Capítulo 10: Segunda oportunidad

Toc. Toc.

Por fin se animó a tocar a la puerta. Mankar llevaba un buen rato sin saber qué decir o cómo empezar. Incluso había considerado dejarlo para otro día. Pero sabía que tenía que afrontarlo tarde o temprano. Y entre más temprano, mejor, como buen Gryffindor.

Además, tenía una excusa.

Toc. Toc. Toc.

Habría sido muy irónico que después de al menos diez minutos de discusión con su conciencia (así había decidido llamar a la voz que le hablaba en su cabeza), Juanma no se encontrara en su despacho. Mankar debió suponer que se encontraba dando clase en ese momento. Pero unos cuantos segundos después, la puerta se abrió.

—¡Hola, hermanito! —saludó Juanma alegremente—. Disculpa, estaba un poco ocupado. Ven, entra. —Se apartó de la puerta invitando a Mankar a pasar—. ¿Qué tal tus primeros días de clase?

Mankar no dejaba de sonreír, un poco incómodo. Entro al despacho de Juanma y se dirigió a una silla, mientras Juanma regresaba a su escritorio.

—Muy bien —respondió Mankar distraído—. Por ahora sólo hemos hecho repasos de lo que vimos el año pasado. Excepto en Defensa.

Se sentó y recorrió con la mirada el lugar. Era evidente que ahora lo ocupaba alguien diferente al año anterior. Las ventanas, con cortinas largas cortinas blancas, estaban abiertas y la luz que entraba por ellas iluminaba toda la habitación. Los estantes, que cuando Mankar había visto por última vez estaban llenos de libros polvorientos, tenían ahora también algunos artefactos dorados, plateados y de cristal.

La mirada de Mankar se había clavado desde que entró en una de las paredes, en la que unos meses atrás había un armario negro e inmenso, pero ahora había un gran espejo de marco dorado.

El despacho estaba irreconocible. Ahora era bastante acogedor.

—Es verdad —dijo Juanma—, por lo que tu profesora es diferente este año en esa materia. ¿Qué tal te va con ella?

—Pues... no hemos hecho mucho aún.

—Sólo son las primeras clases —comentó Juanma, revolviendo uno de los cajones de su escritorio—. Seguro que a lo largo del año se irá haciendo muy interesante. Se supone que ambos enseñamos lo mismo.

—No lo sé... —respondió Mankar—. Yo quisiera cambiar de profesor.

Ahí va la excusa. Esperemos que funcione.

Juanma miró al chico negando con la cabeza, con un poco de tristeza.

—No es posible. Resulta que ya tengo todos mis grupos llenos. Aunque, claro, si lo deseas puedes venir por las tardes y te ayudo con tus deberes o lo que necesites.

Mankar disimuló su decepción manteniendo la sonrisa.

—No importa —afirmó—. Pero claro que me encantaría que me enseñaras por fuera de las clases.

—No creo que haga falta —respondió Juanma, regresando su mirada a un montón de pergaminos que tenía en frente—. Con tu profesora también vas a aprender bastante.

—Espero que sea buena profesora.

—Tiene que serlo —dijo Juanma en tono no muy convincente.

—¿Ya la conocías desde antes? —preguntó Mankar.

—No, para nada —contestó Juanma mirando de nuevo a su hermano—. Aunque... —dejó la frase sin terminar—. ¿Y qué tal lo del equipo? ¿Ya está todo listo?

—Sí, sí —respondió el chico rápidamente, decepcionado por el cambio de tema—. Decidimos que yo seré el capitán.

Juanma miró a Mankar levantando las cejas.

—Eso es perfecto —comentó asombrado.

Mankar lo miró perspicaz.

—¿Por qué?

—Pues porque eres un chico con muchas cualidades y seguro que lo vas a hacer lo mejor que puedas —afirmó Juanma de inmediato.

Mankar soltó una risita como agradecimiento.

—Bueno, pero no creo que sea buena idea que ese chico Gastón entre al equipo...

—¿Por qué lo dices? —Juanma frunció el entrecejo.

—Se nota que no tiene ningún interés por formar parte del equipo —respondió Mankar haciendo una mueca de fastidio; prefirió no hablar de la advertencia de Lesson sobre la cleptomanía de Gastón. Y ya sabía de qué modo abordar el tema del que quería hablar.

—¿En serio? —preguntó Juanma con sorpresa—. Entonces ¿por qué habrá venido a pedirme que le ayudara a entrar a un equipo?

—Nos dijo que lo hacía por los puntos.

—Bueno, lo que pasa es que Taz me contó que Tarru Potter estaba buscando un miembro para su equipo —explicó Juanma—, y Gastón le pidió ayuda para encontrar equipo también. Entonces ella me dijo que, si el equipo de Tarru venía a preguntar por un miembro, les recomendara a Gastón. Él vino a mi despacho precisamente para eso.

—Ah... —fue lo único que dijo Mankar, bastante pensativo.

—Pero quizás sólo sea timidez —continuó Juanma—. El chico estaba bastante emocionado cuando vino a verme.

—A mí me parece muy sospechoso que Taz quisiera que él entrara a nuestro equipo —confesó Mankar.

—¿Sospechoso? —repitió Juanma—. No hay por qué exagerar con esto. Te lo digo en serio, no he visto nada extraño en ella. Recuerda que le estoy ayudando a organizar el Torneo.

—Pero, ¿qué no ha sido prueba suficiente todo lo que pasó el año pasado? ¡Incluso desde mucho antes...!

—La pregunta es: ¿ha sido prueba suficiente para ti? —preguntó Juanma seriamente. Mankar le lanzó una mirada fría—. ¿Estás completamente seguro de lo que acusas? Quiero decir: ¿te consta en verdad que ella... estaba involucrada voluntariamente —hizo énfasis— en lo que ocurrió el año pasado?

Mankar no podía creer que tuvieran esa discusión. Ahora empezaba a considerar si valía la pena también confiar en su hermano. Dudaba en qué bando estaba.

Pero, ya que Juanma no continuó, Mankar se dio unos segundos para reflexionar lo que le decía.

¿Constarle...?

Sus ojos se movieron inquietos alrededor de la habitación. Detestaba la idea de buscar alguna prueba a favor de ella, pero tenía que admitir que jamás habría tenido un motivo para guardarle rencor a Tazllatrix Devil, si no era porque el profesor Riddle lo dijo todo el día que intentó matar a Merlín.

Una prueba... Si la tuviera, su padre no estaría en ese momento en peligro por la advertencia de la ministra de magia. Merlín no sería el sospechoso de la desaparición de Riddle, ni tampoco de la de Cronista y Andrés.

Los ojos de Mankar se clavaron en el espacio de pared que más vacío lucía, aquél en el que el espejo de marco dorado reemplazaba el armario que servía de pasadizo a la sala donde se encontraban todas las pruebas. Pasadizo que misteriosamente se esfumó en cuanto intentaron sacarlo a la luz.

¿Era posible que Juanma lo convenciera? Mankar no tenía ni la más mínima intención de cambiar su postura, aunque no le constara que Devil en verdad había sido cómplice, o que lo había sido voluntariamente.

Desde lo que había ocurrido en la fría trastienda oculta de Muggler, todo parecía haber transcurrido demasiado rápido para ser asimilado. La euforia de Mankar debida al primer hechizo que logró hacer con su varita por sí mismo, y de todos los demás, casi no lo había dejado concentrarse en buscar la forma de desenmascarar a Taz. Era sorprendente la forma como ella se comportaba desde entonces, tan amable, tan inocente... Y todo el mundo le creía.

—Mala bruja —murmuró Mankar, aunque la palabra que su conciencia había dicho era otra.

—¿Cómo sabes que realmente no fue obligada a hacer todo eso, aún suponiendo que lo hizo? —inquirió Juanma.

Buena pregunta. Cómo saberlo. De la misma forma que no se había dado cuenta de todos los indicios el año anterior, quizás ninguno de ellos era cierto...

—No lo sé —admitió Mankar.

—Honestamente, pienso que hay que considerar todas las posibilidades. ¿Alguna vez te has planteado que su versión sea real?

Mankar siguió mirándolo con frialdad. Sentía un afecto muy grande por su hermano, sí, pero le molestaba que adoptara esa actitud, sólo por el hecho de que Taz fue amiga suya desde mucho antes.

«Al igual que lo fue de Gaby», pensó Mankar con amargura. Y a pesar de todo...

Odiaba admitirlo. Fue la voz de su cabeza quien lo dijo antes de que pudiera formar la oración.

No la hemos visto en nada sospechoso durante este año. Entonces, si es verdad que fue controlada por Riddle, quizás ya no represente una amenaza...

Mankar negó con la cabeza, testarudo.

—Mira, hermanito —Juanma usó una palabra que en verdad suavizó la discusión—, puedes estar completamente seguro de que no voy a dejar que nada te pase. Ni a ti ni a ningún estudiante del colegio.

Mankar sonrió sin ganas y parpadeó lentamente.

—Créeme que tengo muchísimas ocupaciones —continuó Juanma—. No sólo en el colegio, también en el ministerio. Con todo esto que ocurrió... —suspiró—. Pero no vayas a pensar que por eso voy a descuidarme. Con o sin pruebas, voy a estar siempre atento a cualquier cosa que pueda resultar extraña.

—Está bien. —Mankar asintió.

Juanma le había dado muchas cosas para pensar. Por el momento decidió hacerlo todo a un lado. En verdad se estaba confundiendo.

—¿Y qué ocurrió en el ministerio? —dijo Mankar, intentando cambiar el tema.

—Lo del Departamento de Misterios —respondió Juanma con tono de lamento. Al ver la expresión de desconcierto de Mankar, aclaró—: El robo en el Departamento. ¿No te enteraste?

El chico frunció el entrecejo y negó con la cabeza, mirando fijamente a su hermano.

—Apareció en El Giratiempo —comentó Juanma—. Apenas hace unos días se dieron cuenta de que algo faltaba. Pudieron haberlo robado hace semanas, sin que nadie lo notara.

—¿Qué robaron?

—Un objeto mágico —respondió Juanma—. Pero no te puedo decir cuál es...

—¿Y para qué sirve? —insistió Mankar. Si algo detestaba era que le ocultaran las cosas, por más de que fuera un «misterio».

—Se desconoce su uso —dijo Juanma automáticamente. Mankar dudó que fuera del todo sincero. Suspiró, seguro de que sin saber Legeremancia era imposible obtener la respuesta.

Durante un escaso minuto, se mantuvieron en silencio. Juanma revisaba un montón de pergaminos y no dejaba de pasar las hojas.

—Bueno pero, ¿qué podría pasar con ese chico en el equipo? —preguntó entonces Juanma—. Lo peor sería que perdieran por culpa de él, y eso no tiene nada de peligroso.

Mankar no se dio cuenta de inmediato que su hermano se refería a Gastón Weasley. Sí, eso era bastante cierto. Era un poco difícil de imaginar que un niño de probablemente su misma edad terminara haciéndoles daño. No se le ocurría una forma en que lo hiciera. O por lo menos ninguna creíble.

Sin embargo, no dejaba de pensar que su vida corría peligro participando en el Torneo del León Escarlata.

—De todas formas Gastón no me inspira confianza —respondió Mankar.

—Vamos, sólo deberían darle una oportunidad —lo animó Juanma—. Si no es él, ¿a quién van a conseguir?

Si Gastón no entra, el equipo no puede inscribirse. Si no los inscribes, puedes formar equipo con Haher y Gonza, y dejar a Los Guardianes. O también puedes salvar tu vida y retirarte del Torneo —le habló su conciencia.

«No pienso dejar a Rob, Ron y Tarru —se dijo Mankar decidido—. Ellos confían en mí. Me nombraron su capitán. Se lo prometí, no los voy a dejar. Mi amistad con Haher y Gonza sobrevivirá si vale la pena. Y los Guardianes saben que si no es Gastón, difícilmente encontraremos a alguien.»

El más problemático para aceptar un miembro nuevo era Lesson, aunque Mankar también buscaba cierta clase de persona; un estudiante preferiblemente de segundo curso, que no tuviera apariencia de alguien débil o tonto, sin que importara su sexo o estatura...

Pero consideró las palabras de Juanma y se dio cuenta que estaban siendo un poco injustos con él. De todas formas, todavía quedaba mucho tiempo para decidirlo y su hermano no lo estaba presionando.

—Voy a inscribir al equipo —decidió Mankar.

—Me alegro —respondió Juanma, tomando una hoja de un montón en su escritorio—. Llena este formulario. ¿Tienes los ID's de todos?

—Sí... —respondió Mankar, sacando el papel en que Ron había hecho que los cinco escribieran sus nombres y números de identificación, antes de que Gastón se fuera. Le sorprendía lo decidido que estaba Ron de participar en el Torneo, a pesar de todo...

Llenó el formulario cuidadosamente.

—Uy, ya son las cuatro de la tarde —dijo de pronto Juanma—. No tardarán en llegar unos alumnos que salen de clase y que vienen a pedirme ayuda con un hechizo.

Mankar gimió.

—¡Me tengo que ir! —exclamó—. Le prometí al capitán de mi equipo de quidditch que nos reuniríamos después de clases.

Se levantó apresurado de su asiento y se dirigió a la puerta.

—Que te vaya bien, vuelve cuando quieras —sonrió Juanma—. Déjame la puerta abierta, por favor.

Mankar se despidió y salió corriendo. Bajó al vestíbulo lo más rápido que pudo y salió a los terrenos del castillo.

Durante el camino escuchó en su cabeza las palabras de Juanma repetirse varias veces. Quería dejar de pensar en ello. Le invadía una preocupación enorme y se sentía frustrado de ser el único que parecía realmente nervioso por lo que pudiera pasar. Aunque...

Sacudió su cabeza bruscamente, mientras bajaba la escalera de mármol del vestíbulo. Malentendido o no, lo único que podía hacer era esperar a conseguir una prueba que lo convenciera de alguna de las posibilidades. Al día siguiente tenía clase de Transformaciones con Devil seguramente, y aunque hasta hacía unas horas no tenía ni pizca de ganas de que llegara el momento, pensó que estudiar su comportamiento podía ser útil para sacar una conclusión.

Mankar salió por la escalera de piedra y se dirigió a toda prisa al campo de quidditch, donde ya estaban los miembros de los WW esperándolo. En lo alto, el guardián Kamui Aizawa y el cazador Wodahs Vaballo atravesaban velozmente el campo de juego, compitiendo en una carrera. Sil, Angie y Samira conversaban despreocupadamente, sentadas en el césped. Melb estaba recostado contra un soporte de las graderías, con dos escobas a un lado (una de ellas era la de Mankar) y lo saludó en cuanto éste se acercó. Melb, hizo una seña al resto del equipo y en pocos segundos ya estaban los siete jugadores reunidos.

—Perfecto, ya estamos todos —empezó a hablar Melb—. El motivo de esta reunión es para organizar el equipo de la liga oficial de quidditch. El cuadrangular pasado lo ganamos con gran ventaja, y eso nos hace uno de los equipos con más posibilidades este curso. ¿Ustedes qué opinan?

Casi todos comenzaron a hablar al mismo tiempo, emocionados y asintiendo con la cabeza.

—Me parece muy bien que todos quieran continuar —dijo Melb sonriendo—. Bueno, es que yo estaba pensando en hacer varios cambios en el equipo. O sea, buscar nuevos jugadores, que puedan ser suplentes, y que también sean muy buenos.

—Creo que es una buena idea —apoyó Sil, la subcapitana—. Podemos hacer pruebas para buscar a los mejores jugadores. Ahora que hay puntos para los ganadores de los partidos, seguro que habrá mucho más interés por entrar. Y así podemos estar listos para cualquier ausencia o accidente...

—Bien, ¿qué les parece si comenzamos con un entrenamiento sencillo? —propuso Melb—. Se me ocurría que reasignáramos los puestos en el equipo, sólo para probar otras combinaciones y estrategias.

—Yo no quiero dejar de ser golpeador —dijo Mankar.

—Está bien —respondió Melb—. Sólo es una sugerencia. Subamos a las escobas y practiquemos un rato. Juguemos como si se tratara de una prueba para entrar al equipo.

Mankar agarró uno de los bates de golpeador, tomó su Saeta 87 y pasó su pierna por encima de ella. Se elevó dando un pequeño salto en el suelo y se inclinó un poco para tomar altura y velocidad. Era su primer vuelo en varios meses y lo disfrutó demasiado. La brisa que le sacudía el cabello resultó bastante refrescante. Contempló desde arriba el campo de quidditch y la vista de los terrenos del colegio hasta donde alcanzaba a verlos. Volar era una de las cosas que más le gustaban en el mundo. A veces le asombraba que antes le tuviera miedo a las alturas, aunque eso había quedado muy atrás...

Abajo vio cómo Melb les lanzaba una pelota roja a las otras dos cazadoras y ellas comenzaron ajugar con ella. Una pelota negra salió disparada al aire y empezó a recorrer el campo a gran velocidad. Mankar buscó acercarse a la bludger para poder darle un golpe con el bate.

Era increíble la velocidad que podía alcanzar la escoba de Mankar en tan solo unos segundos. Resultaba un poco difícil poder seguir el camino de la inquieta bludger, pues cambiaba de dirección a cada momento. De repente, la pelota de hierro se detuvo e inmediatamente se lanzó en contra de Mankar. El cambio lo tomó por sorpresa, pero alcanzó a proteger su propia cabeza dando un golpe con el bate a la bludger. Ésta salió volando en dirección a Sil y estuvo a punto de derribarla, pero Samira El Mosri, la otra golpeadora, llegó justo a tiempo para desviarla.

—Cuidado, Mankar —le advirtió Kamui, que volaba cerca de él.

Mankar voló hacia donde estaba Sil para disculparse. Era bastante inusual para él pegarle a la bludger y lanzarla equivocadamente en contra de un miembro de su equipo. Incluso le daba la impresión de que era la primera vez que le ocurría, o por lo menos sin querer.

Samira se encontraba recorriendo el lado opuesto del campo, y la bludger se encontraba más cerca de ella nuevamente. Sil, Melb y Wodahs se pasaban la pelota entre ellos en el aire, formando diferentes figuras y haciendo algunas piruetas. Wodahs tomó la quaffle y la arrojó a los aros de gol, pero Kamui la agarró, tomó impulso y la lanzó con todas sus fuerzas, cerca de donde estaba Mankar, quien vio cómo la quaffle caía lentamente mientras la bludger regresaba hacia él a toda velocidad.

Los cazadores se lanzaron hacia la pelota roja; el que iba delante del resto era Melb. Cuando llegó a ella, la tomó, pero no iba a poder esquivar la bludger. Mankar ya se dirigía cerca de él para bloquearla y logró darle a la pelota de hierro, pero no lo hizo con la suficiente fuerza y ésta sólo se retiró unos pocos metros y arremetió de nuevo contra Melb.

Mankar subió con su escoba intentando defender al cazador y le dio otro golpe a la bludger sin tener en cuenta a quién se la dirigía, y resultó mandándola hacia donde se encontraba Angie, que buscaba la snitch. La bludger golpeó su escoba y ella empezó a dar vueltas en el aire bruscamente, y estuvo cerca de perder el equilibrio y caer, pero luego se quedó inmóvil y logró recuperar el control de la escoba.

—¡Lo siento! —gritó Mankar.

Tres golpes de tres, fallidos. Mankar extrañaba demasiado su habilidad para percibir lo que iba a pasar. Cuando tenía la Gema y podía ver el futuro era capaz de golpear la bludger y mandarla hacia el rival por más lejos que se encontrara, o incluso hacer que atravesara el aro de gol. Una vez logró además desviarla hacia la snitch y hacer que ésta se dirigiera casi a las manos de la buscadora de su equipo. Pero ahora que había perdido su habilidad (o más bien, ahora que ésta se había dormido) la suerte no le servía de mucho.

—Mankar, ¿te encuentras bien? —preguntó Melb seriamente.

—Sí... sí, debe ser la falta de práctica —improvisó Mankar.

Antes de que Melb dijera otra cosa, Mankar voló lejos de él simulando que quería perseguir a la bludger. No estaba de ánimo para regaños.

Pero durante los siguientes minutos, no logró acertar golpeando la bludger. En la mayoría de los intentos, no podía ni siquiera atinarle; sólo terminaba golpeando el aire y la pelota esquivaba el bate. En otras ocasiones, estuvo cerca de golpear a uno de sus compañeros y también terminó bateando uno de los postes de gol.

—¡Mankar, Mankar! —exclamó Melb con su paciencia agotada—. ¿Qué te está pasando hoy?

—No tengo idea —respondió Mankar intentando sonar sincero. Prefería decir eso en vez de admitir que el único motivo por el que había sido un buen jugador durante el año anterior era por tener un objeto mágico que le permitía predecir a dónde iría a parar la bludger que golpeara y cuál era la mejor forma de hacerlo.

—Mira, descansa un rato —sugirió Melb—. Si quieres pásale el bate a Kamui, que quería intentarlo como golpeador, y practica un poco con la quaffle.

—Está bien. —Mankar asintió.

Kamui tomó el bate de Mankar y empezó a agitarlo mientras recorría el campo de quidditch rápidamente. Mankar ocupó su lugar como guardián; sabía que era mejor cubrir a Kamui en vez de jugar como cazador, pues convenía que los cazadores titulares siguieran perfeccionando su juego.

—¿Has jugado de guardián alguna vez? —preguntó Melb, haciendo girar la quaffle en sus dedos.

—Sólo con los pies en la tierra —respondió Mankar.

De hecho, la posición de guardián era la que él había deseado ocupar antes de entrar a un equipo de quidditch, ya que en el fútbol se le daba muy bien ser portero (cuando vivían como muggles, era el orgullo de sus amigos en su equipo; era la única posición en que jugaba, porque realmente le aburría mucho ese deporte) pero ya que en los Wimbourne Wasps sólo había vacante como golpeador, no tuvo otra opción.

—Vale —dijo Melb.

Lanzó la quaffle fuertemente al aro izquierdo y Mankar se lanzó hacia allí. La pelota no atravesó el aro, pero porque Melb no apuntó bien. Por su parte, Mankar había estado a punto de perder el equilibrio en la escoba.

Se estaba dando cuenta de que cada miembro en un partido de quidditch debía tener una habilidad específica. No era lo mismo jugar como golpeador que como guardián, y la principal diferencia estaba en que como golpeador eran muy pocas las ocasiones en que debía tomar el bate con ambas manos, pero como guardián tenía que mantenerse casi todo el tiempo con las manos libres del mango de la escoba para poder atajar la quaffle.

Los guardianes sin duda tenían que saber realizar muchas piruetas con su escoba para poder cubrir los tres aros de gol. Aunque era evidente que se movían menos por el campo que el resto de los jugadores, cuando tenía que atrapar la quaffle para evitar que le hicieran gol tenía que lanzarse rápidamente, extender ambas manos sin perder el control de la escoba, e incluso volar de lado o casi de cabeza para poder atraparla.

De todas estas cosas se dio cuenta durante los siguientes minutos. Mankar supuso que, si todavía tuviera la Gema, ser guardián también habría sido pan comido. Los buenos reflejos que pensaba que tenía se debían a la habilidad que ella le daba. Pero antes de obtenerla también era buen portero, ¿no?

Los guardianes que había visto hasta ese momento lo hacían parecer demasiado fácil. Después de varios intentos, logró atajar una vez la quaffle. A pesar de todo, volar en escoba era una de las cosas que mejor sabía hacer, por eso se acostumbró más pronto de lo que creyó en controlar su equilibrio.

Vio a Sil, Melb y Wodahs frente a él, volando en todos sentidos, despistándolo, y al final lanzándole la quaffle al aro que menos se lo esperaba, y no pudo evitar visualizar a Alita y Lalita Weasley, sus primas, con quienes jugó como guardián (aunque sin escoba) y logró atajar todos sus lanzamientos.

Era cosa de concentrarse mucho. Sabía que la Gema había sido de gran ayuda, pero él no necesariamente iba seguir dependiendo de ella para todo. El poder de ésta seguía adentro de él, menos evidente, pero él podría controlarlo conforme adquiriera experiencia.

Wodahs lanzó la quaffle hacia el aro derecho. Mankar voló directamente hacia éste, soltando ambas manos de la escoba. Era parecido a saltar desde el suelo y lanzarse para atrapar la pelota, como lo había hecho cuando jugó con sus primas; aquel día que su vida cambió...

Logró agarrarla fácilmente. De hecho, fueron cada vez menos frecuentes los intentos fallidos de Mankar por atrapar la quaffle.

—¿Ves, Mankar? Sólo necesitabas practicar un poco —dijo Melb animadamente, cuando lanzó la pelota por última vez y Mankar la agarró en el aire.

Había progresado bastante durante el entrenamiento. A pesar de que se sentía muy identificado con la posición de golpeador, resultó atractivo para él intercambiar posiciones con Kamui, y en cuanto éste se lo propuso, Mankar aceptó y luego le pidieron su opinión a Melb.

—Seguiremos entrenando así, entonces —respondió éste—. Creo que a ambos les ha sentado bien el cambio.

El equipo se reunió en el suelo nuevamente y todos, bastante cansados, se echaron en el césped.

—Han estado muy bien —los felicitó Melb—. Continuemos de esta forma y tendremos la copa asegurada.

»Durante estas semanas haremos pruebas para que entren otros miembros del equipo. Ninguno va a perder el puesto de titular, claro, pero en caso de no poder asistir a los partidos serán los suplentes quienes se hagan cargo.

Melb hizo una breve pausa y continuó:

—Estaba pensando en un cambio de nombre del equipo. ¿Qué dicen?

—Genial —apoyó Sil—. Liga nueva, equipo nuevo. Me encanta la idea.

—Sí, y también podemos conseguir nuevos uniformes —comentó Kamui con entusiasmo.

—¿Y qué nombre le pondremos? —preguntó Samira.

—Hay muchos nombres de equipos famosos disponibles —dijo Angie—: Tutshill Tornados, Kenmare Kestrels —empezó a contar con los dedos—, Ballycastle Bats, Wigtown Wanderers... Oh my God, ése no, porque las iniciales serían las mismas...

—No —dijo Mankar—. ¿No les parecería mejor que nos inventáramos un nuevo nombre? O sea, uno que no exista y que nadie pueda copiar.

—¿Como cuál? —preguntó Melb entusiasmado.

—No sé... algo de una criatura mágica —se le ocurrió a Mankar. Los Guardianes de Nurmengard era un nombre que no estaba disponible.

—Los... Kelpies Latinos —sugirió Sil.

—Me gusta —respondió Samira. Un murmullo de aprobación recorrió el equipo.

Qué asco —dijo la voz en la cabeza de Mankar, pero él no se atrevería a decirlo.

—¿Y qué tal... Los Ojos de Basilisco? —propuso Mankar.

—Pero es que los basiliscos tienen dos ojos —objetó Wodahs—. Nosotros somos siete.

—¿Y el nombre de una poción? —propuso Angie.

—¿Veritaserum? —preguntó Melb—. No... ¿Amortentia...? ¿Felix Felicis?

—¡Ésa, sí! —exclamaron varios.

—Queda genial para el nombre del equipo —admitió Sil.

—¿Y qué tal... Fénix Felicis? —sugirió Mankar, insistiendo con lo de las criaturas.

Los demás lo pensaron sólo un segundo.

—Fabuloso. Me encanta.

—Sí, un nombre así nadie nos lo podrá robar.

—Y además podríamos tener uniformes rojos, por el Fénix, y dorados, por el Felicis.

—Entonces ése será el nombre de nuestro equipo. Fénix Felicis —declaró Melb—. Si tienen amigos que no estén en ningún equipo de quidditch, propónganles que se presenten a las pruebas.

Melb dio por terminado el entrenamiento y unos minutos después todos regresaban al castillo. Mankar se dio cuenta de que ahora tenía un motivo más para disfrutar su segundo curso en Harrylatino. Iban pocos días de inicio de clases y le parecía que en general todo iba bastante bien. Demasiado.

Aunque hizo cara de fastidio al pensar que lo siguiente en su lista de cosas por hacer era la inmensa tarea de Encantamientos.

• • •

—¿Cuál es el objeto más importante para un mago? —preguntó el profesor Zancaturno en la clase, el día siguiente.

—La varita —respondió Lilyan Evans. La respuesta a la primera pregunta que hizo el profesor había hecho en esa ocasión era tan evidente que quizás nadie tenía intención de decirla en voz alta.

—Por supuesto —dijo Zancaturno—. Sin varita prácticamente no nos diferenciamos de los muggles. Hay magos que no sueltan su varita para absolutamente nada. Incluso se vuelven dependientes de ella, siempre están hechizándolo todo para evitar la fatiga. Otros están tan obsesionados con la supuesta superioridad de la raza mágica que critican fuertemente a aquellos que hacen cosas tan simples como levantar algo del suelo sin usar magia.

»No es que esté mal usarla en la vida cotidiana —continuó—. Ustedes ya conocen gran cantidad de encantamientos domésticos, y en cuanto cumplan la mayoría de edad podrán usarlos en cualquier momento. Pero hay que recordar también que no siempre podremos realizar hechizos para todo lo que queramos, especialmente cuando haya muggles cerca.

»Además, ¿qué ocurriría si alguna vez perdemos nuestra varita o se rompe, y la necesitamos con verdadera urgencia? ¿Estaremos listos para ello?

»Se dice que ha habido magos que son capaces de ejecutar toda clase de hechizos sin usar la varita. Probablemente a ustedes mismos les ha ocurrido muchas veces, y descubrieron que eran magos realizando algún encantamiento involuntario. Podrían llegar algún día a dejar de necesitar la varita, pero incluso a mí me hace falta muchísima más experiencia y control.

»Por eso, me parece muy importante que ustedes aprendan a fabricar sus propias varitas.

Un murmullo de asombro recorrió la clase. Mankar miró a su profesor intrigado. Le parecía extraño lo que pretendía. Hacer varitas era mucho más que cortar un pedazo de madera. No necesitaba haber escrito seis páginas de tarea para saberlo.

—¿De qué árboles son las maderas que se usan para fabricar varitas? —preguntó Zancaturno.

Los estudiantes comenzaron a enumerarlas.

—Acebo.

—Tejo.

—Cerezo.

—Roble.

—Espino.

—Caoba.

Labenthium.

—De casi todas las maderas, en general —interrumpió Zancaturno, mientras los niños seguían diciendo maderas al azar. No se fijó en que Haher había aprovechado para revisar si el Laberinto abría—. ¿Y qué más se necesita?

—Un núcleo —respondieron algunos.

—Así es. Y ese núcleo puede ser...

—Nervio de dragón.

—Pelo de veela.

—Pluma de hipogrifo.

—Muy bien —dijo Zancaturno nuevamente, pero las respuestas de los niños no se detuvieron de inmediato—. Técnicamente, cualquier varita puede funcionar para un mago. Quizás podría estar hecha de plástico y alguien podría hacer hechizos con ella. Sin embargo, se piensa que debe estar hecha de madera y su núcleo debe ser de alguna criatura, por tradición; porque es una combinación de plantas y animales, la naturaleza, como si fuera símbolo del vínculo con el hombre, no importa que estos seres no sean mágicos.

»Popularmente se piensa que algunas maderas y algunos núcleos traen mala suerte. Sin embargo, hay una varita específica para cada mago, y hay infinitas combinaciones para escoger. O más bien, para que ellas escojan.

Durante aquella clase Mankar comprendió por qué no habían visto ese tema durante el año anterior; en cambio, se preguntó por qué no lo veían en un curso más avanzado. Era mucho más complejo de lo que pensaba, más de lo que había logrado investigar para la tarea.

Para realizar una varita se tenía que tener en cuenta muchos más factores: el largo de ésta, el material con que fuera tallada, la flexibilidad, las propiedades que distintas combinaciones podrían darle, la compatibilidad con el mago que cambiaría con cada una de ellas... Era confuso y agotador.

El tema podía ser interesante, pero Mankar sentía que había cosas más importantes en qué pensar y por eso no pudo evitar sentir alivio cuando sonó la campana que anunciaba el final de la clase.

Sabía que su entusiasmo por lo que llevaba del curso no duraría todo el tiempo, pero trataba de reprimir ese pensamiento, aunque su conciencia no dejaba de recordárselo.

Al salir del salón de Encantamientos, se esfumó su alivio y en la cara de él, de Haher y de Gonza apareció una mueca de disgusto, ya que recordaron la clase que tenían ahora. Pero no tuvieron otra opción más que bajar al primer piso, a su primera clase de Transformaciones del año.

No era que precisamente le gustara mucho esa clase, ni aún cuando la profesora no era Taz Devil. Sorceress enseñaba bastante bien, eso no lo podía negar, pero también era muy estricta e intimidante la mayor parte del tiempo, lo cual a veces hacía sentir a Mankar presionado, aunque sabía que las cosas cambiarían a partir de ese curso.

Haher, Mankar y Gonza llegaron al pasillo del primer piso y encontraron rápidamente el aula en la que tenían clase. Lucía como cualquier otra en la que cualquier profesor normal enseñara.

Si sospechas de lo bueno, ¿cuándo no verás nada malo? —criticó la conciencia de Mankar.

Y muy a su pesar tuvo que admitir que tenía razón. Desde que llegó a Harrylatino... no, desde mucho antes, no dejaba de ver con malos ojos cada cosa que pudiera tener la más mínima relación con Devil. Podía obsesionarse con ello.

Alguien a quien odies tanto está recibiendo una importancia que no se merece —dijo sabiamente la voz en la cabeza.

—¡No puedo evitarlo! —estalló Mankar en respuesta.

—¿Qué? —preguntó Gonza.

Dile que me hablabas a mí.

—Me molesta demasiado la idea de que nos dé clase esa... mujer —respondió Mankar.

Entonces escuchó una risa sarcástica en su cabeza.

Comenzaba a preguntarse si en verdad esa voz era parte de él. ¿Y si se trataba de Devil, que lo había embrujado para que escuchara cosas y terminara enloqueciendo?

No seas estúpido —le espetó la voz. Mankar suspiró. «Conciencia» tal vez no era del todo un buen nombre para ella.

—Buenos días, chicos —saludó una sonriente mujer que entró en el salón y cuyo aspecto era el mismo de Tazllatrix Devil, pero que no podía ser ella por esa actitud alegre y bondadosa.

Ridículo. Ella siempre ha sido así. Desde antes de que te dijeran lo que «hizo».

«Ya cállate», se dijo Mankar impaciente, mientras Devil seguía hablando. Esas frases no las escucharía en su mente si no hubiera tenido esa conversación con Juanma. Además, no eran verdad. A simple vista, la profesora Devil parecía una mujer bastante seria y estricta, quizás tanto como lo era Sorceress, en vez de un personaje salido de Alicia en el país de las maravillas.

Mmm... quizás sí podría compararse a la Reina de Corazones...

Mankar soltó una risita, más sonora de lo que debió ser. Devil interrumpió lo que decía y clavó su vista en él con seriedad.

—Sería bueno que nos contara el chiste a todos, señor Weasley —dijo ella con tono irritado. Mankar la miró desafiante, pero no respondió. Devil siguió hablando—. Verán que todo lo que aprendieron el año pasado resultará útil para seguir avanzando. Bueno, comencemos la clase.

Taz apuntó con su varita hacia una tiza y ésta se elevó en el aire y comenzó a escribir en el pizarrón lo que ella decía.

—Alteración de propiedades químicas. ¿Alguien puede darme un ejemplo de esto?

El cerebro de Mankar se desconectó de inmediato de la clase y durante la mayor parte de la siguiente hora.

Otra vez su mente comenzó a vagar por tantas cosas que le entusiasmaban: su equipo de quidditch, los Guardianes de Nurmengard, el Laberinto... Estuvo la mayor parte de la clase imaginando un hechizo que le pudiera servir para este juego, al igual que lo había hecho en Encantamientos. Por eso se sorprendió tanto cuando escuchó que lo llamaban.

—¿Señor Weasley? —preguntó la profesora Devil con impaciencia, lo que significaba que no era la primera vez que le hablaba.

—Señora —dijo Mankar con cortesía, apretando con fuerza los puños debajo de la mesa.

—Le preguntaba si podría nombrarnos otro ejemplo de transformaciones orgánicas que alteren tanto características físicas como químicas —habló con la propiedad de una verdadera profesora de Transformaciones, pero Mankar no entendió absolutamente nada.

No respondió.

Devil hizo un comentario irónico y le preguntó a alguien más. Luego, se acercó a la mesa de Mankar y empezó a hablar en voz muy baja, procurando que nadie más la oyera.

—Weasley, te he llamado la atención dos veces en la misma clase —dijo con voz amable y ahora tuteándolo—. ¿Te encuentras bien?

Mankar la miró atónito.

—Sí, señora —respondió Mankar ácidamente. ¿Qué le importaba a ella su estado de salud?

—Es importante que te vaya muy bien en las clases si quieres ser prefecto —comentó con naturalidad.

Aquello tomó desprevenido a Mankar.

—Es que yo no estoy buscando ser prefecto —respondió, después de tomarse un segundo para escoger las palabras que le parecieron correctas.

—Eso también es importante para ser tenido en cuenta para el cargo —replicó Devil conservando el tono amable.

¿De verdad estaban teniendo esa conversación?

—Los profesores me hablan muy bien de ti —continuó Devil—. Estoy segura de que, si te esfuerzas un poco más, en cualquier momento podrías llegar a ocupar el puesto. Claro, a menos que prefieras no aceptar. Piénsalo bien.

Mankar no respondió nada, sólo se limitó a mirarla, sin percatarse de su boca ligeramente abierta. Devil se dio la vuelta y se dirigió al frente del aula para continuar la clase.

¿La Jefa de su Casa le estaba diciendo que podía ser prefecto? ¡Era increíble! Por supuesto que aceptaría. Era justamente lo que necesitaba. Quería sobresalir, colaborar, ser reconocido.

Y ganar puntos, ¿no? —le recriminó a Mankar su conciencia—. ¿Ahora sí vas a creer lo que ella diga? ¿No ves que lo único que quiere es que bajes la guardia y confíes en ella, para que después no veas venir un ataque de su parte? Pero claro, los puntos que te dé el puesto de prefecto son más importantes —añadió con desprecio.

«Lo único que tú buscas es llevarme la contraria —discutió Mankar—. Eras tú el que hasta hace pocos minutos defendía a esta mujer. Déjame en paz.»

Sin embargo, tuvo que admitir que tenía algo de razón. Cuando su conciencia le había sugerido darle una oportunidad, evidentemente no era hasta ese punto, ni tampoco por interés.

Pero por primera vez desde que llegó a Harrylatino se imaginó ocupando un puesto importante, y sintió una gran emoción al imaginar que tenía la posibilidad de llegar a él. Y no pudo evitar ahora sí cuestionar la imagen que tenía de Devil.

Qué patético, pensó, adelantándose a su conciencia.