Te llamarás…
Ahí estaba frente a mí, el Hada del Agua más pequeña que yo había visto. Le calcularía menos de cien años. Sus colmillos aun no le salían, por eso no podía hablar. Los colmillos de un Hada son para los humanos como las muelas del juicio, les salen ya como prueba de madurez.
Cuando menos así era entre las Hadas de Luz y las Hadas de Aire. Las de Fuego ya nacen con todos sus dientes y de las de Tierra o de Oscuridad, no sabía mucho.
—Así que tenemos a una pequeña fugitiva. ¿Te escapaste de casa?
Ella solo negó con la cabeza.
—Al menos me entiendes.
Ella asintió moviendo enérgicamente su cabeza, tanto, que su gorrito cayó al suelo. Fue cuando me di cuenta de que no era una nube como la mía. El sombrerito al no estar sobre su dueña, se fundió en una sola gota de agua.
—¿Era vapor de agua?
Me hizo un curioso gesto con las mano, como diciéndome que lo intentará de nuevo.
—Tienes razón, el vapor es caliente. Entonces eso es…
Miré con cuidado el agua que antes era su sombrerito.
—Recuerdo haber visto algo parecido cubriendo… ¡Las hojas! —pareció alegrase—. No son nubes o vapor, son pequeñas gotas de rocío.
Al escuchar eso, voló dando círculos de alegría.
—Rocío. Las Hadas de Agua son asombrosas.
Volvió a asentir al tiempo que giraba su dedo y de la humedad sobre las hojas, se juntaba, creando otro gorrito que puso sobre su cabeza.
—Valla, el Mágico que te haya mandado a llamar debe tener mucha influencia.
Ella me miró como si le hubiera hablado en elfico antiguo.
—Niñera. Ya sabes, Tata. ¿La que cuida niños?
Pero solo se rascó la cabecita confundida.
—No eres un Hada Niñera, cierto.
Negó con la cabeza.
—Entonces como llegaste a Fairy Oak.
Simplemente levantó los hombros como diciendo "No sé".
—¿Te perdiste?
Nuevamente esa expresión con sus hombros.
—¿Cuánto tiempo has estado en Fairy Oak?
Me miró confundida, luego pareció contar con los dedos.
—¿Tres?
Levantó tres dedos, no sabía si quería decir tres día, tres semanas, tres meses o tres años.
—Tres días.
Negó con la cabeza.
—Tres semanas.
Volvió a negar.
—¿Tres meses?
Nuevamente negó, esperanzada, ya solo quedaba una opción.
—¿Has estado tres años?
Pero nuevamente negó con la cabeza. En verdad era desesperante tratar de adivinar lo que trataba de decirme. Más fácil hubiera sido intentar adivinar el extraño idioma de las hijas de Shirley.
—¡Shirley!
Era cierto, mi mente se ilumino. Si Shirley podía entender el lenguaje de los animales, comprender el extraño idioma de sus hijas. Hablar con un Hada que no parece poder hacerlo, le sería muy sencillo.
—Vamos, se quien nos puede ayudar.
La tomé de la mano y volamos hacia la plaza, con la esperanza de encontrar aun a Shirley Poppy. La pequeña Hada solo disfrutaba el viaje, aunque tuvo que sujetarse bien su sombrerito para que no se le cayera de nuevo. Aunque perdió varias gotas en el vuelo, las repuso cuando cruzamos por una zarza.
—Por cierto, me llamo Sifelizyoserédecírteloquerré, pero me puedes llamar Felí.
Ella me miró sonriente.
—¿Tú como te llamas?
Su rostro se puso muy triste, como cuando Babú pensó que Regina, la araña de Vi había muerto.
—No tienes nombre, es eso.
Ella asintió aun triste. Nos detuvimos sobre el techo de la casa del Luthier. El sonido tan melodioso que salía tal vez me inspiraría.
—Necesitamos ponerte un nombre, pero uno lindo.
Ella asintió muy feliz.
—Eres un Hada de Agua, así que tu nombre debe estar asociado con el agua o el mar. ¿Te gusta la idea?
Aplaudió emocionada, parecía que mi idea le fascino.
—Que tal si te llamamos… Aguamala.
Me miró molesta.
—Solo era una broma. Que tal, Lluvia
Negó con la cabeza.
—¿Llovizna?
Nuevamente negó.
—Eres un Hada difícil. Que tal… Nieve, me encanta ese nombre.
Ella negó nuevamente.
—¿Qué tiene de malo Nieve? Era el nombre de mi heroína.
Pero solo levantó los hombros.
—Esta bien, sigamos… ¿Aqua?
Pareció pensarlo un poco, luego volvió a negar.
—Vamos, se me acaban los nombres que tengan que ver con el agua… ¿Coral?
Arrugó la cara, al parecer no le gusto mucho.
—¿Perla? ¿Concha? ¿Burbuja? ¿Mara?
Pero todos los nombres que le decía, todos los rechazaba.
—De verdad eres muy selectiva.
En realidad tenía razón en ser tan selectiva, estaba escogiendo su nombre, su propia identidad. Lo llevaría por toda su vida y sería su propia persona. Cuando lo pronunciaran instintivamente la llamarían. Su nombre era su recuerdo.
—Tu nombre eres tú —pensé en lo que una vez le dijo Vainilla a Shirley—. Eso es…
Sonreí al verla con cuidado. Era delicada, linda, joven, muy alegre, era como encontrar un prado cubierto de rocío en la mañana.
—Te llamarás… Gotasderocíoenlamañana. ¡Rocío!
Ella pareció muy feliz, es más voló por el aire aun más rápido que antes y comenzó a dibujar todo tipo de figuras con las gotitas de agua en el aire. Estaba satisfecha. Si que fue duro encontrar el nombre perfecto para ella.
—Me alegra que te gustará Rocío.
Parecía encantada de escuchar su nombre, pero por ahora tenía ago más importante en mente.
—Debemos de buscar a Shirley.
Volé junto a Rocío en busca de Shirley Poppy. Al menos ya era más fácil hablar con ella, teniendo un nombre. Además, estaba feliz de tenerlo, al parecer, no lo había tenido antes.
Me pareció muy extraño, un Hada escoge su nombre desde muy joven. Era lo mismo entre todas las Hadas: Luz, Fuego, Agua, Tierra, Viento, Oscuridad… toda Hada escoge su nombre desde muy pequeña. El nombre es muy importante en una Hada.
"Tu nombre eres tú"
Nuevamente aquellas sabías palabras de mi Babú llenaron mi mente. Había escuchado muchos nombres antes, pero nunca los había analizado. En la Familia Periwinkle, todas las Brujas, poseían el nombre de una flor. Así mismo, compartían muchas de las características de su planta.
Pero a diferencia nuestra, sus padres eran los que escogían el nombre que llevarían sus hijos, era una tradición humana, más que de Mágicos o Sinmagia.
Pero que hay de las Hadas, nosotras mismo éramos las encargadas de escoger el nombre que llevaríamos por el resto de nuestra existencia. Había también magia en nuestros nombres tan largos y complicados. Rebuscados muchas veces y hasta graciosos, los nombres con los que nos conocerían nuestras brujas y niños.
Entonces recordé algo, mi nueva amiga, también debería tener una.
—Rocío.
Me detuve en el aire. Ella que volaba de lado a lado con las manos estiradas, como si estuviera sobre un estanque y tratará de tocar el agua, también se detuvo. Voló hacia mí y me miró fijamente.
—¿Recuerdas nada de tu familia?
Su rostro era como un espejo, sus expresiones eran tan claras que, casi la podía leer como un libro. Se puso tan triste que me dolió a mí también. Su alegre y siempre relajado rostro se cambió por uno muy Incluso parecía, que un paño de lagrimas, lucía desconsolada, muy afligida.
Al punto de que pareció perder sus poderes. Su ropa hecha de rocío y su sombrerito, cayeron como gotas de lluvia al suelo. Por suerte no sucedía eso con la ropa hecha de nubes, pero eso me demostraba, que el dolor que le causo ese recuerdo era tan grande, que la pobre Rocío no se podía controlar.
—¿Qué te pasa Rocío?
Limpié sus lágrimas y me volé hasta una flor, tome un poco de rocío fresco y se lo acerque a ella. Rápidamente comprendió que estaba desnuda y procedió a vestirse de nuevo.
—Estas mejor.
Ella empezó a mover las manos, haciendo todo tipo de gestos, como si me quisiera explicar algo. Pero igual que con las hijas de Shirley, no entendía nada.
—No comprendo, hazlo más despacio.
Por más que repitiera todo, yo no lograba entender nada. Estaba algo frustrada, Fairy Oak tenía nuevos habitantes, muy particulares.
—Tú… vivías, no, dormías… entonces. ¿Qué significa eso? ¿Lluvia? ¿Tormenta?
Trataba de adivinar todos los gestos que Rocío hacia, algunos eran fáciles de entender, otros por más que me esforzará, no lograba descubrir que eran. Estaba por abandonar toda esperanza, cuando ella apareció.
—Es una tormenta. Dice que hace tres lunas llegó a Fairy Oak, escapando de una tormenta.
—¡Shirley Poppy!
