Un Regalo Especial.
Luego del pequeño incidente con la ogresa y su hija, regrese a la normalidad. No es bueno que un hada y menos el hada de la familia Periwinkle, reciba a los invitados con una cara enojada. Pero en verdad esa niña creída y su madre, me ponían los pelos de punta.
—Vamos Felí, cambia esa cara o que dirán los demás invitados.
La princesa de Fairy Oak acababa de llegar.
—Hola Nepeta, Acantos e hijos.
Lo de Princesa, era un nombre puesto de cariño, por sus mejores amigas. Mis niñas y Flox. Durante cierto incidente, que quizás cuente más tarde.
—Hola Felí.
—Niños, saluden.
Los dos niños, que antes había conocido muy vivaces en compañía de su tía, ahora, junto a sus padres, estaban muy tímidos. Hasta llegué a creer que tenían miedo de mi.
—Ho…ho…hola.
—Ho-hola.
Eran tan lindos, los dos. En especial la pequeña Nepetita.
—Vamos niños, vallan a jugar con sus amiguitos.
Acantos no tuvo que insistir mucho para que sus hijos aceptaran la oferta. Sin sus padres, los dos pequeños recobraron su vitalidad. No entendía porque, pero esos dos pobres niños parecían frenarse al estar con sus padres.
—No son lindos, Felí.
—Muy lindos, Nepeta. Deben estar orgullosos.
—Como no tienes idea, mi querida Felí.
Acantos lucía muy gallardo y Nepeta, parecía una princesa. Tenía varias hojas enredadas en el cabello, pero yo creí que se había peinado de esa forma. De todas formas, se veía bien. Y la pareja, se veía aun mejor junta.
Ambos parecían fusionarse en un abrazo eterno, en el cual, no se podía determinar, donde acaba uno y empezaba el otro. Yo solo estaba feliz. Pero luego, la pareja se beso frente a mí.
—Puedo interrumpir a la pareja feliz.
No era mi intención romper aquella relación tan romántica, pero ahora que los tenía para mi sola, debía aprovechar. No sabía cuando llegará un nuevo invitado o alguien de los presentes, me los arrebatara.
—Dime Felí.
Nepeta sonrió y aun abrazada de su esposo, solo me miró sonriendo.
—Me muero de ganas por saber tanto, que no sabría por donde empezar.
Y era verdad.
Quería saber tanto de esta linda pareja, en realidad de todas las parejas de Fairy Oak, pero ya que tenía esta a la mano. Debía aprovechar.
—Pregunta. Con confianza.
Es que eran tantas cosas que quería saber, acerca de los niños de la pareja, si ya habían mostrado sus poderes, como fue aquello; sobre la misma pareja, cuando los conocí no eran tan apegados y hasta llegue a pensar, en que ambos terminarían con otras personas.
Para mí, fue una hermosa sorpresa saber que ambos habían acabado juntos. Dos mágicos de la luz, en una relación aun más mágica.
—Vamos Felí, no tengas vergüenza. Nos conoces desde niños.
Pero había, por sobre todo, una pregunta que era la que cautivaba toda mi curiosidad. Precisamente, esa era la que quería conocer la respuesta.
—Hace unos días me encontré con Cloudy.
—Si, me lo contó mi hermana. Dijo que te capturaron por accidente.
—Cariño, Cloudy es mi hermana.
—Acanti, quedamos en que, lo mío era tuyo y lo tuyo era mío. Entonces, Cloudy también pasa a ser mi hermana menor.
Acantos solo suspiró ante la lógica de su esposa.
—Lo que digas cariño.
Nepeta sonrió, al parecer le encantaba ganar sus "discusiones" con Acantos y a este, le fascinaba dejarla ganar. La pareja nuevamente se beso.
—A lo que iba. Cloudy me comentó que, tú fuiste la que le hizo perder el acento tan lindo que antes tenía Acantos, Nepeta.
Nepeta estalló en risa, pero no una risa tranquila y silenciosa, esta fue una risa muy burlesca y bastante hilarante. Todos voltearon a ver a la pareja. Acantos tuvo que disculpar a su esposa.
—¿Pe-pero que paso?
—E-es que… es que… recordar eso…
Nepeta nuevamente estalló en risas, aunque esta vez, su esposo estaba preparado. Al verla reír, Acantos le tapo la boca, besándola.
—Bien, no entiendo que sucedió aquí.
Luego de que la pareja se separó, Nepeta me dedicó unas palabras en un susurro.
—Si quieres la historia completa. Espera a Cloudy, si te la cuento yo, Cloudy me mata.
Nepeta fue llevada a la fiesta, por un jalón de parte de su esposo. Yo me quede en desorientada y muy confundida, la única respuesta, era esperar a Cloudy. Pero la menor de los hermanos Bugle si que se hacia esperar.
—Si tan solo les hubiera preguntado otra cosa.
—¿Hubieras preguntado qué, Felí?
Una chica que no había visto antes, llego. Lucía un curioso traje como de pastora, con muchos holanes y cabello bastante rizado. Lo más probable es que era de los nuevos pobladores de Fairy Oak, el pueblo creció tanto y en tan poco tiempo. Lo más seguro, es que esa chica pastora, era nueva.
O quizás no lo era…
—Felí, no sabes si mi hermano o mi hermana han llegado ya.
—¿Hermano y hermana?
—Si, Celastro y Melisa.
—Perdón… ¿tú eres?
Por fin me animé a preguntar, era obvio que esa chica no era nueva en el pueblo. Lo más probable es que fuera alguien que ya conocía, pero como habían pasado tantos años, lo más seguro es que esa chica hubiera cambiado mucho a como la recordaba.
—Adivina… bruja, de la oscuridad. Mi hermano es Celastro y mi hermana es Melisa… ambos mágicos de la oscuridad. Ya sabes, la que en una ocasión cambio la manzana del Profesor Otis por una manzana con gusano.
—Si, recuerdo eso. Pobre Profesor Otis, descubrió ese mismo día, que era lo peor que encontrar un gusano en una manzana.
—¡Encontrar medio gusano!
La pastora a mi lado estalló en risas, entonces recordé. Esa risa era inconfundible.
—¡Cecilia! Cecilia Buttercup.
—Por fin hada desmemoriada.
Ella sonrió y me abrió los brazos, como si esperara un abrazo mío. Yo le di un beso en la mejilla.
—También cuenta. ¿Cómo estas Felí?
—Bien, pero mírate. Si que has cambiado. ¿Te casaste acaso con algún pastor?
—¿Pastor? No, Tommy no es ningún pastor.
Abrí los ojos como platos a la mención de este nombre.
—¿Te casaste con Tommy Corbirock?
Ella solo río.
—Claro que no, me case con Francis.
—¿Qué cosa?
Nuevamente río.
A veces odiaba el humor de los mágicos de la oscuridad, en especial el de "ciertos" mágicos de la oscuridad, a los que les encantaba confundir a las pobres hadas como yo.
—¿Te casaste o no?
—Si, ella esta casada con Francis.
Como la puerta seguía abierta, en realidad, desde que hablé con Nepeta, no la había vuelto a cerrar. Dos personas más entraron, bueno, dos personas y un niño. Reconocí al hombre enseguida, era el hermano de Cecilia.
—¡Celastro! Estas enorme.
Junto a él, venía en sus hombros el pequeño niño, que hace pocos días, iba junto a Cloudy. Pero la chica a su lado, no la lograba reconocer,
—Y tú no has cambiado en nada, Felí. Te ves idéntica. Parece que seis años no hubieran pasado para ti.
—Las hadas no envejecemos como ustedes los humanos.
La chica junto a Celastro se estiró para preguntarle algo a su esposo. La chica no era baja de estatura, por el contrarió, su esposo, era muy alto. Nunca entendí, que les daban de comer a los chicos en ese pueblo. Todos los hombres eran enormes, altos como árboles.
¿Acaso les daban leche de jirafa?
—Descuida, le preguntaré.
Celastro sonrió ante lo que sea, le haya preguntado su esposa. Luego me miró sonriente y se inclinó un poco, con voz tranquila me preguntó.
—¿Mi esposa quiere saber si la recuerdas?
Yo me puse a meditar, quedaban aun pocas de las chicas que recordaba hace seis años. Pero cual se ajustaría exactamente a la esposa de Celastro. Mis recuerdos de todas ellas, no encajaban.
—¿Emma Totter Grass?
Atine a decir, ella negó desilusionada.
—¿Elsa Marsinlake?
Nuevamente negó con la cabeza.
—¿Ruth Biggerwalton?
Negó nuevamente.
—¿Cicerbita Blossom?
La misma respuesta negativa, Cecilia parecía algo molesta porque ya no le prestaban atención.
—¿Hellen Blackberry?
Una sonrisa se dibujo en la cara de la esposa de Celastro. Al mismo tiempo, una sonrisa se dibujo automáticamente en la mía, sabía que había adivinado. Aunque a las cansadas, ya casi no me quedaban chicas.
—Mírate Hellen, como has cambiado.
Hellen sonrió y me hizo una venía inclinándose levemente y levantando un poco su vestido. Aunque, me seguía preguntando, si todos venían tan bien vestidos… porque Cecilia parecía pastora de un cuento de hadas.
—Te ves muy linda, Hellen.
—Hellen dice que… Gracias —respondió Celastro luego de que Hellen le susurrara algo.
Luego centre mi atención en la aburrida Cecilia, quien estaba jugando son uno de sus rizos.
—¿Por qué estas vestida así, Cecilia? Pastora no eres, verdad.
Cecilia pareció feliz, de que la hubiera tomado en cuenta, aunque, su alegría fue tanta, que se le cayeron sus rizos. Era una peluca lo que tenía en la cabeza.
—Perdón, espero no haber arruinado el disfraz. ¿Creen que aun me dejen concursar por el premio?
—Por favor Cecilia, ya te dijimos que esta no era una fiesta de disfraces, Nadie más va a venir disfrazado.
—Si nadie más tendrá disfraz. Entonces ya gané o no.
—Por qué tendré una hermana como tú.
La esposa de Celastro, se estiró y nuevamente le susurró algo al oído.
—Esta bien, te haré caso mujer. Te prometo, nada de andar molestándome con mis hermanas. Ahora… —Celastro se volteó y pareció mirar en dirección de la nada—. Podrías aparecer de una vez, Melisa. No te veo, pero desde hace rato siento tu aliento en mi espalda.
Una chica detrás de Celastro apareció. Tenía mucho parecido físico con los dos hermanos. Aunque era más alta que Cecilia.
—Como quieres que pase hermanito, si estas paradote en toda la puerta.
Contestó en su clásica voz algo chillona.
—Por cierto, casi me pisas.
—¿Melisa?
La recién llegada me miró, luego buscó entre su vestido. Lucía una de las creaciones de Flox. Un curioso vestido de varios colores con… como trece bolsillos pegados, cada uno, de un color diferente.
—Aquí —Melisa sacó lo que parecía un trozo de hielo de color envuelto, luego me lo dio.
—¿Qué es esto?
—Pruébalo.
Para no ser descortés, accedí. Tome el extraño objeto y le quite la envoltura, el hielo estaba algo duro, pero no frío. Luego Pensé que sería alguna especie de cristal, pero era muy tibio para serlo.
Dude, pero al verme, Melisa sacó otro y se lo metió a la boca.
—Así, hazlo así.
Accedí, con algo de miedo, lamí el extraño objeto. Debo admitir que era dulce. Sabía como a rosas con algo de durazno. Aunque no se sentía como a las reales, si podía reconocer el sabor.
—Es mi receta secreta de caramelo —sonrió ella.
—Caramelo… ¿eres repostera?
—Na, que va. Melisa no llega a tanto… lo único que sabe hacer, son postres de cartón.
Melisa le dio un pisotón en el pie a su hermana. Luego sacó de cada uno de sus bolsillos, varios caramelos parecidos, solo que de cientos de colores distintos.
—No hago postres, solo caramelos. Junto a varias chicas, tenemos nuestra propia dulcería. Yo me encargo de los caramelos, al igual que la tía de Flox, me considero una artista y para mí, el azúcar no tiene secretos.
—Exagerada.
—Celosa.
—Las dos, por favor. Prometí no enojarme, pero si empiezan —Celastro tuvo que intervenir, antes que la pelea de sus hermanas se hiciera mayor—. Me veré forzado a romper mi promesa y llevarlas a casa.
"Ya no somos niñas" se escuchó de parte de ambas hermanas Buttercup.
Hellen pareció susurrarle algo más a su esposo, este asintió.
—Te resumo la historia Felí. Me casé con Hellen, tenemos un hijo que todo parece indicar, no posee poderes. Melisa y Cecilia se casaron con los hermanos Corbirock. Cecilia se casó con Francis y Melisa con Tommy. Melisa tiene dos hijas, Cecilia tiene un hijo, todos tres niños son mágicos. Yo soy director de la radio oficial de Verdellano, Hellen trabaja de maestra en la escuela, al igual que Nepeta. Melisa trabaja en la dulcería, con medio pueblo de ayudante y Cecilia…
Celastro le dedicó una curiosa mirada a su hermana menor.
—Digamos que ella vive la vida a su modo.
—Soy dueña de mi propia tienda de novedades. Mi especialidad, son los disfraces que yo misma confecciono.
Si algo debía admitir de Cecilia, es que lucía muy orgullosa de extraño oficio que tenía. Aunque no poseía poderes mágicos como su hermano y su hermana, sabía sacarle provecho a todo. Al igual que ella, muchos niños más, no eran mágicos, por lo que, la buena Cecilia, al menos en su imaginación, quería transformarlos, aunque sea una vez.
—Se ve bastante lindo.
—Gracias.
—Puedo preguntar algo.
—Pregunta.
—Francis y Tommy, ¿dónde están?
—Con los niños.
—Llegarán dentro de poco, hoy les tocaba clases de magia.
—Ya veo.
—Por cierto Felí. ¿Cuándo podremos entrar? Me esta dando frío estar aquí afuera parada.
—Perdón.
Recordé, que aun no había hecho pasar a las visitas. Amablemente, las deje entrar y cerré la puerta, para evitar entrará más frío. Pero en cuanto lo hice, no podía faltar, alguien toco la puerta. Tuve que dejar ir mi oportunidad de conversar con los hermanos Buttercup.
—Buenas noches y pase adelante.
Sonreí amablemente al abrir la puerta. Mi sorpresa fue enorme, al ver parada frente a mí, a la mismísima futura nueva directora de la Honorable Escuela Horace McCrips. Aunque en ese momento no lo sabíamos.
—Sophie, no te había visto en días. Qué es de Paja… perdón, ¿Qué es de Robin?
Sophie solo rió.
—Descuida Felí, aun yo hoy en día lo sigo llamando por Pajarillo o Paj.
—¿Esta navegando?
—Nop. Viene con una sorpresa para las orgullosas madres.
Pocos segundos después apareció Robin cargando dos arcones, uno en cada brazo. Estaban repletos y se veían muy pesados. Diría, que lo que contenían, era más valioso que el oro y las joyas, muchos se atreverían a tratar de hundir al Santón por su contenido.
Y no estaba muy equivocada.
