El Sonido del Silencio.

Abrí los ojos al recuerdo de haber revivido, un curioso momento de mi vida junto a las gemelas. Muy curioso, pero debo admitirlo también lindo. Un recuerdo que había permanecido oculto en nuestras mentes, se había manifestado en un precioso sueño. Era un mágico momento, donde el amor, superaba al mejor de los embrujos.

Yo solo sonreí al ver a mis Gemelas aun durmiendo, luego recordé algo.

—¿Qu-qué paso? ¿Me quedé dormida?

Lo único que atine a hacer, es frotarme los ojos. Vi a Flox y a Shirley limpiado el otro extremo de la sala. Yo estaba muerta de vergüenza, se suponía que éramos las que íbamos a limpiar.

Hasta habíamos organizado todo… solo para quedarnos dormidas.

—No las despiertes Felí. Están muy cansadas.

Mamá Dalia estaba arropando a sus hijas con dos lindas mantas bordadas a mano. No recuerdo haberlas visto antes, pero el estilo de bordado, era muy característico de la señora Dalia. Ella las había bordado a mano.

¿Pero cuándo lo hizo?

—Ayúdame a cubrirlas Felí, no quiero despertarlas.

Algo curioso, que no había notado, es que las gemelas estaban abrazándose. Al dormir una junto a la otra, se habían terminado juntando, hasta que se abrazaron. Como cuando eran unas niñas pequeñas.

—Están muy lindas las mantas.

—Gracias, las bordaba desde hace meses, durante las noches. Pensaba en dárselas como el verdadero regalo, pero luego no pude.

—¿Por el regalo del Señor Cícero?

—En parte, no quería arruinar su lindo esfuerzo.

—Se ven muy lindas.

—Me esforcé mucho en tejerlas.

Aunque me refería esta vez a las gemelas, durmiendo juntas, se veían como dos angelitos. Como cuando eran unas niñas pequeñas y Vainilla se asustaba de algo, al final, le rogaba toda la noche a Pervinca para que durmiera con ella.

En el fondo, sabía que a Vi también le gustaba eso.

—Son unos amores mis niñas. No las despiertes Felí, de acuerdo.

Yo solo asentí, ahora esperaba nuevas órdenes.

—Se esforzaron mucho anoche, ustedes tres. Deberías descansar otro poco.

—Estoy bien. Soy una hada fuerte. Además me comprometí a ayudar con la limpieza.

Sifelizyoserédecírteloquerré tú no vas a ayudarnos con la limpieza, de acuerdo.

—Pe-pero se supone que un Sinmagia no puede ordenar a un hada —traté de moverme para levantar varios papeles, pero mi cuerpo no respondía—. Es trampa. Un Sinmagia no puede ordenarle a un Hada.

—Felí, recuerda que antes de casarme con Cícero, era una Bruja de la Luz. Igual que Vainilla o Lila. En realidad no tan buena como ellas, pero fui una Bruja de la Luz que es lo que importa.

La Señora Dalia sonrió victoriosa, había perdido.

—Esta bien, me sentaré aquí junto a las gemelas.

Habían dicho mi nombre completo, para mi representaba una orden que no podría dejar de cumplir, aunque quisiera. No tuve más opción que sentarme a observar como Mamá Dalia y las chicas como limpiaban. Mientras Vainilla y Pervinca dormían abrazadas.

Pude observar, que los hombres de la casa también ayudaban.

—Al menos es bueno ver esforzarse así al joven Jim y al joven Grisam —sonreí al verlos mover los pesados muebles—. Hasta el Señor Cícero ayuda.

Todos estaban ayudando, hasta las pequeñas hermanitas de Jim y las gemelas de Shirley. Quería hacer también mi parte, pero no podía, estaba prisionera por una orden directa. Sin pensarlo, empecé a maquinar un plan.

—Shirley, Shirley.

Llamé a mi siempre confiable brujita absoluta.

—Dime Felí.

—Te puedo pedir un inmenso favor.

Ella pareció muy feliz al ver que yo, le pediría algo.

—Claro, lo que gustes.

—Quiero que digas mi nombre completo y me ordenes ayudarlas con la limpieza.

Shirley solo arrugó la cara.

Sifelizyoserédecírteloquerré tú no vas a ayudarnos y tampoco vas a pedirle a nadie más, que te quite aquella orden. De acuerdo.

Solo suspiré, estaba derrotada.

—Tú ganas, no lo haré.

—Trabajaste mucho anoche Felí, incluso pude ver que casi te desmayas.

En realidad, mi "casi" desmayo era por el llanto de Rouse, pero Shirley al parecer, no se había percatado de ese detalle. Tuve que abandonar mi ida de ayudar con la limpieza, además, ya había bastante gente ayudando.

Pero aun tenía una esperanza.

—Nadie me dijo que no cuidara a las niñas, Rosy y Cath deben estar en sus cunas.

Sonreí al tiempo que volaba cruzando la sala, en dirección a la antigua habitación de mis gemelas, ahora habitación de Cath y Rosa. Por precaución, evite volar cerca de cualquier Mágico o ex-mágico, no quería repetir aquella experiencia.

—Libré a todos… espero.

Por fin llegué a la habitación de las niñas, ahí estaban Cath y Rosy en compañía de Celastro, su esposa Hellen y su pequeño Alexander. También estaba Sophie y una pequeñita muy parecida a ella.

—¡So-So-Sophie!

Me alarme mucho al pensar que la pequeña Sophie, la que para mi representaba toda la inocencia de ser niños, tenía ya una hija.

¡Y a su edad!

—¡Sophie Littlewalton! ¡Aun estas muy pequeña para tener hijas!

Sin embargo, Sophie que hace tiempo había crecido, me miró muy seria.

—Felí, esta niña que ves a mi lado no es mi hija… es mi hermana. ¡Como crees que voy a tener hijos! Aun soy muy joven para eso.

Sophie se enojó bastante, debo admitirlo. Aunque su hermanita parecía más divertida con mi confusión.

—Pe-perdón Sophie. Es que la vi a ella, muy parecida a ti… ¿Qué querías que pensará?

—Que era mi hermana.

—Lo siento, no volverá a pasar. No me dejaré llevar por la primera impresión de nuevo.

—Eso espero. Francis y Tommy tienen cinco hermanos más. Celastro tiene dos hermanas, incluso Acantos tiene una hermana menor. Porque no pensaste mejor en esa posibilidad.

—Perdón, me deje llevar.

—Cálmate Sophie, que dirá tu hermanita o tus queridos alumnos.

—Es verdad. Primero la compostura.

Sophie respiró hondo y regresó a su usual actitud calmada de siempre. Sin embargo, yo estaba más interesada en otra cosa y no era precisamente, la hermana menor de Sophie.

—¿Alumnos? ¿También eres maestra como Hellen?

Hellen sonrió al escuchar que la nombre.

—O como Cloudy, Nepeta, Canela o Vainilla.

Estaba muy sorprendida de que hubieran tantos maestros, entre los antiguos niños que una vez protegí. Era de las pocas profesiones humanas, que no consideraba algo extraño. Incluso para enseñar magia, se necesitaba de un maestro.

—Nepeta no es maestra, recuerda Celastro, ella es la enfermera de la escuela.

—Si, tienes razón. Gracias Sophie.

—¿Enfermera? Valla. —miré atentamente a Sophie—. ¿Entonces también eres maestra, Sophie?

—En realidad soy la directora de la escuela.

—¡Di-Di-Directora!

Casi me caigo al escuchar esa tremenda declaración. Sophie lo había mantenido en secreto hasta ahora, la muy tramposa. Pero me alegraba por ella, era bastante dedicada a los estudios y desde muy pequeña, aunque algo miedosa, siempre se trazaba metas, las que cumplía sin falta.

—Que gusto, lo tenías bien merecido Sophie.

Cuando creció, Sophie se fue haciendo menos tímida, aunque a diferencia de los demás niños, prefería quedarse a conversar con los maestros de la escuela. En parte era, porque los niños siempre la molestaban, tirando de sus trenzas.

Pero fuera de eso, ella en verdad amaba la escuela.

—Gracias, es un placer ser la directora de mi escuela. Debo admitir, que fue bastante sorpresivo para mí, que me pidieran serlo.

—Vamos pequeña Littlewalton, no había nadie más capacitado que tú.

—Celastro, no me digas pequeña. Ya no soy una niña.

—Perdón, perdón. Pero las viejas costumbres no se pierden.

Aunque todos reían felices ante los recuerdos de la infancia, noté muy decepcionada a la pequeña hermana de Sophie. Al parecer, el que no la hayamos tomado en cuenta, la había desilusionado.

—Sophie, ¿cómo se llama tu hermana?

Al escuchar mi pregunta, la pequeña Littlewalton y no me refiero a Sophie, se emocionó mucho.

—Oh que boba, olvide presentártela. Anoche no pudo venir porque estaba pasando un resfriado, pero ya esta aquí. Te presento a mi hermana, su nombre es Lily.

La pequeña hermanita de Sophie, se presento muy cortésmente, haciéndome una reverencia como si fuera alguna especie de princesa. Era muy linda, tenía bastante parecido con Sophie a esa edad, pero realmente no era una versión más joven de ella.

—Mucho gusto Lily, soy Felí.

Esperé a que la pequeña me contestará, pero no sucedió. Al contrarió, me dedicó una enorme sonrisa y luego empezó a escribir algo, en un cuadernito que tenía guardado en su ropa. También tenía un lápiz con goma guardado.

—Veamos, ahí dice… "El gusto es mío"

Yo sonreí, la pequeña realmente debía ser muy tímida, quizás más que lo era Hellen. Pero me pareció muy tierna su forma de comunicarse. Aunque luego descubrí algo sobre ella, que aun así, no me hizo cambiar la impresión que tuve cuando la conocí.

La pequeña Lily, no podía hablar.

—Felí, debo hablar algo serio contigo.

—Debe ser muy serio, para que tu me digas eso, Sophie.

—Lily, podrías jugar un momento con Cath, Rosa y Alex.

La pequeña hermana de Sophie asintió.

—Felí, no se si lo notaste. Pero mi hermanita, no puede hablar.

—Oh, por eso era el cuaderno. Yo creí que solo era tímida. Aunque es igual de linda con aquel cuaderno.

—¿No te parece rara?

—¡Rara! ¿Por qué? No le veo nada malo a ello. Para mí sigue siendo una niña muy saludable, solo que más especial que las demás.

— Gracias Felí. Jamás creí que alguien hablará tan lindo de mi hermanita.

—Y porque no lo debería hacer. Solo me gustaría saber una cosa, nació así o fue por alguna enfermedad.

—En realidad fue por un trauma, Lily cuando nació, podía hablar. Un día, hace algunos años atrás, visitamos Aberdurville. No es la gran cosa, solo un pequeño pueblo con tantas casas como dedos en mi mano. No es como Fairy Oak.

—Ejem, querida Sophie, te estas saliendo del tema.

—Perdón —se disculpó una sonrojada Sophie—. Verás. Cuando estábamos de visita en Aberdurville, ocurrió un incendio y Lily quedó atrapada dentro de la casa que se incendiaba. Papá entro a rescatarla y casi mueren los dos, por suerte, con ayuda de algunos pobladores, lograron salvar a Lily. Además de a dos niñas que habían quedado en aquella casa.

Esas eran las hermanas adoptivas de Jim, Gaviota y Alondra.

—Aquella experiencia fue demasiado traumática para Lily, tanto que dejo de hablar ese día. Además, la aterroriza el fuego.

—Es de imaginarse, quien hubiera pasado algo parecido, también estaría así.

—Pero Nepeta dice que la hermanita de Sophie algún día volverá a hablar.

—¿En serio?

—Si, dijo que como sucedió por un trauma, con el tiempo, recuperaría el habla. Por el momento, no había que forzarla.

—Que alivio. Así que un día escucharé tu voz, pequeña Lily.

A diferencia de su hermana adolescente, Lilly no se molesto por ser llamada pequeña, al contrarió, parecía muy feliz. Un detalle que me pareció muy curioso, pero no se lo comente a Sophie, es que, su hermanita era mucho más alta que Sophie a esa edad.

Me pareció gracioso, Lily llegaría a ser más alta que Sophie.

—Sucede algo pequeña Lily.

La joven hermanita de Sophie, me hizo señas para que la viera. Luego comenzó a escribir algo en su pequeño cuaderno. Se veía tan linda haciéndolo.

—Veamos, ahí dice… "Gracias por ser tan buena conmigo".

Solo sonreí y volé hasta su mejillita, lego le di un beso en la mejilla y un pequeño regalo más. Soplé algo de polvo de hadas sobre ella. No sería de mucha ayuda contra una enfermedad, pero al menos, valía la pena. En especial por verla tan feliz.