Capítulo final: Luna Roja

Este capítulo está dedicado a todos los que siguieron la historia desde el principio, until the very end (?) Y más especialmente, a quienes hacen referencia las palabras finales. Todo el fic para ustedes.


Ni siquiera los gritos aterrorizados de cientos de niños ahogaron las palabras que pronunció la bruja desde lo alto de la torre, tras lo cual se esfumó como si hubiera estado hecha de humo. Los licántropos también aullaron con horror, pero no escaparon, pues guarecidos dentro del bosque, y a tal distancia del monstruo rojo, desearon saber qué iba a ocurrir ahora. El Dragón Rolo, cuyas patas estaban sumergidas en el agua, siguió rugiendo y lanzando llamas sin moverse de su sitio. Por ahora, sólo miraba a su alrededor estudiando el lugar en el que se encontraba.

Los profesores se quedaron espantados y los estudiantes rompieron la formación. Lanzaban exclamaciones y apuntaban con el dedo a la criatura, quizás preguntándose si eso hacía parte de una prueba final de los torneos.

El dragón levantó una pata y desplazó montones de agua. Acompañado por los gritos redoblados de los niños, extendió sus alas y empezó a avanzar con lentitud. Salió del lago ruidosamente y empezó a caminar por los terrenos de Harrylatino. Si alguien hubiera tenido intención de escapar saliendo del colegio, no habría podido hacerlo sin entrar al lago o sin pasar muy cerca de la criatura, cuya cola no dejaba de moverse.

El pánico se había apoderado de los estudiantes y éstos, sin perder ni un segundo, se abalanzaron hacia las puertas del castillo. Pero los profesores no lo permitieron.

—¡Esa bestia es inmensa! —dijo Vito con la voz amplificada—. ¡Si intenta atacar el castillo estaremos perdidos!

Mankar miró hacia la torre en la que había visto las tres figuras durante la aparición del Dragón Rolo.

—¿Esas personas convocaron al Dragón Rolo a propósito? —se preguntó Mankar en voz alta—. ¿Cómo es posible que supieran de su existencia?

—Es obvio que han encontrado alguna fuente de información, o algo por el estilo —respondió Vax—. De todas formas, siempre tuvieron la garra del licántropo. Recuerda que con ella se puede tener dominio completo de los territorios de Greeman Place. Tuvieron que enterarse así de muchas cosas...

El dragón lanzó una llamarada en dirección al bosque prohibido, y eso bastó para provocar el pánico nuevamente en los habitantes del Bosque de la Tinta. Dieron media vuelta y empezaron a huir.

¡Expecto Boggart! —lanzaron Mankar y Vax, tan pronto como pudieron reaccionar, en la dirección a la cual se dirigían los vampiros y licántropos.

Desde el interior del bosque prohibido se escuchó otro rugido, idéntico al del Dragón Rolo, aunque quizás no tan potente, pero que les puso a todos los pelos de punta e hizo remover las ramas de los árboles. Las criaturas se detuvieron en el acto, y se amontonaron en medio del claro en el que habían aparecido.

—¿Qué haremos? —se empezaron a preguntar, desesperados.

Mankar y Vax caminaron hacia un extremo despejado del claro y miraron a la multitud. Eran demasiados. Pero Mankar ya no sentía timidez, ni miedo, ni tristeza, y en realidad no creía sentir nada. Ahora se preocupaba simplemente por hacer lo que tenía que hacer. Porque todo lo que ocurría parecía ser irreal, como si no estuviera vivo.

¡Sonorus! —exclamó, y su conciencia lo imitó, apuntando con su varitas a su garganta.

Se miraron un instante, preguntándose si podrían atraer la atención de toda la gente.

—¡Vampiros de Bloody Swamp! ¡Licántropos de Greeman Place! ¡Habitantes del Bosque de la Tinta! —los llamó Mankar. Les dio unos segundos para que todos fijaran en ellos dos su atención, y continuó—. Esa bestia que acaba de aparecer allá adelante pertenece a sus territorios. Ha sido traída aquí por gente con malas intenciones, y está siendo manipulada por ellos. Ese castillo que ustedes ven allá —señaló con el dedo— es mi hogar. Y no quiero que el Dragón Rolo lo destruya.

»No entiendo por qué hemos venido hasta aquí todos. Pero debe haber algún motivo importante. Y mi objetivo es impedir que regrese al mundo un ser que no merece ser llamado persona. Ahora puede ser demasiado tarde, pero lo mínimo que puedo intentar hacer es interponerme en los planes de esa gente, para que mi colegio no sea destruido.

—¿Conocen una vieja leyenda sobre una advertencia que hizo el Dragón Rolo? —preguntó Vax—. «Si no cuidan su hogar, despertarán al gigante que lo cuida. El ojo del Guardián se bañará en sangre y el fuego acabará con la guerra.» Pues se ha cumplido, y si miran al cielo verán el ojo vigilante ensangrentado —Vax hizo una pausa para darle la oportunidad a las personas de que lo comprobaran por sí mismos—. Esta criatura durante años ha querido evitar batallas, pero ustedes se han empeñado en crearlas. El Dragón Rolo ha perdido la paciencia. ¿No creen que la forma de calmarlo es trabajando juntos? ¿No desean ustedes que haya paz?

Todos empezaron a murmurar. Una voz se atrevió a hablar a grito entero.

—¡¿Paz? —rugió Vila, quien estaba sentada en el suelo y se levantó de un salto—. ¡Teníamos un pacto! ¡Y estos chupasangres lo han violado! ¡Entraron a nuestros territorios y empezaron a atacar a nuestra gente! ¡Mató a mi hijo!

Mankar vio las lágrimas en sus ojos, y estuvo a punto de conmoverse al escuchar la voz quebrada de la mujer lobo.

—¿Y cuántas veces intentó meterse tu hijo en nuestros territorios? —respondió Jose, por encima del llanto de Vila—. ¿Acaso no intentó matar a Natis, a Jenn y a Vax? ¡Y a la pequeña Annie! ¡A Gio, que no le estaba haciendo nada!

—¡Eres un...! —Vila dio un brinco por encima de las personas y se plantó frente a Jose, apuntándole con la varita justo en el cuello.

¡Expecto Boggart! —susurraron Mankar y Vax, y a sus espaldas volvió a escucharse el falso rugido del Dragón Rolo.

Los habitantes del Bosque de la Tinta se sobresaltaron. Se escucharon muchos gritos ahogados, y todos los pares de ojos se posaron en las entrañas del bosque, muy atentos a cualquier movimiento. Vila bajó la varita y dio un paso atrás.

—¡Basta de pelear! —gritó Mankar—. ¡Sus pueblos fueron creados para luchar entre sí eternamente! Pero, ¿no están cansados de dormir con la incertidumbre de si sus seres queridos amanecerán vivos? ¿Van a quedarse todas las noches en vela vigilando sus territorios? ¿Van a permitir que el Dragón Rolo acabe con su hogar?

Se escucharon más murmullos. Mankar vio familias muy unidas, aunque al parecer muchos de los niños se habían quedado en su hogar en el pueblo. Y también vio a Gata y a Gio, abrazados tiernamente, como si fuera la última vez que pudieran estar juntos...

—Este no es nuestro hogar —dijo Natis en voz alta.

—Pero cuando regresen a él, ustedes mismos se encargarán de destruirlo —respondió Vax, callando las voces que empezaban a alzarse—. Si es que el dragón no regresa con ustedes.

—¡Se qué no es la primera vez que hacen un pacto! —gritó Mankar—. ¡Y aquí hay dos ejemplos de armonía entre ambas comunidades! Este vampiro —señaló a Vax— es mi mejor amigo. Y allí se encuentra la mujer más bondadosa que conozco y el hombre más alegre que hay, y se aman, aunque ella cambie de forma en luna llena y él sea pálido y de ojos rojos.

»Ojalá ustedes pudieran aprender algo de ellos dos.

Dio la impresión de que Natis quería responder algo, pero la mayoría de la gente bajó la mirada en ese momento. Vila regresó a donde estaba su familia, y se postró en el suelo, ante el cuerpo de Renzo. Mankar sintió una punzada en el corazón y apartó la mirada.

—No les estamos pidiendo que se amen o se conviertan en amigos eternos —dijo Vax—. Estoy seguro de que somos los únicos que podemos salvar este colegio. Nuestro hogar —hizo una pausa y miró unas cuantas caras antes de continuar—. Háganlo si quieren recuperar las garras de sus antepasados, que están siendo deshonrados. Hay que luchar hombro a hombro si hace falta. Y no tiene que ser más que esta vez.

Todos empezaron a mirarse, algunos con desconfianza, otros con curiosidad, quizás esperando a que alguien se animara a dar el primer paso. La inquietante escena tenía como ruido de fondo sonidos que se asemejaban a explosiones, y gritos espantados, en la distancia.

—¡Estoy cansada de esto! —gritó Gata—. ¡Quiero poder vivir tranquila, sin tener que esconderme! ¡No quiero más secretos, no quiero pensar en traiciones!

—Creo que... —dijo Gio, abrazando con más fuerza a Gata—, mi familia y la de ustedes... puede ser una sola. Es lo que quiero en mi vida.

Mankar les sonrió. No había nada más que decir.

—Vax y yo regresaremos a las afueras del bosque —anunció Mankar—. Si alguien quiere acompañarnos en nuestra lucha, será bienvenido. Los demás, lo entenderemos. Pero tenemos un hogar que salvar.

Y se lanzó a la carrera, con Vax en el lomo, sin molestarse en mirar la expresión de las personas que lo habían escuchado. Corrió, y sin querer su mente se vio inundada por pensamientos tristes. Aulló al ver el rostro muerto de Renzo.

Pero era el momento de ser fuerte. Más adelante podía ser lo que quisiera, pero no podía ser débil ahora.

Llegó al límite del bosque y se detuvo para contemplar lo que ocurría. El dragón se mantenía quieto, como descansando sobre el césped. Sólo su cola se movía. Los estudiantes y profesores se amontonaban mirando con anhelo el gran obstáculo rojo que les impedía escapar hacia las verjas del castillo. La multitud era inmensa, y a la vez se veía indefensa.

—¿Qué hace el Dragón Rolo en este lugar? —murmuró Mankar.

—Se dice que las dos garras de nuestros antepasados pueden invocar al Dragón Rolo y llevarlo allá donde sea llamado. Pero esta vez nos trajo a todos nosotros, quizás sin querer...

Mankar se sobresaltó al escuchar esa voz. Miró a su lado y se encontró con la Ministra de Magia, Natis Dumbledore, que miraba fijamente al dragón. El chico le sonrió. Estaba acompañada por varios vampiros y licántropos: los más grandes y fuertes, ágiles y valientes, hombres y mujeres.

—Siempre está la posibilidad de que esté siendo controlado —continuó Natis, mirando a Mankar fijamente—. Greenman lo hizo hace mil años.

—Greenman... —repitió Mankar—. Slytherin...

Natis dio una palmada a Mankar en el lomo.

—Tengo que ir a su tumba. Allá están mis amigos.

—Te acompañaremos.

—No —pidió Mankar—. Quédense aquí, protejan a los demás niños.

Sin decir nada más, aún con Vax montándolo, dio un brinco y empezó a correr a través de los campos de Harrylatino, en dirección al lago. La mejor forma de llegar a la tumba de Slytherin era por el mismo camino que había entrado la primera vez.

No miró atrás mientras corría por el campo que separaba al dragón de la gente, pero escuchaba el rozar del césped, voces y jadeos que le indicaban que había una gran cantidad de personas corriendo cerca de él. El Dragón Rolo rugió. Al instante todo el mundo levantó su varita y apuntó al aire, como en posición de defensa. Mankar no se detuvo.

Al llegar a la orilla del lago, Vax le entregó su varita y gritó:

¡Expecto Patronum!

Tenía pensado montar en su patronus una vez más para llegar a la roca desde la cual se accedía a la tumba. Pero de su varita no salió ni siquiera niebla. Intentó una vez más.

¡Expecto Patronum! ¡Expecto Patronum!

Pero por algún motivo no funcionaba.

—Concéntrate, Mankaú —dijo Vax—. Tú puedes.

Mankar sabía que no. En ese momento tenía ganas de cualquier cosa excepto invocar un patronus. Se sentía casi enceguecido por la gran cantidad de sentimientos que lo invadían a cada recuerdo reciente. No podía tener un pensamiento alegre.

—Inténtalo tú —pidió a Vax con la voz quebrada.

Su conciencia no hizo ninguna pregunta. Levantó la varita y adoptó una expresión pensativa:

¡Expecto Patronum!

Salió niebla, pero nada más.

Una ráfaga de viento poderosa revolvió el pelo de todo el cuerpo de Mankar. El Dragón Rolo empezó a planear muy cerca del suelo, en los terrenos donde estaban los licántropos y vampiros. Ellos lanzaban rayos de todos los colores, pero ningún hechizo parecía afectar a la bestia.

—Tenemos que ayudarlos —dijo Vax.

—No, esto no se detendrá si no nos interponemos en el hechizo de Devil —dijo Mankar.

Vax lanzó el hechizo una vez más. Una criatura plateada se formó ante ellos: una especie de caballo esquelético con alas.

—Vamos —dijo Vax, y se montó en su patronus. A Mankar se le dificultó un poco más subirse.

El thestral emprendió el vuelo y se dirigió hacia la roca. El viento les congelaba la cara. Ya no había dementores ni una guía en el aire, pero volaron a toda velocidad. Mankar no podía respirar.

Se dieron cuenta de que el fuego de las antorchas del túnel en la roca era de color verde. Había algo adentro moviéndose que hacía parecer que la luz era intermitente. Conforme se fueron acercando, pudieron distinguir figuras humanas que salían del túnel e intentaban trepar la roca hasta su cima. Eran cuatro niños.

Todos habían terminado de subir cuando el thestral llegó. A Mankar le costó reconocer a todos los Guardianes de Nurmengard. Rob y Tarru estaban sentados, respirando muy agitadamente. Rob, con los ojos cerrados, trataba de limpiarse la sangre de la cara, que le salía de una de sus cejas. Ron se arrodillaba frente a Lacrimosa, quien estaba tirado boca abajo muy tieso.

Tarru fue el que se dio cuenta de la presencia de Mankar. Dio un grito espantado. Ron se incorporó y levantó su varita hacia los recién llegados.

—¡Calma, calma! —gritó Mankar, aunque un ladrido semejante provocaba de todo menos calma—. ¡Soy yo, soy Mankar!

Ante su nombre los chicos reaccionaron apenas perceptiblemente. Ron lo miraba a él y a Vax con terror. Rob y Tarru no se atrevían a mover.

Mankar se quitó la cadena que colgaba de su cuello, de la que pendía el «símbolo de los Guardianes de Nurmengard». A la luz del patronus fue fácil verlo.

—Sí es Mankar —susurró Tarru—. Hoy es luna llena —añadió, como si no fuera obvio.

—Nunca te habíamos visto así —dijo Ron sorprendido.

—¿Y quién es él? —preguntó Rob, señalando a Vax.

—Un... amigo del bosque —respondió Mankar—. Tenemos que ir a la tumba de Slytherin. La magia de esa mujer trajo un dragón del bosque.

—No puedes ir, Mankar —dijo Rob—. Mira, nos han embrujado. Estuvo a punto de matarnos. Nos han quitado las energías o algo así, para dárselas a ese cadáver y así podrá cobrar fuerza cuando sea poseído. Están ahí abajo. Devil y Juanma se olvidaron de nosotros cuando empezó a temblar. ¿No sentiste el temblor? —Mankar asintió—. De alguna manera creo que proyectó su imagen y su voz para que todos en el castillo pudieran escuchar su mensaje. Nosotros escapamos tan pronto como pudimos. Estoy seguro de que están sepultados bajo tierra.

—Ella nos lo explicó —intervino Tarru—. Necesitaba traer al dragón para poder completar el hechizo. El ritual sólo podía terminarse si cambiaba el color de la luna. Las «garras» invocaron al dragón, y éste cambió la luna. Ahora puede destruirlo todo mientras ellos se ocupan...

Tarru no logró terminar la frase. El sonoro y aterrador rugido del dragón se escuchó desde el otro lado del lago. Empezó a temblar nuevamente. Las aguas del lago se removieron con fuerza. Algo surgía de ellas, emitiendo una luz verde. El dragón no dejaba de rugir y lanzar fuego. Una columna de piedra sólida se elevó en el centro del lago. Era gruesa como un roble, y en la parte más alta una cúpula de luz verde destellaba con fuerza.

Allí estaban.

Mankar no perdió el tiempo. Él y Vax montaron nuevamente en el patronus, ignorando los gritos de los Guardianes de Nurmengard, y se dirigieron a toda velocidad hacia la columna, bajo el cielo rojo. La luz de la cúpula se apagó, como si alguien hubiera presionado un interruptor que la desactivaba, y en ese momento dejó de temblar. La cúpula se quedó grabada en la retina de Mankar unos segundos.

La columna había llegado al mismo lugar donde los Guardianes habían recogido la quinta profecía de la prueba. Dos antorchas de color verde se mantenían apoyadas en unos soportes, y brillaban desde lo lejos como un par de ojos de serpiente en la oscuridad. Conforme se fueron acercando, Mankar pudo distinguir la figura de Devil y Juanma a ambos lados del ataúd sobre el que descansaba el cuerpo de Arkadios.

Riddle ya lo había poseído. Mankar estaba seguro, porque pudo ver su silueta en lo alto del castillo cuando Devil se proyectó para transmitir su mensaje psicópata. No lograba imaginarse cómo era posible que ese monstruo, o aunque fuera una parte de su alma, no hubiera dejado por completo el mundo de los vivos. Pero no había tiempo para eso. El Dragón Rolo destruía el colegio ahora con más fiereza que antes.

El thestral se posó bruscamente sobre la plataforma, y el vampiro y el licántropo bajaron de un brinco. Devil, que estaba de espaldas y con los brazos extendidos, se dio la vuelta y rió al verlos bajar del patronus.

—¡Miren quien ha venido! Te ves muy tierno en tu forma de lobo —dijo con burla, y les dio la espalda otra vez.

Mankar rugió y saltó para embestir a Devil, pero Juanma le apuntó con su varita y le lanzó un rayo rojo que lo inmovilizó. Vax corrió en su ayuda, mostrando los colmillos, pero no tuvo mejor suerte. Su varita voló y por poco se cae al vacío.

—¡Y has traído a tu Horcrux! —continuó la mujer, como si no hubiera sido interrumpida.

Mankar gruñó y levantó la cabeza mirando con odio a Devil frente a él. No le simpatizó en absoluto que se refiriera de esa forma.

—¡Vamos, no me digas que no lo has adivinado! —dijo la bruja, aguantando la risa. Se dio la vuelta por completo y miró a Mankar incrédula—. No lo digo bromeando. Ese vampiro que tienes pegado no es tu «conciencia», como tú lo llamas. Es un Horcrux que hiciste.

Mankar se incorporó y rugió una vez más, pero Devil le apuntaba con su varita y no se pudo mover.

—A ver, ¿por dónde comenzamos? —dijo con suma naturalidad—. Tú sabes que un Horcrux sólo se puede crear cuando uno desgarra su alma cometiendo un asesinato. Pues bien, Salazar Slytherin descubrió una variante de los Horcrux, de modo que la parte de su alma que se separa no tiene que ser guardada en el interior de un objeto, sino en su propio cuerpo.

»Compartes con los vampiros esta habilidad tan particular. Has logrado dividirte, y puedes compartir tu cuerpo con tu otra mitad. Algo bastante útil, como estoy segura de que has podido comprobarlo.

»Los vampiros obtuvieron este poder directamente en el momento que fue creada su raza. Y tú la has heredado de Slytherin. Pero no todos los descendientes de Slytherin tienen esta posibilidad, sólo unos pocos, que pueden ser reconocidos por el color rojo de sus ojos.

Mankar escuchaba negándose a entender.

—Yo no he matado a nadie —gruñó.

—¡Sí! Mataste a Ángel Riddle —dijo Devil con frialdad.

—No fue a propósito —se apresuró a negar Mankar.

—Pero querías hacerlo. Querías matarlo, aunque haya sido magia accidental.

—Fue la Gema Gemela —rugió Mankar.

—¿Y qué importa que no hayas lanzado el hechizo? Lo habrías hecho si hubieras tenido oportunidad. Activaste la Gema, era tu deseo matarlo. La intención de matar desgarra el alma.

Devil sonrió al ver la expresión de Mankar, y disfrutó de ello durante unos segundos. Después, volvió a darse la vuelta y extendió los brazos para continuar con el ritual.

Mankar miró a Vax. Estaba totalmente petrificado. Sus ojos miraban de un lugar a otro con inquietud.

Entonces recordó lo que Gaby y su padre le habían dicho desde el verano... desde que Riddle había muerto... que últimamente había estado muy pálido. Su apariencia estaba cambiando al desgarrarse su alma. No tanto como El-que-no-debe-ser-nombrado, pero ahora era menos humano de lo que creía. Y eso lo terminó de destrozar.

—¿Y sabes? Creo que la profesora Callahan lo sabía. De hecho, sabía demasiado y no nos convenía que siguiera interfiriendo. Pero experimentando con la garra del licántropo pudimos traer de vuelta a su espíritu, y no dejaba de hablar de una profecía.

Mankar se empezó a preguntar si sería ello lo que la profesora Callahan quería decirle la noche que murió, pero no tuvo tiempo de hallar relación con ello...

En ese momento, Devil se puso a gritar, y su voz se sobrepuso incluso al estruendo proveniente del castillo que se destruía por pedazos.

—¡Oh, gran Dragón Rolo! ¡Criatura legendaria sin igual, guardián del Bosque de la Tinta! ¡La garra del licántropo otorga invulnerabilidad y la del vampiro, inmortalidad! ¡Pero este cuerpo y el alma que intenta ocuparlo no vivirán mucho tiempo juntos sin tu ayuda! ¡Por la magia de Salazar Slytherin que te controla, te ordeno que, bajo la bendición de la luna roja, nos cedas tu poder para traer de vuelta a uno de sus más fieles seguidores!

Devil siguió proclamando su hechizo, y Mankar no pudo hacer nada para evitarlo, pues seguía paralizado. El Dragón Rolo rugió una vez más, dio un brinco bastante alto, y voló directamente a donde todos ellos se encontraban. Pasó muy cerca de la columna varias veces, y la empezó a rodear en un círculo de gran diámetro, rozando con la cola las aguas del lago.

El fuego de las antorchas, o de las garras, se avivó aún más. El dragón lanzó una llamarada por encima de sus cabezas; Mankar casi rogaba por que se comiera a todos de un mordisco. El pelo de todo el cuerpo de Mankar se alborotaba con la ráfaga poderosa que provocaba el dragón. Pero ésta no impidió que una densa niebla de color negro rodeó el cuerpo de Arkadios. De repente, el Dragón emprendió el vuelo una vez más y voló en círculos en lo alto desplazando las nubes, teñidas de rojo a causa del color de la luna.

El silencio se hizo de inmediato, y el ruido de los pasos de Juanma se escuchó muy fuerte al acercarse al ataúd sobre el que reposaba Arkadios. La niebla se esparció lentamente, y Juanma tapó el cuerpo con una manta oscura.

Juanma y Devil brincaron y se elevaron por los aires; empezaron a volar rodeados de esa niebla extraña. El dragón bajó una vez más y los acompañó. Cruzaron el lago a toda velocidad.

Las personas habían empezado la marcha a través de los terrenos con la esperanza de alcanzar las verjas del castillo y poder escapar. Pero el dragón aterrizó en medio del camino, obligando a todas las personas a dar media vuelta. Devil y Juanma se posaron sobre la copa de un árbol alto.

—¡Los extraños acontecimientos que han tenido lugar este año no han sido simple casualidad! —dijo la mujer con la voz amplificada—. La muerte de Beatriz Callahan y de Arkadios Black han contribuido a que esta noche lográramos la mayor de las hazañas, aquello que todo mortal desea realizar: vencer a la muerte. Prepárense, magos del mañana, si es que hay un mañana para ustedes, pues esto no es más que una pequeña muestra de nuestro poder.

—Por ahora los dejaremos jugar con la antigua mascota de Salazar Slytherin —dijo Juanma—. Les recomiendo que se escondan, pues él no tendrá piedad de ustedes, y enfrentarlo es inútil. Pero mañana, cuando salga el sol y él se haya ido de nuevo, el castillo de Harrylatino no será más que un recuerdo. Y si son inteligentes, entenderán que resistirse es inútil.

Mankar vio a lo lejos cómo, rodeados de niebla negra, Devil y Juanma emprendían el vuelo una vez más, sin necesidad de escoba, y cruzaban los terrenos del castillo para perderse en el cielo rojo.

La bestia ahora estaba libre para destruirlo todo. Volvió a escupir fuego sobre el césped, atacando a la gente.

Vax volvió a conjurar el patronus y montaron en él para cruzar nuevamente el lago tan pronto como pudieron.

—¡Jóvenes, manténganse alejados del bosque prohibido! —gritó la voz amplificada de una profesora—. ¡Si el dragón lanza fuego allí, será imposible escapar del incendio!

Mankar escuchó impotente el llanto de los niños y los gritos desesperados. Estaban acorralados. No había nada que pudieran hacer.

El Dragón Rolo se acercaba amenazadoramente a las personas. En cualquier momento los terminaría obligando a que entraran al castillo. Aunque para él habría sido muy fácil emprender el vuelo y empezar a destruirlo. ¿Acaso quería divertirse primero atemorizando a las personas? ¿Iba a obligarlas a entrar al castillo para acabar con él, con la gente adentro? ¿Eran las órdenes del hechizo de Devil?

Mankar y Vax bajaron en medio de la multitud en la que todos los humanos corrían para alejarse lo más que pudieran del Dragón Rolo. Evitaban tanto como podían a los vampiros y a los licántropos, pero al parecer habían deducido que no eran la verdadera amenaza.

—¡Vampiros y licántropos, todos escúchenme en este momento! —gritó Natis.

Ellos no tardaron en obedecer, y pronto todos los habitantes del Bosque de la Tinta, los que estaban dispuestos a combatir, se hallaban de pie mirando atentamente a Natis. A pesar de todo, Mankar no pudo evitar darse cuenta de que casi todos procuraban no acercarse mucho a quienes no eran de su especie, sino que se juntaban únicamente con sus semejantes.

—Nuestras leyendas no hablan de ninguna debilidad del dragón. ¡Manténganse todos lo más dispersos que puedan, para que sea más fácil evadir sus ataques! ¡No servirán de nada los ataques físicos! Todos los que tengan varita, usen todos los hechizos que sepan.

Los vampiros y licántropos levantaron las varitas al aire, apuntando a la gigantesca bestia que se acercaba a pasos lentos y los miraba, como evaluando sus presas.

—¿Por qué tenemos que obedecerla a ella? —saltó, sin embargo, un hombre lobo—. ¿Por qué no le da órdenes sólo a los vampiros?

—¡Largo de aquí, si no estás interesado en cooperar! —gritó Vila furiosa—. ¡En este momento trabajaremos en equipo, y al que no le guste, se puede esconder en el bosque en este instante!

—¡Ahora, ataquen! —ordenó Natis, ignorando la interrupción. En ese instante el dragón rugió y alargó su cabeza para intentar atrapar a alguien con las fauces.

Los vampiros y licántropos lo evadieron con una agilidad impresionante, y empezaron a lanzar hechizos a diestra y siniestra. El dragón se echó hacia atrás bajo el impacto de rayos que lo alcanzaban en las extremidades y el vientre. Rugió molesto y lanzó una llamarada, pero no alcanzó a nadie.

Mankar y Vax no perdieron el tiempo y se unieron a la pelea.

¡Incendio! ¡Lacarnum Inflamarae! ¡Fórmafoust! —Mankar lanzaba todos los hechizos que sabía. Tenía la sensación de que al usar encantamientos de fuego tendría mayor éxito. Vax no se quedaba atrás:

¡Desmaius! ¡Incárcero! ¡Petrificus Totalus! —gritaba, saltando de un lado para el otro, intentando atacar una de las patas traseras del dragón.

Rayos amarillos y azules impactaron en su vientre, y Mankar pudo ver a Diego, Ernie, THH y Jose lanzando hechizos que ni él mismo conocía, pero que seguramente ellos habían inventado. Una pequeña llama dorada se prendió en las escamas del dragón.

Éste parecía enfurecerse cada vez más. Dio una patada hacia atrás y estuvo muy cerca de tumbar a Vax. Con una de sus garras intentó atacar a los cuatro que lo atacaban en el vientre. Dio un coletazo más para tumbar en el suelo a Gio, que junto a Gataluna intentaba congelarle la cola. Ella fue corriendo cuando el vampiro cayó sobre el césped de espaldas.

Itis, Eri, Cami y Kalli lanzaron a la vez un conjuro que hizo retroceder al dragón una vez más, al acertarle en uno de los costados. El Dragón Rolo estaba muy ocupado deshaciéndose de unas cuerdas que le ataban la garra derecha, pero logró lanzar una llamarada que alejó a cualquier ser que se encontrara a un radio de diez metros de su cabeza. Un par de licántropos crearon un encantamiento escudo que protegió del fuego a las chicas.

Mange y Angie volvían a hacer el truco de aparecerse y desaparecerse, al ser una conciencia de la otra. El dragón estaba pendiente de sus movimientos, pero se confundía al atacarlas. Mankar llegó corriendo e intentó atacar su cabeza con un hechizo aturdidor. Otro par de licántropos hicieron lo mismo, pero todos sin éxito.

La batalla siguió así durante una media hora. El dragón no dejaba de moverse e intentar atacar a los habitantes del Bosque de la Tinta, pero pocas veces lograba acertar. Mankar vio a Jose y Gata intentar amarrar la cola del dragón con magia, pero éste no dejaba de moverse en ningún momento, y se dio la vuelta para intentar atraparlos entre sus fauces.

Entonces, Vila y Natis lograron subir al lomo del dragón, y se aferraban con fuerza a la cresta que tenía a lo largo, saltando ágilmente para poder alcanzar la cabeza. Lanzaron un hechizo al cráneo de la bestia, pero no fue lo suficientemente cerca para causar algún daño. El dragón batió la cola y extendió las alas, amenazando con emprender el vuelo, pero Vila y Natis cayeron; la primera fue recibida por un licántropo en el suelo, la segunda se esfumó en el aire mientras Jenn aparecía de pie sobre el césped.

Vila salió corriendo de nuevo, en cuatro patas, y a ella se le unieron Cami y Kalli. Mankar intentó correr para juntarse a ellas, esquivando a los vampiros y licántropos que seguían intentando atacar el vientre de la bestia. Las tres mujeres lobo lanzaron rayos al cuello del dragón, y escaparon con un brinco a una de sus garras que se abalanzó sobre ellas.

—¿Qué intentaban hacer al subirse al lomo? —preguntó Mankar en cuanto se acercó a Vila lo suficiente—. ¡Es una locura!

—Pero ¿no ves? —dijo Vila, corriendo a su lado—. Sus escamas no sufren ningún daño con nuestros ataques, y el dragón no parece cansarse. Nosotros estamos desgastándonos, y varios han caído heridos. No podremos luchar por mucho más tiempo. Hay que atacar su cabeza.

Vila siguió corriendo, y ella, Cami y Kalli se unieron a un grupo de vampiros que atacaban una de las patas traseras. Natis y Vila volvieron a intentar subir al lomo del animal. Y Mankar recordó algo entonces.

Lo único que podía ser vulnerable de un dragón no era su cabeza, sino sus ojos. Quizás si usaban un maleficio de conjuntivitis... Pero el Dragón Rolo se estaba moviendo mucho, su cabeza nunca se quedaba quieta. Y los hechizos que lanzaban desde el suelo no alcanzaban a acertarle con la suficiente fuerza. Había que estar lo suficientemente cerca de sus ojos para que hubiera algún efecto. Pero, ¿cómo? Subir por el lomo no sólo era peligroso, sino inútil.

Cada vez había menos vampiros y licántropos en la lucha...

—¡VAX! —gritó, llamándolo, pues se habían separado sin darse cuenta—. ¡VAX, VEN!

En realidad había tanto ruido que a duras penas lograba escuchar su propia voz. Empezó a correr rodeando al dragón, intentando localizar a su conciencia. La seguiría llamando «conciencia», no importaba lo que pasara, no había tiempo para pensar en eso...

Entonces, se dio cuenta que ya no sólo había vampiros y licántropos luchando contra el dragón. Ahora también había humanos: profesores y estudiantes, al menos los más grandes o hábiles, se habían unido a la pelea para proteger Harrylatino.

El ejército había multiplicado sus fuerzas, y muy probablemente lograrían mantener a raya al dragón de esa manera. Ahora parecía más difícil esquivar las llamaradas que la bestia soltaba, pero los encantamientos escudo se creaban por doquier. La adrenalina era tal que los habitantes del Bosque de la Tinta se habían olvidado por completo de su instinto de atacar a los seres de otras especies. Ahora todos luchaban juntos contra el monstruo que amenazaba con acabar con ellos.

No, seguía pareciendo poco probable que lograran vencer al Dragón Rolo, pero si tan solo lograran entretenerlo el suficiente tiempo... En cuanto amaneciera, los vampiros perderían su poder, los licántropos volverían a ser humanos, y el Dragón Rolo, con suerte, regresaría a su hogar. Al menos eso había dicho Devil. La luna roja desaparecería y con la nueva mañana el dragón se despojaría de la maldición que lo estaba controlando.

Mankar sonrió al ver a Fairy Black y Zancaturno protegiendo a un licántropo joven. Incluso la profesora Selene Savage lanzaba hechizos junto a estudiantes de todas las casas, que se habían colocado detrás de un pequeño grupo de vampiros y hombres lobo que intentaban amarrar una de las garras del Dragón Rolo.

—¡VAX! —volvió a gritar.

Corrió buscándolo, pero la multitud crecía poco a poco, y resultaba difícil encontrar a alguien.

Estoy a orillas del lago —dijo una voz en su mente.

Mankar no pudo evitar quedarse estupefacto unos segundos. Él y Vax no habían podido comunicarse si no estaban compartiendo el cuerpo... hasta ese momento.

Recorrió la orilla del lago y en poco tiempo había dado con Vax. Se veía muy cansado, y estaba junto a Javier, el hermano de Renzo, y Annie, la pequeña vampira nieta de Natis.

—Tengo una idea que puede detener al Dragón Rolo —le dijo Mankar al llegar, mirándolo a los ojos—. ¿Puedes levantarte?

—Sí, claro —gimiendo, agarró la mano que le ofrecía el licántropo y logró ponerse en pie con cara adolorida.

—Convoca tu patronus —le pidió Mankar—. Hay que acercarnos a su cabeza.

—¿Estás loco? —exclamó Vax.

—¡Es la única forma! ¡Nadie más de aquí sabe hacer un patronus! ¡No hay escobas a la vista!

—Es muy peligroso.

—Tenemos que intentarlo.

Miraron al Dragón Rolo indecisos. Cada vez parecía más furioso y agresivo. La lucha no parecía haber avanzado mucho, incluso ahora que había refuerzos.

—Intenta crear el tuyo —le pidió Vax.

—Mi patronus no vuela —respondió—. Tampoco puede mantenerse quieto en el aire. Sería muy difícil.

—Vamos, tenemos más oportunidad de acertar si lo hacemos los dos —insistió Vax.

Mankar sólo respiró hondo. Mankar miró su varita, como evaluándola. No se sentía capaz de hacerlo.

—Tú puedes —le dijo una vocecita.

Mankar miró a Javier. Se alegró de que el chico no fuera lo suficientemente grande para luchar, aunque ya pudiera mantener su forma de lobo durante la transformación.

—Hazlo por mi hermano, ¿sí? —dijo con la voz quebrada—. Él habría dado su vida por ti. La dio por el pueblo.

A Mankar se le hizo un nudo en la garganta, y uno de sus párpados empezó a temblar. Asintió cerrando los ojos, pero le dio la espalda al niño para que no viera su debilidad. Sabía exactamente en qué pensar.

¡Expecto Patronum! —exclamó, también con la voz quebrada.

Después de ver lo que salió de su varita, Mankar confirmó sus sospechas: su patronus había cambiado. Ante él se hallaba la criatura más magnífica que sus ojos habían visto jamás. No parecía hecho de cristal plateado, como los patronus que había visto antes, sino que parecía un ser vivo y sólido. Su cuerpo era grande y grueso, y se sostenía en cuatro patas robustas que terminaban en garras afiladas. Su hocico era largo, y sus colmillos puntiagudos. Pero hasta ahí no era muy diferente que su patronus con forma de lobo. De su lomo crecían enormes alas cubiertas de plumas suaves y plateadas, que se extendieron hacia el cielo rojo. El lobo alado miró la luna roja y aulló.

Y Mankar, al ver aquella bestia, comprendió por qué lo llamaban patronus: por primera vez sintió que estaba viendo a un guardián, a un protector...

Lo miró frunciendo los labios, intentando no mostrar emoción alguna.

—Él siempre quiso volar... —dijo Javi—. ¡Creo que por fin podrá cumplir su sueño!

Mankar subió al lomo de su patronus sin responder al niño lobo. A su lado, Vax también se montaba sobre el thestral plateado, y se despedía de Annie.

—Cuídate mucho —le dijo la niña.

Las dos bestias aladas corrieron unos metros y emprendieron el vuelo. Mankar abrazó con todas sus fuerzas el cuello del lobo alado, mientras se elevaban...

Después de tomar altura, se separó un poco. Tomó su varita y se fijó en la cabeza del dragón, que se movía inquieta, subía y bajaba, echando fuego de vez en cuando. Al moverse, la bestia había hecho que todos sus atacantes se desplazaran, dirigiéndose poco a poco a las puertas del castillo.

Qué suave debe ser tu patronus, en cambio yo me tengo que conformar con sentarme sobre un montón de huesos —pensó Vax, haciendo sonreír a Mankar—. Y duele, ¿sabes?

El lobo alado y el thestral volaron peligrosamente cerca de la cabeza del Dragón Rolo. Mankar sintió mucho miedo al ver las increíblemente grandes fauces del animal cerrarse a muy poca distancia de la cola de su patronus.

¡Conjunctivus! —gritó varias veces, lanzando un rayo de su varita que caía en la nariz, el cráneo y alrededor de los ojos, pero sin éxito. Vax gritaba todos los hechizos que podía.

Los patronus se alejaron un poco y volvieron a lanzarse para que sus jinetes intentaran atacar al dragón.

¡Conjunctivus!

Las personas abajo se detenían para admirar a los valientes que volaban para intentar atacar la cabeza del dragón. Pero no podían detenerse mucho tiempo, pues aunque éste parecía interesarse más por los patronus, respondía fieramente cuando veía sus garras o su cola atrapada en los hechizos de la multitud.

Mankar lanzó el hechizo varias veces seguidas. Uno de los rayos le pegó al dragón en el párpado, y otro cayó justo en el ojo izquierdo de la bestia. Rugió ferozmente y buscó con la mirada de dónde procedía el ataque. Cuando logró localizar a las dos criaturas brillantes que volaban, lanzó una llamarada enorme y prolongada, que llegó hasta los muros del castillo. El fuego alcanzó varias torres del castillo que se desplomaron en el acto.

De repente, Mankar se dio cuenta que una de las alas del patronus empezaba a arder en llamas. El fuego se apagó por sí mismo, pero la criatura aulló. Y Mankar sintió mucha ira.

¡Conjunctivus! ¡Crucio! ¡CRUCIO! —gritó intentando acertar a los ojos del dragón. Pero la segunda maldición, al no lanzar ningún rayo de color, era difícil si saber si le acertaba.

¡Mankar! ¿Eres tú el que está arriba?

Una voz invadió su mente, pero no era la de Vax. Él no supo qué contestar, pero la voz insistió.

¡Soy yo, Natis! ¿Eres tú el que monta el patronus?

«Sí, soy yo», pensó Mankar, asombrado. Pero entonces recordó el supuesto poder que tenían los vampiros de producir alucinaciones, y comprendió que se trataba de comunicación telepática.

Su ira se incrementó. Le estaba hablando la asesina de Renzo. Por un segundo, Mankar sintió el impulso de bajar a devolverle el favor. Aunque ella lo hubiera hecho para proteger a alguien más. ¿O la culpa era de Gio?

Escuchó a la mujer procurando que no se aguaran sus ojos.

¡Vila dice que, según una leyenda, Greenman podía robarle al Dragón Rolo su poder de controlar el agua! ¡Si lo que dicen es cierto, un representante de cada casa, de cada elemento, puede hacerle perder los poderes! ¡Si es cierto que el dragón viene de Hogwarts!

«Yo soy heredero de Gryffindor», pensó Mankar, boquiabierto. Pero, ¿qué tenía que hacer ahora?

El rugido del dragón se hizo muy agudo entonces. Vax había logrado acertar en uno de sus ojos. La bestia comenzó a convulsionar fuera de control.

Y emprendió el vuelo.

Voló muy alto, rugiendo de dolor. Dio vueltas en círculos y empezó a bajar nuevamente. Mankar y Vax lo esquivaron, pero el dragón dio la vuelta e intentó lanzarles fuego. Los patronus volvieron a escapar, pero Mankar sintió la calidez a sus espaldas. El lobo alado y el thestral no se detuvieron, sino que siguieron volando hacia el lago. Mankar volteó la cabeza y vio atrás, con horror, que el Dragón Rolo los perseguía.

Empezaron a volar a toda velocidad. Debajo sólo se veían las oscuras aguas, que reflejaban el cielo rojizo y la luna, y también la enorme bestia que volaba detrás de ellos.

El thestral y el lobo alado hicieron un montón de maniobras para intentar despistarlo, pero por más cerca que estuvieran del agua, el dragón no se sumergía, y esquivó con gran facilidad la columna. No lograron que los perdiera de vista ni un solo momento. Sabía exactamente a dónde tenía que ir.

«Intentemos entrar al túnel en la roca que lleva a la tumba de Slytherin», pensó Mankar. Allí no cabría el dragón.

Los patronus empezaron a dirigirse hacia allí. Mankar confiaba en que pudieran volar lo suficientemente rápido para que, en caso de que el dragón deseara escupir fuego, éste no los alcanzara por dentro de la roca. Volaron nuevamente a toda velocidad; al dragón sólo se le dificultaba cambiar de dirección, debido a su gran tamaño.

Pero justo cuando estaban a pocos metros de la roca, media docena de rayos rojos cruzaron el cielo y estuvieron muy cerca de acertar en los ojos del dragón, algunos incluso le dieron entre ellos. La bestia rugió al ver una pantera, un oso y un conejillo de indias que elevaban en el aire a tres niños que no dejaban de atacarlo. Eran Rob, Ron y Tarru.

Mankar sonrió, y vio su cadena con el símbolo de los Guardianes de Nurmengard destellar en su pecho, reflejando el color de los hechizos que sus amigos lanzaban al Dragón Rolo.

Ron se colgaba de su conejillo con un brazo, y lanzaba hechizos con la otra. El patronus se acercó al oso de Tarru, y Ron bajó de él para montarlo también. La pantera de Rob se montó con facilidad en una de las alas del Dragón Rolo y empezó a recorrer la cresta que tenía en el lomo, para intentar atacar su cabeza.

Mankar vio con orgullo a los Guardianes de Nurmengard. Ellos cuatro y Vax, peleando solos contra el guardián del Bosque de la Tinta. Imposible.

¡Conjunctivus!

Volvió a acertar en uno de los ojos. Esta vez el dragón no pudo controlarse y chocó contra la roca. Cayó al lago, desplazando montones de agua, como si hubiera conformado una nueva columna.

Hubo silencio un instante.

—¿Lo logramos? —preguntó Lesson.

—¡No seas ingenuo! —gritó Rob—. ¡Rápido, vamos antes de que salga!

Apenas comenzaron a retirarse, cuando a sus espaldas escucharon nuevamente el ruido del agua y el rugido del dragón.

Mankar, estamos listos —le dijo la voz de Natis—. Trae el Dragón Rolo aquí.

«¿Saben cómo matarlo?», preguntó Mankar.

No lo mataremos. Eso está en contra de lo que somos. Sólo tráelo y verás.

El niño no hizo más preguntas. Gritó una indicación a los Guardianes, y los patronus empezaron a volar a toda velocidad hacia los terrenos del castillo, donde se juntaba una gran cantidad de personas.

Mankar no le prestó atención a la bestia que no dejaba de hacer ruido a sus espaldas, aunque era evidente que se hallaba ahora mucho más lejos. Los patronus cruzaron el lago y empezaron a perder altura. El lobo alado sobrevoló a las personas desde muy abajo, y Mankar pudo ver sus rostros.

Vampiros, licántropos y humanos se habían dividido en cuatro grupos, cuatro colores diferentes que levantaban las varitas y miraban en el cielo al monstruo que volaba directo hacia ellos. Los Guardianes de Nurmengard aterrizaron, y no dudaron en cuál de los cuatro grupos debían situarse.

Todos esperaban la llegada del Dragón Rolo, que se acercaba volando sin detenerse. Mankar vio que, en frente de toda la multitud, había dos personas. La reina de los vampiros, Natis Dumbledore, y la reina de los licántropos, Vila Courtcastle.

Natis apuntó con su varita a su garganta, y su voz se escuchó claramente.

—¡Dragón Rolo! ¡Durante un milenio nuestros pueblos han tenido que vivir temiendo tu aparición! Y tus intenciones han sido acabar con nuestra guerra. ¡Pero ahora vampiros y licántropos estamos cooperando, trabajando en equipo para derrotarte, y tú nos sigues atacando!

El dragón empezó a volar en círculos por encima de la multitud, como dando la oportunidad de que terminaran de hablar antes de atacar.

—¡Estás siendo controlado por una maldición del hombre que te secuestró hace mil años! —continuó Vila—. ¡Pues es en nuestros territorios que tú has estado viviendo, y somos nosotros los que debemos domesticarte a ti! ¡Tenemos en nuestro corazón los mismos poderes que tú, y te los podemos quitar de la misma forma que tus creadores!

El Dragón Rolo rugió, molesto ahora. Perdió altitud y lanzó una llamarada.

—¡Ahora, Gata! —gritó Natis.

Gataluna, Elladora, Dani, Mange y Gio estaban a la cabeza del grupo en el que se encontraban todos los estudiantes de Gryffindor, y un centenar de varitas se levantó en el aire. Mankar y los Guardianes los imitaron. Todo el fuego que lanzó el Dragón Rolo se esfumó en el aire y nunca llegó a tocar a nadie.

A su alrededor reconoció a muchos de sus amigos y compañeros, como su primo Kris Weasley y su amiga Narima Sprout. Gonza dio a Mankar una palmada en el hombro y le sonrió al verlo transformado en lobo.

—¡Ése fuego que nos lanzas nos pertenece a los valientes! —gritó Gata.

Entonces, sin aviso previo, una vampira, Angie, a la cabeza del grupo de túnica azul, gritó:

—¡No nos intimida que vueles por los aires, pues te falta lo que los Ravenclaw tenemos! ¡Inteligencia!

La profesora Fairy Black invitó a que todos los alumnos levantaran sus varitas, tal como Isa, Kalli, Diego, Ernie y muchos más vampiros y licántropos lo hacían. Mankar vio a Vax entre los Ravenclaw, y le sonrió.

¡Apuesto a que así se sentían cuando todos en Hogwarts levantaron sus varitas después de que murió Dumbledore! —dijo emocionado.

A Mankar se le hizo un nudo en la garganta cuando vio a muchos de sus amigos Ravenclaw levantando la varita, incluyendo Jorge Lupin, Caprisse Allen... y Haher. Incluso Macnair y Mati Black ayudaban.

Chispas de color azul caían del cielo. El Dragón Rolo cayó de espaldas sobre el suelo, a las orillas del lago, y gruñó. Ya no podría volar. Nunca más. Había perdido sus alas.

Se levantó furioso y se apoyó sobre sus patas. Miró a la gente que lo atacaba y empezó a salir humo por su nariz. El suelo empezó a vibrar, y pronto todo temblaba. Los árboles agitaban sus ramas de un lado a otro, y algunos niños empezaron a exclamar, asustados.

A la cabeza de los Hufflepuff, Caro, THH, Cami y muchos más levantaron sus varitas. La voz gruesa de Jose se escuchó con claridad, gritándole al Dragón Rolo.

—¡Haces temblar a la tierra, pero ese elemento nos pertenece a nosotros, los honestos y trabajadores!

Chispas amarillas salían de las escamas del Dragón Rolo, y flotaban por encima de las personas. Ahora se sentía la confianza y la valentía entre los estudiantes y los habitantes del Bosque de la Tinta. Lo estaban logrando.

Era predecible lo que ocurriría después. Por eso, cuando las aguas del lago comenzaron a elevarse detrás del dragón, Itis tomó la palabra, a la cabeza de los Slytherin:

—¡La magia que te controla esta noche no es la mitad de fuerte que nosotros! ¡Esta noche has salido del agua, pero nosotros somos más astutos y hábiles que tú!

Eri, Jenn, Juanse, Andrey, Annie y muchos más que Mankar no conocía, e incluso Vila que todavía estaba junto a Natis, empezaron a gritar apuntando con su varita. Mankar se preguntó si allí estaría Boggart.

Las aguas del lago comenzaron a levantarse y olas gigantescas, rojizas reflejando el cielo, y se volvieron contra el Dragón Rolo. La bestia rugió e intentó escapar con todas sus fuerzas, pero fue inútil. Toda esa agua estuvo a punto de empujarlo hacia el bosque prohibido.

Mankar sonrió cuando escuchó, muy cerca de él, alguien susurrando «¡Labenthium!». Un pequeño número amarillo salió de la varita.

Muy lentamente, el Dragón Rolo se volvió a apoyar sobre sus cuatro patas. Se veía diminuto ahora que no tenía alas. Estuvo quieto durante unos segundos, pero dio un brinco y empezó a correr hacia la multitud. No se rendía.

Eso, evidentemente, no se lo esperaba nadie. Todos se dispersaron para intentar escapar del dragón. Los que podían lanzaban rayos para detenerlo. Pero ahora no podían robarle más poderes, y seguía siendo una criatura poderosa.

Mankar vio la hora en un reloj de un joven que había caído en el combate. ¡Faltaba más de una hora para el amanecer! Y todo lo que habían hecho era tan inútil...

El Dragón Rolo llegó en menos de un minuto. Se estrelló contra el castillo, y uno de los muros del Gran Salón se desplomó bajo su peso.

—¡Tiene que haber una forma de matarlo! —gritó una chica que corría escapando.

Mankar no se molestó en explicar que los habitantes del Bosque de la Tinta no lo querían matar, aunque él sabía que si llegaba a ser necesario, haría lo posible por matarlo. ¿Qué más podrían hacer, si intentar aprisionarlo funcionaba? ¡Nada funcionaba!

Entonces vio corriendo a su compañero de Gryffindor, el que había intentado comprobar si el Laberinto estaba abierto, y se sobresaltó cuando la solución llegó a él.

¡Labenthium! —susurró. Un número «5» salió de su varita. Eran los segundos que faltaban para que el Laberinto abriera.

¿Estás loco? ¡Vas a entrar al Laberinto! —le reprochó Vax.

«Ya verás», respondió Mankar.

A su derecha, el alto seto que bordeaba el Laberinto estaba intacto, y la Copa de los Tres Magos reposaba sobre su pedestal, brillante.

Mankar montó una vez más en su patronus, sin perder ni un solo segundo.

¡SONORUS! —gritó—. ¡QUE NADIE ENTRE AL LABERINTO!

Tuvo la certeza de que no había absolutamente nadie que no lo hubiera escuchado. El lobo alado voló directamente al Dragón Rolo, y Mankar ya no sintió miedo. La bestia lo miró, abriendo las fauces y mostrando los colmillos.

Mankar lo esquivó, tocó uno de los cuernos de la bestia y gritó con todas sus fuerzas:

¡LABENTHIUM!

Sintió como si una fuerza tirara de él violentamente, y por poco creyó que no sobreviviría. El viaje al Laberinto nunca había sido tan brusco. Quizás porque ahora viajaba con un dragón milenario.

Cuando el destello amarillo se esfumó, se levantó sin perder el tiempo. Sintió una brisa cálida a sus espaldas y supo que había funcionado. No había tiempo que perder. Montó a su patronus. Tenía cinco minutos antes de que el Laberinto cerrara.

No valía la pena intentar volar por encima del seto para llegar a la Copa. Ahora que había una criatura tan grande dentro, los setos del Laberinto crecían hasta perderse en el cielo, y el camino era tan ancho que el Dragón Rolo podría moverse por él sin dificultad.

El lobo alado empezó a volar, y en un par de segundos un letrero con el número «2» quedó atrás. Mankar miró a sus espaldas y vio al gran lagarto corriendo detrás de él. Agradeció que no tuviera alas ni pudiera escupir fuego.

¡Mankaú, apresúrate! —gritó Vax—. ¡Vito cerró el Laberinto para que nadie más entrara! ¡Y para que el Dragón Rolo no pueda salir!

«¡Que lo hagan! ¡No importa! ¡Creo poder escapar de él! ¡Tengo que llegar a la Copa! ¡Si la destruyo, el Laberinto nunca terminará, y el dragón nunca podrá salir de aquí!»

Pero si no sales de ahí en cinco minutos, ¿cómo saldrás?

Mankar no supo qué responder.

«El Laberinto puede durar todo lo que los jugadores quieran, y permite que los estudiantes puedan seguir entrando durante los primeros cinco minutos, después de los cuales, es como si en el mundo real se detuviera el tiempo. Cuando el Laberinto cierra, sólo han pasado cinco minutos en el mundo real.»

Parecido a viajar a Narnia, ¿no?

«Así es...»

Pero si el Laberinto nunca se acaba, si destruyes la Copa, después de cinco minutos no regresarás al mundo real...

El lobo alado recorría el Laberinto por su cuenta. En un abrir y cerrar de ojos, se encontraban en el letrero número «4», y habían logrado dejar un poco atrás al dragón. Pero Mankar empezó a perder las esperanzas de lograrlo tan rápido.

«Vax, no lo lograremos...», pensó simplemente.

Se le ocurrió despedirse y decirle algo bonito, pero se sintió muy triste para hacerlo. El lobo tropezó.

«Tengo que mantenerme fuerte —se dijo—. La felicidad es lo que alimenta mi patronus.»

¡Ya lo has hecho antes, Mankaú! ¡Tú puedes!

Y entonces Vax le envió una imagen de todos sus compañeros y amigos, de Harrylatino y el Bosque de la Tinta, que lo miraban dándole ánimos a las afueras del Laberinto, gritando su nombre «¡Manu! ¡Manu! ¡Manu!».

¡Vamos, tú puedes! —gritó Vax.

Mankar no se había concentrado mucho en el camino, pero estuvo seguro de algo: cuando llegara a la Copa de los Tres Magos, la destruiría, hubieran pasado cinco minutos o no. Harrylatino no podía sobrevivir a una hora más enfrentándose al Dragón Rolo. Valía la pena sacrificarse por las personas que estaban afuera. Como lo había hecho Renzo.

El lobo alado no disminuyó la velocidad. Izquierda, derecha, izquierda, de regreso. Recorrer ese Laberinto gigante era mucho más lento que de costumbre. Pero no por eso se detuvo. Por la derecha, por la izquierda, por la izquierda de nuevo...

Letrero nueve. El Dragón Rolo ya no estaba a la vista, y ni siquiera se percibía su gruñido o su movimiento.

«¿Cuánto tiempo me queda?», preguntó Mankar.

No sé, menos de dos minutos. Quién sabe cuántos segundos llevaba abierto el Laberinto cuando entraste...

Mankar sintió un nudo en la garganta.

«Diles que estoy bien. Que fue un placer ser su amigo y compañero. Tú me podrás reemplazar fácilmente... ¡Eres yo! —sonrió—. Diles que los quiero. Y díselo a Vila...»

El lobo alado llegó a un callejón sin salida, y dio media vuelta. Otro letrero con el número «9» apareció ante ellos.

«¿Vax? Díselo, ¿sí?»

No hubo respuesta. El patronus volvió a perderse un par de veces, hasta que por fin encontró el décimo letrero.

«Vax, ¿no me escuchas?»

Entonces supo lo que ocurría. Habían transcurrido los cinco minutos, y no había alcanzado a llegar a la Copa.

«Vax...»

El patronus se estrelló contra el seto y Mankar salió volando. Cayó en cuatro patas contra el duro suelo, su buen amigo en el Laberinto... No hizo el menor esfuerzo por levantarse. No tenía sentido apresurarse. Tenía ahora todo el tiempo del mundo.

Estaba solo. Muerto.

Maldito Laberinto. Cuánto daño no había causado. Cuántas veces no se había enojado por su culpa. Qué desperdicio. Por culpa del Laberinto había muerto Arkadios...

Y ahora él estaba ahí, sin poder asimilar realmente lo que ocurriría. Quizás mientras transcurrieran las horas... cuando el hambre lo atacara... perdería la cabeza y se sumiría en la más profunda desesperación. Claro, si el Dragón Rolo no se ocupaba de él antes.

Se negaba a creer que nunca volvería a ver a nadie. A sus amigos. A Vax. Nunca. Se habían separado para siempre, sin poder despedirse. Renzo había hecho lo mismo...

No supo cuánto tiempo estuvo allí echado. De repente algo lo tocó en el codo. Mankar no reaccionó, pero lo que lo tocaba estaba vivo, y fue insistente. Levantó la cabeza y se encontró con su patronus. Quizás seguía corpóreo al alimentarse de la imagen que Vax le había enviado. Estaba allí, tangible, toda la felicidad que le producían sus seres queridos.

Se sintió tonto al imaginarlos afuera, al darse cuenta que él nunca regresaría. ¿Qué estaban haciendo? ¿Lloraban? ¿Se abrazaban e intentaban consolarse?

«Qué estupidez pensar en esto», se dijo. Y se maldijo.

El lobo puso su hocico debajo de la pata de Mankar, y éste se dejó ayudar a ponerse de pie, aunque perdió el equilibrio y se apoyó en sus cuatro extremidades.

—Ahora el mundo está compuesto únicamente por ti y por mí —le dijo Mankar en un susurro, como para despejar su mente—. Si un dragón asesino. Pero quizás él regrese a su mundo con su propia magia, ¿no crees? Cuando se libre del hechizo de Devil, al amanecer... Ah, verdad que aquí no hay amanecer.

Empezaron a caminar lentamente por el Laberinto. Mankar buscaba la Copa, aunque al mismo tiempo quería alejarse de ella.

—Quizás él nos pueda llevar...

El lobo miraba a Mankar con ojos curiosos, y se dejó acariciar el cuello. Y pensar que los licántropos habían parecido tan temibles la primera vez que Mankar los vio en su visión...

—¿Sabes, Renzo? Siempre he creído que las cosas pasan de la mejor forma que pueden pasar. Quizás en este momento no sepamos por qué, pero siempre salimos de las peores situaciones con una enseñanza, para no repetir nuestros errores.

Voltearon por una esquina, y lo miraron hasta el fondo.

—Me habría gustado que confiaras un poco más en mí. Y al mismo tiempo, sé que no te di la oportunidad de hacerlo. Me habría gustado que me explicaras algunas cosas, pero hay otras que nunca querré entender.

La Copa brillaba al final del callejón.

—Fuiste un buen amigo. Ahora nos hemos separado para siempre, y quiero llevarme esa imagen de ti. Incluso aunque sea la imagen equivocada. Quisiera que fueras el verdadero Renzo y pudieras escucharme. Pero gracias por todo.

Se acercaron a la Copa de los Tres Magos. Mankar la vio con un nudo en la garganta. Si la tomaba, él y el Dragón Rolo regresarían a los terrenos de Hogwarts, y faltaría casi una hora para el amanecer. Incluso aunque escaparan de él, la bestia acabaría con el castillo.

Y si la destruía, jamás saldría de allí. Salvaría al colegio. A sus amigos y compañeros. Incluso los que no lo merecieran se sentirían agradecidos con él. No habría más licántropos ni vampiros heridos. Podrían regresar a su mundo en paz. Y él, para no sufrir, podía hacer lo mismo que había hecho Arkadios.

Si la destruía en ese momento, se acabaría el gran dilema.

A lo lejos se escuchó un rugido. Sabía lo que tenía que hacer.

«¿Por qué no puedo hacerlo? —se dijo—. ¿Por qué, si ya lo había decidido, no soy capaz de hacerlo? ¡DE ELLO DEPENDEN MUCHAS VIDAS! Muchos más han muerto por esto... No puedo llevar al Dragón Rolo de regreso... Pero... es tan difícil...»

El lobo lo miró a los ojos. «Haz lo que te dicte tu corazón», le dijo su mirada. Mankar también se dio ánimos a sí mismo.

—Nadie me obligará a que me sacrifique. A Renzo nadie lo obligó. Soy muy joven para ser un héroe...

El Dragón Rolo volvió a rugir, se escuchaba más cerca.

Mankar levantó la mano. O bueno, la garra de lobo, peluda y rojiza. Lo hizo lentamente. Agarrar la Copa no cambiaría nada...

Confringo —susurró. Y la Copa estalló en mil pedazos.

Mankar suspiró. Había hecho lo correcto.

Qué oscuro se veía el Laberinto ahora que la luz plateada de la Copa ya no lo iluminaba... Habría sido oscuridad total si el patronus no hubiera acompañado a Mankar.

Un sonido extraño hizo vibrar el suelo. Como si un caballo cabalgara a toda velocidad. Mankar miró el pasillo a sus espaldas. El seto se vino abajo y de un agujero inmenso surgió una cabeza roja, alargada, inmensa.

Todo estaba a punto de acabar. Él no opondría resistencia. Era mejor así.

El lobo alado le mordió la pata a Mankar. Éste no sintió dolor en absoluto. Vio estupefacto lo que hacía su patronus. Por poco creyó que le estaba arrancando el brazo. Pero no, lo que el lobo tenía en su hocico era una garra idéntica a la de Mankar. Como si fuera una calcomanía que hubiera desprendido del papel.

Su patronus dejó en el suelo la garra y miró a Mankar. Sonrió, o algo parecido, y le lamió la cara.

—Gracias, Renzo —le dijo Mankar, pero el patronus ya se había dado media vuelta y corría para enfrentarse él sólo contra el Dragón Rolo. O quizás desaparecería en cualquier momento.

Mankar agarró la garra de licántropo y la sostuvo frente a él. Qué tesoro más fácil de conseguir, y por el cual generaciones de vampiros y hombres lobo habían estado en guerra.

Una luz roja surgió de la garra, y de repente Mankar estuvo girando en medio de la nada. Las fauces abiertas del Dragón Rolo desaparecieron de su vista, y el sonoro rugido se apagó de inmediato. Ahora sólo podía ver el color de la luz. Ahora ya no había llegado el fin, sino que se dirigía a un nuevo comienzo...

Sintió un duro golpe en la cabeza, al caer en un suelo plano y bastante duro. Sus manos ya no agarraban nada. Cerca de él sólo percibió figuras borrosas. Y todas ellas gritaban y se movían. Algo pesado cayó encima de él, y de repente él se movía como un muñeco de trapo sin voluntad. Se sentía muy débil y no pudo evitar abandonarse al vacío de la inconsciencia.

Pero sonrió al darse cuenta que a su alrededor celebraban que él hubiera podido regresar con vida.

• • •

Mankar abrió los ojos lentamente. Se encontró con un cielo azul lleno de nubes, en el que ya no podía verse la luna. El sol se acababa de levantar por las montañas del este, y no quedaba ni huella del terror de la noche anterior. Incluso los pájaros cantaban. Como si nada hubiera ocurrido.

La brisa le revolvió el cabello. Unos instantes después se dio cuenta de que tenía su forma humana. Obviamente, como en cualquier otro amanecer. Una manta tapaba su pecho desnudo, protegiéndolo del frío.

Estaba tirado en los terrenos de Harrylatino, y al parecer había mucha gente a su alrededor herida o inconsciente, a falta de una enfermería más grande.

Intentó incorporarse, pero sus brazos le temblaban.

—¿Mankaú? —exclamó la voz de Vax—. ¡Despertaste!

—No, soy un zombi.

—Quédate quieto. Debes estar muy cansado.

Mankar le sonrió. Vax se echó a llorar y se tumbó a abrazarlo.

—Parece que al dividirnos te quedaste con mi parte sensible —le dijo Mankar, y sonrió.

Los Guardianes de Nurmengard se acercaron corriendo.

—¿Mankar?

—¿Manko? —preguntó Ron Lesson.

—Estoy bien —dijo, aunque no sabía qué más decir.

—¡Eres un dios! —exclamó Tarru—. No puedo creer que hicieras semejante locura... No podríamos tener mejor capitán que tú

—Ustedes estuvieron muy bien en la roca —dijo Mankar, sonrojándose—. ¿Cómo está Lacrimosa?

—Se recupera —dijo Rob—. Parece que sólo los Guardianes originales resistimos tanto.

—¡Manko, una serpiente! —gritó Ron, y salió corriendo.

Mankar casi convulsiona aterrorizado. Más valía que no fuera una broma.

Una serpiente gruesa reptaba cerca de él. Instintivamente salió corriendo detrás de Ron (Vax cayó en el suelo de narices), pero se dio cuenta que alguien perseguía a la serpiente.

—¡Miren, ya despertó Mankarsiño! —gritó Kalli.

Ella, Vila y Cami se acercaron corriendo, sonrientes, en su forma humana. Detrás de ellas corría Natis Dumbledore. Kalli le dio un abrazo muy fuerte, y luego sus dos amigas hicieron lo mismo.

—¿Qué haces de pie? —preguntó Cami—. Tienes que descansar.

—Hay una serpiente inmensa...

—¿Dónde está? —preguntó Vila. Cuando la vio, la agarró y se la puso al cuello, como si fuera un collar. Igual que lo hacía la profesora Callahan.

—¿Es la serpiente de la profesora Callahan? —dijo Rob señalándola con el dedo.

—Sí, parece que sí —respondió Vila.

—Manu, tienes que sentarte —le pidió Natis—. Ha sido una noche dura.

Mankar, titubeante, se sentó en el suelo, pero no se atrevió a recostarse. Los demás hicieron lo mismo. Miró una por una las caras de todos.

—Todos te debemos la vida —dijo Natis lentamente—. No puedo creer que se te haya ocurrido hacer semejantes cosas. El patronus, el Laberinto, todo. Definitivamente, te presento mis respetos.

—Cualquiera habría hecho lo mismo —respondió éste.

Natis le dirigió una mirada cómplice.

—Cuéntanos, ¿cómo pudiste salir del Laberinto?

Mankar vaciló.

—Me pude aparecer gracias a la magia de los licántropos —dijo—. Quizás todas las garras tienen el mismo poder.

Natis y Vila la miraron con los ojos muy abiertos.

—Quizás así podamos regresar al Bosque de la Tinta —dijo Kalli.

Sin embargo, por más que Mankar intentó explicarles cómo había obtenido la garra, no lograron repetirlo. Y la que él había usado nadie la había visto; se había esfumado.

Mankar pasó los siguientes minutos contándoles lo que había pasado en el Laberinto; Vax y los Guardianes no dejaban de comentar lo que había ocurrido incluso desde que apareció el Dragón Rolo.

—Te tengo buenas noticias, Mankar —dijo Natis, después de un breve silencio—. Esta mañana los medios de comunicación se han enterado de que reaparecí. He enviado una orden inmediata para que tu padre salga de prisión.

Mankar abrió mucho los ojos y levantó las cejas, sonriendo de oreja a oreja.

—Después de todo, anoche vimos a la misma Tazllatrix Devil confesando sus crímenes. Estoy segura de que ahora son tan poderosos que no le temen a nada...

Hubo un silencio durante el cual nadie dijo nada. Por fin, Mankar se atrevió a preguntar:

—¿Y están todos bien?

—Algunos heridos —respondió Natis, cabizbaja—, algunos más gravemente que otros... Algunos no han podido sobrevivir... Hari, por ejemplo...

—Y bueno, Renzo... —susurró Mankar.

Si hubiera podido, había retirado las palabras. No quería que Vila se sintiera mal por ello. Todos hicieron silencio nuevamente.

—Perdoné a Natis por lo de anoche —anunció Vila—. Y creo que... yo habría hecho lo mismo en su lugar.

Mankar vio a Natis sonreír. Pero Vila continuó hablando.

—Pero, ¿saben? En realidad es mi culpa que él atacara a Annie. Yo le ordené que creara una distracción en Bloody Swamp, porque nosotros estábamos investigando muy cerca de sus territorios, lo que podía ser la guarida del Dragón Rolo...

—Ya no importa —la cortó Natis—. Ambas razas hemos decidido que podemos convivir en paz. Sin necesidad de ninguna garra.

—Pero es importante que Mankar lo sepa. Eras el mejor amigo de Renzo —añadió, con tristeza, mirando al chico—. Siempre hablaba de ti.

Mankar sonrió, mirando al suelo. Recordó la única vez que habían podido charlar los dos juntos. Sintió una punzada en el corazón. Decidió cambiar un poco de tema.

—No entiendo cómo es que los licántropos sabían tantas cosas de los vampiros. Sus poderes. Sabían muchas cosas. Él me lo contó todo.

Vila abrió los ojos y parpadeó varias veces.

—Es que... Gata nos lo contaba...

Vila miró a Natis esperando su reacción, que no pasó de un levantamiento de cejas.

—Gio también nos contaba muchas cosas —dijo al fin—. Pero no me imaginé que las sabía porque tenía un romance con una mujer lobo.

—Eso explica las desapariciones fortuitas de Gata —comentó Vila, desviando la mirada al cielo.

—Él nos enseñó a fabricar varitas, precisamente —contó Natis.

Zancaturno estaría orgulloso —pensó Vax.

Mankar sonrió.

—Y a los demás heridos, ¿cómo se encuentran? —preguntó.

—Claro —dijo Cami—. La risa de Vila ayuda mucho.

—Risa curativa —dijo Mankar, y no pudo ocultar una sonrisa.

—Sí —respondió Vila—. En realidad ha sido muy fácil, porque esta serpiente me ha contado chistes muy graciosos.

—¿Entiendes a la serpiente? —preguntó Mankar asombrado.

—Parece que es otro poder que dio Greenman... quiero decir, Slytherin... dio ese poder a los licántropos —respondió Natis.

—¿La serpiente sabrá qué quería decirme la profesora Callahan la noche que murió? —Mankar se levantó de un brinco al recordarlo.

Vila empezó a silbar, produciendo sonidos curiosos con la lengua y los dientes. La serpiente la miraba fijamente.

—«Estuve viviendo en el bosque prohibido todo este tiempo —tradujo Vila—. Devil intentó matarme. Mi ama había interferido mucho en sus planes, y se había enterado de cosas. Descubrió en la biblioteca información sobre Slytherin y unos pueblos que él fundó.

»Supo así que tú habías heredado esa habilidad de dividir tu alma y conservarla en tu cuerpo —Mankar bajó la mirada, hubiera preferido que nadie más supiera de eso. Aunque nadie sabía aún que él y Vax eran la misma persona—. Y como habías matado a Riddle, esto sucedería muy poco tiempo después.

»Pero tu alma no se dividiría siempre que la profecía se cumpliera.»

Mankar miró fijamente a la serpiente.

—¿La profecía?

Recordó entonces que eso le había dicho el espectro de la profesora Callahan la noche que él se transformó en lobo por primera vez. «La profecía debe cumplirse».

—«Sí —continuó traduciendo Vila—. La profecía que tú formulaste sobre ti y tu gemelo Roha. La que aseguraba que estarían siempre juntos y serían invencibles. Si no se cumplía, si no contabas con la compañía de tu gemelo, tu alma se sentiría tan sola que se dividiría. Por eso ella quería asegurarse de que ustedes dos estuvieran juntos, incluso en el tan emblemático Torneo del León Escarlata.»

Mankar escuchaba incrédulo. Si hubiera formado un equipo del torneo con Haher...

No, pero no se sentía en absoluto arrepentido de haber conocido a Vax. Aunque fuera parte de él mismo, no sabía qué habría hecho sin él. Era un Horcrux, y eso no lo hacía una mala persona. Ni a Vax.

Miró a su conciencia y ambos se sonrieron otra vez.

Vila volvió a decirle algo a la serpiente, aunque Mankar no le había respondido nada.

Strángula dice que su ama cree haber descubierto la forma de viajar al Bosque de la Tinta, pero que nunca lo pudo probar. Dice que, según un libro, en cualquier ser que pertenezca al bosque y que atraviese las estanterías donde se encuentran todos los libros que hablan de ese mundo, llegará allí.

Mankar frunció el ceño. No recordaba haber visto ninguna sección de la biblioteca dedicada al Bosque de la Tinta. Obviamente él lo recordaría. A menos que...

A menos que esa sección que contenía libros escritos en runas extrañas fuera la dedicada a ello. La sección donde atrapó su primera snitch. Allí, donde tuvieron que llevar la tabla de la tercera prueba del torneo. Devil se había burlado de él enviándolo ahí.

¡Sí, era ese lugar al que tanto le recordaba la biblioteca de la Mansión Courtcastle! Sabía que había visto esos libros en otro lugar antes. Sería ese portal, quizás colocado por voluntad de Slytherin, el que llevaría a los vampiros y licántropos de regreso a su hogar.

Pero antes de decir nada, tenía que asegurarse por sí mismo.

• • •

Los elfos domésticos corrían de un lado a otro por los terrenos del castillo, llevando sándwiches y bebidas a todas las personas, incluyendo los vampiros, puesto que no iban a poder comer en el Gran Salón destruido por el Dragón Rolo.

Ellos mismos habían transportado por arte de magia las estanterías de la sección dedicada al Bosque de la Tinta en la biblioteca. Eran dos, bastante largas, ubicadas una frente a la otra. Todo estaba dispuesto para que los habitantes de Greeman Place y Bloody Swamp regresaran a su hogar.

Las personas pasaban y no dejaban de saludar a Mankar con la mano. Se había extendido la noticia de que él había sido el que volaba en el patronus y que había metido al Dragón Rolo en el Laberinto. Algunos le expresaron que se lamentaban por no poder volver a jugar en él, pero sonriendo afirmaban que había valido la pena el sacrificio.

Se acercaba el momento de la partida. No había prisa, ni obligación, pero todos los vampiros y hombres lobo en el fondo sabían que no pertenecían a ese lugar, y no estaban seguros de cuanto tiempo más podrían seguir ignorando su instinto. Aunque, evidentemente, su instinto había cambiado.

Los estudiantes de Harrylatino se formaron frente al pasillo que conformaban las estanterías. Mankar y Vax se hicieron un paso más adelante del resto.

Los vampiros y licántropos empezaron a caminar entre la multitud, como si fuera la alfombra roja de una importante ceremonia. Caminaban muy lentamente, siempre un vampiro al lado de un licántropo. Muchos saludaron a Mankar y a Vax con la mano, otros se despidieron con un fuerte abrazo. Procuró no ver el cuerpo de Renzo, que llevaban cargando un par de lincántropos. Ernie casi le parte una costilla a Mankar, y Gio hizo lo mismo con Vax. Cami y Kalli le dieron a cada uno un beso en la mejilla.

Sentía un nudo en la garganta. No era fácil la despedida. Aunque no fuera la primera vez que se separaban, ni la última vez que se veían.

Natis y Vila no fueron con ellos. La ministra retomaría las funciones que su cargo le exigía y, según ella, tenía mucho que enseñarle a «su nueva viceministra».

—Al menos tus ojos no son como los míos, no tendremos que preocuparnos por cambiarlos —había dicho Natis.

Ambas viajarían al Bosque de la Tinta a través de la biblioteca cada vez que lo quisieran o necesitaran. Mankar quizás no podía hacer lo mismo, porque según la serpiente de Callahan, sólo podían hacerlo aquellos que hubieran nacido en el bosque.

Miró hipnotizado a los últimos esfumarse al llegar a la mitad del pasillo. Y suspiró con mucha tristeza. Faltaría un mes para que se reencontraran.

—Mira, es como si viajaran al mundo real desde Narnia. O al revés —comentó Mankar.

—¡Supéralo!

Mankar lo miró despectivamente.

Los estudiantes rompieron la formación y empezaron a charlar. Mankar se quedó quieto y pensativo.

—Creo que Boggart te está buscando para pedirte perdón —comentó Vax.

—¿Por lo de enviarme al bosque obligado por Devil? No tengo nada que perdonar.

—Pero aún así quiere hablar contigo.

—No me nace hablar con él —respondió Mankar, cortante.

Vax no se atrevió a insistir. Mankar supo lo que estaba pensando.

No, él no era el mismo de antes. Quizás desgarrar su alma lo había cambiado. Él sabía que era así. Continuamente sentía mucha ira, y no podía controlar sus propias emociones. A veces se desquitaba con Vax.

En realidad, ahora no sabía qué sentir. Pero siempre tendría a Vax, la voz de la razón, para llevarle la contraria. Porque esa era la idea de estar dividido. Le sonrió.

Extrañaba tener los amigos que había hecho el curso anterior. La verdad es que no lograría confiar tanto en los Guardianes de Nurmengard como había confiado en Haher y en Gonza. Pero las cosas ya no eran iguales, con ninguno.

Empezó a caminar hacia las puertas del castillo lentamente. Ahora todos intentarían retomar la cotidianidad de sus vidas. Aún quedaban un par de semanas de clase. Quizás podía seguir haciendo muchos puntos en ese tiempo, y subir más en el top. Y pensar que esas sencilleces significaban tanto para él unos pocos meses atrás...

Se dio la vuelta y miró con nostalgia las estanterías.

Él seguía siendo diferente al resto de personas. No sólo era un licántropo con el alma dividida, sino que ahora tenía que vivir con la certeza de que en algún lugar tenía tres enemigos que planeaban su muerte, o algo peor. Ya no se trataba de un juego de niños. Y algún día se volvería a enfrentar a ellos.

Fuera como fuera, al menos estaba seguro de que no importaría que cada luna llena se convirtiera en un lobo. Él esperaría con ansias que llegara la siguiente porque, en esa noche, él y Vax serían transportados a un mundo donde siempre los recibirían sus amigos con los brazos abiertos. O, más que amigos, una gran familia.