La Nueva Generación de Mágicos.
Mi cuento había acabado y mi pequeña audiencia, estaba totalmente cautivada. Las gemelas de Shirley, los hijos de Nepeta y Acantos, el hijo de Flox y el hijo de Celastro. Aunque durante parte de mi cuento, se les habían unido tres niños más, dos niñas y un niño. Obviamente, eran hijos de las hermanas de Celastro, Cecilia y Melisa.
—Ya les relate un cuento, ahora cumplan ustedes. Sus nombres.
Los niños hicieron un círculo entre ellos y comenzaron a hablar entre sí, luego, en representación de toda la nueva generación de mágicos, la hija de Nepeta, habló.
—Nos gustaría jugar un poco contigo, Felí.
—¿Jugar dices?
—Si, quegemos sabeg si puedes adivinag nuestgos nombges.
Habló el hijo de Acantos, al igual que su padre a esa edad, tenía ese curioso acento francés. Me preguntaba, como hubiera sido, si la niña fuera la del acento, sería curioso ver una mini Nepeta usando la "g" para hablar, en lugar de la "r".
—Y si adivino, ¿qué gano yo?
Los niños volvieron a hablar en secreto.
—Cada uno de nosotros, te dirá un secreto.
—Pego hermana, yo no cgeo que esa sea una buena idea.
—Ya esta decidido. Cada uno te dirá un secreto.
—Hegmana, me ignogaste de nuevo.
—Veamos si entiendo. Sin saber más que, de quien son hijos, yo debo adivinar sus nombres.
—Esa es la idea Felí.
—Conociste a nuestros padres de niños.
—Será fácil para ti.
—Eres el hada legendaria de Fairy Oak.
—Legendaria, claro. Un hada legendaria tendría que pasar por este tipo de problemas, solo para conocer el nombre de unos niños.
—Esta bien, te daremos una pista.
Esa idea me gustaba, al menos de esa forma, sería más sencillo. Aunque aun no entendía lo que los niños comprendían por "pistas". Cada uno de los niños dijo su nombre de una forma, que no logré entender. Hablaban demasiado rápido o casi inaudible.
—Y eso creen que me ayude.
—Bien, te toca.
—¿Hablan en serio?
Los niños presentes, asintieron. Yo empezaría a nombrarlos uno por uno, mientras trataba de adivinar sus nombre, guiándome por el único dato clave que conocía, de quienes eran hijos.
—Las primeras son, Rosy y Cath, mis niñas.
—Esas ya las conoces, también a Molly y a Milly.
—Si, sigue con el resto hada tamprosa.
—Hada tamprosa.
—¿Qué es tamprosa?
—Debe ser tramposa.
—Oh.
—Bien, bien, lo haré. Pero guarden silencio o entraran a regañarnos.
Los niños se quedaron mudos. Yo procedí a nombrarlos.
—Veamos, del lado Buttercup están…
No debería ser muy difícil, no conocía mucho a los padres de los cuatro niños. Pero había una curiosa fragancia, que salía de la ropa de cada uno de ellos. Era casi indetectable para animales y personas, pero yo era un hada.
—Azalea y Manzanilla, que son las hijas de Melissa y Tommy, así como Brujas de la Oscuridad.
Las dos niñas asintieron felices. Mi olfato no me había fallado, por suerte. Había sobrevivido a mi primera prueba, ahora, faltaban los otros dos. Uno de los niños ya lo había visto antes y ciertamente, tenía escrito un nombre en su ropa.
Pero el otro, tenía un aroma inconfundible.
—El hijo de Cecilia y Francis se llama, Clavel y también es un mágico de la oscuridad.
El pequeño que estaba entre las dos niñas nombradas antes, también lucía feliz. Sus primas lo abrazaron.
—Entonces, el mayor del grupo, el hijo de Celastro y Hellen, puesto que es un Sinmagia, su nombre es Alex. Verdad.
Ese era el más sencillo de todos, tenía bordado en su camisa, su nombre. Curiosamente, ninguno de los niños se había percatado de esa pequeña ayuda.
—En efecto, diminutivo de Alexander. Al igual que sus tíos, Francis de Francisco y mi padre, Tommy de Thomas.
—Los nombres tío Francis y papi, ¿no venían de sus flores/frutas? Francis era por Frambuesa y Tommy por Tomate.
—No, eran Francisco y Thomas.
—Frambuesa y Tomate.
—¡Francisco y Thomas!
—¡Frambuesa y Tomate!
Antes de que las dos hermanitas, se pudieran a pelear, tomé la decisión más acertada. Continuar con alguien más y pronto.
—Gracias Azalea, Manzanilla. Veamos quien sigue…
Ya me había aprendido varios nombres, pero ahora venía la prueba de fuego. Me quedaban aun tres niños por nombrar.
—Veamos, están los mellizos hijos de la pareja de la luz más romántica de Verdellano. Veamos, conociendo lo romántica que es Nepeta y lo intelectual que es Acantos… entonces. Son Pimpinela y Tulipán.
—Pegfecto.
—Bien Felí.
No era muy difícil, aunque los niños me dijeron una sola vez sus nombre y tan rápido que a algunos ni les entendí, solo era cuestión de pensar un poco como sus padres. La Pimpinela, que era usada para numerosas infusiones medicinales y el Tulipán, que curiosamente, empieza como un bulbo, el cual, debe ser enterrado.
Además, ayudaba el hecho de que, ambos tuvieran dibujada en su ropa, la flor que los representaba.
—Ahora me queda el más difícil de todos.
Y lo era realmente, el querido primogénito de la Brujita de los colores, tan pintoresco y único como su madre. El primer nombre que casi sale de mi boca al verlo era "mocos". Por suerte, no era tan boca floja como pensaba.
—Este estará difícil.
Y de verdad lo era, el niño de Flox, apenas y había pronunciado unas pocas palabras. Y eso que era el mayor del grupo. Yo creí al verlo entre todos los pequeños, que el futuro sucesor de Grisam como capitán de la nueva banda, sería el más grande.
Pero no, la futura sucesora, parecía ser, aquella de hoyuelos pronunciados y carita de ángel. La que parecía la más ingenua e infantil del grupo. La pequeña Nepetita o sea Pimpinela, quien a veces se me parecía más a Cloudy que a Nepeta.
—Es sencillo Felí, imagínate el nombre más bobo que puedas y dilo.
El hijo de Flox solo le lanzó una mirada molesta, pero la pequeña y "dulce" Pimpinela, ni se inmuto. Para ella, era como si esa mirada casi asesina del pequeño brujo de la oscuridad, se le resbalara por el cuerpo.
—Nombre… Veamos, si debo pensar como Flox. Creo que deberé pensar primero con mi estómago.
Bromee un poco, estaba algo tensa por la situación.
—Si fuera niña, de seguro Flox le pondría Frambuesa, Menta, Lavanda, Laurel o hasta Regaliz. Aunque Laurel sea más bien nombre de chico y a Flox, no le guste mucho que digamos el dulce de regaliz. En realidad le encanta pero le produce alergia. Recuerdo una vez que se acabo media caja de dulces ella sola y luego, terminó toda la semana con la cara llena de puntos rojos. Cada día usaba un marcador distinto para "unir" sus puntos y escribir algo diferente.
Los niños rompieron a reír, incluso el hijo de Flox al escuchar aquella pequeña historia.
—Pero poniéndonos serios, Flox también es buena amiga y una madre muy seria. Por lo tanto… tu nombre sería…
Todos los niños estaban impacientes a mis palabras y yo más que ellos, me había metido a hablar, sobre un tema del cual, ni siquiera tenía idea. Conocía a Flox como la amiga especial de mis Gemelas, pero hasta ahí. Yo no era Devién o Pífano para saber los gustos de la Brujita de los colores.
O tal vez sí.
—Suerte.
Sonreí al recuerdo de algo.
Flox me había mencionado, que su hijo al nacer, había necesitado de mucha ayuda. El pobre Doctor Penstemon Chestnut, fanático de poner esa pomada curativa, tuvo que pedir mucha ayuda, no a los habitantes de Verdellano, sino al cielo mismo.
El parto de Flox presentó varias complicaciones, incluso se llegó a pensar, que solo uno de los dos se salvaría, en el mejor de los casos. El Doctor Cestnut no se había atrevido a preguntarle a Flox, pero cuando vio que el parto se complico aun más, lo hizo.
"Flox, querida… es difícil para mi decirte esto. Pero deberás escoger, no podré salvarlos a ambos. Es tu vida o la de tu bebé, debes saber, aun cuando lo salve a él, que no tiene muchas esperanzas de vida."
Que alguien recibiera una noticia así, hubiera sido devastador. Pero no para Flox, siempre admire la forma de ver el mundo de la Brujita de los Colores, ese ánimo incansable que transmitía siempre a todos y esa felicidad esperanzadora que solo ella poseía.
"Es simple Doctor Chestnut, no decida, sálvenos a ambos. Es el mejor médico de Fairy Oak, que digo de Fairy Oak, de todo Verdellano. ¡No, Del Mundo entero! Si hay alguien que pueda hacerlo, ese es usted."
Fuera de toda lógica, el Doctor Penstemon Chestnut obedeció a Flox y por cerca de veinte horas, luchó junto a la madre del niño. Ninguno de los dos dejó de luchar, hasta que, por fin, en la mañana del más claro y hermoso día, a las diez de la mañana en punto, nació el hijo de Flox.
"Felicidades Flox, este debe ser, el niño con más suerte del Mundo."
"Por haber nacido con vida."
"No querida, por tenerte de madre."
Desde ese día el hijo de Flox fue una leyenda en el pueblo, era conocido como el niño más afortunado de todo Verdellano.
Un niño con suerte.
—Y no hay mejor planta que represente la suerte como… —sonreí, ya sabía su nombre. Solo era cosa de ser tan creativas como la buena Flox—. Trébol.
Los niños estallaron en aplausos, estaban muy emocionadas, de que yo, hubiera adivinado con éxito el nombre de todos. Ahora, luego de pasar por esa angustiosa prueba y sobrevivir, tocaba reclamar mi premio.
—Bien, ahora, quien empieza con los secretos.
Sonreí pícaramente, era mi oportunidad de vengarme de mis malvados extorsionadores. Además, una importantísima forma, de conocer algo más del pueblo, desde el punto de vista, de los niños que lo heredarían.
—Yo.
Levantó la mano la capitana del grupo, la pequeña princesita, Pimpinela.
—Bien, la líder siempre debe empezar todo y acabarlo.
—¿Soy la líder?
Todos los niños asintieron ante la pregunta de la pequeña.
—¡Soy la líder! ¡Wiii!
La pequeña emocionada, comenzó a brincar en un pie. Era muy tierna.
—Entonces como líder, empiezo. A los tres años, describí que tenía poderes mágicos, cuando por accidente convertí a mi hermano en sapo.
—Si y luego me besaste.
Todos los niños reaccionaron asqueados ante este comentario.
—Tenía que convertirte en príncipe.
—Pimpinela, cariño. No puedes reconvertir a alguien de esa forma.
—Si, eso mismo me dijo mi mamá.
En verdad era un amor de niña, parecía una muñequita viviente. Toda tierna y abrazadle. En verdad era digna hija de Nepeta y Acantos. Linda como la madre e inteligente como el padre.
—Luego me regaño por haber mezclado a mi hermano, con otros sapos
Bueno, tal vez solo linda.
—Pasamos toda la tarde buscando a Tulipán, luego de encontrarlo, mamá lo convirtió de nuevo… y me regaño otra vez.
—Ega tu culpa, ggacias a ti me salió una vegguga.
—Te veías mejor así.
—Buglate.
—Descuida, lo "hagé".
Antes de que los "hegmanitos" empezaran a pelear, mejor pasé a otra persona.
—Qué tal tú, pequeña Azalea, de seguro entre tu hermana y tú, han hecho muchas travesuras. De seguro tienen algún secreto juntas.
Las dos hermanas se miraron y luego me miraron, ambas asintieron.
—Dañamos un día la radio de papá. Luego la escondimos —hablaron las dos hermanitas al unísono—. Pero no le digan a nadie.
—Me parece más una travesura, pero bueno, quien sigue.
El hijo de Cecilia y Francis levantó la mano para hablar.
—Bastante educado, sigue tú, Clavelito.
—No me digas Clavelito.
El pequeño se puso muy rojo, luego se volteó. Al parecer, no le gustaba que lo trataran como a un niño pequeño. Era mi error por no saber y ahora pagaría por ello. El pequeño ya no quiso hablar, por lo que tuve que seguir con otro.
—Y tu Alex, debes tener muchos secretos.
—Muchísimos.
—Nos contarías uno.
—Bueno.
Pasaron algunos segundos y nada.
—Alex, debes contarlo.
—Me comí las galletas que preparo mamá. Pero mamá me las dios.
Todos los niños guardaron silencio.
—Bien, quien sigue.
Pensaba en omitir a las hijas de Shirley, realmente no estaba de humor para tratar de adivinar lo que decían. Pero los niños, no tenían la misma idea.
—Ahora les toca a Molly y a Milly.
—Seguras.
Yo estaba lista para escuchar un montón de palabras sin sentido, en algún idioma que no entendería jamás. Pero me equivocaba. Contrarió a lo que había pasado antes, esta vez, sin su madre, las gemelas rubias hablaron con normalidad.
—El secreto más grande que tenemos, es que solemos cambiar de lugares.
—A veces soy Milly o Molly, logramos engañar a todos.
—El secreto es recordar hablar como piensan que habla cada una.
—Es sencillo, solo es cuestión de cambiar las "RR" por "D" y la "Y" por "L".
Recordé entonces las palabras de Shirley.
"Milly no puede pronunciar palabras con "Y" o que suenen igual, usa una sola "L". Mientras que Molly, no puede pronunciar la doble "R". Toda palabra con esa letra, la pronunciará como si tuviera una "D"."
—En verdad son unas niñas traviesas.
Las gemelas me miraron con una carita muy dulce.
—Vamos, no me tragaré eso. Por cierto, porque ya no hablan raro.
—Es que no esta mamá.
Respondió tranquilamente Molly o creo que era Milly.
—Vivir con ella, nos llega a afectar mucho. Cuando pasamos mucho tiempo junto a ella, empezamos a hablar así.
—Es raro, pero una se acostumbra.
—Cuando nos alejamos de mamá, luego de unas pocas horas. Podemos hablar normalmente.
—Es el costo de vivir junto al Poder Absoluto —las gemelas asintieron ante mis palabras—. Todo se arreglaría, si pasaran menos tiempo con Shirley. Pero viendo como hablan de ella, jamás se alejarían de su lado.
—Nunca —respondieron ambas al unísono.
—Sabemos que no es nuestra mamá verdadera, pero la amamos como si lo fuera.
—Para nosotras, es nuestra segunda mamá.
—Además, vivir con mamá es muy divertido.
—Bastante divertido.
—Bien, creo que nada más superara esto.
Miré fijamente al hijo de Flox, no pensaba que tuviera algún secreto mejor que el de las gemelas. Tal vez, su mayor secreto es que podía usar magia, pero eso yo ya lo sabia. Aunque, la identidad de su padre, aun era un verdadero misterio para mí.
Quizás, el secreto realmente, era el nombre de su padre.
—Yo teno un secreto.
Miré esperanzadoramente al hijo de Flox, hasta ahora, las pocas veces que había hablado, había notado que solía hablar mal. No era que arrastrara las palabras o tartamudeara, tan solo, una palabra siempre, la decía con algún error, aunque no sucedía siempre que hablaba.
—Dime tu secreto, joven Trébol.
—Yo conocí a una nina.
—Una niña que se llamaba Nina o era una niña.
—Era una niña, por amol de Dios.
—Bueno, no te alteres, niñito.
—¡Pimienta! No es forma de tratar a tus mayores.
—¿Pimienta?
—Perdón, Pimpinela. Es que tus pecas y tu humor picante, me confundieron.
—Pimienta. ¡Que salegoso! Entiendes hegmanita, pimienta, salegoso.
—Si, te entiendo, ahora cállate Tulipán. Sigue tú Trébol.
—Cuando ayudaba a mamá en el taller de costura, conocí a una niña que no había visto antes en el Pueblo. Y parecía, que aparte de mí, nadie más la veía.
Me comenzó a interesar esa historia, no por el hecho de en una ocasión anterior, haber conocido fantasmas. Gracias a cierta aventura en cierto cementerio prohibido, todo cortesía de cierta brujita de la oscuridad, conocida como Pervinca. Conocía de criaturas mágicas, que muy tímidas, no se presentaban con frecuencia a los humanos, pero en casos especiales, una joven cría se separaba del grupo y se perdía.
Como le paso a Rocío.
—Me acerqué a ella y pude observar, que denía dos hadas guardianas. Una de las hadas la llamó por su nombre, Iris. Luego ella al dadse cuenta de que la podía ver, me hizo una seña para que guardara silencio. Luego me contó, que el pueblo estaría en peligro y las la única esperanza, serian Cath y Rosy.
