La Magia de Volar.

Recuerdo aquel día como si hubiera sido ayer.

Un extraño y poco frecuente evento astrológico ocurriría durante la tarde y todos en el pueblo, estaban muy alegres de recibirlo. No se hablaba más que de él, en las calles de Verdellano. Era algo que solo se veía, con suerte, una vez cada diez años.

Lo llamaban eclipse de sol, aunque yo lo conocía de otra forma. Para mí era algo frecuente, dada mi larga vida de hada, había visto muchos. Pero según me comentaron los especialistas de la materia. El Señor Cícero y su ayudante, Pervinca.

Según las condiciones geográficas en que se encontraba ubicado el pueblo, los eclipses que en otras latitudes eran más sencillos de observar, en Fairy Oak no. Solían hacerse esperar hasta diez años, en compensación, los eclipses eran mucho más prolongados.

En la escuela de mis niñas, lo habían descrito como "fenómeno astronómico" y ya saben lo "feliz" que esa palabra pone a Vi. No había tardado mucho Pervinca en levantar la mano y corregir a su maestra.

—Profesora, el extraño y poco frecuente "fenómeno astronómico" es también un evento muy importante para el mundo mágico. Las dos Magias más poderosas de todas, la Luz y la Oscuridad, representadas por el Sol y la Luna, se encuentran juntas en ese momento.

—Siéntate Pervinca. Ojala pusieras el mismo empeño en portarte bien.

Babú solo reía para sus adentros, no porque hubieran regañado a su hermana mayor, sino porque esta, había demostrado su punto. Para Vi, la magia era muy importante en su vida y como buena brujita de la oscuridad, siempre trataba de ir contra las reglas.

"Lo más divertido de una regla, es encontrar como doblarla sin romperla" repetía siempre Pervinca, cada vez que, fallaba en una de sus "pruebas", aunque yo les decía de otro modo. Para mí, más bien eran travesuras.

Pero Vi jamás estaba satisfechas, hasta que no lograra probar todas las posibilidades. Incluso contra aquellas reglas que se supone, eran inviolables. Cuantas veces no se lastimo, queriendo volar durante el día, todo, para tratar de estar junto a Vainilla.

Yo sabía como se sentía, me lo había dicho varias veces. Y no era necesario que lo dijera, cuando Babú volaba y Vi se quedaba en tierra, se podía ver en su carita triste, como añoraba estar en el cielo, volando junto a su hermana.

Aunque Vainilla no opinaba lo mismo con respecto a volar de noche. Para ella era más sencillo transformarse en algún lindo animalito y emprender el vuelo. No era tan amiga, de volar durante la noche sin un camuflaje que la protegiera.

Pero aquel día sería más que mágico para ambas hermanas, aunque ni ellas ni yo, lo habíamos imaginado. Pero alguien muy cerca de ambas, ya sabía de buena fuente lo que sucedería durante la tarde de aquel día.

—¿Por qué tenemos que ir?

Pervinca y Vainilla habían sido obligadas a vestirse, con las mejores galas para ir al pueblo. Eso quería decir, que Vi abandonaría por un día la comodidad de su amada "ropa de niño", como le solía llamar Mamá Dalia al atuendo de Vi.

—Es un evento especial Pervinca, vístete quieres.

Vi aun seguía en camisón de dormir. Luego de llegar de la escuela y al enterarse de que tendría que ir al Pueblo, se emocionó mucho, pero luego se entero de que tendría que usar un vestido y esa parte, no le gusto tanto.

—Si voy a ir como Vainilla. Pervinca se queda, aunque sea con Felí.

—Te quedarás sola querida, Felí también va… digo, también voy. Deja de hablar así que me confundes.

—No.

Vi hizo un puchero como lo que rara vez se le veía hacer. Significaba dos cosas, Mamá Dalia la regañaría hasta que Pervinca accediera de mala gana o… Mamá Dalia la regañaría hasta que Vi aceptara de buena gana.

Como sea, Vi saldría perdiendo.

—Si quieres quedarte Pervinca, puedes hacerlo.

¿Eh?

Vainilla y yo nos miramos confundida, no era costumbre de Mamá Dalia darle la razón a Vi. Pervinca estaba muy feliz, tanto, que se puso a saltar de alegría.

—¿Estas segura Mamá?

—Lo estoy Vainilla, tu hermana ya es una chica mayor. Ya tiene once años y se puede cuidar ella SOLA.

Debo reconocer, que desde los ocho años Vainilla podía usar sus poderes, pero Pervinca recién los descubrió a los diez y eso durante un ataque del enemigo. Iba a objetar, eran mis niñas y aunque Mamá Dalia les tuviera mucha confianza, aun eran mis protegidas.

—Como nos vamos Tomelilla, Cícero, Vainilla, Felí y yo. Pervinca se tendrá que quedar en la casa SOLA, hasta que regresemos.

Momento, había alguna especie de truco en las acciones de Mamá Dalia. Nieve solía decir: "Si no sabes decir no, entonces di que sí, ¡Pero hazlo que parezca una idea tuya y dicta las reglas!

Pero claro, Mamá Dalia no era Nieve, además, cuando Nieve escribió esas palabras, no conocía a Pervinca.

—¿So-sola?

La voz de Vi pareció temblar.

—Claro Pervinca, recuerda que estaremos fuera de casa toda la tarde y no regresaremos hasta muy entrada la noche.

Mire muy confundida a Mamá Dalia, el Eclipse en Fairy Oak era verdad que duraba más de los que son fuera del pueblo, pero no duraba más de diez minutos. Iba a hablar, cuando Mamá Dalia me guiño un ojo.

Yo entendí el truco entonces.

—Además, Pervinca ya es mayor, puede usar sus poderes para luchar con cualquier criatura rara que salga esta noche.

—¿Cri-criatura?

—Así es Babú. Y como es un evento que surge cada diez años, si que saldrán la de criaturas raras hoy.

Por desgracia, mi "ayuda" pareció afectar a la bruja equivocada.

—D-d-de ve-verdad. S-si es a-así, m-me qu-quedo con Vi.

—Yo no me voy a quedar de guardia de una llorona como Vainilla.

Pero ya que no parecía funcionar de un modo, Mamá Dalia tuvo que "ajustar" sus métodos. Así que, se vio forzada a cambiar de objetivos.

—Entonces bajaré a decirles a Lala y a Cícero, que Vainilla y Pervinca no irán. Lastima, pensábamos pasear un poco por el pueblo y cuando no entrara hambre pasar, no se, por la Tienda de las Exquisiteces para comer algo.

Hay que recordar, que en ese entonces, Pervinca y Grisam ya eran algo más que simples amigos, y aunque Pervinca intentaba mantenerlo en secreto, todos en su familia lo sabían, incluso en la familia de los Burdock. A decir verdad, todo el pueblo sabía de la relación de Vi y Grisam, aun así, la pobre Pervinca, intentaba esconderlo.

—Iré.

Pervinca detuvo a su madre sujetándola por el delantal, no dejaba de mirar el suelo, para evitar que la vieran roja.

—Dijiste algo Vi.

—I-iré también.

—Bueno, pero te pones el vestido que te separé.

—¡MAMÁ!

Al final, Vi perdió ante la complicada psicología de su madre. Terminó vistiéndose con el vestido que su madre le había indicado, gracias a la capucha, lucía idéntica a Vainilla y desde lejos, uno no podía distinguir a las dos hermanas.

En el pueblo, fue aun más gracioso, Pervinca era confundida a cada rato con su hermana Vainilla. Aunque juraría, que la mayoría de las veces, los niños lo hacían a propósito, solo para molestar a Vi.

—¡QUÉ NO SOY VAINILLA!

Gritó enojada Pervinca luego de que la volvieron a confundir con su hermana. Los niños salieron corriendo esbozando una sonrisa. Vainilla no podía aguantar las ganas de reír, pero la pobre Vi, solo quería que ese día acabara.

Hasta que lo vio.

—Vi mira, es Grisam.

—¿Dónde?

Parado en medio de la Plaza que luego sería nombrada en honor a mi querida amiga Devién, estaba el gallardo y elegante, Grisam Burdock… aunque igual que Pervinca, lucía un traje bastante "único".

El joven maguito de la oscuridad, tenía puesto una camisa blanca de mangas largas, llena de holanes y un cuello alto. Se veía bastante curioso entre esa prenda. Como si hubiera perdido alguna especie de apuesta.

—¿Grisam, eres tú?

—Vai… ¿Pervinca?

Los dos "novios" se vieron el uno al otro y estallaron en risas.

—Te ves ridículo Grisam.

—Pues tú no te ves tan mal, Pervinca.

Mientras Vi y Grisam hablaban, el resto de nosotros, preferimos dejarlos solos. Ya habían aguantado muchas humillaciones el día de hoy.

—¡Flox!

Era la hija de los Polimón, quien lucía un curioso conjunto de ropa. O mejor dicho, varios conjuntos a la vez. La inconfundible brujita de los colores, ahora se había echado todo el ropero encima.

—Hola Flox.

—Familia Periwinkle —dijo con una curiosa reverencia, auque lo más curioso, era ver como se doblo para evitar caerse con toda esa ropa encima—. Vainilla… Felí. También vienen a ver el espectáculo de hoy.

—No nos lo perderíamos.

—Y como esta tu madre, Flox.

—Muy bien señora Periwinkle, le manda saludos.

—No me digas señora, te conozco desde bebé Flox. Dime tía.

—Bueno —Flox esbozó una de sus enormes sonrisas—. Como diga Señora Tía Periwinkle.

Vainilla y yo solo reímos.

—Olvídalo.

—Dime Flox, esta tu tía en su taller.

—No, estaba en casa con mis padres.

—Si te parece bien Dalia, podríamos visitarlos un momento.

—No veo porque no, vienes Cícero.

—Iré un momento con Duff.

—Entonces Felí, cuida de Vainilla. Ya regresamos.

—Como ordenen.

Me sentí algo aliviada, Vainilla era mucho más sencilla de cuidar que Pervinca, no es que no quiera a mi revoltosa y algo rebelde Brujita de la Oscuridad, pero, entre la tranquila y amable Vainilla, que siempre me obedecía y su hermana mayor, que siempre buscaba hacer lo contrario de lo que le mandaba y todas las noches trataba de encerrarme en mi tarro.

Obviamente prefería a Vainilla.

—Bien chicas, parece que estaremos las tres… ¿Chicas?

Pero cuando acababa de salir de mis pensamientos, ni la brujita de los colores ni mi siempre obediente niña estaban. Yo solo quería pellizcarle la nariz a Vainilla por haberse ido sin decirme nada.

—De seguro vio algo que le llamó la atención.

Iba a salir a buscarlas, cuando sentí que debía mirar hacia arriba. Era muy raro, realmente sentía la necesidad de levantar la vista. Cuando lo hice, me tope con una escena muy extraña. Tanto Vainilla como Flox estaban volando.

—Chicas, ¿qué hacen allá arriba?

También subí a ver que era lo que estaban viendo las niñas. Pero cuando llegué a donde estaban, me tope con una escena aun más grande, todos los niños mágicos del pueblo, estaban volando como ellas.

—¡No te gusta Felí!

Vainilla lucía muy contenta, aunque no entendía porque. Ella volaba desde hace tres años, así que era algo muy normal, incluso para una bruja de la luz, volar durante el día.

Pero y para una Bruja de la Oscuridad.

—¡Estoy volando!

—Lo sé, eres una Bruja también Flox, no veo el escándalo de que vuelen las dos.

—No lo entiendes Felí.

Yo simplemente negué con la cabeza, para mí, una criatura mágica que nació prácticamente volando. El que alguien más lo hiciera, era algo tan natural como caminar, comer o respirar.

—Gracias al Eclipse de hoy, el día y la noche se han juntado. Brujas de Luz y de Oscuridad podemos volar al mismo tiempo.

Abrí la boca asombrada por estas palabras, era verdad, ninguna de nosotras lo había pensado siquiera. Un Eclipse, un evento tan especial, tan esperado por todo el pueblo, debía tener un truco para ser tan apreciado por todos.

Y valla que truco.

—¡BABÚ!

Pervinca venía volando muy feliz, emocionada en dirección de Vainilla. Al verse ambas, se abrazaron muy fuerte. Sabían que no duraría para siempre ese momento, pero quería vivirlo al máximo.

—Por fin, podemos volar juntas.