Capitulo 15: "La Boda"

Yachiru se encontraba en una de las habitaciones de la Mansión Kuchiki, se estaba preparando para su ritual de matrimonio. Estaba nerviosísima y caminaba de un lado a otro con su hermoso Kimono color champagne, las mangas eran largas y de corte antiguo triangular; el pesado obi color chocolate resaltaba la figura de la Teniente; su largo cabello rosado estaba recogido en un moño alto sujeto por una hermosa peineta de carey que emitía destellos dorados.

La muchacha se miró una vez más al espejo de la peinadora que se hallaba en la lujosa habitación, sentía náuseas y no precisamente producto de su estado de gestación, no, las náuseas se debían a los nervios que la embargaban al saber que en pocos minutos uniría su vida a la de un hombre que no la amaba, solo para darle a su hijo o hija un hogar. El labio inferior de la muchacha tembló e inmediatamente sintió que sus ojos ardían.

-¿Estoy haciendo lo correcto…?- le preguntó a su reflejo. No obtuvo respuesta inmediata, bajó la mirada y tras unos segundos la volvió a subir y se encontró con aquella mirada aguda y altanera que solía mostrar cuando luchaba- Sí, esto es lo que debo hacer por el bienestar tuyo, bebé- la chica de rosados cabellos intentó acariciar su vientre por encima de los pesados y gruesos ropajes ceremoniales; se convenció que ese era su deber de madre, hacer lo necesario para que el hijo de ambos fuese feliz, tuviera un apellido y un padre con el cual compartir el día a día; un padre que, ella sabía, ya amaba al bebé no-nato con una intensidad gigante, Byakuya quería, a su parecer, mucho más al bebé que a la mujer que lo portaba dentro.

Algo en lo profundo le decía que Kuchiki Byakuya acabaría queriéndola-si no es que ya la quería, aunque sea un poquito- por ella misma y no por este lío del embarazo que, ella reconocía, era en su mayoría culpa de ella puesto que era la que se había lanzado a los brazos del Capitán aquella lluviosa noche semanas antes de su cumpleaños. Noche que justo ese día se antojaba tan lejana…

La Teniente Kusajishi se recargó en la peinadora donde aún contemplaba su reflejo: el poco maquillaje en los ojos, el ligero rubor, el fugaz y discreto brillo sobre sus labios… ¿la besaría fugazmente Byakuya para sellar su unión? ¿Sería un beso apasionado como el que compartieron apenas un par de días atrás sin razón cuando él la acompañaba a casa?

Ahora que lo pensaba, él no había mencionado el beso luego de separarse aquella noche, era como si nunca hubiese pasado… ¿por qué lo habría hecho? ¿Por qué besarla y luego hacer como que nada había ocurrido? Yachiru decidió que no le importaba porque había sido un beso magnifico, uno de los pocos contactos físicos que habían compartido ella y Kuchiki después de la concepción del niño.

-Yachiru, ya es la hora.- a través del espejo la joven pudo ver a Zaraky, su 'padre' asomarse por la puerta de la habitación. Llevaba un elegante kimono masculino negro, eso sí, llevaba su parche en el ojo y su habitual peinado.

-Sí, vamos Ken-chan.

La joven fue conducida por su padre a través de un amplio pasillo que atravesaba la mansión Kuchiki y terminaba en el amplio jardín que había sido decorado para la ocasión. Se emocionó al ver a sus compañeros del Gotei 13 vestidos con sus mejores galas, todos levantados al verla entrar en el jardín; también estaban Ichigo, Orihime y todos los que llamaron algunas vez 'Ryokas' en el tiempo en que Rukia, su ahora cuñada, estaba condenada a muerte.

Yachiru fijó la vista en el altar y de plano se le secó la boca al divisar a su prometido, más guapo que nunca vestido con un hermoso kimono acorde a la ocasión, su cabello negro ondeaba al ritmo de la suave brisa de la tarde. Al lado de Byakuya estaba Rukia enfundada en un kimono morado con obi amarillo, la morena sonreía ampliamente a la Teniente.

En una de las sillas principales, Kyoraku Shunsui observaba toda la ceremonia con el alma en los pies y el corazón en la boca. Se sentía robado, él estaba enamorado de la hermosa mujer de cabellos rosados y sin embargo estaba allí, en su boda como invitado principal observando como la mujer que amaba se ataba de por vida a un hombre frío y hosco que quizá nunca amaba a Yachiru del modo que el la amaba. "Todo es tu culpa", se reprochaba mentalmente mientras la ceremonia de boda avanzaba. Si él no se hubiese callado sus sentimientos, tal vez la muchacha no se habría fijado en el Capitán de Sexto escuadrón, quizás ahora Yachiru no estuviera embarazada del "señor yo-soy-la-última-gota-de-agua-del-desierto-y-estoy-fría", y no definitivamente no estuviera casándose con él.

Pero el "si hubiera…" no existía en ese momento para él, ya era demasiado tarde. Lo único que le quedaba era apoyarla, cuidarla y esperar que Byakuya llegase a apreciar a la encantadora mujer que tenía por esposa. Pobre del noble Capitán si no lo hacía…

Un apretón en su hombro y vítores de júbilo lo trajeron a la realidad. El hombre de castaños cabellos enfocó la vista en la pareja justo cuando los labios de la Teniente se despegaban de los de Kuchiki. Giró la vista y se encontró con los ojos oscuros y la sonrisa de apoyo que le dirigía Ukitake, su mejor amigo, él era el único que sabía de su enamoramiento con la joven Teniente.

Yachiru estaba muy sonriente caminando del brazo del Capitán Kuchiki, su ahora esposo. Sentía como si el corazón le quisiera saltar del pecho de la felicidad. Desde el momento en el que Byakuya la había sostenido suavemente de la cintura y unido sus delgados labios con los de ella, su corazón empezó a latir muy fuerte y hasta ese momento no había parado. Todo el mundo se acercaba para felicitarlos y, por muy extraño que parezca el capitán del Sexto Escuadrón sonreía fugazmente a todos los que les deseaban lo mejor. Incluso Rukia, había hablado unos minutos con ella expresándole su alegría de que su hermano se hubiera casado de nuevo y empezara a formar una familia; la morena también le había dicho a Yachiru que "Byakuya-sama no pudo haber encontrado mejor mujer". Y a la muchacha de cabellos rosados se le habían llenado los ojos de lágrimas.

-Quisiera proponer un brindis- dijo el Comandante Yamamoto en medio del banquete. Todo el mundo prestó atención, incluidos Yachiru y Byakuya quienes hablaban con Zaraki y Renji respectivamente.- Salud por una hermosa pareja. Yachiru, espero que tu bebé nazca sano y fuerte y que engendren más herederos.

-¡Salud!-dijeron a coro los invitados mientras la Teniente se sonrojaba violentamente. ¿Tendría ella oportunidad de hacer el amor con su esposo…? Se preguntaba. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de una cucharilla chocando con una copa.

-Yo también quisiera decir unas palabras- anunció Kyoraku. Byakuya se tensó, ¿qué quería decir el Capitán del Octavo escuadrón? Es importante señalar que al Capitán Kuchiki no se le habían disipado todas las sospechas acerca de los sentimientos de aquel hombre en cuestión hacia su esposa. Y la verdad era no que le gustaba para nada la idea de que otro hombre viera 'de ese modo' a la madre de su hijo, porque ahora ella era suya oficialmente. – Yachiru-chan, sabes que te quiero mucho y te deseo la mayor de las felicidades- la aludida sonrió y le mandó un "yo también te quiero" mudo al hombre- Y tu Byakuya, espero que sepas la calidad de la mujer que te llevas, cuídala y hazla feliz.

Los demás estallaron en aplausos y vítores pero la verdad es que el tono utilizado por Kyoraku era de amenaza, y esto no pasó inadvertido para el Jefe del clan Kuchiki quien, para probarle a Shunsui que Yachiru era su mujer, la besó fugazmente frente a todo el mundo. La Teniente Kusajishi respondió al beso con destreza y felicidad. No sabía el por qué del beso pero no se quejaba, al contrario se alegraba del contacto que le ofrecía Byakuya.

Luego de unos escasos segundos se separaron y Kuchiki Byakuya le dedicó una mirada retadora a Shunsui, sus ojos brillaban y reflejaban una mirada que fácilmente el castaño interpretó como: "es mía"…

Continuará…

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