Capítulo 12: La muerte de Bellatrix

El hechizo de Boggart se convirtió en una especie de propósito, una meta más para ser cumplida en ese curso. Y entre más tiempo pasaba Mankar intentando conjurarlo, le parecía aún más difícil, pero le daban aún más ganas de seguir practicando.

Justamente durante esos días la profesora Bea Gryffindor estaba enseñándoles todas las clasificaciones de hechizos que existían, y así Mankar comprendió que Expecto Boggart estaba fuera de las capacidades que debía tener un niño de su edad. Era casi como ser capaz de convocar un patronus corpóreo.

Sin embargo, Boggart siempre había contado con la ayuda de sus amigos para realizarlo. Ellos tenían que apuntar con la varita a la persona que lanzaba el boggart, susurrando también el conjuro, para que no se desvaneciera. Mankar no podía practicar con nadie excepto Juan Carlos, más que nada porque deseaba mantener en secreto el hechizo, para que fuera el as bajo la manga de los Guardianes de Nurmengard en el Torneo.

Pero después de varias semanas de trabajo duro, Mankar ya sabía de qué forma mover la varita para poder hacer aparecer el boggart falso, sabía qué sentir y hasta en qué pensar. Necesitaba concentrarse mucho.

¡Expecto Boggart! —exclamó por vigésima vez durante una tarde.

Boggart le apuntaba con su varita intentando ayudarle a que el hechizo resultara, pero sin estar seguro de que funcionaría. Con todas sus fuerzas, Mankar hizo una floritura en el aire para que aquello que salía de su varita se mantuviera allí y adoptara una forma definida.

Entre él y Juan Carlos apareció un chico de pie, dándole la espalda. Intentando conservar la concentración, Mankar intentó ver qué podía tener de terrorífico para que fuera el mayor miedo de su amigo. De hecho, le causaba tanta curiosidad, que estuvo a punto de soltar la varita cuando él se desplazó un par de centímetros. El boggart de Juan Carlos, visto desde atrás, lucía exactamente igual que él. Probablemente su mayor miedo era verse a sí mismo con la cara desfigurada, pero Mankar no lograba verla.

—Muy bien, Badu —dijo Boggart completamente inexpresivo.

—Juanka... ¿qué es eso?

Él miraba al boggart fijamente con el entrecejo fruncido. Seguía con la varita frente a él, pero Mankar dudaba si su amigo todavía apuntaba a él para ayudarlo o ahora apuntaba a la figura para atacarla.

Juan Carlos había reaccionado de una forma muy diferente que Mankar ante su miedo. Lo miraba como si fuera un ser que odiara. Un ser que podía matarlo, pero como si a la vez necesitara enfrentarse a él.

Con mucho cuidado, Mankar rodeó al boggart, temeroso del aspecto que éste podía tener. La forma que había adoptado la criatura falsa resultó ser precisamente una copia idéntica de Juan Carlos, con la misma expresión desafiante y odiosa. Incluso, ahora que Mankar lo notaba, parecía como si ambos, el Boggart real y el falso, hubieran adoptado la misma postura, preparada para atacar.

—¿Tienes miedo... de ti mismo? —preguntó Mankar lentamente. Bajó la varita y el otro chico se esfumó.

«Expecto Boggart» le viene como anillo al dedo a este hechizo —dijo con asombro la conciencia de Mankar.

Sabía que había diferentes clases de miedos. Él le temía a muchas cosas, pero sin duda la que más detestaba era el basilisco. Quizás porque era una criatura mortífera, con una apariencia espeluznante, inmensa, feroz, capaz de matar de tantas formas y cuya presa perdía toda posibilidad de sobrevivir ante ella...

Se sacudió la cabeza para tratar de sacar de su mente al monstruo.

Otras personas, sin embargo, al enfrentarse a un boggart veían que éste adoptaba la forma de alguno de sus seres queridos herido o muerto. No era lo mismo que temerle a una araña gigante o a un dementor, que pudieran acabar con sus vidas, pero para ellos era más importante que su familia y amigos se encontraran a salvo, para poder ser felices.

En el caso de Gonza, su mayor miedo era algo que lo volvía vulnerable y lo pudiera poner en ridículo: le temía a una chica en traje de baño. Él sencillamente no sabía cómo reaccionar al encontrarse frente a una y por esa razón se ruborizaba y perdía el conocimiento.

Pero jamás había escuchado de alguien que tuviera miedo de sí mismo. ¿Qué quería decir aquello?

—Así es —respondió por fin—. Mi peor miedo siempre he sido yo. Aunque en realidad un boggart es impreciso: siempre se transforma en lo que temes en el momento. Quizás mañana superes tu miedo y se encuentre en su lugar otro diferente. Pero bueno, el mío soy yo mismo.

Mankar lo miró sin parpadear con expresión confusa.

—Pero ¿por qué?

—Siempre me lo he preguntado —dijo Boggart con voz reflexiva—. Pero ya que tengo miedo de mí mismo, me obstaculizo y nunca avanzo.

Mankar se dio cuenta de que era difícil encontrar el motivo del miedo de su amigo. ¿Boggart era una persona demasiado insegura y no confiaba en sí? ¿O acaso era capaz de hacer cosas muy graves y tenía miedo de no poder controlarse en determinado momento?

Al menos Mankar estaba totalmente seguro de algo: gracias a su nuevo amigo, la palabra «Boggart» significaba para él lo más opuesto en el mundo a algo de lo que temer.

• • •

El mes de octubre había sido muy emocionante. Todos estaban a la expectativa de la prueba de los torneos en cada casa, al final del mes. Haher y Gonza habían conformado equipo con unas chicas de Gryffindor (el segundo era el capitán), pero no parecían especialmente interesados en ello. Mankar pensaba que habían perdido los ánimos por el Torneo cuando vieron que no podían hacer equipo con él.

Mankar, Haher y Gonza habían logrado atrapar tres snitchs cada uno. Además, Mankar había perfeccionado su hechizo para trazar mapas en el Laberinto. Ahora podía hacerlo corriendo, y aunque continuamente tenía que detenerse un par de segundos y era muy fácil perder la concentración, durante ese mes había logrado ganar dos veces más. En una de esas ocasiones había llegado con Haher al décimo letrero, pero decidieron dividirse, pues ambos tenían su propia estrategia y Haher quería ganar por su propio mérito, al igual que Mankar. En la otra ocasión, Gonza lo estuvo siguiendo durante todo el camino, pero no ayudó en absolutamente nada. Sólo se limitaba a ver el mapa y correr detrás de su amigo. Cuando llegaron a la Copa, Mankar se adelantó un poco más y resultó ser el único ganador. Gonza se enojó tanto que duró un par de días sin hablarle, pero luego se le pasó el malhumor.

Ambas ocasiones eran pruebas de lo deteriorada que estaba la amistad de Mankar con ellos, pero ninguno de los tres demostraba darse cuenta. En realidad, siempre que alguno de ellos lograba ganar (Haher también lo hizo varias veces más, aunque Gonza no había podido llegar solo tan lejos), los tres se alegraban y festejaban por igual.

De todas formas, ellos nunca habían sido el «Trío Laberíntico», pues desde un principio y en la mayoría de las ocasiones, Juanjo Macnair y Mati Black los acompañaban. Quizás era ésa la razón por la que la amistad sobrevivía, pues cuando estaban los cinco no había mucho por qué enojarse ni tampoco había momentos para hablar al respecto.

Mankar ahora era mucho más tolerante con Juanjo y Mati. Ya se había acostumbrado a la idea de que los cinco fueran una especie de grupo de amigos. La imagen que tenía de Macnair había cambiado por completo desde que empataron el Laberinto y honestamente Mati nunca le había hecho nada; al contrario, se mostraba muy amable y era la única persona que participaba en el club de Mankar.

Los cinco se la pasaban en el Gran Salón riendo y hablando. A veces, se hechizaban entre ellos para que dijeran las mismas palabras simultáneamente, y les daba más risa al ver las expresiones de sus compañeros cuando los miraban. Sin embargo, cuando la snitch era escondida o cuando entraban al Laberinto, los cinco acostumbraban dividirse, para competir entre ellos. Resultaba motivador.

A veces, Mankar se preguntaba cómo sería entrar al baño de prefectos con Juanjo y los demás. Desde que Devil se lo había propuesto, pensaba en ello casi todo el tiempo. La mujer siguió insinuándole la posibilidad en al menos cinco ocasiones más (¿o era su imaginación?). Se consideraba un tonto por creer en sus palabras, pero duraba horas en la noche, antes de dormir, preguntándose qué era lo que ella pretendía al proponerle eso y discutiendo con su conciencia. No lograba nunca encontrar ninguna razón, salvo que todos los profesores y prefectos estuvieran implicados y quisieran hacerle daño, porque de lo contrario, Mankar no corría ningún peligro siendo prefecto si se mantenía atento.

Lo que pasaba era que en Harrylatino había miles de estudiantes, pero muy pocos prefectos. Poquísimos. Ser prefecto era todo un honor y ellos se encargaban de mantener el orden en todos los lugares donde no había profesores. Eran reconocidos y admirados. Mankar se moría de ganas en serio por ser prefecto. Iba a ser lo máximo ser colega de Juanjo.

En varias ocasiones, llegaba a cuestionarse sobre la inocencia de Devil. Aquel curso, ella estaba resultando realmente agradable, tanto con él como con todos los alumnos. ¿Y si en verdad había cambiado... o nunca había sido mala?

¿Qué te dice su apellido? —reclamaba la conciencia de Mankar—. Devil. De-vil. Deee...vil. ¿Necesitas más pistas?

«Silvana también es Devil y es buena. Y Juanma dice que no ha visto nada malo en Taz», se decía Mankar.

Sí, y a Juanma le puedes creer porque no es amigo de ella y porque estás completamente seguro de que no está hechizado.

«Confío en él porque es mi hermano. No dejará que nada malo me pase.»

Tú mismo lo estás permitiendo.

Mankar sabía que su conciencia tenía razón, pero estaba casi ciego por la oportunidad que Devil le brindaba.

Mientras tanto, Haher y Gonza, y Mati y Juanjo también, no dejaban de animarlo para que se esforzara para obtener el puesto de prefecto. Los dos primeros en especial tenían mucha ilusión de poder llegar a ser candidatos igualmente. Ellos estaban muy asombrados por el hecho de que Devil se lo insinuara a Mankar y no dejaban de darle toda clase de consejos para que conservara sus posibilidades.

—Tienes que hacer de cuenta que pones atención en las clases —dijo Haher.

—Que nunca note que revisas si abre el Laberinto —aconsejó Gonza—. Es mejor que crea que no te importan los puntos.

—Trata de portarte bien, en especial frente a ella —siguió diciendo Haher—. Siempre que estés cerca de Taz, simula que lees un libro o haces tus tareas.

—Y que nunca te vea gritando o corriendo, y tampoco metido en problemas.

A pesar de que sus amigos lo apoyaban, y de que Taz se mostraba demasiado amable y comprensiva, Mankar todavía tenía la sensación de que no era lo más apropiado dar por hecho que sería prefecto, y mucho menos aceptar la propuesta. Quizás era su conciencia quien se encargaba de hacerlo dudar.

No era lo mismo que dudar de una profesora que le hacía la vida imposible; por lo que sabía, ella había sido cómplice de atentados contra su propia vida y de que la muerte de Jassera, la madre de Mankar.

Había alguien que quizás podía ayudarle a tomar una decisión, pero Mankar no se atrevía a acercarse a ella: la profesora Beatriz Callahan. A decir verdad, no quedaba ni la sombra de la mujer que les ayudó tanto durante el año anterior. Ella había vuelto a ser la profesora estricta e irritable que conocieron y Mankar no se sentía lo suficientemente valiente para hablarle, y menos sobre algo que no tuviera que ver sobre Historia de la Magia, en especial si ella cargaba en sus hombros su gruesa serpiente mascota.

Así que, tal y como Devil aconsejaba, Mankar no dejaba de esforzarse por conseguir el puesto de prefecto. Zancaturno, la profesora Pili Bombay y la profesora Fairy Black sabían también que era candidato y se lo dijeron cada uno en una ocasión, para darle ánimos.

Y una de las cosas que con seguridad demostraría su responsabilidad era su desempeño como capitán de los Guardianes de Nurmengard.

—¡Vamos, vamos, muevan sus varitas como les he dicho!

¡Expecto Boggart!

—¡Vamos, concéntrense!

Los cinco Guardianes se reunían varias veces por semana para practicar el hechizo de Boggart, entre otros. Con los cinco trabajando juntos, resultaba un poco más fácil hacerlo, pues se apoyaban mutuamente y requerían menos esfuerzo y concentración. Pero Mankar quería que lo hicieran individualmente, igual que él había aprendido, en parte porque quería que ellos no dependieran de los demás y lograran perfeccionarlo y adaptarse a él, y en parte porque estaba harto de ver tantos basiliscos: entre más se acostumbraba, más monstruosa era la forma que adoptaba el boggart.

Gastón era el último en llegar y el primero en irse de las sesiones, y no mostraba el más mínimo interés por el entrenamiento. Lanzaba el hechizo sin ánimos y sin poner atención a lo que hacía. Era el colmo, pues por lo que les había dicho, había reprobado desastrosamente el examen de Transformaciones, y seguramente no era la única asignatura en la que obtenía semejantes resultados. Entonces, ¿qué hacía él? Al menos Mankar lo habría entendido si Gastón no asistiera a las reuniones por dedicarse al estudio, pero siempre lo veía vagando con sus amigos.

Lesson, por su parte, era totalmente opuesto a Gastón. Estaba tan emocionado con el hechizo que se le dificultaba concentrarse y movía la varita muy bruscamente, así que no lo lograba. Además, tenía problemas para pronunciar el conjuro.

Tarru también se esforzaba bastante, pero siempre que intentaba convocar el boggart fallaba, y Mankar pensaba que esto se debía a la inseguridad con que el chico pronunciaba las palabras y movía la varita.

El único que había logrado lanzar el boggart había sido Rob, por supuesto, y lo había hecho varias veces, así que Mankar decidió que había sido suficiente de basiliscos... es decir, que era mejor que Rob ayudara a los demás con el hechizo.

Al final del mes, el equipo ya lo dominaba un poco y cuando lo hacían en conjunto resultaba perfecto.

El día de Halloween, Mankar, Haher y Gonza se despertaron muy temprano. Estaban muy ansiosos y a la expectativa de lo que podía pasar en la prueba del Torneo del León Escarlata. Y no eran los únicos: casi todos sus compañeros, tanto de Gryffindor como de otras casas, estaban tan emocionados que a los profesores les costó captar su atención durante las clases. Incluso la profesora Fairy Black decidió dejarlos salir una hora más temprano, para que pudieran preparase un poco más. Mankar, sin embargo, sentía que para calmarse necesitaba distraerse de alguna forma y por eso no le hizo mucha gracia que la profesora suspendiera la clase.

La profesora Devil no dejó de hablar de la prueba del Torneo durante la clase de Transformaciones, diciéndoles qué hechizos de los que ella les había enseñado probablemente les podrían servir para esa noche. A Mankar le dio muchos ánimos e incluso pretendía darle consejos, pero él disimuladamente los rechazó. Lo que menos deseaba era hacer trampa para ganar.

Sí, claro —escuchó Mankar en su cabeza, con un profundo sarcasmo—. Cuando Taz vea que eres un chico «honrado» va a correr a ofrecerte el puesto de prefecto.

Mankar no tenía intención de contradecir a su conciencia. Él estaba seguro de que no haría trampa por ningún motivo, y no iba a permitir que su equipo lo hiciera. Además... ¿quién le aseguraba que los consejos de Taz le sirvieran de algo realmente?

Él y su conciencia cambiaban frecuentemente de opinión con respecto a Devil. Lo extraño era que, cuando Mankar consideraba confiar en ella, la voz de su cabeza le decía que estaba cometiendo un gran error y le recordaba todas las cosas que ella había hecho en su contra. Pero cuando regresaba el enojo de Mankar y la desconfianza, su conciencia volvía a defender a Taz, citando las frases que le había dicho Juanma.

Por eso la solución que había encontrado era simplemente no demostrar ningún interés en ello. Lo que mereciera, lo obtendría tarde o temprano.

Esa noche, Haher, Mankar y Gonza se encontraron en un pasillo a Juanjo y Mati, y bajaron juntos al banquete de Halloween. Era bastante tarde, pero por ser esa fecha y porque estaba por comenzar la prueba de los Torneos, a los estudiantes se les permitía quedarse hasta tarde fuera de sus Salas Comunes.

Entraron al Gran Salón y se encontraron con una decoración estupenda. Las velas que usualmente flotaban sobre las mesas habían sido reemplazadas por calabazas y de las paredes colgaban esqueletos que bailaban y telarañas por las que se movían arañas del tamaño de quaffles, y de las cuales Haher no era capaz de despegar los ojos. Era parecida a la decoración que Mankar acostumbraba ver en las casas de los muggles, excepto porque tenía «vida», ya estaban acostumbrados a ver fantasmas por todos lados y colocar mujeres de piel verde montadas sobre escobas no parecía lo más apropiado en un colegio de magos y brujas reales.

Era mucho mejor seguramente que el año anterior, en el que habían realizado un baile que, por lo que sabían, no había terminado precisamente bien, aunque ni Mankar, ni Haher ni Gonza asistieron.

Juanjo y Mati se fueron a sentar a la mesa de Ravenclaw y Slytherin, respectivamente, mientras que los otros tres se sentaron juntos A la mesa de Gryffindor. Por lo que Mankar sabía, las pruebas de las otras casas empezaban a una hora diferente, aunque no por eso estaban menos nerviosos.

No pudieron comer con tranquilidad. A Mankar no le entraba nada en la boca. Cuando se disponía a tomar algo con el tenedor, se arrepentía de inmediato. Haher no había pronunciado ni una palabra en toda la tarde. Tenía el cabello blanquísimo y respiraba de forma acelerada. Gonza estaba también visiblemente nervioso. Notaron que casi todo el mundo tenía la misma expresión asustada, como si quedara poco tiempo para una lucha de la que dependieran sus vidas.

Una bengala diminuta cayó en la mesa, justo frente a Mankar, y explotó lanzando fuegos artificiales y confeti. En seguida, Boggart llegó y se sentó junto a él. Haher y Gonza sonrieron ante la expresión de Mankar por la explosión sorpresa.

—¿Listos para la prueba? —preguntó Juanka, dándole una palmada a Mankar, y lanzando al aire otra bengala.

—No —respondieron ellos.

—Estoy seguro de que nos divertiremos mucho —dijo Juanka emocionado.

—Claro, como no eres capitán, no tienes de qué preocuparte —dijo Mankar con sarcasmo.

—¡Los Torneos no son para estresarnos! —Boggart tomó un puñado de confeti de la mesa y se lo lanzó a Mankar a la cara.

De repente, se formó un alboroto en el Gran Salón. Muchos se levantaron de sus asientos y empezaron a correr con la ansiedad grabada en sus caras. Los amigos de Mankar se distrajeron mirando a los demás, y él aprovechó para lanzarles confeti a los tres. Empezaron una guerra de confeti, y ahí fue cuando se dieron cuenta que podían atravesarse unos a otros. Mankar miró hacia la plataforma en el fondo del Gran Salón: la snitch había escapado y por eso todos habían salido corriendo.

—¿No van a buscar la snitch?

—No estoy de ánimos —respondió Mankar.

—Yo tampoco. Estoy muy nervioso para eso —coincidió Gonza, pálido.

Haher miraba a los demás con los ojos muy abiertos. A juzgar por su postura, estaba a punto de levantarse de su asiento y correr a buscar la snitch, pero quizás también le faltaban fuerzas para hacerlo.

—Bueno, voy a terminar de comer, creo que mi equipo me necesita —dijo Boggart, señalando la mesa de Slytherin—. Mucha suerte, Badu —le dio una palmada en la espalda.

—Igual para ti, Juanka.

Boggart levantó su mano en señal de despedida y se dio la vuelta.

—¿Juanka? —preguntó Gonza alzando una ceja.

—Le dije así una vez —explicó Mankar— y él lo escribió en un papel... De hecho lo escribió mal, pero ya se quedó así.

—¿Badu? —se burló Gonza.

—Larga historia.

Labenthium —pronunció Haher sin éxito, hablando por primera vez.

Ya que no pudieron disfrutar como debieron del banquete, guardaron en sus bolsillos una gran cantidad de dulces que había sobre la mesa, para comerlos al día siguiente, cuando estuvieran más tranquilos por la prueba, lamentándose o celebrando seguramente...

De pronto, la profesora Devil pasó por la mesa de Gryffindor anunciando a todos que subieran a su Sala Común, pues la prueba del Torneo estaba por empezar.

Con el corazón latiendo muy rápido, Mankar encontró fuerzas para levantarse de su asiento. Haher y Gonza lo imitaron. Ambos estaban muy pálidos. Haher ahora lucía el pelo de color rojo, pero un tono bastante claro, como si tuviera canas.

Pretendieron subir a la Sala Común bastante lento, pero veían a sus compañeros de casa caminando con tanta prisa que temieron llegar tarde y tuvieron que acelerar el paso. Cuando llegaron al retrato en la entrada de la Sala Común, una voz los hizo detenerse.

—¡Mankar! —chilló una mujer—. ¡Mankar, Roha...!

—¿Profesora Callahan? —preguntó Mankar atónito.

La profesora Callahan iba corriendo por el pasillo del séptimo piso, haciendo sonar con fuerza a cada paso sus zapatos de tacón, con el cabello despeinado y una expresión en su cara de inmensa preocupación. O miedo.

—¿Está usted bien, profesora?

—Sí, estoy bien —contestó ella, jadeando, todavía a un par de pasos de distancia de ellos—. Tengo algo urgente que decirles.

En ese momento, salió Juanma de la Sala Común, abriéndose paso entre los estudiantes de Gryffindor que entraban, justo cuando Callahan llegó junto a los niños.

—¡Hola, chicos! —saludó Juanma con emoción—. ¡Betty, te estábamos buscando! ¿Estás lista? —preguntó a la profesora Callahan—. ¡Vamos, vamos, no hay tiempo! —la tomó de la mano y tiró de ella empezando a caminar por el pasillo.

—Juanma, dame un momento, por favor —jadeó la profesora Callahan, mirándolo con seriedad—. Necesito decirle algo a estos chicos. ¿Pertenecen al mismo equipo del Torneo?

—Por supuesto que sí, Betty —dijo Juanma sin pensar—. Lo que tengas que decirles tendrá que esperar —la urgió, tirando de ella con más fuerza—. ¡Ya está a punto de empezar la prueba! En cuanto termine, puedes hablar con ellos. Y ustedes —dijo a Mankar, Haher y Gonza—, entren rápido. ¡No querrán llegar tarde!

La profesora lanzó una mirada asesina a Juanma, pero luego cedió.

—Niños, búsquenme por favor tan pronto como termine la prueba.

Y se fueron caminando por el pasillo.

Los chicos se miraron boquiabiertos durante unos segundos.

—¿Qué era tan urgente que la hizo subir hasta el séptimo piso? —preguntó Gonza extrañado.

—Ni idea —dijo Mankar, entrando a la Sala Común—. ¿Creen que podamos ir a su despacho durante la prueba?

—Lo mejor será no perder tiempo valioso —respondió Gonza—. Además, seguro nos necesita a los tres. O a ustedes dos.

—¿Y si se trata de las Gemas?

En ese momento tuvieron que callarse. Estaban en la amplia Sala Común, mezclados entre una multitud tan grande de niños que parecía incluso mayor que la noche que llegaron al colegio. Y estaban todos en un silencio sepulcral, a pesar de que no había ningún profesor controlándolos. Al poco tiempo, se cerró la entrada de la Sala Común.

La estatua del León Escarlata brillaba como si fuera de cristal, sobre la plataforma que había frente a los estudiantes. Algunos chicos temblaban, pero otros estaban tan quietos que parecían estatuas también. Se mantuvieron así durante unos minutos. Sólo los que no participaban en el Torneo se atrevían al menos a susurrar, pero todos estaban pendientes tanto del León Escarlata como de la entrada a la Sala Común; ya era la hora de inicio de la prueba y todos estaban esperando a que llegara Devil.

De repente, el agujero de la entrada se abrió y entraron dos figuras cubiertas con capa de color rojo escarlata, haciendo levitar con sus varitas, entre ellos, lo que parecía una caja enorme cubierta por un velo negro. Los encapuchados subieron a la plataforma donde estaba el León Escarlata y dejaron en el suelo, a la vista de todos, la gran caja rectangular.

Se destaparon la cara: Taz y Juanma miraron fijamente a todos los estudiantes, que seguían mudos. Ambos se lanzaron una mirada entre ellos y sonrieron con malicia.

—Leones —dijo Taz lentamente, en lo que pareció un susurro por la forma en que lo decía, pero que se escuchó claramente por toda la Sala Común—, la primera prueba del Torneo del León Escarlata está a punto de comenzar. Quienes no crean ser capaces de demostrar su valor, están a tiempo de retirarse.

Nadie movió un músculo. Dejó claro que el Torneo no era un simple juego.

Juanma levantó su varita y el velo negro que cubría el objeto que estaba entre ellos voló. Entonces se escucharon algunos gritos ahogados. Quedó al descubierto una caja de cristal. Mankar tardó un instante antes de reconocer el contenido. Al principio, daba la impresión de que había alguna especie de criatura dentro.

Era una mujer. Su piel era demasiado pálida para parecer humana, y una sombra púrpura marcaba unas ojeras. Tenía cabello castaño, espeso y brillante, y llevaba una túnica negra rota en varias partes. Sus brazos se cruzaban sobre su pecho, lo cual hacía parecer que dormía tranquilamente en el ataúd de cristal, en vez de estar muerta.

Mankar intentó convencerse de que lo que veía no era un verdadero cadáver. Lo cierto era que nunca habría imaginado ver de esa forma a la profesora Callahan.

—Pobrecita —dijo Juanma con voz fingida—. Todos la conocen, ¿verdad? —nadie respondió—. Bellatrix Lestrange sólo venía de visita a Harrylatino, y el guardabosques la encontró en los terrenos del castillo. Muerta —añadió. Aquella palabra sonó como un insulto o una acusación—. ¿Quién la mató? ¿Quién mató a Bellatrix Lestrange?

»La prueba consiste en resolver este misterio: quién, cómo y dónde. No crean que será tan fácil. Hay más de una persona con motivos para haberlo hecho. Las pistas las encontrarán por todo el castillo, y sólo les daremos una: todas las personas que encuentren son sospechosas, si pertenecen al mundo de Harry Potter, y sus declaraciones serán de vital importancia. Los esperamos en el vestíbulo cuando obtengan la respuesta. Los primeros treinta equipos que nos den la respuesta correcta, pasarán a la siguiente etapa del Torneo, y el resto será eliminado. Tienen un minuto para prepararse.

Mankar miró a Haher. Parecía enfermo. No sólo estaba pálido y temblando, sino también parecía estar haciendo un esfuerzo sobrehumano para mantener el equilibrio. Además de que no había dicho casi nada en todo el día.

—Haher, ¿estás bien? —preguntó Mankar con preocupación.

Su mejor amigo asintió con la cabeza.

—No pareces. Sabes que todo es teatro, ¿verdad? Ella no está muerta en serio, y no es Bellatrix Lestrange en realidad...

Haher le lanzó una mirada sarcástica, y Mankar le respondió con una sonrisita.

—Es que necesito decirle algo a Devil —dijo Haher en voz muy baja.

—¿Qué? —preguntó Mankar extrañado.

Se miraron durante unos segundos. Haher tomó aire para decir algo, pero en ese momento alguien lo interrumpió.

—Mankar, ven —dijo la voz de Ron Lesson, tirando de su brazo.

—¡Suerte! —les deseó Mankar a sus amigos con sinceridad, levantando la mano en señal de despedida.

Mientras se abrían paso buscando a los demás Guardianes de Nurmengard, Mankar vio a Haher acercarse a Devil y susurrarle algo. Ella asintió y le hizo una seña con las manos, indicándole que podrían hablar en cuanto iniciara la prueba. Mankar y Lesson no alcanzaron a llegar junto a su equipo, cuando Taz volvió a hablar con voz enérgica.

—¡Que la primera prueba del Torneo del León Escarlata comience!

Ella y Juanma levantaron la varita y unas letras doradas se formaron en el aire.


¿QUIÉN MATÓ A BELLATRIX LESTRANGE?


Al mismo tiempo, y fue lo que todos miraron atentamente, el León Escarlata cobró vida: abrió su enorme hocico y lanzó un rugido ensordecedor, que hizo estremecer a Mankar y a Ron. Cuando cesó, ambos recorrieron aturdidos con la mirada la Sala Común. Estaba completamente vacía, excepto por los muebles, los otros tres Guardianes de Nurmengard, el ataúd donde descansaba Bellatrix y la estatua del león, que de nuevo se había quedado inmóvil, aunque no había perdido su brillo.

De repente, la habitación se sentía fría y misteriosamente silenciosa. Una brisa que causaba escalofríos entraba por la ventana más grande, que se encontraba abierta, y las palabras que conformaban en el aire el nombre de la prueba empezaron a dispersarse lentamente.

—¿Qué pasó...? —intentó preguntar Tarru Potter.

No había tiempo que perder. No había necesidad de comprender si todos los estudiantes de Gryffindor eran invisibles ante sus ojos o si estaban bajo el efecto de un hechizo que los hiciera alucinar.

—¡Vamos! —exclamó Mankar, haciéndole una seña a sus compañeros, mientras se dirigía dando zancadas al cuerpo de Bellatrix. Tarru, Rob, Lesson y Gastón corrieron detrás de él, los cuatro con la ansiedad en su cara.

Se inclinaron sobre el ataúd de cristal e intentaron buscar alguna pista en el cuerpo de la mortífaga. Mankar sonrió al imaginarse a su profesora de Historia de la Magia rehusando ser parte de la prueba.

—Su ropa está desgarrada —observó Rob—. Puede ser señal de una pelea.

—Quizás podemos encontrar trozos de su ropa en el lugar donde lucharon —sugirió Gastón, perspicaz. Mankar sintió alivio de su interés por la prueba.

—No —respondió el capitán—: es una mortífaga. ¿Y si esa ropa es habitual en ella? Estaríamos buscando pistas que no existen.

Los cinco examinaron nuevamente el interior del ataúd. Realmente parecía que Bellatrix dormía. No había rastro visible de haber sufrido algún daño. Y era obvio que no tenían permitido abrir la caja de cristal.

—No veo nada —se quejó Lesson con impaciencia.

—Es verdad —dijo Mankar—. Estamos perdiendo tiempo valioso. Tenemos que empezar a buscar pistas.

—Pero ¿a dónde podemos ir primero? —preguntó Tarru.

—Juanma dijo que el guardabosques había encontrado a Bellatrix en los terrenos del castillo —recordó Rob.

De inmediato, sin necesidad de mirarse o acordarlo, los Guardianes de Nurmengard corrieron hacia la salida de la Sala Común y atravesaron a toda prisa el pasillo del séptimo piso, buscando las escaleras más próximas, para bajar al vestíbulo. Un detalle captó su atención durante el recorrido: se encontraron con estudiantes de las demás casas, lo que significaba que sólo los de Gryffindor estaban bajo el hechizo del León Escarlata.

Saltaron de dos en dos los escalones de la escalera de mármol, cruzaron las enormes puertas de roble y salieron agotados al frío y oscuro prado. Antes de continuar, se fijaron si había alguna pista cercana del asesinato, pero todo estaba tranquilo y silencioso, y demasiado oscuro para encontrar algo.

—¿Dónde...? —preguntó Gastón.

—La cabaña de Vito —dijo Mankar, reanudando la carrera, en dirección a la casa del guardabosques. Daba la impresión de que sólo estaba allí de adorno, pues jamás habían visto al actual director de Harrylatino entrar a ella. Golpearon a la puerta tan pronto como llegaron y se abrió de inmediato, aunque sólo un poco.

—Hola, chicos.

Se había asomado una cabeza peluda, en la parte más alta de la puerta. los Guardianes alzaron la mirada para poder ver la cara de Rubeus Hagrid. O de un profesor de Harrylatino disfrazado de él, seguramente.

—¿Hagrid? —preguntó Gastón con burla. Aquello de los personajes de Harry Potter era un poco extraño, pero seguramente todos los implicados en la prueba pertenecían a la historia del niño mago.

—Hagrid —dijo Lesson sin perder el tiempo—, ¿qué ocurrió con Bellatrix?

El semigigante miró a los chicos con el ceño fruncido y negando con la cabeza, durante un par de segundos antes de responder.

—No sé de qué me están hablando —dijo nervioso.

—Somos participantes del Torneo del León Escarlata —explicó Less con impaciencia. Hagrid levantó una ceja.

—Nos hemos enterado de que encontraste el cuerpo de Bellatrix tirado en el césped —dijo Mankar, intentando hablar como si se tratara de un asesinato real—. ¿Podrías contarnos lo que viste?

—No creo que sea buena idea que lo sepan —respondió Hagrid de inmediato—. Es mejor que no se metan donde no los han llamado —sus negros ojos se veían claramente asustados.

—Por favor, Hagrid —dijo Rob, siguiéndole el juego a Mankar—. Es importante si queremos descubrir quién es el culpable de esto.

—Miren, chicos —habló Hagrid con rapidez—, simplemente yo iba caminando por los terrenos y vi una sombra alta que salió corriendo en dirección al bosque. La llamé, pero no se detuvo. En el lugar que acababa de dejar, encontré el cuerpo. Lo llevé rápidamente a la enfermería y le avisé a Dumbledore. Por favor, tengan mucho cuidado. La persona que lo hizo podría estar por ahí...

—¿Qué hacías tú a esta hora de la noche en los terrenos? —interrumpió Lesson con tono acusador. Hagrid lo miró ofendido. Mankar recordó que todos eran sospechosos.

—Siempre salgo en la noche a recolectar comida para los jobberknolls más viejos del bosque —explicó Hagrid seriamente.

—Gracias —sonrió Mankar, dándose la vuelta. Los demás se despidieron.

—Tengan cuidado —insistió Hagrid, y cerró la puerta de la cabaña con fuerza.

—¿Creen que dice la verdad? —preguntó Gastón.

—Creo que esta prueba es basada en el mundo de Harry Potter —supuso Mankar—. El colegio es en honor a él... Bueno, pues los personajes de este caso también deben ser como los de las historias —y él las conocía bastante bien, por suerte, y gracias en parte al club Dumblemort—. Hagrid es bueno. No haría daño a otra persona sin motivo.

—Quizás lo tenía —observó Tarru.

—Vamos. Según Hagrid, la sombra que estaba con el cuerpo de Bellatrix corrió en dirección al bosque —dijo Mankar.

—No querrás que vayamos allí —dijo Ron con voz asustada.

Mankar estaba a punto de decir «¿Y qué nos puede pasar?», pero entonces recordó que lo que vivían era real, a pesar de todo. No estaban en una dimensión alterna ni en una especie de Hogwarts virtual. Miró el lúgubre Laberinto a lo lejos y dijo:

—Debemos tener cuidado.

Pero solamente tuvieron que dar unos pasos más en dirección al bosque, cuando alguien saltó de entre los árboles. El corazón de Mankar dio un brinco. Ron soltó un grito ahogado.

¡Lumos! —exclamó Mankar, más fuerte de lo que quería.

Un muchacho alto y de cara redonda los miraba con los ojos desorbitados, completamente pálido, y les apuntaba con la varita. Mankar lo contempló un instante con los ojos entornados.

—¿Neville?

El muchacho bajó lentamente la varita, sin perder la expresión aterrorizada. Los Guardianes esperaron que Neville dijera algo, pero se quedó en silencio, mirándolos a los cinco.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Rob.

—Me estoy escondiendo —respondió Neville, tartamudeando con voz débil—. ¿Han... han escuchado? Be-Bellatrix Lestrange está en el castillo. Viene por mí. Lo sé.

—No te preocupes —lo tranquilizó Lesson—. No te hará nada. Alguien la mató —lo dijo como si comentara el clima, pero aquellas palabras tuvieron una reacción en Neville que no esperaban: el chico dio un salto hacia atrás y empezó a temblar violentamente. Un par de lágrimas se derramaron por su rostro.

—Muerta... —murmuraba para sí—. Muerta...

Daba la impresión que no podía sostenerse en pie, pero de repente salió corriendo a toda velocidad en dirección al castillo, chillando de pánico.

—Bien hecho, genio —le dijo Mankar a Ron despectivamente. Éste le sonrió como disculpa.

Recorrieron rápidamente el borde del bosque hasta llegar a los muros del castillo, sin encontrar nada sospechoso.

—Quizás Neville tenga razón —dijo Rob—. Tal vez Bellatrix venía por él.

—Pero si Neville se enteró y vino al bosque a esconderse —dijo Tarru, pensativo—, seguramente alguien la vio dentro del castillo y le contó a él. O quizás él mismo la vio.

—¿Crees que no murió en los terrenos, sino dentro del castillo? —preguntó Mankar—. Entonces el asesino la sacó del edificio y seguramente iba a enterrarla en el bosque, pero Hagrid lo ahuyentó y tuvo que abandonar el cuerpo.

—¿Pero a dónde se dirigía Bellatrix? ¿A la Sala Común? —preguntó Gastón, mientras terminaban de subir la escalera de piedra y entraban al vestíbulo.

—Tal vez —respondió Rob—. Pero si Neville se enteró de que Bellatrix estaba en el castillo, seguramente no era tan tarde como para que los alumnos no pudieran salir de sus Salas Comunes. A menos que alguien la estuviera esperando y la hubiera visto llegar...

—No —interrumpió Mankar—. No hagamos suposiciones sin pistas. Creo que si Neville se hubiera enterado con anticipación de la llegada de Bellatrix, habría tenido tiempo de hacer algo más inteligente que esconderse en el bosque. Como avisar a Dumbledore.

—Juanma dijo que sólo venía de visita al castillo —recordó Tarru.

—O eso hizo creer ella —murmuró Mankar. Se estaba dando cuenta de que no había absolutamente nada seguro en el caso, salvo que la mortífaga estaba muerta. Era frustrante esa sensación de no saber nada. Se veían obligados a sacar conclusiones de puras suposiciones.

Los cinco se detuvieron en la mitad del vestíbulo, pensando.

—Si Bellatrix venía a buscar a Neville —dijo Mankar lentamente—, podía ir a la Sala Común, pero necesitaría la contraseña para entrar... ¿Y si lo buscó en el Gran Salón?

—Vamos a ver —propuso Lesson, y los cinco se encaminaron allí.

En el Gran Salón estaba todavía la decoración de Halloween. Algunos chicos de otras casas estaban sentados a las mesas, comiendo. En la Mesa Alta, una figura vestida con una túnica negra inclinaba la cabeza sobre un plato, y su cabello colgaba como una cortina negra que ocultaba su cara.

—Snape —dijo Mankar, agilizando el paso hacia el fondo del Gran Salón.

Subieron a la tarima donde cenaba Snape solitario, con su cabello largo y su piel cetrina, sin saber muy bien lo que podían decirle.

—Buenas noches, profesor —saludó Mankar con timidez.

Snape miró con desprecio los colores rojo y dorado de sus túnicas y preguntó:

—¿Qué quieren?

—Nos preguntábamos si sabía algo relacionado con la muerte de Bellatrix —dijo Mankar.

—No —respondió simplemente, con fastidio.

Hubo un silencio. Los chicos esperaban que el profesor dijera algo más, pero no lo hizo. Mankar insistió:

—¿No ha visto usted nada raro?

—¿No puedo comer en paz?

—Disculpe... —respondió Mankar. Miró a sus compañeros de equipo con lástima y se dispuso a retirarse.

—Bellatrix entró al castillo por la tarde, cuando todos estaban comiendo —soltó Snape de mala gana—. Molly salía de la sala de profesores y ambos la vimos subir la escalera del vestíbulo. Ella la siguió.

—¿Quién? —preguntó Mankar—. ¿La mamá de Ron Weasley?

Snape hizo un gesto afirmativo con la cabeza, sin mirarlos.

—¿Y usted qué hacía a esa hora en el vestíbulo? —preguntó Lesson confianzudo.

—¡Largo! —gritó Snape mirándolos con ira.

Los Guardianes salieron del Gran Salón como un rayo.

—A nadie le gusta que sospechen de él, Ron —le reprochó Mankar.

—Al menos ahora sabemos que Bellatrix entró al castillo y que subió la escalera del vestíbulo —dijo Lesson—. Claro, suponiendo que Snape dice la verdad.

—Si su versión y la de Molly coinciden, probablemente sí —comentó Rob.

—¿Y dónde puede estar Molly? —preguntó Tarru.

—Vamos a buscarla a la sala de profesores —propuso Gastón—. Allí estaba cuando Snape la vio.

Cruzaron el vestíbulo y tocaron a la puerta de la sala de profesores, frente a la cual había un par de gárgolas. La profesora Troyana la abrió y los saludó.

—¿Qué los trae por aquí?

—Profesora, ¿ha visto usted a Molly Weasley? —preguntó Rob.

—¿A quién? Ah... están en el Torneo de Gryffindor. Pasen, pasen.

Entraron a la amplia sala, en la que había una gran mesa rodeada por numerosas sillas, y unos cuantos muebles más. En el asiento más cercano, había un hombre de cabello negro y largo.

—Sirius, vienen a preguntarte por tu prima —dijo Troyana como si le hablara al encargado de una tienda.

—No digas que es mi prima —respondió el hombre con amargura en la voz—. ¿En qué puedo ayudarles? —preguntó a los Guardianes de mal humor.

—Eh... queríamos saber si... has visto a Bellatrix.

—No, no la he visto —dijo Sirius Black con seriedad.

—¿Tú no estabas muerto? —preguntó Lesson. Sirius hizo una expresión de desconcierto y luego otra de impaciencia. Mankar supuso que no eran los primeros en preguntárselo esa noche. Sintió ganas de darle una palmada en la nuca a Ron, pero se contuvo.

Eso significaba que, aunque los personajes estuvieran basados en los de la historia de Harry Potter, el misterio del asesinato de Bellatrix no tenía por qué seguir las reglas de los libros. Bien podrían encontrarse por allí a los padres de Harry, que estaban muertos en la historia.

—¿Y has visto a Molly? —preguntó Rob.

—Claro, ella y yo vinimos juntos —dijo Sirius, encogiéndose de hombros—. La profesora McGonagall quería hablar con ella y yo aproveché para acompañarla. Hace mucho que no veía a Harry... Pero él estaba en clase y me tuve que quedar aquí toda la tarde hablando sobre Ron. Cuando íbamos a cenar al Gran Salón, salió ella primero al vestíbulo sin decir ni una palabra. Y sigo esperándola aquí.

—¿Cuánto llevas esperando? —preguntó Gastón.

—Desde que terminé de cenar —dijo Sirius de inmediato—. Harry dijo que estaba muy atrasado con unos deberes y subió a la Sala Común, así que yo no tenía a dónde más ir.

—¿Quién crees que mató a Bellatrix? —preguntó Tarru—. Snape no nos quiso decir nada...

—Lo apostaría todo a que fue él —dijo Sirius—. Quejicus se esconde detrás de su máscara del odio y la indiferencia, pero la verdad es que es tan cobarde como para matar a una mujer...

—Era una mortífaga —le recordó Mankar.

—Dumbledore nunca ha considerado el asesinato como una solución —afirmó Sirius—. Aunque no te niego que incluso yo tendría motivos para hacerlo...

Mankar alzó una ceja y los Guardianes miraron a Sirius con perspicacia.

—No pensarán que lo hice yo, ¿verdad? —Sirius sonrió con incredulidad.

—Gracias —dijo Mankar, antes de retirarse de la sala de profesores. Cuando estuvieron afuera, preguntó a sus compañeros—: Parece que dice la verdad. Su versión concuerda con la de Snape.

—A menos que sean cómplices... —observó Tarru.

—Pero, ¿por qué inculparían a Molly entonces? —preguntó Rob.

—Ni idea —dijo Mankar—. Vamos a la Sala Común. Si Bellatrix buscaba a Neville, tuvo que ir allí también.

Subieron la escalera de mármol y recorrieron rápidamente el camino a la Sala Común de Gryffindor. No se cruzaron con nadie más que con los estudiantes de otras casas, lo cual fue un alivio, pues la lista de sospechosos se hacía cada vez más larga.

Llegaron frente al retrato del hombre rodeado por leones y entraron. La Sala Común se encontraba exactamente como la habían dejado. Lesson empezó a recorrerla buscando alguna señal de lucha. Se asomó por la gran ventana, que seguía abierta, y cuando se volteó para mirar a sus compañeros, tumbó una mesita que había allí cerca, sobre la que había un jarrón de cristal rojo con flores, el cual se hizo añicos al caer al suelo.

—¡Uy!

Mankar estaba perdiendo la paciencia. Ron Lesson le caía bien, y todo, pero su torpeza les estaba costando caro. Debido a su imprudencia, los sospechosos se habían enojado, lo cual no era conveniente, pues de lo contrario hablarían con más tranquilidad y sinceridad.

—Parece que no hay nada por aquí —dijo Ron, intentando recoger los trozos del jarrón y colocarlos en la mesa.

En ese momento, entro alguien a la Sala Común. Era una joven de cabello castaño, largo y alborotado, cargando una gran cantidad de libros.

Nyd, Eh, Beorc, Is, Lagu, Lagu, Eh... —murmuraba.

—¡Hola, Hermione! —saludó Mankar sonriente. No era la verdadera mejor amiga de Harry Potter, por supuesto, pero era uno de sus personajes favoritos y con el cual se sentía un poco identificado.

—¿Qué hacen todos despiertos a esta hora? —preguntó la muchacha con voz mandona. Movió un poco los libros, dejando ver la placa plateada de prefecta.

—Estamos investigando lo que pasó con Bellatrix —dijo Lesson, intentando que Hermione no viera el jarrón roto.

—Ah. —Hermione hizo un gesto de reprobación.

—¿Te ayudamos con esos libros? —preguntó Mankar.

—No, gracias. Los voy a subir por la escalera del dormitorio y los chicos no pueden entrar allí —respondió Hermione.

—¿Qué haces tú despierta tan tarde? —preguntó Lesson, acercándose a la chica. Mankar estuvo a punto de golpearlo. Lesson tenía expresión de culpabilidad por el jarrón que rompió, así que se detuvo de forma que Hermione no pudiera verlo. Todavía no había entendido que era una actriz.

—Estaba buscando unos libros de Runas Antiguas —dijo Hermione con indiferencia—. Chicos, tengo que llegar pronto a mi club. Necesito estudiar y terminar unas cosas. Nos vemos luego —y se marchó por la escalera del dormitorio.

—No sabía que Hermione tuviera un club —dijo Gastón.

—Estamos en Harrylatino —le recordó Tarru.

—Vamos a su club —propuso Mankar—. Creo que ella nos puede ayudar un poco.

Subieron la escalera de los dormitorios de los chicos. Pero un poco antes de llegar de la puerta de la Sala de Clubes, encontraron una puerta que hasta ese día no se encontraba allí. Tenía una placa que decía:


HARRY POTTER
RON WEASLEY
NEVILLE LONGBOTTOM
SEAMUS FINNIGAN
DEAN THOMAS


Mankar miró a sus compañeros y entraron a la habitación. Era igual que cualquier otro dormitorio. En ese momento, se escuchaban las respiraciones lentas de los chicos que dormían en sus camas, con las cortinas cerradas.

Pero había alguien más allí: la mamá de Ron Weasley, Molly, revolvía el interior del baúl que había frente a una de las camas.

—¿Señora Weasley? —preguntó Mankar en voz baja, para no despertar a nadie, aunque estaba seguro de que Neville se escondía detrás de las cortinas de su cama, asustado—. ¿Qué hace usted aquí?

—Sólo estoy... —respondió con voz entrecortada—. Es que Ron olvidó su bate en la Madriguera.

Les enseñó un bate como los que usaban los golpeadores de un equipo de quidditch, lo guardó y lo cerró.

—¿Por qué a esta hora, y no antes? —preguntó Lesson.

La señora Weasley comenzó a tartamudear sin coherencia, pero Mankar la interrumpió.

—Ron no es golpeador. Es guardián.

Molly continuó farfullando cosas sin sentido y se ruborizó. Les hizo señas para que salieran todos del dormitorio, para que no despertaran a los chicos. Ella y los Guardianes salieron a la escalera de caracol, y después de que cerraron la puerta, la señora Weasley volvió a hablar:

—Ron no es golpeador, pero pidió prestado el bate de Fred para practicar un poco.

Era evidente que acababa de ocurrírsele.

—¿Usted ha visto a Bellatrix Lestrange? —preguntó Rob.

—Sí, sí —respondió Molly, intentando sonar casual—. Bueno, yo quería seguirla para... Sí, pero la perdí de vista. Chicos, me tengo que ir ya. Sirius debe estar esperándome —y bajó la escalera rápidamente, haciendo caso omiso de las preguntas de los niños.

—Fue ella —dijo Lesson de inmediato.

—Aún no estamos seguros —respondió Gastón.

—Yo no lo creo —dijo Mankar—. Parece que desde que la vio por el vestíbulo, estuvo siguiéndola. Si ella fuera la asesina, ya se habría ido del colegio. Tal vez ha estado buscándola y ni siquiera se ha enterado de que Bellatrix murió.

—Eso, o quiere despistarnos —dijo Lesson.

—¿Y qué hay del bate? —preguntó Tarru.

—Puede que a Ron (Weasley) —aclaró Mankar, mirando a Ron Lesson, por si las dudas— sí se lo haya prestado Fred. Ella lo tomó y estuvo buscando a Bellatrix para hacerle daño con él.

—Pero es una bruja. Puede matarla con una maldición —observó Gastón.

Mankar pensó durante unos segundos antes de responder.

—Sí, pero si usaba su varita, podía demostrarse que ella lo hizo. No creo que ella fuera capaz de robar la de otra persona, inculpándola... Todos sabemos que odia a Bellatrix, pero no por eso haría daño a un inocente.

—Así que prefirió hacerlo al mejor estilo muggle —dijo Lesson.

—Pero, Mankar, recuerda que el cadáver no muestra señales de golpes —dijo Rob.

—Sí... —coincidió el capitán—. Aunque no se puede ver mucho desde afuera del ataúd.

—Vayamos al club de Hermione —propuso Lesson. Subieron la escalera y atravesaron la puerta, entrando a la Sala de Clubes.

No fue difícil encontrarlo: a esa hora de la noche eran pocos los clubes actualizados.

«Plataforma Élfica para la Defensa de los Derechos Obreros», rezaba el letrero sobre la puerta de uno de los clubes, en cuya placa aparecía el nombre de la fundadora, Hermione Granger. Los cinco tuvieron que afiliarse para poder entrar; era una suerte que todos tenían afiliaciones disponibles.

El interior del club estaba repleto de prendas de vestir diminutas que colgaban de las paredes y se amontonaban en las sillas y mesas. Hermione estaba revolviéndolo todo, mientras murmuraba nombres de runas.

—Hola, de nuevo —la saludó Mankar.

—Hola, chicos —dijo Hermione, sin mirarlos—. Gracias por afiliarse. Espérenme un momento y les hablaré sobre la PEDDO.

—No, no es necesario —respondió Ron.

Hermione no dijo nada. Abrió uno de los armarios y empezó a sacar guantes y calcetines y a tirarlos por todas partes.

—¿Qué buscas? —preguntó Mankar.

—Perdí un objeto muy importante. Pensé que lo había dejado aquí...

—Oye, ¿tú has visto algo extraño, o sabes algo de Bellatrix? —preguntó Lesson.

La chica no respondió de inmediato. Se dio la vuelta y se quedó pensativa unos segundos.

—Creo que está por allí —murmuró.

—¿Eh?

—Hablo de mi giratiempo —respondió Hermione con impaciencia—. No sé dónde lo dejé... —miró a Mankar a los ojos un instante y dijo—: Ah. No, no tengo idea. Me habría gustado que nadie se enterara de lo ocurrido. Neville está muy asustado, pobrecillo... Hace como una hora vino aquí y estuve consolándolo un buen rato...

—¿Y quién crees que pudo haberlo hecho? —preguntó Tarru.

—No sé —dijo la chica—. Vi a la madre de Ron por todo el castillo como loca. La vi entrar y salir varias veces.

—¿Ah sí? —preguntó Ron—. ¿Tú dónde estabas cuando la viste?

—En la sala de profesores —respondió Hermione, volviendo su atención a los cajones de un escritorio, revolviendo su contenido buscando su giratiempo—. Estuve cenando con Neville y después fui allá. Quería hablar con el profesor Flitwick sobre el útlimo examen... Alguien llegó con el rumor de que habían visto a Bellatrix entrar al castillo hacía un buen rato, y Neville salió corriendo hacia los terrenos. Pero no era necesario que se escondiera, porque ya habían matado a Bellatrix. Me lo dijo la profesora McGonagall. La señora Weasley bajó de la escalera de mármol y salió también, pero daba la impresión de que ella no sabía.

»Luego hice un par de recorridos por el castillo, ya saben, ronda de prefecta para revisar que todo esté en orden, y volví a verla varias veces, con un bate de quidditch. Cuando terminé, vine a mi club a estudiar un poco para el examen de Runas de la próxima semana, y fue cuando vino Neville, asustado. Entonces recordé que la señora Pince me tenía unos libros guardados, así que fui a recogerlos, y luego volví a la Sala Común.

—Vale —dijo Mankar—. Creo que entonces será mejor que sigamos buscando pistas.

Salieron del club de Hermione y bajaron a la Sala Común, preguntándose qué hacer ahora. Hasta el momento, no tenían un primer sospechoso, ni una pista que los condujera a algún lado...

Lesson corrió hacia el jarrón que rompió y siguió recogiendo trozos del cristal escarlata. Mankar desvió su mirada hacia la ventana.

—Si Bellatrix fue encontrada afuera... pero entró al castillo... y nadie la vio salir... no salió por la puerta del vestíbulo.

—¿Entonces? —preguntó Tarru.

—¿Y si la tiraron por la ventana? —sugirió Mankar—. Por eso su cadáver apareció en los terrenos. Desde que el León Escarlata rugió, la ventana estuvo abierta. Era una pista desde el principio.

—Pero Bellatrix está... entera —dijo Gastón.

—Tal vez tenga algunos huesos rotos. No se puede saber en esa postura —dijo Mankar, observando el cadáver. Estuvo pensando durante unos segundos, contemplando el perfecto disfraz de la profesora Callahan. Quizás para eso lo había buscado antes del inicio de la prueba: para darle una pista—. Tenemos que volver a bajar a los terrenos —dijo Mankar de repente—. Vamos a buscar el lugar donde Bellatrix cayó.

Se dirigió de inmediato a la entrada de la Sala Común y los Guardianes lo siguieron. Todos menos Lesson, quien seguía intentando recomponer el jarrón rojo.

—¡Ron, no hay tiempo para eso! —gritó Mankar estresado. Se acercó al chico y éste lo miró con gesto de disculpa.

—¡Lo siento...! ¡No tardo, ya casi termino!

¡Reparo! —exclamó Mankar con impaciencia, apuntándole con la varita a los trozos de cristal.

El jarrón volvió a la normalidad, pero algunos diminutos fragmentos de color dorado no se habían adherido bien y seguían dispersos por la mesa y el suelo. Mankar supuso que el hechizo no había salido bien debido a la ansiedad. Lesson se conformó con que el jarrón hubiera recuperado su forma, y no hizo caso a los fragmentos dorados que quedaron.

Estaban exhaustos, pero los Guardianes no tuvieron opción más que volver a bajar al vestíbulo y salir por las puertas de roble. Intentaron ubicar el lugar en el que caería alguien si se lanzara desde la torre de Gryffindor.

Un alboroto cercano los distrajo. Provenía del Laberinto: alguien acababa de ganar. Mankar se acercó con curiosidad, para ver quién había sido, mientras revisaba el césped con la varita encendida, en busca de alguna pista. El letrero en la parte alta del seto decía: «¡Haher Weasley ha alcanzado la Copa de los Tres Magos!».

Mankar sonrió, divertido por el hecho de que Haher se metiera a jugar al Laberinto en vez de participar en la prueba del Torneo. Luego, recordó que por más que tardaran dentro del Laberinto, el juego sólo duraría cinco minutos.

Los estudiantes que habían jugado al Laberinto se dispersaron rápidamente y regresaron al castillo. Haher se quedó un rato sentado en el borde de la plataforma del ganador, hablando con dos siluetas. Luego, ellos tres corrieron en dirección al castillo nuevamente y pasaron justo delante de Mankar, pero no se dieron cuenta de ello, a pesar de que su varita estaba encendida. Haher estaba acompañado por Juanjo y Mati.

—Es la mejor decisión que pudieron tomar, de verdad —les dijo Juanjo con orgullo.

Y cuando los vio, Mankar entendió a qué se refería Macnair, y se sintió más triste que nunca en su vida. Durante un instante, se negó a creer que aquello fuera cierto.

No. Tenía que ser una broma. O un juego. O un malentendido. O una alucinación.

Pero ni siquiera su sarcástica conciencia, que llevaba muda toda la noche, quiso decirle lo que era obvio. Lo que Mankar vio con sus propios ojos. Lo que explicaba todo, y que él tenía que haberlo previsto, porque iba a ocurrir en cualquier momento. No era necesario que nadie se lo dijera.

Haher llevaba puesta una túnica con los colores azul y bronce. Se había cambiado de casa. A Ravenclaw, con Juanjo. Y Mati también.

Resultó abrumador.

¿Qué importaba ponerse a pensar todas las razones que había tenido Haher para hacerlo? ¿Qué importaban las cosas que ahora podía entender al saber que Haher ya no era un Gryffindor? ¿Qué podía importar en ese momento?

Sólo una cosa: su mejor amigo no se lo había dicho.

—¡Mankar, la encontramos! —gritó alguien—. ¡La varita de Bellatrix!

Tampoco importaba. Era tan grande su tristeza que se nublaron sus sentidos. Ya no veía bien, ni escuchaba. Podría estarse quemando en ese momento y no lo sentía. Tampoco importaba.

—¿Vamos a la Sala Común? —dijo otra voz emocionada—. ¡Estoy seguro de que ya vamos a resolver el misterio!

Alguien tiró de su mano y lo llevó corriendo al interior del castillo.

Mankar tenía un nudo en la garganta. Sentía mucha tristeza. Y también ira. Envidia. Odio. Venganza. Desprecio. Y quería concentrarse en esos sentimientos.

—¡Suéltame! —rugió Mankar, cuando ya se encontraban en el vestíbulo. Lanzó una mirada asesina a Ron Lesson, que dio un brinco.

—¿Estás bien?

¿QUÉ TE IMPORTA? —vociferó la conciencia de Mankar, pero tenía tanta rabia que sintió que no valía la pena responder.

Lo único que quería era estar solo. O con Haher, quizás. Pero para librarse de esa maldita prueba del Torneo, tenía que terminarla antes. Fue tal su deseo que todo estuvo claro en ese momento.

—¡Juanma! ¡Devil! ¡Tenemos la respuesta! —gritó.

Los dos profesores, envueltos en sus capas escarlata, aparecieron de repente frente a ellos, junto con Bellatrix, quien descansaba en el ataúd.

—No podrán cambiar la respuesta una vez la hayan dado —le advirtió Juanma.

—Neville fue quien mató a Bellatrix —dijo Mankar rápida y monótonamente—. Escuchó el rumor de que ella estaba en el castillo, y fue a esconderse fuera del castillo. Encontró el cadáver de Bellatrix y salió corriendo al bosque prohibido. Ésa fue la sombra que vio Hagrid. Luego, lo encontramos y regresó corriendo a la Sala Común. Fue al club de Hermione y le robó el giratiempo. Le dio vueltas y regresó un par de horas, justo para encontrar a Bellatrix en la Sala Común y lanzarla por la ventana. Pero algo tuvo que salir mal, pues el giratiempo se rompió y los trozos cayeron cerca de ahí. Los confundimos con pedazos de cristal del jarrón, pero se pueden reconocer por el color dorado. Por eso Hermione no lo encontraba, y por eso nadie vio entrar a Neville de nuevo, así como nadie vio a Bellatrix salir, a pesar de que Molly estaba buscándola para matarla ella misma. Puede que Neville sea un chico miedoso y pacífico, pero creo que vengar a sus padres era uno de sus más grandes propósitos. Y lo logró.

Los Guardianes miraron a Mankar boquiabiertos. Juanma levantó una ceja.

—Perfecto —elogió Devil—. Casi como si lo hubieras sabido desde un principio. Como si hubieras visto el futuro —añadió con malicia.

No insinuaba trampas, por más de que lo pareciera. Mankar sabía exactamente a qué se refería la mujer. Pero no estaba de ánimos para responderle ni para pensar en ello.

Los otros cuatro chicos comenzaron a gritar de alegría y a celebrar, chocando las palmas.

—¿Nos podemos ir? —preguntó Mankar con la misma voz monótona a Devil.

—Claro, para ustedes el hechizo finaliza en este momento —dijo Juanma con alegría—. Son el primer equipo que lo logra.

Agitó la varita en lo alto y de la nada aparecieron estudiantes de Gryffindor que corrían en grupos en el vestíbulo, la escalera, la sala de profesores, afuera del castillo y en el Gran Salón. Los Guardianes de Nurmengard eran invisibles para todos ellos.

—Ahora que alguien ha ganado la prueba, Bellatrix debe estar a punto de despertar —dijo Devil.

Juanma levantó la tapa de la caja de cristal esperando a que la profesora Callahan se recobrara. Mankar no esperó y empezó a caminar hacia la escalera de mármol, dándoles la espalda.

—Señor Gastón Weasley —oyó decir a Taz—. Espero que, ahora que la prueba ha terminado, pueda dedicar un poco de tiempo a estudiar Transformaciones. Sus notas están desastrozas.

No obtuvo respuesta, y Mankar, con la mente en blanco, imaginó la expresión indiferente de Gastón. Los equipos de Gryffindor corrían de un lado a otro silenciosamente, concentrados.

—Betty, Betty —llamó Juanma sonriente a Callahan—. Bella...trix Durmiente. Qué Bella Actriz... Despierta, ya terminó la prueba.

Qué chistes tan estúpidos —escupió la conciencia de Mankar, y él estuvo a punto de decir lo mismo en voz alta. Estaba tan furioso que todo le molestaba.

Mankar empezó a subir la escalera de mármol pisando fuerte, mientras una avalancha de pensamientos estaba a punto de caer sobre su mente.

—¿Betty? ¿Betty estás bien? Taz, no se despierta... ¿Crees que bebió mucha poción?

—¿Profesora Callahan? —escuchó decir a Lesson a sus espaldas, seguramente intentando moverla.

Ja, ya quiero ver la cara de Callahan cuando despierte y vea a Lesson chuzándola —se burló la conciencia de Mankar.

Se detuvo a mitad de la escalera, pero no se dio la vuelta a mirarlo.

—¿Betty? Despierta, Betty —insistió Taz, ahora con seriedad—. Tú, Potter, llama a la enfermera, ¡pronto!

—Profesora Callahan, despierte —dijo Lesson de nuevo, ahora con voz quebrada, un sonido que perforó a Mankar, mientras unos pasos apresurados empezaron a subir las escaleras y Tarru pasó junto a él.

—Por favor, Betty —imploró Juanma.

Y lo siguiente que Mankar escuchó lo hizo darse cuenta de que sí había cosas que importaban en ese momento, más que su ira absurda. Escuchó la voz angustiada y quebrada de su hermano.

—¡No percibo signos vitales, Taz! ¡Creo que está muerta!