Medio mes después del accidente, Kagami, Tsukasa y Miyuki se habían recuperado físicamente. No obstante, hacía falta terapia por parte de los psicólogos para ayudarles a superar este desagradable evento.

Un mes después de un concienzudo trabajo de los psicólogos, Tsukasa, Miyuki y Kagami volvieron a la escuela perfectamente adaptadas a la situación a la que se encontraban...

...bueno, salvo Kagami. Ella fingía estar bien emocionalmente.

La experiencia traumática de Kagami le hizo a ella misma una chica más silenciosa, pasiva y deprimida. La pérdida de Konata le había afectado profundamente. Todas sus amigas trataron de animarla diciendo que Konata estaba en un lugar mejor, que a ella le alegraría ver a Kagami feliz; toda esa clase de cosas.

Pero... Ellas no entendían qué sentía exactamente Kagami por Konata. Sentía amor. Quería estar con ella para siempre. Quería compartir sus recuerdos con ella. Quería vivir con ella.

Y en vez de eso, no consiguió saber si Konata, en el autobús, había leído toda la carta de amor de Kagami; y eso le hacía sentir mal a ella misma, porque no sabía si Konata había muerto sabiendo lo que Kagami había sentido por ella o no.

A raíz de aquello, Kagami decidió hacer una búsqueda de una redención. Una promesa para ponerse en paz consigo misma. Decidió cuidar a su hermana Tsukasa en todo momento y no dejar que le pasara nada malo. Pensó que así ayudaría a sobrellevar su trauma de la pérdida de Konata.


Habían pasado 3 años después de esa horrible tragedia...

Kagami y Tsukasa, al terminar el instituto, se habían independizado juntas. Tsukasa tuvo esa idea y Kagami sólo quiso tenerla a ella de compañía.

Aunque se independizaron juntas en una casa aproximadamente en las afueras de la ciudad, ambas siguieron distintos caminos. Mientras que Tsukasa estudiaba en una universidad; Kagami decidió trabajar como ayudante en una librería directamente, sin más estudios ni nada.

Kagami, cada día, se aplicaba el cuento eso de proteger a su hermana...

...pero todavía no sintió ninguna clase de satisfacción en sí misma.

Una tarde lluviosa, un coche de cuatro puertas se acercaba hacia una universidad. Se abrió la puerta y de ahí salió una chica alta de ojos azules, y de cabellos largos de un color mezcla de rosa y púrpura. Hace años tenía un par de lazos que le hacían dos coletas largas en el pelo, pero dejó de tener esos lazos; la parte derecha del rostro de la chica fue cubierta por el pelo, sólo se dejaba ver la parte izquierda de la cara de la chica, y en el rostro de la chica sólo reflejaba una emoción: tristeza.

De la universidad salían unos cuantos alumnos y alumnas. Todos ellos llevaban paraguas. En el montón se podía ver a una chica de cabellos cortos de color rosa-púrpura. Era hermana de la chica que estaba al lado del coche. Se acercaba a ésta para entrar en el coche.

"Hola, Onee-chan." Decía la chica de cabellos cortos.

"Hola, Tsukasa." Respondía la otra chica.

"¿Te olvidaste del paraguas otra vez, Onee-chan?"

"...bueno, algo así. Sí."

"Vale... Pues deberías llevarlo, así te vas a resfriar."

"Bueno... Ve al coche, anda."

"Vale."

Tsukasa se metía en el coche, por el sitio de los asientos traseros.

"No quiero llevar paraguas... Para nada..." Pensaba Kagami, mientras se dirigía al coche.

Kagami se metía en el coche por el sitio del conductor. Dentro, se puso el cinturón de seguridad (Tsukasa también), y acto seguido pisó el acelerador para regresar a casa.