez.

El camino de los nuevos y antiguos se separó, y Mankar avanzó por un sendero embarrado y lleno de piedras, junto con todos sus compañeros de segundo curso. Seguía siendo muy difícil divisar a sus otros amigos por la oscuridad y la cantidad de niños.

Iba caminando desprevenido, pero varios minutos después, el corazón le dio un salto, y quedó completamente paralizado por la impresión.

Podía verlos.

No, no a sus amigos, sino a unas figuras que hasta ese día sólo había visto en libros y películas. Eran unos altos y esqueléticos caballos de pelaje negro. Su cabeza era alargada y tenían unos temibles ojos blancos sin pupila. Unas grandes alas salían de su lomo, para darle un toque aún más siniestro a la figura del animal. Los temibles thestrals que tiraban los carruajes del colegio.

Aquello era algo que Mankar no se esperaba. El hecho de poder ver a estas criaturas significaba que él había visto a una persona morir. En efecto, no sólo lo había visto, sino que técnicamente él mismo lo había matado: el profesor Riddle.

Se quedó contemplando el vapor que salía de las narices de las criaturas al ritmo de su respiración en la fría noche. Rob y Ron siguieron caminando sin prestar atención a nada.

—¡Mankar, aquí! —una voz emocionada gritaba desde adentro de un carruaje. El thestral que lo llevaba no reaccionaba ante el ruido y se mantenía inmóvil.

Haher asomaba la cara por la puerta. Gonza también estaba allí, mirándolo. Mankar salió de sus pensamientos y caminó hacia ellos.

—¡Ven! —siguió diciendo Haher—. Y mira si alguien podría acompañarnos. El carruaje no anda si somos menos de cuatro.

Mankar asintió distraído. Buscó vagamente con la mirada a algún amigo de su curso.

—Boggart —lo llamó en cuanto lo vio—, ¿quieres venir con nosotros?

—Claro, Weasley —sonrió y estornudó—. Creo que me estoy resfriando —añadió al acercarse.

Mankar subió primero al carruaje, seguido por Juan Carlos. En cuanto Haher y Gonza lo vieron, se quedaron mudos y arrugaron mucho la frente.

—Él es... Boggart —lo presentó Mankar, pero no era necesario—, era miembro del Poder Calamar.

—¿Era?

—Sí... —respondió Boggart—. Ya no lo soy.

El carruaje dio un ligero brinco y empezó a avanzar por el camino lleno de huecos, balanceándose. Escuchaban atentamente la historia de Boggart y Mankar acerca de lo ocurrido en el tren. La llovizna se hizo un poco más fuerte.

—Me habría gustado estar ahí —dijo Haher con lástima, con una sonrisa en la cara por lo que ellos relataban.

A Mankar le pareció buena idea hablar de ello o de cualquier otra cosa diferente, y no mencionar a los thestrals. Se preguntaba si Gonza y Haher también podían verlos, pero abordar ese tema implicaba comentar algo relacionado con Riddle o Devil, y no le parecía conveniente hablar de ello en frente de Boggart.

—Pero, ¿los castigaron? ¿O les van a hacer algo? —preguntó Gonza.

—No creo que pase a mayores... No fue muy grave... Pero Silvana nos advirtió que no podía repetirse después del inicio de clases —dijo Mankar, poco convencido.

—Si quieres ser prefecto, debes empezar por portarte bien —comentó Haher.

—Yo no he dicho que quiera ser prefecto.

—Serías uno muy bueno —respondió Gonza—. Estoy seguro de que, si la profesora Sorceress hubiera sido jefa de casa este año, te habría escogido. O a alguno de nosotros.

—El Poder Calamar se aseguró de tener buenas relaciones con todos los profesores —explicó Boggart, y volvió a estornudar—. Siempre nos las ingeniábamos para que notaran cuando nos portábamos bien.

—Espero que no se aprovechen de sus privilegios para hacer cosas para su propia conveniencia —dijo Mankar.

—O los acusamos —agregó Haher, con seriedad.

Pronto terminó el recorrido y el carruaje se detuvo. Los cuatro jóvenes bajaron. Se encontraban frente a una escalera de piedra, a las puertas del inmenso castillo de Harrylatino. Las cruzaron y entraron al vestíbulo, en el cual los recibía una majestuosa escalera de mármol que ascendía. Brillaba en lo más alto del muro contrario un vitral con el escudo de Harrylatino: una especie de cuadrado con gafas y un rayo en el centro.

Volver a entrar allí era como volver a vivir un sueño. Mankar sentía una emoción casi tan fuerte como la primera vez que cruzó la entrada del castillo. Había regresado a su segundo hogar.

El camino hacia el Gran Salón estaba señalado en el suelo de piedra. Mankar, Haher, Gonza y Boggart caminaron hacia allí y quedaron encantados con el lugar. En esta ocasión, a diferencia del año anterior, en vez de las numerosas mesitas y sillas que había repartidas por todo el lugar, estaban las cuatro largas mesas, una para cada casa, y los estudiantes que iban llegando poco a poco se sentaban en ellas. Al fondo del lugar, sobre una tarima, se encontraba una plataforma elegante, en la cual se llevaba a cabo la selección de los alumnos nuevos, y también allí aparecía la persona que encontraba la Copa de los Tres Magos, en cuanto era escondida. Detrás de ella, estaba la mesa de los profesores, a la que no había nadie sentado. De las sillas doradas que supuestamente (porque Mankar nunca las vio ocupadas) correspondían a Cronista y Andrés, sólo había una en el centro.

Cuando Mankar entró, lo primero que hizo fue mirar el techo. Era invisible y mostraba el cielo nocturno que acababan de dejar. Luego recorrió con la mirada todo el lugar. Sentía que hacía falta algo allí...

—Me voy a mi mesa —anunció Boggart, con un gesto de despedida, y se dirigió a la mesa de Slytherin, con paso lento.

Los tres se encaminaron a la de Gryffindor, mirando todo como si fuera la primera vez.

—¿Crees que podemos confiar en Gaunt? —preguntó Gonza con cautela.

—Sí —respondió Mankar con firmeza.

—Yo sólo digo... El Poder Calamar... ya sabes.

—¡Te golpeó el año pasado con una escoba para no dejarte agarrar la Copa! —recordó Haher.

Mankar había olvidado ese detalle, pero no respondió. Se sentaron los tres junto a otros alumnos de Gryffindor que hablaban animadamente. Tarru Potter y Atena Black estaban sentados al otro lado de la mesa y los saludaron con la mano. Ellos le respondieron el gesto y Mankar no pronunció palabra hasta cerciorarse de que nadie más le ponía atención.

—Puedo ver a los thestrals —dijo Mankar por fin.

—¿Eh?

—Ahora puedo...

Gonza y Haher no respondieron nada. Se quedaron muy pensativos, mientras veían a todo el mundo entrando por las puertas del Gran Salón. Grupos de jóvenes entraban acompañados de profesores o prefectos, y el lugar cada vez era más ruidoso.

—¿Ustedes no pueden? —preguntó entonces Mankar. Sus amigos negaron con la cabeza. Haher estaba un poco asustado, su cabello palidecía lentamente.

De un momento a otro, se cerraron las puertas. A Mankar le sorprendió esto, pues todavía no estaban completamente ocupadas las mesas y estaban acostumbrados a que estuvieran a rebosar.

Un grupo numeroso de magos adultos entró por la puerta que había detrás de la Mesa Alta y tomaron asiento. Mankar sólo se preocupó por buscar caras conocidas entre ellos. La profesora Callahan se sentó con total indiferencia, al contrario de Devil, quien simulaba ser una profesora normal, sonriente y tranquila. El último en llegar fue Vito, luciendo tan joven y alegre como de costumbre. Caminó hasta el centro de la mesa, donde se encontraba la silla dorada, y se paró delante de ella con la varita en su mano apuntando su garganta y un brazo extendido hacia los estudiantes. El silencio se hizo de inmediato.

—¡Bienvenidos de nuevo, estudiantes de segundo año de Harrylatino! —su voz se escuchaba amplificada—. Este es un día muy especial, no sólo porque es el primer día de un nuevo curso en el colegio, sino porque también celebramos un año desde su reinauguración. Para quienes no recuerdan mi nombre, soy Vito, y mientras esperamos el regreso de Cronista y Andrés, seré su director.

Todos los niños aplaudieron animadamente. Era cierto que Vito parecía buen director, pero de todas formas a Cronista y Andrés no los habían visto en todo el curso anterior.

—Tenemos algunos invitados este año —continuó diciendo—, sus compañeros de primer curso, que comenzarán su educación mágica en Harrylatino, y serán seleccionados enseguida. ¡Démosles la bienvenida!

Las puertas del Gran Salón se abrieron y un grupo muy numeroso de niños entró, precedidos por la profesora Fairy Black. Cruzaron el lugar en dirección a la plataforma del fondo y formaron unas filas allí, en frente de sus demás compañeros.

La profesora Black los acomodó y luego caminó hacia la puerta que había detrás de la Mesa Alta, dando tiempo a Vito para hablar.

—¡Bienvenidos jóvenes, nuevos estudiantes de Harrylatino! —exclamó animadamente—. Antes de que la profesora Black regrese con el Sombrero Seleccionador —un suave murmullo de nerviosismo recorrió la fila de los niños en cuanto pronunciaba estas palabras—, les explicaré algunas cosas.

»Como sabrán, cada uno de ustedes será seleccionado a una casa: Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw o Slytherin. Si no están contentos con la decisión del Sombrero Seleccionador, pueden cambiarse de casa. Llevarán un puntaje personal (que dentro de poco sabrán cómo empezar a elevar), el cual se promediará con el de sus compañeros para conocer el puntaje total de la casa, pero lo perderán si llegan a realizar un cambio de casa.

»Al final del curso, serán premiados el estudiante y la casa con más puntos —la profesora Black regresó con un taburete y el viejo Sombrero Seleccionador, y los colocó encima de la plataforma—. Muchas gracias, Fairy. ¡Que comience la Ceremonia!

El Sombrero Seleccionador cobró vida y una rasgadura se abrió, como si fuera una boca, y recitó:

¡Qué año tan largo el que ha pasado!
Es sólo el inicio de un duro viaje.
¿Sabes en qué nave te has montado?
¡Ya quisieras que fuera un carruaje!

Porque la vida es toda una aventura,
aprovéchala al máximo, mientras dura.
Aunque quizás para ti apenas comience
adentro tuyo hay un animal que no se vence.

Que vuela tan alto como el águila prudente,
que es astuto y silencioso como una hábil serpiente,
que ruge tan fuerte como el león más valiente,
que como el tejón trabaja con sudor en la frente.

Hace años, un niño como tú aceptó el reto.
Desde muy joven a una cruel vida se enfrentó,
pero no se rindió nunca, en ningún momento.
Hoy es leyenda porque a su mundo defendió.

Y a este gran castillo, que su nombre lleva
no lo hacen sus muros, ni sus torres altas,
aunque el viento sople, o con fuerza llueva,
para vencernos mucho más hace falta.

No hay diferencias por sangre o por razas,
somos uno solo, nunca nos separamos;
no importa que nos dividamos en cuatro casas,
o que alguno de los nuestros un día perdamos.

Aunque muchos problemas podamos tener,
ellos no son razón para abandonar.
Si estamos unidos, no hay que temer,
y muchos años más me oirás cantar.

En cuanto el sombrero terminó de cantar, se inclinó hacia los estudiantes, quienes lo aplaudían muy animadamente. Mankar se dio cuenta que el Sombrero Seleccionador pedía, más que nada, que estuvieran unidos todos los miembros del castillo, a pesar de que «alguno de los nuestros un día perdamos». Quizás estaba relacionado con los problemas que habían tenido Cronista y Andrés.

La profesora Black abrió una libreta y empezó a llamar a los niños uno por uno. En esta ocasión fueron llamados en orden alfabético.

—¡Allen, Caprisse!

Una joven alta y muy bonita avanzó tímidamente hacia el taburete, se sentó, y Fairy Black le colocó el sombrero. Durante unos instantes, Caprisse Allen miró con nerviosismo a sus demás compañeros, quizás concentrándose en lo que el Sombrero Seleccionador le decía. Finalmente, una palabra resonó por el Gran Salón:

—¡GRYFFINDOR!

Los estudiantes de la mesa a la que Mankar se sentaba estallaron en aplausos, y Caprisse, luciendo ahora en su túnica los colores rojo y dorado, bajó de la plataforma y se dirigió allí, donde sus nuevos compañeros de casa, los estudiantes de Gryffindor, la saludaron animadamente.

—¡Apple, Lacrimosa!

—¡GRYFFINDOR!

Mankar casi podía sentir la misma emoción que había vivido hacía un año, cuando él iba a ser seleccionado. Cada niño y joven que pasaba se colocaba el sombrero con la misma expresión asustada, con la mirada de todo el Gran Salón clavada en él o ella, esperando la decisión del sombrero.

Quizás en esta ocasión, porque eran muchos menos estudiantes nuevos, no separaron a los niños de las niñas, sino que los llamaron a todos juntos.

—¡Black, Arkadios!

Mankar levantó la cabeza sobresaltado, con el ceño fruncido. El nombre que acababa de escuchar le hizo adoptar esa expresión, por una extraña razón.

Hacia el taburete se dirigía un niño de cabello oscuro. No era la primera vez que Mankar lo veía. Era inconfundible su cabello, pues a la luz de las velas brillaba y despedía destellos morados. Arkadios Black era el chico que Mankar había visto en la tienda de artículos para Adivinación, en el pasillo oscuro del Wizentro.

—¡Él...! —susurró. No estaba preparado para encontrarse con ese chico. Todavía resonaban en su mente las palabras de la adivina cuando auguró la muerte Arkadios, y que Mankar sería el causante de ello. ¿O sería al revés?

—¿Qué tiene él? —preguntó Gonza sin esperar respuesta.

—Hay muchos Blacks —dijo Mankar con disimulo. No pensaba contarle nunca a nadie lo que había ocurrido ese día en el Wizentro.

Arkadios se sentó en el taburete con mirada seria y Fairy le colocó el Sombrero Seleccionador. Su expresión se mantuvo exactamente igual durante los segundos que estuvo allí.

—¡GRYFFINDOR!

Mankar lo miró atentamente mientras bajaba de la plataforma y la mesa de Gryffindor aplaudía animadamente.

—¡Sí! —exclamó con alegría Atena Black, aplaudiendo y saltando—. ¡Es mi hermano!

—¿QUÉ? —gritó Mankar, sin darse cuenta de que lo hacía. Miró a Atena con los ojos muy abiertos.

—¡Sí! —asintió Atena con mucha alegría, distraída.

Arkadios Black, bajo la mirada intensa de Mankar, cruzó el Gran Salón, quizás buscando asiento en la mesa de su casa. Sin embargo, llegó hasta la puerta, le dijo algo a una profesora que se encontraba allí y salió del lugar.

—¿A dónde va? —murmuró Mankar para sí.

—¡Branstone, Manudo!

—¡HUFFLEPUFF!

La Ceremonia de Selección continuó. Mankar estaba muy pendiente de la puerta, esperando que Arkadios la cruzara nuevamente. Se le hacía muy extraño que se retirara del lugar de esa manera...

—¡Capote, Hernán! —continuó llamando Fairy.

—Ravenclaw, segurísimo —apostó Haher.

—Tal vez sea Slytherin —sugirió Mankar distraído.

—¡RAVENCLAW! —resonó en el Gran Salón antes de que Mankar terminara su frase.

—¡Por fin te gané una! —a Haher le encantaba intentar adivinar las casas en la Ceremonia de Selección.

—¡Crouch, Zeta Master!

—Gryffindor —se unió Gonza.

—Hufflepuff —dijo Mankar.

—¡SLYTHERIN!

—Yo iba a decir eso —se quejó Haher.

—¡Delacour, Betsy!

—¡RAVENCLAW!

Una niña muy bonita se bajó de la plataforma y se dirigió a su mesa dando saltitos. Pasaron varios alumnos más, y Haher y Gonza acertaron la mayoría.

—¡Evans, Ashley!

—Slytherin —dijo Gonza.

—Hufflepuff —aseguró Haher.

—Ravenclaw —pronunció Mankar.

—¡GRYFFINDOR!

—Creo que has perdido tu toque —se burló Haher.

—Tú tampoco acertaste —dijo Mankar.

Mankar volteó a mirar a Atena. Estaba completamente concentrada en la ceremonia. Miró hacia las puertas nuevamente; Arkadios no regresaba.

—¡Lestrange, Avril!

—Slytherin —apostó Mankar sin pensar.

—Hufflepuff —dijo Haher.

—¡HUFFLEPUFF!

¡Lovegood, Rafael!

Mankar miró al chico que se acababa de sentar en el taburete. Era el mismo que había conocido en el avión de Harrylatino. Se veía completamente pálido. Haher dijo el nombre de una casa al azar.

—¡RAVENCLAW!

—¡Te lo dije! —exclamó Haher.

Mankar buscó con la mirada a Rafael, pero él saltaba alegremente hacia la mesa de su casa, luciendo en su túnica el color azul de Ravenclaw. Guillermo Mestizo y Paziita Penrose también quedaron en esa casa, mientras que David Potter fue terminó en Slytherin.

—¡Split, Valery!

—¡RAVENCLAW!

—¡Sprout, Narima!

—¡GRYFFINDOR!

—¡Starky, Sara!

—Ravenclaw —dijo Mankar al azar.

Haher y el Sombrero Seleccionador dijeron la misma palabra simultáneamente.

—¡HUFFLEPUFF!

—Ya no puedo predecir el futuro como antes... —se lamentó Mankar. Era más fácil adivinar las cosas cuando tenía la Gema.

Dejó de prestar atención nuevamente a la ceremonia, mientras Piper Tonks era seleccionada para Slytherin. Pronto, sólo quedaban dos niños. Uno de ellos era alto y pelirrojo, y Mankar lo reconoció como uno de los hijos de su tío Kalin.

—¡Weasley, Kris!

No había necesidad de adivinarlo.

—¡GRYFFINDOR!

—¡Wood, Tourniquet!

—¡RAVENCLAW!

Ya que suponía el final de la Ceremonia, la mesa de Ravenclaw aplaudió con aún más fuerza, y las otras mesas también lo hicieron.

—¡Felicidades a todos ustedes! —exclamó Vito con emoción, caminando hacia la plataforma del Sombrero Seleccionador, en cuanto dejó de escucharse tanto bullicio—. ¡De ahora en adelante, ésos serán los colores que ustedes defenderán y llevarán con orgullo! Como bien dijo el Sombrero Seleccionador, éste es sólo el inicio de un gran viaje. Nosotros estaremos guiándolos a través de él. Hoy quiero presentarles a un par de profesores que a partir de este año comenzarán a orientarlos, ya que hemos dejado de contar con dos. ¡Pasen, por favor!

La voz animada de Vito resonó por el Gran Salón. El director miraba fijamente las puertas dobles que daban al vestíbulo. Tres personas cruzaban la entrada: un hombre, una mujer y un niño. Mankar quedó paralizado al verlas. No sabía cuál de las tres le impresionaba más.

La mujer quizás no. Era alta, de rostro muy serio y cabello corto. Llevaba una túnica negra y caminaba a paso firme. Su expresión sin duda era la misma que llevaba el chico que la acompañaba, Arkadios, quien se sentó en el primer asiento que encontró disponible en la mesa de su casa. Ella debía ser su madre, aquella mujer que lo acompañaba el día que Mankar lo conoció.

Pero sólo les prestó atención durante el ínfimo instante que tardó en reconocer al hombre que había entrado con ellos: Juanma Black.

El hermano de Mankar avanzó con una leve sonrisa en la cara, con su capa de color escarlata ondeando. Era ése su nuevo trabajo y Mankar no lo había deducido. Haher miró a Mankar con los ojos muy abiertos.

Juanma y la madre de Arkadios llegaron a la plataforma, sobre la cual se hallaba Vito, y se saludaron con apretones de manos.

—¡Démosle la bienvenida a los dos nuevos profesores de Defensa Contra las Artes Oscuras: Juan Manuel Black y Beatriz Gryffindor!

Los niños aplaudieron sin energía, excepto Mankar, que aplaudía como nunca, mientras veía a su hermano y a la otra profesora dirigirse cada uno a un asiento vacío en la Mesa Alta.

Mankar suspiró. Se sentía demasiado contento. Con Juanma en Harrylatino, podía estar seguro de que no corría peligro. Él podía protegerlo de Taz Devil.

—¿Qué pasa? —preguntó Atena sonriente.

—¡Es mi hermano! —exclamó Mankar con alegría—. ¡No sabía que sería profesor este curso!

—¡Qué bien!

Atena sonrió y miró a la Mesa Alta.

—Ella es tu madre, ¿verdad? —preguntó Mankar sin poder contenerse.

—No —respondió la chica—. Pero es como de la familia.

Mankar no se atrevió a preguntar mucho más. Era bastante curioso que todos (Juanma, Atena y muchos compañeros y profesores) tuvieran el mismo apellido, aunque también era un poco interesante el apellido de la nueva profesora, Gryffindor. ¿Era ella también una descendiente del fundador?

Vito continuó de pie sobre la plataforma del Sombrero Seleccionador, lo cual significaba que había algo más que quería decir.

—Y no son los únicos cambios de este curso —anunció cuando se hizo el silencio—. Les presentaré a los Jefes de Casa que los acompañarán durante este curso, acérquense por favor —añadió mirando a la mesa de profesores—. En Slytherin, la Jefa de Casa continuará siendo ¡Beatriz Callahan! —todos aplaudieron, en especial la mesa de su casa. La profesora Callahan avanzó seria, y sonrió levemente al llegar a la plataforma, junto a Vito—. En Ravenclaw, la jefa de casa de este año será... ¡Fairy Black! —Ella avanzó junto a Vito, acompañada de un gran aplauso, y extendió los brazos hacia su casa—. Por su parte, la casa de Hufflepuff estará dirigida por ¡el profesor Zancaturno!

No había terminado de decirlo, y la mesa de Hufflepuff ya aplaudía con gran emoción. Zancaturno se levantó de su asiento y se situó al lado de la jefa de Slytherin, levantando las manos en señal de agradecimiento.

—Y por último, pero no menos importante, la casa de Gryffindor, que será dirigida por... ¡Tazllatrix Devil!

Vito lo dijo con total naturalidad. Las personas que se sentaban en la mesa de Mankar aplaudieron como si se tratara de una buena noticia. La mujer que acababan de nombrar se levantó de su asiento con una sonrisa de triunfo y se colocó junto a sus compañeros como ellos mismos lo habían hecho.

Pero tenían que ser muy pocos los que se sintieron paralizados por la impresión, los que dejaron de escuchar con claridad, los que sintieron rabia al saber quién sería su jefa.

¿Es que no había nadie que por lo menos sospechara de ella? ¿De verdad Vito había sido capaz de nombrarla Jefa de Casa, con todo y los problemas del año anterior?

¿Nadie sabía que por su culpa Mankar había crecido sin mamá?

Parecía ser la más normal presentación de Jefes de Casa. Mankar miró a la mujer con todo el odio que pudo. Apretó los dientes y los puños con bastante fuerza. Buscó una mirada tranquilizadora en Juanma, pero no la encontró. Esperaba que en algún momento Vito dijera que no era verdad lo que acababa de decir, pero en el fondo sabía que lo era.

—¡Hora de comer! —anunció con alegría el director, y se fue a sentar junto con los demás profesores, antes de que Mankar pudiera terminar de entender sus sentimientos.

Hasta ese momento no había reparado en los comentarios y expresiones de Haher y Gonza.

—Tenemos a Juanma —murmuró Mankar—. No nos puede pasar nada si estamos cerca de él.

—Es cierto —coincidió Gonza.

—Si Vito en verdad piensa que ella es una buena mujer, no tendría ningún inconveniente en nombrarla jefa —comentó Mankar intentando convencerse de sus palabras—. Va a reemplazar a Sorceress, pero no es gran cosa lo que va a cambiar... ¿verdad?

Dejaron de hablar durante un momento. Frente a ellos ya había aparecido toda clase de comida en los platos. No tenían mucha hambre. Mankar se quedó contemplando la mesa un instante.

—No me acordaba que uno podía cambiarse de casa si lo deseaba —comentó Mankar.

Gonza lo miró.

—¿Piensas hacerlo? —preguntó.

—No. O bueno... —No estaba seguro de la respuesta—. El año pasado, yo quería estar en Slytherin. Creo que me atraía esa casa por culpa de la Gema (me atraía la casa de la Gema contraria, porque a Haher le atraía Gryffindor). Luego, decidí quedarme aquí, ¿te acuerdas? Se lo pedí al Sombrero Seleccionador. Durante los últimos días he estado pensándolo... Me gustaría cambiarme alguna vez, conocer nuevas personas, otras costumbres, formas de vivir en Harrylatino... y mejores Jefes de Casa —añadió, lo único que era verdad.

—¿Y qué casa te atrae? —preguntó Gonza.

—Todos tenemos algo de otras casas —dijo Mankar—. Pero sin duda que me considero en parte Ravenclaw. Mi patronus es un águila, ¿no?

—El próximo curso iremos allá, entonces —afirmó Gonza.

—Nos cambiamos los tres juntos, vale —declaró Haher con seguridad. No era una pregunta.

Mankar no se sentía capaz de cambiarse de casa. No a esas alturas. Era verdad que a veces estaba totalmente seguro de querer hacerlo, pero continuamente cambiaba de opinión.

Se le hizo mucho más largo el banquete de lo que debió ser. No podía dejar de lanzar miradas a todas las personas que le habían sorprendido esa noche... Finalmente, Vito se levantó de su asiento.

—Ni crean que las sorpresas de esta noche han terminado. Cada uno de los Jefes de Casa tienen algo que decirles en sus Salas Comunes. ¡Que tengan una buena noche!