Capítulo 21: Historia del Bosque de la Tinta

Sólo diré que no podía vivir un día más sin contarla.


Hacía frío. La brisa revolvía los pelos que cubrían todo su cuerpo. Intentó levantarse pero sus extremidades fallaron. Tuvo que intentarlo varias veces, hasta que logró mantenerse a cuatro patas, temblando completamente. Veía todo diferente, con unos ojos que no estaba acostumbrado: sabía que era de noche, pero podía percibir cada detalle en la oscuridad.

En lo alto, un círculo luminoso brillaba con fuerza. Se quedó mirándolo hipnotizado, con el hocico abierto y la lengua medio salida. ¿Qué era eso? No podía dejar de observarlo. Era un espectáculo precioso; ver cómo los rayos que despedía teñían de color la hierba y las ramas más altas de los árboles. Sentía que recuperaba fuerzas, y que entre más tiempo se quedara contemplando el astro, siendo bañado por su luz, más energía tendría. No era un presentimiento. Tenía plena certeza de ello, y muy pronto el frío o la fragilidad de su cuerpo no fueron más un problema.

Sus orejas se tensaron al escuchar una rama rota, quizás a gran distancia, caída de uno de los árboles que rodeaban el gran claro en el que se encontraba. Era un claro inmenso. Pero no se sintió abrumado por su extensión, porque ahora sentía una fuerza tal que no le cabía duda de que podría abarcar una distancia así corriendo en muy poco tiempo y sin cansarse apenas.

Había algo que lo inquietaba. Algo estaba mal. Sabía que acababa de nacer... o por lo menos era el concepto más cercano al que su mente podía acercarse. Se sentía viejo, pero acababa de nacer. No fue capaz de explicarse ese sentimiento, así que lo aceptó sin hacerse preguntas. Pero ver su nariz, tan lejos de sus ojos, lo desconcertaba. Casi creía que no era suya, que era algo que se había pegado por error a su cara. Y más confundido se sintió al intentar moverla y ver que podía hacerlo.

Se apoyó sólo en dos patas e irguió la columna. Por poco estuvo a punto de caer, pero sus extremidades inferiores ya no temblaban y pronto aprendió a mantener el equilibrio. Miró hacia abajo. Sus piernas estaban cubiertas por algo que estaba muy destrozado. Arrancó la tela de su pecho, que le incomodaba demasiado, y la dejó por allí tirada. Entonces miró el extremo de sus patas delanteras. Eran grandes y fuertes garras, cubiertas de pelo y con uñas afiladas. Sintió orgullo por ellas. Era como tener algo que siempre había querido, por fin.

Siguió explorando su cuerpo durante un rato. No se hizo muchas preguntas, ni tampoco se sintió decepcionado. Aceptó todo como parte de sí, como si simplemente esperara tenerlo, y a aquello que pudiera sorprenderlo no le prestó atención. Era más fácil así.

Pero un instante después, su cabeza empezó a temblar. En ese momento escuchó un grito lejano; un grito furioso, desesperado. No sabía de qué dirección provenía. En realidad, sus nuevas orejas alegres no se dieron cuenta del sonido, pero él lo oía.

No sabía qué ocurría, pero ese grito despertó en él un instinto salvaje, un odio, una repulsión hacia quien lo producía. Supo que la única forma de sentirse satisfecho era acabando para siempre con el ser que gritaba. No podía seguir viviendo mientras supiera que no había hecho nada por detener el grito. Hizo una mueca de asco, la mejor que pudo, mientras daba vueltas a su alrededor en busca de la fuente del sonido. Pero sus oídos seguían sin ser capaces de definirlo.

Cuando pudo comprenderlo, fue demasiado tarde.

Un temblor brusco sacudió su cuerpo, y de repente se sintió vacío. Una parte de él, una muy importante, ya no estaba con él. Pero a la vez sintió una gran calidez en su cuerpo, y un sentimiento de alivio profundo lo embargó, como si llevara esperando mucho tiempo ese momento.

No escuchó, no vio, no sintió: supo en ese instante que no estaba solo. Y volvió a sentir repulsión y rabia hacia su acompañante. Se dio la vuelta y se encaró hacia una silueta oscura sin la mayor sorpresa. Era una figura alta cubierta toda de negro, con ojos rojos brillantes y penetrantes, y la piel pálida, tensada en una mueca de rabia y mostrando unos largos colmillos.

—¡No lo soportaba! —vociferó con una voz fría, que sí le produjo cierta sorpresa a la bestia, porque le era familiar—. No puedo permanecer un segundo más cerca de ti.

Era ese ser lo que había estado gritando, lo sabía, lo sentía en el odio que impregnaba cada una de las palabras que decían. La fobia, sin que él se detuviera a preguntarse su explicación, era correspondida. Era su enemigo mortal.

—Y ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida —recitó el vampiro con una sonrisa burlona, esperando la reacción contraria.

El licántropo lo miró con rabia. Se sentía furioso, por la humillación que acababa de pasar frente a esa basura, que lo había contemplado complacido mientras exploraba su cuerpo en sus primeras horas de vida.

—Es muy característico de ti citar frases célebres, Vax —gruñó Mankar, mostrando también los colmillos.

El vampiro se echó hacia atrás al reír, y juntó las palmas de las manos, y logró provocar la furia de Mankar. No pasarían muchos segundos antes de que él desatara su ira.

—Vaya, Mankaú, sí que has cambiado —se burló su conciencia. Mankar se sintió sucio de sólo pensar que hasta hacía un instante pudiera haber compartido su cuerpo con un ser tan repugnante.

Un gruñido suave, amenazador y prolongado se escapó entre los colmillos del licántropo.

—¿Quieres un hueso? —rió Vax—. O querrás... esto —Sacó de su bolsillo una mano blanca. Una garra amputada de vampiro.

—Eso era mío.

—Era —gritó Vax, emulando una escena cuyo recuerdo ahora resultaba muy vago para Mankar—. Pero me pertenece a mí. A los míos. A Bloody Swamp. No a los chandosos perros de...

Con un rugido, Mankar se lanzó encima del vampiro. Pero Vax no se dejó atrapar tan fácilmente. Esquivó a Mankar sin mucho esfuerzo y, a un par de metros de distancia, lo miró con una sonrisa triunfal. Vax sacó la varita del bolsillo y apuntó al licántropo extendiendo todo el brazo.

Y Mankar supo que estaba perdido.

Pero entonces escuchó un aullido agudo y sonoro, proveniente del interior del bosque. Otros aullidos acompañaron el primero, y cada vez se escuchaban más y más cerca.

Vax no mostró miedo ni derrota. Hizo una expresión de lástima y encogió un hombro. Dio media vuelta y caminó a paso largo, justo en el momento en que dos bestias penetraban en el claro. Mankar intentó seguir a Vax, pero era igual de rápido a él. Se escapaba con su trofeo...

Tropezó y cayó en el suelo, resbalando y ensuciando su pelaje. Fue cuando supo que había perdido, sin necesidad de ver que el vampiro ya no estaba a la vista. Y aulló de rabia.

• • •

Vax caminó por el bosque sin mirar atrás. Sabía que los licántropos no se atreverían a entrar en territorio enemigo. Y después de todo, no le había hecho nada a ese Mankar. Aunque ganas no le faltaron.

Rió con malicia mientras caminaba evitando las raíces y ramas de los árboles. Cuando estuvo lo suficientemente lejos del Claro Negro, estudió un momento la llave del Bosque de la Tinta. Era inquietante tener la mano de una criatura entre los brazos, sostenida por el fragmento de un antebrazo roto. Parecía más bien una pieza de artesanía, pero no dejaba de ser perturbador.

Era la primera vez que tenía oportunidad de verla con detenimiento. Los dedos, petrificados, eran largos, delgados y de uñas largas. Eran totalmente blancos y estaban ligeramente curvados. ¿De verdad era de un vampiro? ¿O sólo era la «llave» que tenía esta apariencia?

Si se fijaba bien, parecía como si emitiera cierta débil luz rojiza...

Y de repente, su mente fue invadida por una abrumadora imagen; una imagen de todo el bosque, de cada ser vivo que lo habitaba desde el Claro Negro en dirección a él. Podía verlo todo: pájaros que dormían plácidamente en sus nidos, ratones que se escondían en madrigueras profundas, luciérnagas que volaban de aquí para allá, zorros, conejos e incluso lobos. Y más allá, bajando un tramo inclinado (en el cual los árboles parecían desnudos al estar sus ramas totalmente desprovistas de hojas), había un pueblo: casas blancas de un solo piso y con luces en su interior, y mucha actividad, como era habitual en una noche en Bloody Swamp.

La imagen de todo el bosque desapareció unos segundos más tarde. ¿Cómo obtuvo ese conocimiento del territorio de los vampiros? Vax miró a su alrededor. Nuevamente sentía que no se encontraba solo. Creyó que podía haber alguien allí que lo hubiera hecho tener alucinaciones (según los licántropos, era un poder que tenían los vampiros, aunque pudo ser simplemente magia provocada por una varita), de forma que pudiera guiarlo al pueblo de los vampiros, aunque ese alguien por algún extraño motivo no se mostró.

De repente, Vax se dio cuenta de que ya no tenía la garra en sus manos. Pero de inmediato notó que su mano había sido reemplazada por la garra falsa. Es decir, ahora la mano amputada hacía parte de su cuerpo. Y supo que ése era el motivo por el que conoció a la perfección los terrenos del bosque. No se detuvo en preguntarse el motivo: asumió de inmediato que era la magia del objeto.

Así que, guiado por la llave del bosque, anduvo con calma y sin agitarse camino a Bloody Swamp. Allí estaban los suyos. Ahora que conocía lo que era convivir con un licántropo no tendría el menor reparo en revelarles todo lo que sabía sobre ellos a los vampiros.

Se sentía libre por primera vez. Tenía un cuerpo propio. No tenía que compartirlo con un chiquillo que nunca sabía qué hacer. Se sintió sucio al pensar que compartía el cuerpo antes con un hombre lobo, pero sacudió la cabeza para quitarse esa idea de encima. Era libre por fin.

Varias horas después logró entrever las luces del pueblo. No perdió la dirección en ningún momento, todavía tenía la sensación de que conocía el bosque como la palma de su mano y que sabría exactamente lo que le esperaba si tomaba determinado camino.

Por un instante, tuvo miedo de cómo lo recibirían, pero se convenció de que no había nada que temer: él era como los demás.

Sin embargo, no tuvo que decidir nada. No había decidido salir del bosque cuando, menos de un metro, aparecieron tres figuras delante de él. Eran oscuras y llevaban capas. Se sobresaltó e intentó dar media vuelta, mientras se daba cuenta que eran vampiros y no debía temer. Pero detrás suyo también había cuatro figuras más. Lo miraban con ira y asco.

—Así que regresaste, Vax Callahan —dijo la gruesa y amenazadora voz de Josevigm Velvet a sus espaldas.

Vax dio la vuelta y lo miró con una sonrisa tímida.

—¡Hola, Joseliño! ¡Cuánto tiempo ha pasado! —Vax intentó sonar natural, aunque tenía el leve presentimiento de que se encontraba en apuros. Guardó disimuladamente la mano, la nueva, en la manga de su túnica.

—¿Dónde has estado todos estos días? —preguntó Jose impasible.

—Pues... estuve... me secuestraron los... —Era la excusa que había decidido contar.

—¿Te secuestraron? —preguntó Eri incrédula—. ¿Y vuelves a Bloody Swamp como si nada?

—¿Dónde está la garra? —inquirió Jose antes de que Vax pudiera abrir la boca.

—Yo no la tengo —afirmó Vax.

—No somos estúpidos —dijo THH—. Hueles como un licántropo. Se siente a leguas. Apestas peor que la...

—¿Te han torturado? ¿Cómo escapaste? —interrumpió Caro a espaldas de Vax.

—Yo... yo...

—Más bien nos parece —dijo Jose lentamente y con una amenazadora sonrisa— que estás de su lado. Natis asegura que te vio tomar la garra. Se la entregaste a ellos y te fuiste a vivir a Greeman Place, ¿no?

—¡Sabes lo valiosa que es esa garra para nosotros! —vociferó Eri.

—Te han echado por no ser como ellos, ¿cierto?

—¡Ustedes no entienden! ¡Yo nunca había visto esa garra, nadie me explicó nada, pero la hubiera defendido con mi vida! —mintió Vax. Creyó que era mejor decir eso y no admitir que su mano se había fusionado con la llave.

—No lo repetiré —dijo una voz femenina con una suavidad que no hacía que dejara de ser la más aterradora de todas. Jose se hizo a un lado para dar paso a Natis, cuyos ojos rojos taladraron a Vax—. Entrega la llave.

Vax simplemente negó con la cabeza con lentitud.

—Átenlo —ordenó la reina vampira—. Y llévenlo a la Mansión Dumbledore, a la habitación que antes ocupaba Gastón. Esperemos a que se digne a hablar. Aunque dudo mucho de que nos fiemos de él.

Natis no había terminado de hablar cuando unas manos poderosas agarraron sus brazos y los doblaron de forma que no pudiera moverlos. Sin embargo, él no opuso resistencia.

A nadie le importó el daño que le hacían al tratarlo con tal brusquedad. Vax no se sintió capaz de gemir de dolor. Simplemente se dejó llevar por el grupo que entró en Bloody Swamp sigilosamente, liderado por la mujer que había enviado a prisión al padre del traidor de Mankar.

• • •

—¿Te ha hecho daño ese vampiro? —preguntó la voz transformada de Diego en su versión lobuna.

Mankar tardó un instante en reconocerlo pero no respondió. Gruñó para sus adentros. Se acababa de ir ese traidor de Vax con la llave, la única forma de regresar a su mundo. Pero en el fondo no quería volver a ese castillo: sólo se encontraba con problemas y decepciones. Aunque tampoco tenía ganas de quedarse donde se encontraba.

—¿Te encuentras bien? —insistió el otro licántropo, que no podía ser otro que Ernie.

Luego de un instante en el que Mankar se limitó a mirarlos fijamente, por fin respondió:

—Sí.

—Oye, ¿y quién eres? —preguntó Diego. Al parecer Ernie también quería saberlo.

De momento, Mankar no sabía qué responder. Sólo sabía que debía hacer lo contrario a lo que le diría el fastidioso ser que ocupaba su cabeza hasta entonces.

—Soy... soy yo. Soy Mankar.

—¿De verdad? —saltó Ernie emocionado—. ¡O sea que Renzo sí te mordió! Pero, ¿dónde estuviste todo este tiempo?

—¿Mankar? ¿El humano que nos enseñó magia?

—Buena, Diego —dijo Mankar impaciente—. Viajé de regreso a mi mundo —respondió a Ernie. Éste fingió ahogar un grito.

—¡Increíble! Vamos al pueblo y nos lo cuentas todo en el camino, Manko.

Mankar fulminó a Ernie con la mirada, pero éste no se dio cuenta. Si algo odiaba era que lo llamaran así, aunque no había escuchado que nadie más lo hiciera a parte de Ron Lesson.

Los tres se encaminaron; Mankar sin mucho ánimo. Pronto se internaron en el bosque.

—Cuéntanos lo de la pelea otra vez —pidió Ernie—. Yo no le creo mucho a Renzo.

—¡Pero si Renzo casi no sobrevive! —exclamó Diego.

—De todas formas me parece un poco exagerado.

Mankar los escuchó hablar sin decir nada, sumergido en sus pensamientos. No estaba seguro de querer llegar a Greeman Place. Al captar un fragmento de la conversación, preguntó:

—¿Ustedes pueden decirme qué pasó la noche que desaparecí?

—Según Renzo —respondió Diego—, ellos fueron porque Vila, Cami y Kalli les dijeron que tú estabas allá, y que correrías un peligro terrible.

—¿Y ellas cómo sabían?

—Bueno, porque...

—¿Qué no saben ellas? —dijo Ernie.

—Renzo no perdió el tiempo y fue a salvarte a Bloody Swamp. Pero el plan les salió mal, porque los vampiros detectaron su presencia.

—Como siempre —puntualizó Ernie.

—Así que empezaron la lucha, y aún después de que desapareciste llegaron más y más vampiros, hasta que... hirieron gravemente a Renzo. Le arrancaron un dedo de un mordisco.

—¿De verdad? —se preocupó Mankar, tropezando con una raíz.

—Sí, pero no el dedo que crees —intervino Ernie con una risita, aunque a Mankar no le pareció gracioso.

—¿Una mordida de vampiro no nos mata?

—Sí —dijo Diego—. Pero Markab y Pantoja se retiraron de inmediato y llevaron a Renzo al pueblo, y alcanzaron a curarlo.

Mankar sintió una punzada de culpabilidad, a pesar incluso de la rabia que hasta ese día había sentido contra Renzo.

Siguieron avanzando, mientras Mankar les contaba cómo había regresado a su mundo. Se sorprendieron mucho de la suerte que había tenido de haber obtenido la llave, y se mostraron más que alegres cuando dijo que era su primera noche de transformación.

El río quedó atrás rápidamente, y estaban tan cansados de caminar que pronto dejaron de hablar. Varias horas más tarde vislumbraron la luz de Greeman Place. Caminaron por el campo que rodeaba el pueblo (ahora a cuatro patas) y no tardaron en llegar.

A la entrada del pueblo había un grupo de hombres lobo erguidos en dos patas, Mankar los observó atentamente, sin mostrar ninguna emoción, mientras se acercaba a ellos.

El más grande y fornido dio un paso adelante.

—Tenían razón —dijo mirando a Mankar—. Hueles a vampiro.

—Sí —intervino Ernie—, estaba peleando con uno de ellos en el claro.

—Lo sabemos —respondió el licántropo fornido—. Me alegra que hayas regresado. Lamento mucho que ahora seas así... Bueno, es que...

—Gracias, Renzo —dijo Mankar, cuando fue evidente que el otro no diría nada más.

Todos intercambiaron miradas contrariadas. Mankar bajó la cabeza y simuló contemplar el pelaje rojizo de su pecho, a la luz de la casa más cercana. La verdad es que estaba muy nervioso, pero procuró parecer lo más serio posible.

—Yo lo acompañaré a la mansión —anunció Renzo—. Vamos —añadió dirigiéndose a Mankar.

Nadie dijo nada. Ni siquiera Ernie y Diego se atrevieron a mover un músculo. Renzo dio media vuelta y empezó a caminar en dirección a la Mansión Courtcastle, y Mankar no tuvo otra opción más que seguirlo. Después de todo, Renzo era algo así como el macho alfa en ese lugar.

—Volviste a tu mundo, ¿verdad? —dijo Renzo.

Mankar asintió con un gruñido mientras caminaba a cuatro patas detrás de él.

—No era mi intención... yo no sabía que estabas allí... Ataqué al vampiro pero...

—Ya qué —dijo Mankar secamente.

No volvieron a conversar hasta que llegaron a la mansión.

—No quiero entrar. No quiero quedarme aquí.

—¿Y entonces qué harás? —preguntó Renzo, sin saber qué decir.

—¿Gata no me puede hospedar esta noche? —preguntó Mankar monótonamente.

—Tal vez... pero oye...

—¿Qué? —La voz de Mankar sonó como un ladrido y él mismo se impresionó.

—¿No me perdonarás?

Mankar simplemente se limitó a mirarlo con sus ojos. Se preguntó cómo lo vería Renzo, y se preguntó si tenía ojos rojos siendo un hombre lobo. Endureció su expresión.

—Todos aquí se han burlado de mí. Me lo han ocultado todo.

—Eran nuestras reglas.

—¿Y es que tú crees que yo soy tonto? —preguntó el chico levantando un poco la voz—. Descubrí que ustedes eran esto desde hace muchísimo. Desde antes de conocerte.

—¿Fue Javi? ¿Lo viste transformado?

—No.

Mankar se detuvo al pensar en el hermano menor de Renzo convertido en hombre lobo. Era algo muy difícil de creer; le cortó la respiración.

—Nunca me contaste ustedes y los vampiros asesinaron a los hombres que trajeron la magia al bosque. Eran los directores de mi colegio, ¿sabías? Eran profesores que hacían investigaciones. Quizás el azar los llevó a encontrar las llaves del Bosque de la Tinta, y resultaron viajando a este lugar. Después de morir, ustedes se quedaron con una de las llaves. Me lo ocultaste y me obligaste a permanecer en el bosque.

La voz de Mankar estaba impregnada de odio. Renzo ya había comenzado a negar con la cabeza antes de que éste terminara.

—Ven. Te lo contaré todo.

Renzo empezó a andar junto a la verja del jardín de su casa. Mankar lo siguió lentamente. Se acercaron al bosque que iniciaba en un extremo y lo penetraron. Mankar estaba muy enojado, aunque deseaba quedarse con Renzo y escuchar lo que le tenía que decir.

Caminaron al menos un cuarto de hora, y llegaron a una colina bañada por la luz de la luna. Renzo se sentó mirando al cielo y Mankar ocupó su lugar al frente de él.

—Ahora eres uno de nosotros. Ahora tienes derecho a saber nuestros secretos.

Mankar lo miró y decidió no decir «Si nunca creyeron que pudiera irme del bosque, no tenían motivo para ocultarme nada».

Renzo, al no recibir respuesta, prosiguió.

—No te dije que era licántropo... porque tenía miedo.

—¿De qué?

—De que me tuvieras miedo. —Renzo desvió la mirada, pero Mankar no contestó—. Te lo habría dicho. Mi madre no quería que te contara ningún otro secreto, porque sabía que en algún momento podías irte de Greeman Place, y eso nos habría puesto en peligro de los vampiros.

Mankar no se sintió ofendido al pensar que no confiaban en él, porque sabía la poca simpatía que le tenía la reina licántropa.

—Es muy difícil controlarnos, ¿sabes? Cuando nos transformamos. Es decir, cada noche —dijo Renzo. Mankar había olvidado por un momento el detalle de que en el Bosque de la Tinta había luna llena todas las noches—. Si no te hubiéramos encerrado, te habríamos atacado.

«La única criatura que se dedica a cazar seres humanos», pensó Mankar sencillamente. Entonces se acordó de que Natis, acostumbrada al trato con humanos, era la única que podía acercarse a Gastón. Y también recordó a Vax y el inexplicable deseo que había tenido de atacarlo. Y se sintió mal.

—No hubiéramos querido matar a los forasteros que vinieron antes que tú. Si hubieran llegado de día, los habríamos acogido en este lugar igual que a ti. —Renzo hablaba con tristeza y mucha sinceridad—. Pero no tuvimos opción. Y al final, los matamos para nada: no tenían nuestra llave. Nosotros no tenemos ninguna llave, Mankar, porque los forasteros no la traían. Sólo tenían la del vampiro.

—Los vampiros dijeron que ustedes tenían...

—Eso es lo que creen —interrumpió Renzo—. ¡Que ellos crean que tenemos nuestra llave es lo que nos permite dormir cada noche! Por eso nadie podía saberlo. Si se enteran de que es falso, vendrían a atacar el pueblo.

—¿Por qué? —preguntó Mankar ahora con curiosidad.

—Porque las llaves tienen un poder además de sacarte del bosque —dijo Renzo con los ojos abiertos—. Quien posea la mano del vampiro podrá tener pleno conocimiento de Bloody Swamp y de todos los territorios que lo rodeen hasta el Claro Negro. Y quien posea la garra de licántropo...

—Podrá dominar los territorios de los hombres lobo —completó Mankar por él.

—Los vampiros tienen su llave; nosotros, no —dijo Renzo—. Y es por eso que ellos saben cuándo alguien cruza el claro y llega a sus tierras.

—Por eso —dijo Mankar—, la noche que llegué al Bosque de la Tinta descubrieron mi presencia. Y la de Javier.

—Así es.

—Pero ellos no nos encontraron. Percibían nuestro olor pero no supieron dónde estábamos.

—Eso es porque ellos guardan su llave con mucho recelo —explicó Renzo—. Mejor dicho: Natis es la única que la posee y nunca la comparte. Tanto la garra del vampiro como la del licántropo pueden fusionarse con tu propia mano si la tomas, y nadie se dará cuenta de que la tienes. Así que nadie más que ella sabía dónde estaban los intrusos.

—¿Y así encontraron a Gastón?

—Tal vez.

—Pero dijeron que seguían buscando a los demás Guardianes de Nurmengard en el bosque —dijo Mankar intentando recordar—. Si tenían la llave, ya sabían que no había nadie más, ¿no?

—Tengo entendido que Natis entra y sale del bosque con muchísima frecuencia, usando esa llave.

—Ya no: nosotros nos la llevamos a nuestro mundo y no pudo volver a viajar. Los humanos creen que ella ha desaparecido. Es que... ella es reconocida en mi mundo.

—¿A quiénes te refieres con «nosotros»? —preguntó Renzo curioso.

—A... a mí y al vampiro que desapareció conmigo aquella noche. Al que atacaste.

Renzo no sabía nada de Vax.

—Entonces —preguntó Mankar rápidamente—, ¿cuando llegó Natis comprobaron que no había nadie más?

—Tal vez. Pero es muy poco lo que sabemos de los vampiros. Aún así —añadió enigmáticamente—, han intentado atacar Greeman Place, pero tenemos nuestras propias defensas y hemos hecho que crean que tenemos la garra desde hace mucho.

Mankar intentó imaginar qué motivos habrían tenido para atacar el pueblo. O quizás Renzo estaba exagerando, era algo muy normal cuando vampiros o licántropos hablaban del bando contrario, a pesar de que ambas eran comunidades muy pacíficas y compasivas.

—¿Y en qué consisten esas defensas?

—Es necesario que conozcas la historia completa. La historia de nuestro pueblo y del Bosque de la Tinta.

Mankar guardó silencio. Renzo le ofreció un puesto junto a él y Mankar se sentó. Las imágenes que le relató su amigo casi parecían hacerse realidad en la blancura esférica del satélite.

—El origen del Bosque de la Tinta se remonta a hace unos mil años —empezó Renzo—. Un poco menos, quizás. Greeman Place y Bloody Swamp no existían: sólo había una aldea en lo que hoy llamamos el Claro Negro, y era ocupada por humanos.

»Las personas vivían en armonía con la naturaleza. Quizás no sabían leer o escribir, o construir edificios, o tantas otras habilidades que hayan adquirido con el tiempo. Pero eran felices.

»Y un día... —Renzo miró a Mankar, para comprobar lo atento que estaba—. Un día recibieron una visita inesperada. Era una bestia roja inmensa que sobrevolaba el bosque y lanzaba fuego. Y tal fue el pavor de los aldeanos cuando la vieron aterrizar justo allí.

—El Dragón Rolo.

—Exacto —dijo Renzo—. La bestia no necesitó hacer nada más para sembrar el pánico entre las personas. Pero no atacó la aldea. De su lomo bajó un hombre. Era un mago. Tenía barba blanca y larga, y vestía muy diferente a todos ellos, con una capa oscura que le cubría la cabeza. Su expresión era despiadada, y muchos de nuestros libros hablan de él como un demonio, más que un humano.

»Venía acompañado de seres como él, que montaban hipogrifos. Son criaturas como las estatuas de piedra que están frente a la entrada de nuestra mansión.

»El mago hablaba un idioma desconocido, y se sintió frustrado al ver que nadie lo entendía. Él y sus secuaces empezaron a atacar con maldiciones a los aldeanos y a obligarlos a realizar su voluntad. Los tomaron como prisioneros, y los obligaron a seguir sus órdenes, amenazándolos con entregarlos al Dragón Rolo para que éste se los comiera.

Renzo hizo una pausa y bajó la mirada. Mankar entendió entonces la fobia que le tenían al dragón y a los magos.

—El mago obligó a nuestros ancestros a aprender su cultura y su idioma. Los esclavizó. Se hacía llamar «Greenman». De ahí el nombre del pueblo. Él lo fundó y también Bloody Swamp. Distribuyó a los aldeanos en ambos lugares y los obligaba a servirles. Vivía en uno de los pueblos y cada vez que se aburría viajaba al otro montado en su dragón, mientras que algunos de sus secuaces se quedaban vigilando a los aldeanos.

»Un día en que Greenman dejó este pueblo y viajó a Bloody Swamp, uno de los aldeanos de aquí robó una varita y mató a su dueño. Logró que algunos de los demás habitantes de Greeman Place se le unieran y acabaron con los magos. Después de eso, huyeron, pero sabían que Greenman podría encontrarlos fácilmente en el bosque, así que viajaron en dirección de Bloody Swamp con la esperanza de, al unir sus fuerzas con las del otro pueblo, hacer frente al perverso mago y su dragón.

»Pero estas escenas también se repitieron del otro lado del bosque una noche de luna llena: justo cuando Greenman dejó Bloody Swamp, los habitantes de este pueblo lograron robar varitas y asesinar a los magos, y, guiados también por un aldeano que tuvo la iniciativa de revelarse, esa misma noche decidieron viajar a Greeman Place.

»El mago llegó a nuestro pueblo y tardó unos instantes en darse cuenta que estaba deshabitado. Buscó a sus esclavos y a los demás magos mediante hechizos hasta descubrir los cadáveres de los suyos y entender que los aldeanos habían escapado. Montó de nuevo al Dragón Rolo y salió en busca de ellos.

»Pero los habitantes de Greeman Place y de Bloody Swamp ya se habían reunido, justamente en el Claro Negro. Los primeros estaban acampando allí cuando el otro pueblo los encontró. Tenían docenas de varitas pero no sabían usarlas. Intentaron idear un plan para separar a Greenman de su dragón y vencerlo. Agitaron las varitas una y otra vez pero no pudieron hacerlas funcionar. Y en eso estaban cuando una llamarada de fuego iluminó la noche.

Renzo se detuvo de nuevo, complacido ante la expresión de Mankar. Sonrió y se relamió los colmillos.

—¿Qué pasó?

—Greenman intentó obligar a su dragón a que los matara. Pero el dragón era una criatura noble y se negó. El Dragón Rolo lo atacó y estuvo a punto de comerse su varita. Los aldeanos creyeron que, después de todo, no tendrían que enfrentarse a él, pero en ese momento la bestia salió volando y se perdió tras las montañas.

»Armados de lanzas y piedras, los aldeanos se abalanzaron en contra de Greenman. Pero él era muy hábil. Se escurría como una serpiente y en un parpadeo podía trasladarse de un lugar a otro. Su ambición de poder no le permitió irse: atacaba a todos los aldeanos sin que se dieran cuenta apenas.

»Pero cuando se cansó, lanzó una espantosa maldición. Tomó a un murciélago que dormitaba en una rama y a un lobo que no había podido escapar porque estaba atrapado bajo una raíz. Los hizo volar y lanzó un rayo con su varita. Un rayo poderoso, que bañó de luz roja a todo el claro.

»Cada uno de los humanos sufrió entonces una espantosa transformación. Los habitantes de Bloody Swamp fueron convertidos en un ser horripilante, negros, de alas largas y colmillos. Y nosotros nos transformamos en hombres lobo. Unos a otros, por el hechizo de Greenman, empezaron a luchar salvajemente.

»El mago se divertía mucho con aquel espectáculo. Según la leyenda, él disfrutaba mucho con el sufrimiento de las personas que no tenían magia.

Mankar escuchaba, preguntándose si podría realmente tratarse de una leyenda o si realmente había ocurrido.

»Y al ver a tantos heridos —continuó—, Greenman se desapareció con un toque de su varita. No tenía sentido dominar un pueblo lleno de gente que no podía servirle. Un pueblo lleno de monstruos. Y nunca regresó.

El tono de Renzo era concluyente y Mankar se sintió sumamente decepcionado con ese final.

—Pero ¿y qué pasó? —preguntó con ansias.

—Amaneció.

»Los licántropos se convirtieron en humanos normales, mientras que los vampiros sólo adoptaron la forma de un ser humano, y nunca más se convirtieron en aquel monstruo. Pero perdieron todas sus fuerzas con la luz del sol.

»Vampiros y hombres lobo siguieron odiándose con terquedad. No lo pudieron evitar: era el hechizo del fundador de los pueblos. Pero al ver que todos volvían a la normalidad (a lo más cercano a «normal» que podían ser ahora) y que la batalla había cobrado la vida de muchos aldeanos, hicieron un pacto: los hombres lobo habitarían el este del claro y los vampiros el oeste.

»Los líderes de cada pueblo tomaron respectivamente una garra de licántropo y una de vampiro de los aldeanos que habían muerto, y también tomaron todas las varitas que habían logrado robar. Sacrificaron toda la magia que ahora poseían en su interior, la que les había dado Greenman al transformarlos en hombres-bestia, la magia de todos los habitantes del pueblo y hechizaron el bosque para que nadie pudiera entrar otra vez ni salir de él. Las varitas se perdieron, pero cada pueblo conservó su respectiva garra, imbuida de toda aquella magia con la que se hizo el pacto.

»Pero la magia se dispersó y, además de provocar que hubiera luna llena todas las noches desde entonces, dio habilidades extra a cada pueblo. Habilidades que, como habrás notado —dijo a Mankar con lástima—, estuvieron mal distribuidas.

—Los vampiros pueden volverse invisibles —adivinó Mankar, intentando continuar la historia—, tienen una gran fuerza, pueden aparecerse, manipulan la mente, son inmortales...

—No exactamente —dijo Renzo—. Sí pueden hacerte creer mentiras y tienen una gran fuerza, pero no son inmortales. Y tampoco pueden volverse invisibles en verdad. Ellos pueden... dividirse, por decirlo así. En su mente crean a otro vampiro, pero ambos comparten un mismo cuerpo. Después de un tiempo, este otro vampiro puede entrar y salir de la mente del vampiro original a su antojo. Es lo que nos hacía creer que podían volverse invisibles: entraban a la mente del original. Y cuando no comparten el cuerpo, pueden comunicarse telepáticamente. Nunca se separan.

—¿Me estás hablando en serio? —rugió Mankar con los ojos muy abiertos.

—¡Sí! Y un ejemplo de ello es la misma Natis. Ella creó a esa tal Jenn, y por eso en ocasiones donde está una, aparece la otra. Siempre tendrán esa ventaja. Natis llama a Jenn su «conciencia».

Mankar se echó para atrás horrorizado. Sabía perfectamente lo que significaba.

Esa habilidad de los vampiros era exactamente lo que Mankar había hecho al crear a Vax. Aunque fuera involuntariamente.

«No puede ser, yo no soy... Yo no tengo...»

Se quedó sin respiración. Recordó que su familia solía decir que ahora parecía muy pálido.

«Y mis ojos son... rojos...»

—¿Estás bien? —preguntó Renzo.

Mankar no respondió. Estaba fuera de sí y respiraba con mucha dificultad. Lanzó un sonoro rugido al aire.

—No es tan grave —dijo Renzo intentando tranquilizarlo.

—Tú no... —articuló Mankar, pero no pudo decir nada más.

Siempre había buscado una explicación, pero aquélla le inquietó tanto que se sintió al borde de la desesperación. ¿Cómo podía ser posible? No, no lo podía creer. No. Él era un hombre lobo. Había sido mordido por Renzo. Y un vampiro no sobrevive a una mordida de un hombre lobo. Pero entonces, ¿qué era Vax? La semejanza entre ambas habilidades era abrumadora. ¿Cuál era la explicación entonces?

Cuando consiguió serenarse, pidió a Renzo que continuara. Éste no hizo preguntas.

—Y los licántropos adquirieron habilidades también. La fuerza, la velocidad, la agilidad... —miró a Mankar como dudando que éste se encontrara bien todavía—. Y una habilidad más. Es la que nos da la ventaja contra ellos siempre. Es el motivo por el que nunca nos pueden tomar por sorpresa, incluso aunque ellos tengan la llave y nosotros no.

—¿Y cuál es? —preguntó Mankar.

—Obtuvimos el don para verlo todo: lo que ha ocurrido, lo que ocurre y lo que ocurrirá. Pero esa habilidad no la tenemos todos. Actualmente sólo hay tres habitantes de Greeman Place que pueden hacerlo.

Y todo tuvo sentido antes de que Renzo lo explicara.

—Cami puede ver el pasado, Kalli ve el presente y Vila puede ver el futuro —dedujo Mankar.

—Exactamente.

—Así que, si los vampiros planean un ataque, Vila lo sabrá, y por eso se enteró de que habían apresado a Gastón. ¡Fue todo un malentendido!

—Debemos tomarnos en serio sus visiones —dijo Renzo con seriedad—. Nada de lo que vean es falso. Aunque no siempre saben qué les conviene ver.

Mankar asintió con la cabeza.

—¿Y cómo se perdieron las llaves del bosque?

—Después del pacto entre nuestros ancestros —relató Renzo—, fue difícil controlar el odio que licántropos sentían por los vampiros y viceversa. En cuanto salió la luna a la noche siguiente, se reanudó la guerra en el Claro Negro, y gente de ambos pueblos participaron en ella. Es la maldición de Greenman.

»Pero esta vez la batalla no duró toda la noche. Un espantoso rugido los hizo detenerse. El Dragón Rolo apareció y lanzó llamaradas por todo el cielo. Planeó por encima de los vampiros y licántropos y con un hábil, quizás mágico, movimiento, arrebató las garras con sus dientes y se las llevó consigo. Nadie sabe a donde fueron a parar.

»Fue una advertencia del Dragón Rolo de que no debíamos pelear entre nosotros. Desde entonces todos le temen y nadie se atreve a luchar contra el otro pueblo. Aunque, aun así, le tenemos mucho respeto: nuestras razas podrían haberse extinto si él no hubiera intervenido.

»Durante siglos ambos pueblos habían estado buscando las llaves. Habían estado en sus manos durante el tiempo suficiente para conocer su utilidad, y sabían la ventaja que supondría recuperar la suya, o mejor aún, obtener la del bando contrario.

»Hace varios meses, mi madre, Kalli y Cami se enteraron de que los vampiros habían tomado prisioneros dos humanos que habían penetrado en el bosque.

—¿Cronista y Andrés? —preguntó Mankar.

—Sí, tus profesores. Según las escenas que vieron, creyeron que ellos tenían la garra del licántropo que llevaba siglos perdida. Pero no era cierto. Los humanos sólo habían encontrado la garra del vampiro. Sin embargo, algunos de nosotros viajaron a Bloody Swamp para recuperarlas. La misión estuvo a punto de tener éxito, pero los humanos escaparon justo después de cruzar el Claro Negro de regreso.

»Retrocedieron hasta el claro y los alcanzamos. Y en ese momento llegaron los vampiros. Pero Jose y yo acordamos que ellos se quedarían con el humano que tenía la garra de vampiro (integrada a su brazo), y nosotros el que supuestamente tenía nuestra garra. Pero nos engañaron. Y nuestro instinto nos obligó a matarlo.

Mankar volteó la cabeza en dirección contraria a Renzo. Por un instante olvidó la revelación acerca de la creación espontánea de vampiros.

—Ellos sabían que los humanos no tenían nuestra llave. Por eso, cuando vieron nuestra impaciencia por recuperarla, asumieron que no la teníamos. Y es que hay otra razón por la que ambos pueblos ansían no sólo recuperar su llave, sino robar también la del bando contrario. Según dicen, cada llave guarda en su interior el poder de toda una raza y magia muy antigua. Las llaves unidas serían capaces de hacer cualquier cosa que estuviera fuera de los límites ordinarios.

—Espero haberte respondido tus preguntas. ¿Hay algo más que quieras saber?

—Sí. ¿Sabes cómo es que llegué aquí las dos veces que he viajado desde mi mundo?

Renzo negó con la cabeza.

—No tengo explicación para eso.

Mankar gruñó.

—Ahora es tu turno —dijo Renzo—. Cuéntame cómo llegaste a Bloody Swamp, cómo pudiste sobrevivir allá, por qué defendiste al otro vampiro.

Un par de historias se le ocurrieron instantáneamente a Mankar, pero optó por decir.

—No quiero mentirte. Y no puedo decir la verdad.

—¿Por qué?

—Porque tengo miedo de que me tengas miedo —dijo Mankar con una sonrisa tímida.

Renzo sonrió también.

—No falta mucho para que volvamos a nuestra forma humana. Regresemos al pueblo.

Se levantó de su asiento y miró al cielo que ya comenzaba a hacerse rojizo.

—Renzo —lo llamó antes de levantarse también—. Lamento juzgarte sin saber la verdad.

—No te preocupes. Perdóname por no confiar en ti.

Estrecharon sus manos y Renzo ayudó a Mankar a levantarse en dos patas.

Pero no alcanzó a dar tres pasos cuando la luz del sol se asomó por detrás de una montaña. Y Mankar volvió a experimentar el mismo dolor insoportable en cada extremidad de su cuerpo que se contraía, mientras sentía que el mundo giraba a sus pies a una velocidad de vértigo, cegado por una potente luz roja.

De repente se encontró tirado sobre la hierba y sin poder moverse. Estaba de nuevo en el bosque de Harrylatino. Y Vax estaba a su lado.