El cielo se oscureció increíblemente rápido sobre sus cabezas, las pesadas nubes gris plomo taparon el sol y una tormenta eléctrica dio lugar a los truenos.

-Oh aun más perfecto! este maldito carro nos ha dejado tirados en medio de la vía y una tormenta se forma sobre nuestras cabezas!- gritó Damon, que, sin medir su fuerza sobrehumana, pateó la rueda delantera izquierda del auto, arrancándola y mandándola a volar justo en el momento en el que Alaric lograba encender el vehículo.

Damon se quedó congelado al escuchar el ronroneo de arranque del carro, frunció el ceño y miro al auto con malos ojos -Porque amigo? eso no se le hace a un compañero...- dijo en dirección al carro, evitando mirar a Alaric y a su hermano, que lo miraban de forma asesina.

-De verdad Damon, no pudiste contenerte por una vez en tu existencia? - preguntó Alaric.

-Y ahora has convertido un mínimo inconveniente en un severo problema, irreparable a largo plazo, típico de Damon.- dijo Stefan.

Una ligera llovizna empezó a caer sobre ellos antes de que Damon tuviese tiempo de replicar y pronto se convirtió en un aguacero que los empapaba de pies a cabeza.

-Una carrera hasta el próximo pueblo más cercano?- sugirió Damon inocentemente, con una sonrisa torcida. Los otros dos vampiros lo fulminaron con la mirada, tomaron sus bolsos y el alijo de sangre y salieron disparados por la carretera con los rayos y truenos reventando sobre ellos.

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Stefan no dejaba de pensar en que si Damon no hubiese pateado el neumático no estarían corriendo exhaustos a velocidad vampírica desde hacía poco más de media hora, empapados y llenos de barro.

Alaric no dejaba de pensar en que hubiese sido mejor nunca haber dado la idea de la despedida de solteros.

Damon no dejaba de pensar en que quería comerse a alguien.

-eh Damon?! qué crees que pase primero? que deje de llover o que encontremos un pueblo?!- gritó Stefan lleno de ira.

Damon no respondió.

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Media hora después, habían salido de debajo de la tormenta, pero también habían acabado con la reserva de bolsas de sangre que tenían para los tres, que se suponía que debía durarles cuatro días y tampoco parecía que estuviesen cerca de alguna ciudad o pueblo.

Se habían sentado a descansar en un tronco de árbol caído a un lado de la carretera, del cual Damon se levantó con parsimonia, luego caminó lentamente hasta la vía, se acostó en medio de ella, mirando hacia el cielo y sintiendo el asfalto húmedo y tibio en su espalda.

-Que crees que haces?- preguntó Alaric, tirando la ultima bolsa de sangre vacía.

Stefan respondió por su hermano al ver que este parecía no tener ganas de hablar. -Nada bueno, seguro.-

Damon presentía que tendrían un golpe de suerte y así fue, el lo sintió antes de que los otros dos lo viesen o lo escuchasen. Acostado como estaba en medio de la carretera era capaz de sentir la vibración inconfundible que producía un carro, que se acercaba a su posición.

Como era de esperarse, la persona detrás del volante derrapó y frenó a pocos metros de Damon, que se mantuvo quieto, y deseaba que su amigo y su hermano también.

Escuchó a alguien bajarse del auto y correr hacia él.

-Oh mi dios! Estas bien?- exclamó la joven, arrodillándose junto a Damon.

Sin esperar ni un segundo, la tomó del cuello y se levantó a velocidad vampírica, la miró fijamente a los ojos grises y procedió a usar la compulsión.

-Me darás las llaves de tu auto y dejaras que me lo lleve, no harás ningún intento por recuperarlo y olvidaras esta conversación.- pronuncio suavemente las palabras.

-Damon, debes estar bromeando.-Stefan le reprendió a su hermano acercándose.

Damon rodó los ojos. -Déjame en paz Stefan, acaso quieres andar a pie hasta las Vegas?- respondió con sarcasmo.

-No, pero tampoco que ella camine sola hasta donde sea que va.- respondió el menor.

-Tu hermano tiene razón Damon.- intervino Alaric.

Damon hizo una mueca aun sin dejar de sujetar por el cuello a la joven -Ustedes, su moralidad y su ética apestan.- dijo molesto. De repente sintió que su cerebro hervía, no pudo aguantar el grito de dolor que desgarró su garganta, en un acto reflejo soltó a la muchacha y cayó de rodillas al piso, sujetándose la cabeza con las manos.

Stefan y Alaric miraron a la joven, que les devolvió la mirada desafiante y altiva.

-Eres una bruja.- murmuró Stefan a la vez que daba un vistazo a su hermano retorciéndose de dolor en el piso.

-Y ustedes unos malditos vampiros. Siempre los putos vampiros queriendo joder a uno con su maldita compulsión.- respondió hecha una furia.

Damon encontró la forma de hablar a pesar de sentir que su cabeza estaba a punto de estallar -Besas a tu madre con esa boca?- dijo.

-Damon no creo que sea un buen momento para que digas ni hagas nada.- aconsejo Alaric. Stefan que aunque su hermano no podía verlo, asintió dándole a razón a Ric.

-No.- escupió la joven. -No están en una posición ventajosa.- añadió.

-Te superamos en número…- respondió Damon haciendo un intento por levantarse.

-Damon!- exclamó Stefan, el tono de voz cargado de advertencia.

-Mira, no queremos problemas, disculpa a mi amigo aquí presente el es un idiota de primera, nosotros tenemos un largo camino por delante hacia Las Vegas y nuestro auto se dañó…eso es todo.- explicó Ric, adelantándose cuidadosamente un par de pasos.

Ella se tensó. -Detente justo allí, no des un paso más.- dijo firmemente. Alaric alzó las manos en señal pacifica. -No planeo ni quiero lastimarte, ninguno de nosotros.- dijo con una pequeña sonrisa.

-Yo sí!- pronunció Damon con voz asesina, levantándose completamente y encarando a la joven bruja.

Ella lo miró mitad asustada, mitad decidida -No tu no.- respondió. Y antes de que alguno dijese otra palabra, una ola de poder los empujó lejos hacia los arboles mas allá de la carretera.