Brujas de la Luz, Brujas de la Oscuridad.
—Ahí esta. El Castillo Polimón.
Bromeé al ver la gran casa de los Polimón, la cual siempre había sido gigantesca. No solo para mí, porque era un Hada. Era la casa más grande del pueblo hace diez años y lo seguía siendo aun.
—Es verdad —recordé riendo—. Debía ir a la Tienda de Encajes.
Levanté el vuelo de nuevo, no sin antes ver si mis amigas Hadas ya se habían retirado. En efecto, ya no había ninguna de ellas. Quizás Cloudy las atrapó o se cansaron de discutir. Lo que sea, ahora iría con Flox.
¡Y, viola! La Bruja de la Oscuridad más alegre y colorida de todos los tiempos, estaba en su lugar favorito de todos, la Tienda de los Encajes, antiguo lugar de la Bruja Modista, Primula Pull.
Como los años siguieron avanzando y a la regordeta Primula se le hizo cada vez más difícil atender su tienda. Cuando llegó Flox, fue como su salvación. Primula pensó que cerraría su tienda y tendría que despedir a todas sus haditas costureras. Habían sido ordenes del Doctor, Primula debía descansar, ya no estaba tan joven.
Para Flox, fue la noticia más emocionante de toda su vida. El que la sabía y creativa modista de Verdellano, la nombrara aprendiz y heredera de toda su tienda. Al comienzo las haditas de la señora Pull no estuvieron muy conformes con el estilo "colorido" de Flox. Pero luego de entender como veía Flox el mundo, la aceptaron gustosas.
Fue una transición muy dura, que el pueblo pasará de los refinados trajes de Primula Pull a la moda tan vivaz y alegre de Flox. En especial para la nueva alcaldesa, "cara de faisan hija", Scarlet Pimperbel.
Pero cuando llegaron los nuevos Sinmagia al valle. El pueblo se lleno de alegría, gente variada, de todos los tipos llegó. Entre ellos, un pueblo que compartía el gusto alegre por los colores y la vida, que tenía Flox Polimón, los Gitanos.
La ropa de Flox les encanto y gracias a ellos, poco a poco, el pueblo iba "aprendiendo" a usar, lo que la gran modista Polimón creaba. El gusto de Flox por mezclar colores era único y ver un diseño suyo, hacia experimentar todo tipo de sensaciones felices.
No había duda, que Flox estaba en el lugar indicado.
—Hola, Flox.
Entre a la Tienda de Encajes, ahora propiedad de Flox. Todo lucía increíble, vestidos por todos lados, trajes muy atípicos decoraban el lugar. En el fondo, el mostrador donde atendía Flox y un sinfín de ovillos, trozos de tela y madejas de lana.
—Te gusta mi taller, hadita.
Me dijo Flox surgiendo de improvisto, de detrás de un vestido colgado. Casi me mata de un susto. Creí que era una estatua que cobro vida.
—¡Madredetodaslashadas! Casi me sacas el corazón Polimón.
Ella solo río.
—Si viniste a ver a los niños, llegaste tarde, Felí —dijo midiendo un vestido de lino blanco con encajes rojos y acabados de terciopelo verde—. Vinieron Pervinca y Vainilla hace poco y se las llevaron.
—¿Y a dónde fueron?
Flox se metió un lápiz a la boca y lo mordió un rato. No le dije nada, porque quizás hacer eso, la ayudaba a pensar.
—Creo que hablaron algo de comer un pescado.
—¿Pescado?
—O era helado.
—Decídete Flox.
—¿Cuál te lo ponen en un cono y comes lamiéndolo?
—El helado.
—Esta segura de que no hacen eso con el pescado.
—Muy segura… a menos que seas morsa o pingüino.
—Pues Vainilla ha engordado un poquitín…
—¡Cuidado con lo que dices Polimón!
Vi y Babú acababan de llegar, cada una cargaba una bebé y un helado. Junto a ellas venía el hijo de Flox y las gemelas de Shirley, cada uno cargaba también un helado.
—¿Y mi helado?
—No te daré nada, por decirme gorda, Flox.
—Era broma. Sabes que eres la más esbelta y atlética de todo Verdellano.
—Que mentirota.
—Cállate Vi. Toma tu helado Flox.
—Gracias. ¿De qué es?
—Vainilla.
—Dime Vi.
—No, qué el helado de Flox era de… Olvídalo. ¿Qué tal el Pueblo Felí?
—Lindo, grande y muy cambiado.
—Te llevaríamos a liberar peces en la noche, pero tía Tomelilla quiere que las niñas duermen temprano.
—Y que no le des helado, Vi.
—Es solo una probadita.
La bebita de Pervinca, lamía el helado de su madre. Aunque luego de dos lamidas, comenzó a llorar.
—¿Qué le paso?
—Se le congelo el cerebro.
—¡Se va a morir!
—No, no te asuste Felí. No es grave. Solo que lamió muy rápido.
—Bueno Flox, nos debemos retirar. Te dejamos a tu hijo y a las gemelas de Shirley. Dentro de poco vendrá por ella, así como más hilo para su tía Malva.
—Cuídense chicas Periwinkle y hadita, salúdenme a todos.
Diciendo esto, por fin nos retiramos a casa. Ese tan largo y casi interminable Domingo por fin estaba por acabar. Tantas cosas nuevas, tantos descubrimientos. Mi pobre cabecita aun trataba de asimilar todo lo nuevo que había aprendido.
La cena fue tranquila, las gemelas subieron para acostar a sus hijas en el cuarto. No se donde Jim y Grisam dormirían, estaba muy interesada. Pero Tomelilla me llamó para ir al invernadero. Estaba tan emocionada, que se me olvido todo lo demás.
Por fin logramos dormir a la hija de Babú faltando un cuarto para la media noche. Apresurada, me despedí de las gemelas y volé donde Tomelilla, quien me estaba esperando con su traje de jardinería.
Por fin podía conversar a gusto con mi bruja, tantas cosas que quería hablarle, todo lo que quería contarle. Tanto tiempo sin ella, extrañándola, fue para mí, como una eternidad y quería recuperar cada segundo perdido.
El resto de la noche, no hubo Hora del Cuento, tan solo, dos viejas amigas que conversaban luego de reencontrarse varios años después. Por fin, Tomelilla y yo, hablamos toda la noche, hasta que se casi sale el sol.
Nos despedimos y subí a la habitación de las gemelas.
Para mi sorpresa, Babú se paseaba con la hija de Pervinca cargada, meciéndola y tratándola de hacer dormir. Vi dormía con una almohada cubriéndole el rostro y la hija de Babú, al igual que su tía, dormía a pierna suelta.
—Ya chiquita, todo esta bien. El sol saldrá pronto.
Repetía Babú tratando de tranquilizar a la pequeña Cath, quien no dejaba de llorar. La pobre Vainilla tenía unas ojeras enormes. No entendí como es que la noche anterior no me despertó el ruido del llanto de Cath, si gritaba más fuerte que el despertador de Vainilla.
Pero luego me fije en un detalle, mi botella estaba cerrada.
—¡Pervinca!
Grité enojada, ella había cogido nuevamente esa fea costumbre de encerrarme todas las noches. Babú solo me hizo una señal con el dedo para que guardara silenció.
—Perdón. ¿Por qué llora tanto?
Babú muy cansada y medio dormida, solo supo decirme que la niña de Vi, le temía a la oscuridad.
—¿Pero es una Bruja de la Oscuridad?
—No, Rosa es una Bruja de la Oscuridad. Cath es una Bruja de la Luz. Recuerda que heredaron los poderes cruzados, no de sus madres, sino de sus tías.
—Tienes razón, la magia de vi corre en Rosa y la tuya, en Cath.
—Y demasiado bien. Todas las noches, me despierta porque no puede dormir.
Me parecía muy raro, Vainilla no era de las que despertará en toda la noche, aunque afuera el mundo se estuviera acabando. Por el contrarió, Pervinca tenía el sueño muy ligero y el menor ruido la despertaba.
Pero no sabía, que la pequeña Cath, hacia más que solo llorar.
—Ahí va de nuevo.
Cath lanzó otra serie de llantos seguidos de… ¿Explosiones de luz? ¡Era cierto! De no haberlo visto en persona, no lo habría creído. Con cada serie nueva de llantos, Cath iluminaba la habitación con una fuerte luz.
Entonces era eso, la única forma de despertar a una Bruja de Luz durante la noche. Con una luz casi tan fuerte como el sol. Estaba maravillada, sorprendida y hasta riendo. Pero Vainilla no, solo trataba de dormir a Cath, lucía muy cansada y con sueño.
Por fin salió el sol y la pobre Babú por fin pudo descansar, al quedarse dormida Cath.
Si las gemelas eran especiales, sus hijas no iban a ser menos que ellas.
Y aun faltaba ver las súper habilidades brujísticas de Rosy.
