Capítulo 26: Greenman

Mankar apartó la mirada del rostro muerto de Arkadios, misteriosamente intacto, y se dio la vuelta con lentitud, para ver ahora fijamente a Devil, que los miraba con altivez.

—Felicidades, chicos —dijo la mujer, avanzando por la habitación, mirando con atención las antorchas cuya llama verde se alzaba casi hasta el techo—. Han superado pruebas imposibles para niños de... ¿doce, trece años? Pero nos han divertido bastante esta noche.

Ninguno le respondió. Todos esperaron a que continuara.

—Y supongo que se preguntan qué hacemos aquí. La historia es larga y graciosa. No importa nada si ustedes se enteran en este momento. Con ver su expresión me conformo.

Mientras hablaba, fue caminando hasta el fondo de la habitación, detrás del ataúd encima del cual se encontraba el cuerpo de Arkadios. Lacrimosa dio un paso atrás, pero Mankar se mantuvo firme en su lugar, agarrando con fuerza su varita, pero sin levantarla.

—¿Por dónde empezamos? —preguntó la mujer, bajo la luz verde de las antorchas—. Bien, creo que ya se han dado cuenta que ésta no es la final del «Torneo del León Escarlata» —dijo con desdén—. No, muchachos, este torneo no ha sido más que una oportunidad excelente para llevar a cabo nuestros planes.

—¿«Nuestros»? —preguntó Mankar.

En ese momento, se escuchó un gruñido, como de un animal feroz. Todos se dieron la vuelta y miraron a la puerta atentamente. Una sombra de baja estatura se acercaba por ella. Cuando llegó al final del pasillo, pudieron distinguirla. Era el León Escarlata. En ese instante cambió de forma. Se convirtió en Juanma Black.

Mankar lo miró con rabia. Su hermanastro era cómplice. Había depositado en él su confianza, y habían caído en la trampa.

—Aquí es donde termina todo —dijo Juanma, su expresión transformada. Miró a Mankar y éste se sintió vulnerable, como si esos ojos hubieran lanzado una descarga eléctrica. Igual que la primera vez que los vio—. Y aquí es donde inicia todo. No le creí a Tazllatrix cuando me dijo que ustedes podrían con pruebas tan peligrosas. Los demás niños sólo tuvieron que resolver crucigramas y acertijos —rió con malicia—. Pero a ustedes cinco los necesitábamos aquí.

»Sí, nosotros matamos a la profesora Callahan. ¡Y nadie sospechó de nosotros! No, las personas sabían que en una competencia como ésta podrían ocurrir accidentes.

—Yo no sospeché de ustedes —dijo Mankar levantando un poco la voz—. Sospechaba de esta bruja, no de ti.

—Y tu padre... —continuó Juanma sin inmutarse—, qué circunstancias tan extrañas en las que se vio envuelto, perfectas para convertirlo en el primer sospechoso. En especial después de que huiste de Harrylatino. Es decir, después de que te enviamos al Bosque de la Tinta.

Mankar separó ligeramente los labios, mostrando los dientes en una mueca de odio. Su ira estaba a punto de estallar.

—Vamos, chico, reacciona —dijo Juanma rodeando la habitación y situándose junto a Devil—. ¿O me vas a decir que nunca te lo preguntaste?

—Ya lo había deducido —respondió Mankar—. Lo que quiero saber es por qué no intentaron matarme nunca cuando regresé.

—¿Matarte? En nuestros planes no está matarte —intervino Devil—. No, ya sabemos que tú no puedes morir tan fácil. No cometeríamos semejante error a estas alturas. Te contaremos la historia, sé que te mueres de ganas por escucharla.

—¿Cómo sabemos que se llama «Bosque de la Tinta»? —empezó Juanma—. Ése lugar es una antigua leyenda. La leyenda que fueron a buscar Cronista y Andrés el año pasado, y que terminó costándoles la vida.

»Me cuesta creer que no lo dedujeras antes. Te sabes la historia de memoria.

»Hace mil años, los cuatro magos más grandes de la época se juntaron para fundar el colegio de magia más importante que existe actualmente. Fuego, agua, tierra y aire querían terminar con rivalidades muy antiguas, y durante un tiempo, lo consiguieron. Pero Salazar Slytherin decidió dejar Hogwarts tras una gran disputa.

»Se llevó incluso tesoros que los cuatro fundadores habían conseguido juntos, y valoraban como objetos que debían compartir. Pero Slytherin los reclamó como suyos, incluyendo el poder más grande de todos. La única criatura que reúne los cuatro elementos: puede andar sobre la tierra, volar por los cielos con sus alas, sumergirse en las profundidades del agua y lanzar fuego por la boca.

»Ya lo adivinaste, ¿verdad?

—Viajó al otro lado del mundo montado en un dragón —dijo Mankar—. El Dragón Rolo.

—Así es, chico —continuó Juanma—. Salazar Slytherin robó el Dragón Rolo que descansaba en Hogwarts y atravesó el océano, en busca de nuevos lugares donde pudiera difundir sus creencias sobre la pureza de la sangre. Así, llegó a América, y sometió a una aldea que vivía en el Bosque de la Tinta, dividiéndola en dos pueblos. Pero esa historia, si no estoy mal, ya la conoces.

—¿Sabes cuál es el color que identifica a la casa de Slytherin? —preguntó Taz, regocijándose en dar esas revelaciones.

—Verde —dijo Mankar. Bajó la vista mientras su cerebro armaba el rompecabezas—. Slytherin se hacía llamar así. El hombre verde. Green-man.

—¡Muy bien! —celebró Juanma.

Mankar ahora no disimulaba su asombro. En su mente todo comenzó a encajar: la decoración de la Mansión Courtcastle, por ejemplo, llena de color verde y de serpientes...

«La canción del Sombrero Seleccionador. Salazar Slytherin provenía del pantano... Swamp, en inglés.»

—Bloody Swamp —murmuró—. El pantano sangriento. Lo llamó así a propósito... porque es el lugar de los vampiros.

Juanma asintió complacido.

Apuesto a que llevaban semanas preparando esta conversación —pensó Vax.

—Después de transformar en monstruos a los habitantes de Bloody Swamp y Greeman Place —continuó Juanma—, desapareció. Pero no se había ido del bosque. Se quedó allí, débil al perder a todos sus secuaces. Ahora que el bosque estaba encantado para que nadie pudiera salir, no tenía otra alternativa más que robar las garras del licántropo y del vampiro. Pero el Dragón Rolo se las llevó durante una batalla. Él tuvo que seguirlo a su guarida y se enfrentó con él. Logró arrebatarle las dos garras y por fin escapó. Nunca más regresó.

»Según escritos antiguos, Slytherin continuó su viaje por el continente americano. Viajó por numerosos lugares, imponiéndose sobre las aldeas de muggles. Fue unos quinientos años antes del descubrimiento de América. Pero se dio cuenta de que en este continente también había magos, quienes por algún motivo siempre mandaban en las tribus. Ofreció a estas personas la posibilidad de instruirles en conocimientos mágicos, y ellos accedieron.

»Así, Slytherin fundó un nuevo colegio, un colegio en el que pudiera transmitir sus formas de pensar con total libertad, y en el que finalmente pudiera aceptar o rechazar a los alumnos de acuerdo a su sangre mágica.

»Actualmente, el colegio que fundó Slytherin en este continente recibe el nombre de Harrylatino.

—Slytherin murió aquí, en Harrylatino, hace casi un milenio —intervino Devil—. Sí, pese a cualquier declaración que haya dado Rowling a los muggles, lo cierto es que Slytherin nunca regresó a Hogwarts. No habría podido hacerlo ni aunque hubiera querido, porque ya no contaba con un dragón domesticado.

Mankar miró el ataúd debajo del cuerpo de Arkadios con aversión. Se encogió ante la idea de que los restos del poderoso mago fundador de Hogwarts descansaran allí, y luego sintió aversión de pensar en lo que ese mago tenebroso le hizo a los habitantes del Bosque de la Tinta. Y dio un paso atrás cuando recordó que Slytherin era su antepasado.

—En este lugar fue encontrada la garra del vampiro —continuó Devil—. Slytherin la tenía muy bien protegida. Sin embargo, la garra del licántropo se perdió en algún momento, al parecer durante los viajes de Slytherin.

»Cuando Cronista y Andrés reinauguraron Harrylatino, descubrieron la garra del vampiro, y no perdieron el tiempo en averiguar sus poderes. Intentaron entrar al Bosque de la Tinta, pues tenían una vaga idea de su ubicación. Pero la única manera de entrar era usando el traslador de la garra. Y usarlo les costó la vida. Si eres humano, puedes viajar allí usando la garra, pero no puedes salir si no eres vampiro o licántropo.

»La Ministra de Magia Natis Dumbledore era una vampira del bosque, y recuperó la garra. Pero ella nunca supo lo cerca que estaba de la garra de los licántropos, y del poder absoluto sobre el Bosque de la Tinta.

—La garra de los licántropos se perdió —dijo Juanma. Miraba a los muchachos con una sonrisa de superioridad y hablaba con desdén—. Quizás fue durante los viajes de Slytherin. Hace relativamente poco tiempo fue encontrada por el Ministerio de Magia de tu país, y fue guardad en el Departamento de Misterios. En agosto pasado, fue robada.

—Tú mismo robaste la garra, ¿cierto? —lo acusó Mankar, hablando con odio—. En cuanto te enteraste que estaba ahí, justo en el lugar donde tú trabajas como inefable, no perdiste la oportunidad.

—¡Por supuesto que no, chico! —se rió Juanma—. No soy tan obvio. Tuvimos que esperar un tiempo prudencial. Y yo no iba a arriesgarme de esa forma. No, Tazllatrix fue quien la robó. El día de la boda de tu padre, precisamente. Los aurores no estaban alerta, y para mí no fue difícil distraer la seguridad del Departamento de Misterios. Al final, no pudimos evitar que El Giratiempo se enterara, pero la noticia no fue muy completa.

—Nosotros teníamos la garra del licántropo —dijo Devil—. Y usamos su magia para hechizar la Copa de los Tres Magos y enviarte al bosque. Y una vez allí, había dos posibilidades: que te mataran... o que, como eres un niñito tan impertinente, encontraras la forma de regresar; es decir, que recuperaras la garra del vampiro y nos la trajeras de vuelta. Justo lo que queríamos.

—¡Y ahora tenemos las dos garras! Nadie sabe para quien trabaja —dijo Juanma, y soltó una carcajada.

—¿Sabes?, las garras tienen unos poderes increíbles. Claro, por sí solas no hacen mucho, pero juntas...

Mankar recordó que Renzo había dicho que las garras juntas eran capaces de hacer cualquier cosa...

—Y aquí es donde entra nuestro amiguito Arkadios —dijo Devil, mirando el cuerpo inerte que tenía en frente—. Verás, nosotros sabíamos que tenías la garra, pero no la encontramos nunca. Fue cuando volviste del bosque con ese vampiro que sospechamos. Qué suerte que la primera persona que fuiste a ver en busca de ayuda fue Juanma.

—Con una simple maldición imperius, Arkadios podía investigarte y contárnoslo todo sobre ti, sobre el vampiro y el supuesto tesoro. Usamos la tercera prueba del Torneo del León Escarlata (y del Águila Azul) como excusa para robar la garra del vampiro. Arkadios la tomó.

—Y también estuvimos obligando al chico a que probara la garra —continuó Juanma—. Pero ésta no podía combinarse con la mano de un ser humano... Lo hicimos de tantas formas... El chico estaba bajo mucha presión, y los intentos por hacer que funcionara la garra lo debilitaban mucho. Quizás se estaba muriendo de todas formas. Al final, se suicidó.

Juanma lo dijo como si fuera algo tan natural como la conclusión de un cuento de hadas que estuviera relatando, cosa que a Mankar le dio mucha ira.

Por eso me culpaba a mí de su muerte —dijo Vax—. Si yo no me hubiera quedado en su habitación, no lo habrían torturado de esa forma. ¡Son unos desgraciados!

—Desgraciados —repitió Mankar lleno de odio.

—Que hubiera muerto fue muy oportuno para nuestros planes —dijo Devil, acariciándole el cabello a Arkadios—. Hay que admitir que han cambiado mucho desde el principio. El sacrificado no tenía que ser Arkadios, queríamos que fuera Gastón.

»Claro, el chico fue escogido para ingresar a los Guardianes de Nurmengard a propósito. Tenía fama de ladrón y de pésimo estudiante. Si no quería reprobar el año por la clase de Transformaciones, tenía que hacer lo que yo le pidiera. Así, podría espiarte, y él podría ayudarnos a robar la garra del vampiro cuando regresaras del Bosque de la Tinta, si es que lo hacías.

»Hacíamos pruebas con él para usar la garra del licántropo, y también tuvo efectos que lo perjudicaron tanto que decidimos enviarlo al Bosque de la Tinta para librarnos de él. Estaba enloqueciendo.

Mankar estaba a punto de perder la cordura. Le costaba creer que hubiera gente tan enferma como para tratar con la gente como si fueran animales u objetos. Eso explicaba por qué Gastón creía que los demás Guardianes estaban en el bosque...

—¿Indignado? —preguntó Devil—. No fue el único chico que usamos. Boggart, por ejemplo, muy amablemente tomó tu varita la noche de la primera prueba del torneo y así pudimos modificarla para que te enviara al Laberinto, y así pudieras tomar la Copa que te llevó al bosque. Creo que la maldición imperius no funcionó del todo bien, ¿sabes? Creo que recuerda algo de ese momento... —hizo una pausa para disfrutar la expresión de Mankar.

»Pero bueno, además de un cuerpo sacrificado y las dos garras, sólo nos hacía falta una cosa. Tú.

Mankar no apartó la mirada. Siguió escuchando.

—Si no llevamos a cabo nuestros planes hace dos meses —continuó la mujer—, era porque no teníamos todo listo. Y te necesitábamos aquí, en este lugar. Necesitábamos que tú vinieras aquí voluntariamente y colgaras en esos soportes las antorchas. Antorchas que debías prender en fuego tú mismo, y ya que eres descendiente de Slytherin y tienes algo que ver con ellas porque las creó tu antepasado, eres tú quien tiene el poder de activarlas.

—¿Las antorchas? —Mankar las miró, y vio el fuego verde que ascendía con violencia hasta rozar el techo.

—Claro, Mankar —dijo Juanma—. Las antorchas que recibiste para la prueba del Torneo eran en realidad la garra del vampiro y la garra del licántropo, que tú y tus compañeros prendieron en llamas y trajeron aquí. Y ahora es el momento idóneo para que ocurra la magia.

—Mankar —dijo Tazllatrix, ahora su voz se vio alterada por la emoción—. En cuanto salga la luna llena, las garras tendrán todo su poder. Será el comienzo del fin. ¿Sabías que las garras juntas son capaces de traer a alguien del mundo de los muertos?

Ron ahogó una exclamación, pero Mankar no le prestó atención. Casi había olvidado que los Guardianes estaban allí.

—Van a revivir a Ángel Riddle —dijo Mankar.

—Y su alma tomará posesión del cuerpo de este jovencito —dijo Juanma, palmeándole el hombro a Arkadios.

—No lo permitiremos —amenazó Mankar, ahora levantando su varita.

—Es demasiado tarde para que intentes hacer algo —respondió Devil, sin hacer el menor movimiento para defenderse. Hizo una pausa y añadió con una risotada—: Sí, niño, lo has perdido todo. En vano.

—¿Cómo pudiste? —vociferó Mankar, dirigiéndose a Juanma.

—Nunca me conociste —dijo Juanma, casi encogiéndose de hombros—. Siempre estuve de parte de Tazllatrix y Ángel. Yo «trabajaba» para ellos en Muggler, su local del Wizentro, encubierto. Era allí donde guardábamos las recompensas por nuestras misiones.

¡Desmaius! —gritó Mankar. Sus compañeros lo imitaron. Él no quería escuchar nada más.

Pero los rayos no cruzaron la habitación: se desvanecieron antes de llegar a donde se encontraban los asesinos. Las llamas de las antorchas, o de las garras, se avivaron, por increíble que fuera.

—¿Qué es lo que quieren con esto? —preguntó Mankar—. Ya no puede ser simplemente vivir sin necesidad de un talismán whity. Hay algo más.

—Esa respuesta la descubrirás muy pronto —dijo Juanma, asintiendo con la cabeza.

Casi podían escuchar el rugir del fuego. Mankar tuvo que separarse un paso porque empezaba a sentir que se quemaba.

—¿Ves eso? —dijo Devil—. La luna llena está a punto de salir. Y no podrás estar aquí para interponerte en nuestros planes.

Las llamas crecieron más y más. Mankar cayó al suelo, pues sus piernas le fallaron. Se dio cuenta que su vista se nublaba y las articulaciones empezaban a dolerle. Se aferró a su forma humana con todas sus fuerzas, pero no pudo hacerlo por mucho tiempo. Empezó a verlo todo rojo, mientras su cuerpo le dolía al transformarse, y sufrió, por abandonar a los Guardianes en ese lugar tan peligroso, solos contra las dos personas más despreciables que había.

Mankar cayó a cuatro patas y se levantó de inmediato. Había algo debajo de su pata delantera que le molestaba. Era su varita, que había estado agarrando con fuerza. Estaba intacta.

«Tenemos que regresar», pensó Mankar.

¿Qué tienes en mente? —respondió Vax.

—Cómo era el hechizo... —dijo Mankar—. ¡Serafi Aparecium!

No ocurrió nada.

—Vito nos mintió, no funciona el hechizo para transportarse mágicamente.

—O quizás no funciona en el Bosque de la Tinta —dijo Vax, proyectado a su lado.

Mankar lo miró desesperanzado.

—¿Se te ocurre otra cosa? —preguntó su conciencia, mirándolo con los rojos ojos preocupados.

—Tenemos que ver a Natis. Ella ya viajó a nuestro mundo una vez. La única forma de regresar es luchando contra el Dragón Rolo. Y ella conoce su guarida.