El Regalo de un Hada.

Antes de repartir el pastel, las Gemelas habían decidido abrir el regalo de los presentes. Aunque ya habían abierto el regalo que les trajo Robin, aun les faltaba el de su esposa, Sophie. Todos los presentes habían formado un círculo, en cuyo centro estaba una montaña de regalos.

Vainilla y Pervinca, empezaron a abrirlos.

—No soy adivina, pero juraría que esto es de Flox.

Pervinca sostenía un chal que parecía estar hecho con diferentes pedazos de tela. Lo curioso con la prenda, es que, aunque se supone era lana, la cual provenía de un único animal. La misma lana tenía varios colores entremezclados.

El Chal de Pervinca, tenía colores fríos, azules y morados; mientras que el de Vainilla, poseía colores calidos, rojos y naranjas.

—Gracias Flox, esta lindísimo.

—De nada Vainilla, si vieras como me las tuve que ingeniar, para cambiarle el color a la lana.

Vainilla abrazó a Flox y le dio un beso en la mejilla, mientras que Vi, tan solo tomó otro de los regalos y empezó a abrirlo.

—¿Varitas? Papá, ya sabes que no somos ese tipo de Brujas.

—Lo se cariño, pero no me puedes culpar por querer regalarte algo simbólico.

—Abre el mió Vi —mamá Dalia, que estaba junto al Señor Cícero, se notaba bastante alegre.

—¿Una escoba? ¡Mamá, que tratas de insinuar!

—Solo que deberías hacer más labores en la casa, Vi.

—Cállate Vainilla. Tú también tienes una escoba, por sino lo has notado.

Vainilla tomó el regalo de su madre, también era una escoba de paja. Pero a diferencia de Pervinca, no se notaba molesta con el regalo, parecía muy feliz.

—No entiendes Vi, son regalos simbólicos. Así como las varitas, también lo son las escobas.

—¿Y para que nos van a servir?

—Para volar, para que más.

Shirley apareció, abriéndose paso entre la multitud de personas.

—Si gustan, yo puedo ayudarlas a que sea posible.

Shirley lucía más feliz que de costumbre.

—Mi regalo para ustedes este día, es permitirles volar juntas.

Fue un momento mágicamenteespecial cuando Shirley Poppy, se pasó junto a ambas escobas y con unos simples movimientos de manos, las hizo levitar en el aire. Pervinca aprovechando que aun faltaban unos pocos minutos para la puesta del sol, se subió a una.

—¡Estoy volando!

Aunque no se elevó mucho, ya que el techo de la sala no era tan alto, además de que Vi aun no controlaba muy bien ese tipo vuelo. Parecía estarlo disfrutando. Vainilla se le unió a su hermana en el vuelo, tomó la otra escoba y floto en el aire.

Aunque Vainilla parecía tener mejor control que Vi.

—¡Gracias Shirley!

—¡Gracias!

Lo cierto es que ambas, estaban muy contentas con el regalo. Las Gemelas abrazaron y llenaron de besos a la pelirroja pecosa, que era la personificación, del Poder Absoluto. Shirley siempre había sido tan poderosa, pero más que eso, atenta y amable.

Superar eso, sería difícil para el siguiente regalo.

—¡Un sonajero para Rosy! Gracias Nepeta.

—Galletas con Chispas de chocolate. Gracias señor Vic, señora Martha.

—De nada Pervinca y puedes decirme, Mamá.

—Bu-bueno, gracias M-mamá.

—Una paleta con la forma de Felí, eres un encanto Melisa.

—Una botella con arena de colores, te debe haber costado mucho conseguirla, Francis.

Las Gemelas abrían regalo tras regalo y la gran pila no parecía hacerse más pequeña. Me encantaba ver a mis queridas Vi y Babú, ser homenajeadas como reinas. Todos les habían dado un regalo a mis niñas.

Fue cuando me di cuenta.

—¡No tengo regalo para ellas!

Estaba tan ocupada ayudando, cuidando de los niños, atendiendo la puerta, atendiendo a los invitados… que no me había acordado de hacerle siquiera un regalo a mis niñas. Que cara pondría si, el Hada que cuidó tantos años a Vainilla y Pervinca Periwinkle, las acompañó durante tantas aventuras y las protegió del mismismo mal, ahora se había olvidado de ellas.

—Hada de los Deseos, necesito un regalo pronto.

Gracias a que todos los presentes estaban muy atentos a mis gemelas, logré escabullirme sin ser vista con dirección a la cocina. Una vez a salvó, comencé a buscar desesperada, cualquier cosa que sirviera como regalo de última hora.

—Una taza de loza, no.

Volaba de extremo a extremo de la cocina, inquieta, buscando algo que sirviera.

—Tal vez un platito para que coman las bebés. ¡NO!

Pero no había éxito.

—Y si les doy algo de comer.

Pero cualquier cosa, por más pequeña que quisiera hacer, demoraría demasiado. Además, no era buena cocinando.

—Tal vez algo de fruta en una cesta.

Pero era una mala idea, no sería un regalo muy común para un cumpleaños, lo peor era, que aunque lograra llenar la canasta, no podría levantarla.

—Tal vez afuera.

Abrí con cuidado la puerta, tratando de hacer el menor ruido posible y salí, por suerte aun quedaban unos pocos rayos de sol. Empecé a buscar entre todo lo que había tirado en el patio.

—Una bellota, muy simple.

Pero nada parecía adecuado.

—Una roca. ¡Demasiado inútil!

Debía impresionar a las gemelas, era quien mejor las conocía.

—Unas hojas. ¡¡¡QUÉ NO!!!

Mi regalo debía ser el mejor de todos.

—¿Que puedo darles?

El tiempo se acababa y el sol, se iba también. Con los últimos rayos de luz, me senté sobre el tendedero. Suspiré desilusionada, que haría ahora. El Hada guardiana de Vainilla y Pervinca, se había olvidado de darles un regalo.

—Bien, tú también me abandonas, verdad.

Estaba tan frustrada, que me terminé desquitando con el sol, que se había ocultado.

—Bien Felí, se un Hada y compórtate como tal. Es hora de afrontar el hecho, de que te olvidaste del regalo de tus niñas.

Tome aire varias veces, para darme valor. Cerré los ojos tratando de tranquilizarme. Cuando los abrí, estaba tan oscuro, que de ser porque era un Hada y emitía mi propia luz, me hubiera perdido.

—Supongo que así debe ser el cuarto de Pervinca y Grisam en la noche, solo que más desordenado.

Reí un poco para darme valor, luego, volé siguiendo el brillo de pequeñas piedritas en el suelo. Según recordaba una charla con Acantos, esas piedrecitas brillantes tenían cristal de cuarzo, que mezclado con otros minerales, les daba un brillo especial.

—Se ven muy lindas, si tuvieran más brillo, servirían para indicar el camino.

Entonces recordé cierto cuento de hadas, acerca de dos niños que, para evitar perderse en el bosque, se habían válido de pequeñas piedras que brillaban en la oscuridad. Ahora estaba feliz de haber escuchado una de las tantas, charlas aburridas de Acantos y uno de los cuentos para dormir de Nepeta.

—Ya se que regalarle a mis niñas.

Gracias a mi oído, podía escuchar muy bien, lo que sucedía adentro. Las Gemelas estaban abriendo los últimos regalos. Según escuché, por el tono de desilusión de Pervinca, eran calcetines. Incluso las traidoras de mis amigas, las Hadas de Fairy Oak, les dieron un presente a mis niñas.

—¡Traidoras! Pensé que al menos no sería la única sin regalo.

Luego vino el regalo de la Ogresa madre y la Ogresa hija, así como se su familia, un conjuto de ropa, iguales a los que usaba de pequeña Scarlet. No debo decir, lo "encantada" que estaba Pervinca con el obsequio.

Vainilla solo le vio el lado divertido y lo agradeció amablemente. Supongo que alguna diablura tendría pensada para esa fea ropa. Luego, llegó la mejor parte, Vainilla se emocionó con las flores que le dio Tomelilla. Mi Bruja había cultivado en secreto dos de las flores características de mis Gemelas.

—Ahora mis regalos, mis niñas.

Una linda orquídea que producía uno de los perfumes más apreciados en la cocina y pastelería, la Vainilla. Era la única orquídea cultivada desde hace mucho tiempo atrás, por motivos ajenos a los ornamentales.

Curiosamente, al igual que mi brujita de la luz, la flor que lleva su nombre, se abre por la mañana y se cierra al ponerse el sol. Difícilmente, su flor se abriría en ausencia de la luz del sol.

Era como intentar despertar a Babú, a media noche.

—Gracias tía Tomelilla —hasta acá pude escuchar el sonoro beso de Vainilla.

Y para la inquieta Vi, la flor silvestre que como ella, se abría paso frente a la adversidad y florecía con entusiasmo, una Vinca Minor, o sea, Pervinca. Que al contario del fruto tan codiciado de la Vainilla, la "Violeta de las Brujas" como solían llamarla, podía ser venenosa sino era tratada con cuidado.

Algo que siempre me dio curiosidad, existiendo dos tipos de Vincapervinca, la Vinca Major o mayor y las Vinca Minor o menor; porque la flor representativa de mi brujita de la oscuridad, era justamente la segunda, cuando en realidad, ella nació primera.

Tal vez era una de esas graciosas casualidades.

—Gracias tía.

Sabía lo que seguía, no faltaría mucho para que las Gemelas empezaran a preguntar por mí. Debía apresurarme, pero era demasiado pequeña, para hacer todo lo que tenía pensado. Juntar y mover las piedrecillas, aunque fueran pequeñas como una uña, aun eran grandes y pesadas para mí.

—Necesito ayuda.

Como si alguna entidad cósmica escuchara mi suplica, me mando un poco de ayuda, en forma de un muy atlético y robusto chico.

—Buenas Noches Felí, perdón por interrumpirte.

Y bastante amable, debo admitirlo.

—Se me hizo algo tarde y no quería importunar a todos, entrando por la puerta principal. No sabes si mis hermanas Camelia, Canela, Cereza o a mi hermano Cercis ya han llegado.

Debo admitir que esos nombres me sonaban. Recuerdo que cuando volaba con Lolaflor, conociendo a los invitados, me presento un grupo de hermanos Mágicos de la Luz, con una curiosidad que llamó mi atención. Todos los nombres empezaban con "C".

—Perdón, ¿usted es…?

—Lo olvidaba, que torpe soy, aun no me he presentado. Soy Cisus Sunflower.

—¿Cisus Sunflower?

—El ayudante del Doctor Penstemon Chestnut. El que ayudo a traer a Rosa al mundo, ya sabes, el padre de Trébol y esposo de Flox Polimón.

Casi abro mi boca en el asombro, de no ser, porque escuche desde adentro, que ya me estaban llamando. Impaciente, comencé a mover las pequeñas piedrecillas más rápido, sin éxito alguno.

—¿Necesitas ayuda, Felí?

—Bastante.

Fue lo único sensato que atine a decir, ni siquiera un "no sería mucha molestia", "por favor" o "te lo agradecía eternamente". Nada de eso, mi mente estaba más concentrada en otra cosa, luego pediría perdón.

—Bien, por lo que veo… creo entender que quieres hacer Felí. Si gustas entra, entrénenlos unos minutos y luego tráelos. Tendré listo todo para ese momento.

—No me tardo.

Nuevamente salí sin siquiera agradecer, la prisa es la enemiga número uno, de los buenos modales.

—Ahí viene Felí.

Escuché apenas entre a la sala, todos de inmediato, se abrieron para dejarme pasar. Estaba tan cansada de haber movido esas piedrecillas, que no podía respirar.

—¡Felí! Pensamos que ya no vendrías.

—¿Dónde te metiste? El pastel casi se derrite.

—No exageres Pervinca, el pastel no esta hecho de helado.

—Bueno, pero nos tenía muy preocupadas.

—Eso si, donde estabas Felí.

Apenas logré juntar fuerzas para sentarme sobre el hombro de Babú, estaba tan cansada, que no quería escuchar más regaños de Vi. Mamá Dalia le hizo una seña a Vainilla, se toco el hombro, yo no entendí que significaba, pero al parecer, mi Brujita de la Luz, si.

—Lo importante, es que ya estas aquí Felí.

—No podría ser un cumpleaños como se debe, sin nuestra querida Hadita.

—El regalo más maravilloso, que nos pudieron dar hoy. No es mágico, tampoco es costoso. Es algo, que simplemente nace del corazón y te puede hacer feliz.

—Felí, tu presencia para nosotras es mucho. Créeme, no sabes como sufrimos Babú y yo, los cumpleaños anteriores, sin tenerte.

—No es necesario un presente Felí, aun así, aunque no te diste cuenta. Ya nos diste uno.

—Hoy en la casa, todos estuvimos muy ocupados, aun así, te diste el lujo de ayudarnos en la cocina, cuidar a las niñas, abrir la puerta, atender a los invitados, incluso les contaste un cuento a los pequeños.

No me había dado cuenta, de que las chicas se habían percatado de mi desesperación por buscarles un regalo. Tampoco me había dado cuenta, de todas las cosas que había hecho esta noche, por ellas.

—Sin ti, esta noche no hubiera sido posible Felí.

—No nos diste uno, sino dos hermosos regalos.

Todos empezaron a aplaudir, me hubiera puesto muy avergonzada por las ovaciones, de no ser, porque afuera tenía mi propio regalo. Así que, ya que había sido mal educada esta noche, lo volvería a ser, para variar.

Interrumpí los aplausos con una simple frase.

—Dos no, tres regalos.

Las gemelas me miraron confundidas.

—Pero este necesite algo de ayuda, esta afuera.

Como heraldo, guíe al grupo reunido en la casa, hacia el patio trasero, donde mi compañero de "travesura", ya había terminado su parte. Reunidas muchas piedras brillantes, formaban un mágico y hermoso patrón escrito, el cual decía:

"Feliz Cumpleaños Pervinca y Vainilla, con cariño Felí"