Capitulo 16: "¿Será que sí?"
Byakuya estaba en la biblioteca de la gran mansión Kuchiki, haciendo tiempo mientras los sirvientes preparaban su habitación y a su esposa para la noche de bodas. La verdad era que el Capitán estaba librando una dura batalla interior entre sí entrar a la habitación nupcial y consumar su matrimonio –cosa que su cuerpo clamaba a gritos-; o entrar a la habitación, meterse a la cama y acostarse a dormir sin ponerle un dedo encima a su esposa.
Se sentía confundido, él era un hombre y tenía necesidades obviamente pero, en ese momento no era solo la necesidad de satisfacer los instintos más primarios lo que lo incitaba a entrar a la habitación y hacerle el amor a la hermosa mujer que lo esperaba en ella. No, era algo más lo que lo impulsaba y él no quería ponerle nombre a esa calidez que sentía en el pecho cada vez que miraba a la Teniente a los ojos; no quería aceptar que se sentía completamente feliz al tomarle la mano y besar suavemente sus carnosos labios como había hecho toda esa tarde –para aparentar que eran una pareja feliz y enamorada, claro-.
¿Qué le estaba pasando? Él no estaba enamorado de ella. Solo se habían casado para criar juntos al bebé que venía en camino, nada más. Era hasta ridículo, él no podía estar enamorándose de Yachiru, era descabellado y tonto…
Pero entonces ¿por qué sentía un vuelco en el estómago cuando pensaba en la posibilidad de ella y Kyoraku Shunsui juntos? ¿Por qué los celos de que alguien pudiese mirarla con ojos de deseo? Byakuya no era tonto, sabía perfectamente que su esposa era una de las shinigamis más hermosas del Sereitei y que varios hombres darían lo que fuera por estar en su lugar, pero eso no explicaba los poderosos sentimientos de posesión que lo embargaban al tenerla cerca y respirar el dulce aroma que emanaba de sus cabellos.
-¿Kuchiki-sama?- oyó que le llamaba uno de sus sirvientes. El hombre hizo una seña sin voltearse a mirar a su empleado, incitándolo a seguir hablando- Señor, la recámara nupcial está lista y la señora Kuchiki está adentro esperándolo.
-Bien. Iré enseguida, puedes retirarte.
-Sí, Kuchiki-sama.
El Capitán del sexto escuadrón se quedó parado en medio del jardín, el viento frío removía sus cabellos y en su mente se repetían como ecos las palabras de su sirviente: "La Señora Kuchiki está adentro esperándolo".
Señora Kuchiki, sonaba bien… Después de tantos años había otra Señora en la mansión…
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-Ya basta Shunsui, ha sido suficiente sake por esta noche- decía el Capitán del Treceavo escuadrón Ukitake Juunshiro, mientras le quitaba una copa de sake de las manos a su amigo de cabellos castaños quien estaba bastante borracho. Estaban en la casa de Kyoraku, en el saloncito; Juunshiro no había querido dejar solo a su amigo sabiendo lo mal que debía sentirse al haber asistido a la boda de la mujer que amaba.
-¡No, Ukitake!- exclamó alterado el castaño dejándose caer en un cojín- No ha sido suficiente sake porque aún no puedo olvidar lo que paso esta tarde. – se llevó una mano a la cara, ocultándola por unos minutos- Se casó con él…
-Lo sé amigo, lo vi- dijo suavemente el hombre de cabellos blancos- tú sabías que eso pasaría, todos lo sabíamos.
-Pero eso no me quita el dolor que ciento- confesó- sabía que iba a ocurrir pero nunca imaginé que fuera a doler tanto. La perdí Ukitake, la perdí para siempre. Ahora es la esposa del estirado ese.
- Ya…
-Lo que más me duele es que en parte es mi culpa.
-¡ ¿Cómo va a ser tú culpa Kyoraku, por amor de Dios? ! Ella se enamoró de él.
- Sí, pero tal vez si yo le hubiese confesado mis sentimientos antes...
-No sirve de nada regodearse en lo que pudo ser- dijo sabiamente Juunshiro- lo echo, echo está; ya no puedes cambiarlo, ahora está fuera de tu alcance.
-La verdad es que en cierta forma siempre lo estuvo…. –musitó bajito- Pero lo más estúpido que hice fue asistir a esa boda y verlo con mis propios ojos, eso es lo que me está matando ¿sabes? Las imágenes de Yachiru y Kuchiki besándose no se van de mi cabeza y cada vez que las miro siento como que una espada se me clavara más y más profundo en el pecho.
-Yo creo que hiciste bien en ir. Estuviste allí para ella como siempre, como el amigo que nunca falla.
-Sí… A eso quedé reducido: "al amigo que nunca le falla"… Si ella supiera...
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La habitación de Byakuya estaba exquisitamente decorada para la ocasión: velas, pétalos de flores, champagne, fruta, chocolate. Las sabanas eran blancas y de seda, el aroma a rosas frescas inundaba la habitación y, en medio de la amplia cama con dosel estaba Yachiru, absolutamente aterrada de que su esposo no se apareciera en la habitación en plena noche de bodas.
La muchacha se levantó de la cama y empezó a pasear de un lado a otro en la estancia; se mordía el labio inferior y se pasaba una mano por su largo cabello rosado mientras se planteaba la idea de salir a buscarlo. Pero, ¿Dónde estaría? Ella apenas conocía algunos lugares de esa inmensa mansión y definitivamente no iba a preguntarle a alguno de los sirvientes. ¿Qué iban a pensar de ella si su marido se ocultaba de ella justo esa noche?
-¡Que papelón estoy haciendo!- exclamó casi al borde las lágrimas- este matrimonio está destinado al fracaso. No le saldré a buscar, ya está muy claro que no me desea… - Yachiru se mordía el labio inferior para no ceder ante el nudo que tenía en la garganta. Ya era bastante malo casarse con un hombre que no la amaba, ella ya había aceptado eso; pero se sentía humillada al comprobar que él ni siquiera deseaba hacerle el amor aunque sea solo para satisfacer sus necesidades como hombre- ¡oh mi Dios! ¿será que es gay…? No, eso no lo creo… ¿será que no me desea porque estoy embarazada…? ¡Maldi…!
La Teniente se calló de golpe al escuchar la puerta abrirse y cerrarse. Se dio la vuelta y frente a ella pudo ver al hombre que amaba vestido con una bata negra con un dragón plateado, lo que resaltaba su blanca piel. Se le secó la boca. No sabía si eran las hormonas pero la verdad era que cada vez que lo miraba algo se encendía en su interior y el deseo corría por sus venas.
-Teniente- dijo él a modo de saludo mientras caminaba unos cuantos pasos y se situaba a un metro de ella.
-Capitán- contestó ella recelosa… ¿ya no habían dejado las formalidades?
Byakuya hizo un gesto como de buenas noches y Yachiru reaccionó de la mejor manera que podía: se desabrochó el nudo de su bata roja con adornos de un gran dragón dorado y la dejó caer al piso, dejando al descubierto su cuerpo cubierto solo por un hermoso conjunto de lencería de encaje rojo escarlata.
El Capitán Kuchiki abrió los ojos de par en par mirando lo que la muchacha de cabellos rosados acababa de hacer. Yachiru tenía las mejillas encendidas y justo cuando se iba a dar la vuelta para meterse a la cama y llorar, Byakuya avanzó unos cuantos pasos hasta quedar a menos de unos centímetros de distancia….
Continuará…
…
¡Hola!
¡Gracias por leer! Bueno… Me gustaría agradecerles por sus reviews a: Carola, Any-chan15 , shandrak u.u , yushayanon.
Espero que les guste este capítulo y no me maten por dejarlas en ascuas. ¡Besos!
¡Un Review a una autora (or) no tiene precio y la (o) anima y ayuda a mejorar!
Euni-chan.
