La Habitación Secreta.
Aunque ni Vainilla ni yo nos habíamos acostado a dormir, ya estábamos levantadas preparando el desayuno de los demás miembros de la familia. Vainilla había dicho que dormiría luego, por ahora comería algo.
—Babú. ¿Ya estas despierta?
Mamá Dalia había entrado a la cocina, se asombro de ver a la dormilona Brujita de la Luz, ya levantada y preparando el desayuno para la familia.
—Si, Cath me mantuvo en vela toda la noche.
—¿De nuevo?
—Sí.
—Hablaré con Pervinca esta noche.
—Gracias mamá.
—Felí, también estas despierta. ¿Se prolongo mucho la reunión anoche?
—No, decidí hacerle compañía a Babú.
—Gracias, tu siempre tan cordial y servicial.
Sonreí, me agradaba que siempre me dijeran cumplidos, aunque para mí, eran cosas comunes. Escuchar un "gracias" o "felicidades" de vez en cuando, era muy lindo.
—Por cierto mamá, Jim y Grisam ya se han levantado.
—No creo.
Este era el momento que tanto había estado esperando. El lugar donde dormían los dos jóvenes esposos de mis gemelas. Hasta ahora no lo había descubierto. No dormían con las gemelas en la habitación, eso era obvio. Pero debieron haber estado en algún lugar privado con mis chicas, para poder traer a las niñas al mundo.
Pronto lo descubriría.
—Habrá que llamarlos.
—¿Llamar a quién?
Vi acababa de entrar a la cocina, a diferencia de Babú, estaba fresca como una lechuga. Mientras la pobre de su hermana, estaba que ya no aguantaba los parpados. No se si fue por cortesía o porque le ordeno Mamá Dalia, Pervinca ayudo a la pobre Vainilla con el desayuno.
Luego bajó Tomelilla y el Señor Cícero. Pero de los hombres jóvenes de la casa Periwinkle, aun no había señal y estaba muy interesada en saber donde estaban.
—Bien, esta listo todo.
Exclamó orgullosa Vainilla luego de ver el monumental desayuno que había preparado, en compañía de su hermana, Mamá Dalia y de mí.
Tortitas, pan tostado con manteca, leche con chocolate, café, varias rebanadas de tres diferentes tipos de queso, huevos fritos con tocino, toronja y melón fresco, una jarra de jugo de naranja y para terminar con un toque artístico, una bandeja llena de deliciosos dulces.
—Hay que desayunar como príncipes, pero ustedes exageraron, chicas.
Comentó algo alegre Tomelilla, era bueno ver, que estaba de buen humor.
—¡No papá!
Pervinca regaño al señor Cícero, quien estaba metiendo la mano para agarrar una de las panquecas.
—Aun hay que esperar a los muchachos.
—Y a las niñas —atine a decir.
—Ellas dormirán un poco más Felí —me explicó mamá Dalia—. De su alimentación especial, se encargan Vi y Babú.
Entendí de inmediato a lo que se refería. Así como ella alimento a las gemelas de bebés, de su propio pecho. Ahora sus hijas tendrían que hacer lo mismo con sus respectivas hijas. El ciclo natural de la vida.
—Vas tu Babú a llamarlos.
—¿Y por qué no vas tú? Yo estoy cansada.
—Si quieren voy yo, solo me dicen a donde.
Las gemelas se vieron a los ojos y sonrieron.
—Es cierto, Felí aun no lo sabe.
—Me había olvidado que lo escondimos de Felí para sorprenderla.
—Vamos ambas, Vi.
—Claro, será una buena idea sorprender a esos holgazanes esposos nuestros.
—Ven Felí.
Las gemelas me invitaron a seguirla, yo solo lo hice. Me mostrarían donde estaban durmiendo sus respectivos esposos y eso me intrigaba. Me moría de ganas saber que tan lejos estaban las nuevas residencias.
Pero no estaban muy lejos.
—¿No vamos a salir?
Las gemelas solo sonrieron de nuevo.
—Pensabas acaso que vivíamos lejos de casa.
—Si.
—Te sorprenderás de lo lejos que vivimos, Felí —respondió con un tono irónico y una sonrisa pícara, Pervinca.
—No arruines la sorpresa, Vi.
Pensé que saldríamos por la puerta trasera, pero de hecho, las gemelas subieron las escaleras, hasta que estuvieron paradas frente a la pared. Me pareció algo curioso, en especial porque ambas estaban sonriendo.
—Lo haces tú o lo hago yo.
—Te cedo los honores. Además soy yo la que hará visible todo.
Pervinca golpeó la pared frente a ellas, como si se tratará de una puerta. Toco tres veces y… la pared se abrió, de hecho, era una puerta a la que habían hecho parecer parte de la pared con su magia. Todo para engañarme.
—Tu turno Babú.
Entramos a lo que debería haber sido el techo de la casa Periwinkle. En realidad, era un cuarto enorme, casi tan grande como la sala y la cocina juntas. Pero a diferencia de abajo, no había nada más. O eso parecía.
—Te gusta Felí, aquí vivimos.
Sonrió Vainilla.
—No hay nada. Donde duermen. ¿En el suelo?
—Apúrate Vainilla.
—No me apresures, las cosas buenas, toman tiempo.
Vainilla se concentró, como si quisiera acodarse de un hechizo que no había realizado hace mucho tiempo.
—No hagas tanto drama y apresúrate.
—Ya cálmate Vi.!PEQUEÑA O GRANDE QUE SEA LA FECHORÍA, SALGA DEL AIRE O HABRÁ DE PASAR LA PRUEBA DEL ESPEJO!
Era el hechizo para hacer aparecer todo lo que estaba escondido u oculto, lo reconocí enseguida. Frente a mí se vislumbro un paisaje hermoso y pintoresco. No era solo un cuarto, en realidad, el enorme lugar, estaba dividido en dos.
—Vi. ¿Qué es esto?
Vainilla había interrumpido mi asombro, porque al hacer el hechizo, había descubierto una mancha de café en su vestido.
—En mi defensa, te debo decir… que no recuerdo cuando hice esa mancha.
—¿Podemos seguir?
—Esta bien, por Felí te perdono esta vez.
—Gracias hadita, te debo una.
Solo sonreí diciéndole: "De nada". Aunque no lo hice para salvarla del regaño de Vainilla, sino porque en verdad quería ver como vivían ahora mis niñas.
—¡Taran!
Vainilla hizo una especie de gesto que no atine a comprender del todo. Detrás de ella habían dos puertas, una muy cerca de la otra y cada una tenía un curioso letrero.
Me acerqué a leerlos.
—¿Luz? Y… ¿Severidad?
—¡OSCURIDAD! —me aclaró Pervinca, Vainilla solo rió—. Deja de reír Babú.
—Si escribieras mejor, sería más sencillo de adivinar tus jeroglíficos —se defendió Babú—. Hasta Felí se confunde, ves.
—Como sea. ¿A cuál quieres entrar primero, hadita?
—Debo suponer, que cada puerta me llevará a una habitación distinta.
Las Gemelas asintieron.
—La del letrero que dice: "Luz" y hecha de caoba debe ser la habitación de Vainilla y Jim.
—Exacto.
—Y la de Almendro que dice…
—"Oscuridad"
—Eso, Oscuridad es la de Vi.
—Y la de Grisam también.
Estaba tentada a entrar a la habitación de Babú, conociéndola, sería un hermoso lugar muy ordenado y repleto de inventos y libros de cuento. Al contrarió que la de Pervinca, un laberinto de cosas fuera de lugar. Pero el olor almendrado que salía de la puerta de Vi, cautivo todos mis sentidos.
—Entraré a la de Vi primero, ella nació antes —trate de excusarme, pero las Gemelas entendieron.
—Lo sabía —sonrió Pervinca, quien al parecer, supuso que me guiaría primero por mi nariz—. Te gané Babú, me debes una cena.
—Esta bien, esta bien. Entremos.
Abrimos la puerta de mi brujita de la oscuridad. Esperaba encontrarme con un desorden impresionante, como si un ropero lleno de ropa hubiera vomitado todo su contenido por la habitación.
Y no estaba tan equivocada.
—¡Vi!
—Perdón, no tuve tiempo de limpiar.
Había lo que creía eran muebles, pero estaban cubiertos por ropa de todo tipo. No solo la de Pervinca, sino la de Grisam también. Habían muchos libros apilados, por los que había que caminar inclinados para no tirarlos.
—¿Y Grisam?
—Creo que esta sepultado entre la ropa.
Bromeó Vainilla.
—Estoy en el baño, ya salgo.
Se escuchó una voz, venir desde una puerta cerrada a un lado de la cama.
—Pervinca deberías asear de vez en cuando.
Reprimí a mi querida Bruja de la Oscuridad.
—Limpié al Sábado.
—Mentirosa, el Sábado estábamos dando a luz.
—Babú.
—Hada mía, como vives en este lugar.
—No sé. Creo que es costumbre.
Volé alrededor de la habitación, viendo la magnitud del desastre que había provocado el huracán de nombre "Pervinca". Sumado a los libros, habían también, cajas apiladas, de no se que cosa. Estaba tan asustada que no quise abrirlas, en especial porque una de esas cajas se movía.
—¿Qué tienes ahí guardado Vi? ¡Arañas!
Pervinca asintió.
—Es la habitación de los hijos de Regina.
Pervinca abrió un extremo de la caja y pude ver, que estaba llena de arañas. Aunque la madre no estaba con ellos.
—¿Y Regina?
—Felí, las arañas no viven mucho tiempo —sonrió tranquilamente Pervinca—. Aunque me dejo un buen recuerdo.
Vi camino hasta un frasco que había equilibrándose sobre una pila de libros, lo abrió y depositó su contenido dentro de la caja de arañitas. Eran moscas y otros insectos más.
—Coman bien, niñas.
Pervinca les dedicó una sonrisa y luego cerró la caja. Pude fijarme, que estaba llena de agujeros, para que las arañitas no se asfixiaran.
Vi me explicó luego, que guardaba a las pequeñas hijas de su querida Regina en esa caja, no porque les temiera. Sino, porque era más seguro para las pequeñas arañitas. En especial en las noches, donde quien sabe como se guiaban para llegar de la puerta a la cama una vez apagada la luz.
Asumí que tanto Grisam como Pervinca, al ser Mágicos de la Oscuridad, volaban sin tener que pisar el suelo. Que parecía el campo de batallas luego de que el enemigo lo llenara de trampas. Volar era más seguro, así no derrumbarían nada de lo que había.
—¡Ahora vamos al mío!
Habló emocionada Vainilla, como una niña que acaba de terminar su tarea y quiere que se le revisen para que le den un premio.
—Bien, vamos a la de Babú.
Grisam salió poco después, lucía un traje elegante, como los de su tío Duff. Al igual que el gran Mago de la Oscuridad, estaba enorme y gallardo. Grisam solo se acercó y me saludo, luego le dio un abrazó por la espalda a Vi y un beso en la mejilla. Pervinca solo lo separó con un atinado codazo a las costillas.
—Mujer, ya estamos casados —habló Grisam luego de que pudo volver a respirar—. Deberías aceptar cuando menos una muestra de amor de tu esposo.
—Si, sí. Baja a comer.
"Esta arisca Brujita de la Oscuridad mía" pensé sonriendo, en el fondo Vi no había cambiado nada.
—Vamos Felí.
Babú me tomó emocionada entre sus manos y me llevó a la puerta de su habitación. Iba a tocar, cuando escuché un curioso sonido como de un reloj. A diferencia del cuarto de Pervinca, que de la madera de los muebles provenía un olor almendrado. Del cuarto de Vainilla solo podía oler aceite.
—Entra rápido.
Vainilla abrió la puerta y cuando lo hizo, una especie de mano mecánica bajo del techo y le entrego un ramo de rosas, adornados muy bellamente. Junto al ramo había una tarjeta que decía: "Para mí adorada Bruja de la Luz, mi amada Vainilla. Espero te guste mi regalo. Con amor de tu inventor favorito, Jim".
Babú comenzó a saltar de emoción, tomó las rosas y corrió dentro de su cuarto, posiblemente a llenar de besos a su amado esposo.
—Valla, que diferente —exclamé sin siquiera pensarlo—. Se nota que es Vainilla y no Pervinca.
—Felí.
—Perdón Vi.
Pero era cierto, el cuarto lucía completamente distinto al que había visitado antes. Muebles de caoba, con acabados muy finos y delicados, una mesita también de caoba con un lindo juego de té hecho de porcelana. La cama perfectamente hecha, a diferencia de la de Vi, que ni siquiera supe si tenía cama.
—Lo-los lápices d-de Babú.
Exclamé maravillada al ver todas las paredes tapizadas con mejor papel que toda la colección casi eterna de lápices de Babú. Desde los de la primaría, hasta los que Jim le había regalado. Era increíble ver tanto lápiz pegado en las paredes.
—Si eso te sorprende, espera a ver la cama hecha de gomas de borrar.
—No le creas Felí, Pervinca solo bromea. No es cierto cariño.
—Lo que sea.
Entre volando a este mágico lugar, parecía un templo, por lo inmaculado y ordenado que estaba. Me desilusioné un poco al no encontrar una cama hecha de gomas de borrar, como la que había dicho Pervinca.
—Hola Felí.
El famoso inventor de Fairy Oak, Jim Buriam acaba de salir del baño. Se terminaba de arreglar la corbata, que entre abrazó y beso, Vainilla le había desarreglado. Por cierto, Vainilla iba abrazado del joven inventor.
—Vainilla, me podrías soltar un momento.
—No —respondió Babú haciendo un puchero, Jim solo suspiró.
—Esta bien, no te daré tu otro regalo entonces.
Vainilla se soltó enseguida y miró a Jim con entusiasmo. El joven inventor sonrió y camino hasta un librero. Sacó un libro muy grueso de entre ellos. Pervinca se notaba muy "entusiasmada" por el libro regalo de su hermana.
—Un libro, hurra.
Vainilla le lanzó una mirada molesta a Vi, luego estrechó el regalo de Jim entre sus brazos.
—Ábrelo.
Vainilla abrió con delicadeza la primera página, pero estaba en blanco. Luego empezó a cambiar de hoja tras hoja, no había nada escrito. Desilusionada e intrigada, cerró el libro y miró a Jim.
—Sigue, no te detengas.
La animo Jim, Vainilla abrió nuevamente el libro y siguió pasando de página en página. Hasta que llegó casi a la mitad del libro. Encontró unas páginas perforadas, dentro había… una goma de borrar.
—¡JIM!
Increíblemente, Babú abrazó a Jim con lágrimas en los ojos, como si esa goma de borrar roída, hubiese sido un anillo de diamantes. Todos estábamos muy confundidos ante la actitud de Vainilla.
Jim nos tuvo que explicar, ya que Vainilla no lograba dejar de llorar por la emoción.
—Hace casi un año, cuando fuimos al acantilado para que Vainilla se inspirara. Durante una ola muy fuerte, los materiales de Vainilla cayeron al mar. Con algo de suerte logramos encontrar todo, excepto…
—Excepto mi goma de borrar —respondió Babú muy emocionada—. Creí que se había perdido para siempre. Que se la había trabado el mar.
—Por eso estuve trabajando todas las noches en mi nuevo invento.
Jim emocionado, nos mostró un extraño casco como de caballero, solo que mucho más grueso y pesado. Tenía una ventana de vidrio por donde veía y una especie de manguera que le salía de un extremo.
—Me ayudo la tía de Flox y los vidrieros del pueblo a hacerlo. Tuve que rehacerlo varias veces, porque los primeros modelos no sellaban bien y el agua se filtraba. Casi me ahogo.
—Gracias Jim.
Vainilla volvió a llenar a su esposo de besos. Era una escena tan tierna, me hubiera gustado que no acabara nunca. Pero el desayuno estaba servido y el pobre Señor Cícero se moría de hambre.
—Chicas, chicos. ¡Bajen a desayunar!
