Los Nuevos Habitantes.
Había quedado muy angustiada ante la confesión de aquel secreto por parte de Trébol, el hijo primogénito de Flox. Hubiera deseado preguntar más, pero Lolaflor subió a buscarme, al parecer Nepeta se había cansado de suplirme y necesitaba que la reemplazaran. Como era mi deber original, baje a la puerta, obviamente, dejando a Lolaflor de niñera de todos los niños.
—¡Que bueno que llegas Felí!
Por alguna razón, Nepeta lucía más emocionada que de costumbre de verme. Además, se veía algo inquieta.
—Ya no aguantaba las ganas de ir al baño.
Yo solo suspiré, tomé el puesto de Nepeta y esta corrió al baño. Algunos hábitos nunca cambian, pensé riendo. Recordé cierta ocasión, hace varios años atrás, cuando las gemelas aun eran niñas.
Nepeta y las chicas, se habían lanzado a una de las tantas aventuras, para explorar los pasajes subterráneos casi interminables de la escuela, Nepeta se había quedado de guardia para evitar que nadie las descubriera.
Habían pasado horas debajo de esos extensos caminos, cuando por fin subimos. Al hacerlo, encontramos a una muy mojada Nepeta, llorando. La pobre Nepeta Rose, se había aguantado las ganas de ir al baño por casi tres horas, pero para que nadie descubierta a sus amigas, prefirió no incomodar a nadie y esperarlas valientemente a que regresaran.
Al final, la pobre Nepeta no aguantó más.
Las chicas le preguntaron porque no le pidió a alguna reemplazarla, pero ella solo se excusó, en que no quería molestar a nadie. Luego de que entre todas, consolaran a Nepeta, la ayudaran a bañarse y gracias a Flox, la vistieran en parte de sus ropas.
Nepeta se convirtió en una amiga muy querida por Babú.
—Bien a esperar.
Por más de veinte minutos, no había entrado nadie más. Incluso había más gente que cuando llegué. Hasta había visto personas que no conocía, supongo eran los nuevos miembros del pueblo del Roble Encantado.
—¿Estas aburrida Felí?
Tedemí, Talosén, Lolaflor y Pic se acercaron a mí. Estaba tan feliz de verlas, de poder hablar con alguien. En verdad que estaba aburrida, tan aburrida, que me había sentado a esperar, sobre el picaporte de la puerta.
—¡Amigas!
Ábrese efusivamente a mis amigas hadas, desde hace días no las veía. Mamá Dalia les había prohibido ir al pueblo a las gemelas, porque la última vez, Pervinca le había dado helado a Cath y terminó resfriándose.
—Te alegra vernos Felí.
—Bastante, no saben como.
—Nosotras también te extrañamos.
—Por cierto Felí, ya has conocido a las nuevas Hadas.
—Hablas de Don, Inoa y Remi, a ellas ya las conozco. Recuerda que estuvieron conmigo en el Reino de Rocío de Plata, a muchas de ellas les di clases para ser Hadas Niñeras.
—No me refería a las hermanitas sosa y simplona, y a la otra, la hada soldado. Sino a las nuevas, las que no vienen de Rocío de Plata.
—Deberías ser más específica, Tedemí.
—Claro, siempre es culpa de Tedemí, aunque quiera ser amable.
—Por favor Tedemí, no te vallas a poner así.
—Bien, mientras ellas consuelan a Tedemí, te cuento acerca de las nuevas.
Lolaflor solo sonrió, lucía muy amable y atenta, más que de costumbre. Hasta me olía que estaba escondiendo algo. Solo que, no entendía aun que era eso, que escondía. Por lo que, decidí seguirle el juego.
—Bien Lola, porque no me las presentas.
—Con gusto cariño. Sígueme.
Asentí y volé siguiendo de cerca de Lolaflor, ella parecía muy divertida, esquivando a Mágicos y Sinmagias. Llegamos hasta una pareja que no recordaba, me pareció haberlos visto antes, pero no me podía fiar de mi memoria.
En especial, porque el pueblo había crecido mucho.
—Ellos quienes son. ¿Son nuevos?
—Pues, para ti si lo serían. Llegaron como a los siete meses de que te habías ido.
—Valla.
Respiré aliviada, al menos mi memoria no estaba tan mal. Aunque, haciendo cálculos, yo me fui hace seis años, así que, esa pareja llevaría seis años en el pueblo más su edad en la que llegaron. Al juzgarlos, se veían de la misma edad de las gemelas.
—Son Penélope y Armando. Llegaron aquí, cuando tenían quince años. Chicos, ella es Felí, el Hada de la que tanto han oído.
—Mucho gusto Felí.
—Un placer.
—Y ellos son sus hijas, Pamela, Jocelyn y Cristina… o Pam, Jos y Cris.
Junto a ellos habían tres niñas de aproximadamente dos años, lo curioso, es que las tres se veían muy parecidas. No coma las gemelas, pero tampoco se diferenciaban mucho, como cualquier hermano.
—Te impresiona su parecido, verdad. Sabía que te llamaría la atención Felí. Eso se debe, a que son trillizas.
—¿Trillizas?
—En efecto, nacieron las tres al mismo tiempo.
Luego, la madre de las niñas, me explico la situación, los trillizos eran muy parecidos a los mellizos o en este caso, por su parecido físico, a los gemelos. Pero a diferencia de estos, en lugar de nacer dos niños, nacían tres.
Y las sorpresas no acababan ahí.
—Y estas de acá, son las hadas que te dije. Nana, Tata, Tatra, vengan.
Tres Hadas que habían estado escondidas detrás del cabello de sus respectivas niñas, salieron del escondite. Admito que no las había visto antes, pero tampoco parecían venir, de algún reino que conociera.
—Mucho gusto, soy Sifelizyoserédecírteloquerré, Felí y vengo del Reino de Rocío de Plata.
Una a una se fueron presentando, tanto ellas, como sus caracteres eran muy diferentes. La primera era bastante cortés, la segunda era más bien curiosa y la tercera, digamos que tenía un leve toque de genuina ingenuidad.
—Mucho gusto en conocerte Felí, soy Enundíasoleadocaminanadayvuela, pero me sentiría alagada de que me llamaras Nana y vengo del lejano y precioso Reino de las Hojas que caen y soy el Hada de Pámela.
—Yo soy Elconejoblancoestatambiéninvitado, lo tomé de un libro acerca de una niña que se perdía siguiendo a un conejito, dime Tata y vengo del Reino de los Abrazos Eternos, soy el Hada de Yoshi. ¿Eres el hadita de la que se oye tanto? ¿De verdad tu Bruja montó un Dragón? ¿Viste el fin del mundo en persona?
—Mi nombre es pero me dicen Tatra, me quería llamar Trata, pero como me enredaba mucho, las hadas me pusieron así. Ah si, vengo del Reino de las Gotas de Miel. Y soy niñera de la que aun no nombran.
—Encantada de conocerlos a todos. Son muy amigo de las Gemelas.
—Nos hicimos amigos muy poco tiempo de llegar, mis padres ya conocían al padre de tus gemelas, al Señor Cícero por medio de la Radio.
El joven Armando era bastante amable, casi tanto como Nana, el Hada de la pequeña Pamela. Mientras su esposa, diría que era bastante tímida, no dejaba de verme con suma atención. Y a veces me preocupaba como miraba cada uno de mis movimientos.
—Penélope era mi vecina en el antiguo pueblo y cuando se entero de que nos mudaríamos, decidió acompañarnos.
—No podía dejarlo, habíamos sido amigos desde bebés y teníamos la promesa de que cuando creciéramos, nos casaríamos.
Esta nueva pareja me empezaba a agradar cada vez más, no los había conocido desde niños, como al resto de los miembros de la Banda del Capitán, pero su amor sincero, era algo muy hermoso.
—Discúlpenme que los dejemos, pero aun tengo que presentarle a Felí, a más gente.
Lolaflor les hizo una venía muy amable a la pareja y sus hijas, así como a las Hada, luego de imitarla. Volamos en dirección de la siguiente pareja. Pasamos en ese son toda la noche, conociendo a los nuevos habitantes del Pueblo, sus hijos y las demás Hadas.
—Lolaflor, ya estoy cansada. Podemos descansar un poco.
—Vamos Felí, que es de toda esa energía que tenías hace diez años. Solo nos queda una pareja que visitar.
—Esta bien, vamos. Luego descansamos. ¿Pero ahora visitaremos al padre del hijo de Flox?
—Lo siento Felí, no lo sabes. El padre de Trébol, tuvo que atender una emergencia y vendrá más tarde.
—¿Emergencia? ¿Qué tipo de emergencia?
—Acaso no lo conoces aun Felí.
—No, he oído mucho hablar de él, pero aun no he tenido el placer de conocerlo.
—Valla, pensé que ya lo conocías. El es el ayudante del único Doctor del Pueblo. Se supone que ayudo a traer al mundo a una de las hijas de tus gemelas.
—¿Ayudante?
Por fin iba entendiendo todo, al que creí no conocer, el esposo de la Brujita de los Colores, en realidad, ya lo conocía. Ayudo a que nacieran Cath y Rosy, solo que en ese momento, estaba tan preocupada por las niñas, que aunque me hubieran dicho: "Mira Felí, el ayudante del Doctor Chestnut, que ayudara a traer una de las niñas al mundo, es el esposo de Flox", ni así, le hubiera puesto atención.
— —exclamé arrepentida al no haberme fijado mejor en aquel hombre—. Ojala haya anotado algo acerca de él, en mi diario.
—No te preocupes Felí, en cuanto llegué, yo misma lo llevaré contigo. Ahora presta atención o te estrellaras.
Abriéndonos paso entre la multitud de invitados, llegamos por fin a una pareja muy especial. Eran dos niños, que estaban siendo cuidados por el joven inventor, Jim Buriam. Casi me muero al escuchar que uno de los niños, llamó a Jim "papá".
—Jo-Joven Ji-Ji-Jim. ¡Cómo osa engañar a mi querida Vainilla!
Jim estaba muy confundido ante mi forma de actuar, los niños estaban muy asustados y Lolaflor, que no me había explicado todo, estaba muerta de risa. Luego de que me pude calmar y explicarle con detalle al joven inventor lo que creía, de que había tenido hijos con otra mujer, el amablemente, solo me corrigió.
—Lolaflor, ya verás —hablé muy apenada, luego de mi equivocación.
Jim me explicó, que en su pueblo natal, Aberdurville, ocurrió un incendio hace unos pocos años. Tuvo que regresar de improvisto para ver si sus abuelos estaban bien, por suerte para él y Vainilla, el incendio había sido menor de lo que esperaban. Por desgracia, dos bebés habían quedado huérfanos y los abuelos de Jim, habían decidido, ya que se sentían solos por la partida de su nieto, cuidar de los pequeños.
—Perdón por la confusión Jim.
—Descuida Felí, no lo sabías. Además, no estaban aquí cuando llegaste la primera vez.
Los "hermanitos" de Jim habían venido desde Aberdurville para visitar al inventor y festejar, el cumpleaños de las Gemelas. Gracias a que era una fecha especial, tenían permiso para quedarse a dormir hasta el día siguiente.
—Y como se llaman estos dos pequeños angelitos.
—La mayor se llama Gaviota, la menor se llama Alondra.
Dos cosas noté enseguida, una era, que los que creía eran niños al juzgar por su cabello tan corto, eran en realidad niñas. La segunda era, que curiosamente, ambas tenían nombre de aves.
Procedí a disculparme con las pequeñas, por suerte, por su edad, no habían captado que las había confundido por niños.
—Descuida Felí —sonrió Jim—. Todo mundo las confunde al comienzo.
—¿Por qué llevan el cabello tan cortó y ropa de niño? Deberían llevar preciosos vestiditos de seda.
—Lo del cabello, pues es culpa de mi abuela. Como las niñas son tan traviesas, mi abuela decidió mantenerlas con el cabello corto, para que no se lo estuvieran enredando en todo. Era una tortura desenredarlas de mis inventos.
—¿Y lo de que no usen vestidos?
—Es simple, su heroína siempre fue Pervinca. Al igual que ella, se negaron a volver a ponerse vestido.
Esa era una historia curiosa, que luego me vine a enterar. Cuando las pequeñas "hermanita" de Jim, llegaron a la casa Periwinkle la primera vez, no se querían soltar de Jim. Y al parecer, sentían el amor entre Vainilla y su hermano mayor. Por lo que, no se llevaban con mi pobre Babú y siempre luchaban por la atención de este.
Pero la historia era diferente con Pervinca.
—Por cierto Jim. ¿Por qué tienen nombres de aves? ¿Son brujas de algún tipo?
—En realidad, son sinmagia, como yo. Pero los padres reales de las pequeñas eran ornitólogos. Se mudaron a Aberdurville para observar aves.
—Entiendo.
En realidad no entendía que me quiso decir Jim, que era un ornitólogo. Ahí estaban de nuevo esos trabajos raros que tenían. Preferí mejor no preguntar y escaparme, como lo había hecho Lolaflor hace rato.
Para mi mala suerte, llegó compañía.
—¿Dónde andas hadita?
—Felí, te andamos buscando.
Las Gemelas me habían estado buscando, por fin pude ver, la reacción de ambas niñas frente a mis Gemelas. Al ver a Vainilla, las dos angelitas sufrieron una metamorfosis total. Se abrazaron, cada una a un brazo de Jim y no le permitían acercarse a Babú.
—Niñas, por favor. Jim y yo somos esposos.
Pero con Pervinca, la situación era completamente diferente.
—Nunca me cansó de esto, tus cuñadas aun no te quieren, Babú.
Las niñas al ver a Pervinca más bien, al oírla, se soltaron de Jim y corrieron a abrazarse de esta. Lo que aprovechó Vainilla para abrazar a su esposo. Aunque las dos niñas, ya no estaban tan interesadas en Jim.
—Hola Gavi, Aly…
—Pervinca, no creo que sea buena idea que las cargues, recién comieron.
—Vamos, son niñas fuertes.
Vi lanzaba a las niñas al aire, estas estaban bastante divertidas. Por un momento llegué a pensar que todo estaría bien, hasta que, las niñas empezaron a sentirse mal. Por suerte para Pervinca, Vainilla se dio cuenta del mareo de las niñas y evitó una desgracia mayor.
—Gracias cariño. Hubiera sido un terrible espectáculo.
—Ya lo creo, gracias hermana.
—De nada. Ahora Felí, necesitamos tu ayuda.
—Es verdad, lo había olvidado. Por eso te buscábamos.
—¿Mi ayuda, para qué?
—Vamos a soplar las velas del pastel…
—Y queremos que toda la familia este presente.
—Luego abriremos los regalos y por último.
—Repartiremos el pastel.
Me pareció una idea muy tierna el que me incluyeran como parte de la familia, luego de acomodarme entre las Gemelas, sus hijas, sus esposos, sus padres y mi querida Tomelilla. Las Gemelas soplaron las velas de su pastel al unísono, todos los presentes no dejaban de aplaudir.
Luego llegó un evento igual de emocionante, los regalos.
