Escuadrón de Limpieza

Escuadrón de Limpieza.

El cumpleaños de las Gemelas, fue un evento fantástico, todos sus amigos y algunos no tanto, como Scarlet y su molesta hija, asistieron. Tuvieron un montón de regalos, de los cuales, modestia aparte, el mío fue el mejor de todos.

Nunca vi a la Gemelas tan felices.

—Ya saben chicas, la fiesta por mi cumpleaños será más grande. Que nadie se atreva a faltar o ya vera.

—Si, si, si. Lo que digas Flox.

Flox se estaba despidiendo junto a ella, estaban su esposo, el cual cargaba a Trébol y Pífano, que volaba junto al pequeño. Más atrás venían los padres de Flox, la señora Rosie y el señor Bernie, así como su tía, la herrera del pueblo, Hortensia Polimón.

La tía de Flox, aun no se terminaba de despedir de mi querida Lala.

—Bueno Tomelilla, será mejor irnos. El sol ya esta saliendo y no quiero tener cerrada la herrería hoy.

—Te entiendo amiga. Luego pasaré a visitarte. En cuanto acabemos de limpiar.

—¿Limpiar? —dijeron al unísono las gemelas.

Vainilla y Pervinca voltearon a ver el interior de la casa, la cual, lucía como si un tornado y dos terremotos hubieran atacado. No se ni como es que la casa se había ensuciado tanto, pero supongo que si la fiesta fue buena, la limpieza igual.

—¡No acabaremos nunca!

—Vi, debemos limpiar. Fue nuestra fiesta.

—No podemos contratar a alguien más para eso.

—Si quieren yo puedo ayudar.

Como un rayo de esperanza, la siempre sonriente Shirley Poppi nos ofreció su ayuda. Pero aunque todas, incluida yo, que sabía que terminaría también ayudando en la limpieza, queríamos aceptar su ayuda. No era muy cortés.

—Gracias Shirley, siempre eres tan buena amiga. Pero tienes cosas que hacer en tu casa.

—La granja se puede cuidar un día sin mí. Además están papá, tía Malva, Mister Berry y Barolo. Ah si, también Antena. Si es por Molly y Milly, les encantaría dormir en sus camas, ayer Felí les contó una historia y no han dejado de hablar de ella.

Sus argumentos eran validos. Si Shirley se proponía algo, no había nada en el mundo que se lo impidiera. No porque sea el Poder Absoluto, sino, porque siempre le encantaba ayudar a sus amigas.

Pervinca y Vainilla estaban encantadas.

—Si pudiéramos hacer que otra bruja de la Oscuridad nos ayude. No lo crees así Flox.

Flox y su familia, aun seguían esperando a que su tía se despidiera del todo de Lala. Ya se había dicho adiós, casi siete veces en menos de cinco minutos. Es que mi bruja y la tía de Flox, eran muy amigas, pero últimamente no se habían visto mucho.

Nadie las culpaba por esa laaaaargaaaaa despedida.

—Lo siento chicas, me rompí una mano y no puedo ayudarles.

Aunque lo decía en broma, la señora Rosie regaño a su hija. Al final, aunque en realidad Flox si quería ayudar, terminó haciendo con un regaño de su madre por andar de graciosa.

Ya teníamos dos ayudantes, necesitábamos más.

—Descuida cariño, yo me llevo a Trébol a casa. Perdona por no quedarme a ayudar, pero el Doctor no puede atender sin su ayudante. Si encuentro a alguna de mis hermanas, te las enviaré.

—Gracias, eres un encanto.

La familia de Flox, se retiró. Ni siquiera pude agradecerle toda su ayuda al esposo e Flox. Pero ya luego los visitaría, cuando fuera con Tomelilla. Por ahora mis gemelas y yo, estábamos más preocupadas por otra cosa.

—Bien, ya tenemos dos. ¿A quién más podemos pedirle ayuda?

—Melisa y Cecilia se fueron junto Hellen. Las muy tramposas se fueron temprano.

—No es que quiera ser descortés, chicas. Pero Melisa, Cecilia y Helen tenían que trabajar en la mañana. Fueron a descansar un poco, para luego regresar a sus trabajos.

Celastro apareció casi de la nada, en realidad, nadie lo vio aproximarse, ya que estamos muy concentradas en a quien reclutar para limpiar. Junto al joven brujo, estaban Francis y Tommy, llevando a todo el montón de niños Corbirock-Buttercup.

—No se para que se mata madrugando Cecilia, ni un alma se aparece por su tienda hasta pasado medio día.

—Cállate Francis. No deberías hablar así de tu esposa.

Pues parecía que muchas cosas no habían cambiado del todo. Aunque los niños estaban enormes, conservaban algo de sus característicos caracteres. Francis seguía tan "caballeroso" como siempre, aunque su hermano, parecía haber perdido ya el interés por mi Vainilla.

—Bueno, nos despedimos mi querida Vainilla —Tommy con sus hijas a cuesta, se despidió de Vainilla dándole un beso en la mano—. Despídeme de Jim.

—Momento, ustedes no nos pueden ayudar chicos. Ya saben, por la gloria de la vieja Banda del Capitán.

Pervinca no dudo en aprovecharse de la situación, pero aunque Tommy estaba muy animado en quedarse junto a Vainilla, su antiguo amor de juventud. Tanto el como su hermano, tenían otros planes.

—Lo siento Pervinca, pero quedamos de recoger a nuestros hermanos que venían hoy al pueblo.

—Con gusto las ayudaríamos, pero ya habíamos quedado con ellos antes. Además, debo acostar a las niñas.

—Entiendo, hace años que no los ven. Desde que se mudaron y dejaron el pueblo. Están en su derecho.

La Banda de los siete hermanos Corbirock, se había separado algunos años después de que me fuera de Fairy Oak. Con la expansión del pueblo y el carácter aventurero que corría por la vena de todos ellos, sumado a los continuos relatos de los nuevos pobladores.

Los Corbirock, no dudaron el lanzarse a una nueva aventura, colonizando tierras lejanas. Solo Francis y Tommy se quedaron en el Pueblo, puesto que cada uno, ya tenía una respectiva pareja.

Sin embargo, jamás dejaron de mantenerse en contacto y solían hacerse visitas entre ellos.

—Y tú que dices, Celastro.

Ahora la atención estaba sobre el buen Celastro, de pequeño era un amante de la comida y en especial de los dulces, por ello había ganado peso. Pero no así, había perdido su amigable carácter y sus siempre disposición a ayudar.

—Veamos, le dejaré la radio a mi ayudante. Podrá con ella por un día. Además siempre me ha pedido más responsabilidades. Las ayudaré chicas.

—Gracias Celastro.

—Solo díganme donde dejo a Alex.

—Yo te guío, sígueme Celastro.

—Voy detrás de ti Shirley.

Mientras Shirley acompañaba a Celastro a la habitación de mis gemelas, Flox, Vainilla, Pervinca y yo, veíamos como los antiguos miembros más valientes, se retiraban ocupados por sus obligaciones familiares.

—Como cambian las cosas.

Sonríe a la idea de comparar a estos Francis y Tommy, con los que conocía hace casi diez años. La sola idea de ver a los Francis y Tommy que conocí, preocupados por sus hermanos, me hizo soltar varias risas.

—Chicas, creen que aun quedará comida.

—¡Flox! Sabes la hora que es.

—Estuve despierta toda la noche, además me van a hacer trabajar toda la mañana. Necesito algo de comer para reponer mis fuerzas.

—Creo que aun quedaba pastel adentro —respondí recordando el enorme pastel que hicieron para mis gemelas.

—También quedo algo de carne seca y unos cuantos encurtidos.

—Pastel, carne y encurtidos, que rico. Iré a servirme un poco, regreso.

Yo solo arrugue la cara a la idea de mezclar aquellas tres cosas en una sola comida. Pero a Flox, por alguna extraña razón, le pareció una deliciosa idea. Quien sabe, su sentido del gusto también se había visto afectado con los años.

—Flox, nunca cambiaras.

—Cuidado comes demasiado o te pondrás gorda como Vainilla.

—¡Pervinca! Por sino te has dado cuenta, somos gemelas y si yo me veo gorda, tú también.

—Si, lo que digas Vainillita.

—No vallan a pelear ahora chicas, ya no son unas niñas.

—Felí, peleamos porque es nuestra manera de demostrar nuestro amor.

—No me quieras tanto Pervinca.

—Ya está peleando de nuevo chicas.

—Señoritas, ya son mayores de edad. Cada una madre de una hermosa niña, no deberían comportarse así.

—Lo siento chicos.

—Acantos, ya pareces nuestra madre regañándonos.

—De que vale que las regañe, si ni siquiera a ella escuchas Pervinca.

—Jaja, gracias por venir.

La celebración se habría prolongado hasta la mañana siguiente, junto a Vainilla y Pervinca, nos despedíamos de los últimos invitados. La pareja más romántica del Pueblo, Acantos y Nepeta.

—Fue un gusto verlas, perdón por irnos, pero Tulipán y Pimpinela aun son muy pequeños para desvelarse tanto.

Cada padre, llevaba a una de sus respectivas versiones en miniatura. Era una escena tan linda, como para pintarla y colgarla en la pared. Lastima que nuestra artista, no estaba de humor como para ponerse a pintar.

Menos con el regaño de Acantos.

—Los hubieras dejado durmiendo en nuestra habitación, junto a Rouse y Cath. Como las cuñadas de Babú.

Aunque siempre estaba de humor, como para molestar a su hermana.

—Me quitaron mi cama —dijo algo triste Vainilla—. Aunque ahora podré dormir abrazada de mi Jim.

—Ven, como quieren que les interrumpa su velada romántica —Nepeta soltó una risita.

—¿Romántica? Conociendo a este par, lo más seguro es que Vainilla sube y Jim ya esta dormido.

—Que hermana tan graciosa tengo. ¿No la quieres de regalo, Nepeta?

—No gracias, ya con dos gatitos tengo mucho.

—Es cierto, como están los gatitos de Pampurrea.

—Bien, ya están más grandes. Aunque no puedo evitar, que sigan metiendo en la casa todos los animales que cazan. Si vieran, tenemos una colección… lagartijas, ratones, grillos, escarabajos, cucarachas… —Nepeta iba a continuar, pero vio la cara de asco en la pobre Vainilla y mejor se detuvo—. Bien, mejor nos vamos.

—Cuídense, chicas.

Acantos se despidió muy amablemente y luego de tomar la mano libre de Nepeta, para ayudarla, se retiraron. Las Gemelas los vieron alejarse, hasta que desaparecieron, luego entraron a la casa.

—Por fin, estoy rendida.

Fue cuando las chicas se dieron cuenta de un detalle.

—No les pedimos ayuda a Acantos y a Nepeta.

—Por mí que se vallan. Para regaños ya tengo con los de Mamá y Felí.

—¡Oye!

—Ves, ahora falta que mamá me regañe y estará listo todo.

Pervinca literalmente se tiro sobre el mueble de la sala, Mamá Dalia le llamó la atención por eso. Vi simplemente se disculpó y se acomodo, no sin recibir otro regaño, por no comportarse como una dama.

—¡Mamá! Estoy cansada. Podemos olvidar los modales por un día.

—Eres una dama Pervinca, aunque no te guste, debes tratar de comportarte como una. Ya no eres una niña como para andar subiéndote a los árboles o deslizándote por las colinas.

—Una dama, una dama. Bah, los chicos la tienen sencilla. Aun extraño esos días como niño.

—De que hablas, fue la peor idea que pudimos tener. Al final, los niños no nos dejaban entrar, porque solo se dedicaban a hacer cochinadas allá dentro.

—Un concurso de escupidas o captura de gusanos en lodo, o hasta una competencia para ver quien aguantaba más tener un caracol en su boca. Nada de eso es una cochinada.

—Lo será para ti, Vi. Por cierto Felí, que opinas de la fiesta que tuvimos.

—Me encanto. Nunca pensé encontrar tanta gente, si que ha crecido el Pueblo.

—Fueron seis años hadita. Era normal que creciera el pueblo.

—Seis años, quien creyera.

Volé hacia mis Gemelas y abracé sus naricita, era tan lindo estar de vuelta con ella. No hablamos por varios minutos, simplemente nos dejamos llevar por el momento tan lindo de volver a estar juntas, luego de tantos años separadas.

Ni siquiera recuerdo, en que momento nos quedamos dormidas.