Las Aventuras y Desventuras de un Hada.
El treceavo cumpleaños de mis gemelas había llegado y se había ido con la misma velocidad que la nieve se derrite al llegar la primavera. Las clases estaban a ya a la vuelta de la esquina y mi Vainilla había sido elegida para dar el discurso de bienvenida a los nuevos alumnos, durante la ceremonia del primer día.
—Queridos compañeros, es un placer para mí estar aquí frente a todos ustedes, en este día tan especial…
Y como de costumbre, desde que Vainilla se había enterado, un mes antes de la fecha, se había puesto a practicar sin descanso. Era lindo verla practicar el discurso, el cual ya se sabía de memoria, pero luego de setecientas cincuenta y tres veces, de escuchar lo mismo, como que cansaba un poquito.
En especial a Pervinca.
—¡Babú! Puedes dejar eso, te sabes de memoria cada palabra, cada letra, incluso cada signo de puntuación de ese discurso. Por favor, déjalo por un día.
Babú practicaba en todo lugar que pudiera, en el baño mientras se cepillaba los dientes, en el comedor mientras desayunaba, incluso en la cama, antes de irse a dormir. A veces creía ya, que Vainilla no podría dormir sin declamar su discurso.
En cambio Vi, una vez que lo escuchaba, no conseguía conciliar el sueño.
—¡Quiero dormir!
—Pervinca, te agradecería mucho me brindarás algo de colaboración y me dejaras terminar mi discurso. Quiero que este perfecto para la ceremonia de mañana.
—Te va a salir perfecto. Verdad Felí.
—A mí no me metas, yo soy neutral.
Era una decisión difícil, no podía apoyar a ninguna de las dos en esta ocasión, ya que si apoyaba a Vainilla, toda la ira de mi brujita de la oscuridad caería sobre mí. Y si apoyaba a Vi, Babú se desquitaría de mí, con la mejor arma que tenía, me ignoraría.
—Felí, apóyame.
—No, Felí me apoya a mí.
—Chicas, chicas. Yo apoyo a ambas. Pero por favor, esta noche porque no dormimos. Vainilla, no crees que es mejor estar descansada para tu discurso de mañana.
—Esta bien, lo dejaré por hoy. ¡Pero solo porque me lo pidió Felí!
—Gracias al cielo.
Diciendo esto, las niñas y yo, nos acostamos a dormir. Pero juraría que entre sueños, Pervinca recitaba el discurso de su hermana, como si fuera alguna clase de poema. No le di importancia y simplemente me dormí.
Al día siguiente, el terror absoluto, Vainilla se había olvidado todo el discurso.
—¡NO RECUERDO NADA!
El terror total, faltando pocas horas para el discurso de Vainilla y por algún extraño motivo, todo el discurso de casi dos páginas de Vainilla, se la había ido de la mente. Tratamos de calmarla entre todos, quizás así recuperaría la memoria, pero no había éxito.
Era como si jamás hubiera escrito ese discurso.
—¡Qué haré!
Ni que decir de que mi pobre Vainilla estaba muy asustada, no por pararse al frente, en medio de tantos rostros que la mirarían fijamente, no que va, Vainilla era muy capaz y para eso, no era tímida.
Su miedo era a defraudar a todas las personas que confiaban en ella.
—Prueba este té de orégano hija, te hará bien.
—Mejor tomate esta infusión de hierbas Babú, te ayudará para relajarte.
—Hija, yo creo que solo estas asustada. Cuando te pares frente a todos, te saldrá naturalmente.
—Te lo advertí Babú, si lo repetías muchas veces, se te olvidaría.
—¡Pervinca!
—Y si lo lees de nuevo mientras vamos rumbo a la escuela.
—¡Eso es!
Vainilla corrió a buscar su discurso, el cual no solo había ensayado, sino que, lo había reescrito varias veces. Pero para mala suerte, no aparecía ninguno de los papeles donde mi brujita de la luz, había escrito su discurso.
—¡No lo encuentro! Sino lo encuentro… ¡NO IRÉ A LA ESCUELA!
—Vainilla, pero que dices. No has faltado nunca, ni un solo día. Ni cuanto te dio ese resfriado tan fuerte, que Vi tuvo que sostenerte, para que no te desmayaras.
No era broma lo que dije. Vainilla era muy cumplida y jamás le gustaba decepcionar a nadie. Pero en especial, nunca le gustaba llegar tarde a ningún lugar, menos a la escuela. Ella era el motivo, por el que Vi, jamás se había retrasado.
—Si Babú no va, yo tampoco. Seré solidaria con ella.
—Lo que quieres es holgazanear. Babú, por favor no digas esas locuras. Si te concentras, recordaras donde dejaste esas hojas.
—Capaz sopló un viento y se volaron.
—¿Se fu-fueron?
Vainilla iba a empezar a llorar, por suerte no sucedió, Vi actuó a tiempo.
—¡NO! No se volaron por la ventana. Quizás cayeron debajo de tu cama, quien sabe.
—¿Mi cama? ¡Eso es!
Vainilla se metió de cabeza debajo de su cama y comenzó a sacar todo lo que había. El orden que imperó durante años en el lado de la habitación de mi brujita consentida, se había ido en pocos segundos.
Pervinca observaba tranquila desde su propia cama.
—Vainilla, te sabes eso de memoria. Lo has repetido no se cuantas veces ya.
—Setecientas cincuenta y tres veces.
—¿Tanto así Felí? Ves, ese discurso debe estar bien grabado en tu mente. Como dijo papá, solo son nervios. En cuanto te pares frente a todos, recodaras cada palabra.
—¿Lo crees así Vi?
—Claro Babú, de las dos, eres la más inteligente. Estas cosas se te dan bien.
—También serías igual de buena en la escuela Vi, si te esforzaras más. Como lo hace Vainilla.
—Vamos Felí, jamás eh reprobado. No es suficiente.
Animada por las palabras de apoyo de su querida hermana mayor, Vainilla se tranquilizo y decidió ir a la escuela. Comenzó al largo ritual que hacia cada mañana, para prepararse para su ajetreado viaje.
Aunque la escuela no estaba tan lejos de la casa.
—¡LISTA! —Vainilla se paró frente a la puerta y se despidió de todos—. Me voy Mamá, Papá, Tía Toemlilla
—Me voy.
—Acompañaré a las niñas como de costumbre, me retiro Mamá Dalia, Señor Cícero, Tomelilla.
Nos encaminamos como de costumbre por las calles de Fairy Oak, aquel recorrido frecuente que habíamos hecho por años, nos parecía nuevo esta ocasión. Quizás porque nos habíamos adelantado a la hora de reunión, no encontrábamos niños en la calle.
—Babú, deja de estar nerviosa. Tiemblas como gelatina mal cuajada.
—Tengo miedo de no recordar nada. ¿Qué hago Vi sino logró recordar nada?
—Vainilla, eres inteligente. Podrás improvisar algo.
—Vi, no creo que eso le ayude a Vainilla.
—Me estoy poniendo más nerviosa que antes.
—Sino es tan difícil, lo ensayaste tanto, que incluso yo lo recuerdo —Pervinca se aclaro la garganta antes de hablar—. Queridos compañeros, es un placer para mí estar aquí frente a todos ustedes, en este día tan especial donde nos encontramos con todos los pequeños que por primera vez llegan a nuestra maravillosa escuela…
Vainilla y yo nos quedamos estupefactas, en verdad Vi se sabía todo el discurso que había escrito su hermana. Podría jurar, que una leve sonrisa de satisfacción se dibujo, en el rostro de mi brujita de luz. Pero desapareció tan rápido como apareció.
—Es una buena idea Vi. Puedo subir a la plataforma y tú desde atrás me vas diciendo lo que debo repetir.
—Y-yo a-allá arriba.
—Sí, pero escondida.
—No creo que sea buena idea chicas.
—Vamos Felí, es la mejor solución para esto.
Al final, cedí ante las suplicas de mis niñas. Era una de sus tantas ideas descabelladas, pero esperaba que esta saliera bien. Al llegar a la escuela, Babú y yo preparamos todo, Pervinca se quedó escondida detrás de una cortina conmigo a su lado.
Esperábamos que todo resultara, pero por desgracia.
—¿Babú?
Vainilla había regresado con nosotras, estaba muy nerviosa y llorando. La ceremonia estaba por comenzar, los nuevos alumnos ya estaban formados. Tratamos de tranquilizarla, pero a la pobre Vainilla, no le salía la voz.
—¿Qué te pasa Vainillita?
—¿Babú, no puedes hablar?
Vainilla negó con la cabeza, su rostro lloroso nos conmovió tanto. Daban ganas de llorar, nadie imaginaba la mala suerte que pasaría a mi brujita, menos en su día tan especial.
—Tranquilízate Babú. Respira hondo.
Vainilla siguió las indicaciones de su hermana, pero por más que respiraba, no conseguía calmarse. Lo peor, es que la voz no le salía por más que se esforzara. Lo único que brotaba de ella, eran lágrimas.
—¿Qué hacemos Felí?
—No sé, si les decimos que Vainilla no podrá salir.
Vainilla casi estalla en llanto al escuchar esa idea.
—Ok, mala idea. Alguna otra sugerencia.
Vainilla parecía animada, rápidamente nos comenzó a hacer varias señas. Juro que aunque le ponía empeño, no entendía nada de lo que Babú trataba de decir. Pero Pervinca pareció entender todo muy bien.
—¡ESTAS LOCA VAINILLA!
Vainilla le tapó la boca a su hermana, la ceremonia estaba por comenzar y no era buena idea que nos descubrieran tras el escenario.
—Perdón. Pero como se te puede ocurrir eso. Estas locas si crees que aceptaré.
Vainilla miró con una carita suplicante a su hermana mayor.
—Babú, tengo una reputación de chica rebelde. Como crees que haga esto.
Yo seguía sin entender de que hablaban mis gemelas.
—Ni aunque me pongas carita de cachorrito abandonado. Hay limites Vainilla Periwinkle y aunque seas mi hermana menor yo…
Pero la mirada suplicante de Vainilla, sus ojitos a punto de estallar y ese curioso gesto suyo moviendo el labio, lograron domar el corazón fuerte de mi brujita de la oscuridad.
Vi solo suspiró derrotada.
—Esta bien, daré el discurso por ti.
Vainilla se puso a brincar, como una niña que ha descubierto el escondite, donde sus padres guardaron sus regalos de cumpleaños. Vi por el contrarió, se moría de vergüenza, más que de temor.
En especial porque tendría que disfrazarse de su hermana.
—Te odio Vainilla.
Vainilla le dio su ropa a Pervinca, gracias a que aun hacia algo de viento, habíamos salido con las chamarras. Vainilla le colocó la capucha a su hermana sobre la cabeza, eso ocultaría su cabello.
Con la luz indicada y a bastante distancia, lucía como Vainilla.
—Te ves idéntica a Vainilla, Vi.
—Calla Felí.
Escuchamos que llamaban a Vainilla para dar su discurso de bienvenida, Vainilla empujó a su hermana y esta salió de detrás del telón. Vi estaba muy nerviosa, pero sabía que lo hacia por Vainilla.
Caminó hacia el podio muy valiente y comenzó a hablar.
—Señora Directora, Profesores de la Honorable Escuela Horace McCrips, compañeros. Yo Perv…Vainilla, si eso, jaja, soy Vainilla Periwinkle… quien más podía ser.
Aunque el comienzo de su discurso no fue tan bueno como esperamabos, el desarrollo fue mejor aun. En especial, porque Pervinca perdió el miedo y encontro una buena forma de salir del embrolló en que se metió.
—Claro, como si mi hermana Pervinca pudiera subir acá arriba —todos los presentes que conocían a Vi, comenzaron a reír—. Bien, una vez rota la atmósfera tan tensa, empezaré con lo importante.
Suspiré aliviada al ver a Pervinca más tranquila, todos creyeron que lo que había dicho "Vainilla" había sido solo para romper el hielo. Junto con la verdadera Vainilla, observábamos a Vi lucirse junto con sus demás compañeros.
—…todos los pequeños que por primera vez llegan a nuestra maravillosa escuela. Serán muchos años de alegría que compartirán aquí, harán buenos amigos y aprenderán muchas cosas nuevas. Pero por sobre todo, estudiaran en la escuela, donde sus padres y los padres de sus padres estudiaron. La magia esta enraizada dentro de las paredes de esta escuela, solo es cuestión de ustedes encontrarla. Tal vez sea alguno de ustedes el que, descubra el secreto más grande de nuestra amada escuela, quien sabe, quizás ya tenga una pista…
—Es el mejor discurso que has podido hacer Vainilla.
Hable emocionada, una cosa era escucharlo hasta el cansancio repitiéndolo sin gracia una y otra vez, pero otra muy diferente, era verlo en acción. En especial cuando era Pervinca, la que lo estaba exponiendo.
—Gracias Felí, pero todo el mérito, se lo lleva Vi.
—¡Babú! Ya puedes hablar —Vainilla solo sonrió, fue cuando entendí todo—. Nunca perdiste la voz, verdad. Tampoco se te olvido tu discurso o perdiste las hojas.
—No, todo fue fingido.
—Pero porque.
—Escuché a Pervinca anoche, pensé que si lo había escuchado tanto como para repetirlo dormida, lo debía conocer bien. Vi también se esforzó este año que paso Felí, tal vez no te hayas dado cuenta, pero lo hizo. En la noche, cuando nos dormíamos, solía estudiar. Encendía una vela y reanudaba sus estudios, lo sé, porque su luz siempre me despertaba.
—Mi Vi.
—No fue elegida, fue solo por un tecnicismo. Vi falló una pregunta en su último examen, porque se quedo dormida. Pero sabía que ella quería dar el discurso aun más que yo. Por eso lo hice. Perdóname Felí si mentí, pero era por una buena causa.
—Niña, eres una brujita de la luz. Se supone que no hagas estas cosas… pero me alegro que lo hayas hecho Babú. Vi se ve tan feliz.
Una vez acabo su discurso "Vainilla" fue aplaudida por casi cinco minutos, se podía ver la felicidad en el rostro de Vi, jamás la había visto tan feliz antes. Se supone que las Brujas de Luz deben ser rectas, pero aun las hermanas, suelen usar uno que otro truquito para ayudarse.
