Capítulo 7: Callejón sin salida

Todo el mundo se levantó de su asiento. Mankar no sentía la energía suficiente para poder hacerlo. Miró a su alrededor, y ya todos avanzaban hacia la salida. Silvana, la prefecta, hija de Devil, daba instrucciones en voz alta a los más pequeños.

Era obvio, pensó Mankar, que la hija de la Jefa de Casa fuera prefecta. Apretó los puños con más fuerza.

Devil, Fairy Black, Zancaturno, la profesora Callahan y algunos profesores más se dirigieron a la puerta para guiar a los cuatro numerosos grupos en los que se dividían los estudiantes.

Haher y Gonza se colocaron de pie, a un lado de Mankar, y lo miraron. Éste trató de percibir aquello que hacía falta en el Gran Salón. Todavía sentía esa sensación de que algo no estaba bien...

—Al menos esta vez no ha escondido la Copa —dijo Haher—. Imagínate cuánto más habríamos tardado, con todo el desorden...

—¿La Copa?

Mankar miró en dirección al centro del Gran Salón. No estaba allí el pedestal de la Copa. Tampoco estaba ésta en la plataforma del Sombrero Seleccionador.

—Qué extraño —dijo Mankar.

—Tal vez Vito no la colocó pensando que no quería distraer a los demás el primer día —sugirió Gonza.

—¿Y el pedestal? —preguntó Mankar sin esperar respuesta. Se levantó y comenzaron a caminar. Era mejor no llegar de últimos a la Sala Común, pero no le hacía mucha gracia estar muy cerca de la profesora Devil.

Salieron lentamente del Gran Salón. La escalera de mármol era recorrida por los estudiantes de Gryffindor y Ravenclaw, mientras que los de Hufflepuff y Slytherin se dirigían por caminos a ambos lado de ella. Era evidente que Gryffindor seguía siendo la casa con más estudiantes, pero Ravenclaw no se quedaba atrás.

Tampoco en el vestíbulo se encontraba la Copa ni el pedestal. Mankar miró los relojes de arena que marcaban los puntos de las casas, todos en ceros. Se preguntó si ese curso Gryffindor tendría mejor suerte que el anterior...

Subieron la escalera de mármol y se dirigieron por el ya conocido camino más corto hacia la Sala Común, en el séptimo piso. Volver a recorrer los pasillos de Harrylatino era fantástico. Pasaron delante de numerosos retratos, armaduras encantadas y pasadizos inmensos. Mankar no pudo dejar de notar que ya no se encontraban los pedestales de la Copa que él bien conocía.

Cuando llegaron al séptimo piso, caminaron hasta el pasillo donde se hallaba el retrato del hombre rodeado de leones que daba entrada a la Sala Común de Gryffindor. Allí el grupo empezaba a avanzar más lentamente.

Atravesaron el hueco en la pared y entraron. La Sala Común era un lugar bastante amplio. Allí cabían los cientos de alumnos de Gryffindor, aunque no todos de pie. Muchas sillas y sillones eran iluminados por el fuego de la chimenea y de las lámparas que colgaban del techo con una luz débil acogedora. Numerosas puertas en las paredes de piedra llevaban a otras habitaciones y, a ambos extremos de la Sala Común, detrás de dos puertas que estaban cerradas (quizás para evitar que algunos estudiantes se escaparan como el año anterior) se encontraban dos amplias escaleras, que llevaban a los dormitorios de los niños y de las niñas respectivamente y también a la Sala de Clubes. Había muchos estudiantes reunidos frente a ambas puertas, todos con el afán de iniciar su puntaje personal afiliándose a clubes, pero no lograban abrirlas.

Cuando estuvieron todos dentro de la Sala Común, la profesora Devil se subió a una especie de tarima que había ahora frente a un tablón de anuncios y pidió su atención.

—Buenas noches, jóvenes —saludó con naturalidad. Era difícil saber si sus palabras eran sinceramente cordiales o si sólo fingía—. Soy Tazllatrix Devil, Jefa de Casa de Gryffindor. Sean todos bienvenidos a la noble casa de los valientes. ¡Un aplauso para todos!

Mankar, Haher y Gonza se mantuvieron inmóviles mientras escuchaban aplaudir a sus compañeros y Devil sonreía a todos como si se tratara de una profesora normal. ¿Qué pretendía ella siendo Jefa de Casa durante ese curso? ¿Acaso no estaba en Harrylatino con el objetivo de conseguir la Gema de Mankar? ¿Qué más le podía interesar, entonces?

—Estoy para ayudarles en todo lo que necesiten —continuó—, ya sea relacionado con su casa, sus puntos, los clubes, o incluso mi clase, Transformaciones (no me pregunten de otras asignaturas porque los demás profesores enseñan cosas que tal vez no sean de mi especialidad).

¿Transformaciones?, preguntó la mirada de Haher.

—Está reemplazando a Sorceress. Y si la asignatura de Defensa está maldita, le cedería el puesto a alguien más —murmuró Mankar muy bajo. Pero, en cuanto lo hizo, pensó en Juanma. ¿Estaba él ahora en peligro?

Sacudió ligeramente su cabeza para sacar de su mente la imagen del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras del año anterior, evitando relacionarla con Juanma.

Devil siguió recitando unas palabras de bienvenida a las que Mankar no puso atención, porque sabía que no eran verdaderas.

—Si leen con atención los tablones de anuncios —dijo de pronto—, podrán enterarse de todas las formas de ganar puntos, para aquéllos que no estuvieron el año pasado. En este momento les explicaré algunos de los cambios que se hicieron este curso.

»Si te afilias a un club, ganarás cuarenta puntos para tu cuenta personal, todo normal, pero si alguien se afilia a tu club, ganarás veinticinco puntos más que el año pasado, es decir, cuarenta también.

»Algunos se preguntarán dónde están los pedestales de la Copa —continuó tras una corta pausa. Incluso Mankar prestaba atención ahora—. Ya no hay ninguno, y no porque la Copa ahora tengan que buscarla por cualquier rincón de Harrylatino, sino porque a partir de hoy no la buscarán.

Un suave murmullo desanimado se escuchó por toda la Sala Común. Tazllatrix sonrió. Cuando todos estaban en silencio y mirándola a ella, levantó un puño, lo abrió y algo vivo de color dorado salió volando.

—Atrapen la snitch —exclamó—. El que lo haga ganará cincuenta puntos.

La pelota con alas no estaba viva, pero parecía un pájaro rapidísimo. Se elevó unos cuantos centímetros por encima de los niños, que saltaban y estiraban la mano sin éxito. Algunos de ellos caían al suelo atravesando a los demás. Todos habían perdido la materialidad en cuanto la snitch fue soltada.

Ésta no volaba muy alto, sólo lo suficiente para que nadie lograra agarrarla sin tener que saltar. De repente, alguien la tomó con fuerza con su mano y todos lo voltearon a mirar. El niño que agarró la snitch apareció de inmediato en la plataforma donde se encontraba Devil, y todos dejaron de atravesarse unos a otros. Algunos volvieron a tropezar y muchos perdieron el equilibrio.

La profesora soltó una risita.

—Felicidades —dijo con entusiasmo—. Tarru Potter, ¿verdad? —preguntó al niño. Él asintió—. Si miras tu tarjeta de estudiante, verás que ahora tienes cincuenta puntos. En las otras casas, cada Jefe también tuvo que haber soltado una snitch, así que tú y otros tres estudiantes de otras casas son los que más puntos tienen en todo Harrylatino, por el momento.

»Éste será el objeto que ustedes van a buscar en el castillo o sus terrenos durante este año para ganar puntos —continuó Devil, que tomó la snitch, y Tarru bajó de la plataforma—. Lo conocieron algunos de los que estuvieron en la excursión del verano pasado. Bien, sólo durante esta ocasión fue soltada en la Sala Común. A partir de mañana, podrán ver todos una sola snitch en el Gran Salón y cada cierto tiempo desaparecerá. El primero en agarrarla será quien se lleve los puntos. Casi igual que la Copa, sólo que mucho más pequeña, puede aparecer en cualquier lugar (quizás alguna vez tarden días en encontrarla) y se mueve por todos lados. Ah, y tengan mucho cuidado, porque mientras ésta no sea atrapada, todos perderán su materialidad contra los demás seres vivos.

—¿Y qué pasó con la Copa? —preguntó un niño en voz alta.

—Por ahora les diré que no se ha ido —respondió Devil en tono misterioso—. Pero, si quieren saber más, les recomiendo que se pasen por el borde del bosque mañana al mediodía, cerca de la cabaña de Vito (de hecho, él me pidió el favor de que se lo dijera a ustedes).

»Otro de los cambios es que en este curso se realizará una liga de quidditch oficial. Todos los interesados, formen equipos de catorce jugadores (titulares y suplentes) y háganme llegar una lista con el nombre del equipo, los nombres de los participantes y sus respectivos ID's (los estudiantes de primer año se quedarán al final para que reciban sus tarjetas de estudiante). Podrán ganar puntos también.

Los niños se miraban unos a otros. A Mankar le parecían muy atractivas las novedades de ese curso. Si no había podido agarrar la Copa el año anterior, seguro que en ése sí atraparía la snitch, ya que no necesitaba magia para ello, aunque evidentemente era mucho más difícil...

—Vito les habló de una sorpresa que les daría, ¿no? —dijo de pronto la profesora Devil. ¿Qué otra cosa tenía que anunciarles?—. Se trata de un evento que se llevará a cabo en cada una de las casas.

Hizo una pausa para ver la reacción de los estudiantes y continuó.

—Hace unos mil años, en Europa, los cuatro magos más grandes de la época fundaron el primer gran Colegio de Magia del mundo —empezó a relatar la profesora—. Los estudiantes fueron divididos de tal forma que cada uno de los fundadores daba clase a un grupo de ellos.

»Sin embargo, las diferencias entre las opiniones que cada uno tenía acerca de los métodos de estudio, así como de las cualidades necesarias para recibir educación mágica, se hicieron tan fuertes que los cuatro fundadores entraron en disputa, y cada uno comenzó a preparar a sus estudiantes de tal forma que pudieran demostrar la superioridad de su casa.

»Se hizo tan grande la competencia entre Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin, que un día decidieron enfrentar a sus mejores estudiantes en una serie de pruebas que requirieran de valentía, inteligencia, perseverancia y astucia, y que sólo los más aptos pudieran llevar a cabo.

Taz agitó su varita y apareció una estatua en la plataforma, de color rojo carmesí y con la forma de un león rugiendo. Los niños la miraron mientras escuchaban la historia.

—Pero también —continuó—, cada uno de los fundadores organizó un torneo en su respectiva casa, para escoger a sus propios representantes. En Gryffindor, recibió el nombre de Torneo del León Escarlata.

En cuanto lo nombró, la estatua brilló y dio la impresión de que el león cobraría vida.

—En cada casa se conformaron numerosos equipos, y entre ellos se escogería al mejor, cuyos cinco miembros serían quienes se enfrentaran contra los estudiantes de las demás casas.

»Poco después de que cada equipo fuera seleccionado —Devil colocó su mano encima de la estatua—, las diferencias entre dos de los Fundadores se hicieron tan fuertes que uno de ellos decidió abandonar la escuela, y el Gran Torneo nunca fue llevado a cabo.

»Este año hemos querido revivir estos torneos. Todos ustedes podrán formar equipos de cinco estudiantes, como lo deseen. Van a competir en una serie de pruebas, y cada vez eliminaremos más y más equipos. Al final, los tres mejores equipos se enfrentarán en la prueba más dura de todas y, quién sabe, el equipo ganador del Torneo podría competir contra los ganadores de Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin, además, claro, de recibir una gran suma de puntos y otros premios, como la fama y la gloria en Gryffindor.

»Tendrán todo este mes para conformar su equipo. Ya saben: cinco integrantes de la misma casa. No hay más condiciones. En cuanto lo tengan conformado, el capitán me entregará la lista con los miembros de su equipo y sus ID's.

Mankar se quedó contemplando la estatua. Sintió en su cara la mirada de Haher.

—Sólo nos faltan dos integrantes, y ya tenemos el equipo —le dijo a Mankar con entusiasmo.

—Pero ¿a quién le podemos pedir que se nos una? —se preguntó Gonza—. Tenemos que formar el equipo pronto, o los mejores ya no estarán disponibles.

Mankar no despegó sus ojos de la estatua. Devil en ese momento respondía a las dudas más ridículas, como la cantidad de miembros que debía tener cada equipo.

El chico suspiró. Aquello que pensaba no sabía de qué forma expresarlo. Intentó ignorar a sus amigos, simulando que prestaba atención a Devil.

—Pueden retirarse a sus dormitorios. Niños por allí —señaló la puerta que había a un extremo de la sala—, y niñas por allá —señaló el otro extremo—. Conforme suban las escaleras, encontrarán puertas con sus nombres grabados en una placa. Allí están sus pertenencias. Los de primer curso quédense por favor, para recibir sus tarjetas de estudiante.

Mankar, Haher y Gonza giraron en dirección a la puerta y empezaron a caminar.

—Tal vez Atena quiera —propuso Haher.

—O Andrea Delacour, seguro —dijo Gonza.

Subieron las escaleras y Mankar se detuvo frente a la puerta que tenía sus nombres, y los de Rob Potter y Ron Lesson, sus compañeros de dormitorio. La acogedora habitación circular estaba tal y como la recordaban. Cinco camas con dosel y cortinas de terciopelo de color escarlata, y frente a cada una de ellas estaban los baúles con sus pertenencias. Mankar se dirigió a la suya.

—¿Qué dices, Manu? —preguntó Haher—. ¿A quién tienes en mente tú?

No respondió de inmediato. Mankar suspiró y cerró los ojos unos segundos. Luego, se dio la vuelta y miró a sus dos mejores amigos, que revisaban el contenido de sus baúles.

—No me parece buena idea participar —dijo bajando la mirada.

—¿Por qué? —preguntó Haher.

—Pues Devil lo organiza... y yo no quiero que corramos peligro este año.

—Tenemos a Juanma —replicó Gonza.

—Pero no vamos a esperar que esté todo el año detrás de nosotros protegiéndonos.

—¿Y qué nos puede pasar? —preguntó Haher.

Mankar lo miró incrédulo.

—Si no te ha parecido suficiente que nos llevara al bosque con las acromántulas...

Haher no respondió.

—Y no fue lo único por lo que corrimos peligro por su culpa el año pasado —le recordó Mankar.

Los miró a ambos. Haher y Gonza estaban indecisos.

—Hoy nos ha intentado engañar, ha hecho parecer que es una mujer buena, amable, generosa... No podemos caer en su juego. Ténganlo claro. No estamos a salvo.

En ese momento, Rob y Ron entraron al dormitorio hablando en voz alta.

—¡... y si Tarru no se hubiera colocado en mi camino, yo la habría atrapado!

—Ron, eso no influía en nada, porque lo habrías atravesado. Recuerda que todos habíamos perdido la materialidad.

—Sí, sí —dijo Ron restándole importancia—. Oigan, ¿ya tienen equipo?

Ambos miraron a Haher, Mankar y Gonza sonrientes y esperando una respuesta. Mankar negó con la cabeza.

—¿Qué ocurre?

—La verdad no... —empezó Mankar.

—Lo pensaremos —prometió Haher.

Rob y Ron notaron que ninguno de los tres se veía interesado en el Torneo del León Escarlata. No retomaron el tema en toda la noche.

• • •

—¡Vamos, vamos! —insistía Haher con emoción, a pesar de que ya Mankar y Gonza estaban levantándose de sus camas—. ¡Debemos ser los primeros en ver la sorpresa de Vito!

Mankar puso los ojos en blanco y miró a Gonza, quien hacía un gesto parecido.

Aquella mañana la Sala Común estaba muy tranquila. Haher decía que era debido a que todo el mundo se levantó temprano y ya estaban en el borde del bosque, jugando con la nueva Copa. Podía ser cierto, pues Rob Potter y Ron Lesson no estaban en el dormitorio cuando Mankar despertó.

Contempló durante unos segundos la estatua del León Escarlata, pero Haher tiró de él con fuerza y salieron al pasillo del séptimo piso. Bajaron rápidamente al vestíbulo. Era cierto que había muy pocos alumnos en los pasillos.

—No hemos leído los tablones de anuncios —dijo Mankar—. Recuerda lo que pasó el año pasado.

—¡No hay tiempo! —respondió Haher, mientras cruzaban las puertas de roble.

La fría y nublada mañana no los desanimó para continuar su camino. Aglomerados a la orilla del bosque, a unos cien metros del castillo, estaban cientos de niños de pie, a la expectativa de la sorpresa del día.

Unas risas exageradas se oían entre la multitud. Eran miembros del Poder Calamar que se encontraban allí hablando en voz muy alta. Dos niñas de Gryffindor de primer curso intentaban pararse en la punta de los pies para lograr ver algo en el bosque.

—¿Ustedes saben qué habrá por acá? —le preguntó una de ellas a Haher. Él negó con la cabeza.

La otra chica volteó a mirarlos también.

—Pero todavía no empieza —comentó—. Es hasta el mediodía, ¿no? ¿Qué hace aquí todo el mundo entonces?

—Mejor regresemos más tarde —propuso la primera.

—¿Qué podemos hacer mientras tanto? —preguntó Mankar.

—Desayunar estaría bien —se quejó Gonza.

—¡Vamos a afiliarnos a clubes! —propuso Haher.

Mankar y Gonza no pudieron contra su poder de convencimiento. Varios minutos después, los tres estaban de regreso en la Sala Común y subían por la escalera de los dormitorios hasta el final. Entraron a la Sala de Clubes por la alta puerta que bien conocían, y no se detuvieron a contemplar la gran habitación en forma circular, ni las puertas de los clubes recientemente actualizados, sino que caminaron directamente a la puerta que llevaba a la sala de todos los clubes existentes.

Primero entraron a La Sala Multipropósito, el club de Gonza, y Haher y Mankar se afiliaron. Gonza no tuvo mucho que organizar allí y decidió que no era el momento de colocarlo en la Sala principal de Clubes, pues habían visto que no eran muchos los que estaban buscando un club en el cual afiliarse. Era cierto que la mayoría de estudiantes estaban al borde del bosque esperando la sorpresa de Vito.

Luego, fueron a Hogwarts contra las Artes Oscuras, el de Haher. Él decidió cambiar el nombre del club, y dejarlo sólo como Hogwarts. Se dirigió a la plataforma del fundador del club, insertó su tarjeta de estudiante en una ranura y exclamó un pequeño hechizo, con el cual el club aparecería en la Sala principal de Clubes durante un rato.

Cuando llegaron al club de Mankar, Piedra, Cámara, Prisionero y Cáliz, éste también decidió cambiarle el nombre al club, que era basado en las películas de Harry Potter, y ya que ahora había salido una película más, había que cambiarle el nombre al club. Haher y Gonza ayudaron a escogerlo: El Desorden, por el nombre de la última película, La Orden del Fénix, y porque pretendía que fuera un club con muchos juegos.

Estuvieron un buen rato visitando clubes y afiliándose a todos los que les gustaban (podían ser máximo quince) y cuando ya habían ganado cuatrocientos puntos por ello, decidieron bajar al Gran Salón a desayunar. Haher tenía unos cuantos puntos más por algunos estudiantes que se habían afiliado a su club.

Sin embargo, antes de salir de la Sala de Clubes, una persona los detuvo.

—¡Mankar!

Era Juanma. Estaba saliendo de un club y se dirigía a ellos saludándolos con la mano.

—Profesor Black —dijo Mankar bromeando.

Juanma rió y saludó con un apretón de manos a cada uno.

—No lo habías adivinado —dijo Juanma—. Pensé que era obvio.

Mankar negó con la cabeza.

—¿Tú nos darás clases? —preguntó Mankar.

—Aún no lo sé. Mañana, lunes, asignarán los horarios. Si no tienen clases conmigo, será con Bea.

Se refería obviamente a la otra profesora de Defensa.

—Qué mal, la Jefa de Casa que nos tocó —se quejó Haher.

—¿Tazllatrix? —dijo Juanma mirando a Haher y frunciendo el entrecejo—. No sé, no me parece tan mala idea. Creo que lo puede hacer bien. La he vigilado bastante desde que llegué y no he visto nada sospechoso. De todas formas, pueden sentirse seguros, porque yo le estoy ayudando a organizar el Torneo del León Escarlata.

—¿Sí?

—Sí, y seguro que la pasarán increíble —dijo Juanma con entusiasmo.

—Yo no quiero participar —respondió Mankar.

—Vamos, hermanito, no hay por qué temer —lo animó Juanma—. Las pruebas no serán nada peligrosas y siempre estarán bajo control. Piénsenlo bien, todavía hay tiempo suficiente para inscribir el equipo. Todo el mundo quiere entrar. Oigan, ¿van al Gran Salón?

Los cuatro salieron de la Sala de Clubes por la puerta del dormitorio de los hombres de la Sala Común de Gryffindor, y recorrieron el castillo hasta llegar al vestíbulo.

—Juanma, ¿podrías...? —lo llamó una voz de mujer. Era Taz Devil, quien salía de la sala de profesores—. Ah, ¿vas a comer algo en el Gran Salón?

—Sí, Taz —dijo Juanma—. Pero si me necesitas, puedo ir después. Luego nos vemos, chicos —agregó, y entró con Devil a la sala de profesores.

Mankar, enojado, entró al Gran Salón sin prestar atención a los relojes de arena que señalaban los puntos de las casas.

—No lo puedo creer.

Se sentó a la mesa de Gryffindor con brusquedad y tomó unos cubiertos de la misma forma.

—¿Qué ocurre? —preguntó Gonza.

—¿No ves? ¿Qué sentido tiene que Juanma esté aquí en el colegio, si está de su lado?

—¿De qué lado? —preguntó Haher.

—¡Del de Devil! Él cree que es una buena Jefa de Casa, e incluso le está ayudando con el Torneo. Eso significa que no estamos seguros aquí.

—Tal vez estás exagerando un poco —dijo Gonza—. Creo que nos conviene que Devil crea que Juanma está de su lado, y que no sabe nada de lo que pasó el año pasado.

—Juanma me dijo una vez que él confiaba mucho en Devil —recordó Mankar—, y que le parecía difícil de creer todo lo que había hecho. ¡Si la pusieron de Jefa es porque de verdad piensan que lo que hizo fue en contra de su voluntad! ¡Si el director es capaz de creer eso, cualquiera también lo hará! ¡Y ahora quiere que nos metamos en un Torneo que ella organiza y quién sabe qué cosas nos querrá hacer!

—Pero, ¿y qué ganaría ella con eso? —preguntó Gonza—. Ahora que no está su compañero, y ahora que ya no puede obtener tu Gema, lo único que puede hacer es quedarse aquí y simular que es una profesora como cualquier otra.

—Yo sí tengo ganas de entrar al Torneo —terció Haher—. Juanma me ha terminado de convencer. Y, si lo piensas bien, no tenemos tampoco ninguna prueba de que Taz no es sincera.

Mankar se quedó completamente quieto, mirando a Haher incrédulo.

—No vinimos solo a hacer puntos —dijo por fin. Se levantó de su asiento y sus dos amigos lo imitaron.

Pensaba dirigirse a la Sala Común, pero de repente se oyó una voz en el castillo, que parecía provenir de las paredes. Era la voz de Vito.

—Estudiantes de Harrylatino, ¿están listos para una sorpresa? ¡Vengan, salgan todos del castillo! ¡Les aseguro que les va a gustar!

Mankar no tuvo elección. Antes no tenía muchas ganas de ir, pero no pudo contra la insistencia de Haher y Gonza y terminó acompañándolos. De todas formas al escuchar a Vito le dio un poco de curiosidad.

Salieron por las puertas de roble del vestíbulo y bajaron la escalera de piedra. Ahora había una cantidad aún mayor de niños y jóvenes reunidos al borde del bosque. Por encima de sus cabezas, se veía a Vito de pie, montado quizás en una especie de tarima, acompañado de un par de profesores.

Vito hizo unos cuantos llamados y, pasados unos minutos, habló a la multitud de estudiantes ansiosos, apuntando con su varita a su garganta, amplificando su voz.

—¡Buenas tardes, estudiantes de Harrylatino! —saludó Vito animadamente—. Muchos me han preguntado qué ha ocurrido con la Copa. Pues bien, ésta ha sido reemplazada por la snitch, como se habrán dado cuenta anoche, y apuesto a que los que no han tenido la oportunidad de jugar quidditch como buscadores se divertirán mucho con ella.

»La Copa de los Tres Magos... —continuó Vito—, ¿alguien sabe cómo es encontrada en los libros de Harry Potter?

Pasaron unos segundos antes de que los niños empezaran a lanzar respuestas al azar. Las palabras que Mankar pensó fueron rápidamente pronunciadas por muchos de sus compañeros: «En el laberinto». Vito no respondió aún.

—Les voy a enseñar un pequeño hechizo, y quiero que todos lo hagan. —Esperó unos pocos segundos para que todos sacaran sus varitas—. Repitan conmigo: ¡Labenthium!

Todos los niños exclamaron la palabra. Haher la gritó con mucha fuerza.

—¡Labenthium! —murmuró Mankar. Su varita produjo un débil destello de color amarillo y en el aire se formó un número: «54».

Miró la varita de Gonza, que acababa de hacer lo mismo, pero el número que salió de su varita fue un «49».

—¡Vamos! —les animó Vito—. Repítanlo varias veces. ¡Labenthium!

Los niños no dejaban de gritarlo. Mankar no veía el motivo por el que tenían que hacer algo así. ¿Qué significaban esos números?

Labenthium —pronunció sin ánimos. Lo único que le agradaba de hacerlo era que por fin lograba realizar magia nuevamente. En esta ocasión, el destello amarillo fue un poco más fuerte y el número que se formó en el aire fue un «27».

¡Labenthium! —decía Haher emocionado. Cada vez que pronunciaba el hechizo, el destello se hacía un poco más fuerte y aparecía un número diferente. El último que Mankar vio aparecer fue un «19».

—Preparados —dijo Vito dándole un toque de misterio a su voz.

¡Labenthium! ¡Labenthium! ¡Labenthium! —exclamó Mankar. «11, 10, 9», apareció escrito en el aire. Lo notó: era una cuenta regresiva. Su corazón empezó a latir un poco más rápido.

Mentalmente, continuó el conteo, aunque ya muchos lo hacían en voz alta. Dijo Labenthium un par de veces más, el destello de la varita se hizo mucho más fuerte y vio los números en el aire.

—¡Cuando lleguen al final exclamen el hechizo! —dijo rápidamente Vito.

—¡Tres! —exclamaron los niños—. ¡Dos! ¡Uno...! ¡LABENTHIUM! —gritaron en coro.

Y lo que ocurrió después los tomó completamente por sorpresa. Unos matorrales de varios metros de alto salieron del suelo, por todos lados, rodeándolos, atrapándolos, haciéndoles perder el equilibrio y separándolos de los demás. Mankar, Haher y Gonza fueron empujados por una barrera que los separó del resto de personas, y los tres cayeron en el suelo de tierra, boca abajo.

Mankar se arrodilló y vio a su alrededor. Estaban solos los tres, metidos en un camino oscuro y tenebroso, rodeado por inmensos arbustos. Al final de ambos extremos del camino sólo se veían más arbustos. Junto a ellos tres, había un letrero clavado en un poste de madera, el cual tenía un número «1». Mankar miró hacia arriba y el cielo nublado de aquella mañana no llegaba a iluminar el lugar en que ellos se hallaban, sólo las partes más altas del arbusto. Escuchaban gritos de niños y niñas, algunos sollozaban con fuerza. El cabello de Haher ahora era blanco.

No lo podían creer. Estaban en un laberinto. Como el del Torneo de los Tres Magos.

—¡Tranquilos, tranquilos! —exclamó la voz de Vito amplificada—. ¡Ninguno de ustedes corre peligro! El Laberinto no tiene ninguna clase de criatura o encantamiento que pueda hacerles daño. Simplemente deben preocuparse por encontrar la Copa de los Tres Magos, escondida en el centro de este laberinto. El primero en hacerlo, ganará setenta y cinco puntos para su cuenta personal. —Esas palabras callaron a todos los niños angustiados—. Sin embargo, en esta ocasión, si dos personas (o más) toman la Copa exactamente —hizo énfasis— en el mismo momento, será declarado un empate y cada uno de los ganadores recibirá los puntos. Si la Copa es tomada por alguien un poco antes, por ínfima que sea la diferencia, él será el ganador.

Mankar, Haher y Gonza se levantaron del suelo, y echaron a correr por el camino. Llegaron a una bifurcación y giraron a la derecha sin parar. Por la derecha, por la izquierda, derecho, por la izquierda nuevamente...

—¡Por aquí!

Setenta y cinco puntos. Eran demasiados. ¿Era ése el juego de la Copa ese año? Si ganaba varias veces, se llenaría de puntos...

Pero pronto entendió que eran tantos puntos como difícil era la prueba. En muchas ocasiones daban con callejones sin salida e incluso a veces les daba la impresión de que tomaban dos veces el mismo camino.

A veces se encontraban con otros estudiantes que caminaban, ya cansados y sin esperanzas de encontrar la Copa. ¿Qué tan grande podía ser ese lugar?

Por la derecha, por la izquierda... no, de regreso; por la izquierda, por la derecha, por la derecha nuevamente... callejón sin salida. Conforme avanzaban, encontraban por el camino más letreros clavados en el suelo con diferentes números.

—Creo que si trabajamos en grupo podremos dar con el camino —dijo Haher.

—Yo creo que si nos dividimos, alguno de nosotros dará con el camino correcto —sugirió Gonza.

—Pienso que basta con que nos concentremos en tomar el camino correcto, si ponemos atención a los números de los letreros, no importa que vayamos solos o en grupo —dijo Mankar.

Llegaron a un punto del Laberinto que se dividía en tres caminos diferentes. La oscuridad, el silencio, la imagen de otro estudiante acercándose a la Copa... todo hacía a Mankar sentirse presionado y no se le ocurría cuál podía ser el mejor camino para tomar.

—¡Oigan! —los llamó alguien. Un par de jóvenes se acercaba por el camino de la derecha—. ¿De dónde vienen?

—De allá —señaló Haher el camino que tenían a sus espaldas.

—Nosotros ya fuimos por allá —dijo uno de los jóvenes que se acercaban, señalando el camino que había delante de Haher, Mankar y Gonza.

—Entonces sólo queda un camino para escoger... —dedujo Gonza, pero sus últimas palabras casi no se escucharon. Acababa de ver el rostro de los jóvenes que se acercaban. Eran Juanjo Macnair y su amigo, Matías Black. Ellos tuvieron la misma expresión cuando llegaron.

—Vamos juntos —les dijo Juanjo, con una especie de sonrisa, y siguieron caminando.

Gonza miró a Mankar con gesto de inconformidad, pero Haher siguió al prefecto y su amigo por el Laberinto sin pensarlo. No tenían otra opción. Así, los cinco empezaron a caminar a paso rápido.

A Mankar no le hacía gracia aliarse con Macnair, ni aunque para ello pudieran ganar puntos.

—El número nueve —comentó Matías, señalando el letrero con ese número—. Parece que estamos cerca de la Copa.

Él y Juanjo empezaron a correr. Gonza, Haher y Mankar hicieron lo mismo. Resultaba muy extraño imaginarse a ellos cinco alrededor de la Copa de los Tres Magos, tomándola al mismo tiempo. Mankar recordó cuando, el año anterior, Haher y Mankar estuvieron a punto de agarrar la Copa en el Gran Salón, pero Macnair se adelantó. No podía confiar en ellos. Por nada del mundo.

De repente, Mankar tropezó con una raíz que salía del suelo y cayó, raspándose las rodillas. Intentó levantarse, pero su pie había quedado atrapado y era difícil zafarlo, pues su ropa también se enredaba con el matorral. Levantó su cabeza y vio a sus amigos seguir corriendo detrás de los otros dos, sin darse cuenta que Mankar ya no estaba detrás de ellos.

—¡Esperen! —les gritó. No lo escucharon. Siguieron corriendo y se perdieron de vista cuando giraron por la derecha.

Mankar logró liberar su pie de la raíz que lo había atrapado y desenredó su ropa del matorral, pero no se levantó. Se quedó sentado allí mismo, contemplando el suelo, durante varios minutos.

Parecía que sus amigos se habían olvidado de él. Pero no era la primera vez que tenía esa sensación. Ni Haher ni Gonza habían estado en el avión de Harrylatino, porque no lo buscaron. Tampoco ninguno de los dos parecía apoyarlo en ningún momento. Ellos querían participar en el Torneo del León Escarlata, y no hacían caso a todas las objeciones que Mankar tenía.

En ese momento, Mankar escuchó muy claramente una voz en su cabeza:

Y ahora han salido corriendo, olvidándose de ti. ¿Crees que cuando lleguen a la Copa van a regresar a buscarte? ¿Qué clase de amigos son?

Antes de que pudiera responderse a sí mismo, algo muy extraño ocurrió. Hubo un destello blanco que rápidamente iluminó el camino, los arbustos y a Mankar, y se hizo muy fuerte en un segundo hasta volverse enceguecedor. De la misma manera, el destello se apagó y Mankar se encontró sentado en el suelo de los terrenos de Harrylatino, cerca del borde del bosque prohibido, rodeado de un montón de estudiantes con cara de asombro.

Se levantó del suelo y miró a su alrededor. No estaban en el mismo lugar que habían entrado al juego, sino un poco separados de allí, donde un seto inmenso rodeaba todo el Laberinto. Era quizás del tamaño de un campo de quidditch, por lo que se podía ver. Un letrero inmenso en lo alto del seto decía «¡Roberto Potter ha alcanzado la Copa de los Tres Magos!». Sobre una tarima, junto a un pedestal idéntico a los que se veía por los pasillos del castillo el año anterior, el cual tenía la plateada Copa encima, había un joven celebrando y Mankar lo reconoció como su compañero de cuarto.

Los niños lo aplaudían desanimados. Todos habían tenido la esperanza de ganar...

—¡Felicidades! —exclamó la voz amplificada de Vito, y éste subió con el ganador a la plataforma—. Roberto Potter, has ganado setenta y cinco puntos para tu cuenta personal.

»Así como él, cualquiera de ustedes puede ganar el Laberinto. Éste se abrirá en cualquier momento. ¿Cómo saber cuándo? Sólo pronuncien el hechizo que les enseñé, y si falta menos de un minuto para que el Laberinto se abra, verán un destello amarillo y la cantidad de segundos que faltan. Cuando la cuenta regresiva termine, o si el Laberinto está abierto, y ustedes pronuncian el hechizo, serán transportados inmediatamente a su interior. En la noche, en la madrugada, en clase de Historia de la Magia... —bromeó Vito—. Bueno, si lo hacen en mitad de la clase seguro se ganarán un castigo y tarea extra.

»Pensarán que es una pérdida de tiempo jugar a esto —continuó diciendo—, pero cuando el Laberinto se cierre, si miran el reloj notarán que no ha pasado mucho tiempo desde que abrió. De hecho, cuando alguien gane el Laberinto, habrá transcurrido un máximo de cinco minutos en el «mundo real». —Vito hizo una señal con los dedos para indicar las comillas—. Es decir que sólo pueden entrar al juego antes de que transcurran cinco minutos desde que abrió. Cuando pase ese tiempo, el juego habrá terminado y habrá un ganador. Pueden tardar dos horas en encontrar la Copa, pero cuando salgan del Laberinto, sólo habrán transcurrido cinco minutos máximo, como si el tiempo se detuviera (en esta ocasión no cuenta).

»Por cierto, si ustedes están paseando por los terrenos del castillo y ven que el Laberinto se abre, no es necesario que digan Labenthium. Pueden entrar por la abertura en el seto si lo desean, y por esta misma abertura pueden salir.

»Cuando se cierre el juego, todos los participantes aparecerán frente al Laberinto y el ganador aparecerá en la plataforma, junto a este pedestal, en el que se puede ver el mapa del Laberinto que él ganó.

»Por último, de ahora en adelante sólo cincuenta personas podrán entrar al Laberinto, máximo.

»Tal vez sea un poco confuso para ustedes en este momento, pero les aseguro que con el tiempo se acostumbrarán. Eso es todo por ahora, pueden retirarse. ¡Mucha suerte!

Vito bajó de la plataforma y se fue caminando hacia el castillo, pero los estudiantes se quedaron allí, contemplando el enorme laberinto y examinando el seto, la plataforma y el pedestal en el que se encontraba la Copa.

Mankar trató de retirarse de la multitud que lo asfixiaba y miró el lugar desde lejos.

Tenía mucha ilusión de conseguir agarrar la Copa durante ese año. Sabía que ganar no era cosa de suerte en ese caso, o por lo menos no tanto como el año anterior. Con un poco de experiencia e inteligencia y con alguna estrategia, podría lograrlo. Y ganaría setenta y cinco puntos por cada vez que ganara.

—¡Manu! —exclamó la voz de Haher, que caminaba hacia él junto con Gonza—. Ha estado genial, ¿verdad? —preguntó jadeando—. Hemos corrido bastante, pero lo disfruté muchísimo. ¡Y cuando vimos la Copa...!

Mankar se puso bastante serio. Por las palabras de Haher, era evidente que no habían notado su ausencia.

Se dio la vuelta sin decir palabra y se marchó hacia el castillo ofendido, muy seguro de que durante todo el día escucharía por todos lados la palabra Labenthium.