Especial: Resumen capítulos 1-18

El momento en que ocurre esta escena, si es que ocurre, se deja a imaginación del lector. Se puede seguir leyendo el siguiente capítulo, más adelante, sin leer el resumen.


Estoy seguro de que no recordaría tan bien todo lo que pasó si no hubiera un ser dentro de mí que no olvida nada. ¿Sólo vive dentro de mí o es parte de mí? Bueno, ese misterio no lo podré resolver.

Soy un mago como tú. Mi nombre es Mankar Weasley. Oh, sí, el chico del que todos decían el año pasado que había sido capaz de fugarse del colegio con sus dos mejores amigos para salvar a «no sé quién», y que quizás tenga que ver con la desaparición del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, un tal Ángel Riddle.

Pues pobres diablos chismosos.

Quien vea este recuerdo sabrá la verdad: yo maté a Ángel Riddle. Está bien, no fue voluntario, sino con ayuda del Rubí de Gryffindor, y no habría sido capaz de hacerlo a conciencia, pero lo hice y no me arrepiento. Tenía razones de sobra. Ese... «auror», no era más que el desgraciado que mató a mi madre, y casi me mata a mí, a mis amigos Haher y Gonza, a mi padre y a mi actual madrastra.

¿Que si tengo pruebas? Sólo las tengo para mí. Y lamentablemente hay secretos familiares que no puedo revelar a las autoridades, porque mi papá teme por mi seguridad. Pero si yo lo contara, él sería libre de toda sospecha. Porque nadie sabe que Riddle era un asesino y que lo maté en defensa propia, sino que creen que mi padre, Merlín, es el culpable de que nadie volviera a saber más de él.

Y Tazllatrix Devil... ja... esa mala bruja... Esa mujer era cómplice de Ángel, pero fue bastante astuta como para fingir que sólo actuó obligada, y a día de hoy no hay pruebas de su culpabilidad. Pero yo dejé de confiar en ella hace mucho...

Sea como sea, tal vez no bastará con revelar todos mis secretos para que se haga justicia con ella.

Soy descendiente de dos de los más poderosos magos del mundo de hace diez siglos. Bueno, lo admito, no es la gran cosa. Probablemente tú también lo seas, o todos lo seamos. Pero gracias a ello y a que Riddle atacara a mi madre durante su embarazo, obtuve entre otras cosas la habilidad de ver el futuro. No sé si sea un don o una maldición.

Vamos, Mankaú, gracias a ellas eres hoy quien eres.

Te presento a Vax. Es mi conciencia. O bueno, yo le digo así. Es el ser que te decía que vive dentro de mí. Pero antes de decirte de dónde salió, terminaré de contarte mi historia, o al menos la que nos trajo a este punto, en el que quiero librarme de un recuerdo para que alguien (tú) lo recoja y se entere de la verdad. Porque no podré contárselo a nadie. Ya habré muerto.

¡Exagerado!

Pues bien, probablemente mi padre esté en la cárcel en este momento. Fue advertido por la mismísima vampira... quiero decir, ministra de magia de mi país, Natis Dumbledore, de que si había una nueva desaparición de miembros del profesorado de mi colegio, Harrylatino, él sería el primer sospechoso de ello, por sus antecedentes, porque creían que Riddle era un santo ángel y que mi padre era culpable de su muerte.

Ah, y porque nada se sabe de El Cronista de Salem y de Andrés, los directores de Harrylatino. Desaparecieron en julio de este año, más o menos.

Pero nosotros sabemos lo que pasó.

Así es. Ellos fueron brutalmente asesinados por criaturas salvajes de un bosque. Yo lo vi con mis propios ojos. A uno de los dos lo mataron un grupo de hombres lobo. Así como lo oyes: licántropos de dos o tres metros, peludos, veloces, muy delgados y extremadamente rápidos y fuertes. Y hablaban. Del otro director se hicieron cargo los enemigos mortales de los hombres lobo: los vampiros. Pálidos, de voz gélida y ojos rojos, que llevaban capas oscuras.

Pero ninguno de los dos grupos son tan malos como parecen.

Sí, son tiernos y adorables. Nótese el sarcasmo. ¿En qué estaba? Ah, sí. Los vi morir en una visión del futuro que tuve. Pero no hubo forma de salvarlos, porque yo no sabía cuándo o dónde ocurriría. Y aunque hubiera sabido, ¿qué habría podido hacer?

Simplemente seguir con mi vida normal. Y así lo hice, dentro de lo que cabe: mi padre se casó con la profesora Sorceress Black en el Ministerio de Magia (invitaron a la maldita Devil) y, antes de que iniciara clases, fuimos junto con mi nuevo hermanastro, Juanma (inefable del Departamento de Misterios), a comprar mis libros en el centro comercial mágico, el Wizentro.

Está bien, antes de que Vax me interrumpa te diré que allí las cosas no transcurrieron del todo normal: me metí donde no me llamaron, a un pasillo dedicado a Artes Oscuras, para aprender un poco más de mi don, entre otras cosas. Conocí a Arkadios Black (no te extrañe que todo el mundo tenga el mismo apellido, yo ya me acostumbré), y una mujer nos leyó el futuro. ¡Dijo que yo estaba destinado a matarlo, o algo así!

¡Absurdo! ¿Cierto?

Sí, pero Arkadios se lo creyó enterito. Me pregunto si al final le contó a su madre, la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Bea Gryffindor no es su madre, es una especie de amiga familiar, según la hermana de Arkadios.

Lo que sea. El caso es que Arkadios me tiene miedo.

Pánico.

No me puede ver ni en pintura. Es de primer año en Harrylatino, yo soy de segundo. Pero francamente me tiene sin cuidado, porque nada me asegura que lo que la supuesta adivina predijera fuera cierto o que no hay forma de evitarlo.

Y al fin y al cabo, el que corría peligro era él y no tú. ¿Qué importa?

Hagamos de cuenta que no escuché eso. Pues bien, había más cosas en las que centrarme al llegar a Harrylatino. Por ejemplo, que Juanma también es nuevo profesor de D.C.A.O. y que Devil es la nueva Jefa de Casa de Gryffindor. Dejando de lado que mi mortal rival, Juanjo Macnair, y algunos de sus amigos ahora son prefectos y abusan de su poder...

¿Podrías verle el lado bueno? Si él nunca hubiera tratado mal a Boggart, éste no sería tu amigo.

Boggart es muy bueno, no me arrepiento de conocerlo. Al menos hasta hoy no me ha dado más que motivos de alegría. Los que sí parecía que querían alejarse un poco de mí eran Haher y Gonza.

No, ellos querían formar equipo contigo, recuerda. Pero tú eras muy desconfiado...

No me ayudes tanto, ¿quieres?

Tal vez no entiendas a lo que se refiere Vax, querido amigo que recogió mi recuerdo. Resulta que Devil, ahora que es la gran Jefa de Gryffindor, organizó al igual que las otras tres casas un concurso, el cual en nuestro caso se llama Torneo del León Escarlata, y es por equipos de cinco integrantes. Juanma le está ayudando con todo eso. Yo al principio no quería participar, pero luego me convencieron unos amigos...

No seas mentiroso. Haher, Gonza y tú quedaron en que no iban a participar porque Devil era la organizadora, pero luego te enojaste con ellos y formaste equipo con Rob, Lesson y Tarru.

Qué sapo, Vax... En fin, Haher y Gonza también comenzaron a hacerme a un lado, porque se empezaron a juntar con el rey calamar, Juanjo Macnair, y su fiel chupamedias, Matías Black. Así que, por recomendación de Juanma (y luego nos enteramos de que Devil también estaba involucrada), completamos el equipo para el Torneo con un tal Gastón Weasley, me nombraron capitán y nos hicimos llamar Los Guardianes de Nurmengard.

Era una oportunidad perfecta para pasar a la historia, obtener gloria eterna en nuestra casa...

¡Y ganar muchos puntos, que es lo importante!

Sí, eso también era motivador. Aunque hay más posibilidades de ganar puntos hasta donde sé: por ejemplo, encontrar la snitch dorada o ganar el Laberinto. La snitch es una pelotita que vuela por todas partes, y si la atrapas obtienes cincuenta puntos. ¡Yo una vez lo logré! Estaba en esa sección extraña de la biblioteca...

Te ibas a poner a leer los interesantísimos libros que había allí y casi no te diste cuenta dónde estaba la snitch.

Era Herbología avanzada, y no tenía título. A mí no me gusta eso. En fin, persona desconocida, si has visto la cuarta película de Harry Potter que hicieron los muggles, sabrás cómo es el Laberinto. Si no, seguramente seas estudiante de Harrylatino y hayas entrado alguna vez, por lo que debes conocerlo...

Y, por tanto, acabas de explicar inútilmente cómo es una snitch. Ahora mejor, cuéntale de dónde vienen los bebés.

Vax, por favor. De todas formas, quizás este recuerdo llegue a manos del ministerio o alguien que no sepa.

Alguien que viva debajo de una roca. O en una piña debajo del mar.

En fin. Sigo con mi relato. Gané varias veces el Laberinto. De hecho, yo era uno de los usuarios con más puntos en todo Gryffindor. Estaba muy satisfecho con todo lo que tenía. También era uno de los mejores jugadores de quidditch, con un nuevo equipo llamado los Fénix Felicis...

Modestia aparte.

Y Devil me dijo que yo era un buen candidato a prefecto.

Y la creíste buena persona a partir de entonces.

Fui un tonto. Pero vamos, ella no era la única que pensaba eso. Y Juanma siempre iba a estar para protegerme de ella, supuestamente.

Pero Juanma siempre se negó a sospechar de ella, sólo porque eran amigos desde antes. Nunca trató en serio tus suposiciones, no tenía ojos más que para sus asuntos en Harrylatino y los robos del Departamento de Misterios. ¿Por qué iba a pensar que era una mala idea que Gastón entrara a tu equipo por consejo de Devil? ¿Qué importaba que tuviera fama de ladrón y que hubiera estado a punto de reprobar el primer año por su falta de interés?

A mí me dio más confianza entrar al Torneo del León Escarlata sabiendo que mi propio hermanastro lo organizaba.

En fin, conseguí muchas cosas en los dos primeros meses de este curso. También descubrí que Juanjo Macnair y Matías Black no eran tan malos, después de todo, y ambos se habían separado de su grupo de amigos matones.

Me hice buen amigo de Boggart, por otro lado, quien me enseñó uno de los hechizos más poderosos que existen. Y, bueno, Arkadios me temía tanto que decidió abandonar la clase en la que se sentaba al lado mío. Además de todo eso, creo que no ocurrió nada que valiera la pena contar, hasta la noche de Halloween.

¿No te regalaron nada en tu cumpleaños número trece?

Sí, pero eso ahorita no importa.

Practicamos muchísimo con los Guardianes de Nurmengard el hechizo de Boggart...

Lo cual no sirvió para nada, por cierto.

Llegó el día de la primera prueba del Torneo del León, el 31 de octubre. Recuerdo que todos estaban muy asustados por el comienzo de los Torneos. Esa noche, Haher, Gonza y yo subimos a la torre de Gryffindor y entramos a la Sala Común a esperar el inicio de la prueba.

Te olvidas lo de la profesora Callahan.

Ah, cierto. La profesora Beatriz Callahan nos enseñaba Historia de la Magia y fue una gran aliada en nuestro primer curso para entender el secreto que guardaban Ángel y Devil. La noche de la prueba, llegó gritando por el pasillo, muy preocupada... algo quería decirnos. Algo que al parecer no podía esperar a después de la competencia.

Pero Juanma la interrumpió y no le dio tiempo a decir nada. Necesitaba a la profesora Callahan para que se disfrazara de Bellatrix Lestrange y se hiciera pasar por muerta en la prueba, la cual consistía en descubrir quién la había asesinado, un misterio supuestamente imaginario.

Pero al final, cuando los Guardianes completamos la prueba, ella no despertó de su sueño. Y nunca lo hará.

Qué sutil forma de decirlo. ¡ESTÁ MUERTA! ¡ESTIRÓ LA PATA!

¡Vax!

Bueno, supuestamente algo falló en la prueba y Callahan no pudo resistir al hechizo o lo que fuera. Se armó un problema terrible, imagínate. Pero a mí lo que me preocupaba era que, con una profesora más muerta, mi padre no tardaría en ser enviado a la cárcel.

Fue una noche muy dura, porque también me enteré (cuando ya no había marcha atrás) de que Haher se cambió de casa durante la prueba. Se cambió a Ravenclaw, la casa de Macnair, y Mati hizo lo mismo. Pero en el momento que intentaba ajustar cuentas con él... algún extraño hechizo me envió al Laberinto.

Y tu vida cambió para siempre.

Entonces conocí a Vax. Ya lo había escuchado muchas veces en mi mente. La primera fue cuando Haher y los demás me abandonaron en el Laberinto, y después casi nunca se calló. Pero esa noche, se materializó frente a mí. Hoy sé que no estaba materializado realmente, sino que sólo se proyectaba desde mi mente.

Conforme fuimos recorriendo ese Laberinto, nos dimos cuenta de que no había nadie más en él. Eso supuso un alivio en el momento, porque había muchas cosas de las que quería desahogarme, y pude compartirlas con Vax, y sentí fuerzas para seguir adelante. Pero no era un Laberinto cualquiera.

Y es que cuando llegué al final, no fui transportado a los terrenos de Harrylatino, como de costumbre, sino que me enviaron... Adivina a dónde.

¡Al lugar donde mataron a Cronista y Andrés!

Se llama el Bosque de la Tinta. Y no había salida alguna. Devil lo planeó todo perfectamente, al igual que la muerte de Callahan.

Aunque no tengamos pruebas de ninguna de las dos cosas.

En el bosque me encontré con los mismísimos vampiros y licántropos asesinos. De hecho, tres de los primeros estuvieron a punto de matarme. Pero, como salvé a un bebé licántropo de ellos y del Dragón Rolo (un dragón que habita ese bosque), logré que uno de los hombres lobo confiara en mí.

Que, por cierto, era el mismo que Mankaú vio en su visión.

Su nombre es Renzo. Me llevó a su pueblo, Greenman Place.

Es Greeman Place.

Lo mismo. La familia de Renzo al principio no estuvo muy contenta con mi llegada, porque desconfían mucho de los extranjeros. Pero con el tiempo se fueron acostumbrando a mí.

Vila nunca lo hizo.

Pero ella es tan encantadora como las serpientes que decoran su casa.

Te parece lo contrario cuando piensas en ella.

¡Cállate! Continúo con mi historia. Está bien, la mamá de Renzo era quien menos me quería, pero los demás me dieron alguna oportunidad. Renzo y yo nos hicimos amigos, y gracias a lo que aprendí en clases pude confeccionar una varita para él y enseñarle a usar la magia, al igual que a todos los habitantes del pueblo.

Un día, al llegar al hogar de Renzo, encontramos a su madre reunida con unas tales Cami y Kalli, que de alguna forma se enteraron de lo que ocurría al otro lado del Bosque de la Tinta, es decir, en Bloody Swamp, el pueblo de los vampiros.

¿No te parece curioso que los pueblos tengan nombres en otro idioma?

Quizás tenga algo que ver con su historia, pero todos los licántropos se mostraban muy reacios a revelarme cualquier dato sobre su pueblo. De hecho, ellos juran que todavía no sé que no son humanos.

Pues bien, Vila, Cami y Kalli se enteraron de que los Guardianes de Nurmengard (Rob, Ron, Tarru y Gastón), mi equipo del Torneo del León Escarlata, habían llegado al Bosque de la Tinta, y que los vampiros los habían secuestrado. De modo que Renzo y yo reunimos a todo Greeman Place y los entrenamos en la magia para organizar una misión de rescate, para lo cual teníamos poco tiempo, según Vila y sus amigas sabían de los planes de los vampiros.

Pero una noche, el señor Pepe Grillo me convenció de viajar a Bloody Swamp.

¡Ay, déjame contarlo a mí!

Vax, no creo que importe realmente quién la cuenta...

Siempre quieres todo para ti, ¿verdad? Te crees el protagonista de esta historia. ¡El mundo no gira alrededor tuyo!

Está bien. Cuenta.

¿En qué te quedaste?

En que...

¡Ah, sí! Se me ocurrió el mejor plan del mundo. Bueno, de algún modo lo supe en el momento que lo empecé a llevar a cabo. Convencí a Mankaú de que era muy irresponsable llevar a los licántropos al pueblo de los vampiros, porque estarían en desventaja y no serviría de nada. En cambio, si iba alguien que no oliera a licántropo y sacaba de allí a los Guardianes sin que nadie se diera cuenta, podrían ir a Greeman Place y ser libres de la tortura de los vampiros.

De la supuesta tortura.

Mankaú y yo cambiamos de cuerpo, por decirlo así. Ahora, él era quien estaba dentro de mi mente y yo tenía el control de todo.

Si a eso llamas control...

Si no te gusta que te interrumpan, no lo hagas tú.

¡Pero...!

Escapé de Greeman Place y crucé el bosque. Llegué a Bloody Swamp y encontré la forma de llegar hasta Gastón. Pero me descubrió una de las vampiras. Se trataba nada más y nada menos que de... (redoble de tambores, por favor)... ¡Natis Dumbledore, la ministra de magia!

Y, mucho ojo, querido amigo que ves el recuerdo: si Natis es vampira y conoce lo que ocurrió con Cronista y Andrés, acusó a mi padre de cómplice en su muerte sabiendo que era injusto.

Intenté luchar con ella para liberar a Gastón, pero llegó otra vampira y me mordió. Es decir, que estás viendo a uno de ellos. Soy un vampiro (como Edward Cullen, ay, tan guapo que es él...).

¡Vax, por Dios!

Aunque Taylor Lautner... Ejem... Perdón. Me convirtieron en uno de ellos y me vi forzado a vivir en su pueblo, ya que Mankaú se negaba a dejar solo a Gastón en ese lugar.

Que, por cierto, estaba solo: no había ningún otro Guardián de Nurmengard allí, aunque Gastón sí creía que era así. Y, según Vax supo, llegó al bosque de la misma forma que lo hice yo.

Natis me reveló la forma como podíamos regresar a Harrylatino. Teníamos que conseguir una de las dos llaves que había en el bosque, que servían de trasladores entre ese mundo y el nuestro. Una la tenían los vampiros y la otra, los licántropos.

Con lo que no puedo dejar de hacer notar que Renzo conocía la forma de que yo regresara y ni siquiera la mencionó.

Ambas llaves las llevaron Cronista y Andrés al bosque cuando llegaron allí, en sus investigaciones. Natis, por otro lado, era la única que tenía la capacidad de viajar de un mundo a otro cuando quisiera, por la magia del Dragón Rolo y no sé qué. Pero si Gastón era humano, no podía usar la llave, y por eso Natis no lo había enviado de regreso.

Los vampiros se preparaban para la batalla, al igual que los licántropos. También estaban esperando el momento idóneo para declarar la guerra. Pero descubrí que su pueblo era tan... «humano» como lo era Greeman Place.

Una noche, decidimos salir de Bloody Swamp, alejarnos lo suficiente del pueblo para probar un cambio de cuerpo sin que lo detectaran los vampiros y nos atacaran.

Y nos encontramos con Renzo y dos licántropos más. Al ver que yo era vampiro, intentaron atacarme.

De algún modo logré salir de la mente de Vax y protegerlo de una mordida que para él habría sido mortal.

Pero a un terrible precio.

Renzo me mordió y me convirtió en un ser como él.

Natis llegó, junto con la vampira que me transformó, la tal Jenn, y todos empezaron a pelear violentamente.

Tú también participaste, ¿eh?

Estaba dominado por el instinto de vampiro, lo siento. Y te salvé.

Casi morimos todos.

Una de las vampiras perdió una mano en la lucha, y ésta fue a parar a manos de Mankaú.

No era una mano de ellas... ¿O sí?

Al tocarla, la garra amputada actuó como traslador...

Y nos trajo aquí, de nuevo a Harrylatino, después de varios meses de nuestra partida. La garra era la supuesta llave y ahora la tenemos nosotros.

La verdad dudo que yo pueda resistir mucho más con vida, y por eso preparamos este recuerdo, para que lo tomes y lo viertas en un pensadero, de forma que puedas conocer todo lo que ocurrió.

Estoy aquí tirado en el césped y con la garra entre mis manos, moribundo por la mordida de hombre lobo. Me preocupan mucho Renzo y los demás que se quedaron luchando en el Bosque de la Tinta. Pero no podré hacer mucho por ellos si muero.

Así que éste es el resumen de mi historia, y cuando lo veas quiero que...

¿A esto llamas resumen? ¡Van casi diez páginas!

¿Y qué? Si contara la historia completa hasta este momento, serían por lo menos veinte capítulos de trescientas páginas...

De hecho, serían dieciocho capítulos con un total de doscientas setenta y nueve páginas.

¿Cómo lo sabes?

Oye, pero este resumen es pésimo. No explicaste nada de cómo obtuviste la habilidad de ver el futuro, cómo era tu vida antes de ello, qué otras cosas aprendiste a hacer, todo lo que te hizo Riddle en primer curso... nada de las Gemas Gemelas, ni de...

Lo importante es que se entienda.

Pero, ¿qué diablos le interesa al que vea el recuerdo que Haher se cambió de casa o que Arkadios te tiene miedo? Te la pasaste contando cosas inútiles. ¿O es que sigues creyendo que eres Harry Potter, y ahora piensas que sólo vale la pena contar lo que vives cada año por separado?

Pues sería genial que hicieran un libro de mi vida.

¿Y cómo se llamaría el de segundo curso? ¿Mankar Weasley y el Bosque de la Tinta? ¿Mankar Weasley y su otro yo? ¿Mankar Weasley y el misterio de Devil?

Si mi historia terminara aquí, optaría por el primer nombre.

Falta explicar lo de la Gema... si quieres que liberen a tu padre, tendrás que hacerlo.

Ya dije suficiente Vax, ya me aburrí. Mejor ayúdame de una vez a liberar el pensamiento de mi mente. Espero que la persona que lo encuentre crea en nuestra historia y manipule bien el recuerdo para salvar a mi padre... y que no sea Devil.

Mankaú, no sé hacerlo.

¿Qué?

Hacer que salga el recuerdo de tu cabeza...

¡Pero si dijiste que sabías! ¡No me digas que hablé solo para nada! Van a compararnos con Meyer...

Puedo probar dos cosas... creo que una de las dos hará salir el recuerdo sin que tengas que usar la varita... y la otra hará que pierdas la memoria reciente. Y no sé cuál de las dos es cuál.

Prueba algo, por favor. Creo que estoy despertando y no resisto este dolor.

Muy bien... si ves chispas azules, el recuerdo sale. Si las ves verdes, ambos olvidaremos que lo preparamos.

Vamos, Vax.

¡Uno, dos... tres!

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[Abrir esta dirección, borrando los espacios, para ver el color de las chispas]


Capítulo 19: El despertar

La silueta del enorme castillo que se alzaba ante él pasó a un segundo plano. Lo único en lo que podía concentrarse era en cerrar los ojos y apretar su brazo derecho con la mano con todas las fuerzas que tenía. El frío viento hacía que todas sus heridas, algunas sangrando más abundantemente que otras, ardieran implacablemente. Mankar sólo podía pensar en el dolor. Estaba demasiado aturdido para pensar en otra cosa, además de las conclusiones a las que había llegado inconscientemente al transportarse.

Abrió los ojos nuevamente y percibió, a su lado, una sombra agachada que temblaba visiblemente y movía los brazos, intentando palpar algo en el suelo sin éxito. ¿Qué estaba haciendo?

«Ayúdame...», pensó Mankar instintivamente.

—¡Ayuda! —gritaba con desesperación el muchacho que estaba al lado de Mankar. Hizo un nuevo intento por levantarlo, pero... lo estaba atravesando. ¿Cómo podía ser eso posible?

Una imagen se formó en la cabeza de Mankar. Era una figura pequeña y redonda de color dorado, de cuyos lados algo vibraba rápidamente, que la hacía revolotear sin control... Sí, era ese objeto que hacía que todos en el colegio se atravesaran unos a otros.

La única manera de librarse del hechizo de esa... pelota con alas, era esperar a que alguien la encontrara. No... no quería resistir tanto...

Fue consciente de lo acelerada que era su respiración. Ahora estaba allí, en el lugar que llevaba deseando regresar... ¿cuánto? ¿Dos meses? Imposible...

¿De verdad había pasado tanto tiempo? ¿Cómo podía estar todo? Es que... se había acostumbrado demasiado a su vida en el otro lugar, en el bosque. Se había librado de tantas cosas... Ya no... ¡ya no deseaba estar ahí, en el castillo! ¡Ahora era un monstruo peligroso! ¿Cuánto podía faltar para la luna llena?

—¡Mankaú! ¡Despierta por favor! —chillaba la persona que estaba a su lado. Sin proponérselo, supo de quién se trataba... Nadie más le decía así.

«Estoy despierto», pensó Mankar, aunque no tenía ganas de pronunciar ninguna palabra.

—¡No te puedo tocar si sigo dentro de tu mente! ¡Y no puedo salir porque estás sangrando y te puedo hacer daño!

«¿Salir? ¿Qué estás esperando? ¿Hacerme daño? ¿Por qué?»

Vax empezó a lanzar chispas con su varita, pero nadie acudió a su llamado.

«Llévame con magia... Tú puedes.»

—¡No, Mankaú, no puedo si estoy dentro de tu mente!

«Ya lo has hecho», respondió Mankar sin energías para alterarse ni siquiera.

—¡Dentro de tu mente! ¡Todo lo que me has visto hacer dentro de tu mente lo has hecho tú, pero has creído que lo hice yo!

Mankar no puso atención a la respuesta de su conciencia. En su mente muchas caras de vampiros y licántropos aparecían, y le hacían sentir ganas de llorar. ¿Había comenzado la guerra? ¿Se despedazaban por su culpa? Pero no podía regresar en esas condiciones. No tenía fuerzas para levantarse, mucho menos para experimentar con la... la llave... la garra amputada de vampiro que había cerca de él.

«Tengo que regresar», se dijo. No quería estar en Harrylatino. No le importaba en absoluto. Darse cuenta de todo el tiempo desperdiciado y de todos los problemas que había surgido en su ausencia lo deprimiría. Su vida nueva estaba en ese bosque...

En otras circunstancias, se habría sobresaltado ante alboroto semejante al que ocurrió después, pero su mente se vació mientras se concentraba en respirar. Vax brincó y cayó de espaldas, muerto del susto.

A unos cincuenta metros de él, las grandes puertas de roble del castillo cayeron bajo una explosión, y mil rayos de colores salieron por la abertura. Unos gritos estruendosos de niños y jóvenes se escucharon desde dentro, y empezaron a salir siluetas que corrían y saltaban. Algunas de ellas eran derribadas por rayos amarillos y rojos que lanzaban jóvenes que los perseguían. Las palabras que invocaban maleficios se escuchaban casi en coro, cada vez más fuertes.

—Están saqueando el castillo... —supuso Vax asombrado.

«¿Mortífagos?», preguntó Mankar.

Empezaban a dispersarse más y más por los terrenos de Harrylatino. Todos los duelistas se atacaban sin cesar. Recordaban a una escena que acababan de dejar, donde dos vampiras y tres licántropos se enfrascaban en la más violenta contienda...

¿Por qué se parecían tanto? ¿Era posible que...?

—Vienen para acá —anunció Vax con terror.

—¡Escóndela! —gritó Mankar con todas sus fuerzas, aunque no era necesario. Su voz sonó jadeante, atormentada—. ¡La garra!

—¡No puedo desde dentro de tu mente!

—¡Dámela!

Vax intentó agarrarla y no la atravesó. Pero Mankar sintió una horrible punzada de dolor en la herida del brazo, como si estuviera intentando levantar algo muy pesado.

Mankar tomó la garra y la miró con desprecio.

—Entra a mi mente y llévatela.

—No puedo hacer...

—¡Inténtalo! ¡AAAH! —gritó desesperado en el momento en que Vax se esfumó junto con la llave del Bosque de la Tinta. Todo lo que él hiciera sin cambiar de cuerpos consumía sus energías.

Pero estaba a salvo la garra.

Los combatientes se acercaban más y más al lugar donde se hallaba él... Y pocas cosas logró captar después.

• • •

Un niño gritaba...

—¡Espera! ¡Hay alguien herido!

Unos silbidos cortaban el aire...

—¡Profesora Devil, hirieron a alguien!

Respiraba tan rápido...

—¡Les dijeron que tuvieran cuidado!

Murmullos... Sollozos... Gritos...

—¿Qué está ocurriendo aquí?

Sí... pudo entenderlo todo antes de perder el conocimiento...

—Es... ¡ES MANKAR WEASLEY!

Mankar abrió los ojos y trató de incorporarse sobresaltado, pero un dolor desesperante lo paralizó y lo tumbó de nuevo en la cama. Respiraba agitadamente y un sudor frío bañaba su frente. Miró a todos los lugares sin comprender. Estaba solo.

Trató de tranquilizarse un poco. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado?

«¿Vax?»

En el instante en que, con ayuda de las cortinas y del color de la luz que se filtraba entre ellas, reconoció el lugar en que se encontraba (la enfermería de Harrylatino), los recuerdos regresaron a su mente y se amontonaron de forma abrumadora. Tuvo ganas de convulsionar violentamente todo su cuerpo para librarse de una gran fuerza opresora que le hacía daño... Se movió un milímetro y se sorprendió al descubrir que era totalmente libre de ella.

De lo único que había perdido libertad era de mover su brazo, porque no lo tenía.

No; sí lo tenía, pero creyó lo contrario al no sentirlo. Veía su brazo derecho tumbado sobre las sábanas de la cama totalmente inmóvil y rígido.

Mankar lo miró con desdén.

Era obvio que había sido llevado a la enfermería después de que fue encontrado. Dudaba que quien estuviera cuidando de él no supiera que un hombre lobo lo había atacado. Si no le habían amputado la extremidad, era porque no había ya nada que hacer...

Maldito brazo. Al dejarse morder por un licántropo, había escrito un nuevo destino para Mankar. Un aterrador y triste destino. Por culpa de ese brazo, volvería a ser marginado como hasta un año y medio atrás. O quizás peor. ¿Quién iba a querer acercarse a un... licántropo cuya única meta en la vida era asesinar?

«La única criatura que se dedica a cazar seres humanos», no dejaba de repetirse.

En una mesita a su lado había un reloj digital. Faltaba poco para la media noche del 9 de febrero de 2008.

Nunca olvidaría esa fecha. La fecha en que los vampiros y los licántropos se enfrentaron en una batalla por primera vez desde que llegaron al Bosque de la Tinta. Fecha en que los abandonó. Habían pasado tres meses desde que dejó Harrylatino. Y ahora estaba de regreso.

No. Estaba en un lugar equivocado. Tenía que irse de allí, era la única posibilidad. Regresaría a Greeman Place con la llave del bosque y viviría para siempre entre los de su nueva especie. No iba a representar ningún peligro para sus seres queridos.

Pero... ¿no llevaba tres meses deseando encontrarse en ese lugar? ¿No quería estar con sus amigos y familiares? ¿Sería capaz de irse de nuevo? ¿No podría intentar adaptarse, como lo había hecho la ministra de magia de su país, sin que nadie supiera de su condición?

Esa posibilidad pareció ser la única en cuanto la pensó. Por su mente pasaron también todos los planes, todas las cosas que haría para que nadie lo supiera. Nadie podía enterarse de que el niño que conocían era... eso.

Ahora estaba en el lugar al que pertenecía. ¡Qué triste que le hubiera durado tan poco tiempo la alegría de ser como los demás! ¡La alegría de poder ser un mago común y corriente, uno que contara!

Era tan injusto...

La decisión está en ti. Rendirte o levantarte del suelo —susurró Vax en su mente.

Antes de que pudiera responderle, se armó un alboroto en la entrada de la enfermería.

—¡Ya les dije que nadie puede pasar! —gritó la enfermera con altanería. Mankar sintió cierta nostalgia al recordar a Mange, la enfermera de Bloody Swamp, quien jamás trataría así a nadie...

—¡Por favor! —exclamó un joven con voz ronca—. ¡Necesito ver a mi amigo!

Era Bo... es decir, Juanka Gaunt.

—El joven Weasley está muy delicado. Lo ha mordido un... —la enfermera se detuvo a mitad de la frase..

—¿Una criatura lo mordió?

—Señor Gaunt, retírese, por favor —dijo firmemente la mujer, y cerró de un portazo.

Mankar sonrió.

A lo largo de la noche, la escena se repitió varias veces, con la diferencia de que siempre tocaba alguien diferente, ya fuera Juanma, sus primos, sus compañeros o algunos profesores. Al chico se le aceleraba el corazón cada vez que escuchaba una voz nueva.

Vax le dijo en la mente:

Lo que ha sucedido esta noche en los terrenos del castillo es completamente secreto, así que, naturalmente, todo el colegio lo sabe.

• • •

Sólo una persona consiguió colarse en la enfermería varias horas después, la última que Mankar habría querido ver en ese momento.

—¿Cómo se encuentra el joven?

—No ha despertado, profesora Devil —respondió la enfermera—. La herida es muy reciente. Creo que lo atacó un hombre lobo —añadió con miedo.

—¿Qué cosas dices? ¿Un licántropo en los terrenos del castillo? —Devil habló con profundo escepticismo—. Eso es imposible. A Weasley alguien le lanzó una maldición.

—Eso no es posible. ¿Quién habría podido lanzar una maldición que actuara como una mordida de lobo?

—Algún muchacho que participaba en la prueba del Torneo del León Escarlata —respondió Devil con voz indignada—. De esto se enterará Vito. Si se encuentra al culpable, lo mejor que le puede pasar es ser expulsado del colegio.

—Perdóname, Tazllatrix, pero ¿por qué no tienen más cuidado en esas pruebas? Con lo que le pasó a la profesora Callahan...

—El culpable de la muerte de la profesora Callahan está encarcelado —interrumpió con brusquedad Devil. A Mankar se le revolvieron las tripas al escucharlo—. Estoy harta de que me culpen de...

La voz de la mujer se calló cuando Mankar se vio incapaz de retener una tos sonora, causada por lo que acababa de decir Devil. La cortina se corrió y se asomó la señora Granger. El chico no alcanzó a simular que estaba inconsciente, así que la miró con expresión débil.

—¿Cómo te sientes? —preguntó la enfermera sin mirarlo a los ojos mientras tomaba su brazo sin cuidado alguno y lo examinaba. Había dejado de sangrar. A Mankar le asustaba ver cómo la mujer tiraba de su cuerpo sin que él sintiera su extremidad.

—No siento nada —respondió.

—Claro, la poción matalobos actúa rápidamente. —Mankar tragó saliva—. En otras circunstancias, habrías tenido que soportar un dolor intenso durante días.

—Entonces... ¿es cierto que te mordió un licántropo?

Mankar sostuvo la mirada de Devil, sin saber si valía la pena decírselo. Al final, asintió... la enfermera no tardaría en demostrarlo.

—Pero no fue aquí. Acabo de regresar a Harrylatino. Hace tres meses un traslador me llevó a otro mundo lleno de estas criaturas, y apenas esta noche encontré la manera de regresar.

Entonces se inventó una historia basada en la verdad, y le relató a la enfermera y a Devil sobre un bosque en el que tuvo que vivir durante meses entre la naturaleza, escondido de los hombres lobo, hasta que aprendió a aparecerse, pero no se pudo salvar de la mordida de una de las bestias.

—¿Hablas en serio? —preguntó Devil, su voz nuevamente cargada de escepticismo—. Te buscamos durante semanas. Te desapareciste sin pista alguna.

—¡La copa del Laberinto fue hechizada!

—Tendrás que relatarle eso a las autoridades —respondió Devil—. Pero la versión oficial es que... —dudó antes de continuar— participaste en el asesinato de la profesora Callahan y escapaste.

—¡¿Qué?

—Sí, pero los aurores culparon a tu padre y... lo encarcelaron —contó Devil con tacto.

Mankar negó con la cabeza, incrédulo, y bajó la mirada.

—Tengo que ir a verlo.

—No creo que sea posible.

—Necesito contarle la verdad al Ministerio de Magia —insistió Mankar.

—Vendrán cuando puedan enviar a alguien —aseguró Devil—. Ya han sido informados.

—Debo hacerlo cuanto antes. Iré a verlos.

—No podemos permitir que te vayas. Ya todos saben que estás aquí y nos meterás en problemas —dijo Devil, sin alterarse—. Tienes que quedarte. Y perdóname, pero asistirás a clases, al menos durante esta semana, pues no podemos tenerte vagando por el castillo como una guardería. Miembros del ministerio de tu país vendrán en cuanto puedan.

Mankar se cansó de discutir. Podía esperar un poco más.

—¿Sabes algo de Gastón Weasley? —preguntó Devil.

—¿Qué pasa con él? —dijo Mankar impasible.

—Desapareció también hace unas semanas. Pensábamos que estaba relacionado con tu fuga.

—No tengo ni idea —respondió Mankar pasando por alto la insinuación de la mujer y centrándose en la alegría que le daba que los demás Guardianes de Nurmengard estuvieran bien. Porque tendría que ser así, ¿no? Devil lo habría mencionado.

La pregunta era, ¿por qué Gastón creía que ellos también habían ido a parar al bosque?

—¿Mi herida tardará mucho en sanar? —dijo Mankar cambiando de tema.

—Se supone que ya está curada —respondió con un murmullo la enfermera Granger—. Recuperarás la movilidad del brazo en las próximas horas.

—¿Entonces puedo salir mañana?

—¿De qué estás hablando? —respondió con imponencia la enfermera—. Necesitas descansar.

¿Te has vuelto loco? —preguntó Vax.

—Me siento bien. No puedo quedarme aquí. Por favor. —imploró Mankar.

La enfermera no respondió. Simplemente hizo un gesto a Devil indicándole que se retirara, la acompañó y cerró la cortina, dejándolo solo otra vez con su conciencia y sus pensamientos.

• • •

Te meterás en problemas.

—A pesar de que la enfermera piense lo contrario, el problema es sólo mío.

Mankar bordeó el seto del Laberinto, asegurándose de que nadie lo veía. Echó un vistazo nuevamente a los terrenos del castillo y se internó en el bosque.

—Tengo miedo.

¿De qué? —preguntó Vax.

—No sé cuál es la mejor forma de presentarme. ¿Entrar al salón de Encantamientos, así como así?

Hoy no tienes clases, Mankaú.

Mankar parpadeó repetidamente.

—Ése no es el punto —dijo, caminando por el sendero rodeado de árboles—. ¿Qué quieres que haga...? No sé qué decir si llego a aparecerme en la Sala Común o el Gran Salón. Me da timidez...

¿Crees que no reaccionarás como esperas?

—No sé ni qué espero —respondió Mankar, sin prestar atención al bosque. Qué curioso, en otras épocas sería aquél el último lugar al que entraría.

Ya todos deben saber que estás en Harrylatino —comentó Vax.

—Sí... —dijo pensativo.

Pero sabía que sería muy duro entrar a su club y verlo lleno de telarañas. O descubrir que los Guardianes y los Fénix Felicis (su equipo de quidditch) ya habían conseguido un reemplazo para él. O que Haher y Gonza también lo habían hecho.

—Creo que aquí está bien —anunció al llegar a un claro en el que la luz dorada se colaba entre las frondosas ramas e iluminaba un suelo cubierto de hierba muerta.

¿Crees que funcione?

—Sácala —le pidió esperando a que su conciencia se materializara junto a él, o que al menos se proyectara en su mente—. Me gustaría poder devolverla, pero no habría forma de regresar.

—Quizás Natis nos ayude —dijo Vax, mostrándose humano (y no vampiro) junto a Mankar y examinando la garra que servía de llave para ir al Bosque de la Tinta.

—No cuentes con ello. ¿Me la puedes dar?

Vax se la dio. Mankar la tomó y se preguntó si era su imaginación o si Vax la había sacado de su mente, pues sabía que su conciencia y él estaban compartiendo cuerpo en ese momento.

Empezó a agitar la garra amputada, le dio golpes con la varita, pronunció hechizos... pero nada la activó.

—¿Puedes salir de mi mente con ella? —sugirió a Vax.

—Lo intentaré.

La conciencia de Mankar desapareció de su vista y todo quedó en silencio. Mankar esperó con paciencia durante varios minutos.

No puedo —dijo Vax con preocupación—. ¿Sabes cómo lo hiciste tú?

—No tengo idea. ¿Y cómo volviste a entrar?

¿Será que sólo podemos hacerlo en el Bosque de la Tinta?

—No podemos llegar allá si no cambiamos de cuerpo, y no podemos cambiar de cuerpo si no llegamos allá.

Perfecto.

—Espera... debe haber otra forma de llegar al bosque. ¿Cómo llegamos la primera vez?

—¡La Copa del Laberinto! —exclamó Vax, de nuevo proyectándose junto a él, con expresión emocionada.

—¿Crees que sea una tercera llave?

—Tal vez, pero no siempre estará activa. El Bosque de la Tinta estaría lleno de mocosos si así fuera, y sólo llegaron allí Gastón y tú.

—Entonces la única forma de regresar es esperar a que el traslador del Laberinto falle...

—¿Y cómo sabemos cuándo pasará eso? —preguntó Vax.

—Quizás sólo debamos preocuparnos por ganar todas las veces posibles. Con suerte, regresaremos a Greeman Place y veremos cómo está todo, y no habrá problema porque podremos regresar con la garra.

—¿Y qué estás esperando?

—Vax, no puedo...

—Vamos, ya estás afuera —insistió su conciencia.

—No es lo primero que quiero hacer en Harrylatino.

¡Labenthium!

Unas chispas amarillas salieron de la punta de la varita de Vax, y el número «19» se proyectó en el aire.

—¡Ahí está, mira! —exclamó emocionado.

—Vax, no te atrevas.

Si su conciencia hacía ese hechizo dentro de su mente, era en realidad Mankar quien lo estaba haciendo... Y no quería entrar al Laberinto.

¡Labenthium!

—¡Vax, basta!

—¡Diez, nueve, ocho...!

Mankar, enojado, lanzó su varita al suelo.

—¿Qué hiciste? ¡No podemos entrar sin ella! —ahora se enojó Vax. Pero no le costó nada correr hacia ella y tomarla—. Labenthium —y sonrió.

De la varita de Vax salió un destello amarillo que lo envolvió completamente y que alcanzó a Mankar y lo levantó en el aire, produciéndole una inquietante sensación de vértigo.

Y cayó al suelo.

—Debe haber una forma de controlarte —gruñó Mankar, mientras se levantaba.

Dos setos de seis metros bordeaban el camino de tierra en el que un letrero de madera con el número «1» se encontraba clavado.

Quizás... quizás sí había una forma de controlarlo, pero Mankar no se esforzó tanto por ello porque en el fondo deseaba estar allí. Sacó un pergamino y una pluma, que siempre cargaba en el bolsillo, y susurró:

Karto Tracto.

Y el mapa comenzó a trazarse. Mankar caminó tan rápido como se lo permitía su concentración. No podía correr mucho, pues tenía que estar pendiente del pergamino, de todas las posibilidades que tenía para escoger el camino y de que estuvieran perfectamente trazadas las líneas paralelas.

Torció por una bifurcación y dos minutos después se encontró en un callejón sin salida, junto a otro letrero con el número «1».

«Vamos... —pensó—. Este mapa es infalible, tengo que ganar. Después de tres meses sin perderme en el Bosque de la Tinta, debo haber conseguido algo de práctica.»

Cuando se dio la vuelta para regresar, pocos pasos después percibió una luz amarilla desde sus espaldas. Mankar se volteó y vio que un muchacho acababa de caer en el suelo. Escondió el mapa mientras el aparecido se levantaba de un salto y empezaba a correr rápidamente. Al ver la cara de Mankar, se detuvo.

Se quedó mirándolo con mucha curiosidad. Era un muchacho de Ravenclaw, un poco robusto y de cabello corto.

—Hola —saludó Mankar, pensando que tal vez el otro muchacho sabía quién era y tenía curiosidad por él, el chico que había desaparecido durante tres meses y que acababa de regresar.

Qué egocéntrico —se burló Vax en su mente.

—Weasley, ¿cierto?

Y entonces Mankar percibió un ligero tono morado en el cabello oscuro del muchacho y lo reconoció.

—Hola, Arkadios.

—Esta mañana me enteré de que regresaste. Muchos creímos que habías muerto.

Mankar se sorprendió ante esas palabras.

—No escapé. Fue algo así como... un secuestro —dijo, y supo que repetiría esa explicación muchas veces, y que probablemente la contaría diferente en cada ocasión—. Bueno, tomé la Copa del Laberinto y terminé en otro lugar muy lejos de aquí... un bosque lleno de criaturas peligrosas. Estuve a punto de morir, sí.

Mankar no sabía por qué le contaba aquellas cosas. Al fin y al cabo no le incumbían a Arkadios. Pero quería acercarse a él... quizás porque era la primera vez que el otro muchacho no se sentía aterrado con su presencia, y quería demostrarle que no tenía nada de malo.

Arkadios lo evaluó con la mirada y se quedó pensativo unos instantes.

—¿En serio? He ganado... varias veces y nunca me ha llevado a otro lugar.

—Eso es lo más extraño. Tal vez lo hizo alguien más —dijo Mankar.

Arkadios no lo demostraba, pero Mankar tenía la certeza de que, en su lugar, no creería semejante historia. Sin embargo, vio que el otro chico se había quedado mirando el cabestrillo en el que reposaba el brazo donde Renzo lo había mordido.

—No sabía que eras de Ravenclaw —comentó Mankar.

—Me cambié de casa hace unos meses. No fui el único.

Mankar fingió una sonrisa. Los cambios de casa lo hacían sentir cierta nostalgia...

—Desde hace mucho esperaba encontrarte en el Laberinto. Eres bueno —dijo Arkadios con admiración.

—¿Quieres competir contra mí? —preguntó Mankar desprendiéndose un instante de su modestia.

Arkadios sonrió, y ambos salieron corriendo. Pronto encontraron un letrero con el número «2», junto a una bifurcación y se separaron. Mankar sacó su mapa y volvió a pronunciar el hechizo.

¿Por qué crees que ya no tenga miedo de ti? —preguntó Vax.

«Quién sabe qué cosas hayan pasado estos tres meses», pensó Mankar cortante mientras miraba el pergamino y daba pasos largos.

¿Y si, al ver que te habías ido y que sobreviviste, cree que ya tuviste oportunidad de morir y que no se cumplió la predicción de la adivina del Wizentro?

«Puede ser», pensó sencillamente.

La verdad era que en ese momento no podía (ni le interesaba) concentrarse en algo aparte del Laberinto. Se preguntaba si no habría nadie ya lo suficientemente cerca de la Copa de los Tres Magos como para que Mankar o Arkadios tuvieran al menos posibilidades de ganar. Al menos a Mankar le faltaba mucho.

Letrero número cuatro.

Aunque Arkadios había ganado tanta experiencia en el juego como decía, era totalmente seguro que iba más atrás que Mankar. No había desviado el camino ni una vez, y gracias al mapa ya podía adivinar en qué dirección estaba la Copa. Aquel nuevo reto lo hizo olvidarse por un instante que sólo buscaba ganar para intentar regresar al Bosque de la Tinta.

Chasqueó la lengua con disgusto al ver que un destello blanco iluminaba el Laberinto y se hacía más y más potente hasta cegarlo. Luego, se apagó y se encontró de pie entre otras quince personas, cerca de la plataforma del ganador del juego. Luego, miró hacia allí y, sintiéndose humillado y molesto, se negó a creer que las palabras que había en el letrero en lo alto del seto.

¡Arkadios Black ha alcanzado la Copa de los Tres Magos!

Unas seis chicas de Ravenclaw aplaudieron y gritaron, celebrando la victoria de su compañero:

—¡La inteligencia es el camino! ¡Ravenclaw, campeón!

Mankar no se acercó con los demás chicos a mirar el mapa del Laberinto, y dudó antes de ir a felicitar a Black.

Un chico de Gryffindor que estaba parado cerca de él miró a Mankar con curiosidad. Quizás sabía quién era Mankar. No quería sentirse incómodo con un interrogatorio de un desconocido, así que comentó para distraerlo:

—Es muy bueno, ¿cierto?

—¿Bueno? ¡Ha ganado más de ciento cincuenta veces en tan sólo dos meses! —El chico habló como si le hubieran hecho una pregunta absurda, y Mankar supo que, si no hubiera estado desaparecido tanto tiempo, tendría que saberlo, así que se había delatado—. Gracias a él la Copa de la Casa será de Ravenclaw sin duda. Es el rey del Laberinto. Lo odiamos.

Mankar alzó mucho las cejas. Volteó a mirar a Arkadios y asintió rítmicamente.

—Conque «había ganado varias veces» —dijo para sí.

Le dirigió un saludo a Arkadios y empezó a caminar hacia el castillo.

Tendremos que esperar a que abra nuevamente el Laberinto, quizás no todos puedan activar el traslador al bosque —comentó Vax—. Será difícil ganar, si hay más personas que conozcan tan bien el juego.

Mankar no pudo evitar sentirse molesto... y envidioso.

—Nosotros también somos muy buenos. Lo lograremos.

Pero sólo llegaste al cuarto letrero y él ganó.

El césped se hundió con más fuerza bajo sus pasos.

—Ya verás —dijo Mankar con dureza—. Tengo también experiencia, me acostumbraré rá al Bosque de la Tinta muy pronto. Y si para ello hay que quitarle el trono al rey, no tengo ningún problema.

El tema quedó zanjado, pero Vax suspiró, demostrando que había entendido cuál era el verdadero propósito de jugar el Laberinto.

• • •

Ocurrió tan rápido que Mankar apenas pudo notarlo. Ahora había perdido completamente la respiración a causa de una increíble fuerza que lo aprisionaba. Y también esa fuerza lo hacía levantarse varios centímetros del suelo. No podía zafarse de ella. Ni quería hacerlo.

—Juanka —logró decir, e hizo lo posible por reírse.

Pero Boggart no respondió, estaba completamente mudo. Mankar se sintió incómodo cuando notó la respiración de su amigo, y supo que estaba llorando...

«Esto es vergonzoso. Pobrecito.»

Mankaú... era lo que estabas esperando, ¿no? Anda, devuélvele el abrazo.

Él ya lo sabía. Tres meses era mucho tiempo. Se sintió tonto al pensar que una de las cosas que lo motivaban para seguir adelante había sido esa: abrazar a Gaunt.

Mankar sonrió, intentando que no se le contagiara el sentimentalismo, y rodeó con los brazos a Boggart. Quizás ambos necesitaban ese abrazo... Quién sabe qué cosas le habrían pasado a su amigo desde la última vez que se vieron.

—Disculpa, Badu... —dijo Juanka de repente y soltó a Mankar con brusquedad. Inhaló con fuerza y su nariz soltó un ruido gracioso—. Se me había olvidado que estás muy débil. ¿Cómo está tu brazo? —preguntó al verlo en cabestrillo.

—Bien —respondió Mankar con suavidad—. Parece que ya me curé.

—Anoche intenté ir a verte a la enfermería, pero esa vieja no me dejó entrar.

Mankar soltó una risita por toda respuesta. Sintió compasión por su amigo al ver sus ojos hinchados.

—No pensé que estarías aquí —comentó—. Es muy temprano.

—Desde hace un tiempo paso casi todo el día en mi club —Evaluó a Mankar de arriba a abajo varias veces antes de continuar—. ¿Y tú qué haces por aquí?

—Acabo de visitar mi club, no tenía nada más que hacer. Tiene la mitad de afiliados que antes —trató de reír—. Aún no he ido a mi habitación a revisar mis cosas, pensé que Gonza y los demás estaban dormidos.

—A veces entro a tu club y charlo con Patato.

—¿Con Pitapatafrito? —preguntó Mankar divertido.

—Eso, el elfo.

Mankar rió.

—Me asombró ver que todo está en orden.

—Le he ayudado un poco a Pita... al elfo —contestó Juanka.

—¿En serio? —Mankar soltó una risita—. Gracias.

Juanka sólo negó con la cabeza. Tomó aire y dudó un instante antes de hablar:

—¿Qué hiciste en todo este tiempo? ¿Por qué te fuiste sin despedir?

A Mankar lo tomó por sorpresa esa pregunta. Si alguien significara tanto para él y se desapareciera sin avisar, habría resultado muy difícil de perdonar. Pero Boggart no era tan egoísta como Mankar.

Echó un vistazo alrededor y contempló los detalles de Azkaban, el club de Boggart, antes de responder. Estaba bastante descuidado, y un par de elfos domésticos corrían de un lado para otro colocando las cosas en su lugar. A través de la inmensa ventana se veían las montañas que rodeaban el castillo bañadas por la luz del sol mañanero.

Mankar se sintió culpable al recordar la última vez que había hablado con Juan Carlos.

—Habían dicho que tú y tu padre estaban involucrados en la muerte de la profesora de Historia de la Magia, y que por eso escapaste —insistió Boggart.

—Eso no es verdad —saltó Mankar negando frenéticamente con la cabeza y mirando ahora a los ojos de su amigo.

Ahora era diferente. Ahora sí le importaba que la persona que escuchara su historia conociera a la perfección todos los detalles. Bueno, casi todos. No podía hablarle de Vax, por ejemplo.

—Hace unos meses... antes de venir a Harrylatino, tuve una visión del futuro —comenzó Mankar su relato—. Vi a dos hombres que murieron atacados por hombres lobo y vampiros.

Le contó todo: que sabía que los hombres asesinados eran Cronista y Andrés, cómo terminó entrando en el Laberinto en Halloween y llegó al Bosque de la Tinta; la forma como conoció a Renzo, el licántropo; su estadía en Greeman Place y las cosas que aprendió allí; su escape a Bloody Swamp (inventó que los vampiros lo aceptaron como humano, pues se negaba a explicarle que su conciencia había sido convertida en uno de ellos); su encuentro con Gastón; y la batalla entre ambos bandos, tras la cual volvió a aparecer en Harrylatino.

Boggart lo escuchó absorto. Era obvio que él sí le creía, y hasta se mostraba emocionado, por no decir impresionado.

—La enfermera dijo que te mordió una criatura —comentó señalando el brazo de Mankar.

Él asintió.

—Y creo que ahora soy uno de ellos. Pero... —tuvo que mentir— la llave desapareció cuando regresé. Quiero volver al Bosque de la Tinta y comprobar cómo está todo, y pasar allá la noche mientras sufra la... la transformación.

Boggart miró al suelo y se quedó pensativo. Mankar trató de ocultar su dolor (no era tan grande, ya se había acostumbrado cuando creyó que él y Vax eran vampiros) para que su amigo se animara un poco.

—Darmani —llamó Boggart—. Tráeme mi libro de Pociones, por favor.

—Sí, amo —respondió una voz chillona.

—¿Y cómo piensas regresar? —preguntó simplemente.

—El Laberinto es la única opción. Tengo que ganar tantas veces como sea posible buscando que el traslador de la Copa vuelva a fallar. Creo que así —inventó— podré recuperar la llave y viajar entre ambos lugares las veces que quiera.

Un elfo doméstico se acercó corriendo y le tendió a Boggart el libro que le pidió. Boggart lo hojeó y se quedó leyendo una página cerca del final.

—La luna llena es en menos de dos semanas —observó.

Mankar no se asustó, pero le sorprendió saber que le quedaba tan poco tiempo. ¿Lograría volver al Bosque de la Tinta antes de ese día?

—¿Piensas quedarte? —preguntó Boggart con tristeza.

—Me obligan a hacerlo —respondió Mankar—. Quisiera visitar a mi padre en prisión, pero vendrán a interrogarme miembros del ministerio. Y luego quiero volver, si me lo permiten, a intentar recuperar el tiempo perdido —añadió, como si se tratara de algo obvio.

Su amigo sonrió.

—Va a ser un poco difícil adelantarte en todas las clases.

Mankar le devolvió la sonrisa.

—Lo sé, pero he afrontado peores retos.

• • •

Boggart acompañó a Mankar hasta la puerta de la Sala de Clubes que llevaba a la Sala Común de Gryffindor. Se le notaba muy feliz, mucho más de lo que Mankar recordaba haberlo visto antes. Se despidieron y acordaron verse después.

Mankar bajó la escalera de los dormitorios pensativo. Se detuvo frente a la puerta del suyo.

RONALDO LESSON ROBERTO POTTER GONZALO UMBRIDGE

«Quitaron mi nombre», pensó Mankar con indiferencia.

Dio dos golpes a la puerta y no recibió respuesta. Insistió varias veces y, cuando decidió entrar, se escuchó una voz ronca enojada desde adentro.

—¿Quién es? —preguntó Lesson.

Mankar simplemente abrió la puerta y entró.

Su primera impresión del lugar fue que se había convertido en un chiquero. Claro, no había estado él para que respetaran al menos su propio espacio. Libros, ropa y otros objetos se encontraban tirados por todas partes.

¿De quién serán? —preguntó Vax con sarcasmo.

Ron Lesson levantó la mirada y vio a Mankar contemplando la habitación. Se incorporó de un salto mientras preguntaba:

—¿Mankar? ¿Qué haces aquí?

Gonza y Rob levantaron la cabeza y, dos segundos después, Mankar se encontró dando enérgicos apretones de mano a sus compañeros, que lo miraron con los ojos abiertos de par en par. Gonza, además del saludo, le dio una fuerte palmada en la espalda, pero sólo eso.

Una lluvia de preguntas cayó sobre Mankar y estuvo durante varios minutos sentado en su impecable cama y contándole a sus compañeros sus aventuras en el Bosque de la Tinta, poco menos detalladas que las que relató a Boggart.

—¿Entonces no escapaste porque habías matado a la profesora Callahan?

Mankar miró a Lesson con incredulidad.

—¿Viste a Gastón allí... en ese lugar? —preguntó Rob.

—Sí —respondió asintiendo—. Pero está a salvo allí... mientras sobreviva a su enfermedad.

Gonza estuvo muy callado durante la charla y no preguntó casi nada, aunque no se perdía ni una palabra.

Ron y Rob le contaron a Mankar que ellos dos y Tarru habían tenido que participar solos en la segunda prueba del Torneo del León Escarlata. Rob había tomado la posición de capitán (era evidente la frustración de Lesson por ello) y, gracias a los hechizos que habían estado practicando desde que fundaron el equipo, habían logrado clasificar a la tercera prueba, aunque no con tanta ventaja como la primera vez.

—De todas formas, contábamos con que sólo podríamos estar nosotros tres —comentó Lesson—. Rob y Tarru querían esperar al menos un poco más antes de realizar sustituciones.

—Gastón perdió totalmente interés, nunca lo volvimos a ver —añadió Rob.

Mankar asintió, intentando evitar mirar a Lesson.

—¿Y tu equipo? —preguntó entonces a Gonza.

—Nosotros también clasificamos —dijo su amigo, poniéndose en pie.

—¿A dónde vas?

—Quedé de verme con Juanjo, Mati y Haher en el Gran Salón —respondió Gonza dándole la espalda para buscar algo en sus pertenencias.

—Ah, tenía pensado dormir un poco aquí, pero no habrá problema si voy contigo, ¿verdad? —dijo Mankar.

—¿Qué problema puede haber? —replicó Gonza.

Rob y Ron se quedaron discutiendo, mientras Gonza regresaba del baño, y Mankar se quedó contemplando lo vacía que se veía su cama sin sus pertenencias... ¿Dónde podrían estar?

Gonza regresó y terminó de alistarse. Se entretuvo unos minutos con su baúl, y por fin suspiró y dijo:

—Vamos.

Juntos bajaron a la Sala Común. Algunos pocos chicos saludaban a Mankar con la mano, sorprendidos, y otros lo miraban silenciosamente. Lo mismo ocurrió por los pasillos del castillo, camino al vestíbulo.

Ahora que no estaban lejos de Rob y Ron, Mankar no tenía problema en contarle a Gonza acerca de otros detalles de su estadía en el Bosque de la Tinta.

—Lo entendiste, ¿verdad? Estuve en el lugar donde asesinaron a Cronista y Andrés. Conocí a los monstruos que los mataron.

Gonza negó con la cabeza, asustado.

—Pero estás bien, ¿verdad?

—Sí, sí... pero... me mordieron...

Gonza aceleró el paso y endureció la mirada. No sabía que decir.

—Por eso quiero regresar al bosque cuando haya luna llena. No quiero hacerle daño a nadie.

—Lo siento mucho —dijo Gonza sencillamente, con voz apagada.

—No es tan malo... Ellos no lo son. Y siempre puedo convencer a mis amigos de que se transformen en animagos, ¿no crees?

Gonzalo sonrió.

—¿Cómo van los MM? —preguntó Mankar, mientras esquivaban a un montón de chiquillos que pasaban corriendo.

—Primeros en la liga.

—¡Qué bien! ¿Y los Fénix Felicis ya jugaron contra ustedes? Me muero de ganas de enfrentarme de nuevo... —calló al ver la expresión negativa de Gonza.

—Tu equipo se disolvió después del primer partido. Todos los suplentes estaban molestos por no poder jugar; el guardián suplente aseguraba que él era mejor que el titular, y convenció al resto de que el resto era igual. Hasta Zancaturno tuvo que meterse.

Mankar frunció los labios con lástima. Otra cosa más que ya había perdido en su ausencia.

Llegaron juntos a la escalera de mármol y bajaron al vestíbulo, viendo a lo lejos a tres chicos que usaban túnicas de Ravenclaw y jugueteaban con sus varitas. Reían a carcajadas sin ningún reparo, señalando a los niños que pasaban y gritándoles cosas.

Mankar los miró. Vaya, había llegado el momento, por fin.

Por vigésima vez ese día, se sintió sumamente nervioso. Intentó pensar en otras cosas para distraerse, porque sencillamente no sabía cómo reaccionar. Por ejemplo, ¿por qué Gonza seguía en Gryffindor y no se había cambiado de casa?

Cuando Mankar ya estaba lo suficientemente cerca para entender las palabras de los chicos, un jovencito con la túnica de Ravenclaw pasó junto a ellos, con una escoba brillante sobre el hombro.

¡Accio! —lanzó Macnair.

La escoba reluciente voló hasta las manos de Macnair, y el muchacho reaccionó un poco lento.

—¡Qué haces, Juanjo! ¡Devuélvemela!

—¡Pero si es una Saeta 88! —exclamó Mati—. Debió costarte mucho, ¿verdad?

—Mira, le talló la marca debajo —se burló Macnair—. Pero dice «Zaeta», con Z. ¡Pobre tonto! —y soltó una carcajada a la que se unieron sus amigos.

Mankar ya estaba a unos pasos de ellos, atónito. Reconoció al muchacho que era dueño de la escoba: era Rafael Lovegood, el niño de primer curso que se sentó con él en el Expreso de Harrylatino.

Rafael se adelantó gritando:

—¡Eres prefecto! ¿Por qué gozas abusando de los estudiantes?

Macnair rió.

—¡Pero si sólo la he tomado prestada! Vamos, no te molestes porque juguemos un poco con ella. ¿Por qué eres tan egoísta?

Se alejó unos pasos y Rafael lo persiguió. Juanjo lanzó la escoba al aire, y Rafael saltó para intentar agarrarla, pero Mati usó el encantamiento convocador (se notaba que eran expertos en ello) y le señaló la escoba con una mueca burlona.

—¡Tómala, Zzzzaeta!

La volvió a lanzar al aire y Haher se unió al juego. Mankar los miró perplejo a un par de metros, pasándose la escoba una y otra vez, mientras Rafael corría de un lado a otro intentando agarrarla, quizás a punto de llorar.

¡ACCIO! —gritó Mankar, furioso.

Mati y Juanjo vieron a Mankar estupefactos. Haher fue el último en darse cuenta de su presencia. Su cara se iluminó tanto como la de Boggart, pero se controló para no salir corriendo a su encuentro.

Mankar sonrió y le entregó la Saeta 88 a Rafael Lovegood, quien sonrió cabizbajo y salió corriendo, secándose las lágrimas con la manga de la túnica.

—¿Qué demonios haces aquí? —preguntó Juanjo a Mankar con desprecio.

Él lo miró atónito, mientas los tres se acercaban. Se plantaron junto a él y Mankar posó su mirada en cada uno.

—¿Qué se te ofrece, Weasley? —dijo Mati con el mismo tono.

Haher también miró a sus dos amigos extrañado, pero guardó silencio.

—Yo... acabo de regresar... y...

—¿Y qué quieres?

Mankaú, te presento al verdadero Juanjo, al antiguo —dijo Vax, proyectándose a su lado y sacando su varita.

Pero esta vez Mankar no lo detuvo, porque él había hecho lo mismo.

Juanjo se rió, inflando el pecho, y señaló su insignia plateada de prefecto... y luego señaló la insignia idéntica que Haher tenía en el pecho.

Mankar abrió los ojos de par en par ignorando la varita que Juanjo levantaba apuntándole.

—No serás tan tonto de atacarme sin motivo alguno, ¿verdad?

Ahora Mankar estaba realmente furioso. Todo tenía sentido.

—Así que por esto te cambiaste de casa —espetó a Haher—. Te había prometido que serías prefecto.

—Manu, no fue por eso.

Mankar le dedicó una fría mirada de escepticismo.

—No me digas. Pero ahora que estás atado a Ravenclaw, no te volverás a cambiar de casa.

Quizás habría sobrado un poco decirle «Ahora que estás separado definitivamente de tus amigos de Gryffindor», pero ya sabía qué respuesta recibiría, por no decir burlas.

—No lo pensaba hacer, de todas formas —respondió Haher molesto.

—Los convenciste de cambiarse a tu casa para esto, ¿verdad? —si dirigió ahora a Juanjo—. No te funcionó el jueguito de hacer que todos tus amigos fueran a parar a casas diferentes, porque varios del Poder Calamar reprobaron el curso y no consiguieron ser prefectos.

Juanjo no lo interrumpió. Sólo se limitó a sonreír.

—Y ahora que te deshiciste de todos esos inútiles, buscaste siervos incondicionales, que te respaldaran aprovechándote de los estudiantes indefensos. Y de paso, que tus siervos fueran mis amigos. Dos pájaros de un tiro, ¿verdad?

Mankar miró a Gonza, como retándolo a que desmintiera sus palabras. Sin embargo, no podía negar que su amigo, a pesar de todo, seguía siendo de Gryffindor.

—¿No has entendido que las acusaciones y provocaciones están prohibidas? —Juanjo sonrió con malicia—. Está bien, si quieres ser uno de nosotros, te lo permitiré. Pero tendrás que hacer algo antes.

Mankar hizo una mueca de asco casi tan desagradable como la de Matías.

—¡Yo no soy como tú! ¡No soy como ustedes!

Juanjo simplemente empezó a reírse, y salió por las puertas del vestíbulo, seguido de Mati y de Haher, que lo miró confuso pero siguió al rey calamar. Gonza dudó, pero se despidió de Mankar y salió con los demás.

—Lo siento, Mankaú —dijo Vax, todavía a su lado.

Muchos pensamientos cruzaban la mente de Mankar. Estaba muy indignado. ¿Cómo era posible que la Jefa de Casa de Ravenclaw hubiera hecho prefecto a un niño que no llevaba más que tres meses allí...? Eso suponiendo que lo acababan de nombrar.

Quizás eso no lo habría podido evitar Mankar. Pero si él nunca hubiera desaparecido por tres meses, sus amigos no habrían salido por esa puerta, sino que se habrían quedado a su lado, apoyándolo. Como en los viejos tiempos.

¿O nada habría cambiado si, desde un principio, hubiera aceptado formar equipo del Torneo del León con ellos, en vez de hacerlo con Rob y Lesson?

Si sus amigos se olvidaban de él tan rápido, o si lo hacían por motivos tan tontos, entonces lo mejor que había podido pasar era unirse a los Guardianes y ser enviado al bosque.

Miró a Vax inexpresivo y, haciendo un gesto con la cabeza, le dijo:

Todo lo que en verdad necesitas lo tienes siempre para ti. Lo demás, viene y va.

Vax sonrió y le dio una palmada en el hombro.

Mankar se preguntaba, mientras subía lentamente la escalera de mármol sin mirar atrás, si decirse esas palabras con frecuencia ayudarían a que se convenciera de ellas, aunque fuera un poco.