Capitulo 17: "'Casa' no Significa 'Hogar' "
— ¡Si alguien vuelve a llamarme Señora Kuchiki en los próximos cinco minutos, lo mato! – entró dando gritos Yachiru en el dojo de su escuadrón. Ahí se hallaban Zaraki, Yumichika e Ikkaku descansando de su reciente entrenamiento.
— Buenos días Teniente- saludó Ayasegawa- ¿qué haces aquí?
— ¿Cómo que, qué hago aquí Yumichika?- contestó la muchacha- este es el dojo de mi escuadrón, trabajo aquí.
— No me refería a eso, Yachiru- siguió el joven de las plumas en los ojos- Sino a qué haces aquí hoy lunes si tu boda fue el sábado y el Comandante Yamamoto les dio una semana a ti y a Kuchiki-Taichou para que disfrutaran de su luna de miel.
Yachiru abrió la boca para contestar pero con la misma la cerró. Zaraki e Ikkaku observaban la escena interrogantes, antes de que Kenpachi pudiera abrir la boca para interrogar a su hija, la muchacha de cabellos rosados rompió a llorar y los tres hombres en la estancia se miraron sin saber qué hacer. Usualmente la Teniente del escuadrón no tenía esos arranques. ¡Obvio! Se habían olvidado del embarazo y de lo sensible que la ponían las hormonas.
— Vamos Yachiru- intentó consolarla Zaraki- ¿qué pasó? ¿quieres que golpee a Yumichika?- la muchacha negó con la cabeza.
— Está bien Ken-chan. Estoy bien- contestó poniendo una mano en el leve bulto de su vientre y con la otra intentaba limpiar los rastros de las lágrimas- Me voy a casa.
—… ¿Yachiru?
— ¿Sí, Ken-chan?
— ¿Si sabes que tu hogar ahora es la mansión del trasero estirado de Byakuya, no?
— Sí, Ken-chan- suspiró- Lo sé.
Yachiru salió del dojo sin esperar a que su padre y sus amigos se despidieran. Estaba demasiado absorta escuchando en su mente el eco de las palabras de Kenpachi: "¿Si sabes que tu hogar ahora es la mansión de Byakuya…?". El problema es que ella no llamaba a ese lugar su hogar; era una casa grande, elegante y bonita sí, pero no tenía el calor de un hogar. Y no estaba segura de ser capaz de hacer de esa fría mansión un hogar algún, menos como estaban yendo las cosas entre ella y Kuchiki.
Todo desde la noche de bodas había ido mal. Mejor dicho, no había ido de ninguna manera porque el concepto de "Noche de Bodas" sinónimo de que la pareja consumase su matrimonio no se había dado en su caso. Aquella noche Byakuya se limitó a besarla apasionadamente y luego de dirigirla hacia la cama, el Capitán había roto el beso, se había acomodado en un lado de la cama y se había dormido dejándola a ella como una antorcha.
Y el día de ayer no fue mejor porque no le había visto para nada en todo el día. A los únicos que había visto había sido a los criados de la mansión los cuales cada vez que la veían le preguntaban tonterías acerca del menú del día o cualquier babosada similar. Eso sin mencionar que cada vez que alguno se dirigía a ella le hacía una reverencia tan pronunciada que ella temió que se les fuese a quebrar la columna, eso y el infaltable: "¿Se le ofrece algo Señora Kuchiki-sama?", "¿Qué quiere merendar Señora Kuchiki-sama?" y todas sus afines.
Se sentía una extraña en su propia casa con el hecho de que, de paso, no conocía de la mansión más que el jardín, el comedor, la biblioteca y la habitación que en teoría compartía con Byakuya.
— "¿Y si estoy haciendo demasiado drama por un día?"
Sin darse cuenta Yachiru iba caminando rumbo a los cuarteles del Octavo Escuadrón. Y es que cada vez que necesitaba, desahogarse, gritar, hablar, reír o cualquier cosa, iba hacia allá a ver a su mejor amigo Kyoraku Shunsui quien siempre estaba ahí pasase lo que pasase, para ella.
Afuera de la oficina del Capitán de la Octava División se encontraba la Teniente Ise y se le veía azorada, nerviosa.
— ¡Buenos días Nanao-chan!- saludó alegremente la joven- ¿Está Shunsui?
— Hola Yachiru- la morena sostenía un gran fajo de papeles contra su pecho- El Capitán está… Indispuesto.- terminó de decir en un tono de voz que a la mujer embarazada no le agradó para nada.
— ¿Indispuesto? ¿está enfermo?
— No, Yachiru-chan.
— Bueno, entonces entraré.
— ¡Yachiru-chan!- exclamó la Teniente Ise tomando a la joven embarazada del brazo e impidiéndole avanzar hacia la puerta.
— ¿Qué sucede Nanao-chan?
— El Capitán está… Borracho.
— ¿Qué?- Yachiru no se lo creía- Pero si hoy es lunes, él no bebe los lunes y mucho menos antes de las cuatro de la tarde.
— No creo que esa borrachera sea de ahorita, Yachiru.
— Voy a entrar Nanao-chan- contestó firmemente la Teniente del Onceavo Escuadrón.
— ¡Pero Yachiru!, tú bebé. No puedes recibir impresiones fuertes.
— Podré manejarlo, Nanao-chan- aseguró la muchacha de cabellos rosados.
La Teniente Ise no quiso seguir insistiendo, en el fondo esperaba que Yachiru averiguara lo que pasaba con su Capitán y lo ayudara, después de todo ella era su mejor amiga.
Yachiru entró a la oficina de Kyoraku sigilosamente. En realidad no sabía qué eta lo que esperaba hallar ahí. Sin embargo, lo que encontró la dejó perpleja: acostado en el rincón más oscuro de la estancia sobre unos cojines y bañado en su propio vómito, se hallaba Kyoraku Shunsui. El gran hombre estaba rodeado de botellas vacías de Sake y, lo peor de todo, lucía desmayado.
Los grandes ojos de la teniente se abrieron de par en par al ver aquella escena. Sin pensárselo dos veces corrió hacia donde el castaño se encontraba; le dio leves cachetadas pero el hombre no reaccionaba, por suerte Yachiru comprobó que aún respiraba. Levemente, pero aún lo hacía. No había tiempo que perder, lo llevaría con la Capitana Unohana tan rápido como pudiese. Yachiru levantó a Shunsui con facilidad y salió por la puerta corrediza que daba al patio, haciendo uso de su Shumpo se llevó a Kyoraku rápidamente hacia el Cuarto Escuadrón.
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Eran alrededor de las seis de la tarde cuando Yachiru volvió a la Mansión Kuchiki. La muchacha fue directa a la habitación que 'compartía' con su esposo urgida de tomar una ducha. Al entrar en la habitación los largos cabellos rosados le caían por el rostro, casi cubriéndolo totalmente. Sin embargo pudo notar que Byakuya se hallaba ahí.
— Teniente- la llamó el hombre. Yachiru solo se limitó a mirar a su esposo de arriba hacia abajo. Ella le ignoró olímpicamente mientras se desnudaba en silencio sin importarle que Kuchiki la viera, acto seguido se dirigió al baño llevándose consigo su sucio uniforme shinigami para ponerlo en la cesta de la ropa sucia.
El Capitán Kuchiki estaba estupefacto, su esposa tenía el rostro inexpresivo y en sus mejillas había rastros de lágrimas. El estómago se le encogió. No se podía decir que conocía a su esposa a la perfección pero estaba seguro de que jamás la había visto en ese estado. Estaba preocupado por ella y por el bebé así que decidió esperar a que ella saliera del baño para averiguar que le sucedía.
Lo primero que vio Yachiru al salir del baño fue a Byakuya sentado en la gran cama con dosel. Suspiró y se dirigió a la puerta para ir al comedor pero en ese momento Kuchiki le habló.
— Teniente, ¿dónde estuvo todo el día?
— Yo podría preguntarle lo mismo Capitán- contestó ella dándole la cara y pasando su mano por la yukata color lavanda que vestía. Su cabello estaba húmedo y aún goteaba en su espalda- Usted no tiene moral para preguntarme algo así, a ver, ¿dónde estuvo ayer todo el día cuando se supone que estamos de luna de miel? ¿eh?
— Estuve arreglando unos asuntos de última hora con el consejo para poder pasar una semana en nuestro hogar sin ser molestado.
— ¿Hogar?- repitió Yachiru incrédula mientras sentía un gran nudo en la garganta- Esto es solo una casa Capitán y le falta mucho para llegar a ser un hogar- escupió casi con rabia. Lágrimas caían por sus mejillas- A esta casa le falta mucho calor, cariño y corazón para ser un hogar. No quiero que mi hijo, que nuestro hijo crezca en este lugar mirando cómo sus padres…
— Entonces ayúdame a hacer de esto un hogar- la interrumpió Byakuya quien se había levantado de la cama y en ese instante estaba frente a ella.
La muchacha por puro impulso se abrazó a su esposo y empezó a llorar amargamente. Byakuya correspondió al abrazo y con una mano acariciaba los húmedos cabellos de la Teniente.
— Yachiru…- susurró unos segundos después- ¿Qué te sucedió?
— Estuve temprano en la oficina de Shunsui-chan- contestó contra el pecho de su esposo, negándose a separarse del consuelo que le proporcionaba la cercanía del cuerpo de Kuchiki- y lo encontré desmayado… Lo llevé al cuarto escuadrón.- la muchacha volvió a sollozar.
Por extraño que parezca, a Byakuya no le molestaba en absoluto que Yachiru mojase sus ropas con sus lágrimas, de hecho se sentía más cercano que nunca a la muchacha debido a eso: estaban compartiendo algo que no tenía nada que ver con el bebé que esperaban.
—… Tenía un shock etílico. Me quise quedar más tiempo pero Juunshiro-san y Unohana-Taichou me ordenaron volver por mi estado.
— Ellos tienen razón.
— Lo sé. Unohana-Taichou me revisó porque el reiatsu del bebé se agitó- comentó culpable- pero estamos bien.
— Debes cuidarte más.
— Prometo que lo haré. ¿no estás molesto?- preguntó ella rompiendo el abrazo y mirando a los ojos a su esposa por primera en el día.
— No lo estoy.
Se sentía la incomodidad entre ellos después de haber roto el mágico abrazo. Entonces el estómago de Yachiru empezó a crujir indicando que la shinigami estaba hambrienta debido a que no había comido bien en todo el día a causa de la preocupación que sentía por su amigo Shunsui; y ahora su bebé reclamaba alimento.
— Creo que iré al comedor- comentó ella en voz baja con un fuerte sonrojo en las mejillas; se encaminó hacia la puerta de la habitación- Ya son casi las siete así que los sirvientes deben estar a punto de servir la cena.
— Voy contigo.
¡Me estás tuteando!- pensó eufórica la chica de cabellos rosados mientras veía a Byakuya acercarse a ella. Se veía tan guapo con aquel kimono azul rey…. Tan guapo que por unos segundo a Yachiru se le secó la boca y se olvidó del hambre que tenía.
El Capitán abrió la puerta de la habitación y tomó la suave mano de su esposa; atravesaron juntos el umbral.
Byakuya caminaba de la mano de su esposa a través de los pasillos de la mansión. Si se encontraban con una puerta él la abría y le enseñaba a Yachiru hacia dónde conducía. La Teniente no sabía qué le impresionaba más: si la grandeza de la mansión; las ricas pinturas, esculturas, objetos y tapices; o el repentino cambio en la actitud de Kuchiki quien ahora le enseñaba la casa mientras caminaban al comedor. Ella no sabía a qué se debía ese cambio pero ni siquiera pensó en quejarse: "A caballo regalado no le mires el colmillo", rezaba un refrán y ella estaba resuelta a seguir ese consejo.
En efecto, cuando llegaron al comedor se sentaron uno junto al otro mientras los sirvientes ponían deliciosos manjares delante de ellos, los cuales no tardaron en ser atacados por la hambrienta Yachiru.
Byakuya mirada a su esposa comer con una media sonrisa. En el momento en que ella dijo que la mansión no era más que una gran casa y que le faltaba mucho para ser un hogar, sintió algo removerse en su interior. Aquellas palabras fueron las mismas palabras que le dijo su abuela una vez a su abuelo Ginrei durante una discusión un par de semanas antes de ella fallecer. Él estaba muy pequeño cuando escuchó aquella conversación y creía haberla olvidado hasta esa noche cuando Yachiru pronunció esas mismas palabras minutos antes.
Pero lo que le hizo despertar fue el momento en que ella dicho que no quería que el hijo de ambos creciese ahí. El no quería perder a su hijo y tampoco deseaba perder a otra esposa así que se dijo que debía hacer algo para conservarlos. Debía abrirse más con ella, poner de su parte, dar. Porque la realidad era que Yachiru siempre le había ofrecido todo lo que tenía – como en la noche de bodas- y él simplemente había mirado hacia otro lado ignorando sus gestos y en honor a la verdad eso no era justo.
Debía aceptar que Yachiru no se parecía en nada a Hisana (cosa que extrañamente no le desagradaba) y que ella no se conformaría con vivir a su lado y recibir esporádicas muestras de cariño. No, Yachiru le exigiría todo porque ella misma entregaba todo su ser a hacer que esa relación funcionase.
En ese instante, las palabras que Yoruichi le dijo en la fiesta de la boda volvieron a su mente: "No metas la pata con ella chico. Es bonita, fuerte y estoy segura de que está enamorada de ti porque a ti para aguantarte hay que amarte".
Volvió a posar su mirada en su hermosa esposa embarazada, la observó llevarse un trozo de carne a la boca y cerrar los ojos para degustarlo. Sonrió para sus adentros porque ya no tenía miedo de descubrir qué era aquel sentimiento que lo embargaba cada vez que clavaba sus ojos en la Teniente de cabellos rosados.
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Kyoraku abría sus ojos castaños parsimoniosamente, la luz blanca que provenía de las lámparas le molestaba; sentía un fuerte dolor de cabeza y nauseas y mareos terribles. Se sentía peor que el día después de la borrachera que se echó en la batalla de invierno años atrás.
— ¿Dónde estoy?- preguntó en voz alta a nadie en particular.
— estás en una habitación del Cuarto Escuadrón- contestó una voz muy familiar- Son las ocho de la noche.
— Ukitake, ¿Qué hago aquí?
— Pues recibiendo tratamiento- repuso el hombre de cabellos blancos quien estaba sentado en una silla a su lado.
— ¿Qué pasó?- preguntó confundido Shunsui.
— No mucho- contestó en un tono irónico muy impropio de él Juunshiro- Tuviste un shock etílico y si Yachiru-chan no hubiese traído a tiempo te hubieses muerto como un idiota.
— ¿Yachiru?- repitió sorprendido- ¿ella me trajo? ¿Cómo está? ¿dónde está?
— no te agites mucho- ordenó Ukitake paternalmente- Yachiru-chan por algún motivo fue a verte esta mañana, entró en tu oficina en contra de la voluntad de tu Teniente y te encontró desmayado. Ella te trajo rápidamente aquí y luego me envió una mariposa infernal informándome de tu estado e hizo lo mismo con Sensei.
— Así que Yama-jii lo sabe ¿eh?- chasqueó la lengua- ¿Cómo esta ella?
Espero que esté descansando. Debería golpearte- dijo Juunshiro- Yachiru-chan estaba muy afectada…. ¡Cubierta con tu vómito! – meneó la cabeza- Unohana-Taichou tuvo que revisarla porque el reiatsu su bebé se alteró. Afortunadamente no había nada malo con el pequeño.
— ¿Dónde está ella ahora, Ukitake?
— Pues en su casa con su marido, Kyoraku- respondió el Capitán de la Treceava División- ¿Qué esperabas? Está en plena luna de miel. Aparte, ¿no crees que tuvo suficiente viéndote en ese estado?- prosiguió- Debes acabar con esto, déjala ir. No es tuya y nunca lo fue, o por lo menos no de la manera en que quisieras, Kyoraku. Ella ahora es la esposa de Kuchiki y tarde o temprano él terminará enamorándose de ella ¿quién no lo haría en su lugar?- suspiró y pasó los dedos por su cabello, nervioso por el final del sermón que estaba dándole a su mejor amigo- Deja de hacerte esto. La estás lastimando y te estás destruyendo. Si sigues en ese plan vas a perder hasta su amistad.
— Ahora sí que la cagué… ¿no?- fue la única respuesta que dio Kyoraku Shunsui mientras desviaba la vista a una pequeña ventana situada en lo alto de la pared.
Continuará…
¡Hola!
¡Gracias por leer! Bueno… Me gustaría agradecerles por sus reviews a: Any-chan15, airukia , ichirukiyulquihimeforever , Yusha y Ketty. ¡Ustedes me motivan!
Espero que les guste el capitulo porque me duelen las manos de transcribirlo –lo tenía escrito en una libreta- espero tener la continuación pronto. Pero no les prometo nada porque el lunes comienzo nuevamente la Uni.
¡BESO!
¡Un Review a una autora (or) no tiene precio y la (o) anima y ayuda a mejorar!
Euni-chan.
