Charla de Hadas.

Casi me muero al ver un Hada de Agua en persona, realmente nunca había visto una antes. Tan solo había oído hablar de ellas. Sabía que eran muy tímidas, aunque aun más lindas, usaban la magia del Agua y dormían a diferencia nuestra, en recipientes con agua limpia. Si el agua no estaba limpia, no podían dormid.

—No tan fuerte —me hizo guardar silencio Pic—. La asustas.

La pequeña hadita de agua seguía refugiada detrás de Remi, la pobre estaba temblando. No sabía si temblaba porque la asuste con mi pregunta o solo estaba asustada por mi presencia.

—Vamos cariño, no te hará daño.

Tedemí trataba de sacarla de detrás de la ropa de Remi, pero la pequeña no quería. Lucía sumamente nerviosa, como una niña a punto de dar la lección, sobre un tema del que ni siquiera sabía que debía estudiar.

—¿Quién es? —le susurre a Lolaflor.

—Es un Hada del Agua —me respondió ella con otro susurro.

—Ya se eso. Pero de donde viene —volví a susurrar.

—No lo sabemos. Un día apareció en la fuente —respondió con otro susurro.

—¡Apareció!

La Hadita de Agua que ya estaba saliendo ante los ruegos y suplicas de Tedemí, se volvió a esconder ante mi grito. Todas me miraron enojadas.

—Perdón.

—Ahora no vamos a sacarla.

—¡Ya se!

Pífano voló en dirección de la casa de los Burdock y luego regresó con una miga de tarta. Como si llamara a un pequeño venado, intentó ofrecerle la miga a la hadita. Pero en un momento de descuido, la miga le fue arrebatada de las manos por una gota de agua que se estiro.

—¡AHHH!

No creo que sea necesario mencionar el grito que pegó Pífano, al ver una especie de tentáculo hecho de agua, arrancarle de las manos la miga y llevárselo a la pequeña hada. La Hadita de Agua solo saboreaba la tarta detrás de Remi.

—Puedo preguntar porque solo confía en Sidolorsientestedarémibesosanador.

—Nadie sabe, así como apareció un día aquí. Se escondía cuando alguien trataba de hablarle.

—Ni Siempresonríeymidonrecibirás ni yo pudimos volvernos amigas suyas, como Remi —habló Inoa algo decepcionada.

—En verdad es un hada muy tímida. Llámamesiempreamínoanadiemás probó con todo para hacerse su amiga —comentó Don—. Sin éxito.

—Pero como se volvió tan allegada a Remi.

—No sabemos, ni Remi lo sabe.

—Que extraño.

—Verdad.

—Por cierto Felí, ya has visto a mi niño.

—Hablas del hijo de Flox, Pífano.

—Sip. Que opinas.

—Si, dinos que opinas Feli.

—Crees que sea un Mágico o un Sinmagia.

—Todas estamos divididas, Talosén, Lolaflor, Don y Remi creen que es un Sinmagia.

—Pero Tedemí, Pifano, Inoa y yo creemos que es un Mágico.

—Por eso para desempatar, te necesitamos, Felí.

—Tú darás el voto decisivo.

—Mi niño es un Mágico, verdad Felí —Pífano me miró suplicante.

—No trates de influenciar a la Juez, Pífano.

—Sí, deja que Felí decida.

No se que querían que dijera, yo vi al hijo de Flox hacer magia, aunque fue accidental, pero la hizo. Si querían que diera el voto decisivo, solo había una opción posible.

—Es un Mágico de la Oscuridad.

Respondí tranquilamente, todas se asombraron ante mi declaración, incluso Pífano. Mis compañeras Hadas no solo estaban asombradas porque había dicho que el hijo de Flox era un Mágico, sino porque incluso mencioné que era un Mágico de la Oscuridad.

—¿Estas segura Felí?

—Sí. ¿Por qué?

—Chicas, ella no sabe.

Las haditas formaron un círculo y comenzaron a hablar entre sí, incluso Remi. La hadita de de Agua se había quedado sola, estaba muy ocupada lamiéndose las manos. Yo simplemente tuve que esperar a que terminaran su reunión.

—Entonces, debemos decírselo. De acuerdo.

Todas las hadas asintieron ante la declaración de Pífano.

—Felí, Flox es una Bruja de la Oscuridad. Pero no tiene hermanas o hermanos.

—Sabías que el padre del hijo de Flox es un Mágico de la Luz, Felí.

—Y toda la familia de él también.

—Incluyendo a sus hermanos.

—En su familia nunca ha habido Mágicos de la Oscuridad.

—Ha sido casi como una tradición, todos los niños que nacen como Mágicos, siempre han sido de la Luz.

—Aun cuando han tenido de madres a Brujas de la Oscuridad Como el caso de Flox.

—Aun sigues creyendo que será un Mágico de la Oscuridad, Felí.

—Sí.

—¿Por qué estas tan segura?

—Lo vi usar magia.

Todas me miraron asustadas como si hubiera dicho una palabra prohibida. Yo estaba muy confundida, que había dicho. Acaso era malo decir que lo vi usar magia. Nuevamente hicieron otro círculo las Hadas.

—Si van a tardar, voy a visitar a los Polimón.

Les deje el recado a mis compañeras y volé en dirección de la casa de Flox, sin saber siquiera, que tenía una acompañante. La pequeña Hada de Agua volaba a casi un metro detrás de mí, ocultándose cada que volteaba a ver a mis amigas.

—Espero que Flox y las chicas ya hayan llegado.

Golpee varias veces a la puerta, pero nadie abrió. Espere y espere a que no me hubieran oído, volví a tocar la puerta, pero nuevamente, nadie abrió.

—Pensé que habría alguien a esta hora. ¿Dónde estarán?

Volé alrededor de la casa, fui a la parte trasera, donde estaba el jardín de los Polimón. Curiosamente, aunque era época de fresas, los arbustos de los Polimón, no tenían ni una sola fresa. Ni siquiera aquellas que deberían estar verdes.

—De seguro Flox estuvo aquí antes.

Di una vuelta más por los arbustos, estaba bastante feliz viendo lo trabajora que había estado Flox "cosechando" todas las fresas. Incluso aquellas que no estaban hechas. Cuando sin querer, escondida detrás de una gran hoja encontré una enorme y jugosa fresa roja.

—Valla, se le fue una a Flox —reí al tomar la fresa—. Se la guardaré para cuando la vea

No la quería comer, tenía suficiente comida en casa, solo pensaba dársela a Flox en cuanto la viera, le encantaban las fresas silvestres. Pero cuando me alejaba de la casa volando, ella se me acercó.

—Oh. Hola Hadita del Agua.

Ella solo se quedó flotando mirándome fijamente o más bien, mirando la fresa que traía en las manos. Dudosa, moví la fresa en varias direcciones, ella la siguió con la mirada. Me pareció muy tierna la forma como se lamía la boca.

—¿Tienes hambre?

Ella no respondió, pero su expresión me lo decía todo. Estiré mis manos y le alcancé la fresa. Temerosa se acercó y la tomo rápidamente, luego comenzó a comerla. Su pequeña cabecita se perdió en la gran fresa, que pronto, lucía como un curioso sombrero.

—Valla, en verdad tenías hambre.

No tardó mucho para acabarse la fresa, luego comenzó a lamerse las manos como si fuera un gato. Me puse a pensar y ya que había comido, decidí brindare también algo de beber. Tomé una hoja y la doble varias veces hasta hacer un pequeño recipiente con forma de cono, luego busqué algo de rocío y llené mi recipiente improvisado.

—¿Gustas?

Ella asintió y bebió el rocío que le había buscado. Parecía muy feliz. Luego me di cuenta de algo más, a diferencia de mí o de las demás hadas de Fairy Oak, esta parecía ser un Hada mucho más joven. Diría que ni siquiera llegaba a los trescientos años de edad.

—¿Cómo te llamas?

Pero no respondió, quizás las Hadas de Agua hablaban algún otro dialecto diferente. En verdad lucía bastante joven, tal vez era una recién llegada.

—¿Con qué familia estas? ¿Cómo se llama tu niño? ¿Desde cuándo eres Niñera? ¿De dónde vienes?

Pero por más que le preguntará, no me respondía. Lucía bastante feliz, hasta me agradaba verla así, tan llena de vida. Volaba girando y girando, tocando el rocío de las flores, estirándolo a su paso creando infinita cantidad de figuras con el agua.

—Me gusta tu truco. ¿Puedo intentar?

Me acerqué a una gota de rocío sobre una hoja y la tome con mis manos, trate de hacer que se estirara, de que flotara o siquiera se moviera. Pero era inútil, lo único que logré es que me explotará en la cara. Quizás las Hadas de Luz no estábamos hechas para trabajar con el agua.

—Es más difícil de lo que parece.

La Hada de Agua se acercó a mi muy curiosa, al parecer no entendía porque yo no podía hacer lo que ella. Toco una gota de rocío y esta bailo en el aire. No miento, en verdad lo hizo y fue mágico.

—Eres muy buena. Más que eso, eres buenísimamentebuena.

Por fin logré que no me temiera, no solo eso, me dedicó una linda sonrisa. Fue cuando abrió la boca para sonreír y me enseño los dientes, que me di cuenta. Por eso lucía tan joven, por eso no podía responder a ninguna pregunta, por eso es que era tan tímida.

—¡Eres solo una niña!