Las Aventuras y Desventuras de Jim y Grisam.
Ante de continuar con mi relato usual, de mi vida con las Gemelas y sus niñas, se me ocurrió contar una de esas historias tiernas y románticas, que a todos nos fascina.
La siguiente historia no la viví directamente, supe de ella gracias a mis queridas amigas hadas e incluso, a los mismos protagonistas implicados en la misma, Grisam Burdock, esposo de mi Pervinca y Jim Burium, esposo de mi Vainilla.
Grisam se encaminaba raudo y presuroso hacia las afueras del pueblo. Cada veinte pasos que daba en dirección del bosque, volteaba hacia el Pueblo, como buscando, tal vez tratando de que no lo siguiera nadie.
Al final, llegó a la entrada del Bosque. Una sombra parecía vigilarlo detrás de un árbol.
—Si estas planeando salir de un brinco intentando asustarme, mejor olvídalo. Burium.
—Vamos Grisam, no seas aguafiestas.
Jim acaba de salir de detrás del mismo árbol en el que se escondía aquella sombra. En pocas palabras, el era aquella siniestra sombra oculta; aunque en realidad solo estaba tratando de asustar a Grisam.
Supongo que su broma no le salió tan bien como esperaba.
—Bien, vine a tu llamado.
Grisam sacó un sobre abierto de su chaqueta, en el sobre decía:
"Para Grisam, urgente"
—Veo que si te llegó mi mensaje.
—Cuando lo vi y tome el sobre, creí que algo le había sucedido a Pervinca o a mi hija, casi me matas de un susto inventor loco.
—Perdón, no lo hice con esa intención, solo quería evitar que Vainilla o Pervinca supieran de nuestra reunión súper secreta.
—Me parece bien, pero Jim.
—Dime Grisam.
—Si querías que nuestras esposas no supieran de esto.
—En efecto.
—¿Por qué tuviste que enviarme el sobre con Pífano?
—Qué tiene que te lo enviara con ella.
—Pífano por sino recuerdas, fue el hada de Flox, la mejor amiga de Vainilla y Pervinca.
—Lo sé, pero le di la orden de que no lo abriera o leyera el contenido.
—No sé si todas esas horas metido de cabeza en tus inventos, te ha hecho olvidar una regla muy importante acerca de las hada de este Pueblo.
—¿Y esa sería?
—Aquellos sin Magia como tú, no pueden darle órdenes a las Hadas, mucho menos… sino recuerdan bien el nombre de un Hada…
Grisam le hizo una seña con el dedo a Jim para que guardara silencio, este asintió.
—…esta no se ve obligada a obedecer tu orden, no es así Pífano.
Aunque no fue una orden directa, ya que aunque Grisam si era un Mágico de la Oscuridad, no uso su nombre, al verse descubierta, la pobre no tuvo otra opción que salir de detrás de los árboles.
—Hola joven Grisam, joven Jim.
Me hubiera gustado ver en persona la mirada de sorpresa del joven Jim, Pífano me comento que no tenía precio. En verdad me hubiera gustado verlo, pero en ese preciso momento, estaba en otras actividades.
—¿Me seguiste Pífano?
—No, seguí al joven Grisam.
—¿Pero no abriste la carta?
—No.
—Menos mal.
—Aunque estuvo presente cuando la leí.
—¿Por qué la dejaste que leyera una carta tan importante, Grisam?
—En tu carta solo mencionaba que querías una reunión conmigo, en un lugar apartado, para discutir cierto asusto secreto acerca de nuestras esposas. Además, deseabas que te contestara.
—Es cierto. ¿Qué tiene eso?
—No sé en que mundo apartado de la realidad vives Jim, pero aquí en Fairy Oak, no creo que hubiera humano capaz de descifrar tu carta.
—Vainilla lo haría —esto último Jim lo dijo en un tono que incomodo a Grisam.
—Como sea, tuve que leerla frente a Pífano para ver si ella la podía entender, además, ya que la habías enviado a ella, pensé que debía enviarte mi respuesta con la misma hada.
—También hubiera sido válido enviarla con otra.
—Gracioso.
Pífano solo flotaba escuchando divertida la "pelea" de amigos, que más parecía una especie de riña entre dos niños de escuela.
—En fin. Estamos aquí para lo del regalo de aniversario de Pervinca y Vainilla.
—Y eso no pudiste poner en la carta.
—Era confidencial.
—Tú y tu romanticismo poco práctico. Nos hubieras ahorrado infinidad de problemas si ponías directamente eso en la carta. En lugar de tantas pistas misteriosas.
—Vamos Grisam, es divertido. Cuando fue la última vez, que tú y Pervinca jugaron a algo así.
—Supongo que en secundaria.
—Ves, deberías intentarlo.
—Si, si, ya veré. Por ahora, si has decidido pedirme ayuda, supongo que tienes pensado algo muy interesante para sus regalos.
—Si, como ambos aniversarios son el mismo día y este es el más importante, ya que Felí esta presente. Pensé en algo realmente romántico, para las tres.
—¿Y eso es?
—Pífano, esta vez prometes no decir nada. Debe ser una sorpresa.
—Claro, soy un hada muy responsable y se guardar secretos. Incluso mantuve para mi todos estos años, que la persona que se devoraba todas las fresas que se cultivaban en los jardines de las casas de Fairy Oak era mi querida Flox.
—Pífano, eso ya lo sabía todo mundo en Fairy Oak.
—Pero entonces si eres de confiar. —Jim le hizo una seña a los dos para que se reunieran formando una especie de círculo—. Bien, lo que tengo planeado para esta ocasión es…
Me hubiera encantado escribirles todo, pero aunque Píf no me lo revelo y lo supimos luego, al ver la sorpresa, la cual fue encantadora, rompería el encanto de la historia y todo el trabajo del joven Jim y el joven Grisam junto a Píf.
—Estas seguro Jim que debemos bajar hasta acá, la marea no tarda en subir.
—Es un buen lugar para encontrar cosas viejas.
—Pero es peligroso y mi resplandor no es muy fuerte para iluminar todo el lugar.
—Encontré otro sacó, pero esta muy bien amarrado. Me haces los honores Grisam.
—Esta bien —Grisam solo hizo un movimiento con su mano y la cuerda, se convirtió en una anguila, la cual se arrastro al agua—. No he perdido el toque.
—No hay nada bueno, solo zapatos rotos y lámparas viejas.
—Te dije, por eso aquí la gente solo viene a depositar las cosas que ya no le sirve.
—Aunque no fue un desperdicio de tiempo —Jim sostenía una pequeña bolsita de tela, la cual al moverla, se escuchaba tenía algunos objetos.
—Aun sigo pensando que unos dulces y unas flores estarían bien.
—Les das eso mismo en cada celebración a Pervinca, deberías ser un poco más romántico Jim.
—A Vi le gustan mis dulces.
—Querrás decir los que prepara tu mamá en la tienda de tu familia. Ya que ni siquiera los haces tu mismo.
—Vamos, con lo ocupado que estoy, no tengo tiempo para esto.
—Lo sé, me va igual en el taller con mis inventos. No sabes como la gente de Fairy Oak necesita ayuda últimamente.
Pífano tan solo se dedicaba a escuchar la charla, mientras iluminaba el camino.
—Me lo dices a mí, cuando tomé el lugar de mi tío, creí que sería un trabajo sencillo. Llegaría, daría mi decisión a unas pocas cosas y luego me iría a pasar la tarde con Vinca, pero no…
—Si, te entiendo bien. A veces he pasado días enteros sin poder dormir tratando de construir todo lo que la gente del pueblo necesita. Pero cuando acabo algo por fin, necesitan algo nuevo.
—¿Días sin dormir? Aunque he podido regresar a casa, he tenido que continuar mi trabajo allá y cuando me voy a dormir, aun sigo pensando en ello y no logro conciliar el sueño. Al menos tu puedes descansar en tu laboratorio.
—Claro y quedarme dormido a la mitad de una construcción y luego esta me caiga encima. Sabes las veces que Vainilla ha ido a ver si estaba despierto para que no me lastimara.
—Admítelo Jim, la vida de adultos no es tan glamorosa como creíamos.
—Ya lo creo, a veces me gustaría ser una hada, ellas no tienen preocupaciones ni problemas.
No les debo mencionar el lío que se armo cuando Píf escucho eso, verdad.
Pero no sería divertido sino lo hiciera.
—¡Perdón! —Pífano interrumpió la plática—. Acaso creen que mi vida es sencilla. Saben lo difícil que fue adaptarme a una niña que había tenido un hada maravillosa, casi una celebridad en este pueblo. Sentía que ni siquiera podía llenar la sombra que ella dejo y hasta en muchas ocasiones, pensé en dejar a Flox sola, pero la amaba y no pude abandonarla.
—Perdóname Pífano, hable por hablar.
—No sabía que pasaban tantos problemas las hadas. Nunca tuve una.
—Yo ni siquiera supe que existían hasta que deje mi hogar.
—Pues ya ven, todos tienen problemas. Excepto Felí ella es perfecta en todo.
—Si, Felí es la mejor hada que hay.
—Como ella no habrá otra hada nunca jamás.
Bien, de acuerdo, esto último lo agregué yo. Pero que querían, siendo una historia que les contaré yo, debía por lo menos aparecer. Me mantuvieron alejada de este pueblo por varios años, al menos debía ser el tema de conversación en mi imaginación.
—Bien, ahora para donde vamos Jim.
—Déjame ver —Jim sacó una hoja de papel—. Vamos al faro.
—¿Al faro? Bueno, tú mandas.
Por el resto de la tarde, ni el Joven Jim, ni el joven Grisam, así como Pífano, aparecieron por el pueblo y los ciudadanos de Fairy Oak se empezaban a impacientar. Entrada la noche, la calma volvió, cuando vieron regresar al grupo de expedicionarios.
Debo decir que iban cargados de bolsas repletas de cosas.
—¡JIM! ¡GRISAM! ¿Dónde andaban?
—Casi nos matan del susto.
Y las primeras que salieron a recibir a los busca tesoros, fueron ni más ni menos, que sus esposas. Mis queridas niñas, Vainilla y Pervinca, con sus respectivas hijas.
Debo admitir que el joven Jim y el joven Grisam, realmente lucían muy sucios, como si hubieran andado en quien sabe donde metidos.
—Hola Babú.
—Vinca, ya estoy aquí.
—Pífano donde te habías metido.
Y claro que Píf, no fue la única que tenía alguien que la recibiera, Flox también la había estado buscando impaciente durante todo el día.
—¿De qué estas cubierto? —aunque Vainilla había abrazado sin dudar a su esposo, luego de unos segundos, le llegó el olor.
—Ah, esto —Jim se sacudió algunas espinas, moho y algas de la ropa—. Estuvimos en una misión ultra secreta.
—También te fuiste de paseo con Jim, Grisam —Pervinca habló muy seria.
—Mujer, si eso es un paseo… no volveré a salir de mi oficina nunca más.
—¿Y qué fue eso tan importante Jim, que se llevaron a Pífano?
—Verás Flox, Grisam y yo, fuimos a recorrer todos los alrededores de Fairy Oak para buscar esto.
Jim deposito el saco lleno de objetos raros en el suelo.
—¿Basura?
—No, son regalos para nuestras esposas por los aniversarios de bodas.
—Pero Jim cariño, ya te dije que no era necesario que hicieras tanto. Con que regresaras del trabajo una hora antes, para estar más tiempo conmigo y nuestra hija era suficiente.
—Y tú Grisam, ya sabes que no hay mejor regalo para mí, que unas flores y los deliciosos dulces de tu madre.
—Supongo que no era necesario todo esto —exclamó Jim bastante confundido.
—Aun así —habló Pervinca.
—Queremos ver que nos trajeron —sonrió Vainilla, su rostro se veía iluminado.
—Entonces, es hora de abrir los regalos…
