Capítulo 9: Los Guardianes de Nurmengard

Ese día Mankar aprendió a valorar el asiento que antes le guardaban Haher y Gonza en los salones de clases o en la mesa de Gryffindor en el Gran Salón.

No, ellos no le habían dejado de hablar, pero ahora lo trataban como si fuera un desconocido. Mankar sabía que no sería fácil compensar lo que había hecho, pero tenía que intentarlo, pues se sentía bastante culpable a pesar de todo.

A la mañana siguiente, Mankar llegó tarde a clase de Pociones. Estaba acostumbrado a que Haher o Gonza lo despertaran, pero ellos se fueron sin él, algo que le dolió, aunque se lo esperaba. Además, no sabía en dónde se encontraba la mazmorra en donde tenía clase.

Creía que estaba perdido y no había nadie que pudiera ayudarlo a encontrar el camino. Los helados pasillos de piedra iluminados con antorchas se habían convertido en otro laberinto. Estuvo a punto de regresar a su dormitorio y saltarse la clase, pero no era capaz de hacerlo, en especial por el hecho de que era la primera clase de Pociones del año y quería conocer a su nuevo profesor o profesora.

Labenthium —susurró sin ánimos, mientras caminaba.

Si abría el Laberinto quizás tendría más posibilidades de ganarlo, pues tenían que ser muy pocos los que no estuvieran en clase en ese momento. En el fondo, le parecía muy atractivo el juego, pero de todas formas pensó que, de no encontrar el salón de clases, podría entrar al Laberinto y regresar después a su sala común y continuar con la redacción para la clase de Encantamientos.

Pero justamente dio con el salón. Se acercó e intentó escuchar a través de la puerta, sin percibir ningún sonido. Golpeó dos veces y abrió una mujer alta.

—Buenos días... —dijo Mankar tímidamente.

—La clase comenzó hace quince minutos, joven —respondió la profesora seriamente—. Por favor, siéntese.

Le indicó a Mankar que entrara. Los estudiantes habían conformado grupos de tres personas y cada uno estaba alrededor de un caldero. Mankar se dirigió al único lugar que vio libre, en el que estaban Jorge Lupin, capitán de los Montrose Magpies, y Melb Sthonks, capitán de los Wimbourne Wasps, el equipo de Mankar.

—¿Puedo trabajar con ustedes?

—Claro —respondió Jorge.

—Qué bueno que te veo, Mankar —dijo Melb—. Estábamos precisamente hablando de quidditch. ¿Te interesa jugar este año con nosotros, los WW?

Mankar no le prestó mucha atención. Miraba a Haher y Gonza que reían con fuerza al fondo del salón con su compañera de trabajo, Andrea Delacour.

—Sí, ¿por qué no? —respondió Mankar distraído.

—Me gustaría también que estuvieras en mi equipo —dijo Jorge—. Aunque también espero con ansias la revancha.

Los tres sonrieron. Sabían que en realidad los dos eran los mejores equipos del colegio. La última vez, habían ganado los WW. Mankar prefirió no recordar lo que había ocurrido en ese partido...

—Nos reuniremos esta tarde con el resto del equipo —le dijo Melb a Mankar—. En el campo de quidditch al final de las clases, ¿te parece?

Mankar asintió.

—Parece que a la profesora Troyana no le hizo gracia que hayas llegado tarde —comentó Jorge metiendo en el caldero un polvo morado que estaba machacando. Hasta ese momento Mankar no se había preocupado por saber en qué consistía lo que debían hacer. Miró hacia la pizarra y estaba en ella anotada la fórmula de una poción y algunos trucos para hacerla un poco más abundante y a la vez prepararla más rápido.

Fue una suerte que su compañero fue Jorge, ya que él era muy bueno en Pociones. De hecho, en su club se dedicaba a estudiarlas. Por eso, cuando terminaron, la profesora quedó bastante satisfecha con la poción que habían preparado.

La clase que Mankar en verdad estaba esperando era Defensa Contra las Artes Oscuras. Se moría de ganas por ver lo que su hermano, Juanma, les pudiera enseñar. Tendría que ser la clase más interesante de todas, impartida por un inefable.

Haher y Gonza salieron del aula de Pociones y se fueron charlando por el pasillo animadamente. Mankar iba detrás de ellos y corrió para alcanzarlos. Ambos chicos se callaron cuando él los alcanzó.

—Estuvo... un poco difícil, ¿no? —comentó Mankar incómodo.

—Mmm... no mucho —respondió Gonza.

—¿Qué tal la nueva profesora? —preguntó Mankar, todavía intentando romper el hielo.

—Pues bien... parece un poco estricta —dijo Haher en voz baja.

—Eh... —Mankar no sabía qué decir—. ¿Saben cuándo comienza la liga de quidditch?

—Creo que en octubre —respondió Haher.

A Mankar no se le ocurrió la manera de entablar conversación; sus amigos estaban muy cortantes. Siguieron andando en casi total silencio hasta que llegaron al tercer piso. Sólo allí hablaron para buscar el salón en que tenían clases.

—¿Ustedes qué dicen —siguió intentando Mankar—: nos toca con Juanma o con la otra profesora?

—Espero que sea Juanma —dijo Haher.

Llegaron frente al salón que tenía el número que indicaba sus horarios. La puerta estaba abierta y ellos entraron. Todavía no había llegado el profesor y estudiantes de todas las casas se sentaban a las mesas hablando animadamente. Haher, Gonza y Mankar se dirigieron a una de las últimas mesas del salón, donde acostumbraban sentarse. Mankar se sentó solo a una mesa, mientras que Haher y Gonza ocuparon las sillas de la mesa que estaba al lado.

—Buenos días —saludó a la clase la voz de la persona que acababa de entrar. Mankar la miró desilusionado. No era Juanma—. Bienvenidos todos, mi nombre es Bea Gryffindor y soy su profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Hizo una pausa antes de continuar, mirando las caras de sus alumnos.

—No sé si lo habrán notado, pero en este salón hay alumnos de primer y segundo curso. La razón es porque pienso que todos pueden aprender lo mismo por igual, sin necesidad de conocimientos previos. En esta clase ustedes aprenderán de sí mismos, más que a defenderse de enemigos y criaturas, a conocer sus propias capacidades para lograrlo.

»A cada mago puede facilitársele más una clase de hechizos que otras, y las tácticas para defenderse pueden ser diferentes para cada uno...

La profesora fue interrumpida por alguien que golpeó la puerta. Ella se dirigió allí y la abrió.

—¿Qué pasó? ¿Por qué llegas tarde? —preguntó con seriedad—. Anda, siéntate, que la clase ya comenzó.

Sin decir nada, entró un chico cabizbajo de cabello oscuro al salón. Era Arkadios Black. Echó un vistazo a la clase, buscando un asiento libre, y se dirigió al que estaba junto a Mankar, y se sentó sin mirarlo. Mankar se quedó paralizado, aguantando la respiración unos segundos.

—De acuerdo con lo que les decía—continuó hablando la profesora Bea—, durante todo el año trabajaremos en un pequeño proyecto, el cual ustedes presentarán completamente perfeccionado al final del curso. En la clase de hoy, ustedes van a pensar en el hechizo que más les guste o que mejor puedan ejecutar, y los iré llamando uno a uno para que lo enseñen a la clase.

—Haher —llamó Mankar—, podemos hacer el mismo del año pasado. ¿Qué opinas?

—Esa vez no salió muy bien —respondió Haher sin mirarlo.

—Sí, pero recuerda que en el bosque... Digo, a la profesora le va a encantar.

—Pero no dijo que fuera por parejas —contestó Haher, cortante.

—Bueno, yo sí haré ese hechizo... Oye, Gonza —Mankar llamó a su otro amigo, pero volteó la cabeza al lado contrario, pues sintió la mirada de Arkadios clavada en él. Cuando sus ojos se encontraron, ambos se quedaron inmóviles—. Hola...

Arkadios no respondió el saludo. Siguió mirando a Mankar inexpresivo, aunque había algo en sus ojos que parecía transmitir varios sentimientos a la vez. Se levantó de su asiento y, con una última mirada que parecía más de espanto que de otra cosa, se dirigió a donde estaba la profesora, le dijo algo rápidamente y se retiró del salón.

Mankar se quedó quieto, contemplando la puerta que acababa de cruzar Arkadios.

—Lo asustaste —dijo Gonza, tratando de ser gracioso, aunque no pudo esconder la tensión en su voz. Mankar trató de sonreír, pero estaba muy pensativo...

Era una situación muy extraña. Obviamente, el pobre Arkadios tendría mucho miedo de acercarse a Mankar. Después de todo, la adivina había augurado su muerte y sólo la de él. Quizás él ni siquiera sabía antes que Mankar estudiaba en Harrylatino y era ésa la primera vez que lo veía. Debía estar realmente asustado.

Cuando la profesora Gryffindor llamó a Mankar para que presentara su hechizo, lo miró de una forma muy extraña, como buscando el motivo por el que Arkadios había abandonado el salón. Mankar se preguntó qué le había dicho a ella antes de irse...

Pero trató de no prestar mucha atención a ello. Tenía en mente otras cosas, y la verdad por el momento no le interesaba si un chico le tenía miedo sólo por creer algo de lo que no tenían pruebas de que fuera cierto.

¡Fórmafoust!

A Mankar le satisfizo mucho comprobar que podía seguir manejando el fuego con facilidad y que Bea Gryffindor se mostrara tan impresionada al ver la esfera de fuego que Mankar había convocado.

En realidad, la clase no estaba resultando muy interesante, pero quizás se debía al hecho de que Mankar esperaba que su profesor fuera Juanma. Estaba muy ilusionado con ello. Así que cuando terminó la clase fue directamente a buscar a su hermano para preguntarle si podría tomar la suya. Haher y Gonza lo acompañaron, pero cuando recorrían el pasillo del quinto piso notaron que podían atravesarse y empezaron a correr en busca de la snitch.

Pasaron frente una gran cantidad de salones, mirando hacia arriba, pues sabían que la snitch siempre se encontraba volando por encima de sus cabezas. Ya que la campana acababa de sonar, los pasillos estaban llenos de niños que salían de clases, corriendo para encontrar la pelota dorada.

¡Labenthium! —exclamó Mankar animadamente, con ganas de entrar al Laberinto con sus amigos, pero estaba cerrado. Haher empezó a decir el hechizo también. Jugar con Haher y Gonza a buscar la snitch o recorrer con ellos el Laberinto tal vez sería algo de lo que hacía falta para que todo fuera como antes.

Se asomaron por cada salón que podían, pero todos estaban vacíos. Llegaron al final del pasillo, donde se encontraba la biblioteca, y mirándose entre sí, entraron. Trataron de andar sigilosamente, pues no querían que los regañaran. Revisaron rápidamente cada estantería sin suerte, y luego bajaron por las escaleras a un piso inferior de la biblioteca, para alejarse de cualquier persona que pudiera reprocharles por el ruido que hacían.

—Yo por aquí —dijo Haher, dirigiéndose a la izquierda de las escaleras que acababan de bajar.

Los tres se separaron y Mankar empezó a recorrer todos los estantes que pudo. En realidad, dudaba que pudiera encontrar la snitch allí, pero nada perdía intentándolo. Caminó mirando en todas direcciones rodeado de polvorientos estantes, hasta llegar a un pasillo donde había libros bastante extraños... Eran todos de un color muy oscuro. Echó un vistazo a los tomos y sacó uno al azar. Era la silueta de una planta muy sencilla en una cubierta negra, con símbolos extraños grabados en él.

Luego, le pareció ver algo que se movía en el techo. Un destello dorado voló a poca distancia Mankar. Su corazón dio un brinco y él, por reflejo, retrocedió un paso. La brillante snitch revoloteaba a unos dos metros del suelo.

En una fracción de segundo, Mankar se formuló una pregunta que hasta entonces no se le había ocurrido: ¿Qué hacía en caso de que encontraran la snitch? ¿Se lanzaba para atraparla o la cedía a alguno de sus amigos? ¿Ellos pretendían decidirlo de algún modo?

¡Corre! ¡Atrápala! —lo animó la voz de su cabeza—. ¡Recuerda el año pasado! Siempre que veían la Copa, los tres corrían y sólo ganaba el primero en agarrarla. ¡Nunca lograste hacerlo, y ellos sí, y varias veces! ¡Ésta es tu oportunidad! ¡Veinticinco puntos!

—¡Aquí está! —gritó Mankar, ignorando las reglas de la biblioteca.

No hubo tiempo para hacer nada más. El instinto de Mankar le hizo dar dos zancadas en dirección a la snitch y brincó lo más alto que pudo, extendiendo su mano hacia la pelota...

Cerró el puño con todas sus fuerzas y sintió una corriente de viento a la vez que daba vueltas en el aire, con la sensación de que viajaba bastante rápido.

Cayó al suelo de pie, temblando, y se encontró en la plataforma del Sombrero Seleccionador, en el Gran Salón. Levantó la mano y miró la pequeña snitch que agarraba, con las alas ahora quietas. Miró hacia el frente y escuchó aplausos de quienes se encontraban allí. Algunos se aproximaron a darle la mano.

¿De verdad lo había logrado? ¿Había conseguido en tres días con la snitch lo que durante todo un año no había podido con la Copa? No lo podía creer. Estaba eufórico. Tenía ganas de saltar y gritar, mostrársela a todo el mundo. Había ocurrido tan rápido...

—¿Dónde estaba? —comenzaron a preguntar.

—Felicidades Mankar, ¿dónde la encontraste? —dijo Alberto Granger, un chico de Slytherin de segundo curso.

—Estoy muy feliz —exclamó Mankar—. ¡Es la primera vez que la encuentro!

—Pero ¿dónde estaba? —seguían preguntando.

—En... en la biblioteca... —respondió sin estar seguro. En cuanto lo escucharon decirlo, se tranquilizaron y se empezaron a alejar.

La snitch voló de sus manos y se quedó revoloteando a un lado de la tarima. Mankar bajó de allí y contempló durante un instante el letrero que decía: «Felicidades a Mankar Weasley por atrapar la snitch dorada». Era increíble. Estaba muy orgulloso.

Bied hecho, Badkar —dijo la voz de alguien que le dio una palmada en la espalda. Era Boggart. Se veía enfermo y agotado, no le había hecho nada bien la lluvia del sábado.

—Gracias —respondió Mankar sonriente.

—Estoy ud poco resfriado —dijo con voz ronca.

—¿Dónde estaba? —preguntó un chico que llegó corriendo.

—Sólo viéded a pregudtar eso, di siquiera felicítad —dijo Boggart enojado.

A Mankar también le molestó un poco eso. Sólo lo felicitaban para saber dónde la había encontrado. Supuso que todos los que la habían estado buscando no tardarían en llegar al Gran Salón para preguntarle.

—Vámonos —le dijo a Boggart, dispuesto a subir a la biblioteca a buscar a Haher y a Gonza. Seguramente ya se habían dado cuenta de que la snitch había sido encontrada.

Quizás fue porque estaba acostumbrado a escuchar a Haher decirlo a cada momento, pero sin darse cuenta exclamó:

¡Labenthium!

Un destello amarillo salió de su varita y lo envolvió por completo, haciéndole sentir nuevamente la misma sensación de viajar a gran velocidad cuando atrapó la snitch. De repente se encontraba en un frío camino con setos de seis metros de alto a ambos lados y cerca de un letrero clavado en un poste de madera con el número «1».

A su lado, un joven cayó de rodillas. Boggart había entrado al Laberinto con él.

—Vaya, Badu, do edtraba al Laberidto desde el priber día que lo abriérod —comentó mirando entusiasmado el camino.

—Yo tampoco —respondió Mankar distraído, pensando que la única persona que le decía «Manu» (aunque generalmente sin congestión nasal) era Haher.

Empezaron a caminar por el Laberinto envueltos en un gran silencio.

—¿Cóbo te ha ido ed las clases? —preguntó Boggart.

—Muy bien, todo va bien —respondió Mankar, preguntándose si Haher y Gonza también habían entrado al Laberinto.

—Te doto ud poco extrayo —comentó Boggart—. ¿Está todo bied?

La verdad es que sí era extraño para Mankar el hecho de estar caminando junto a Boggart por el Laberinto. Sinceramente no le tenía rencor por nada de lo que hubiera pasado durante el curso anterior, pero se preguntaba si Haher y Gonza veían de igual forma a Juanjo.

—Bueno... —empezó Mankar. Boggart lo miró a la cara con el entrecejo fruncido—. Creo que me estoy separando un poco de mis amigos.

—Es bastadte dorbal —comentó Boggart. Y era cierto, pues no era la primera vez que Mankar se lo decía a alguien, y no era la primera vez que ocurría—. Sod pocos los abigos que dúrad para siebpre.

Mankar reflexionó esas palabras mirando el letrero con el número «2». Tendría que explicarle a Boggart lo que había ocurrido en realidad para que pudiera entenderlo, pues se negaba a creer que sus amigos lo dejarían. No era agradable admitirlo, pero dependía mucho de ellos.

Bira, a bí be echárod del Poder Calabar —dijo Boggart melancólico—. Yo pedsaba que érad bis abigos, pero cuatdo be viérod ed problebas, se deshiciérod de .

—Es una lástima.

Do tadto —respondió Boggart—. Es bejor alejarse de las persodas que ed realidad do te apréciad. De todas forbas —añadió—, creo que el Poder Calabar ya se está disolvietdo.

—¿Ah sí?

—Sí —dijo Boggart, tosiendo. Ahora caminaban por el Laberinto sin fijarse si era o no el camino correcto—. Idcluso creo que el pribero ed retirarse fue Juadjo.

—Eso explica mucho —respondió Mankar.

Buedo, Badu... Te puedo llabar así, ¿cierto? —Mankar asintió—. Ya verás que todo se solucioda prodto.

—Es un poco complicado...

Mankar también le contó lo que estaba ocurriendo entre él y sus amigos.

Do es tad grave —dijo Boggart—. De todas forbas, debes teder buchos bás abigos, ¿verdad? Be tiedes a . Todavía te debo la ayuda que be diste ed el tred.

—Estamos a mano. En serio.

Ambos sonrieron. Mankar miró a Boggart a la cara. No era para nada un mal chico. Quizás él nunca sintió que lo que hacía con el Poder Calamar estaba mal. Simplemente se divertía con sus amigos.

De repente, un destello blanco salido de todas partes iluminó el camino. Boggart miró a Mankar y sonrió, mientras la luz blanca se hizo muy intensa hasta enceguecerlos, y de repente se fue apagando.

Cuando desapareció el destello, Mankar y Boggart se encontraron frente al Laberinto, rodeados por docenas de chicos. Mankar leyó el letrero en la parte alta del seto:

¡Haher Weasley ha alcanzado la Copa de los tres Magos!

En la plataforma, el ahora pelirrojo tío de Mankar saltaba alegremente y miraba la Copa entusiasmado. Mankar quería acercarse a felicitarlo, pero no pudo debido a la gran cantidad de niños que había alrededor de la plataforma mirando el mapa del Laberinto. Se apartó del grupo y se quedó mirando, a la espera de que Haher bajara.

—Lo ha logrado —dijo la voz de Gonza, que se acababa de acercar.

—Me alegro mucho por él —exclamó Mankar. Sabía lo importante que era para su amigo haber ganado el Laberinto.

—¡Manu, lo hice! —gritó Haher, corriendo hacia ellos—. ¡Es increíble!

—¡Te felicito! —exclamó Mankar con alegría.

—¿Y tú encontraste la snitch? —preguntó Gonza.

—¡Sí! ¡Fue genial! Debe estar mi nombre en el... —Mankar se interrumpió. Buscó con la mirada entre la multitud a Boggart, pero ya no estaba. Se dio la vuelta y lo divisó caminando solo hacia el castillo. Tuvo la intención de llamarlo y correr para alcanzarlo, pero una voz lo distrajo.

—¡Mankar! ¡Oye, Manko! —gritó alguien que caminaba desde la multitud. Mankar volteó con el entrecejo fruncido y miró a Ron Lesson de la peor forma que pudo—. ¿Ya conseguiste alguien para el equipo? —preguntó cuando se acercó.

—No —respondió Mankar cortante. ¡Qué inoportuno! ¿Y cómo se atrevía a llamarlo de esa forma? Haher y Gonza se quedaron callados, mirando a Ron.

—Bueno... ¿tienes alguien en mente? —insistió Ron.

Mankar negó con la cabeza.

—¿Quieres que vayamos a buscar a alguien? —siguió preguntando Ron.

—Ahora no —dijo Mankar mirando a sus dos amigos—. Haher, Gonza y yo íbamos al despacho del profesor Juan Black para preguntarle si podríamos cambiarnos a su clase.

—Perfecto —respondió Ron—. Voy con ustedes.

Sí, perfecto —dijo con amargo sarcasmo la voz en la cabeza de Mankar. Haher y Gonza se miraron.

—No, Manu —saltó Haher—. Mejor Gonza y yo vamos a comer, ¿te parece?

—Está bien... —respondió Mankar con fastidio. Los cuatro se encaminaron hacia el castillo.

—El profesor Juanma está ayudando a Devil con el Torneo —comentó Ron—. Dijo que él podía ayudar a completar los equipos.

—Mmm... —fue lo único que se escuchó como respuesta por parte de Mankar.

—Ah... y todavía nos hace falta un capitán y el nombre del equipo —dijo Ron.

—Bueno, ¿y quién será el capitán? —preguntó Mankar, mientras subían la escalera de piedra.

—Aún no lo hemos decidido —respondió Ron—. A mí me encantaría.

—¿Y Rob no quiere? —preguntó de inmediato Mankar.

—Tal vez...

—Nos vemos luego, Manu —se despidió Haher.

—Nos cuentas lo que diga Juanma —dijo Gonza antes de darse la vuelta y dirigirse con su amigo al Gran Salón.

Parecía que ya se les estaba pasando el enojo a Haher y Gonza. Lo mejor era evitar el tema cuando hablara con ellos.

Mankar y Ron subieron la escalera de mármol y se encaminaron al séptimo piso en silencio, en el que se suponía que se encontraba el despacho de Juanma. A Mankar le desagradaba cada vez más la idea de entrar a ese equipo, aunque, después de todo, Ron y Rob eran sus compañeros de dormitorio desde hacía mucho, y ellos lo habían defendido del Poder Calamar en el tren de Harrylatino.

Iba pensando en lo que le había dicho Boggart. Se negaba a creer que sus amigos llegaran a dejarlo de la misma forma que el Poder Calamar lo hizo con él, pero tenía que admitir que su relación con Haher y Gonza había cambiado mucho durante los últimos días. Esperaba sinceramente que pudieran superarlo pronto. Quizás prefería ser él quien se enojara con ellos, como había ocurrido en otra ocasión, y no al contrario.

Cuando Mankar y Ron llegaron al pasillo de la Sala Común de Gryffindor, por el cual pasaron camino al despacho de Juanma, se encontraron con Rob y Tarru Potter, que salieron por el agujero del retrato.

—¿Encontraron alguien que quiera estar en el equipo? —preguntó Ron como saludo.

—No, los mejores ya tienen —respondió Rob.

—Les propuse a Ashley Evans y Caprisse Allen, pero dijeron que tenían que entrar ambas o no entraban —les contó Tarru.

—No, chicas no —repuso Ron con firmeza. Mankar lo miró frunciendo el entrecejo, sin poder creer lo que escuchaba—. Pero bueno, íbamos a preguntarle a Juanma si podría ayudarnos a buscar un miembro.

—Bueno, parece que ahora vamos para eso —dijo Mankar con rabia.

—Está bien, vamos los cuatro —propuso Rob.

Recorrieron el pasillo del séptimo piso hacia donde se encontraba el despacho que durante el curso anterior perteneció a Ángel Riddle, el cual Mankar pensaba que ocuparía Juanma.

Cuando llegaron, Mankar, Rob y Ron se quedaron mirando la puerta, recordando cuántas cosas habían ocurrido tras ella el curso anterior.

—¿Qué ocurre? —preguntó Tarru ingenuo, golpeando la puerta. Mankar retrocedió un paso inconscientemente.

Se escuchó el cerrojo y la puerta se abrió. Juanma asomó su cabeza y sonrió cuando vio a su hermano.

—¿Qué los trae por aquí? —saludó con alegría.

—Pues... —empezó Rob, pero Ron lo interrumpió.

—Queremos preguntarte si sabes de algún chico que quiera hacer parte de nuestro equipo.

Juanma los vio con una mirada calculadora durante un instante. Luego, pareció caer en la cuenta de algo.

—Sí, ¡por supuesto! —exclamó con un repentino entusiasmo—. Precisamente estaba hablando con un chico que buscaba un equipo. Oye, Gastón... —llamó Juanma adentro del despacho—, ¡creo que llegó tu equipo!

Un joven se acercó a Juanma y se asomó por la puerta.

—¿Ustedes? —preguntó indiferente—. Genial...

Mankar, Rob, Tarru y Ron lo miraron. No era precisamente la persona que esperaban. Se trataba de un chico que jamás habían visto antes.

—Chicos, les presentó a Gastón Weasley —dijo Juanma sonriente.

Otro Weasley... —se quejó la voz de la cabeza de Mankar.

—Eh... qué bien —dijo él. No era familia suya, pero Mankar ya estaba acostumbrado a ver personas con su apellido por todos lados—. Yo soy Mankar Weasley.

—Ah, un primo —respondió inexpresivamente Gastón mirando sus nudillos.

Mankar consultó con la mirada a sus compañeros. Ninguno parecía estar conforme, pues no lo conocían.

—Bueno, chicos, ¿quieren inscribir su equipo ya? —preguntó Juanma.

—¡No! —exclamó Ron alarmado—. Digo... es que todavía no sabemos cómo llamarlo y no hemos decidido quién será el capitán —se apresuró a explicar, aunque era obvio que no quería a Gastón en el equipo.

—Cuando lo tengan listo, me avisan —dijo Juanma—. Bueno, los dejo. Tengo que terminar de revisar unas redacciones.

Los chicos se despidieron y, cuando la puerta se cerró, los cinco caminaron por el pasillo de regreso a la Sala Común. Estaban bastante callados y a Mankar le pareció que era un silencio incómodo, así que fue el primero en hablar.

—¿Eres de primer curso? —preguntó Mankar.

—De segundo —respondió Gastón cortante.

—Bueno, como te dije, mi nombre es Mankar... Él es Tarru Potter, es comentarista de los partidos de quidditch —lo señaló—; Rob Potter, tal vez lo conozcas porque ha ganado varios Laberintos, si no estoy mal...

—Sólo dos —dijo Rob.

—Sí... Y Ron Lesson, que es... bueno, también es de Gryffindor.

Se notaba que Lesson era el más incómodo con la idea de que Gastón entrara al equipo. Mankar habría preferido a alguien más, pero al menos le agradaba el hecho de que estuvieran completos por fin.

—Ah ya... —respondió Gastón indiferente—. Oigan, la verdad no quiero ser capitán...

—No, claro que no —dijo Ron de inmediato.

—No es necesario si no quieres —intentó decir Mankar fulminando a Lesson con la mirada.

Habían llegado al retrato del hombre rodeado por leones que daba la entrada a la Sala Común, y cuando se apartó, ellos entraron. Lesson aprovechó el ruido de los estudiantes de Gryffindor para susurrarle a Mankar:

—Estuve en algunas clases con Gastón el año pasado. No le pone interés a nada, y por poco no pasa a segundo curso. Además, cuando se perdían cosas aparecían en su mochila.

Mankar lo miró atentamente, cuestionando la veracidad de las palabras de Ron Lesson. ¿Lo decía sólo para convencerlo de que no era buena idea que el chico entrara al equipo?

—No tenemos opción. Luego podremos sacarlo si lo vemos necesario —dijo entre dientes mientras se reunía con los demás en unos sillones que había junto a una ventana.

—¿Y cómo llamaremos al equipo? —preguntó Tarru en voz alta.

—¿Qué les parece Las Garras del León? —propuso Rob.

—No —dijo Ron—. Es un nombre muy simple. Todos los equipos querrán llamarse así.

—Gryffindor's Heirs —dijo Tarru.

—¿Qué significa eso? —preguntó Ron—. Que no sea nada en inglés, porque no lo entiendo.

—Bueno, entonces di tú un nombre —espetó Mankar enojado.

—No sé...

Ron se apoyó sobre su codo con expresión pensativa. Todos callaron un instante, pensando un nombre que les gustara.

—Los Dementores de Godric —propuso Rob.

—Me gusta —dijo Tarru.

—Pero Godric no tenía dementores —objetó Lesson.

—Entonces... Los Dementores de Azkaban —dijo Tarru.

—¿Los Guardianes de Azkaban? —sugirió Mankar. Miró a sus compañeros. Se dio cuenta de que Gastón ni siquiera simulaba interés.

—Ése sí que está simple —criticó Ron.

—Mmm... —pensó Mankar, sin hacerle caso—. Si los dementores son los guardianes de Azkaban... nosotros podríamos ser los guardianes de otra cosa.

—¿De otra prisión? —sugirió Rob.

Mankar estaba pensando en lo mismo. Se le ocurrió un nombre:

—Los Guardianes de Nurmengard.

—Me gusta —afirmó Rob.

—Sí, está genial —coincidió Tarru.

—Mmm... está bien... —dijo Ron.

—¿Eso es todo? —por fin habló Gastón.

—No. —Mankar lo miró fijamente—. Falta el capitán.

—Puedes serlo tú —propuso Rob de inmediato.

—Estoy de acuerdo —dijo Tarru con firmeza.

Mankar los miró sorprendido.

—¿Yo? ¿Por qué?

—Eres excelente con lo del trabajo en equipo —respondió Tarru—. Te he visto en los partidos de quidditch.

—Y si hay un Gryffindor valiente, ése eres tú —afirmó Rob—. Recuerda lo del año pasado.

Se sintió muy halagado cuando escuchó esas palabras. No se había planteado esa posibilidad hasta ese momento, pero consideraba que podría desempeñar un buen papel como capitán.

—¿Te gustaría o qué? —preguntó Ron de mala gana.

Ya estás adentro, ahora a hacer lo mejor posible —le animó la voz en la cabeza de Mankar.

—Pues... me encantaría —decidió Mankar—. A menos que tú quieras, Ron —dijo por cortesía.

Era evidente que se moría por serlo, pero no fue capaz de decirlo cuando vio que Rob y Tarru querían que Mankar lo fuera.

—Tómalo tú.

Mankar lo miró, divertido por su reacción.

—Gastón, ¿qué opinas? —le preguntó.

—Como ustedes quieran —respondió él bostezando.

Mankar puso los ojos en blanco. Le molestaba en serio la actitud de su nuevo compañero.

—Bueno, entonces está decidido —declaró Rob.

—Ahora tienes que hacer una lista con nuestros nombres y nuestros ID's —le dijo Ron—. No olvides escribir el nombre del equipo y el capitán.

—Lo sé, Ron...

—¿Puedo irme? —interrumpió Gastón—. Tengo mucha hambre.

—Claro... —contestó Mankar—. Oye, espera —le dijo antes de que se fuera—. ¿Estás seguro de que quieres hacer parte del equipo?

—Sí —respondió Gastón, dándoles la espalda—. Bueno, la profesora Devil fue quien me lo propuso. Dijo que sabía exactamente qué equipo sería perfecto para mí. Y bueno, es una forma de ganar puntos y fama, ¿no?

Al escuchar esas palabras, Mankar se quedó completamente helado. ¿Era por Devil que ese chico grosero se había unido al equipo? ¿Qué estaba tramando? Rob y Ron miraron a Mankar boquiabiertos.

Seguramente la respuesta de Gastón fue la causa por la que Mankar tardó un buen rato en darse cuenta de que olvidó decirle a Juanma sobre el cambio de profesor.