Jamás hagas enojar a una Bruja de la Oscuridad.

Robin había entrado cargando dos arcones bastante pesados, aunque los llevaba, como sino pesaran nada. Como si no fuera la gran cosa lo que llevaba, me saludo, hablamos un poco, no quise alargar mucho la charla, ya que Robin jamás bajo los cofres. Cuando termino de hablar, entró y con un fuerte golpe, al depositar los cofres.

Llamó la atención de todos.

—Marineros de agua dulce —habló en broma dirigiéndose a los niños y sus padres—. Mirad lo que he traído. Tesoros de mundos lejanos solo para su deleite.

Todos rodearon en poco tiempo al joven Robin, hasta yo había dejado mi puesto. Por fortuna, la agradable Sophie me había remplazado. Ella ya conocía lo que traían los cofres, así que, no le importo mucho suplirme un momento.

—¡Quiero ver a esas dos cumpleañeras! —llamó a viva voz el joven Robin, los presentes le abrieron paso a mis chicas—. Ahí están. Vengan acá, dúo Periwinkle.

Mis gemelas se vieron una a la otra y sonrieron, dejaron los brazos de sus respectivos esposos y se encaminaron a la aventura. Se colocaron frente a Robín, tratando de no bloquear a la audiencia la vista de los cofres.

Pajarillo los abrió.

De inmediato, miles de deliciosos olores inundaron la casa. Olores dulces, olores salados, olores únicos realmente. Vi ropa de muchos colores y era tan brillante. Libros bastante gruesos y lleno de imágenes coloridas.

—Veamos, donde están —Robin comenzó a buscar entre todos los tesoros ocultos—. Mujer, has visto los regalos.

Sophie solo levantó los hombros, como diciendo "quien sabe", luego rió.

—Mujer, estas segura de que las guardaste aquí dentro.

—Búscalas cariño, recuerdas donde estaban cuando las perdiste.

—Si lo recordara, no te lo estaría preguntando, Sophie.

Una curiosa conversación se llevaba a gritos, entre Robin en el centro de la sala y Sophie en la entrada de la casa. Cada que uno acababa una frase, todos los presentes volteaban a ver al otro, esperando a que respondiera.

Era una escena muy curiosa.

—Búscala bien Paj, diles a Vainilla y Pervinca que te ayuden.

—No están, ya veras.

Robin comenzó a sacar las extensas piezas de lino, seda y demás tipos diferentes de tela, todos muy hermosos. No tengo que deciros, que una vez Flox los vio, dejó todo lo que estaba haciendo y corrió a "ayudar".

—Gracias Flox.

Aunque su concepto de "ayuda" era muy diferente del de el resto de la gente. Flox desenvolvió todas las telas y se empezó a cubrir con ellas. Robin no dijo nada, ya que estaba más ocupado sacando cosas de sus cofres.

—Toma esto Pervinca —dijo entregándole varias cajas de cartón a Vi, luego le dio unos pequeños barriles de madera a Babú—. Sujeta esto por favor, Vainilla.

Seguía sacando objeto tras objeto, llegué a preguntarme si esos arcones no tendrían fondo. Pero luego de sacar innumerables objetos muy curiosos, esferas de cristal de varios colores, tela transparente como el vidrio, papel tan duro y brillante como el metal, pero entre todos esos montones de objetos raros, saco dos pequeñas cajitas envueltas en satín.

—Aquí están.

—Te lo dije —se escuchó desde la puerta.

Robin le quitó las cajas y los barriles a mis chicas y luego, le dio una de esas cajas envueltas a cada una de mis niñas. La de satín rojo para Pervinca y la de satín azul para Vainilla. Luego les pidió abrirlas.

—¿Son… pinturas?

Eran varios tubos metálicos rellenos de una pasta con las que Vi podía pintar. No eran colores tan vivos como los obtenidos de mezclar, moler y secar frutas, flores y plantas, pero debo admitir, le ahorraría mucho tiempo a Vi para pintar.

En especial, porque Pervinca era una artista temperamental, cuando se le acababan los colores que había preparado, dejaba de pintar, a veces, hasta por un mes. Todo eso, por no preparar más pinturas.

—¡Gracias Robin!

Vi le dio un abrazo y un beso en la mejilla a Robin, esperaba que Grisam se pusiera algo celoso, pero nada. Era obvio que al menos, el si había madurado. No como Pervinca, que cada que veía una chica fijándose en Grisam, le ponía cola de rata, mofeta o cualquier animal "despreciable" que se le ocurriera.

—Veamos que tengo yo.

Vainilla abrió su cajita con delicadeza, dentro encontró un enorme y variado juego de plumas y tinteros. Desde plumas de aves hasta plumillas de varios colores. Vainilla estaba maravillada.

—Gracias Robin, gracias.

Tanto, que llenó de besos al pobre Pajarillo.

—¡Oigan! Me voy a poner celosa —se escuchó a Sophie desde la puerta.

Luego de unas breves risas, las gemelas agradecieron los regalos, Robin repartió lo que trajo. Telas para las mujeres, dulces para los chicos, libros y demás artículos para los caballeros. Incluso para nosotras las hadas, a cada una, nos entregó un saquito lleno de olorosas especias, muy deliciosas.

Todos habían recibido su presente… salvó dos personitas que nadie había tomado en cuenta. Rosy y Cath, quienes eran cargadas por las hijas de Shirley, miraban con ansias, esperando, aparentemente sus propios regalos.

Para mala suerte, ninguna lo tuvo.

Imam… ¿Sortseun Solager?

Ysod y Tac néibmat nedeiuq solaged.

Las gemelas de Shirley se acercaron a su madre, para preguntar porque a ellas no les daban nada. Shirley sonrió y la pequeña pelotita roja que tenía, con un movimiento sencillo de mano, la que empezó como una, ahora eran dos.

Saicarg Imam.

Las gemelas se metieron cada una, una de las pelotitas a la boca.

—De nada… aunque no eran caramelos.

Ambas gemelas escupieron los pelotas de su boca, pero al caer a tierra, se rompieron y de esta, salieron varios dulces pequeños. Las niñas estaban encantadas, Shirley tomó a cada una de mis niñas en un brazo, para que sus hijas pudieran coger sus dulces.

Mis niñas miraron a Shirley esperando también su truco.

—Lo siento. Solo tenía esa. Pero Robin no debe tardar en darles sus regalos a ustedes.

Las niñas se miraron, luego hicieron unos gestos curiosos y esperaron a que Robin acabara de entregar su preciada carga, para que las tomara en cuenta. Pero cuando Robin quedó sin nada en los arcones, las niñas se vieron preocupadas.

—Como creen que me olvidaría de las más pequeñas.

Robin se fijo en las gemelas de Shirley y en mis niñas, las que estaba cargando Shirley. Se acercó a estas y de sus bolsillos sacó dos saquitos rojos de papel. Milly y Molly los rompieron apenas los recibieron.

Dentro había lo que parecía un polvo blanco muy dulce, el de Molly sabía como a vainilla, mientras que el de Milly sabia como a leche. Las gemelas estaban encantadas.

Ahora mis niñas esperaban ansiosas sus regalos.

Robin comenzó a buscar preocupado entre sus bolsillos, al parecer, el regalos de las bebés no aparecía. Vi y Babú se acercaron algo preocupadas a Robin.

—Calma niñas, tío Robin les trajo su regalo… No es así Paj.

—Querida Pervinca, me gustaría estar de acuerdo contigo, pero…

—Po-por favor, no digas que se te quedó, Robin.

—Me temo… que creo que lo olvide, querida Vainilla.

Las gemelas vieron preocupadas a sus hijas. Robin se disculpó con las dos niñas, pero estas que no entendían porque, solo a ellas no les daban regalo.

Empezaron a llorar.

No es muy alegre ver a una Bruja de la Luz llorar de tristeza, pero lo peor que se puede hacer es provocar el llanto en una Bruja de la Oscuridad. Menos en una tan temperamental, como la hija de mi dulce Babú.

"Jamás hagas enojar a una Bruja de la Oscuridad" recordé aquellas sabias palabras que Tomelilla, en cierta ocasión me dijo, cuando iba a regañar con fuerza a la pequeñita de Vainilla.

En ese momento no entendí porque me lo dijo, hasta ahora.

—Por favor Rosy, no vallas a llorar, si…

Vainilla trataba de consolar a su hija, tanto ella como Pervinca estaban muy asustadas. Pero la pobre Rosa, estalló en llanto, siguiendo a su prima. No era un ruido tan molesto como el llanto de Cath, hasta diría, que parecía tener cierto ritmo.

Un ritmo algo embriagante.

—¡Tápense los oídos!

—¡Voltéense todos!

Gritaron alarmadas mis gemelas. Todos se voltearon de inmediato y se taparon los oídos, algunos hasta cantaban para tratar de no oír a Rosy. Yo que, no había sido advertida del "truco" especial de Rosy, no estaba preparada.

Si Cath era una pícara brujita de luz, a la que le asustaba tanto la oscuridad, que cuando anochecía, creaba su propia fuente de luz. Rozy era una brujita de la oscuridad, que llevaba verdaderamente la palabra "oscuridad" al extremo.

—¿Qué pasa?

No entendía porque, me empezaba a sentir algo mareada y somnolienta, como si hubiera pasado varios días en vela, navegando en medio del mar, durante la tormenta más fuerte. No sentí cuando mis alas dejaron de moverse y mis antenas cayeron.

Así como todo mi cuerpo.

—Cuidado hadita.

Por suerte fue salvada antes de golpearme en el suelo.

—Gra-gracias.

Por fin lograba salir de mi letargo y debía ver el rostro de mi salvadora para agradecerle en persona. Cuando mis ojos se aclararon y mi cuerpo dejo de temblar, pude por fin divisar el rostro de mi heroína.

—Perdón… ¿Tú quién eres?

Una niña a la que jamás había visto, me había salvado. Junto a ella, volando habían, no una hada, sino dos y bastante pintorescas.

—Me llamo Iris, soy una Bruja de Oscuridad y ellas son mis Hadas Niñeras…

Todoslosniñosdebíannadamásreír, pero me puedes llamar Anna.

—Yo soy Tuamormediovalorysabiduría, dime solo Iovs.

—Abreviaste mal tu nombre, la "S" esta muy lejos para tomarla en cuenta… Y ¿qué es eso de Iovs? Consigue un nombre más normal.

—Si claro. Lo dice la que tiene nombre de mortal.

Eran un trío muy curioso, una niña de cabello alborotado, muy largo, del mismo color que las hojas que caían de los árboles, con la nariz de patata y ojos soñadores. Me recordaba un poco a Pervinca, pero también a Vainilla. Junto a ella iban un par de hadas que parecían venir del Reino de las Ilusiones, por lo "bien" que se llevaban, diría que eran hermanas.

Y no parecía estar equivocada.

—Al menos Anna es un nombre más lindo.

—Iovs es un nombre original. Cuando vas a ver a otra hada con mi mismo nombre.

—No creo que haya un hada lo suficientemente loca como para llamarse así.

—Y Anna es más normal, claro.

—Siempre quieres ser la oveja negra de la familia, la diferente.

—No se porque tengo una hermana tan fanática de las reglas.

—Anna, Iovs, por favor. Están incomodando a nuestra amiga.

—Perdón —se disculparon ambas hadas a la vez.

Era una escena muy linda, me hizo recordar a las continuas discusiones que llevaban mis gemelas de pequeñas. Aunque en este caso, las gemelas eran representadas por las hadas y mi papel, lo tenía la niña, a la que se supone cuidaban esas dos hadas.

—Podría jurar que la niñera es Iris, mientras que las hadas, son las protegidas.

Iris rió ante mi comentario. Pero sus amigas haditas no, parecían algo serias.

—Lo olvidaba, perdón por no presentarme antes. Mucho gusto, soy Felí.

Las tres hicieron una reverencia.

—¿Son nuevas en el pueblo?

—Sí.

—No.

—Tal vez.

Era obvio que la niña y sus hadas, no parecían ponerse de acuerdo.

—Son nuevas o no lo son.

—No somos nuevas en Fairy Oak.

—Pero a la vez lo somos.

—Oigan, no me dejaron decir nada a mí.

—¿Perdón?

Estaba tan confundida con estas recién llegadas, que ni siquiera me había percatado, de todo lo que ocurría a mi alrededor. Luego de mi aparente desmayo, tanto Rosy como Cath había sido tranquilizadas con éxito.

—Rosy ya esta mejor.

—Cuida de Vainilla y Pervinca…

—Y en especial de sus niñas, Felí.

La pequeña lucía bastante seria para su edad.

—No es necesario que me lo digan, siempre lo hago.

—Por cierto Felí, vendrán momentos de muchas dificultades…

—Pero pase lo que pase, ten fe.

—Y no dejes creer en la magia más grande de todas. El Amor.

Estaba algo inquieta ante estas palabras, quería preguntar más, pero la pequeña Iris señalo en dirección de mis niñas. Cuando me voltea a verlas, vi a mis gemelas intentando hacer dormir a sus niñas, decidí ayudarlas.

Por lo que me despedí amablemente de mis nuevas amigas, pero cuando voltee a verlas.

—¿Iris? ¿Anna? ¿Io… cómo te llames?

Pero ya no estaban. Supuestamente estaba parada frente a ellas, aunque me hubiera volteado, solo eran fracciones de segundo. No se podían haber movido tan rápido. Estaba muy intrigada y quería saber más.

Pero Cath empezó a llorar y mejor fui a ayudar a Vi.

Luego de tranquilizar a las niñas y de que, las gemelas se hubieran percatado de que todos los invitados estaban bien. Llevé a las niñas a sus camas. Aunque era cumpleaños de sus respectivas madres, aun eran solo unas bebitas.

Aunque ni Cath ni Rosa estaban muy felices con la idea de dormir.

—Que les parece si les narro un cuento antes de dormir.

Esto pareció alegrar a las niñas. No solo a ellas, sin saberlo, varios invitados más se habían unido a nosotras y nos habían seguido.

—¡Cuento!

—Un cuento. ¡Viva!

—Podemos Felí.

—Pog favog.

—Ámam son oid osimrep.

—Afrop.

No pude ante tantas miradas tiernas y suplicantes. Al final, como buena hada niñera, cedí ante todos los niños frente a mí.

—Esta bien, pero con una condición.

—La que digas.

—Todos siéntense sobre la cama alrededor de Rosy y Cath, guarden silencio

Me sentía una maestra en lugar de niñera, todos los niños siguieron mis órdenes sin objetar. Hicieron un círculo alrededor de mis niñas y esperaron en silencio a que empezara a narrarles uno de mis cuentos.

—Antes de empezar… Necesito algo más.

Todos los niños me miraron fijamente.

—Para conocernos mejor. Quiero que me digan sus nombres y de quienes son hijos.