Capítulo 27: El Dragón Rolo

—No puedo dejar que vayas. Te matarán apenas te vean.

—Es un riesgo que pienso correr —afirmó Mankar—. Ahora sube.

—Pero...

—¡No hay tiempo que perder!

—¡Llevan mucho tiempo planeando encontrar al Dragón Rolo! —dijo Vax—. ¿Cómo crees que esta noche lo encontrarán?

—¿Pretendes que me quede de brazos cruzados? —exclamó Mankar—. ¡Intentan revivir a Riddle! ¡Traerán a un muerto de vuelta a la vida! ¡Ninguna magia es capaz de hacer semejante cosa! Y si son capaces de ello, ¡qué no podrán hacer después! ¡Tenemos que impedirlo!

Vax lo miró a los ojos.

—Pero, Mankar, no puedes morir en vano. Y menos aquí. Si los vampiros te matan, quizás yo también muera.

—Devil y Juanma programaron la final del Torneo del León Escarlata hoy —respondió Mankar con vehemencia—. Es martes. ¿Por qué no lo harían un fin de semana? Apuesto a que convencieron a los demás Jefes de Casa de hacer las finales hoy. Me querían quitar del medio. Querían que yo estuviera aquí en el Bosque para que no pudiera interferir en sus planes.

—Mankaú, la magia de las garras sólo funcionaba en luna llena...

—Tú escuchaste a Devil —continuó Mankar—. No van a intentar matarme. Debe haber algo en mí que no pueden destruir, o que no saben hacerlo. Seguro tiene que ver con mis antepasados fundadores de Hogwarts. Y eso también debe tener que ver con las garras. ¡Súbete de una vez!

Vax terminó aceptando de mala gana, y subió en el lomo de Mankar.

Empezó una carrera a toda velocidad en dirección a Bloody Swamp. Sabía que su vida correría peligro en ese lugar, pero era su única posibilidad. ¿Cuánto tiempo tardarían los vampiros en darse cuenta de que un licántropo había entrado en sus territorios? Si no estaban haciendo guardia, probablemente Mankar podría llegar al pueblo sin problemas.

Vax pesaba bastante. Habría sido tan útil que pudiera entrar a su mente... Pero mientras estuvieran en el bosque, un hombre lobo y un vampiro no podían compartir el mismo cuerpo. Mankar de todas formas estaba tan concentrado en llegar a su destino para regresar a Harrylatino que no tuvo tiempo para quejarse.

Los minutos pasaban y Mankar corría cada vez más desesperadamente. Se detenía de vez en cuando para recuperar el aliento, pero ya que veía a su alrededor los mismos árboles de siempre, sentía que estaba andando en círculos y que nunca llegaría a Bloody Swamp.

—¿Y si sigo yo de ahora en adelante? Puedo convencer a Natis —insistió Vax.

—Tenemos que ir juntos —dijo Mankar, jadeando.

Vax no se atrevió a discutir más.

La luna, blanca, inmensa, mostraba las siluetas de las nubes e iluminaba las copas de los árboles. El bosque estaba oscuro, muy denso en ese lugar. No se alcanzaba a distinguir nada a un par de metros de distancia.

—Hagamos una cosa —propuso Vax—: ve a Greeman Place e intenta que te digan lo que saben de la guarida del Dragón Rolo. Yo haré lo mismo aquí.

Mankar gruñó, perdiendo la paciencia.

—No, Vax. Quizás ninguno de los dos pueblos sepa algo. Pero, si alguno lo sabe, debemos estar juntos para poder regresar así a nuestro mundo.

—Por favor, Mankaú...

—¡Que no, Vax! —rugió Mankar—. Y si no estás de acuerdo, seguiré yo solo a Bloody Swamp.

El gruñido que le siguió a estas palabras fue ahogado. Algo muy fuerte y rápido golpeó a Mankar en las costillas, cortándole la respiración y derribándolo violentamente unos metros más allá.

Intentó incorporarse y buscó a su agresor con la mirada. Pero su olfato ya se lo había dicho. Había un vampiro frente a él, mostrando los colmillos, sus ojos rojos brillando en la oscuridad. Y estaba listo para atacar una vez más.

—¡Jose, tranquilo! —gritó Vax—. ¡No me hará daño!

—Estaba a punto de atacarte —respondió el vampiro—. Escuché sus gritos y gruñidos.

—¡No, estás equivocado!

Mankar intentó incorporarse. Le dolió respirar. Se arrastró hacia atrás y se topó con una raíz de árbol.

—Ayúdame a llevarlo al pueblo —pidió Jose, acercándose a Mankar con paso decidido.

—¿Qué le harán?

—Ya lo verás.

Agarró a Mankar con brusquedad del cuello y lo levantó por la nuca con una sola mano, hasta hacerlo arrodillarse. Luego, le apuntó con la varita y le ató las manos en la espalda. Lo puso una mano por debajo de las axilas y le hizo señas a Vax para que hiciera lo mismo. Mankar no opuso resistencia.

Vax vaciló.

—Vamos, ¿qué estás esperando? —preguntó Jose con impaciencia.

El chico no tuvo opción. Agarró a Mankar por debajo de la otra axila y lo levantó. Empezaron a caminar, prácticamente arrastrando al licántropo. El avance se hizo mucho más incómodo y lento, y Mankar lamentó haber sido tan poco precavido al momento de detenerse. Sin embargo, sabía que tarde o temprano se enfrentaría a algo así. Al menos ahora sabía que se dirigían en la dirección correcta.

Minutos más tarde, empezaron a vislumbrarse las luces de Bloody Swamp a través de las ramas de los árboles. Algunos sonidos se escuchaban a lo lejos, y conforme se acercaban, se iban percatando de la actividad que había en el pueblo.

Ya desde antes de entrar, algunos vampiros se dieron cuenta de la presencia de Mankar, quizás por su olor. Jose entró sin titubear, y cada vez más miradas se sumaban ante el desfile de los dos vampiros que atravesaban el pueblo arrastrando un hombre lobo.

Mankar decidió mantener baja la mirada. En un par de ocasiones miró a su alrededor, y sólo vio expresiones de asco que le dirigían los habitantes del pueblo, casi imperceptibles en la oscuridad, excepto porque cada par de ojos rojos destellaba de forma intimidante.

Minutos después, llegaron al final del pueblo. La gran mansión Dumbledore, hogar de la reina vampira, ministra de magia, Natis, los recibía con las puertas abiertas, no como un hospitalario anfitrión, sino como un depredador que engaña a su presa. Se sentía en el aire, infestado por el peculiar olor de la especie que habitaba el lugar, que penetraba en la nariz de Mankar como un veneno.

Jose entró. El vestíbulo, cuyas paredes eran de madera brillante, estaba bastante frío aquella noche, iluminado por un candelabro que colgaba del techo. Pero el vampiro no perdió el tiempo contemplándolo, pues siguió avanzando y atravesó una puerta que a simple vista no podía verse. Mankar sentía cómo la mano de Vax temblaba bajo su axila. Ambos sabían a dónde se dirigían, pues conocían el lugar bastante bien, ya que habían pasado una larga temporada viviendo en esa mansión

Era una especie de calabozo, que prácticamente nunca se usaba, pero que los vampiros de Bloody Swamp guardaban para ocasiones especiales. Jose tiró de Mankar con tanta fuerza que Vax no pudo evitar soltarlo. El vampiro lo lanzó con brusquedad contra el piso.

—Vigílalo —ordenó Jose—. Yo iré a buscar a Natis. Ya veremos qué hacer con este chiquillo.

No dio oportunidad a Vax de responder. Se dio la vuelta y desapareció por la puerta.

—Esto es una mala idea. Tenemos que irnos de aquí —imploró Vax.

—No —dijo Mankar terminante—. Esto es justo lo que queríamos. Ahora vendrá Natis e intentaremos hablar con ella. Y si escapamos te meterás en problemas. Recuerda lo que te hicieron lo última vez.

—¡Nada de lo que me hagan a mí será peor de lo que te hagan a ti! ¡Creerán que esto es el inicio de la guerra!

—Basta. No podemos esperar hasta que amanezca para regresar.

—¿Y qué hora es? ¿Medianoche?

Mankar no respondió. Simplemente sacó de su cabeza la idea de que se acababa el tiempo. Sabía que todavía había algo que pudiera hacer.

Ninguno de los dos volvió a hablar. Mankar agradeció ser licántropo en ese momento, y que Vax fuera vampiro, porque sus mentes se desconectaban, y hacía mucho tiempo que no tenía esa privacidad. Su mente vagaba sin ningún tipo de intervenciones, y ya se imaginaba peleando contra el Dragón Rolo. ¡Y si regresaba a Harrylatino convertido en lobo...!

Unos pasos se escucharon afuera de la puerta. Eran pasos decididos y veloces, y por el sonido que hacían, era fácil saber a quién pertenecían. Por un instante, Mankar se arrepintió de entrar en esa aventura; aventura que para cualquier otro licántropo tenía el nombre de "suicidio".

La puerta se abrió de par en par. Natis ingresó con gesto de orgullo, inspirando superioridad. Miró a Mankar un instante y sonrió complacida. Ahora, el chico se preguntó si estaba mejor en ese lugar, o en la tenebrosa tumba de Slytherin con la asesina de su madre.

—Te daría la bienvenida, si fueras bienvenido en este lugar —dijo Natis, su voz parecía contener la dicha de la victoria por ser el primer bando en obtener un rehén—. Intentaste atacar a uno de los míos.

—¡Eso no es cierto!

—Silencio —exclamó Natis imponente, callando de inmediato a Mankar—. Pensé que los tuyos eran un poco más inteligentes, que el licántropo que atacó a mi nieta la otra noche sólo era un caso aislado de un animal que no pudo controlarse. Pero es obvio que todos se mueren por iniciar la guerra. ¿Acaso Vila no se lo permite? ¿Qué están esperando todos?

—Es un malentendido —dijo Vax.

—¿Estás seguro? —Natis miró entonces al joven vampiro que acompañaba a Mankar—. Es bueno tenerte de vuelta. Hay mucho que todavía debes aprender. Parece increíble que seas capaz de confiar en la palabra de un licántropo. Nosotros no lo hacemos, a menos que no nos afecte que falten a ella.

Jenn apareció al lado de Natis. Jugueteaba con una varita oscura, como si estudiara el tenedor con que iba a comer a sus víctimas. Su risa le puso los pelos de punta a Mankar.

¡Crucio! —exclamó Jenn.

Mankar comenzó a retorcerse. Un dolor indescriptible lo recorrió de pies a cabeza, como si fuera víctima de una poderosa descarga eléctrica. Nunca, nunca en la vida había sentido dolor semejante. Tomar la poción multijugos o transformarse en licántropo parecía doler tanto como una cortada en el dedo. Ahora era todo su cuerpo el que ardía como si sangrara por dentro y por fuera, como si sus huesos se desmoronaran... No había forma de soportarlo. No escuchaba nada, y quizás por eso, cada segundo que pasaba intentaba que sus alaridos de sufrimiento se escucharan más fuertes, quizás con la esperanza de que el dolor saliera de su cuerpo junto con sus gritos, o de que en algún momento se quedara sin energías, inconsciente, o lo que fuera, con tal de no tener que sufrir más...

Una risa macabra le perforó los oídos, al tiempo que su cuerpo se relajaba, aunque él no lo sentía; más bien, sentía que ya no tenía cuerpo, pero su respiración agitada delataba que ahora el licántropo tirado en el suelo.

Sintió miedo de mover un solo músculo. Parecía que al mantenerse totalmente inmóvil había menos probabilidad de que el dolor se repitiera.

—No vas a morir, chico —dijo Natis—, No es el momento. Los licántropos lo pensarán dos veces antes de meterse con nosotros, si saben que tenemos uno de los suyos —Mankar no podía levantar el rostro, pero no tenía ganas de lanzar una mirada desafiante a Natis—. Te veré mañana. Ni se te ocurra escapar.

Mankar escuchó el roce de la capa de Natis y Jenn, y un par de pasos le indicó que estaban retirándose.

—Espere... espere un momento.

El ruido de los pasos se detuvo. Mankar supo que lo estaban escuchando. Se lanzó a decir la verdad.

—Soy nieto de Gaby Weasley, auror del Ministerio de Magia —dijo con voz débil y temblorosa. Rodó en el suelo y pudo ver a Natis de reojo. Necesitó dos segundos para recuperar el habla, después de los cuales, continuó. Las frases eran seguidas de una pausa, cada vez un poco más cortas—. Mi padre es Merlín Weasley, acusado de la desaparición de Ángel Riddle y los directores de Harrylatino. Lo enviaron a la cárcel después de la muerte de Beatriz Callahan, y creen que estoy implicado en ella, porque supuestamente escapé del colegio. Pero fui enviado al Bosque de la Tinta, y fui convertido en esto que ves.

La transformación de la cara de Natis y Jenn, que iba del orgullo a la estupefacción, no desconcentró a Mankar mientras habló. Esperó un par de segundos antes de continuar.

—Hace unos meses regresé a mi mundo accidentalmente —dijo lentamente—, junto con Vax, y nos llevamos la garra del vampiro. Nos la robaron. Y Tazllatrix Devil, junto con Juanma Black, está usándola para revivir a Ángel Riddle. Tú sabes que mi padre no mató a Cronista y Andrés. Murieron aquí. Y entiendo que no pudieras hacer nada para evitar que lo culparan por ello. Pero es esa mujer quien mató a la profesora Callahan, y me envió a este lugar. Ella quería que yo consiguiera la garra faltante para ella, y así poder revivir a Riddle.

Mankar se apoyó en los codos temblorosos y se sentó contra una pared. Finalizó su explicación diciendo:

—Como tú sabes, los hombres lobo y vampiros que salen del Bosque de la Tinta regresan mágicamente cuando hay luna llena. Creo que puedo interponerme en los planes de Devil y Juanma. No hay tiempo de explicaciones. Por favor, necesito tu ayuda para regresar a mi mundo.

Natis se dedicó a mirar fijamente a Mankar. Él hizo lo mismo, implorándole que le creyera. Vax, con el mismo fin, hacía cara de gato de Shrek. Por fin, Natis preguntó:

—¿El nieto de Gaby?

—¡Sí! Soy Mankar Weasley. Por favor, sé que mientras yo sea un licántropo, te será difícil confiar en mí. Pero yo no intenté atacar a Vax. Y tú eres el único ser de este bosque que parece poder controlar su instinto. Por favor, créeme.

Natis tenía la mirada perdida en un punto, valorando las palabras que había escuchado. Jenn simplemente miraba a Mankar y Vax alternadamente, confundida.

—Mira, no te puedo ayudar —dijo Natis—. Hemos estado buscando al Dragón Rolo durante meses. Ya sabíamos que la garra estaba allí, y deseábamos regresar. Pero no podemos, porque no sabemos dónde podemos encontrarlo. Una vez luché con él, pero no fue en su guarida. Él me encontró a mí, salvó a un licántropo de una muerte segura en mis manos.

Mankar exhaló decepcionado.

—Por favor —dijo en voz baja—. Mis amigos están allá. Me necesitan.

Entonces, se imaginó el destino de los Guardianes de Nurmengard. ¿Para qué los quería Devil allí en la tumba? ¿También los sacrificaría?

—Las garras —dijo—. Hazlo por las garras, por lo menos. Ella las destruirá para traer a Riddle de regreso. Tenemos que impedirlo.

Natis se quedó fría. Pronunció una palabra malsonante y empezó a caminar por la sala, murmurando. Miró a Jenn, y ella le devolvió la mirada; se comunicaron así durante unos segundos, moviendo la cabeza de vez en cuando.

—Vamos, chicos —dijo por fin—. Nos vamos a los territorios de Greeman Place. Allá debe estar el Dragón Rolo.

Mankar sonrió agradecido.

Las dos vampiras salieron de la habitación. Vax lo ayudó a levantarse. Mankar no se atrevía a sostenerse en dos patas, así que se quedó apoyado en las cuatro. Vax lo miró con expresión triste, culpable, pero Mankar procuró estar radiante, e incluso rió al imaginar su expresión sonriente en la cara de un hombre lobo, que quizás parecía más hambrienta que alegre. Ambos cruzaron la puerta y regresaron al vestíbulo.

A lo lejos, escucharon una voz agitada:

—Basta, Jose —exclamaba Natis—. Iré con Vax y el licántropo. Nadie más nos acompañará. Si los licántropos nos descubren, habrá una batalla que no queremos ocasionar por ahora.

—Precisamente, si los descubren, no podrán salvarse —insistió la voz gruesa de Jose.

—Si encontramos al Dragón Rolo —dijo Natis en voz más baja—, hay posibilidades de recuperar nuestra garra, e incluso la de los licántropos.

Jose intentó discutir más, pero Natis lo cortó. Ambos salieron por una puerta y vieron a Mankar y a Vax, escuchando atentamente.

—¿Ya están listos? Nos vamos —anunció Natis.

Los chicos salieron de inmediato, e incluso la marcha comenzó rápidamente. Ante las miradas atónitas de los vampiros, Natis y Vax corrieron acompañados del licántropo, cruzaron el pueblo en un abrir y cerrar de ojos, y se adentraron en el denso Bosque de la Tinta.

El camino resultó igual de fatigante que de ida. Mankar no contaba con que tuviera que volver a atravesar los terrenos de los vampiros de regreso al Claro Negro. Pero no se quejó en ningún momento, ni aunque las paradas para retomar el aliento fueran más cortas de las que necesitaba. Siguió corriendo como si su vida dependiera de ello. Y no era mucho menos que ello.

Pareció que transcurrió una eternidad antes de que el Claro Negro apareció de repente ante sus ojos. Natis no vaciló antes de atravesarlo y adentrarse en el territorio enemigo, pese a que lo tenía terminantemente prohibido.

La vampira siguió avanzando como si conociera el lugar a la perfección. Vax y Mankar no se atrevieron a decir ni una sola palabra. ¿Qué hora era? ¿Era muy tarde ya?

El ruido del agua empezó a escucharse a lo lejos, y cada vez con más fuerza. Se estaban acercando al río. Mankar quiso advertir a Natis. Sabía que había licántropos haciendo guardia en todo el territorio. Habían tenido suerte. Pero Vila, Cami y Kalli habían estado jugando en el lago la vez anterior. ¿Y si se encontraban allí nuevamente?

Natis se detuvo junto al río. Empezó a observar las rocas detenidamente, valorándolas. Pero Mankar sabía que no había una lo suficientemente grande para albergar el inmenso dragón.

—Las veces que se ha visto al Dragón Rolo —explicó Natis—, ha desaparecido siempre en esta dirección. Este río es la única fuente cercana de agua que hay en el bosque. Quizás siempre venga a beber aquí, o viva mucho más allá.

—Hay un lago —dijo Vax—. ¿No es posible que el Dragón Rolo beba allí?

Mankar estuvo a punto de darle una palmada en la nuca, pero se contuvo.

—¿Dónde se encuentra?

—Sólo hay que seguir el río —dijo Vax.

—Es muy arriesgado —soltó Mankar—. Los licántropos están en permanente vigilancia del bosque...

—Pensé que querías volver a tu mundo —dijo Natis.

—Sí —respondió el chico—, para evitar muertes. Pero sin provocar otras a costa de ello.

Natis sonrió.

—Vamos con cuidado.

Caminaron a la orilla del río lentamente, perdidos en sus pensamientos. A Mankar no terminaba de convencerle la idea de que el Dragón Rolo se encontrara por allí, pues sabía que los licántropos también estaban interesados en encontrarlo. La búsqueda tenía que ser mucho más difícil de lo que Mankar había imaginado.

En el lago no había nadie más. Resultaba muy extraño que el territorio de los licántropos estuviera tan desierto. Mankar tuvo un mal presentimiento.

—Dónde puede ser... —murmuró Natis.

No había rastro alguno del Dragón Rolo. Mankar sentía que estaban perdiendo el tiempo. Había imaginado que la supuesta guarida se encontraba más allá de las lejanas montañas que rodeaban los valles donde se situaban los pueblos.

—Si el Dragón Rolo pertenecía a los fundadores de Hogwarts... —insinuó Vax—, si representa a los cuatro elementos, ¿no habrá que llamarlo con ayuda de hechizos que tengan algo que ver?

—Yo creo que debemos irnos de aquí —dijo Mankar enseguida—. Es muy peligroso.

—¿A los fundadores de Hogwarts? —inquirió Natis—. ¿Cómo lo saben?

—Nos lo contó Devil. Ella dice que lo robó Salazar Slytherin hace mil años, y que él fundó los pueblos de este bosque.

—¡¿Qué? —saltó la vampira.

Natis adoptó nuevamente expresión pensativa, y seguramente estaba sacando deducciones en ese momento.

—Mankaú, ¿y si el Dragón Rolo se esconde en el fondo del lago? —preguntó Vax.

—¿Por qué lo crees?

—Bueno, es que lo robó Slytherin. Intentó someterlo a su voluntad. Y tú sabes que a él le encantaba el agua. La Cámara de los Secretos, en Hogwarts, y su tumba, en Harrylatino, se encuentran debajo del lago. Tiene mucho sentido que guardara algo aquí importante para él aquí también.

Mankar asintió.

—¿Y cómo lo sabremos? —se preguntó—. ¿Vamos a entrar al lago?

—No parece ser buena idea —intervino Natis.

—Tal vez, si sacamos mucha agua del lago...

—Vax, esa es la idea más estúpida que has tenido —lo interrumpió Mankar.

—Me refiero que revolvamos el agua para atraer al Dragón Rolo —dijo Vax, sin alterarse.

—¡Pero ni siquiera sabemos si está aquí!

—Chicos, estamos perdiendo el tiempo. Vax, intenta lo que dices, y si no, convocaremos al Dragón Rolo de la forma que no quería.

—¿Y qué forma es ésa? —preguntaron los dos al unísono.

—Provocando una pelea con los licántropos. Pero no es infalible... Vamos, Vax.

—Mankar lo sabe hacer mejor que yo. Está bien... ¡Ártiken! —exclamó Vax.

Una columna de agua surgió del lago y se elevó varios metros por encima de ellos. El gran chorro se tambaleó, como si estuviera hecho de gelatina, a diferencia del efecto que tenía cuando lo hacía Mankar o algún licántropo. Pasados unos segundos, la columna se derrumbó y al caer desplazó montones de agua.

—Esto no funciona —dijo Mankar.

En ese momento, captó con la mirada una figura en las afueras del bosque. Había alguien allí observándolos. Era una silueta delgada y de corta estatura, que se sostenía en dos patas.

—¡Dos vampiros en nuestros territorios! —gritó Vila enfurecida—. ¡Practicando el hechizo que inventamos los licántropos!

Vila siguió avanzando, con la varita levantada.

—Tus licántropos faltan a esta regla con mucha frecuencia. Han entrado al menos cuatro veces en los últimos meses. ¿Crees que no nos damos cuenta?

Mis licántropos reciben su lección cuando faltan a nuestras leyes —dijo de inmediato Vila, indiganada.

—Eso a mí no me consta, ni me interesa.

—Mankar —dijo Vila—, veo que definitivamente no podíamos confiar en ti. Lo supe desde un principio. No puedo creer que no hubiera previsto que esto ocurriría. Eres un traidor.

Mientras hablaba, varias sombras surgieron de los árboles. Al principio eran unos pocos licántropos nada más, que parecían observarlos desde lejos. Pero fueron aumentando en cantidad poco a poco, y, junto a Vila, salieron de su escondite. Bajo la luz de la luna llena, Mankar vio a docenas de licántropos, quizás muchos más de los que había visto hasta entonces juntos. Como si todo el pueblo se hubiera organizado para emboscar a Natis.

—La tregua ha terminado —concluyó Vila.

Unos cinco licántropos se acercaron para acorralar a Natis, Vax y Mankar, quienes se juntaron lo más que pudieron, con las varitas levantadas. Jenn apareció a su lado y se preparó para defenderse. Las bestias los miraban fijamente, a la vez que gruñían, y abrieron el hocico, amenazándolos con atacar en cualquier segundo.

Pero no llegaron a hacerlo, pues una lluvia de rayos rojos salió del bosque y los golpearon. Algunos rayos se desviaron y estuvieron a punto de acertar a Mankar.

Todas las miradas se posaron en la dirección de donde provenían los hechizos. Había allí un ejército que se aproximaba corriendo y gritando. Los soldados estaban vestidos de capas negras y tenían varitas de las que más rayos rojos salían y buscaban atacar a los licántropos. Una gran cantidad de pares de ojos rojos se acercaban a toda velocidad. El ejército estaba compuesto por vampiros de Bloody Swamp que llegaban a rescatar a Natis, con Jose a la cabeza.

—Me desobedecieron —murmuró la vampira, con una sonrisa en la cara.

Los lobos empezaron a aullar, y corrieron al encuentro de los vampiros, olvidando momentáneamente a los tres acorralados.

—¡No! —gritó Mankar desesperado—. ¡Por favor!

Pero nadie lo escuchó, a pesar de que la batalla comenzaba muy cerca de él. El primer licántropo dio un brinco y cayó sobre uno de los vampiros, pero recibió una embestida que lo lanzó volando. Otro vampiro lanzó un rayo amarillo que acertó en la cabeza de un licántropo. Mankar comenzó a reconocerlos.

THH saltó sobre el lomo de un licántropo y, desde el aire, lanzó un hechizo aturdidor. Al caer, esquivó a otro licántropo, que rugió y arremetió en contra de Daniel, el primer vampiro que vio. Ernie y Diego corrían de un lado a otro, persiguiendo a Mange, que aparecía y desaparecía de la nada, a la vez que Angie, su conciencia, hacía lo mismo a pocos metros de allí. Las dos vampiras estaban cambiando de cuerpo constantemente. En un momento, ambas estuvieron una junto a la otra y atacaron a los licántropos. Ellos fueron despedidos con fuerza y terminaron golpeándose contra el tronco de un árbol grueso.

Itis y Eri corrían una junto a la otra, lanzando hechizos a cada licántropo que hallaban en su paso. Pero Cami y Kalli se lanzaron sobre ellas y estuvieron a punto de morderlas, pero ambas recibieron un rayo rojo que las dejó tiradas en el suelo. Otro rayo por poco alcanzó a Miche. Natis y Jenn se unieron inmediatamente a la lucha. Vila y Laura peleaban contra ellas, a veces usando la varita, a veces usando la fuerza.

Era un caos total. Era la guerra que llevaba más de mil años esperando a que se llevara a cabo.

Mankar y Vax lo contemplaron todo desde la distancia, horrorizados. Estaban allí, todos sus amigos, seres queridos que los habían acogido de una u otra forma, luchando y perdiendo sus vidas en aquella batalla. Había cuerpos que caían al suelo y no volvían a levantarse, y la sangre de los licántropos se esparcía en la hierba y se veía como un líquido oscuro bajo la blanca luz de la luna.

Ernie llegó repentinamente e intentó morder a Vax. Mankar lanzó un encantamiento escudo tan rápido como pudo. Corrieron alrededor de los combatientes y empezaron a inmovilizar a todos cuantos veían, para que detuvieran la lucha.

¡Petrificus totalus!

Pero eran demasiados, y tal vez al usar el hechizo sólo estaban facilitándoselo a su rival para que los atacaran más fácilmente.

Mankar y Vax llegaron al bosque, y escucharon la voz de una mujer sollozando, desesperada.

—¡Amor, diles que paren! ¡Por favor! ¡Que paren!

Mankar sintió que se le partía el corazón cuando reconoció la voz de la persona que hablaba. Era Gataluna. Y... ¡estaba abrazando a un vampiro! ¡Era Gio!

Los dos amantes se percataron de la presencia de Mankar y Vax y, ya que no sabían sus intenciones, se alarmaron. Salieron corriendo asustados y cruzaron el campo de batalla, ignorando los gritos de los chicos.

Los vieron separarse y correr, intentando salvar sus vidas, buscándose con la mirada desesperados, y se perdieron entre la multitud. Mankar y Vax intentaron perseguirlos, pero no los encontraron.

Vax y Mankar corrieron con todas sus fuerzas. Los vampiros y licántropos intentaron atacarlos, y no pudieron evitar tropezar un par de veces. Al final, llegaron a la orilla del lago nuevamente. No encontraron a Gata ni a Gio.

Mankar se conmovió. ¡Se sentiría como un monstruo si, por su culpa, las únicas personas que no participaban de la batalla resultaban lastimadas o...!

Pero de repente Gata salió despedida hacia el lago. Cayó en la hierba y empezó a dar vueltas en el suelo. Mankar corrió a su encuentro.

—¡Gata! ¿Estás bien?

—Sí, Manu —dijo ella, pero sonaba como cualquier cosa, excepto bien.

—¡Gata! —gritó entonces Gio, que logró salir de los combatientes y corrió a toda velocidad hacia Gata.

Pero cuando estuvo a punto de llegar, otro licántropo arremetió contra él y lo tumbó en el suelo. Era Renzo. Gio cayó y quedó inmóvil. Mankar, en una fracción de segundo, interceptó la mirada de Natis, que se desconcentró un instante de la lucha para observar lo que estaba ocurriendo. Renzo no se detuvo, y volvió a saltar hacia su presa sin pensarlo, abriendo sus fauces amenazadoramente, con la intención de cerrarlas alrededor de la cabeza del vampiro.

Natis corrió hacia ellos. Levantó la varita y gritó histérica:

¡Avada Kedavra!

Renzo no alcanzó a caer sobre Gio, el rayo de color verde intenso lo golpeó antes, y lo envió directo a las oscuras aguas del lago. El cuerpo cayó adentro con fuerza, y el ruido al sumergirse el cuerpo atrajo la atención de muchos combatientes.

Gata lanzó un grito desconsolador. Ernie, sin pensarlo, se lanzó al agua hacia donde había caído Renzo. La lucha pareció detenerse. O quizás Mankar lo veía ahora todo en cámara lenta.

Ernie arrastró a Renzo hasta la orilla y lo sacó. Colocaron su cuerpo sobre la hierba, e intentaron reanimarlo. Muchos no sabían qué había ocurrido. Vila caminó hacia el cuerpo y se desplomó junto a él. Los demás hermanos de Renzo se acercaron, con los ojos bañados en lágrimas, abrazándose entre ellos. La guerra había pasado a un segundo plano; no les importaba si seguían luchando a unos metros de allí.

—¿Por qué lo atacaste si no estabas luchando contra él? —preguntó Vax, gritando hacia Natis.

—Él intentó atacar a Gio —respondió ésta—. No le estaba haciendo nada.

Mankar miró el cuerpo. No supo qué sentir. Allí estaba su amigo, el que había confiado en él desde el momento en que lo conoció. Un amigo que nunca terminaría de conocer. Sin vida. Muerto...

Sentía un nudo en la garganta y respiraba con dificultad. Sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas. Vax lo rodeó con el brazo y le dio una palmada en la espalda.

No hubo tiempo para asimilar lo que estaba ocurriendo. El cielo pareció cambiar de color. Se volvió de una especie de rojo oscuro. Y el sonido más aterrador que podían escuchar, resonó por todo el Bosque de la Tinta. Escalofriante, el rugido del Dragón Rolo le puso los pelos de punta. Gata volvió a lanzar exclamaciones, muerta del terror.

Las nubes se removieron y desplazaron, como si se estuviera creando un tornado. Ahora sí podía haber la certeza de que todo Greeman Place y Bloody Swamp estaba totalmente petrificado.

De una de las nubes apareció. La inmensa bestia del tamaño de un castillo bajó en picada, y sus alas, rojas, extendidas y cubriendo el cielo, se batían creando ráfagas de viento que hacían estremecer a los árboles. Lanzó una llamarada de fuego que rozó las copas de los árboles e iluminó todo como un rayo que cae en medio de una tormenta.

El Dragón Rolo rugió una vez más, y el potente sonido por sí mismo parecía capaz de desplazar las aguas del lago. La criatura descubrió la luna llena. Una esfera iluminaba el cielo, pero era de color rojo. Y Mankar lo comprendió.

Se estaba cumpliendo la profecía antigua que se registraba en el libro de Vila.

Enemigos antiguos se enfrentarán. Si no cuidan el hogar que durante siglos han compartido, despertarán al gigante que cuida el Bosque de la Tinta. El ojo del Guardián se bañará en sangre y el fuego acabará con la guerra.

El Guardián no era el Dragón Rolo. Era la luna, siempre vigilante, que observaba el bosque desde el cielo todas las noches, la que se había bañado en sangre. Luna roja.

Vampiros y hombres lobo entraron en pánico. Todos empezaron a correr para internarse en el bosque y escapar de la ira del Dragón Rolo.

Markab cargó a su hermano, Renzo, en la espalda, y salió corriendo sin mirar atrás. Mankar se encontró solo con Vax a orillas del río. ¡Habían logrado lo que querían hacer esa noche! Habían convocado al Dragón Rolo. Era la única forma de regresar a Harrylatino.

Pero era aterrador. No podía enfrentarse a semejante bestia él solo. Vaciló, y enseguida salió corriendo y se internó en el bosque, junto con los demás.

Corrió, pero ya no había nadie delante de él. Y cada vez se sentía más asustado. Empezó a tener la sensación de que se encontraba totalmente solo. Pero no se detuvo.

Sin embargo, no pudo evitar dar un respingo cuando vio que el cielo se volvió, durante una fracción de segundo, de un rojo vivo, como si de verdad esta vez hubiera caído un rayo de ese color. Entonces, encontró un claro pequeño, en el que estaban todos los vampiros y licántropos, casi todos tirados en el suelo, y unos pocos incorporándose.

—¿Qué pasó? —dijo alarmado Jose.

Un montón de voces de vampiros y licántropos empezaron a preguntarse lo mismo. Pero no perdieron el tiempo buscando explicaciones, todos reemprendieron la carrera. Y Mankar y Vax los siguieron.

Ambos se dieron cuenta de que algo estaba mal. Miraron a su alrededor, y se sintieron perdidos, vulnerables, mientras toda la multitud escapaba en todas las direcciones.

Después de correr unos minutos, se dieron cuenta de que ya no estaban en el Bosque de la Tinta. La luna roja bañaba con su luz un enorme castillo que se alzaba por encima de ellos. Pero nadie lo había visto, pues todos se internaron en el bosque. El Dragón Rolo los había llevado a Harrylatino.

—¡Esperen! —gritó Mankar horrorizado.

No podían creer lo que estaba ocurriendo. Todos los habitantes del Bosque de la Tinta estaban ahora en el colegio. ¿Por qué? ¿Los había enviado el Dragón Rolo allí a propósito? ¿Juntos, podrían evitar el regreso de Ángel Riddle?

Siguieron corriendo tan rápido como podían. No podían imaginar la reacción de los vampiros y licántropos cuando llegaran al final del Bosque Prohibido y se dieran cuenta del lugar en el que se encontraban. Por lo que sabían, en los terrenos frente al castillo se debía estar llevando a cabo la premiación de los ganadores de los torneos de las cuatro casas. ¿Qué hora era?

Pero no fue tan malo cuando llegaron al límite del bosque. Todos los habitantes del Bosque de la Tinta se aglomeraban, mirando lo que se les presentaba adelante, asombrados y lanzando exclamaciones. Mankar no pasó por alto el hecho de que vampiros y hombres lobo estaban juntos, revueltos, sin fijarse de qué raza eran las personas que tenían a su alrededor.

Efectivamente, había cuatro grupos de alumnos formados frente a las puertas de roble del castillo. Los niños estaban inquietos, y había muchos llorando. Los profesores intentaban tranquilizarlos, pero era inútil. El cielo seguía siendo rojo a causa de la luna, y nadie podía explicar qué estaba ocurriendo.

—Por favor, jóvenes, conserven la calma —pidió el profesor Zancaturno con la voz amplificada—. Este fenómeno meteorológico no hace parte de los Torneos, pero no es motivo para entrar en pánico. Empecemos con la ceremonia y coronemos...

Pero un terremoto calló sus palabras. Fue tan poderoso que las personas se tambalearon. Los niños doblaron sus gritos. Los árboles en el bosque agitaron con violencia sus ramas y las hojas empezaron a caer. Los licántropos y los vampiros se miraron entre ellos, y se tiraban de sus cabellos asustados.

La tierra no se quedó quieta. Siguió temblando durante medio minuto sin que nadie pudiera saber qué ocurría. El motivo del temblor no tardó más en revelarse.

Algo surgía de las aguas del lago de Harrylatino. Muy lentamente fue ascendiendo. Parecía un edificio, o una roca inmensa. Mankar llegó a la conclusión de que era un castillo. Pero los castillos no tienen inmensas alas rojas ni echan fuego por la boca. Tampoco son rojos y rugen con tal potencia.

Una voz habló, y se escuchó amplificada, mucho más fuerte que la voz del profesor que había hablado antes. Era la voz de Devil. Y las palabras que dijo lo hicieron sacudirse:

—¡Éste es el poder más grande de los cuatro magos más poderosos de la historia! ¡El Dragón Rolo ha venido a destruir este colegio! ¡Y con él sirviéndonos, una nueva era está a punto de dar inicio, gracias a Salazar Slytherin!

La silueta de Tazllatrix Devil, Juanma Black y una silueta un poco más baja, de pie sobre las almenas de una torre del castillo, fue iluminada por la llamarada que lanzó el monstruo más grande que jamás había pisado los terrenos del colegio.